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Full text of "El legado material hispanojudío"

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Coordinadores: 



Ana M- López Alvarez 
Ricardo Izquierdo Benito 





L LEGADO 

MATERIAL 
HISPANOJUDÍO 




EL LEGADO MATERIAL 
HISPANOJUDÍO 



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EL LEGADO MATERIAL fflSPANOJUDÍO 



VII Curso de Cultura Hispanojudía y Sefardí 
de la Universidad de Castilla-La Mancha 

Curso organizado por la Asociación de Amigos del Museo Sefardí 

y el Museo Sefardí de Toledo 

Luis Suárez, Miguel Á. de Bunes, Jaume Riera, £lena Romero, 
Yolanda Moreno, Santiago Palomero, Francisco Reyes, Remedios Rico, 
Ana M* López Álvarez, Ramón Gonzálvez, Ricardo Izquierdo, 

Femando Valdés, Jean Passini, Antonio de Juan, Yasmina Alvarez, 
Germán Prieto, Abraham Hassán, Assumpció Hosta, Juan 1. de Mesa, 
Rosana Smerling, José L. Lacave 



Coordinadores: 



Ana María López Álvarez 
Ricardo Izquierdo Benito 



Ediciones de la Universidad 



de Castilla-La Mancha 
Cuenca, 1998 



Copyrighted material 



CURSO DE CULTURA HISPANOJUDÍA Y SEFARDÍ 
(7°. Toledo. 1997) 

El legado material hispanojudío ; Vil Curso de Cultura Hispanojudía y Sefardí de 
la Universidad de Castílla-La Mancha / Luis Suárez ... [et al.] ; coordinadores, Ana 
María López Álvarez, Ricardo Izquierdo Benito. - Cuenca : Ediciones de la Univer- 
sidad de Castílla-La Mancha, 1998 

413 p ; 22 cm. - (Humanidades ; 25) 
ISBN 84-89958-44-0 

1. Judíos - España 2. Judíos - Antigüedades 3. España - Historia - Edad media - 
Fuentes 1. Suárez Fernández, Luis II. López Álvarez. Ana María, coord. III. Izquier- 
do Benito, Ricardo, coord. IV. Universidad de Castilla-La Mancha, ed. V. Título VI. 
Serie 

008(460=411.16) 

946.0 "04/14"(093.3) 



Esta edición es propiedad de EDICIONES DE LA UNIVERSIDAD DE CASTILLA-LA 
MANCHA y no se puede copiar, totocopiar. repnxiucir, traducir o convertir a cualquier 
medio impreso, electrónico o legible por máquina, enteramente o en parte, sin su previo 
consentimiento. 

Este curso fue patrocinado por: Exorna. Diputación Provincial de Toledo; Ministerio 
de Educación y Cultura - Subdirección General de Cooperación y Comunicación Cultu- 
ral - Subdirección General de Formación y Promoción del Conocimiento - Museo Sefardí 
de Toledo; Ministerio de Asuntos Exteriores - Dirección General de Relaciones Cultu- 
rales y Científicas. 

© De los textos e ilustraciones: sus autores. 

© De la edición: Universidad de Castilla-La Mancha. 

Edita: Ser\ icio de Publicaciones de la Universidad de Castílla-La Mancha. 

Director: Pedro C. Cerrillo. 

Colección Humanidades n" 25. 

r edición: diciembre de 1998. Tirada: 500 ejemplares. 

Diseño de la colección: Garcf;i Jiménez. 

Diseño de la cubierta: C.I.D.l. (Universidad de Castílla-La Mancha). 

Ilustración de cubierta: Situií^oga de Scqovia. iglesia del Corpus Christi. Acuarela de 

Ricardo Madrazo. 1883. Museo Sefardí. M.E.C. 

I.S.B.N.: 84-89958-44-0. 
D.L.: CU-352-1998 

Fotocomposición e impresión: COMPOBELL, S. L. Murcia. 
Impreso en España - Printed in Spain. 



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ÍNDICE 



PRFSFN TA CÍÓN 13 

Claves históricas del problema judío en España medieval 15 

Luis Suárez. Fernández 

Concepto y formación del patrimonio hispanojudío 79 

Miguel Angel de Bunes ¡barra 

Acopio y destrucción del patrimonio hispanojudío 93 

Jaume Riera Sans 

Arte ceremonial judío 115 

Elena Rom e r o 

"Lo de ayer": El patrimonio inmueble 

El espacio comunal por excelencia: la sinagoga 135 

Yolanda Moreno Koch 

Apuntes historiográficos sobre la sinagoga del Tránsito. Toledo 143 

Santiago Palomero Plaza 



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8 



El espacio privado: una casa en la judería de Alcalá de Henares 181 

Francisco Reyes 

Las juderías de Peaña y Yepes 209 

Remedios Rico Sáez-Bravo 

"Lo de ayer": El patrimonio mueble 

El ajuar hispanojudío: documentación y restos 219 

Ana María López Alvarez 

La Constitución 10^ del Concilio de Peñafiel (1302) 247 

Ramón Gonzálvez Ruiz 

Arqueología de una minoría: la cultura material hispanojudía 265 

Ricardo Izquierdo Benito 

**Lo de ayer": Toledo 

Algunas reflexiones sobre la arqueología en la ciudad de Toledo 293 

Fernando Valdés Fernández 

La juiverie de Toléde: Bains et impasses du quartier de Hamanzeit.... 301 
Jé^an Pnssini 

Los cementerios medievales de Toledo: distribución espacial 327 

Antonio Juan Garría 

Excavaciones en tomo a la sinagoga de Samuel Halevi (Sinagoga del 

Tránsito). Toledo 341 

Yasmina Alvarez Delgado 

Arqueología de Santa María la Blanca 347 

Germán Prieto Vázquez 

"Lo de hoy" 

Patrimonio hispanojudío contemporáneo 365 

Ahraham Hassán 



Cor 



2 



La gestión del patrimonio material hispanojudío, la actuación de 



las comunidades autónomas (Mesa redonda) 

Relaciones entre la Asociación de Amigos y el Museo Sefardí 381 

Juan Ignacio de Mesa Ruiz 

Rl rnmité Nacional de ICOMOS 385 

Rosana Smerlin^ 

Patronato Municipal Cali de Girona: un proyecto en desarrollo 389 

Assumpció Hosta 

El Museo Sefardí de Toledo (1964-1997) 393 

y» 

Ana María López Alvarez 
Clausura 

El destino de los monumentos Judíos tras la expulsión 401 

José Luis Lacave 




Fachada de la Sinagoga del Tránsito, según dibujo de F. Palomares. 1752. Museo Sefardí. 

Ministerio de Educación y Cultura. 



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PRESENTACIÓN 



El VII Curso de Verano de Cultura Hispano] udía y Sefardí celebrado en 
1997, tuvo como tema El legado material hispanojudío. Era una asignatura 
que teníamos pendiente desde que se iniciaron estos cursos. ¿Pero podíamos 
hablar con propiedad de este legado? ¿Teníamos elementos suficientes para 
poder dedicarle un curso? O, realmente, a la conclusión que debíamos llegar 
era de que no había tal legado. Creo que una de las actividades del citado 
curso programadas con más interés, fue una visita a las juderías de Ocaña y 
Yepes, dos de las más reputadas en la España medieval. De ambas hay una 
abundante documentación. Sin embargo los asistentes al curso quedaron pro- 
fundamente decepcionados porque en su visita no vieron prácticamente nada 
material, sólo referencias documentales, que les hablasen de ese importante 
pasado. Ese era el objetivo, captar hasta que punto ese legado material hispa- 
nojudío desapareció. Sin embargo los documentos, la tradición, los nombres, 
han perdurado en la memoria colectiva. Eso no puede destruirse. 

Sin embargo el Curso estructurado en seis bloques más la lección de clausura: 
Introducción, 'Tx) de ayer": £1 patrimonio inmueble, "Lo de ayer": El 
patrimonio mueble, "Lo de ayer": Toledo, "Lo de hoy", La gestión del 
patrimonio material liispanojudío, La actuación de las comunidades autó- 
nomas (mesa redonda), aportó un conocimiento y una puesta al día sobre la dura 
situación a la que nos enfrentamos. En el primero de los bloques del Curso se 
dieron una serie de elementos básicos para conocer su formación, los cítenlos 
que lo integran, su existencia y su destrucción (Miguel Angel de Bunes, Elena 



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14 



Ana María LÓPEZ ÁLVAREZ 



Romero y Jaume Riera); en el segundo se hizo un repaso por los bienes inmue- 
bles (los comunales: cementerios, sinagogas, la Sinagoga del Tránsito y el espa- 
cio privado: la casa) sobre los que disertaron José Ramón Magdalena, Yolanda 
Moreno, Santiago Palomero y Francisco Reyes; en el tercero, los bienes mue- 
bles: el ajuar doméstico y sus restos, el libro en pergamino y papel, la imagen de 
los judíos en el Concilio de Peñafiel y la presentación general de los restos de la 
minoría hispanojudía, a cargo de Ana María López Álvarez, Ramón Gonzálvez y 
Ricaido Izquierdo. En "Lo de ayer", hicimos un apartado especial para Toledo. 
Bajo la diestra mano de Femando Valdés que manifestó su postura, que muchos 
compartimos, sobre los estudios arqueológicos, se presentaron los últimos traba- 
jos sobre, el "baño de Hamanzeite", los cementerios medievales de Toledo, la 
sinagoga del Tránsito y Santa María la Blanca, por Jean Passini, Antonio de 
Juan, Yasmina Alvarez y Germán Prieto. "Lo de hoy", fue presentado por el 
arquitecto Abraham Hassán y en la mesa redonda sobre "La gestión del patrimo- 
nio material hispanojudío, la actuación de las comunidades autónomas**, modera- 
da por Jacob Hassán, se expusieron con claridad los logros y las muchas caren- 
cias que este patrimonio presenta: M* Ángeles Díaz Vieco, Juan Ramón Ferreira, 
Asunción Hosta, Juan Ignacio de Mesa, Rosana Smerling de ICOMOS que nos 
transmitió la política de este organismo y Ana María López Álvarez. El curso se 
cerró con la documentada y no menos desoladora conferencia de José Luis 
Lacave sobre el destino de los monumentos hispanojudíos. 

No quiero acabar sin agradecer a Trinidad Moraleda del Museo Sefardí su 
inestimable ayuda en la publicación de estas Actas. 

Poco queda por decir. En este volumen del curso organizado por la Aso- 
ciación de Amigos del Museo Sefardí y el propio Museo, que cuenta con la 
ayuda de la Excma. Diputación de Toledo y que la Universidad de Castilla- 
La Mancha tiene la gentileza de publicar, se hace un repaso a este legado, sus 
vicisitudes y su destrucción. Su recuerdo que muchos nos esforzamos en 
conservar, sigue vivo. Nos gustaría que sirviera de homenaje a los que en un 
momento dado nos abandonaron, obligados por las circunstancias, a la par 
que una ayuda al conocimiento de este legado material, sólo se ama lo que se 
conoce, y de llamada de atención a todos aquellos que tienen en sus manos 
evitar que este patrimonio siga destruyéndose. 

"La Historia empuja al legado hispanojudío hacia el silencio. Aquí nos 
hemos reunido, aquí estamos, para conservarle la voz". Jaume Riera. 

Ana María López Alvarez 
Directora del Museo Sefardí 



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CLAVES HISTÓRICAS DEL PROBLEMA JUDÍO 
EN ESPAÑA MEDIEVAL 



Luis Suárez Fernández 

Real Academia de la Historia 



I. APROXIMACIÓN AL PROBLEMA 

1. Lo que, a menudo, en nuestros días, hace muy difícil la comprensión del 
"problema judío" en la forma en que se presentaba ante la mentalidad cristia- 
na medieval, es la tendencia que tenemos a mezclar dos conceptos, uno 
religioso y otro étnico, lo que nos lleva a identificar antijudaísmo y antisemi- 
tismo. Esta conclusión es enónea desde una mentalidad anterior al siglo XV. 
Los autores actuales entienden que un judío es siempre judío si ha nacido 
dentro de esa comunidad, profese o no la religión mosaica. Para la Iglesia, 
judaismo era un término exclusivamente religioso y se aplicaba únicamente a 
aquella parte del pueblo de Israel que había rechazado al Mesías; el bautizado 
dejaba automáticamente de ser judío porque era considerado cristiano. El 
rechazo al "converso'* es un fenómeno tardío e indica además, que se estaba 
pasando al antisemitismo. Procedía, en esto de acuerdo, con una muy antigua 
tradición evangélica: San Juan, hebreo de cierto rango, presentaba a los 
"judíos" como si fueran los "otros", que persistían en la antigua religión 
mosaica a la que Jesús liabía venido a "dar cumplimiento". 



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Luis SUÁREZ FERNÁNDEZ 



El antisemitismo asomo su cabeza, poco a poco, en el tránsito a la moder- 
nidad, partiendo de una actitud de desconfianza al relegar a los conversos a 
una categoría especial de cristianos "nuevos" o "lindos", cuando no "marra- 
nos" para distinguirlos de los "viejos" que blasonaban de no tener ascenden- 
cia hebrea. Fue entonces cuando se estableció el principio de que el judío, 
maldito de Dios, portador de una intrínseca "pravedad" no se desprende de 
ellas por el bautismo. Nadie parecía descubrir el contrasentido que esto 
significaba pues el mensaje de Cristo estaba dirigido, primero, al Pueblo de 
Israel, vaso de elección como le llamara San Pablo, y luego a los nacidos en 
la gentilidad. Grandes daños ha causado en Europa esta doctrina. 

De acuerdo con la primera conciencia se podía definir al judío como aquél 
que "todavía no era cristiano". Era lógico — tal fue la doctrina agustiniana — 
que se les permitiese vivir en territorio cristiano pues la relación con los otros 
moradores y con las autoridades facilitaría la recepción del mensaje y, en 
consecuencia, la conversión. Ahora bien: los judíos no podían formar parte de 
la comunidad política, ni considerarse subditos de los reyes porque dicha 
comunidad no era otra cosa que la proyección de la Cristiandad en el orden 
temporal de modo que únicamente los bautizados podían entrar en ella. 
Podemos definir esta primera forma de convivencia, acudiendo a la figura 
que el Derecho romano definía como **hospitalitas": habitaban en el territorio 
pagando por ello una compensación que era distinta de la de los subditos, 
tenían reconocida su libertad personal y los derechos privados inherentes a la 
misma, se regían por usos y costumbres de su propia comunidad, pero no les 
estaba permitida ni la propiedad de la tierra — sí la simple posesión en 
determinados casos — ni tampoco el ingreso en las corporaciones de oficios 
porque dado el carácter religioso de éstas reclamaban la condición del bautis- 
mo. 

La admisión en el territorio implicaba el derecho a practicar su religión en 
forma privada. Los documentos castellanos prefieren utilizar, en sentido am- 
plio, el término: **su ley". Vivir de acuerdo con esta ley significaba el uso de 
una lengua, la designación de jueces propios y la posesión de edificios para la 
oración y la enseñanza así como de cementerios. Los judíos llegaron de este 
modo a constituir una microsociedad situada al margen de la grande, cristia- 
na, única y legítima propietaria de la tierra. Nunca se perdió del todo la idea 
de que los reyes podían prohibir la habitación en determinados lugares o 
incluso en todo el reino, siendo suficiente la suspensión del derecho de 
residencia. Esa conciencia de ser marginales a la sociedad movió a los judíos 



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Claves históricas del problema judío en España medieval 



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a instalarse en calles o barrios (kahal) separados de los cristianos. Con el 
tiempo esto les sería exigido como una obligación. Lugares favoritos de 
habitación fueron las inmediaciones de los castillos a causa de la protección 
militar que éstos brindaban. Como todo el mundo sabe, Monjuich, hasta hace 
algunos años fortaleza militar de Barcelona no significa otra cosa que "monte 
de los judíos". 

2. Sefarad significa, simplemente, España. Hoy aplicamos el término "se- 
fardí" y, por extensión, su derivado "sefardismo" a una forma de sociedad y 
de cultura que, tras el éxodo de España en 1492, se empeñó en conservar las 
raíces culturales que se habían formado durante los siglos de permanencia en 
la Península. Esta forma, que tuvo la oportunidad de manifestarse en relación 
especialmente con ambientes musulmanes, constituye hoy una de las dos 
grandes corrientes que forman el judaismo universal y también el de Israel. 
Pero el sefardismo, en su sentido más estricto, no es otra cosa que fe hecha 
cultura y cuidadosamente conservada: se nos toma incomprensible si no se 
tienen en cuenta los dos aspectos fundamentales, el profundo lirismo religio- 
so y la radicaUdad aprendida en España. Pues fue en España y durante esos 
siglos medievales que van del X al XV, cuando se formó. A finales del siglo 
XII, viviendo en Egipto, Maimónides ya se calificaba a sí mismo de "sefar- 
df '. Cantos Utúrgicos que aún se emplean en las sinagogas de Jerusalén 
tuvieron su origen en España. 

La cuestión que se plantea al examinar la convivencia entre judíos y 
cristianos en España se presta con frecuencia a confusiones. En nuestros días 
ha surgido, por razones políticas plausibles, una tendencia a exagerar y se la 
acaba calificando de "ejemplar*' entre las tres religiones. Nada de eso: hubo 
coexistencia a regañadientes en el mejor de los casos. Parece claro — ^lo 
veremos más adelante con cierto detalle — que en el siglo Xü, y ante la 
ventaja que para ellos significaba la presencia de judíos en sus dominios, los 
monarcas españoles les otorgaron garantías jurídicas muy superiores a las que 
se concedían en otros reinos de Europa, pero lo hicieron desde una afirma- 
ción de "tolerancia", que la Iglesia respaldaba y que tenía su justificación en 
esa conciencia de que el rechazo al mensaje de Cristo iba a terminar, convir- 
tiéndose todos en plazo breve. Hay que poner cuidadosamente la atención 
sobre el término, pues tolerancia sólo puede reducirse a lo que es malo, pues 
el bien es querido, aceptado y, en todo caso, bienvenido. El judaismo era, en 
sí mismo un mal, llamado a desaparecer, y como tal llegaría a ser definido por 



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Luis SUÁREZ FERNÁNDEZ 



la Universidad de París en 1248, cuando se pronunció la grave sentencia 
contra el Talmud, condenándolo a la hoguera. De este modo los intercambios 
culturales entre él y la Cristiandad eran contemplados con recelo. 

Sin embargo, desde un principio, los sabios cristianos admitieron que los 
judíos se hallaban en posesión de dos cosas que a ellos importaban mucho: 

a) El texto fidedigno, en su original hebreo, de la Escritura, que era 
llamado "hebraica veritas". El abad general del Cister, Esteban Har- 
ding, acudi(') al célebre rabino Rashi para establecer una versión fiable 
de los Salmos que sustituyese a las fuertemente alteradas que sus 
monjes venían utilizando. 

b) El uso de la lengua árabe que les permitía acceder a algunas de las 
obras clásicas que en Occidente se habían perdido. 

Los reyes y príncipes mostraban, por su parte, otro interés: esa contribu- 
ción directa en forma de cabeza de pecho que los judíos pagaban, a cambio de 
permanecer en sus reinos, se ingresaba directamente en sus arcas sin que se viese 
afectada por ninguna condición siéndoles por tanto disponible con entera liber- 
tad. Además los conocimientos financieros y bancarios que poseían, les conver- 
tían en excelentes colaboradores para el manejo de la Hacienda pública. 

Estas razones aconsejaban que se fomentase la convivencia, a pesar de 
que, en el caso ibérico, se partía de un fuerte resentimiento inicial. Los judíos 
habían sufrido una persistente y dura persecución por parte de los últimos 
monarcas visigodos, la cual les había llevado a saludar como libertadores a 
los invasores árabes y a colaborar militarmente con ellos. De ahí la concien- 
cia de una traición en el momento de la "pérdida de España'', que tardó 
bastante tiempo en superarse y que creó un poso para las calumnias que 
contra ellos se prodigaron. Habrá que llegar a la primera mitad del siglo XI 
cuando, al reordenar el Estado, Alfonso V de León y luego sus sucesores 
decidieron eliminar de la legislación goda restaurada las disposiciones antiju- 
días. El año 1066 una bula de Alejandro n confirmó, con elogio, esta deci- 
sión. Para cubrir el vacío que se produjera, Alfonso VI, el 31 de marzo de 
1090, promulgó para todos los dominios castellano/leoneses (en definitiva 
llegaría a aplicarse en todos los reinos cristianos) una especie de ley general 
o filero de los judíos, que marcó las distancias con el resto de Europa donde 
la permanencia no estaba garantizada por ley alguna quedando al libre arbi- 
trio de los reyes o sus representantes. 



Claves históricas del problema judío en España medieval 19 



3. Las disposiciones musulmanas, que consideraban a los judíos, cristia- 
nos y mazdeos como "portadores de Libro Revelado", y las leyes, cartas y 
fueros existentes en la Hispania cristiana, permitieron la constitución y desa- 
rrollo de comunidades que fueron llamadas aljamas, semejantes en cierto 
modo a los concejos y tendentes a copiar las estructuras administrativas de 
éstos. De modo que los judíos no quedaron dispersos en una sociedad ajena 
sino que poseyeron la estructura propia de una sociedad en sí. Cuando 
empezamos a disponer de inventarios, al ñnal de la Edad Media, figuran 
registradas en ellos más de doscientas aljamas, algunas de las cuales 
superaban el millar de personas, en un tiempo en que bastaban diez mil 
moradores para que se considerase grande a una villa o una ciudad. Como 
existían en ellas las condiciones jurídicas mínimamente precisas y, mediante 
ellas, se garantizaban la justicia interna, oración y enseñanza religiosa, es 
por lo que pudo desarrollarse ese modo de vida, esa conformación cultu- 
ral que hemos llamado sefardismo, aunque aún no se llamase de este 
modo. 

Las primeras grandes comunidades judías florecieron en al-Andalus 

en la segunda mitad del siglo X y la primera del XI. Al quebrar el sistema 
de taifas e inclinarse el Islam en favor de la intolerancia, por medio de los 
imperios africanos, se produjo una corriente migratoria, muy fuerte, en 

dirección norte. En torno a 1140 la intolerancia se convirtió en norma 
irreversible: los judíos fueron obligados a convertirse al Islam. Una parte 
de ellos, seguramente los mejor preparados tanto económica como inte- 
lectualmente, prefirió emigrar al norte de Africa y Próximo Oriente, 
donde las circunstancias eran más favorables; entre ellos estaba Maimó- 
nides. Pero la parcela más numerosa y, sin duda, más pobre, tuvo que 
conformarse con atravesar la frontera aportando un refuerzo decisivo, en 
calidad y cantidad, a las aljamas que ya existían en los reinos cristianos. 
Estos emigrantes eran portadores de una cultura, hecha ortodoxia por sus 
rabinos, y destinada a intluir muy poderosamente sobre la cultura euro- 
pea. Podemos datar en 1125, cuando todavía viven Yehudá ha-Leví y 
Moshé Ezra, el comienzo de esa peculiar ósmosis. 

En Toledo, como en otras muchas ciudades peninsulares, se hallaban 
presentes tres comunidades religiosas amparadas por la ley. Para explicar 
la curiosa y, en cierto modo, sorprendente situación creada, que permiti- 
ría a Alfonso VII llamarse "emperador de las tres religiones", los judíos 
pusieron en circulación uno de sus típicos ejemplos, el "cuento de ios tres 



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Luis SUÁRE2 FERNÁNDEZ 



anillos"'. Un Rey tenía tres hijas a las que quería mucho, si bien, como es 
frecuente en tales casos, una de ellas era su preferida. Al mismo tiempo era 
propietario de un anillo de mucho valor. Quería que este pasara a poder de la 
predilecta, sin que por ello se disgustasen sus hermanas. Llamó a un orfebre 
muy diestro, y le encargó que fabricara dos anillos tan semejantes al 
primero que nadie pudiera descubrir la diferencia: de este modo sólo la 
poseedora del secreto podría saber que el suyo era el anillo legítimo. La 
explicación de la parábola es que los anillos son las tres religiones pero 
también que el pueblo predilecto disfruta del privilegio de la legitimidad. 

Pocos modos mejores que el de esta parábola para explicar el alcance de la 
convivencia. Sólo hay tres religiones, que son las que invocan a Abraham 
como padre común. Debe entenderse que la propietaria del anillo auténtico 
sabe que posee la verdad y que sus hermanas están en el error. La tolerancia 
es un máximo de concesión en todas ellas. Los judíos también pensaban que 
las relaciones con los cristianos, que viven en el error, debían someterse a 
cuidadosa vigilancia. Su conciencia fundamental fue expresada por el rabino 
Yehiel en el juicio de París cuando dijo que Jesús había sido justamente 
condenado pues "defraudó a Israel, pretendió ser Dios y negó la esencia de la 
fe". A esto respondían los cristianos que los judíos eran culpables de **perñ- 
dia'* ya que sabían muy bien que los signos contenidos en la Escritura se 
habían cumplido, que por tanto tenían la evidencia de que el Mesías había 
venido y, sin embargo, lo rechazaban. 

4. A pesar de todo, a pesar especialmente de las barreras que entre ambas 
comunidades se levantaron, hubo interrelación y, especialmente, ósmosis 
cultural frecuente y fecunda. Algunos de los rasgos de la cultura española son 
específicamente judíos. Entre ellos ya señalaba Menéndez y Pelayo esa vía 
que conduce del **ensemplo" a la novela. No habría obstáculo en reconocer 
que el "cuento de los anillos** es la primera de nuestras novelas ejemplares a 
las que seguirían muchas otras. La ósmosis se produce a partir de una pecu- 
liar cultura judía, extraordinariamente brillante, que surgió precisamente en 
España cuando en la Península se estableció el epicentro del judaismo. 



1 R. Morghen, Medioevo christiano. Barí 1951 págs. 139-140, ha sido el primoo en 
señalar que la difusión del cuento se mcuentra en relación con esta primera gran época del 

sefardismo. También se adelantó a otros autores al señalar el paralelismo, no de pensamiento 
pero sí de renovación de sus propias culturas, entre Averroes, Maimónides y Santo Tomás. 



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Claves históricas del problema judío en España medieval 



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En el desarrollo de dicha cultura es menester señalar tres etapas. La 
primera, que produjo las cuatro grandes figuras universales de Gabirol, 
Paquda, Yehudá ha-Leví y Maimónides, se expresó en árabe mucho más que 
en hebreo, generándose por esta causa muchas confusiones entre ella y la 
musulmana. Fue de enorme importancia para Europa. Pero los hebraístas 
actuales destacan con preferencia la segunda, que es más estrictamente judía 
y, también, más profunda en el pensamiento, con Abraham ibn David, Nah- 
mánides y Hasdai Grescas, entre otros. La tercera, ya en el siglo XV, con 
Arragel y Abravanel, hubiera debido producir un Humanismo judío en para- 
lelo con el cristiano, pero fue yugulado por la expulsión que afectó a toda 
Europa occidental. 

En el origen de lo que hemos dado en llamar "sefardismo" está el traslado 
a España de las grandes escuelas talmúdicas de Surá y Pumbedita, en Meso- 
potamia, que puso fín a la Era de los grandes gaones. Este acontecimiento 
está lógicamente envuelto en leyendas que sirven para explicar un gran hecho 
real: desde este momento la dirección intelectual del judaismo se hizo desde 
España. Quedó abierta una gran incógnita. La primera operación que los 
nuevos maestros tuvieron que realizar, para dar fijeza a los textos hebreos 
— esta lengua había dejado de ser de uso corriente en una comunidad absoluta 
mente arabizada — consistió en establecer reglas gramaticales e introducir 
signos vocálicos; era el único modo de asegurar que las palabras y lo que con 
ellas se significaba, se estaban transmitiendo con absoluta fidelidad. 

La literatura no estrictamente religiosa — es muy difícil establecer, en el 
judaismo, una separación entre profano y sagrado — se expresó en árabe. 
Mediante el dominio del árabe los judíos pudieron adquirir abimdante bagaje 
de obras clásicas, en especial de Platón, Aristóteles, Porfirio y los tratados de 
Medicina o de Astronomía matemática. 

La original, sin embargo, seguía siendo judío. Gabirol, Paquda y ha-Levi 
provocaron una reforma del pensamiento que fue decisiva para la conserva- 
ción del sefardismo y, sobre todo, para la maduración de la escolástica 
cristiana. No debe atribuirse a la casualidad el hecho de que el principal 
vehículo de la ósmosis toledana, a que hemos aludido, permitiera a Europa 
disponer de las Categorías de Aristóteles. La obra más importante de Gabirol, 
a quien se conoce como Avicebrón, ha sobrevivido únicamente en su versión 
latina, Fons Vitae, conocida y utiUzada por Santo Tomás de Aquino. Al 
integrar el neoplatonismo riguroso en la ley mosaica, Gabirol hizo una de las 
aportaciones más decisivas al espíritu europeo: admitió que el hombre es 



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Luis SUÁREZ FERNÁNDEZ 



criatura dotada de capacidad para comprender la Naturaleza, al tiempo que 
afirmaba que el orden en ella existente no es sino un reflejo de la Voluntad de 
Dios-. Siendo, además un gran poeta, supo descubrir en ese orden una razón 
emotiva además de la racional pues, como explican las Escrituras, Dios "ama 
al mundo" por El creado. En toda su doctrina se hallaba implícito el axioma 
de que el conocimiento científico es un progreso querido por Dios. 

Paquda añadió que ese conocimiento no se alcanza únicamente por vía 
racional — en el fondo "aprehendo" aquello que quiero — sino por la del 
amor, también. Aquí se encuentra una de las raíces del misticismo hispano, 
aquel que impregna el amor en la racionahdad, pues en el ascenso de la 
criatura hacia Dios, verdadero crecimiento. Dios mismo ha querido contar 
con la voluntad libre de los hombres, de modo que si bien es cierto que en la 
Historia se cumple el plan de Dios, al que nada escapa, no lo es menos que 
Dios mismo quiere contar de modo constante con el hombre y con su libertad, 
que es guía de la voluntad\ 

Abraham ibn David completa este pensamiento al que Maimónides eleva- 
rá hasta ser categoría absoluta: la Torah, la Ley, es el mejor regalo hecho por 
Dios a los hombres; aparece como una revelación del orden que existe en el 
Universo. Pero Dios reclama, para ella, una adhesión que tiene que ser libre. 

Las tres ideas aquí explicadas son como tres ejes que se incorporaron 
luego a la cultura cristiana medieval que, en el siglo Xn, estaba experimen- 
tando un salto de calidad decisivo. Pues los grandes maestros de la primera 
Escolástica tuvieron conocimiento de ellas. 

5. La descomposición del Imperio omeya ofreció una breve etapa de 
influencia y prosperidad a los judíos, convertidos en ministros de algunos 
taifas, de los que recibieron abundante protección. Esto les comprometió con 
gobiernos corrompidos compartiendo el odio que despertaban entre los ver- 
daderos musulmanes. Con la llegada de las oleadas africanas, almorávides y 
almohades, se inició la marea del antijudaísmo — ^y también del anticristianis- 
mo — que culminaría en la decisión de 1140 y en las corrientes de fugitivos. 
Yehudá ha-Levi es una especie de adelantado y de paradigma de esas corrien- 



2 Importa consultar sobre esta cuestión a D. González Maeso, El legado del judaismo 

español, Madrid 1972, pág. 161. 

3 Importante el artículo de C. Ramos Gil. La Tokeha de Bahya ben Paquda, Homenaje a 
Millas Vallicrosa, 11, Barcelona, 1956, pág. 197. 



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Claves históricas del problema judío en España medieval 23 



tes. Vivió en los años cruciales que le hacen rigurosamente contemporáneo 
de Alfonso VT y de Rodrigo Díaz de Vivar y es, entre otras, autor de una obra. 
El Cuzarí, en tornia de diálogo platónico, que fue señalada por Menéndez y 
Pelayo como raíz primera de la novela española. 

En realidad ha-Levi cultivaba magistralmente el enxemplo. Derivación 
del apólogo y de la parábola esta forma literaria posee ciertas características 
peculiares: contiene, como aquéllos, un mensaje porque pretende comunicar 
una tesis o doctrina moral, pero envolviéndola en una narración que, siendo 
novelesca, esto es, inventada, se presenta con todas las características de un 
suceso real. El enxemplo o novela ejemplar será una de las aportaciones de la 
tradición judía a la cultura literaria española. Lo encontramos, desde luego, 
en la Disciplina clericalis del converso Pedro Alfonso y también en el Llivre 
del gentil e deis tres savis, de Ramón Lull. Es la trama esencial del Conde 
Lucanor y profusamente aparece en el Libro del Buen Amor del arcipreste. 
Se incluye en algunos episodios del Quijote y Cervantes llamará Novelas 
Ejemplares a su colección de narraciones cortas. Sería imposible explicar la 
tendencia al realismo que aparece en la literatura española como una constan- 
te, sin recurrir a esos precedentes. Recordemos aquí que Yehudá ha-Levi es el 
autor de los más antiguos versos conservados en lengua castellana (h. 1086): 
- Des kand Mosedilo benid / tan bona albesara / kom rayo de sol esid / en 
Wad ál-axara. 

Pero Yehudá acabó convirtiéndose en un desarraigado: la hospitalidad que 
la España cristiana, ruda, iletrada, guerrera, le ofrecía, resultaba insufrible 
para un hombre de su cultura. En su alma de pecador alimentada por ramala- 
zos de piedad que le llevaban al misticismo, fue cobrando vigor la idea de 
que, para un judío, sólo existe una patria: Jerusalén. Todavía hoy, en los 
vetustos muros de la ciudad santa, cobran sentido estremecedor los versos de 
la Gran Siónica: "cuando lloro tu desdicha soy como un chacal / cuando 
sueño en la vuelta de tu cautividad, soy una lira para tus cantares**. Así, en el 
momento en que la Cristiandad occidental se ponía en pie para tomar el 
camino de Jerusalem, brotaba de .nuevo, poderosa, la idea del retorno. Rin- 
diéndose a ella, ha-Levi emprendió el gran viaje. Una leyenda, seguramente 
falsa, aunque poética, pretende que murió unte los muros de Jerusalén alan- 
ceado por un árabe que le confundió con uno de los aborrecidos cruzados. 

Su conducta responde a un rasgo cultural que habrá de marcar profunda- 
mente al sefardismo en los siglos siguientes y que radica en la siguiente 
disyunción: crecía en ellos el amor a la tierra española y a sus paisajes, a esa 



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Luis SUÁREZ FERNÁNDEZ 



Sefarad que les daba su nombre; al mismo tiempo sabían que se trataba de 
una nueva Misraim (Egipto) de donde tendrían que salir algún día, porque el 
destino del Pueblo que Dios eligiera para si se hallaba indefectiblemente 
unido a ese suelo sagrado, Eretz Yisrael, donde se alzan las cúpulas doradas 
de Jerusalén. 

6. El siglo XI es descrito, a menudo, como la Edad de Oro de la literatura 
judía en España. Pero el desarrollo cultural no se detuvo a pesar de que 
Maimónides se viera obligado a emigrar. Enseguida se recuperó en impulso, 
aunque cambiando radicalmente el lugar de asentamiento. Los que emigraron 
a tierras cristianas, amparándose en aquella Ley general o Fuero de los judíos 
que conocemos, fueron bien acogidos, especialmente por las autoridades, 
creándose una relación de convivencia satisfactoria durante siglo y medio. 
Los judíos actuaron como instructores de los cristianos al menos en estos tres 
aspectos: el cultivo del viñedo, que propagaron y enriquecieron, la práctica de 
la Medicina y la organización del primer esquema para la percepción de 
tributos que eran arrendados siendo los banqueros judíos ios más frecuentes 
arrendatarios. 

La tercera de estas tres habilidades era un arma de dos filos. Nunca, sea 
cualquiera el color de su vestido o el título de su ofício, podrá ser bien visto 
un recaudador de contribuciones. Máxime cuando esa recaudación se presen- 
ta como un negocio privado. íntimamente unidas entre sí las actividades de 
arrendamiento, crédito y préstamo con interés sobre prendas, contribuyeron a 
formar esa imagen siniestra que identifica al usurero con el judío. Por otra 
parte banqueros y recaudadores eran, en general, tibios en materia religiosa. 
De modo que aquellos que se hacían más visibles a la población cristiana 
aparecían como ricos prestamistas. Las profundas virtudes de laboriosidad, 
estudio, amor a la familia y solidaridad, permanecían ocultas en gran medida 
a la población cristiana que, con simplismo generalizador, se acostumbró a 
responder: ¿un judío?; ah, sí, un usurero. 

De este modo se completaron las aristas del que podríamos llamar **pro- 
blema judío'*. Una comunidad humana, definida por su religión, se había 
establecido en la Península repartiéndose por sus reinos. Su presencia no era 
exclusivamente fáctica sino que se hallaba amparada por una estructura de 
leyes que iban desde los simples fueros locales hasta la más general. Los 
vínculos verticales de este amparo funcionaban bastante bien: reyes y nobles, 
y hasta la propia Iglesia, estaban de acuerdo en que les convenía que dicha 



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Claves históricas del problema judío en España medieval 



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legislación se cumpliera y así los judíos se sentían amparados. Pero las 
relaciones hoiizontaies eran siempre difíciles. El pueblo odiaba a los judíos. 
Basta reconocer una pequeña muestra: todavía hoy, en el lenguaje corriente, 
jugar al prójimo una mala pasada se describe como **hacerle una judiada". 

7. A principios del siglo XII un cluniacense arzobispo de Toledo, Bernar- 
do de Salvetat (1 125-1 152) tuvo la idea de aprovechar el conocimiento que 
los judíos tenían de la lengua y cultura árabes para impulsar una recuperación 
a fondo de textos clásicos para las bibliotecas cristianas. Así surgió la que 
hemos dado en llamar **escuela de traductores". Conviene advertir que mu- 
chas traducciones se hicieron fiiera de Toledo y, también, que nunca existió 
una institución orgánica que llevara ese nombre. El método que se empleaba 
era el siguiente: un maestro judío, o árabe en algunas ocasiones, se encargaba 
de trasladar el texto arábigo, que a su vez procedía del griego, al castellano. 
Luego un clérigo se encargaba de lograr la versión latina. 

En la primera etapa de este movimiento de los traductores, destacaron dos 
fuertes personalidades, Domingo González, arcediano de Segovia, y Juan 
Hispano, que se supone es el nombre que cubre a Abendeuth, esto es, Abra- 
ham ibn David. Los materiales de que disponían tenían su procedencia en las 
grandes bibliotecas musulmanas. De este modo, siendo Aristóteles el gran 
descubrimiento que en esas fechas se estaba produciendo en al-Andalus, es 
lógico que el principal legado que los traductores entregaran a Europa fue 
precisamente de González, un texto que fue, profusamente, empleado en el 
Estudio General de París. Se trataba de un regalo preñado de amenazas pues 
por esos mismos años los alfaquíes pronunciaban su sentencia contra Ave- 
rroes, acusando a éste de materialismo precisamente por pretender seguir a 
Aristóteles con preferencia a Platón. El término "averroísmo" pesaba como 
una amenaza sobre aquellas generaciones que se formaron con el Gundisal- 
vus. 

Para Europa la recuperación de Aristóteles significó una verdadera 
revolución, fenómeno que ha sido ampliamente estudiado. Merced a ella 
se comenzaría por rechazar el "realismo" neoplatónico, que atribuía a las 
Ideas, arquetipos de las cosas, la única realidad sustancial. Esto conduci- 
ría al extremo contrario del "nominalismo". De modo que, en este aspec- 
to, no puede negarse que el trabajo de los sabios judíos desempeñó un 
papel de gran trascendencia en la conformación de la cultura europea. Se 
produjo, entre las Escuelas judías y cristianas una confluencia de pensa- 



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miento en la que resulta muy difícil discernir el protagonismo que corres- 
ponde a cada una, en todo caso debe reconocerse que se incorpora a las 
raíces de la europeidad. 

El punto de partida se encuentra en ese axioma, tan admirablemente 
expuesto por Moisés ben Maimónides, de que la Ley (Torah) revelada por 
Dios a los hombres y a la que éstos, de un modo natural, se hallan sometidos, 
es una explicación profunda del orden mismo que reina en la Naturaleza. De 
ahí se extrae la primera consecuencia moral: la vida humana sólo puede 
cobrar sentido cuando se pone en relación con esa Ley. Pero enseguida se 
advierte que dicha relación se inscribe en el ámbito de la libertad y no de la 
necesidad, siendo ésta una característica esencial del ser humano. Nadie se 
salva o se condena sino a consecuencia de una elección, ejecutada por cada 
uno desde la voluntad libre, individual o colectivamente. Los judíos tendían a 
identificar en este punto el exilio "gallut", como una consecuencia de los 
pecados del Pueblo y nó de una persona en particulai . Tenemos que recordar 
aquí la enorme importancia que el libre albedrío reviste en la literatura del 
Siglo de Oro y, en general, en todo el pensamiento español. La libertad así 
entendida, no es independencia sino responsabilidad y llega a convertirse en 
signo de identidad del alma humana inñnita e inmortal, aunque tenga co- 
mienzo como criatura, que se contrapone a la Naturaleza que es material, 
necesaria, fínita y perecedera. 

n. LA COMUNTOAD JUDÍA VISTA POR LOS CRISTIANOS 

L Desde mediados del siglo XII una población judía, cuyo número resulta 
imposible establecer pero que se hallaba, en todo caso, por encima de las cien 
mil almas, había llegado a constituirse orgánicamente en todos los reinos 
cristianos de la Península. Después de 1250 se detecta también la presencia 
de judíos en el reino de Granada donde tenemos constancia de que, al amparo 
de los comerciantes genoveses establecidos en Málaga, se organizó en esta 
ciudad una fuerte aljama. Desde el punto de vista de la autoridad cristiana, 
que maduraba con bastante rapidez, esta presencia planteaba dos cuestiones a 
las que era imprescindible responder. La primera se referia a la legitimidad: 
¿hasta qué punto es conveniente que una comunidad esencialmente de bauti- 
zados conviva con otra que ha rechazado el mensaje de Cristo, a ella dirigida 
en primer término? La segunda a la legalidad: aceptado el hecho, ¿qué dere- 



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Claves históricas del problema judío en España medieval 



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chos y deberes pueden serle reconocidos? En ambos casos las respuestas 
exigían abundantes matizaciones. 

Como hemos señalado en capítulo anterior se dio a la cuestión de la 
legitimidad respuesta afirmativa ya en 1066 cuando reyes y Papa coincidieron 
en declarar extinta la legislación visigoda que declarara ilícita la permanencia 
de los judíos. Automáticamente la aceptación comportaba el reconocimiento 
mínimo de derechos fundamentales, especialmente estos: ser comunidad 
autoadministrada, profesar la religión hebrea, usar esta lengua en documentos 
internos, poseer sinagogas, escuelas y cementerios teniendo reconocida la 
condición de hombres libres. Insistamos en que se utilizaron doctrinalmente 
los argumentos atribuidos a San Agustín: los judíos, Pueblo elegido por Dios 
que no puede equivocarse, eran portadores de la Escritura y por consiguiente 
testigos vivientes de las promesas que en Cristo se habían cumplido. Debían 
ser cuidadosamente conservados para que, al lado de los cristianos, 
descubriesen un día su error y se convirtiesen pues a esta meta se encaminaban. 

Esa legitimidad reconocida daba origen a una concesión regia, pero no 
era un derecho exigible. Lx)s documentos afirman crudamente que los judíos 
podían considerarse "propiedad** del rey — ^a veces se les calificaba todavía 
más duramente de siervos del rey para indicar su radical inferioridad^ — al 
que abonaban su cabeza de pecho, esto es ima especie de compensación a 
cambio de la facultad de residencia. Ser propiedad real comportaba, sin 
embargo, algunas ventajas pues nada podía gozar de un tan alto grado de 
protección. Por ejemplo el homicidio cometido contra un judío devengaba la 
pena o caloña más elevada que permitía el Derecho, no porque se reconocie- 
ra al judio calidad semejante a la del noble, como algunas veces con enor se 
ha entendido, sino porque se trataba de un daño inferido al patrimonio del 
rey. 

Idénticas fueron las consecuencias que se derivaron de la legitimación de 
la estancia de los judíos en otros reinos europeos como Francia e Inglaterra, 
países de los que fueron expulsados relativamente pronto. En Alemania se 
hizo una distinción. A principios del siglo Xll, cuando se restauraron las 



4 M. Kriegel. Les juifs a la fin du Moyen Age dans l 'Europe méditerraiiéenne, París, 
1979, explica esta singular servidumbre colectiva como sometimiento y segregación; los 
judíos eran considerados inferiores de modo absoluto, por su propia naturaleza, y no podían 
redimirse salvo por medio del bautismo que les integraba en la comunidad cristiana haciéndo- 
les perder su condición. 



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Luis SUÁREZ FERNÁNDEZ 



normas protectoras tras las terribles violencias cometidas por los cruzados y 
por otras bandas armadas que no ostentaban esta condición, se aclaró que los 
judíos eran propiedad de la Cámara imperial y no de la persona del empera- 
dor. Esto nos ayuda a comprender mejor ciertas matizaciones. Los judíos 
resultaban sumamente provechosos al patrimonio: la capitación que abona- 
ban no era muy superior a los tributos que pesaban sobre la población llana de 
pecheros cristianos, pero llegaba a la Cámara libre de toda clase de signacio- 
nes y. por ello, absolutamente disponible. De ahí que se insistiese mucho en 
el perjuicio económico que hubiera significado la prohibición del judaismo. 
En Francia la propiedad sobre los grandes vasallos. Con entera naturalidad 
los monarcas españoles "situaban'' rentas sobre esa capitación que eran nor- 
malmente deuda pública apenas disfrazada. 

Salvo ciertas disposiciones de carácter general, a partir de la ley dictada 
por Alfonso VI en 1090, completada por ciertos Ordenamientos de Cortes, las 
relaciones de convivencia entre cristianos y judíos se regulaban por medio de 
las cartas o fueros de cada región, ciudad o villa. Había, sin embargo, ciertos 
principios jurídicos irreversibles: al no ser "naturales" del reino, aunque 
hubiesen nacido en él, no podían formar parte de sus estructuras políticas o 
sociales. Tampoco podían arrendar funciones que comportaran poder sobre 
cristianos. Quedaban obligados a respetar las fiestas, viéndose obligados en 
determinadas circunstancias, a permanecer recluidos en sus casas o en su 
barrio durante ellas. Estaba prohibida la relación familiar — simplemente 
comer con los judíos — y mucho más la sexual: echarse con una cristiana, 
incluso si se trataba de prostitutas, podía llevar acarreada en determinadas 
circunstancias la pena de muerte. La misma prohibición tenían establecida los 
judíos. 

2. Ni todo el mundo compartía estos puntos de vista, ni eran siempre 
respetadas las orientaciones hacia la tolerancia que venían de Roma. Había 
eclesiásticos que, siguiendo las huellas de San Bernardo y de Esteban Har- 
ding, consideraban la presencia de los judíos como un bien deseable, en orden 
a la conservación fiable de las Escrituras y a su propia conversión. Pero 
abundaban también los obispos y predicadores que sostenían que ningún bien 
podía derivarse de la "perfidia iudaica", tomada esta en el sentido más estric- 
to del término, actuando sobre la doctrina cristiana. Por esta causa, en el 
momento en que comenzaron a detectarse las fuertes corrientes de heterodo- 
xia en el sur de Francia y en Italia, las cuales afectaban por igual a las dos 



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Claves históricas del problema judío en España medieval 



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comunidades, el Papa Inocencio III se vio en la necesidad de publicar una 
Constitio pro iudaeis (1199) estableciendo una doctrina de obligado cumpli- 
miento para todos los cristianos en relación con los judíos. 

Invocando una vez más la doctrina agustiniana para mejor adaptarla a las 
nuevas circunstancias de Europa, el Papa declaraba deseable la estancia de 
judíos en los reinos cristianos por las dos razones ya señaladas de ser testimo- 
nio vivo de la Promesa y porque, con el ejemplo de los cristianos, se 
aceleraría el proceso de su conversión. En consecuencia, y además de 
aquellos derechos que la Iglesia considera "naturales'' en toda persona huma- 
na — garantía de la vida, libertad personal y propiedad de los bienes obteni- 
dos — otros tres debían serles otorgados o reconocidos por las autoridades del 
país en donde vivían: 

— protección para las personas y bienes, tanto individuales como colecti- 
vos, ejercida por la autoridad real y por los magistrados encargados de 
representarla; 

— conservación de la fe mosaica que profesaban, teniendo en cuenta que 
el bautismo sólo es válido cuando se recibe con entera libertad y 

voluntariedad; 

— inviolabilidad de sus sinagogas y cementerios, que en modo alguno 
debían ser invadidos sin su permiso y menos aún violentados; no era 
lícito interrumpir el culto que, de acuerdo con las normas de su reli- 
gión, tributaban a Dios. 

Ninguna disposición semejante fue otorgada por la Iglesia en relación con 
los musulmanes, de modo que el status de éstos dependía exclusivamente de 
los pactos que con ellos se establecieran en diversos momentos. Pongamos 
atención a la diferencia. Sucede que para la Iglesia el Islam era simplemente 
una infidelidad, una doctrina inventada por un hombre en tiempos posterio- 
res, mientras que el Judaismo se presentaba como depósito de la revelación 
de la Verdad hasta la llegada de Jesucristo. Los judíos eran el "viejo** Israel 
de la Promesa mientras que ella era el "nuevo" y definitivo Israel en quien la 
Promesa ya se había cumplido. Desde este punto de vista los judíos, por 
especial y extraña permisión divina se encontraban aún en el camino viejo, 
aunque indudablemente un día deberían llegar a recorrer el nuevo. 

Esta exposición que aquí sintetizamos, rigurosamente exacta, permanecía 
en el plano de la doctrina; era ignorada o tergiversada en la práctica común. 
Recelos, calumnias y odios recíprocos se mezclaban para tergiversarla. Los 



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Luis SUÁREZ FERNÁNDEZ 



predicadores denotaban impaciencia: ¿cómo podían ser los judíos tan torpes o 
tan perversos como para no reconocer la Verdad que se les ofrecía? Mucha 
maldad debían abrigar en sus corazones para rechazar el gran regalo de la fe. 
De vez en cuando aparecían predicadores que se encargaban de recordar a las 
muchedumbres ignaras que los judíos eran precisamente aquellos que "cruci- 
ficaron a Nuestro Señor". Los esquemas del odio tuvieron una larga gesta- 
ción. 

La legislación española, que estuvo inspirada en la Constituüo de Inocen- 
cio III, fue, por esta causa, más generosa o menos injusta con los judíos 
asegurando una convivencia más prolongada que en otros países entre las dos 
religiones. Se llegó a reconocer la nuda propiedad de viviendas, sinagogas, 
cementerios y bienes muebles de toda clase; también se admitía que tuvieran 
la posesión de ganado y de tierras para su explotación agraria. Quedaron 
garantizados legalmente los préstamos otorgados sobre prendas, siempre que 
éstas se pusieran de manifiesto para garantizar que no se- trataba de bienes 
robados. Fueron admitidos ante los tribunales juramentos prestados en hebreo 
sobre ejemplares de la Torah; en los pleitos mixtos era preceptiva la presen- 
cia de testigos de las dos religiones. En Castilla, hasta las últimas décadas del 
siglo XIV los judíos gozaron de dos seguridades supletorias muy ásperas, 
aunque también muy eficaces. Cuando un tribunal de la aljama dictaba sen- 
tencia, incluyendo la de muerte, a causa del delito conocido como malsinería 
— ^término bastante impreciso pero que significaba atentado contra la comuni- 
dad — los oficiales cristianos de justicia, recibida la indenmización corres- 
pondiente por tratarse de propiedad real, estaban obligados a ejecutarla, sin 
entrar en otras consideraciones. Por otro lado, si un judío aparecía muerto en 
descampado, la ciudad o villa en cuyo término estuviera el lugar del crimen, 
estaba obligada a entregar al criminal o se la hacía directamente responsable 
del delito, con sus implicaciones penales o económicas. Estamos siempre 
moviéndonos en la protección de la propiedad real. La supresión de ambas 
condiciones anunciaría el desencadenamiento de la persecución. 

3. Durante mucho tiempo, hasta muy avanzado el siglo XIV, no se exigió 
de los judíos que establecieran sus viviendas apartados de los cristianos. Sin 
embargo, ellos prefirieron hacerlo así, por razones complejas, de orden reli- 
gioso, económico o, simplemente, de seguridad. Nacieron de este modo los 
barrios que se llamaron "juderías" en Castilla y "calis" en Cataluña. También, 
y por razones obvias se detecta entre los judíos un absoluto predominio de 



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Claves históricas del problema judío en Esparta medieval 



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oficios mercantiles sobre las actividades agrícolas: médicos, drogueros o 
especieros, roperos de viejo, zapateros y comerciantes de pescado seco o 
salado, son las profesiones que más frecuentemente se mencionan en los 
documentos. Como ya indicamos, hubo desde el primer momento una mino- 
ría de ricos dedicados a toda clase de operaciones de banca, entre las que 
incluían el arrendamiento y percepción de los impuestos^ Pero, contra lo que 
todavía en algunas partes se dice, lo que caracterizaba a la sociedad judeo- 
española era precisamente el abundante predominio de una especie de clase 
media y la solidaridad interna. 

Lx)s monarcas cristianos del siglo Xn y todavía bastante tiempo después, 
se mostraron favorables a la instalación de los judíos. No se trataba única- 
mente de dar acogida a los emigrantes ni de procurar beneficios económicos 
para el tesoro público, sino de permitir a las comunidades organizarse en 
aljamas. Conviene no confundir los términos: judería es, simplemente, lugar 
de habitación; aljama es un modo de administrarse. Si la 'judería no cuenta 
con número suficiente de individuos, no puede constituir aljama y, para su 
gobierno, se la agrega a la de otra población cercana. Ya lo hemos dicho: la 
aljama es el equivalente del concejo cristiano; también las pequeñas aldeas 
aparecen incorporadas al mismo, formando su alfoz. A medida que los conce- 
jos evolucionaban hasta cerrarse en sistemas oligárquicos, las aljamas se- 
guían el mismo proceso. 

A mediados del siglo Xm y como consecuencia de una larga evolución, 
encontramos constituida en España una sociedad judía, con rasgos culturales 
que la caracterizan, distinguiéndola no sólo de la sociedad cristiana, con la 
que convive, sino incluso de las otras comunidades judías en distintos países 
alojadas. En todos los aspectos esenciales ya mencionados, de religión, edu- 
cación, estructura jurídica, convivencia social, costumbres familiares, trans- 
misión de bienes y contenido intelectual y literario, se mostraba autosuficien- 
te. Para vivir y desarrollarse no necesitaba de la sociedad cristiana otra cosa 
que tolerancia jurídica y relaciones económicas, tomando esta última expre- 



5 A. Neuman, The jews in Spain. Their social, political and cultural Ufe during íhe 
Middle Ages, I. Filadelfia, 1944, págs. 166 siguientes, ya indicó de qué modo la pirámide 
social de la comunidad sefardí presentaba una base muy amplia y una cúspide reducida. No 
aparecían en ella manifestados los pobres sin duda porque las organizaciones solidarias y 
caritativas de las aljamas, muy eficaces, lo impedían. La sociedad cristiana y los autores 
coetáneos fueron víctimas de un espejismo al no tener en cuenta más que a los judíos ricos que 
se relacionaban en la Corte. 



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sión en su sentido más amplio. Esta sociedad cristiana, aun contemplando a 
los judíos con recelo y hostilidad, como aparece en el episodio de Vidal y 
Vivas incorporado al Poema del Cid, no dejaba de envidiar algunas caracte- 
rísticas esenciales: reconocía que era más letrada — el judío normalmente 
sabía leer y escribir, mientras que el cristiano normalmente lo desconocía — 
que poseía grandes conocimientos en Medicina y otras ciencias útiles, y que 
sus sinagogas eran "casas donde se alaba el nombre de Dios" (Las Partidas) 
haciéndose dignas de respeto. 

Es en este momento cuando se promulga el Fuero Real de Castilla 
— modelo para los fueros locales — así como los Ordenamientos de Vallado- 
lid (1258) y de Sevilla (1269), obras todas de Alfonso X, al tiempo que se 
reforma el Fuero General de Navarra. Los monarcas peninsulares en razón 
probablemente del problema general de rechazo al judaismo que comenzaba 
a manifestarse en toda Europa, se decidieron a otorgar a la comunidad judía 
un reconocimiento jurídico, maduración del que se iniciara en 1060, el cual, 
siendo duro y restrictivo en sus detalles, podía considerarse como un gran 
avance en relación con lo que estaba sucediendo en otros países. Esta actitud, 
en cuyo juicio moral no nos corresponde entrar, tuvo importantes consecuen- 
cias: expulsados pocos años después de Inglaterra y de Francia, maltratados 
en el Alemania y víctimas de persecución en otros países, los judíos se 
acostumbraron a considerar la Península como una especie de refugio en 
donde las condiciones de vida resultaban tolerables. 

Veamos, en concreto, cuales eran las limitaciones y sus crueles alternati- 
vas, partiendo de los derechos de antiguo reconocidos que hemos tenido la 
oportunidad de explicar: 

— Había una prohibición radical de convivencia; es justo señalar que los 
rabinos estaban en esa misma línea. Naturalmente el matrimonio, entre 
personas de distinta religión estaba prohibido, pero también el servicio 
domiciliario — criadas o amas de leche — que exigía alguna clase de 
intimidad. En el caso de la relación camal la discriminación era mani- 
fiesta. Un judío que yacía con una cristiana, aunque se tratase de una 
ramera, perdía la vida aunque no su compañera de pecado. Únicamente 
si la prostituta reincidía o si el marido de una casada reclamaba su 
derecho, podían ser muertas. 

— Ningún judío podía ostentar un cargo u oficio que, directa o indirecta- 
mente, implicara dominio o potestad sobre un cristiano. Había fórmu- 
las para soslayar esta prohibición cuando se trataba de prestar servicio 



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Claves históricas del problema judio en España medieval 33 



al rey, pero fueron aplicadas cada vez con menor frecuencia. Esta 
condición dificultaba las operaciones de recaudo de impuestos por 
parte de los arrendatarios. 

— Todavía se aceptaba que los judíos pudieran recibir tierras en posesión, 
aunque no en propiedad — más tarde esta facultad les fue retirada — 
hallándose facultados en consecuencia a contratar trabajadores cristia- 
nos a sueldo, pero sin que esto significara ninguna relación de depen- 
dencia. 

— La conversión al judaismo, tratándose de cristianos o de musulmanes 
podía ser castigada con la pena de muerte. Seguía estando prohibido 
obligar a un judío al bautismo, pero si alguien impedía que lo recibiera 
uno de los suyos era susceptible de sufrir la pena capital. 

— Los judíos no podían formar parte de las corporaciones de oficios a 
causa del carácter religioso que éstas tenían. Las atenciones sociales de 
seguridad contra el infortunio eran suplidas por los órganos correspon- 
dientes de la aljama. Pero en relación con sus clientes cristianos, el 
trabajo del judío no tenía otra protección que la de los ordinarios 
tribunales de justicia, con muchos inconvenientes. La documentación 
nos revela que los pleitos en que los judíos se vieron envueltos eran 
muy numerosos y constituían una verdadera carga. 

— A diferencia de los cristianos, los judíos condenados a muerte podían 
ser colgados por los pies y no por el cuello para prolongar su sufri- 
miento y agonía. No estamos seguros de cuáles fueron los casos en que 
esta terrible costumbre se aplicó. Sin embargo seguía siendo norma 
que ante tribunales civiles en los pleitos mixtos tenían que presentarse 
testigos de ambas religiones, siendo válido el juramento prestado sobre 
la Torah. 

4. Las relaciones entre las dos comunidades, judía y cristiana, obligadas a 
convivir, no se hicieron más suaves en el correr de los años. Algunas veces 
saltan a primer plano excepcionales relaciones de amistad como la que don 
Juan Manuel profesó a su médico ibn Wakkar. Con el tiempo la repulsión iba 
en aumento. Nacieron calunmias que fueron como raíces primeras de un 
antisemitismo que se desarrollaría con el tiempo creando lo que podemos 
considerar "estereotipos para el odio". Hay, en dichas calunmias, un doble 
origen religioso y social. El q)rendizaje de la lectura y escritura, por parte de 
la población judía, se efectuaba a través de la lengua hebrea, convertida en 



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Luis SUÁREZ FERNÁNDEZ 



sustento de vida religiosa, si bien en sus relaciones diarias los israelitas se 
expresaban en el romance que correspondía a su lugar de habitación. 

La primera leyenda giraba en torno a los signos misteriosos y absoluta- 
mente incompresibles para los cristianos y que el cabalismo, nacido precisa- 
mente en España, empleaba también como portadores de un valor oculto. Se 
puso a las letras hebreas en relación con la práctica de la brujería, como todo 
aquello que quedaba más allá de la mente. Y hasta nosotros ha llegado la 
antiquísima tradición que identifica los "signos cabalísticos" con la nigro- 
mancia. Una barrera de temor ante supuestos pactos con las fuerzas ocultas, 
fue naciendo. Con el tiempo y bajo el imperio de crecientes restricciones, el 
espacio de habitación reservado a los judíos se fue estrechando, al tiempo que 
aumentaba el aislamiento. El abundante uso de especias, con su olor peculiar, 
creó la otra parte de la leyenda: el judío no sólo es un brujo sino además 
sucio. Hoy sabemos, gracias a nuestra documentación, que se trata de algo 
absolutamente falso pues el grado de higiene de la población judía era consi- 
derablemente más elevado que el acostumbrado por sus contemporáneos. 

Una sociedad que rendía culto a la espada y daba nombre propio al 
caballo, vinculada además al vigor físico y a las costumbres violentas, con- 
templaba en los judíos un ejemplo de cobardía. Les estaban prohibidas las 
armas y los caballos y toda participación en actividades que, de ambas cosas, 
derivaban. Por experiencia el judío sabía que era elemento débil y que su 
mayor seguridad venía de rehuir el peligro y no de enfrentarse con él. Todo 
grupo social minoritario y amenazado, que vive bajo una techumbre ominosa 
que en cualquier momento puede desplomarse, no puede evitar los gestos de 
temor. Así se formó el arquetipo del judío cobarde, tan grato a los difusores 
del antisemitismo: el valor con que sufrían persecución por causa de su fe no 
les fue tenido en cuenta. 

Se sumaba a estos dos vicios el de la avaricia y apego al dinero. Los 
judíos, rodeados de tantas restricciones, sabían muy bien que su única forma 
fíable de riqueza estaba constituida por los bienes muebles, únicos sobre los 
que se les permitía ejercer una nuda propiedad. Y a veces tenían que escon- 
derlos para no suscitar la voracidad de sus vecinos. Tenían que estar prepara- 
dos para, en cualquier momento, huir de sus casas. En 1492 — ^una concUción 
generosa que no se había dado en anteriores expulsiones de otros países — se 
les permitió vender sus inmuebles y convertk todas sus riquezas en letras de 
cambio; muchos bienes se perdieron entonces. Pero la experiencia les reveló 
una vez más que sólo lo que habían podido llevar consigo, oculto o por 



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Claves históricas del problema judío en España medieual 



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medios indirectos, era plataforma de partida para reconstruir su existencia en 
el exilio. Y esta adhesión a los bienes de mucho valor y poco peso les era 
atribuida como avaricia. 

Tenemos de este modo completa la caricatura del judío errante condenado 
por Dios. Sucio, cobarde, avaricioso y usurero, como Shylok, busca única- 
mente el daño de los cristianos, a quienes odia. También se decía de ellos que 
eran astutos y sutiles, en el peor sentido que podemos otorgar a ambas 
palabras. Y así hasta nuestros días. Cuánta literatura se ha llenado con esa 
imagen del rico judío, usurero o banquero, hipócrita, engañador y sumamente 
listo. Los importantes esfuerzos realizados para demostrar la inexactitud del 
dibujo no han conocido un éxito completo. En sus rasgos esenciales este 
boceto procede de la Edad Media. 

Fueron las acusaciones procedentes de la esfera religiosa las que alcanza- 
ron a desencadenar las más graves consecuencias. En los siglos duros del 
Medievo, cuando la sociedad campesina tenía que ser resguardada de la 
radical servidumbre de los préstamos de interés abusivo, las sentencias contra 
la usura — entendiendo como tal cualquier crédito con renta superior al 
33% — invocando para ello textos del Deuteronomio, se agravaron: la usura 
pasó a ser considerada como uno de los pecados capitales más serios, apenas 
comparable con el parricidio, la homosexualidad y la apostasía. Nada tan 
fácil como generalizar se aplicó a todo un pueblo la actividad que correspon- 
día a unos pocos de sus miembros, y aún entre estos, se hizo imputación de 
usuraria a cualquier operación bancaria. 

Se desencadenaron a partir de aquí mentiras y calumnias, como que, en su 
odio a los cristianos, los médicos estaban dispuestos a envenenar a sus pa- 
cientes. Fue tomada tan en serio esta acusación que en algunas comarcas se 
permitía a los médicos judíos diagnosticar la enfermedad y recomendar los 
remedios, pero las medicinas tenían que ser preparadas por cristianos. En 
1321 circuló una noticia de que, puestos de acuerdo con el rey de Granada, 
los judíos habían contratado leprosos para que, bañándose en los ríos frecuen- 
tados por cristianos, trasmitiesen a estos la terrible enfermedad. 

Y, finalmente, llegaron también a España las dos grandes calumnias alum- 
bradas lejos de nuestro suelo: se acusó a los judíos de rememorar, sacrilega- 
mente, la Crucifixión, asesinando ritualmente a un niño para preparar con su 
sangre el matzot de la Pascua; también se dijo que robaban o compraban 
Formas consagradas a fin de profanarlas. Los calumniadores cuentan siempre 
con una ventaja: no necesitan ser lógicos en sus historias para ser creídos. 



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Luis SUÁRE2 FERNÁNDEZ 



5. La comunidad sefardí fue creciendo y afirmándose en el pasillo de estos 
odios. Se generó, en ella, un proceso lógico de estrechamiento y cierre de 
posiciones, porque había que afirmar, a toda costa, las esencias del judaismo. 
Después de Abraham ibn David se fue poniendo, en las escuelas rabínicas, 
una tendencia cada vez más fuerte a rechazar las tentaciones del racionalis- 
mo: en muchos casos se prohibió la lectura de Maimónides. Esa identidad 
entre Ley revelada y orden existente en la naturaleza, parecía peligrosa: se 
daba la impresión de que Yahvé/Dios quedaba reducido a ser un Activo 
Intelecto. A las exageraciones doctrinales en esta línea, se denominó ave- 
rroísmo, un término que muy pronto aprendieron los cristianos. No podemos 
detenemos aquí en analizar la falacia que se esconde tras el caliñcativo, pues 
es evidente que Averroes no sostuvo el mateñalismo. 

Durante siglo y medio cinco generaciones sucesivas de sabios y pensado- 
res, Nahmánides, Shlomó ibn Adret, Asher ben Yehiel, venido de Alemania, 
Isaac ibn Sheshet y Hasdai Grescas, ahondaron en ese valor fundamental del 
judaismo que es el amor a la Torah, precioso regalo de Dios y fuente de saber 
que supera a la razón aunque no la destruye. Conocer, dijeron, rememorando 
el profundo sentido bíblico de la palabra, no es ejercicio únicamente de las 
potencias racionales, pues el principal protagonismo corresponde a la volun- 
tad. Sólo se conoce verdaderamente aquello que se ama. En este sentido 
conoció Abraham a Sarai y engendró a Isaac. 

Para las autoridades judías, como para las cristianas el averroísmo, en los 
años de tránsito desde el siglo Xn al Xm, se presentaba como un desorden 
social, porque rechazaba la relación personal entre el hombre y Dios, su 
Creador, sustituyéndola por el orden necesario de la Naturaleza, Frente a él, 
la conciencia judía se esforzó en defender la profunda doctrina de que Yahvé 
había escogido a Israel convirtiéndolo en pueblo de su elección. Sin embargo 
esta doctrina hacía surgir un interrogante, del que judíos y cristianos preten- 
dieron tener respuestas divergentes. Nahmánides explicaría la suya a Jaime I: 
el gcdlut o exilio es un proceso de purificación destinado a limpiar los peca- 
dos del Pueblo, de modo que viviendo en él, y aun suMendo, los judíos tenían 
muestra del amor de Dios que buscaba el modo de reparar en ellos la conse- 
cuencia de sus culpas. Con la mente puesta en Jerusalén, verdadera y única 
patria, el judío puede experimentar la alegría de la purificación. 

A esto oponían algunos predicadores cristianos su respuesta: Dios castiga 
en los judíos su "peifidia" — resistencia a la fe en el sentido más estricto — 
pues habiendo enviado a su Hijo en cumplimiento de la Promesa, le habían 



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Claves históricas del problema Judío en España medieval 



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rechazado reclamando incluso su muerte. De este modo se hicieron acreedo- 
res al desprecio en el exilio y al desarraigo, condenados a vivir sin tierra 
propia. Los judíos — concluían — están condenados a errar, como Caín, por 
los caminos del mundo. 

m. AGRESIÓN Y DESTRUCCIÓN (1215-1391) 

1. Las divergencias que se produjeron entre las dos sociedades, cristiana y 
judía, fueron progresivamente ahondadas hasta desembocar en una ruptura 
final ejecutada en dos tiempos, el de la destrucción — ^matanzas de 1391 — y 
el de la eliminación — decreto de 1492 — al suspenderse de forma radical la 
tolerancia. Separados exactamente por un siglo estos dos acontecimientos no 
pueden comprenderse si se prescinde de la evolución global de la sociedad 
europea o si se busca la explicación en una supuesta lucha de clases o crisis 
social^ Insistiendo en lo dicho con anterioridad los judíos constituían en 
España una comunidad religiosa que algunos, muy pocos, abandonaban para 
pasar mediante el bautismo a la otra, la cual era, evidentemente, minoritaria 
aunque con ciertas garantías jurídicas. Madurando en el tiempo, y moviéndo- 
se en los estrechos límites de una tolerancia concedida, habían llegado a 
construir una sociedad completa. La célula fundamental de esa sociedad era 
la aljama que estaba regida, como los municipios cristianos, por un consejo 
(en hebreo kaluil) que, en el siglo XIII se hallaba enteramente dominado por 
una oligarquía (los neemainm, equivalente a groso modo a los regidores 



6 Ph. Wolf. The 139/ Pogrom in Spain. Social crisis or not? (Past & Present, febrero, 
1971; págs. 4-18) planteó el carácter social de las matanzas de 1391: las masas populares 
consideraban a los judíos como opresores. De ahí que algunos autores como E. Sarasa Sán- 
chez. Sociedad y conflictos sociales en Aragón: siglos XIII y XIV. Estructuras de poder y 
conflictos de clases Madrid, 1981, y J. M. Monsalvo Antón, Antisemitismo en Castilla durante 
la Edad Media. Aproximación histórico-metodológica a un conflicto social (El Olivo 17, 
enero-junio 1983, págs.*4-18) creyeran posible lograr una explicación más clara aplicando una 
metodología marxiana que consiste en identificar antisemitismo con lucha de clases. Hay en 
esto una contradicción: el antisemitismo es racista y la raza no se identifica con clase. Los 
judíos no formaban una clase sino una comunidad con diferencias en su propio seno. Mucho 
antes J. Valdeón Banique, Los conflictos sociales en el reino de Ceistilla en hs siglos XIV y 
XV, Madrid, 1975, había hecho la advotencia de que el fenómeno de rechazo del judaismo es 
complejo y no puede ser atribuido a un sólo factor. La metodología marxista tiene escasa 
entidad cientffica y apenas si en contadas ocasiones ayuda a la comprensión de los problemas. 



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Luis SUÁREZ FERNÁNDEZ 



cristianos) en la que entraban tan sólo unas pocas personas pertenecientes a 
linajes poderosos. 

La existencia de dichas oligarquías era considerada ventajosa para la 
comunidad pues sus miembros, en relación con la Corte — hay cierta equiva- 
lencia con la situación que se producirá en Alemania en el siglo XVIII — 
disponían de iníluencia y poder suficientes para conectar con las autoridades 
cristianas, siendo así una especie de cobertura para su comunidad. Sin embar- 
go esta situación generaba algunos muy serios defectos. Los judíos cortesa- 
nos tendían a salir de sus barrios, vestían como los nobles, copiaban sus 
vicios y raras veces se mostraban firmes y seguros en la fe, se aficionaban a 
las riquezas y a la vida muelle. Pero eran precisamente los ejemplos que los 
cristianos tenían ante sus ojos y, generalizando, atribuían las debilidades al 
judaismo. Cuando se contempla una comunidad con recelo, los pecados de 
unos pocos de sus miembros se atribuyen a la totalidad. Para la sociedad 
cristiana del siglo XII la intensa vida de piedad de los judíos, la solidaridad 
interna con que se sostenían rabinos, lectores, estudiantes, viudas, pobres y 
huérfanos, eran absolutamente desconocidas. 

En el siglo XII, en un proceso que tiene su paralelo en la sociedad cristia- 
na el judaismo sufrió fuertes convulsiones internas como consecuencia del 
que hemos llamado "averroísmo": tendencias a un racionalismo excesivo, a 
veces denunciado como proclive al materialismo y críticas a la Tradición 
fueron la causa de que algunos judíos fuesen acusados y condenados por sus 
sinagogas. Algunos de estos perseguidos buscaron refugio en la sociedad 
cristiana convirtiéndose; esperaban en ella mayor comprensión para sus doc- 
trinas y se defendían denunciando a sus antiguos correligionarios. 

Entre estos conversos se hallaba Nicolás Donin que había ingresado en la 
Orden de los Predicadores. Presentó ante el Papa una denuncia en regla: se 
equivocaba la Iglesia cuando creía que los judíos eran custodios de la Escri- 
tura, pues la tergiversaban. Los rabinos, para impedir que pudieran darse 
cuenta de que la Promesa se había cumplido, habían elaborado una doctrina 
perversa que llamaban **Tradición", esto es Talmud, inspiración diabólica 
para ocultamiento de la verdad. En ese Talmud se habían introducido graves 
blasfemias e insultos para Jesús y la Virgen María. Por consiguiente el 
talmudismo debía considerarse herejía contra el Antiguo Testamento ni más 
ni menos que el catarismo lo era contra el Nuevo. La influencia que desde el 
Talmud se ejercía sobre la sociedad, judía o cristiana, era muy perniciosa; 
cuanto antes desapareciese, mejor. Ya antes de que la denuncia fuese formu- 



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Claves históricas del problema judío en España medieval 



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lada, algunos teólogos habían insistido en que la convivencia era perniciosa. 
En el IV Concilio de Letrán (1215) se habían establecido dos condiciones 
paia evitar el peligro: los judíos tendrían que vivir en barrios apartados y 
llevar en sus ropas señales visibles que permitiesen a los cristianos en todo 
momento saber con quien estaban hablando. 

La acusación de Nicolás Donin era seria; él y sus compañeros de conver- 
sión eran prácticamente los únicos que podían acceder a la escritura hebrea. 
El Papa Gregorio IX, gran jurista, se tomó un plazo de reñexión pero, al fmal, 
accedió a que el asunto fuese investigado por el Estudio General de París, que 
era la primera de las Universidades del tiempo. Se celebró un debate público, 
presidido por la reina Blanca, madre de San Luis, permitiéndose a cuatro 
maestros judíos que ejercieran la defensa del Talmud. Donin había presenta- 
do una lista de 35 proposiciones heréticas contenidas en el libro judío y se 
ofreció a demostrar su tesis. 

Donin afirmó que había probado su acusación. La Universidad designó 
entonces un tribunal, presidido por el rector, Eudes de Chateauroux, a fin de 
que, sopesados los argumentos de ambas partes, dictara sentencia. Tras la 
afirmación del rabino Yehiel, antes comentada, de que Jesús había sido 
justamente condenado por declararse Dios, se llegó a la conclusión de que el 
Talmud era herético peligroso y, como tal, debía ser condenado. Inocencio IV 
confirmó esta sentencia. Un día del mes de mayo de 1248 veinte carretones 
descargaron su carga de ejemplares del libro, tomados de las sinagogas, en un 
rincón de la plaza de la Gréve y fue hecha con ellos una hoguera. Cinco siglos 
más tarde en aquel lugai" se al/ai ía la guillotina. 

2. La sentencia de París era extensiva a toda la Cristiandad aunque no 
fuese ejecutada en todas partes de ese modo tan riguroso. Hacía entrar la 
"cuestión judía" en una nueva fase: ningún cristiano podía en adelante dudar 
que el judaismo era una perversión. Ahora bien un mal puede ser tolerado, 
especialmente si se teme que su brusco desarraigo puede provocar perjuicios, 
y a esta epiqueya se agarraron, como a un clavo ardiendo, los monarcas 
peninsulares que no querían ser privados de "sus"" judíos; durante un siglo ni 
siquiera se exigieron las condiciones de habitación y vestido impuesta en el 
Concilio de Letrán. Se había dado, sin embargo, el paso decisivo de declarar 
el talmudismo herético contra la religión mosaica. En obras posteriores de 
gran influencia, como el Pugio fidei de Ramón Martínez y el Fortalitiiim fidei de 
fray Alonso de Espina se repitieron y difundieron las acusaciones de Donin. 



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Luis SUÁREZ FERNÁNDEZ 



En la Península Ibérica las disposiciones contra el Talmud no fueron tan 
drásticas como en Francia. Jaime I organizó, en 1263, un debate en Barcelo- 
na, en el que tomaron parte uno de los conversos, Pablo Christiani y el más 
conocido de los doctores judíos del tiempo, Moshe ben Nahman, a quien se 
conoce como Nahmánides y que reunía en su persona dos condiciones: sabi- 
duría profunda entre los de su pueblo y proximidad y confianza del rey, de 
quien era médico. Los textos conservados" permiten definir correctamente las 
posiciones en esta disputa a la que estuvo presente san Raimundo de Peña- 
fort, general de los dominicos. El maestro judío explicó de qué modo el 
Gallitt era purificación de los pecados del pasado y. al mismo tiempo, prepa- 
ración para el cumplimiento de las promesas hechas por Dios a su pueblo y 
entre las cuales la del Mesías no era ni siquiera la más importante. "Cuando 
sirvo a mi Creador bajo vuestro poder — dijo a Jaime I — en destierro, 
tonnento y sujeción, expuesto constantemente al desprecio universal, merez- 
co gran recompensa". Pero inmediatamente añadió que no estaba muy seguro 
de que no se hallase en pecado aquel judío que dejaba de desear vivir en 
Jerusalén. Acabaría dejándose ganar por la nostalgia profunda de la ciudad 
dorada. 

A mediados del siglo XIII un principio había sido sólidamente estableci- 
do: el talmudismo era un mal condenado. Ahora los reyes cristianos teman 
que plantearse seriamente la cuestión de hasta qué punto era conveniente dar 
amparo en sus reinos a personas definidas como portadoras de una doctrina 
tan peligrosa. La Iglesia no intervino de modo oficial: seguía sosteniendo los 
argumentos de la Consumió de 1199, y afirmando que los judíos debían ser 
atraídos al bautismo sin ejercer sobre ellos violencia, pues sólo si se recibe 
voluntariamente puede el sacramento proporcionar los saludables efectos. 
Bastaba, en el interim, con aumentar la vigilancia para que las dos poblacio- 
nes, judía y cristiana, estuviesen suficientemente separadas. Pero entraba 
dentro de la lógica, que algunos monarcas llegaran a la conclusión de que 
más valía librarse del peligro evitando la estancia de los judíos en su suelo. 
Entre 1289 y 1290 Eduardo I de Inglaterra tomó la iniciativa de suspender el 
permiso de residencia en todos sus dominios que, para cuatro siglos, iban a 



7 Gracias a los trabajos de Isidore Loebb. J.M. Millás Vallicrosa, Robert Chazan y, 
recientemente, Alfonso Tostado Martín, los historiadores disponen de textos abundantes y 
fiables sobre esta disputa de Barcelona. Una síntesis de la investigación y de sus resultados ha 
sido hecha por Herniine Grossinger, Die Disputation des NaclinuiniJes mil Pablo Christiani, 
Barcelona, 1263 (Kairos, 19, págs. 275-285 y 20, págs. 1-15 y 161-181, años 1977-1978). 



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Claves históricas del problema judío en España medieval 41 



permanecer "limpios" de judíos. Esta conducta fue imitada por Felipe IV de 
Francia, Carlos II de Ñapóles, los duques de Austria y varios principados 
alemanes. En todos estos casos se procedió a confiscar los bienes comunales 
de los judíos y a anular las deudas de que eran acreedores. 

Se formó de este modo la conciencia de que la "solución total" correcta, 
para el problema judío podía llegar simplemente de que se prohibiese la 
práctica de su "perversa" religión. Siendo el Antiguo Testamento parte del 
patrimonio cñstiano, una herejía contra el mismo sUíectaba directamente a su 
comunidad. Coincidiría en este punto Ramón Lull cuando recomendaba in- 
tensificar hasta el extremo la catcquesis: pero cuantos judíos se resistiesen a 
los denodados y eficaces esfuerzos debían ser expulsados porque su **terque- 
dad*' significaba por sí misma un peligro. La expulsión no fue nunca conse- 
cuencia de una ley mecánica ni de disposiciones tomadas por los Pontífices, 
sino de la maduración de las Monarquías europeas que al identificar el reino 
con la comunidad política y reconocer en ésta una esencial dimensión religio- 
sa, llegaban fácilmente a una conclusión de unidad. Católicos y protestantes 
coincidirán al final en rechazar a los disidentes. 

Los judíos aparecieron como los primeros disidentes. Pero como la Iglesia 
no podía ni quería modificar su doctrina, se llegaría al hecho paradójico de 
que a finales del siglo XV, cuando estaba prácticamente consumada la elimi- 
nación del judaismo en todo el Occidente, los Estados Pontificios aparecieron 
como una isla en donde no se había decretado la expulsión. La amenaza venía 
mezclada a concesiones que hallaremos presentes después en las "emancipa- 
ciones" del sigki XVIIl: había siempre un medio de evitar la expulsión; 
renunciar a ser judío perdiendo la propia identidad para adquirir la de aqueila 
comunidad, político/religiosa con la que ya convivía. 

3. En la base del drama de 1391 y su secuela de 1492. encontramos 
también un fenómeno de repliegue que se aprecia en las dos sociedades 
judía y cristiana paralelamente: las fuertes corrientes heréticas, averrois- 
tas y nominalistas, produjeron el pánico de la sociedad cristiana. Es el 
momento en que se crea el procedimiento inquisitorial a fin de poder 
descubrir y castigar delitos que afectan a la conducta religiosa. La Inqui- 
sición no tenía potestad ni jurisdicción sobre los judíos aunque no falta- 
ron voces aisladas que la reclamaran. En la sociedad israelita, partiendo 
de la afirmación tan claramente expresada por Nahmánides — la persecu- 
ción puede tener su origen en los pecados del pueblo — se llegó a la 



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Luis SUÁREZ FERNÁNDEZ 



conclusión de que en la mala conducta de los judíos de Corte podía 
hallarse una de las raíces de la desventura presente. 

Los dominicos, en donde se habían originado la denuncia y la sentencia, y 
a quienes estaba confiada por los Papas la Inquisición, decidieron que la 
primera tarea, la más urgente, era predicar y enseñar a los judíos, sacándolos 
del engaño en que sus rabinos les tenían: para ello comenzaron a estudiar la 
lengua hebrea, a recopilar argumentos y a recabar de las autoridades civiles y 
eclesiásticas autorización para entrar en las sinagogas y predicar. Con ello 
aumentaba el ambiente de sospecha. Las autoridades ciudadanas aumentaron 
la tendencia a obligar a los judíos a encerrarse en sus barrios, reduciendo al 
tiempo el espacio que a éstos se asignaba. Ya en la segunda mitad del siglo 
XIII comienzan a registrarse, aquí y allá, alzamientos o asonadas contra los 
judíos en que los apetitos de convertir a la fuerza, robar o destruir, se combi- 
naban armoniosamente. La Iglesia insistió en condenar la violencia: las con- 
versiones tenían que ser voluntarias en todo caso. 

Se registraba paralelamente un fuerte malestar en las aljamas españolas: 
por un proceso semejante al que experimentaban las ciudades cristianas aquella 
oligarquía dominante que había llegado a constituirse, se cerró convirtiéndose 
en verdadero monopolio de linajes. Las fuentes cristianas llaman adelantados 
o ancianos a quienes las hebreas denominaron mukadenim en Castilla y 
neémanim en Cataluña; a ellos exclusivamente correspondía nombrar jueces 
y ejecutores de la justicia, fijar y recaudar los tributos. Pero sucedía que los 
miembros de tales oligarquías eran en general judíos cortesanos. A partir de 
1276 se registra una serie de escándalos financieros^ que provocaron sentencias, 
notoriamente injustas en muchos casos. Pero los rabinos vieron, en esta caída, 
que afectaba en cierto modo a todo el pueblo, una consecuencia del mal 
comportamiento de los poderosos en relación con su fe. Un estado de 
conciencia que ya no les abandonaría. 



8 David Romano que en la Revista de Catalunya, núm. 3, 1986, ha logrado una apretada 
síntesis del estado de las investigaciones ("La História deis jueus a Catalunya: problemática i 

perspectives") ha dedicado algunos de sus más importantes trabajos a seguir las huellas de los 
judíos de Corte con Jaime I y Pedro ni. No es posible mencionarlos todos, pero tienen especial 
relieve los siguientes: 

— "Estudio histórico de la familia Ravaya. bailes de los Reyes de Aragón", y 

— "Los hermanos Abenmassó al servicio de Pedro el Grande de Aragón" (Homenaje a 
Millás Vallicrosa, II, Barcelona, 1956). 



Claves históncas del problema judío en España medieval 43 



Se sumaron otras consideraciones. En toda Europa en los años que marcan 
el tránsito entre dos siglos, se estaban produciendo persecuciones que pare- 
cían apuntar a la extirpación del judaismo. Muchos fugitivos acudieron a 
España donde se conservaban todavía mínimas condiciones jurídicas de segu- 
ridad. Ti Lijeron consigo los ecos de una polémica que aconsejaba rechazar a 
Maimónides y su gran pensamiento racional, porque le consideraban puerta 
de entrada para el averrofsmo y las otras desdichas. Había que regresar a la fe 
simple de los padres, viviéndola con exquisita obediencia a la Ley y estricta 
piedad pues sólo de este modo recobraría Israel la fortaleza que le permitía 
resistir las persecuciones que amenazaban. 

4. Una serie de sabios talmudistas, aquellos que hemos presentado como 
los maestros de la segunda etapa del sefardismo, que forman un puente sin 
solución de continuidad entre los siglos Xm y XTV, y de los que Nahmáni- 
des, ibn Adret, Asher, Isaac Sheshet y Hasdai Grescas, como ya indicamos, 
forman las cabezas más sobresalientes, se enfrentó a la tarea de superar la 
querella en favor y en contra de Maimónides, moviéndose en equilibrio 
estable: sin hacer una defensa a ultranza del gran maestro ni inclinarse tampo- 
co a un excesivo pietismo. Salvaron la gran herencia — ^'*de Moshe a Moshe 
no hay más que Moshe" — e imprimieron al sefardismo posterior algunos de 
sus rasgos más peculiares. Por ejemplo Adret que, tras profunda reflexión, 
acabaría recomendando que se reservase el estudio de la filosofía griega a 
personas muy maduras, acabaría elaborando esta especie de pensamiento: 
viviendo entre enemigos que desean y buscan la desaparición de la le judaica, 
sin otra esperanza que la de conseguir una tolerancia poco benévola. (,qué 
queda a los judíos sino la defensa de Dios? y ¿cómo pueden esperar los judíos 
que ésta se produzca si no cumplen minuciosamente los preceptos que el 
mismo Dios, en un acto de amor, les ha señalado? 

Ahí está, por ejemplo, uno de los motivos de que se busque la belleza en 
la liturgia sefardí. Nahmánides insertaba en el cumplimiento de la Ley el 
retorno a Jerusalén, pues sólo en Eretz. Yisrael podían los preceptos alcanzar 
su pleno sentido. Era de edad muy avanzada cuando emprendió el viaje. La 
vinculación esencialmente religiosa de Israel con la Tierra que Dios mismo le 
diera como heredad es uno de los aspectos del judaismo que se hace más 
difícil de entender por parte de los no judíos. Sin embargo en el siglo XIV era 
uno de los rasgos más importantes del sefardismo. aquel que le hacía conside- 
rar a España como un lugar de tránsito y no mansión permanente. 



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Luis SUÁREZ FERNÁNDEZ 



Adret, que conocía a fondo el latín y el Derecho romano'^ se propuso 
orientar a los suyos en el principio talnmúdico que afirma que "la ley del reino 
es ley". El cual tiene su paralelo en la sentencia de San Pablo: "el que resiste 
a la autoridad resiste a la voluntad de Dios". Lo explicaba de la siguiente 
manera: obedeciendo la ley de la tierra en que viven, es cómo los judíos 
cumplen la voluntad de Dios; por consiguiente deben acomodarse a las es- 
tructuras jurídicas del país, sin tratar de cambiarlas. £1 sabio judío, fallecido 
en 1310, cuando se habían registrado ya las primeras violencias, advertía, sin 
embargo, que dicha obediencia tenía un límite que era el que señalaban los 
mandamientos de la ley de Dios pues hay que obedecer a Yahvé antes que a 
los hombres. Se debía, por tanto, de establecer una distancia entre legitimidad 
y legalidad. Legítimo es todo aquello que se acomoda al orden de lo creado, 
que Dios ha revelado a su pueblo por medio de mandamientos y preceptos. 
Legal es la normativa que establecen los hombres entre sí. Cuando entran en 
conflicto cesa la obligación de someterse a la legalidad. De este modo se fue 
conformando uno de los rasgos fundamentales del sefaidismo: no se puede 
resistir a la autoridad, pero tampoco se pueden obedecer aquellos mandatos 
que van en contra de la ley divina. 

Asher ben Yehiel llegó a Toledo en 1305, procedente de Alemania donde 
ya había matanzas de judíos, y reclamado por una comunidad tan importante 
como aquélla, que había comenzado a reformarse. El primer servicio que 
prestó al judaismo español fue precisamente presentar ante la Corte castellana 
una imagen muy diferente de la de aquellos con quienes hasta entonces 
estuviera en contacto^^. Sus enseñanzas no eran diferentes de las hasta aquí 
recordadas, pero las completaba con un nuevo aspecto: una sociedad sólo se 
consoUda cuando es capaz de reforzar sus vínculos morales. Fidelidad en el 
matrimonio, garantía de las herencias, cumplimiento de los contratos, hones- 
tidad en el trabajo y en las transacciones, etc., son aquellos aspectos de la 



9 De Adret se conocen 16.000 responsa rabínicas si bien sólo 2.000 han sido publicadas 
(I. Epstein. Responsa of R. Salomón ben Adret of Barcelona as a source of the Hisíory of 
Spain, Londres, 1925). Sobre !a importancia de su figura ver I. Baer, History qf the Jews in 
Christian Spain, 1, Phiiadelphia, 1961, págs. 281-305). 

10 De R. Asher se han publicado unas 1.000 responsa rabúiicas. La tesis, aún inédita, de 
Rica Amram revela de qué modo la principal preocupación de este maestro consistfa ea el 
refiiorzo de los lazos familiares y también en el status económico de las familias. Sorpmide 
por su modernidad el papel que asigna a la mujer en la sociedad. 



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Claves históricas del problema judio en España medieval 



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existencia humana que manifiestan cómo se cumple la voluntad de Dios y se 
vive en obediencia a Él. 

Sheshet y Grescas vivieron tiempos difíciles, ya que fueron coetáneos de 
las matanzas de 1391; en ellas pereció el único hijo del segundo. Hasdai 
salvó su vida porque habitaba en Zaragoza, residencia real, a donde no 
llegaron los asesinos. Los desastres no alteraron la firmeza de su carácter 
aunque, sin duda, influyeron en las reflexiones que volcó en su famosa obra 
de síntesis, Or Adonai (Luz del Señor). Preocupado como muchos de sus 
contemporáneos, también cristianos, por los excesos a que llevaban las filo- 
sofías de la inmanencia, afirmaba que la Naturaleza no puede ser considera- 
da como un mecanismo autónomo sujeto únicamente a sus propias leyes, 
puesto que se trata de una Criatura de Dios, obra de su amor. Dios ama al 
mundo, ama al hombre, ama de una manera especial al Pueblo que para sí ha 
elegido y al que ha hecho el inestimable regalo de la Torah: espera del 
hombre una respuesta, que ha de ser también agradecida. Las terribles desdi- 
chas que estaban padeciendo sus contemporáneos se explicaban porque se 
habían apartado del camino recto de la Escritura y, guiados por Aristóteles, 
"que cegó los ojos de Israel en nuestro tiempo** habían acabado en el ave- 
rroísmo de los materialistas o en la de deserción, como Abner, el rabino de 
Burgos. Lo importante en la Torah y en el Talmud no es lo que allí se dice 
acerca de la Creación ni acerca de Dios, sino que permite comprender que 
Dios ama a Israel y le ha dado sus preceptos como un presente de amor. 
Mientras los cumple, el Pueblo vive ante el rostro de Dios, pero cuando los 
abandona, muere' ^ 

De este modo el sefardismo, al término de una segunda etapa, se definía a 
sí mismo como la forma cultural de una comunidad de valores religiosos. A 
ella se pertenecía por disposición de Dios y por adhesión a la Torah. Se vivía 
en obediencia a la ley de los monarcas españoles en cuanto fuese compatible 
con el mandato divino. Su unidad era resultado de la proyección hacia un 
destino histórico futuro, pues tal era la misión encomendada a Israel. Estas 
mismas dimensiones se acomodan muy bien a los valores de la cultura 
católica española en los siglos nucleares de su modernidad. Cabe pues pre- 
guntarse si hubo corrientes desconocidas para nosotros de transmisión de 
pensamiento. En todo caso se trata de una circulación en doble sentido ya que 



11 J. M. Nfillás Vallicrosa, "La crítica de la FMca de Aristóteles por Hasdai Grescas" 
(Estudios sobre la historia de la ciencia española, Barcelona, 1949). 



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Luis SUÁREZ FERNÁNDEZ 



muchos de los argumentos de Adret los encontramos en LuU y en autores de 
la segunda Escolástica. Es evidente que judíos y cristianos coincidían en 
ciertas afirmaciones fundamentales. 

5. Aumentaron las presiones. A fmales del siglo XIV se había consumado 
una proyección de las juderías europeas hacia ambos extremos: la Península 
Ibérica y las grandes llanuras orientales. Una centuria después las comunida- 
des de Polonia, Lituania y Ucrania — nunca de Rusia pues los zares prohibie- 
ron la entrada — se habían consolidado. Aquí se pusieron en contacto con los 
kházaros, único pueblo que se ha convertido al judaismo y cuyos príncipes, 
obrando con la lógica del tiempo, prohibieran la predicación del cristianismo. 
De este modo se estaba iniciando la gran división que con el tiempo llegaría 
a consolidarse. Salvo en Khazaria en los demás países fuesen cristianos o 
musulmanes, los judíos no podían gozar de otra condición que no fuese la de 
una simple tolerancia. Pero ésta no era un derecho sino simplemente graciosa 
concesión, la cual dependía del interés que en ella tuviera el que la otorgaba. 

Conforme nos acercamos a las fechas dramáticas de la ruptura y destruc- 
ción, necesitamos usar de mayor frialdad, sin apasionamiento pues el servicio 
que el historiador puede prestar es la explicación y comprensión del fenóme- 
no porque carece de los atributos del juez. Fueron los conversos los que 
iniciaron la ofensiva contra el Talmud y los rabinos; la población cristiana 
atribuyó al judaismo en cuanto tal la denuncia negativa que se formulaba. Los 
conversos no se sentían judíos, sino cristianos, y pretendían actuar como 
tales; pero había entre ellos quienes se decepcionaban al encontrar el cristia- 
nismo demasiado riguroso. Además la población cristiana no olvidaba su 
origen y tendía poco a poco a generalizar: ¿hasta qué punto un judío bautiza- 
do dejaba de ser todavía judío? 

Algunos eclesiásticos comenzaron a denunciar el peligro que para la fe 
cristiana podía significar la existencia de esa zona intermedia en la que se 
movían los conversos: al mezclarse con los cristianos inyectaban en sus 
venas los errores que les habían obligado a abandonar el judaismo. Qué 
errores fueran estos no parecía muy claro. Tras el debate público de Barcelo- 
na del año 1263 un dominico, Raimundo Martini o Ramón Martínez, no 
converso aunque experto en las lenguas árabe y hebrea, decidió recopilarlos 
en dos obras que tituló Capistrum iudeórum y Pugiofidei a fin de proporcio- 
nar a los predicadores cristianos argumentos y conocimiento para combatir- 
los. Se establecía así una tesis: los judíos eran portadores de doctrinas torci- 



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Claves históricas del problema judío en España niedieual 47 



das que, por la vía de los conversos, podían comunicarse a la sociedad 
cristiana. 

No eran trabajos deleznables. Se trata de obras sólidamente construidas 
por alguien que conocía bien, directa o indirectamente, las enseñanzas talmú- 
dicas. Por eso se difundieron ampliamente y causaron a los judíos un daño 
mucho mayor que el que improvisadas calumnias podían producir. Martini 
partía del conocido argumento de que la Escritura hebrea contiene el anuncio 
de la Revelación cristiana y proporciona datos más que suficientes para que 
se conozca que la Promesa ha sido cumplida y Jesús es el Mesías, el Ungido, 
y también una Persona divina. Toda esta revelación acerca de la Redención y 
de la Trinidad, se encuentra implícita en numerosos pasajes del Antiguo 
Testamento. En consecuencia sólo a la **petñdia" y malicia de los maestros 
judíos debe atribuirse que hayan fabricado una nueva, torcida y falsa interpre- 
tación, que es el Talmud. Martini y otros predicadores admitían que se había 
producido un pacto entre el diablo. Satanás, y los judíos para la elaboración 
del mal. 

De este modo se llegaba a una conclusión final: la tolerancia practicada 
por la sociedad cristiana, al permitir la proliferación de una secta herética 
contra el Antiguo Testamento, y no emplear contra ella los remedios drásti- 
cos que se estaban utilizando en las contrarías al Evangelio, era en sí nüsma 
ilícita, dañina para la fe, contraría a ella. Debía ser suspendida. Éste es el 
argumento que en 1309 emplea en Francia Felipe IV. Pero este paso a la 
intolerancia no era reclamado como un retorno a la barbarie de los antiguos 
tiempos sino como un proceso de maduración de esa primitiva forma de 
Estado que llamamos Monarquía. 

6. El primer resultado de las acusaciones contra los judíos fue un repliegue 
defensivo de los monarcas cristianos, que disminuyeron paulatinamente el 
número de colaboradores judíos y restringieron los derechos reconocidos a 
sus comunidades. Presionaban en un sentido adverso los sentimientos de 
hostilidad de la población cristiana. Una especie de cambio se produjo ya en 
el Concilio de Vienne (1311) al tiempo que se estaba destruyendo a los 
Templarios en virtud del mismo proceso de maduración institucional que no 
podía consentir esa presencia de comunidades autosuficientes. Todavía se 
sostuvo entonces la exclusión de medidas de violencia para lograr la conver- 
sión, ya que ésta reclamaba la voluntariedad, pero se insistió mucho en que 
las medidas de segregación y vigilancia debían ser rigurosamente aplicadas. 



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Luis SUÁRE2 FERNÁNDEZ 



En Viennc estuvo presente Ramón Lull'- cuya influencia intelectual sobre 
toda la Península fue formidable: por un proceso de análisis racional de los 
valores religiosos este pensador mallorquín y universal, llegaría a la conclu- 
sión de que si sólo una religión era verdadera la convivencia de ésta con las 
otras dos falsas debía reputarse perniciosa. Partía de un axioma: siendo la 
razón una facultad dada por Dios a los hombres, no podía existir contradic- 
ción entre ella y la fe cuando se usaba rectamente. De ahí pasaba a sostener 
que para predicar a judíos y musulmanes la verdad cristiana no se necesitaban 
argumentos de autoridad bastando los del proceso racional. En el Livre del 
gentil e deis tres savis hizo una especie de demostración práctica del valor de 
estos argumentos mediante los cuales se llegaba a la conclusión de que el 
Cristianismo es la única religión verdadera. Cincuenta y dos sermones fueron 
compuestos por él en torno a esta tesis hasta 1305. En ellos afirmaba que el 
procedimiento a emplear con el "problema judío" para llegar a la "solución 
total" no era otro que la intensificación de las predicaciones instructivas: si 
ellos no se rendían a los argumentos, colocándose en posición irracional, los 
reyes tenían el deber moral de prohibirles la estancia en sus reinos. Eduardo I y 
Felipe IV habían tenido razón. 

El Concilio de Vienne, al reiterar con mayor énfasis las disposiciones 
segregatorias de Letrán, no modificó el principio de que a los soberanos 
temporales correspondía el derecho de permitir o negar la permanencia en sus 
dominios. Al retomar a la Península los obispos de la provincia eclesiástica 
de Compostela, celebraron una reunión en Zamora y aquí redactaron un 
documento (11 de enero de 1313) dirigido a los regentes de Alfonso XI, 
aunque extensivo a los otros monarcas peninsulares en el que advertían del 
peligro moral en que se hallaban y de las penas canónicas en que podían 
incurrir al incumplir las normas de habitación y vestido dictadas en Letrán y 
ahora confirmadas, y al seguir consintiendo que judíos testimoniasen contra 



12 Los iinesiigadores actuales se dividen en sus juicios acerca de Lull. ya que unas 
veces se les muestra como comprensivo y tolerante respecto a los judíos — nada de violen- 
cia — mientras que otras parece un enemigo radical. La solución a este dilema sólo puede 
hallarse instalándose en su propia mentalidad: los judíos eran víctimas de un mal, el judais- 
mo, que consiste como la ceguera — se les representaba en las miniaturas con una venda 
sobre los ojos — en no ver la luz que tienen delante. Había pues que realizar toda clase de 
esfuerzos para curarles. Pero esto no le impedía ver en el judaismo un mal contagioso: los 
que se negaban a ser curados debían ser separados definitivamente de la comunidad cristiana 
para no contagiarla. 



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Claves históricas del problema judío en España medieval 49 



cristianos u ocupasen oficios que de alguna manera suponían ejercer potestad 
sobre éstos. 

Mediante este documento, la Iglesia en España pretendía recordar que, 
aunque careciese de potestad sobre los judíos por no ser fieles, la poseía sobre 
los cristianos a quienes, con amenaza de penas canónicas podía exigir que 
adoptasen precauciones rigurosas contra la "pravedad" judaica. La Constitu- 
tio de 1199 aparecía así modificada en sus fundamentos. Lo peor que esta 
nueva actitud era que podía considerarse como un apoyo tácito al violento 
antijudaismo popular que, a caballo de las calumnias — tanto más fáciles de 
creer cuanto más inverosímiles — se estaba desarrollando rápidamente en 
Europa. En otros sínodos posteriores se reiteraron las quejas: los reyes aten- 
dían las reconvenciones y seguían empleando judíos para cargos muy altos. 

También desde el interior de las comunidades judías, como una conse- 
cuencia de la marea de reformismo interno que rabi Asher había desencade- 
nado en Toledo se estaba reprochando a los colaboradores de los monarcas 
cristianos que causaban daño a su propio Pueblo: daban pobre ejemplo con su 
conducta y suscitaban un odio que después se extendía a los demás. Algunas 
conversiones al Cristianismo fueron consecuencia, como ya dijimos, de este 
rigor interno que rechazaba a los tibios, vacilantes o no radicalmente piado- 
sos. La más importante, por sus efectos, fue la del rabino Abner de Burgos, 
que tomó el nombre de Alfonso de Valladolid porque en esta ciudad tuvo un 
beneficio eclesiástico. Con sus escritos acusatorios contribuyó mucho a difundir 
la idea de que el judaismo era un terrible mal que debía ser desarraigado. 

Los reyes, que seguían necesitando de los judíos a pesar del aumento de 
cristianos implicados en negocios bancarios, trataron de resistir las presiones 
pero adoptando una actitud estrictamente defensiva que, al final, llevaría a 
una capitulación: comenzaron a ceder en lo menos en un intento de conservar 
lo que les importaba más. De este modo dieron la sensación de que estaban 
absolutamente de acuerdo en reconocer la "maldad" del judaismo aunque se 
hurtaban a su deber por razones de interés material. No faltaron predicadores, 
en el siglo XIV, que afirmaban que el problema no iba a resolverse con 
debates y catcquesis sino que, al faltar la voluntad de los monarcas de expul- 
sarlos de sus reinos como otros europeos más "progresivos" habían hecho, se 
debía recurrir a la violencia colocando a los hebreos ante la disyuntiva de 
bautismo o muerte. 

Así estaban las cosas cuando, al iniciarse el reinado personal de Alfonso 
XI, las Cortes reunidas en Valladolid (1325) examinaron el "problema judío". 



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Prescindieron de las difamaciones y calumnias ya al uso pero dieron por 
admitido y evidente que el judaismo causaba tres grandes males a la socie- 
dad: a) porque en lugar de conservar fielmente el texto de la Escritura, lo 
tergiversaba; b) porque era el vehículo mediante el cual se introducía en las 
venas de la sociedad cristiana el materialismo averroista; y, c) porque los 
judíos vivían de la usura, causando daño a los cristianos. Ni el rey ni sus 
colaboradores estaban en este momento dispuestos a prescindir de los judíos 
que reportaban importantes beneficios: tampoco lo estaban los otros tres 
soberanos peninsulares. Sin embargo, nadie se atrevió a asumir la defensa. 
Tratando de contentar a sus irritados subditos, se inició un repliegue en las 
seculares garantías de protección. Una propuesta real para que se permitiese a 
los judíos acceder a la propiedad de la tierra y a los oficios de los otros 
subditos, fue rechazada. De este modo comenzó un proceso lento de abando- 
no que sólo podía conducir a un dramático final. La propaganda antijudía iba 
creciendo. 

7. ¿Cuándo se hizo irreversible este proceso que reclamaba una solución 
final para el problema judío? No antes de mediados del siglo XIV. Sin 
embargo no faltaban ya eclesiásticos que declaraban poco práctica la política 
de presiones y reclamaban que, de una vez por todas, se pusiese a los judíos 
ante el dilema de bautismo, emigración o muerte. Algunas veces se trataba de 
contagios con movimientos venidos de fuera como los '"pastorellos** que 
llegaron de Francia a Navarra en 1251. Otras se buscaban pretextos más 
populares como el de un supuesto asesinato ritual de un niño en Mallorca que 
permitió subir al asalto de la judería en 1309. Pero, en general, ni siquiera 
hacía falta esto. En Alemania se habían constituido bandas de forajidos que a 
sí mismos se llamaban matadores de judíos {jüdenschlachter): la justificación 
que a sí mismos se proporcionaban era la consecución del bautismo de sus 
víctimas; el premio era el botín logrado en el asalto a las juderías. Los 
matadores aprovechaban circunstancias coyunturales pero no eran su conse- 
cuencia. 

Se sumaron los efectos de la grave crisis económica que caracteriza a esta 
centuria. Las revueltas sociales son siempre ciegas: bastaba con que alguien, 
intencionadamente o no, apuntara con el dedo a los ricos judíos para que 
contra ellos se desataran las furias: se pensaba que las casas guardaban en su 
interior riquezas incontables. En 1328 aparece por primera vez en Navarra el 
siniestro nombre de matadores. La llegada de la Peste negra, después de 



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Claves históricas del problema judío en España medieval 5I 



1348, tuvo asimismo negras repercusiones: no faltaron calumniadores que 
acusaban a los judíos de causar la enfermedad mediante la contaminación del 
agua. Las autoridades dependientes de los reyes trataron de proteger a los 
judíos, aunque no con la suficiente energía. Pedro IV de Aragón, con sus 
estatutos mallorquines de 1347, y Alfonso XI. con sus generosas leyes de 
1348, trataron de atajar el mal, pero en ningún momento se atrevieron a 
declarar que la presencia de los judíos era un bien deseable que como tal, 
tenía que ser defendido. 

Un terrible y relativamente bien organizado movimiento de matadores de 
judíos asestó en 1391 un golpe decisivo a la comunidad residente en España, 
del que nunca se recobraría del todo y que, además, creó las condiciones 
necesarias para la expulsión. Conviene explicarlo con un poco más de detalle. 
Fue consecuencia de la "revolución Trastámara" que es como los historiado- 
res actuales definen el proceso de guerra civil que, en 1369, provocó el 
ascenso de Enrique II al trono de Castilla tras el asesinato de su hermano. El 
bando vencedor, protegido eficazmente desde Francia y desde Avignon, hizo 
alardes abundantes de antijudaísmo, presentando a Pedro I como un amigo de 
los judíos e incluso como judío él mismo'^ Una propaganda extrema preten- 
día que habiendo nacido de María de Portugal una niña, esta hija de rey (más 
tarde se le atribuiría el papel de madre de los Santa María o Cartagena, 
conversos) fue sustituida en la cuna por el hijo de un judío, Pero Gil, nacido 
el mismo día. Tal es la causa de que se diera a los petristas el peregrino 
nombre de "emperegilados'\ Los mercenarios extranjeros que acudieron al 
servicio de don Enrique, cometieron mil tropelías en los barrios judíos. 

Después de la victoria, Enrique U, que necesitaba allegar todos los recur- 
sos económicos posibles, trató de rectificar oponiéndose a las exigencias de 
los procuradores de las ciudades en las Cortes y confirmó las leyes que 
permitían la convivencia de los judíos, al tiempo que utiUzaba otra vez 
financieros de esta nación. Pero la rectificación nunca fue completa. Segura- 
mente es cierta la apreciación de los historiadores judíos de que debemos 
considerar el año 1369 como el de la inflexión definitiva, de la que ya no 
hubo retomo. El canciller Pero López de Ayala, uno de los principales escri- 
tores del tiempo, firma muy relevante en la diplomacia y la política de tres 
reinados, recoge en el Rimado de Palacio todos los tópicos de la aversión 
popular y presenta a los judíos como los explotadores siniestros de los infeli- 



13 Importante J. Valdeón Baruque, Los judíos y la revolución Trastámara, pág. 65 sgts. 



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Luis SUÁREZ FERNÁNDEZ 



ees eristianos. La propaganda de guerra dejó flotando en el aire la idea de que 
los nuevos monarcas, cuyos lazos dinásticos iban a extenderse por vía de 
matrimonios a toda la península, veían con buenos ojos cuanto se hiciera para 
acabar con los "perversos" judíos. Las Cortes comenzaron a ocuparse del 
problema, pero le trataban como si fuera un mal existente en el cuerpo social, 
que debía ser detenido, corregido o extirpado. Se suprimieron las dos fuertes 
garantías de ejecución de sentencias contra malsines y de responsabilidad 
colectiva en la muerte en descampado. 

En torno a 1380 puede decirse que el clima de hostilidad que reclamaba 
solución para el "problema" había alcanzado su madurez, pero se presentaba 
con dos vertientes: una, en la que hallamos a San Vicente Ferrer, se mantenía 
dentro de los límites de no violencia física de la doctrina luliana reclamando 
intensa catcquesis y progresivas restricciones en los derechos para obligar a los 
judíos a optar por el bautismo; la otra, que contaba con un líder fanático, 
Femando Martínez, arcediano de Écija y luego vicario de Sevilla, proponía poner 
un cuchillo en la garganta para obügar a la conversión. En 1375 fue presentada 
una denuncia contra Enrique n ante el Papa Gregorio XI el cual, en una bula, 
conminó al rey de Castilla para que cumpliera con más eficacia los preceptos de 
la segregación y del adoctrinamiento. El arcediano pudo decir a sus seguidores, 
en alta voz, que todo el mundo aplaudiría a quienes ayudasen a la sociedad 
cristiana a librarse del mal de judaismo. El cardenal arzobispo de Sevilla, Pedro 
Gómez Barroso, alertado por su cabildo, se asustó: suspendió a divinis al arcedia- 
no y le declaró "contumaz", rebelde y sospechoso de herejía"''^. 

La muerte del cardenal y del rey Juan I, en el mismo año (1390), el vacío 
de poder consecuencia de la minoridad y las circunstancias que se derivaron, 
permitieron a Femando Martínez, en su calidad de provisor, reclamar la 
administración de la sede vacante y guiar a sus desalmados al asalto de 
importantes juderías, siguiendo la mta del Mediterráneo. Los daños causados 
por este brote de violencia fueron incalculables. Aunque los judíos sobrevi- 
vieron, amparados en aquellos lugares donde las autoridades se mostraron 
eficaces, puede decirse que la comunidad judía como tal, sufrió el quebranto 
decisivo. Barcelona y Valencia desaparecieron. Toledo y Burgos quedaron 
reducidas a la mínima expresión. Sólo ruinas quedaban en 1393, sobre las que 

14 Me he ocupado ya de los antecedentes de la obra de Femando Martúiez en mi Juan I 

rey de Castilla, Madrid, 1978, págs. 358-362. Pero es importante acudir a J. Valdeón, Un 
pleito cristiano-judío en la Sevilla del siglo XIV (Historia. Instituciones. Documentos, I, 
Sevilla, 1974, págs. 223-238) y a M. Kriegel, op. cit. pág. 207 sgts. 



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Claves históricas del problema judío en España medieval 53 



iba a intentarse la reconstrucción. Ignoramos cuántos judíos murieron, cuán- 
tos huyeron, cuántos se bautizaron bajo amenaza de muerte; en los tres casos 
se trata de cifras abultadas. 

IV. PACIENTE RECONSTRUCCIÓN 

1. En cierto sentido puede decirse que los perseguidores alcanzaron su 
propósito: pero al mismo tiempo crearon un serio problema cuando provoca- 
ron bautismos por miedo. Pasado el peligro algunos de estos conversos pre- 
tendieron volver al judaismo, alegando la invalidez del sacramento recibido, 
pero los eclesiásticos rechazaron la petición diciendo que un mínimo de 
voluntariedad se había producido ya que se les había dado la opción de morir 
para no bautizarse, y ellos "habían elegido" ser cristianos. A nadie puede 
extrañar que entre los conversos abundaran los pésimos cristianos pues aque- 
llo que se impone es, con toda lógica, objeto de odio. Lo verdaderamente 
sorprendente es el alto porcentaje de los que decidieron perseverar en el 
cristianismo acomodándose a la nueva situación. No puede decirse, tampoco, 
que la Iglesia en cuanto institución, apoyara directa o indirectamente la 
barbarie. Es absolutamente falsa la noticia que dan algunos autores de que 
San Vicente Ferrer se encontrara en Valencia en el momento del asalto a su 
judería. Se tiene, sin embargo, la impresión de que aunque hubo públicas 
protestas contra la violencia, algunos de los matadores fueron ahorcados y 
Femando Martínez sometido ajuicio, la represión fue excesivamente suave y 
guiada por el propósito de castigar la desobediencia al rey y no de reparar los 
daños causados a los judíos. 

Pasada una generación, los hijos de los que a la fuerza se bautizarán 
comenzaron a sentirse víctimas de una decisión que no habían tomado y 
desearon volver ocultamente, ya que de otro modo no se les permitía, a la 
religión de sus antepasados. La sociedad cristiana se encontró ante un nuevo 
problema que nunca quiso o nunca supo resolver: ¿cuántos, y quiénes, de 
estos cristianos "nuevos" eran sinceros y cuántos falsos? Careciendo de me- 
dios para identiñcarlos, se inclinó por la solución fácil: todos los conversos 
eran de la materia del alborayque, esa bestia que no se sabe si es carne o 
pescado. Y así se dio el primer paso hacia la transformacióndel antijudaísmo 
en antisemitismo: el judío, aunque se convierta, sigue siendo judío, con toda 
su "perversidad". El odio, sin dejar de distinguir a los judíos, se dirigió 
preferentemente a los conversos. 



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Luis SUÁREZ FERNÁNDEZ 



Se estaba produciendo en España una profunda renovación religiosa. Los 
grandes patrocinadores de la reforma, iniciada por los Jerónimos, se mostra- 
ron poco complacientes con el antijudaísmo y rechazaron los primeros pro- 
yectos de discriminar a los conversos, admitiéndolos en sus Ordenes y con- 
gregaciones. Su obra estaba llamada a tener grandes consecuencias, ya que 
tendía a fortalecer la identidad entre el Reino en cuanto comunidad política, y 
la Iglesia siendo ambos custodios de la unidad de fe. La maduración de la 
Monarquía fa\ orecía el desarrollo de la doctrina que conocemos como "máxi- 
mo religioso": todas las estructuras sociales, las leyes y las costumbres, 
reconocían en la fe su signo de identidad, de modo que el cristianismo era 
única fuente de legitimidad. Aunque esto proporcionaba evidente protección 
a los subditos pues impedía el crecimiento sin límites del poder del soberano, 
planteaba de una manera cruda y absoluta el problema de las dos comunida- 
des religiosas subsistentes, musulmana y judía. Por su propia naturaleza un 
Estado rigurosamente confesional no puede admitir la integración de los que 
profesan otra fe: el cristianismo no podía ser practicado en países musulma- 
nes, como fuera suprimido en Khazaria judía. Seguía subsistiendo la toleran- 
cia pero con mayor precariedad que antes. Y así ¿hasta cuándo? 

Algunos eclesiásticos importantes — nos referimos de manera especial a 
San Vicente Ferrer y a Benedicto XIII (don Pedro de Luna) refugiado en los 
reinos de la Corona de Aragón — contemplaron la situación creada con las 
violencias, que habían censurado, como una coyuntura favorable que iba a 
permitir poner en marcha el programa propuesto por Ramón LuU: restriccio- 
nes jurídicas cada vez más fuertes y una gran operación de catequésis que 
permitiera lograr la conversión de los que aún vacilaban. Aprovechando las 
circunstancias que preludian el Compromiso de Caspe, el santo dominico se 
reunió en Ayllón (1411) con el infante Femando, llamado "de Antequera", 
luego rey de Aragón y elaboró con él un estatuto jurídico destinado a sustituir 
las antiguas leyes, el cual era extraordinariamente restrictivo en sus términos. 
Este documento, conocido por las leyes de Ayllón fue incorporado a una bula 
de Benedicto (1415) y declarado de obediencia común en toda la Cristiandad. 
Se trataba, en síntesis, de limitar de una manera drástica las profesiones que 
los judíos podían ejercer así como las garantías de sus actividades mercantiles 
o negociadoras. Había que convencer a los israelitas de que Dios había 
retirado de ellos su protección dejándolos a merced de unas autoridades 
decididas a hacerles la vida imposible. Que se fueran lejos, si no podían 
soportarlo. 



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Claues bistóncus del problema judíu en Españcd medieval 



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Armado con esta amenaza, inmediatamente después de Caspe, y siguiendo 
los consejos de un converso, Jerónimo de Santa Fe, el Papa organizó, en 1413 
una gran catequesis en Tortosa, a la que fueron compulsivamente invitados 
los rabinos más relevantes El converso se había comprometido a presentar 
los textos de la Biblia hebrea que probaban que Jesús era el verdadero Mesías 
y los del Talmud que intentaban falsificar las pruebas. No se trataba de 
debatir razones en pro y en contra sino simplemente de explicar requiriendo 
asentimiento pero Joseph Albo y Astruc ha-Levi supieron convertir el acto en 
una disputa. Las organizaciones del encuentro afirmaron que la catequesis 
había tenido un gran éxito y que muchos judíos gracias a ella se bautizaron. 
Dejando a un lado los posibles excesos de la propaganda puede admitirse en 
efecto que 1414 indica el punto más bajo para la antigua comunidad judía en 
España. Pero la Cristiandad vivía entonces el Cisma de Occidente, cuya 
solución provocó, en 1419, la destitución de Benedicto Xm, y con ella la 
anulación de todas las disposiciones de él emanadas, incluyendo la bula de 
1415. 

2. El problema judío comenzó a plantearse desde nuevas perspectivas. La 
comunidad sefardí separada ahora de aquellas otras que estaban siendo empu- 
jadas hacia el Este, conservaba las viejas características de unidad, amplitud 
y raigambre cultural: se había reducido mucho en cuanto al número de sus 
miembros pero era ahora más fuerte en su fe, estaba más templada en el 
sufrimiento, como el acero. Joseph Albo (1380-1444), uno de los protagonis- 
tas del encuclillo de Tortosa — un nombre que aparece ligado a los orígenes 
de Sated — ofrece, en su Libro de los principios"', importantes rcHexiones 
acerca de lo sucedido: las trágicas horas del 91 obedecían a un claro designio 
de Dios que quería "poner a prueba su fe"; y de los que habían sucumbido 
dijo que "casi han abandonado. Dios no lo permita, la esperanza de su 
reducción". 



15 Tres principales investigadores se han ocupado del tema, en primer término 1. Baer, op. 
cit. II. págs. 170-243. Luego A. Pacios López. Lxi disputa de Tortosa. 2 vols. Madrid. 1957. 
Por último, Mosé Orfali, "De iudaicLs erroribus ex Talmut". Tratado apologénicu de Jerónimo 
de Santa Fe. Madrid, 1989. 

16 En este punto hemos de seguir a I. Hussik, A history of Medioeval Jewish Philosophy, 
Nueva York, 1976, pág. 406. 



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Luis SUÁRE2 FERNÁNDEZ 



La comunidad judía española, reducida y vigorizada al mismo tiempo, 
comenzó a reconstruirse, mudando los lugares de asentamiento preferencial: 
en lugar de las ciudades, las pequeñas villas, de señorío a ser posible, porque 
estas ofrecían mejor medio de protección. Dos circunstancias la favorecieron: 
una ya mencionada, de liquidación del Cisma de Occidente; la otra el gobier- 
no de don Alvaro de Luna que necesitaba de toda suerte de colaboraciones en 
su tarea de reforzar los resortes de poder de la Monarquía. 25 núcleos de 
población en la Corona de Aragón y 224 aljamas en Castilla acogieron un 
número de judíos que no podemos precisar con exactitud, pero que se hallaba 
desde luego bastante lejos de las 100.000 almas. Abundaban pues las juderías 
pequeñas compuestas por dos o tres docenas de familias, lo que facilitaba el 
conocimiento y asistencia mutuas, mientras que comunidades muy antiguas 
habían desaparecido o se encontraban reducidas a bien poca cosa. Tal era el 
caso de Burgos, con 22 famiüas, Toledo, con 40, o Zaragoza. A los de esta 
última ciudad un documento de 1417 los deñnía como **artesanos, pueblo 
menudo y hombres inexpertos". Los judíos de Corte, muy pocos, respondían 
a un modelo distinto de antaño: fieles y honestos seguidores de su fe. Ahora 
los negocios bancaños, los créditos y los arrendamientos estaban más en 
manos de cristianos y conversos que de judíos. Aún sobrevivían algunas 
familias de prestamistas. 

Más fíeles, más piadosos, más austeros, estos judíos significaban un desa- 
fío para los cristianos. Contra ellos se volvían los predicadores. Los partidos 
políticos, en plena efervescencia, utilizaban el tema judío o el converso como 
uno de los resortes en su propaganda o en su lucha por el poder. Sin embargo 
eran frecuentes entre los cristianos las contradicciones, como la que nos 
ofrecen los caballeros del séquito de Beltrán de la Cueva que despotricaban 
contra los judíos y luego iban a la sinagoga para escuchar las homilías del 
rabino de Cuéllar que se hizo famoso por su oratoria y la profundidad de su 
doctrina. Se podía obtener benefícios de un judío, pero no amarle. 

Esa comunidad intentó, durante otros sesenta años, reconstruir su status 
dentro de España desde bases en cierto modo nuevas porque eran más sólida- 
mente religiosas. En ocasiones el investigador se siente asomado a la parado- 
ja pues nunca, como en estos años, se estuvo más cerca de alcanzar la 
solución correcta del problema, reconociéndose de modo legal la existencia 
de una comunidad de fe distinta, si bien de contenidos morales coincidentes 
con la cristiana, y dotada de las instituciones necesarias para su integración 
en la Monarquía. Pero este prodigioso esfuerzo coincidía con un recrudeci- 



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Claves históricas del problema judíu en España medieval 57 



miento de las calumnias, acusaciones y signos de odio desde varios sectores 
de la sociedad. Las denuncias por crímenes rituales, profanaciones, sacrile- 
gios, y usura proceden en su mayor parte de esta época. 

La alta nobleza, que se hallaba en trance de ordenar sus copiosos estados 
señoriales, necesitada de administradores judíos, les ofreció su protección. 
Pero esta se refería a personas concretas y no a la comunidad sefardí, cosa 
que tampoco entraba en el ámbito de su competencia. Los Mendoza brinda- 
ron en Guadalajara y en las villas de su señorío, hospitalidad y ayuda a 
personas tan importantes como Moshe Arragel que, por encargo de Luis de 
Guzmán, maestre de Calatrava, hizo la primera traducción al castellano de la 
Biblia hebrea, un texto que se conserva aún, y a todo el linaje de los Abrava- 
nel cuando éstos volvieron al Portugal. Arragel tenía conciencia de la alta 
significación cultural del sefardismo cuando escribió: 

"los comentarios de la Torah y las leyes y juicios y las otras 
disciplinas que nosotros, los judíos, poseemos hoy en día, fueron 
todos, o casi todos, escritos por sabios judíos en Castilla'*. 

3. En 1420 Abraham Bienveniste, uno de los grandes administradores, fue 
llevado a la Corte por Juan Hurtado de Mendoza. Tras la caída de éste 
permaneció en estrecha relación con don Alvaro de Luna. Era don Abraham 

una figura ilustre, muy distinto de los antiguos judíos de Corte. Piadoso y 

eficiente, sentía el orgullo de que Dios le hubiera hecho judío y manifestaba 
su fidelidad vistiendo con modestia, absteniéndose del lujo y tratando de 
adquirir virtudes humanas. Ayudó a don Alvaro en sus empresas y en un 
momento dado, cuando el Condestable pudo por primera vez asentarse en su 
poder, le planteó una cuestión importante: las leyes de Ayllón y las disposi- 
ciones emanadas de la catcquesis de Tortosa ya no existían, pero también 
podía creerse que las antiguas disposiciones estaban en suspenso. Todo esto 
dejaba en el aire numerosas dudas, acerca de los derechos que, en cada caso, 
debían aplicarse a los judíos. 

Don Alvaro, que había contraído una profunda deuda de agradecimiento 
con él, y estaba interesado también en lograr un status aceptable que disipara 
muchos de los problemas, dio un paso de gigante: aceptó que don Abraham 
convocara en su nombre y presidiera en el del Rey, en Valladolid, entre los 
días 25 de abril y 5 de mayo de 1432, una asamblea de procuradores de las 
aljamas — como si se tratara de unas Cortes judías — y que en ella se eiabo- 



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Luis SUÁREZ FERNÁNDEZ 



rasen unas Ordenanzas que, presentadas al monarca, examinadas por su Con- 
sejo y refrendadas debidamente fuesen en adelante la ley de los judíos en todo 
el reino. Se añadió que tal asamblea podría reunirse en ocasiones posteriores 
— de hecho fueron aprovechadas las convocatorias de Cortes — para acordar 
normas internas y elevar peticiones al Rey. 

Así nacieron las Ordenanzas (takkanofh) de Valladolid'^ que sustituyeron 
a las leyes hasta entonces vigentes. Eran un ensayo de modernidad abruma- 
dora, probablemente excesiva para las circunstancias imperantes en Europa, 
donde Castilla aparecía como un punto de refugio excepcional, una isla en 
medio de las condenas cada vez más ásperas contra el judaismo. Presentaban 
a Sefarad como una comunidad cristiana: era excluido de ella quien renuncia- 
ba a la fe. En la base del Pueblo no estaban los linajes, ni el poder, ni la 
riqueza: solamente la Torah, "columna del mundo" y el Talmud. Cambiando 
las palabras era exactamente lo mismo que el Rey reclamaba de sus subditos 
cristianos. Si tenemos en cuenta la condena que, desde 1248, pesaba sobre el 
Talmud, se comprende la gravedad del gesto de Juan 11 al firmar y convertir 
en Ley del reino un documento que legitimaba el uso del libro. 

Por lo demás la sociedad judía alcanzaba una especie de equiparación con 
la cristiana. Un Rab mayor, nombrado por el Rey, la presidía. Sus Asambleas 
regularían las contribuciones especiales sobre la carne, el vino, las bodas, 
circuncisiones y funerales a fin de atender a las necesidades internas. Entre 
estas fíguraba que cada comunidad con 10 familias o más sostendría un 
maestro que enseñaría la escritura y lectura así como los fundamentos de la 
fe. Las de 40 familias o más dispondrían de escuelas para la enseñanza de los 
halakhot y aggadoth. A los dirigentes de las aljamas se imponía como prime- 
ra y principal obligación la especial vigilancia para exigir el cumplimiento de 
los deberes religiosos. Orar era el eje esencisd de la existencia, en tomo al 
cual giraba todo lo demás pues la comunidad y el Pueblo de la Alianza, Israel, 
se identificaban. Las leyes cristianas prohibían el proselitismo, pero esto no 
importaba; hacía mucho tiempo que los judíos habían renunciado a él. La fe 
judía era transmitida por herencia de pachres a hijos, y el pueblo iba creciendo 
de nuevo con bastante rapidez por medio de una generación natural que 
procuraban los matrimonios tempranos, honestos y rigurosos en su estabiU- 
dad. 

17 La mejor edición de Lcis Ordenanzas, que tienen texto hebreo y castellano entremez- 
clado, es la de Yt)landa Moreno Koch, "The takkanoth of Valladolid of 1432" (The American 
Sephardi, IX, 1978, págs. 58-145). 



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Claves históticas del problema judío en España medieval 



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Las Ordenanzas de Valladolid estuvieron vigentes hasta 1492, con algu- 
nas modificaciones. Cerrado el ciclo de las conversiones — deserciones desde 
el punto de vista judío — y ejecutada una reforma interna apuntando a conso- 
lidar la coherencia austera que el sufrimiento consiguiera, el sefardismo se 
preparaba a encararse con el futuro. El Rab mayor, jerarquía real y no religio- 
sa, ejercía la justicia interna en grado de apelación y era el interlocutor válido 
ante el Rey. Los cuatro que se sucedieron en el cargo, Abraham Bienveniste, 
el maestro Samaya (médico de Enrique IV y autor de un tratanüento para su 
esterilidad), Jacob Aben Núñez y Abraham Seneor, que se sucedieron durante 
estos sesenta años, fueron personas de extraordinaria capacidad e influencia. 
Eran conscientes de que, tras la aprobación de las Ordenanzas y el restableci- 
miento de los derechos fundamentales que incluso Isabel y Femando confir- 
marían en los primeros años de su reinado, el Rey, y sólo el Rey, era "su 
escudo y protección". Ya lo advirtiera en 1375 Moshe ha-Cohen. Aquí estaba 
la fragilidad del sistema. ¿Qué sería de la comunidad si llegaba un momento 
en que dicho escudo le era retirado? 

4. Sobre el mapa político de la Península se dibujaban, como consecuencia 
del quebrantamiento ejecutado entre 1391 y 1419 dos grandes sectores socia- 
les: el del judaismo reconstruido que, en algunos aspectos era más fuerte que 
el de antes, aunque desde luego menos rico y brillante; y el de los conversos, 
sinceros o falsos según los casos, que llevaban sobre sus hombros todas las 
secuelas del odio. No entra en mis propósitos ocuparme aquí de una cuestión 
que es sobremanera importante: el papel que estos conversos han podido 
desempeñar en cuanto correas de transmisión para que influencias hebreas 
hayan podido insertarse en la sociedad cristiana. La estricta vigilancia que en 
torno a ellos se estableció descubría como si fuesen signos de criptojudaísmo, 
hábitos y costumbres que deberían considerarse como saludables. Fn cambio 
el judaismo, sobre el que la Inquisición ni los tribunales eclesiásticos tenían 
jurisdicción, pudo, bajo el "seguro y amparo" de los Reyes, gozar de una 
última etapa de cierta tranquilidad. Hubo movimientos y asonadas contra los 
conversos pero no, al parecer, contra los judíos. 

Gracias a la nueva legislación algunos de los desterrados o de los fugitivos 
de Europa pudieron regresar y acogerse a las aljamas. Algunos importantes 
linajes castellanos se decidieron a reiterar la protección a los judíos. La 
poderosa familia de los Mendoza, que impulsaba, por todos los medios a su 
alcance, el desarrollo de las corrientes de un Humanismo cada vez más 



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Luis SUÁRE2 FERNÁNDEZ 



italianizante, aparece asociada a un esbozo de esa tercera etapa del sefardis- 
mo a que nos hemos referido con anterioridad. Entre 1422 y 1433 se señala la 
presencia de Moshe Arragel en Guadalajara. Este sabio tilólogo y escriturista 
estaba convencido de que el "sefardismo", con sus comentarios, sus leyes, 
sus juicios y su contenido poético era como término de llegada para una 
maduración del judaismo; ahora le parecía imprescindible, y por eso aceptó la 
invitación del maestre de Calatrava Luis Núñez de Guzmán, disponer de un 
texto castellano de la Biblia hebrea. Es la misma mentalidad que preside en 
otro tiempo la versión de los Setenta y el precedente de la Políglota, que se 
elaboraría por encargo de Ci sueros en un lugar muy próximo, Alcalá. 

Cuando el rey Juan 11 de Portugal eliminó a la Casa de Braganza entre los 
servidores de ésta que buscaron refugio en Castilla, se hallaba la familia de 
Isaac Abrabanel, fugitiva en otro tiempo para escs^ar a las matanzas. Isaac, 
su hijo Jehudá y su hermano, también fueron acogidos en Guadalajara y, gracias 
a la protección ofrecida por los Reyes Católicos, no tardaron en rehace su 
cuantiosa fortuna situándose entre los más ricos judíos. Isaac era un pensador 
profundo: estaba convencido de que, habiendo recibido Israel una Ley divina 
revelada, a diferencia de los otros pueblos que deben conformarse con la Ley 
natural, se le había proporcionado un instrumento de gran supoioridad: suyo era 
el patrimonio de la esperanza. Había, en su proyecto una línea de trabajo que 
pretendía entroncar la vieja tradición judía con las nuevas corrientes del Huma- 
nismo que entonces dominaban a la sociedad europea. Pero esta tercera fase de la 
cultura judía en España no llegó a madurar, provocándose así una et£^ de vado, 
con solución de continuidad, porque los ataques contra el judaismo se formula- 
ron, denunciándolo como el más grave peligro a que la Cristiandad se hallaba 
expuesta, lo impidieron. Llegaría la fecha de 1492. 

Femando e Isabel hubieran querido que Abrabanel y su hijo, siguiendo las 
huellas de Seneor y su familia, se convirtiesen. No lo consiguieron. A pesar 
de todo se mostró hacia ellos una especial generosidad y comprensión: todas 
las deudas de sus pingües negocios fueron canceladas y reembolsadas desde 
el tesoro real e incluso se les autorizó para sacar de España parte de sus 
bienes en oro y plata. Los Abrabanel emigraron a Nápoles y luego a otras 
ciudades de Italia. Aquí fue donde Jdiudá, bajo el nuevo nombre de León 
Hebreo, publicó los Dialoghi d'amore, probablemente redactados al principio 
en castellano, donde se transparenta una influencia platónica que nos permite 
suponer qué habría llegado a ser un humanismo hebreo, paralelo del cristiano 
si la expulsión no lo hubiera ahogado en sus comienzos. 



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Claves históricas del problema judío en España medieval 



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V. LA DECISIÓN FINAL 

1. Algunas veces se ha presentado la animadversión al judaismo como 
impuesta desde arriba, por reyes y nobles, en contra de los sentimientos de la 
población: esta hipótesis, que parte de un orden de valores típico del siglo 
XIX y que ha dado origen para que, invirtiendo las posiciones, llegara a 
presentarse la expulsión como un episodio típico de lucha de clases, no ha 
podido resistir el contraste con la investigación moderna que dispone de 
abundante documentación. Las matanzas de 1391, que fueron la verdadera 
raíz para la destrucción del judaismo peninsular, constituyeron movimientos 
populares en el peor sentido de la p^abra, alentados por el bajo clero. Las 
calumnias acumuladas durante generaciones y destinadas a presentar una 
imagen odiosa de los judíos, llegaron a extremos verdaderamente caricatures- 
cos, precisamente porque circulaban por las venas de la credulidad popular. 
Sucede que en 1391 reyes y nobles intentaron proteger a los judíos y lo 
lograron en algunas ocasiones; lo hicieron muy mal, con debilidad y torpeza, 
porque no querían ser impopulares, pero desde luego no aplaudieron la vio- 
lencia. En el proceso de 1492 las ciudades y villas no se limitaban a cumplir 
las órdenes sino que agravaban cuanto les era posible las disposiciones contra 
los judíos. 

Durante medio siglo — ^así lo manifestaron en una conocida carta a la 
comunidad de Roma (1487) — los judíos se congratulaban de vivir en una 
evidente seguridad gracias a monarcas justos y equilibrados. Precisamente 
esta circunstancia provocaba la indignación de un buen número de eclesiásti- 
cos, que unían a judíos y conversos al referirse a los males que acechaban a la 
Cristiandad. Fray Alonso de Espina, haciéndose portavoz de lo que era un 
estado de opinión, recopiló en el libro que ya hemos mencionado, Fortalitium 
fidei, todos los argumentos y acusaciones que desde la época de Nicolás 
Donin se venían manejando para demostrar la perversidad y peligrosidad del 
judaismo. Este libro alcanzó extraordinaria difusión: la portada del códice 
que se conserva en Burgo de Osma presentaba gráñcamente a los sarracenos 
como enemigos que pretendían asaltar la fortaleza de la fe defendida por la 
Iglesia, mientras los judíos tratan de socavarla. Esa era la mentalidad del 
tiempo. En conclusión los judíos eran presentados como difusores de doctri- 
nas heréticas que ahora podían inyectar en la sociedad cristiana a través de los 
marranos, lindos, nuevos, que eran su quinta columna. Si este virus no era 
descubierto y extirpado, la sociedad entera perecería. 



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Luis SUÁREZ FERNÁNDEZ 



La proposición, elevada a Roma y recogida con especial atención por 
Sixto IV el Papa franciscano, era suficiente para sembrar la alarma: en un 
momento en que se estaba padeciendo el ataque de los turcos, la Península, 
uno de los bastiones de la Cristiandad, estaba amenazada en su interior. 
Algunos predicadores exageraban la nota refiriéndose a los conversos que 
retornaban al judaismo y a las circuncisiones que secretamente se practica- 
ban. Leyendas, falsedades y calumnias se emplearon con gran profusión. El 
"problema judío" resucitaba con un nuevo semblante, el de los conversos, 
con la misma violencia que tuviera en el siglo XIV. Los judíos y sus parientes 
bautizados fueron conscientes del peligro que les amenazaba: a lo largo del 
siglo XV se mezclaron las amenazas contra ellos en todas las luchas y 
vicisitudes políticas. Por eso en 1473 tanto el Rab mayor, Abraham Seneor, 
como el más influyente de los conversos, Andrés Cabrera, futuro marqués de 
Moya, decidieron que había que apoyar la causa de Femando e Isabel, porque 
ellos representaban las mejores perspectivas para el restablecimiento del 
orden. La colaboración de estos dos personajes a la causa de los futuros 
Reyes Católicos, fue eficaz. Aquel mismo año, 1473, y el siguiente, se produ- 
jeron en Andalucía fuertes revueltas contra los conversos, con numerosas 
víctimas. 

La solución propuesta, de acuerdo con la doctrina de la Iglesia, consistía 
en introducir en Castilla el procedimiento inquisitorial, vigente en la Corona 
de Aragón pero no en este reino, mediante el cual se podrían detectar las 
desviaciones y disponer el castigo de los culpables. En la legislación entonces 
vigente los inquisidores eran jueces especiales, pertenecientes a la Orden de 
los predicadores (dominicos) buenos teólogos y, por consiguiente, preparados 
para descubrir la que se llamaba "herética pravedad*'. Ni tenían jurisdicción 
sobre los no cristianos, ni tampoco ejecutar sentencias: su función terminaba 
en el momento en que proponían a la autoridad civil los crímenes y delitos 
por ellos comprobados, de modo que era ésta la que, en sus leyes, tenía 
señalada la pena de cárcel, multa, confiscación o muerte en la hoguera. Sin la 
sentencia previa de los inquisidores — ^tal era la condición, tales castigos no 
podían ser aplicados. Las aljamas, cuyo número se iría reduciendo desde 225 
a 216, más una docena en la Corona de Aragón, estaban fuera del alcance de 
los inquisidores. 

La baisí Dwnfidei catholica (15 de marzo de 1462) que, reinando Enrique IV, 
introducía en Castilla el procedimiento inquisitorial, fite expedida por Pío n 
(Eneas Silvio Piccolomini), el gran Papa humanista. No debe creerse, por 



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Claves históricas del problema judío en España medieval 



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tanto, que las grandes decisiones en este aspecto, hayan sido producto de la 
ignorancia o de la debilidad. En esta primera fase las consecuencias fueron 
poco importantes. 

2. De hecho cuando, a ñnaies de 1474 Femando e Isabel llegaron al trono 
como sucesores de Enrique IV el procedimiento inquisitorial, en su forma 
ordinaria, estaba vigente en Castilla aunque apenas se utilizaba. Ellos, por su 
parte, confirmaron las disposiciones que servían de amparo a los judíos, 
especialmente las takkanoth de Valladolid de 1432, a las que añadieron otras 
cinco normas muy importantes para el desenvolvimiento económico de los 
judíos: 

a) No podrían ser presos por deudas, salvo en el caso en que estuvieran 
relacionadas con el arrendamiento de los impuestos. A los acreedores 
cristianos correspondía tomar las precauciones que dispone el derecho, 
prendas o fianzas, para no verse defraudados. 

b) Los judíos con rentas superiores a los 30.000 maravedís anuales debían 
sostener caballo y armas, prestando servicio de vigilancia en la ciudad 
donde viviesen. Esto les equiparaba en cierto modo al sector social 
conocido como caballería villana. 

c) Pagando directamente a la Corona su '"cabeza de pecho" quedaban 
exentos de los impuestos municipales. Aunque esa capitación parece 
haber sido ligeramente superior a su equivalencia tributaria cristiana, 
era condición que les favorecía, porque les dejaba a cubierto de los 
abusos municipales. 

d) Podían trabajar durante los domingos y fiestas cristianas, si bien a 
puertas cerradas y sin causar perturbación a sus vecinos. 

e) Las casas de los judíos quedaban exentas de la pesada carga de dar 
alojamiento, muebles u otros menesteres a los corregidores y a su 
séquito. 

Así se explica el dato, que tanto llamaba la atención a Maurice Kriegel: 
en la ya mencionada carta a la comunidad judía de Roma en 1487 faltaban 
menos de cinco años para el decreto — los monarcas eran llamados "justos y 
caritativos", mientas Abraham Seneor, que pronto iba a recibir el bautismo, 
era calificado de eficaz y piadoso. Un viajero polaco, Nicolás Poplau, que en 
1484 pasó por Cataluña, recogió la noticia de que la reina Isabel se mostraba 
favorable a los judíos. Tales constataciones pueden conducir a engaño: no 



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Luis SUÁREZ FERNÁNDEZ 



eran muestra de afecto sino propósito político que pronto habría de cambiar. 
Pues en los documentos oficiales, al otorgar seguro real a judíos frente a los 
desmanes que contra ellos se cometían en las ciudades donde eran morado- 
res, se utilizaba esta fórmula: "que de derecho canónico y según las leyes de 
estos nuestros reinos, son tolerados y sufridos y nos los mandamos tolerar y 
sufrir". 

Atención a estas dos palabras: tolerar y sufrir. Pues no se tolera y sufre 
sino aquello que es malo y, por tanto, deseable su desaparición. Las ciudades 
así lo entendieron. Los judíos o, con más precisión, el judaismo, era un mal 
que los Reyes ordenaban soportar, pero indudablemente sería bueno dejar de 
padecerlo. En términos generales y dejando a salvo unas pocas excepciones 
muy notables, como las que se registraron en Vitoria y Guadalajara, la actitud 
de la población española y de sus autoridades ciudadanas se caracterizó por la 
continuada hostilidad. No les quedaba otra defensa que acudir con quejas y 
testimonios al Consejo Real. Pero los pleitos significan gastos y fatiga aun en 
el caso de que se alcance justicia. Es precisamente la documentación emanada de 
este organismo la que nos permite conocer los episodios más significativos. 

A guisa de ejemplo, y sin que pretendamos disponer de una relación 
exhaustiva, vamos a proponer aquí algunos casos, todos referidos a situacio- 
nes heredadas y que ñie necesario corregir al llegarse a la paz tras la contien- 
da sucesoria. 

En 1479 los 130 vecinos judíos que formaban la aljama de Cáceies se 
quejaron de lo mucho que sufrían a causa de los bandos en que se habían 
dividido los cristianos de esta población, pues en sus contiendas procuraban 
invadir su barrio saqueando las casas y causando mucho daño. El Consejo 
Real decidió prevenir al corregidor extendiendo un seguro real muy amplio y 
muy riguroso. No hubo otras quejas pero ignoramos la eficacia que el docu- 
mento haya podido tener. 

Ávila destacaba por el antijudaísmo de sus habitantes. Fue escogida más 
tarde como lugar para la sentencia y ejecución de los condenados en el 
proceso que se siguió por el supuesto martirio del que sería llamado Santo 
Niño de La Guardia. Las autoridades acusaron a los judíos de provocar con 
sus desórdenes alteraciones en los precios del mercado, pero cuando los 
Reyes decidieron pedir a la aljama que designara cuatro veedores que se 
responsabilizaran de la gestión, los alcaldes cristianos rectificaron su denuncia: 
lo que pretendían era que, además de pagar la cabeza de pecho, los judíos 
contribuyesen con los demás vecinos. 



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Claves históricas del problema judío en España medieval 



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Un curioso episodio nos ofrece Segovia. Por razones de garantía moral, el 
monopolio de la prostitución en la ciudad había sido otorgado a una casa 
propiedad del cabildo de la catedral que, de este modo vigilaba para que no se 
quebrantasen las leyes de tolerancia. Designó a este fin un edificio grande en 
el extremo de la calle de los judíos justo enfrente de un puentecillo que 
todavía existe. Las mujeres hebreas vinieron a quejarse ante el Consejo Real: 
aquella ubicación era la causa de que los clientes que acudían al lugar las 
injuriasen tomándolas por "mondarias públicas"; ninguna podía andar segura 
por la calle. La casa fue clausurada y el prostíbulo alejado de la ciudad. 

Peor aún es, probablemente, el caso que registramos en Trujillo: los 
procuradores de la aljama presentaron en 1476 una querella contra Diego 
Pizarro, cuyo grado de parentesco con el famoso conquistador del Perú no 
hemos podido establecer, que ocupaba entonces el oficio de alcalde (juez) 
entre judíos y moros. Valiéndose de esta prerrogativa, el personaje maltrata- 
ba de palabra y aún de obra a los judíos con pretexto de que protegía a los 
musulmanes. Entre otras cosas, para mayor infamia, les obligaba a limpiar 
los establos y las tinajas de los tintes en la mañana del sábado. Fue destituido 
fulminantemente. 

Valderas era entonces ima pequeña villa, próspera como lo es de nuevo 
hoy, situada en tierras leonesas. Como recompensa a su comportamiento 
heroico durante la invasión inglesa de 1387 el rey Juan I había eximido de 
pechos y tributos a todos sus vecinos, cristianos o judíos. Pasado el tiempo las 
autoridades municipales encontraron intolerable que gente **mala y perversa", 
esto es, los judíos, gozara del privilegio. De nuevo el Consejo Real hubo de 
acudir en su auxilio para restablecer la ley. 

3. Al término de la guerra de Sucesión, en tomo a 1479, los judíos 
pudieron tener la sensación, que luego resultó engañosa, de que se les 
había devuelto una tranquila normalidad. Sin embargo una vidriosa cues- 
tión seguía pendiente. Sus principales actividades económicas seguían 

estando relacionadas con el comercio y el dinero. Todo ello se traducía 
en operaciones de crédito en que figuraban intereses. Las propias ciuda- 
des o villas, cuando se les reclamaba un adelanto en los tributos en forma 
de "emprestido" o una contribución extraordinaria, en lugar de repartir 
esta suma global entre sus vecinos, como se les ordenaba, acudían a los 
banqueros o comerciantes judíos para que adelantasen la suma global que 
debía ser posteriormente resarcida con los tributos o impuestos que se 



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Luis SUÁREZ FERNÁNDEZ 



percibiesen. Muchos particulares acudían también en demanda de présta- 
mos. Todos, lógicamente, devengaban intereses. Los cristianos denuncia- 
ban todo esto como usura encubierta. 

Previniendo el impago, los judíos utilizaban dos procedimientos: la toma 
de prendas que excediesen el valor del crédito o, a ser posible, devengaran 
réditos, y la percepción anticipada de los intereses haciendo figurar en el 
crédito únicamente el título escueto. Todo ello provocaba tensiones y recelos. 
Lo mismo sucedía con las operaciones mercantiles directas. En 1478, último 
año de la guerra civil, los tesoreros reales reclamaron a los judíos de Soiia y 
de Huete un adelanto reembolsable de 100.000 maravedís para atender pagos 
inmediatos. Se negaron alegando que todos los fondos de que disponían 
habían sido embargados compulsivamente por las autoridades de ambas ciu- 
dades para cubrir sus propias necesidades. Pero la suma reclamada no era 
demasiado grande. ¿Quiere esto decir que los capitales que manejaban eran 
ya bastante modestos? No es difícil adivinar la cadena de resentimientos que 
tras estos episodios se escondía. 

Desconfianza recíproca, rivalidad de intereses, competencia desleal. Todo 
esto aparece directa o indirectamente reflejado. Expulsar a los judíos del 
mercado es el deseo que se manifiesta tras variados pretextos. Las autorida- 
des de Medina del Campo trabajaron denodadamente para conseguir que los 
judíos no pudiesen habitar en las proximidades del real que utilizaban sus 
famosas Ferias. En la vecina Olmedo la calle de la judería comunicaba 
directamente con la plaza mayor donde estaban plantadas las tiendas, por 
medio de una puerta situada al costado de la iglesia de San Pedro. Los 
alcaldes, aprovechando las perturbaciones propias de la guerra civil, la cerra- 
ron a cal y canto. De este modo los judíos, para acudir a sus lugares de 
trabajo, se veían obligados a dar un largo rodeo por los barrios cristianos con 
molestia y aún peligro para sus personas y bienes. Lograron una sentencia del 
Consejo Real para que dicha puerta volviera a abrirse, pero la orden no fue 
obedecida hasta que, desde la Corte, se envió un corregidor para ejecutarla 
(19 de enero de 1480). 

El caso más significativo es probablemente el de la villa de Bilbao, que 
era ya entonces una de las más prósperas del reino. Mediante una empeñada 
política, sostenida a lo largo de muchos años, el señorío de Vizcaya había 
conseguido alejar a los judíos e impedir su establecimiento. Así pues, a 
mediados del siglo XV, sólo quedaba la aljama de Valmaseda en las Encarta- 
ciones, que no en el señorío. Esta población no tardó en ser expulsada 



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Claves históricas del problema judío en España medieval 67 



violentamente y, a pesar de las sentencias que se pronunciaron en su favor, no 
se atrevió a volver. Ahora bien, los judíos í|e Medina de Pomar y de otros 
lugares, hasta Burgos, viajaban a Bilbao, con no poco trabajo y esfuerzo, para 
proveerse de "paños, sedas y lienzos" que I9S barcos traían desde los merca- 
dos exteriores. Aprovechando los disturbios que se produjeron en el reinado 
de Enrique IV, época muy conflictiva precisamente en Vizcaya, el concejo 
bilbaíno, que no podía impedir los viajes, tomó el acuerdo de prohibir a los 
judíos pisar su suelo y menos pernoctar en él. La anulación de esta perversa 
ordenanza fue una de las primeras decisiones que tomaron los Reyes Católi- 
cos, el 12 de marzo de 1475. 

Los regidores no se amilanaron acudiendo a otro subterfugio: no había 
casas judías en la villa, donde pudieran alojarse, y las leyes canónicas prohi- 
bían su cohabitación con los cristianos, de modo que para que los comercian- 
tes de aquella nación pudieran pernoctar era preciso señalar mesones espe- 
cialmente autorizados. Dichos mesones jamás se establecieron. Para que no 
quedara ninguna duda del propósito que les movía, en 1490 añadieron otra 
disposición: ningún judío podía permanecer de noche en el recinto, aunque 
fuera en el canto de una esquina. Tenían que retirarse a los caseríos cercanos 
con gran contento de los salteadores de caminos, que abundaban. Otra vez la 
sentencia del Consejo Real fue favorable a los judíos. Sólo que llegaba 
demasiado tarde, cuando la expulsión estaba decidida. 

Veamos el ejemplo que nos proporciona la gran ciudad de Sevilla: desde 
tiempo inmemorial la venta de la carne "judiega" {caser) era monopolio de 
una familia que, durante las matanzas de 1391, se había bautizado, tomando 
el común apellido de González. A pesar de ser ahora cristiana retuvo su 
antiguo privilegio. No parece que al principio se suscitaran dificultades por 
este hecho, en sí contradictorio. Pero había pasado mucho tiempo y eran ya 
los nietos del concesionario primitivo los que regentaban el negocio: ¿qué 
garantía podía haber en que aquella carne, sacrificada y manipulada por 
cristianos, guardaba las condiciones mínimas que el ritual judío exige? Los 
procuradores de la aljama expusieron sus quejas ante el Consejo Real. Esta 
vez la sentencia fue verdaderamente salomónica. No podía anebatarse a Ana 
González su derecho, puesto que una de las garantías ofrecidas en el momen- 
to de la conversión era la permanencia de todos sus bienes, posesiones y 
propiedades; sin embargo, aquellos judíos que sintieran escrúpulos podían 
comprar reses fuera de Sevilla o dentro de ella y sacrificarlas por sí mismos 
conforme al ritual. 



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Luis SUÁREZ FERNÁNDEZ 



4. Al llegar a este punto me asalta una duda inevitable: estoy conduciendo 
a mis lectores a un abismo de perplejidad. La imagen servida es. al mismo 
tiempo, cierta — los judíos contaban con la protección real frente a la malevo- 
lencia de las ciudades — y falsa — no debe entenderse como un sentido de 
afecto hacia las aljamas y sus moradores — todo lo cual nos obliga a matizar 
con sumo cuidado. La justicia del Rey, simplemente, aplicaba la ley y no se 
movía por razones de simpatía sino de utilidad. Por otra parte es preciso 
admitir que si las autoridades ciudadanas procedían con tanto desparpajo 
contra los judíos, era porque en el ambiente, también desde arriba, se insistía 
en decir que los judíos eran "malos y perversos" y sólo debían ser "tolerados 
y sufridos", pero nada más. De modo que cuando acababan con esa tolerancia 
no tenían conciencia de hacer algo indebido sino que prestaban un servicio a 
la sociedad. Estamos llegando al núcleo esencial que nos pennite establecer 
la clave histórica de lo que sucede en 1492: había una conciencia firme y 
generalizada de que el judaismo, la fe judía, la tradición talmúdica era un mal 
muy serio. No había más que sacar las consecuencias. Y nadie pensaba de 
distinta manera. 

En octubre de 1477 el nuncio Nicolás Franco, con poderes de legado 
otorgados por Sixto IV, celebró en Sevilla conversaciones con Isabel y Fer- 
nando. En ellas se trataron, entre otras, dos cuestiones referidas a la amenaza 
musulmana en el Mediterráneo y al problema que significaban los falsos 
conversos, considerado de suma gravedad: la sociedad afectada en aquellos 
momentos por supersticiones, costumbres nefandas, hechicerías y otras mu- 
chas cosas en su credulidad, buscaba el origen de tantos males y no dudaba en 
acusar a los que siendo oficialmente cristianos, seguían en el judaismo. La 
Inquisición era necesaria para la bula de Pío n al hecho de habó^ encomen- 
dado la tarea a dos obispos, los de Oviedo y Cartagena, de los que el primero, 
un extranjero, Verdemonte, ni siquiera residía ordinariamente en España. 
Otra cosa seria si los propios monarcas se encargaban de escoger a los jueces 
y dotarles de eficacia. Sixto IV accedió a esta demanda y la bula Exigit 
sincerae devotions (1 de noviembre de 1478) autorizó a Femando e Isabel a 
escoger dos o tres personas como jueces inquisidores. 

Esta bula no afectaba, strictu sensu, a los judíos. Pero los autores del 
documento no se percataron acaso de la gravedad del cambio introducido: no 
estaban los Reyes obligados a escoger dominicos y al ser por ellos nombra- 
dos, prácticamente los inquisidores se convertían en funcionarios a su servi- 
cio. Cerrado el círculo, las sentencias inquisitoriales ecBH por sí mismas 



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Claves históricas del problema judío en España medieval 



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ejecutivas. Cuando el Papa se dio cuenta del error cometido, trató de rectifi- 
car, pero las circunstancias políticas que vivía el Mediterráneo, se lo impidie- 
ron. Con el tiempo, la Inquisición iba a dejar de ser un procedimiento para 
convertirse en un Tribunal de justicia especial, con sala propia dentro del 
Consejo real. Los historiadores suelen recordar que los procedimientos y 
sentencias eran mucho más graves e injustas cuando los tribunales ordinarios 
se encargaban de la represión de las desviaciones, pero eso no obsta para que 
deba reconocerse el daño causado a la propia Iglesia católica: la penitencia, el 
gran instrumento para la reconciliación, era ahora empleada para la represión. 

Aún antes de recibir su nombramiento como inquisidor, el provincial de 
los dominicos de Andalucía, fray Miguel de Morillo, advirtió a los Reyes, 
que seria imposible alcanzar el propósito de extirpar la herejía — en aquellos 
momentos se refería a Sevilla y su comarca — mientras no se evitase la 
relación entre conversos y judíos, pues del judaismo recibían aquellos el 
alimento de su perversidad. La propuesta fue aceptada y los judíos sevillanos 
fueron inmediatamente recluidos en el llamado Corral de Jerez, un reducto 
estrecho, incómodo e insalubre que se utilizaría en 1487 como campo de 
concentración de los prisioneros de Málaga, obligados a rescatarse. 

Desde el primer momento, los inquisidores comenzaron a pasar a los reyes 
avisos acerca de las denuncias que estaban recibiendo: los libros judíos 
blasfemaban de Cristo y de María, su Madre; había proselitismo solapado 
entre los conversos; se practicaba la usura contra los cristianos; también 
detectaban crímenes rituales. Muy oportunamente se desencadenaría el es- 
cándalo de Santo Niño de la Guardia (Toledo), un proceso en el que Torque- 
mada no quiso intervenir, y en el que aparecieron mezclados judíos y conver- 
sos. Fue de tanta eficacia que todavía hoy se sigue rindiendo culto al famoso 
niño que seguramente nunca existió. El proceso se cerró en falso en cuanto al 
crimen ritual y los acusados fueron condenados por compra y profanación de 
Formas consagradas. 

5. En las Cortes de Madrigal de 1476 y en las de Toledo de 1480, únicas 
que se han celebrado en estos años anteriores a la expulsión, los procuradores 
de las ciudades presentaron, en nombre de éstas, tres acusaciones contra los 
judíos: a) no vestían la ropa modesta que les estaba asignada, ni lucían en ella 
la rodela bermeja para identificarlos; b) practicaban la usura contra los cris- 
tianos siendo este gravísimo pecado; y, c) con sus doctrinas y prácticas 
religiosas constituían un peligro para los cristianos con los que convivían. Ya 



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Luis SUÁREZ FERNÁNDEZ 



en 1476 se renovaron las disposiciones al vestido, pero las otras dos cuestio- 
nes fueron dilatadas a fin de que un estudio más detenido permitiera adoptar 
nuevas disposiciones. Debe advertirse que en los reinos españoles la disposi- 
ción vejatoria de la señal externa se cumplía bastante mal porque las autorida- 
des no mostraban mucho interés. 

Pero la usura, como hemos indicado, era una cuestión compleja y extraor- 
dinariamente difícil de afrontar, incluso fuera del ámbito del judaismo. Ante 
todo porque — en esto coincidían judíos y cristianos — se trataba de un 
pecado inserto ya en el conocido texto del Deuteronomio 23, 19: 

"no prestarás a usura a tu hermano, ni dinero, ni granos, ni otra 
cualquier cosa, sino sólamente a los extranjeros". 

De este modo el préstamo de interés podía ser interpretado como signo de 
hostilidad. Además se prestaba a hipócritas confusiones, pues en las denun- 
cias se intentaba borrar la distinción entre los créditos mercantiles imprescin- 
dibles en el gran comercio y operaciones bancarias subsiguientes, y la usura 
lisa y llana. Además los prestamistas judíos no operaban únicamente con su 
dinero sino que actuaban como intermediarios de otros, entre los que se 
hallaban los cristianos, incluso algunas veces eclesiásticos. Por tratarse de 
pecado los tribunales episcopales se declaraban competentes, "ratione mate- 
nae . 

Las Cortes de Madrigal elaboraron una ley que, con todos sus inconve- 
nientes, los judíos aceptaron porque les otorgaba un espacio de seguridad. Se 
obligaba a estos a probar la existencia de la deuda con exclusivo testimonio 
de cristianos, sin que hubiera reciprocidad, y se les prohibía invertir dinero 
judío en negocios de cristianos. A pesar de todo se apreciaban en dicha ley 
dos ventajas: eran declarados legítimos aquellos préstamos en que los intere- 
ses fuesen inferiores al 33' 3% anual; se permitía a los acreedores prevenirse 
de fraudes mediante la constitución de prendas o depósitos de garantía. Las 
noticias que poseemos acerca de las actuaciones de tribunales eclesiásticos de 
esta materia, nos revelan que la demanda era generalmente presentada por 
judíos. Puede ser también una indicación de la procedencia de los capitales 
que empleaban. 

La guerra civil y las demandas de empréstitos y contribuciones extraordi- 
narias, habían provocado el endeudamiento de ciudades y villas en bastantes 
regiones del reino. Ya hemos visto cómo los concejos preferían acudir a los 



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Claves históricas del problema Judío en España medieval 



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capitales judíos y no a sus propios convecinos ricos. Invocando las leyes de 
madrigal y sabiendo que los judíos no iban a encontrar testigos cristianos que 
depusiesen en su favor, ciertos concejos de la Tierra de Campos, Falencia, 
Carrión, Dueñas, Torremormojón, Monzón y Frómista, movieron un sonoro 
pleito acusando a los judíos de haber practicado con ello la usura: esperaban 
de este modo la supresión de los créditos o al menos una drástica reducción. 
Ante el Consejo Real este pleito duró varios años, pero al final se pronunció 
sentencia favorable a los judíos. Ignoramos el modo cómo fue ejecutada. 

Fue entonces cuando los dos grandes empresarios de Avila, Moisés Tama- 
ño y Samuel Serulla decidieron que el mejor medio de evitar esas acusaciones 
de usura era que la aljama decretase una prohibición de préstamos de judíos a 
cristianos. Los regidores de la ciudad presididos por el corregidor, se asusta- 
ron, pues sin ese dinero — quiero decir sin el vehículo de las empresas judías 
para el dinero de cualquier procedencia — el mercado iba a experimentar 
grandes dificultades. La acusación se volvía por pasiva. Hubo un principio de 
acuerdo con los dirigentes de la aljama para que una comisión examinara 
todos los contratos pendientes determinando su legitimidad. En el momento 
de proceder a la ejecución de los créditos dictando sentencia sobre ellos las 
autoridades cristianas retrocedieron: un clamor de antijudáísmo se estaba 
desatando y también contra el regimiento. Ambas partes tuvieron que elevar 
su demanda al Consejo Real. Pasados dos años, una orden, firmada única- 
mente por Isabel, dispuso la ejecución sin dilaciones de todas las deudas 
pendientes. 

En este caso, como en el del obispado de Osma, las sentencias favorables 
y su ejecución, constituían una victoria púrica, pues quedaba flotando, en el 
aire de las ciudades, uno de los estereotipos que más daño ha hecho a Israel: 
los judíos son, esencialmente, usureros y si alcanzaban favor ante los tribuna- 
les de justicia era porque éstos son siempre sensibles a la influencia de los 
ricos y poderosos. Con lo que cada éxito en el Consejo venía a incrementar 
las semillas del odio. Unido a las otras calumnias bastaba para calificar 
peyorativamente a toda la nación. 

6. Las Cortes de Toledo de 1480 dictaron una ley que daba a las ciudades 
un plazo de dos años para llevar a cabo las obras de aislamiento de las 
juderías, todas las cuales deberían rodearse de cercas con puertas practica- 
bles, asegurando el completo aislamiento de la población cristiana. Fray 
Tomás de Torquemada, que estaba comenzando a ejercer sus funciones como 



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Luis SUÁREZ FERNÁNDEZ 



inquisidor general impetró de Sixto IV una nueva bula (31 de mayo de 1484) 
en que se exhortaba a las autoridades temporales a vigilar cuidadosamente el 
cumplimiento de las disposiciones segregatorias que coincidían con las leyes 
de la Iglesia. Ninguna convivencia ni familiaridad entre judíos y cristianos 
debía ser consentida. 

Ninguna de las dos disposiciones ordenaba que se cambiase de sitio a las 
juderías. Pero las ciudades, que las habían reclamado y aplaudido las inter- 
pretaron como una licencia para hacer lo que les viniera en gana. Conocemos 
una amplia gama de las actitudes. Algunas se limitaron al cumplimiento 
estricto de poner cerca y dotar de cerraduras a las puertas. Otras abusaron del 
peor modo posible. Badajoz obligó al desalojo de la judería cuyos habitantes 
tuvieron que pasar al nuevo barrio en que no estaban autorizados a comprar 
suelo ni casa, debiendo someterse a alquileres abusivos. El concejo de Medi- 
na del Campo aprovechó la oportunidad para enviarlos lejos de la Plaza 
Mayor donde se celebraban las Ferias. En Falencia, donde los judíos ocupa- 
ban una buena zona» llamada precisamente la Mejorada, fueron enviados a 
otra muy reducida y carente de condiciones higiénicas. En Segovia se prego- 
nó una disposición municipal que prohibía a los cristianos comprar alimentos 
que hubiesen sido tocados por manos judías. En Burguillos, señorío del 
duque de Plasencia, éste prohibió c|ue se mudara el emplazamiento pero los 
vecinos se negaron a acatar la orden: al menos tienen el mérito de haber sido 
claros en sus intenciones cuando afirmaron que los judíos no podían seguir 
habitando buenos lugares ya que tenían que ser recluidos en los peores. 
Algunos casos como los de Guadalajara y Vitoria, antes recordados, destacan 
precisamente por su humanidad. 

7. Con el paso del tiempo, los inquisidores iban recogiendo datos acerca 
de los judaizantes: según sus informes se contaban por millares los que 
retomaban a las prácticas judías y al Talmud. Advertían además a los Reyes 
que la tarea a ellos encomendada de "limpiar** a la cristiandad de ese mal 
resultaba imposible mientras pudieran los judíos, amparados por la ley, con- 
tinuar en la práctica de su religión. Pues en las juderías estaban los verdade- 
ros focos de la "herética pravedad**. El 1 de enero de 1483, esto es, antes de 
que Torquemada asumiese la dirección, los dos inquisidores nombrados por 
los Reyes, Miguel de Morillo y San Martín, por su cuenta y riesgo, prohibie- 
ron la residencia de judíos en las diócesis de Sevilla, Cádiz y Córdoba. El 
Consejo Real ratificó esta orden dando un plazo de seis meses para la evacúa- 



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Claves h istóricas del problema judío en España medieval 



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ción. Muchos creyeron que se trataba de una medida provisional y que, 
cuando los inquisidores concluyeran la tarea que, con gran dureza, estaban 

realizando, volverían a sus casas. 

Una frase del decreto de 1492 permite suponer que, por un momento los 
Reyes Católicos creyeron que esta concesión sería suficiente: "quisimosnos 
contentar". En tal caso la solución al problema hubiera sido autorizar la 
residencia de judíos únicamente en algunas zonas del reino negándola en las 
otras. Pero a medida que las actividades de la Inquisición se extendían, era 
visible que no se conformaría. De modo que la solución **parcial** aplicada en 
Andalucía no hizo otra cosa que preludiar la **total'* que se aplicaría en todos 
los dominios dependientes de la Corona. 

Es importante constatar que la Inquisición contaba en sus actuaciones con 
un alto respaldo popular. Los sentimientos contraríos al judaismo que roza- 
ban ya el antisemitismo, se presentaban con especial virulencia en la pobla- 
ción urbana. Las predicaciones de algunos exaltados religiosos se dirigían a 
este sector y lograban en él mucho arraigo. Una actitud en cierto modo 
paradigmática es la del municipio burgalés. En otro tiempo fue la suya una de 
las juderías importantes y contaba con el singular récord de que el rabino de 
su sinagoga hubiera llegado a ser, después de bautizado, el obispo de la 
ciudad don Pablo de Santa María. Ahora se dictó una ordenanza que limitaba 
a 26 el nthnero de familias que podían habitar allí, de modo que los jóvenes 
que quisiesen contraer matrimonio tenían que marcharse, a menos que el 
fallecimiento de uno de sus parientes les abriera un hueco. 

En los dos decenios que preludian la medida drástica del 92 las presiones 
para disminuir el número de judíos avecindados en ciudades y villas fueron 
continuas: las conocemos tanto a través de los documentos fiscales que 
señalan el decrecimiento global en la capitación, como por las quejas de las 
aljamas de Avila, Segovia o Cáceres que decían no contar ya con los efecti- 
vos humanos que en los padrones se asignaban. Es un hecho que bajo las 
amargas presiones los judíos comenzaban a irse: probablemente esto intluyó 
en la mentalidad con que el famoso decreto fue acogido: se trataba de algo 
inevitable. Las autoridades de Segovia procedieron con tanta eficacia que, en 
1488, la en otro tiempo floreciente judería se había convertido ya en una sombra. 

La ley de Toledo disponiendo el cierre de las aljamas, que en apariencia 
parecía bastante aséptica — también los judíos deseaban disponer de barrios 
propios bien delimitados — fue interpretada como una licencia para descargar 
sobre ellos toda ciase de malos tratos. Los nuevos asentamientos, y aun los 



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Luis SUÁREZ FERNÁNDEZ 



antiguos, se convirtieron en verdaderos ghettos insuíkientes paia su población, 
sin condiciones de salubridad ni de seguridad. Los judíos vitorianos, para ir a la 
sinagoga, tenían que seguir una angosta calle cristiana en donde se les insultaba 
y escupía, llamándoles "peims'' o en vascuence "chacuiTes". Ello no obstante las 
autoridades de esta ciudad se mostraron más condescendientes que ningunas 
otias por el agradecimiento que debían a los médicos judíos y su actuación en 
reciente epidemia. De modo que cuando llegó el momento de la expulsión, 
prometieron convertir el cementerio en parque público prohibiendo edificar en 
él. Y el Judizmendi o campo de los judíos ha sobrevivido hasta nosotros. 

Se registraban frecuentes violencias. Se arrojaban piedras por encima de 
la cerca sobre las techumbres de las casas. Una noche de invierno, el año 
1486. los moradores de Valmaseda fueron despertados por las voces de unas 
turbas que, alumbradas con antorchas, venían al asalto. Pudieron huir rápida- 
mente refugiándose en Villasana de Mena. El Consejo Real ordenó que se 
restituyesen las casas y bienes pues tenían derecho a vivir allí. Pero los 
judíos, que habían tenido noticia de que el alcalde, un pariente del duque de 
Frías, había roto en público la sentencia del Consejo, no se atrevieron a 
regresar y se conformaron con una indemnización globalizada. 

8. Así llegó, tras larga preparación, el famoso decreto de 31 de marzo de 
1492 que prohibía la estancia en España de cuantos profesaran la religión 
judía. En la maduración del Estado moderno, comenzada en las postrimerías 
de la Edad Media, fue admitido como verdad absoluta el principio que iden- 
tiñca comunidad política con religión. El de nuestros días le identifica con la 
aconfesionalidad que es su contraria. Ese principio fue formulado años más 
tarde por Martín Lutero con la fórmula "cuius regio eius religio'' que daba a 
los príncipes poder para imponer a sus súbditos el sistema de creencias que le 
parecía preferible. Los Reyes Católicos lo hubieran enunciado de otro modo 
— ''cuius relii^io eius reí^io^' — porque entendían que el príncipe estaba al 
servicio de la religión del reino. En una u otra forma se entendía que sin esa 
identidad era imposible lograr el sometimiento de todos los súbditos a una 
misma norma objetiva de moral. De este modo la convivencia entre religio- 
nes diferentes se consideraba un obstáculo insalvable para la garantía del 
orden político. Los Estados aconfesionales modernos lo que han hecho es 
invocar para sí mismos el establecimiento de ese orden moral. 

De este modo, a ñnales del siglo XV la identifícación entre religión y 
comunidad política era presentada como signo de progreso. Los Reyes Cató- 



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Claves históricas del problema judia en España medieval 



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lieos aceptaron el razonamiento que desde la Inquisición se les hacía según el 
cual era imposible alcanzar la unidad mientras los judíos conviviesen en el 
mismo suelo. La misma norma se aplicaría pocos años después a la población 
musulmana. La pérdida económica que esto iba a significar se dió por bien 
empleada. La Iglesia aplaudió: el Papa celebró fiestas al conocerla noticia de 
la expulsión y la Universidad de París felicitó a los Reyes por tan "sabia" 
medida. Torquemada se encargó de redactar el famoso decreto del 31 de 
marzo de 1492 e incluyó en él dos condiciones que, a su juicio, aseguraban 
las condiciones de justicia en su cumplimiento: 

a) Los judíos, colocados bajo seguro real completo hasta que hubieran 
salido en el plazo de tres meses — ^más tarde ampliado un poco — que se les 
asignaba, conservaban la libre y entera disposición de sus bienes aunque, de 
acuerdo con las leyes vigentes, no podían sacar oro, plata, moneda acuñada, 
caballos y armas; podían llevar consigo mercancías o letras de cambio. 

b) Los que decidieran bautizarse se incorporarían a la sociedad cristiana 
con garantía de que no serían, durante el resto de su vida, sometidos a proceso 
inquisitorial. La misma condición se otorgaba a los que, habiendo salido, 
decidieran volver para recibir el bautismo o con un certificado de que les 
había sido administrado. En estos dos últimos casos tenían derecho a recobrar 
todos los bienes que hubieran vendido, pagando por ellos estrictamente el 
precio que antes de marchar recibieran. 

Hubo, en el plazo que medió entre la publicación del decreto y la salida, 
intentos de persuasión, tanto individuales como colectivos que \ienen a 
demostrar que el interés de los soberanos estaba en conseguir el mayor 
número de bautismos posible. Estas medidas, como las ventajas arriba seña- 
ladas para los que volviesen, nos introducen en un problema moral de ciertas 
proporciones pues la propia doctrina cristiana rechaza el empleo de ventajas 
materiales para obtener un bien espiritual. Es muy significativo que en el 
decreto no se haga alguna mención a las conocidas calumnias, ni siquiera al 
proceso del Santo Niño, que acababa de concluir con sentencias que parecían 
indicar la prueba de los hechos imputados. La medida de prohibición del 
judaismo — ya que de esto más que de expulsión se trata — se justifica con 
los dos males que se les atribuyen: la práctica de la usura como hostilidad 
hacia los cristianos, y la "herética pravedad". En definitiva eran las acusacio- 
nes manejadas desde la Inquisición a la que sin duda alguna corresponde un 
protagonismo esencial. 



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Luis SUÁRE2 FERNÁNDEZ 



Ambas partes, la cristiana y la judía contemporáneas, coincidieron en 
juzgar el suceso desde un punto de vista estrictamente religioso. Para la 
primera el sufrimiento que estaba contemplando — "qué desventuras, qué 
plagas, qué deshonras'", escribe el cura de Los Palacios — era consecuencia 
del empecinamiento y la terquedad; todo hubiera podido evitarse si no se 
hubiesen resistido a reconocer la Verdad de que el Mesías. Cristo, ha venido. 
Para la segunda — escriben Isaac Abrabanel y Salomón ibn Verga — era 
aquello una prueba más, dispuesta por Dios y consecuencia de las flaquezas 
que mostraran en el cumplimiento de la Ley; mediante ella se avanzaba en la 
purificación del Pueblo y un paso más en el destino que Dios tiene dispuesto. 

NOTA. El texto actual es refundición de los siguientes artículos publica- 
dos en diversas revistas y colecciones; 

"Literrelaciones culturales entre Judaismo y Cristianismo". 

"Aproximación al problema judío". 

"Sefardismo: cultura y sociedad". 

"Las ciudades castellanas y el problema judío". 

"Iglesia y judíos: matizaciones en la responsabilidad de la expulsión". 



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INTRODUCCIÓN 




Museo Sefardí. Patio Norte. Lápidas sepulcrales hebreas de la Edad Media. Museo Sefardí. 



Ministerio de Educación y Cultura. 



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CONCEPTO Y FORMACIÓN DEL PATRIMONIO 

mSPANOJUDÍO 

Miguel Angel de Bunes ¡barra 

C.S.I.C- Madrid 



I. INTRODUCCIÓN 

Después del estudio de José Luis Lacave sobre Juderías y sinagogas 
españolas^ contamos con un excelente repertorio de los lugares de la penínsu- 
la donde residieron o confonnaion aljamas los judíos hasta la fecha de su 
definitiva expulsión. Este libro, memorable por intentar rastrear un pasado 
citado con enorme insistencia pero sobre el que nunca se había realizado un 
trabajo sistemático, llega a la conclusión del exiguo legado niaterial que nos 
queda de la larga presencia judía en la Península Ibérica. Conocemos por los 
abundantes y excelentes trabajos de historiografía local el trazado de las 
juderías y de las calles habitadas por los practicantes del judaismo en la época 
medieval, el solar o los muros de las sinagogas que aún siguen en pie, los 
posibles edificios de baños rituales {micvé), las transcripciones de las lápidas 
funerarias que han ido apareciendo en excavaciones arqueológicas o por el 



1 José Luis Lacave, Juderías y sinagogas españolas, Madrid, ed. Mapire, 1992. 



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Miguel Ángel de BUNES IBARRA 



derribo de edificios cristianos y algunos otros pequeños objetos con inscrip- 
ciones hebreas o directamente emparentados con el culto y las prácticas 
vitales de los judíos españoles. Especialmente interesantes son también los 
documentos escritos por judíos, abundantes en referencia a la compraventa de 
bienes, y los que se guardan en los ayuntamientos y en los archivos de 
protocolos, y las representaciones pictóricas cristianas en retablos góticos en 
los que aparecen miembros de la minoría dentro de escenas religiosas cristia- 
nas. 

Este legado material judío, fácilmente identificable por estar asociado a la 
lengua hebrea y a las ceremonias religiosas del judaismo, debería de ser 
completado por otros materiales realizados por miembros de la minoría y que 
se incluyen dentro de la cultura de la sociedad dominante. Por medio de los 
procesos del Tribunal de la Inquisición conocemos el nombre de un gran 
número de pintores, orfebres y plateros que elaboraron sus obras para clientes 
cristianos, siendo posible identificar el trabajo de algunos de ellos si se 
realizaran estudios de los cuños de las piezas que en la actualidad se conser- 
van. En el caso valenciano, quizá el mejor estudiado en el momento presente 
por haberse conservado casi completa la documentación de la ciudad desde el 
siglo Xm, tenemos noticias de ocho plateros judíos trabajando entre 1375 y 
1396. Esta actividad, como la misma judería que los alberga, sufre las conse- 
cuencias de las persecuciones de 1391, y a partir de esta fecha encontramos 
tanto referencias a conversos como a judíos trabajando como plateros. A 
algunos de ellos les encarga expresamente la Casa Real confeccionar piezas 
concretas, lógica consecuencia de su acendrada reputación y pericia en su 
profesión; tal es el caso de Vidal Astori. 

Este legado material no asociado con la religión ha pasado completamente 
inadvertido por no existir durante estas décadas, en especial en el siglo XV, 
ningún tipo de modelo de representación y de estilo artístico que podríamos 
definir como obras a la «mosaica» o a la «judaica». 

La arquitectura, la cerámica e, incluso, la decoración a la morisca se 
convirtieron en un estilo apreciado por las clases altas en los siglos XV y 
XVI, así como en épocas posteriores, no encontrando un proceso semejante 
con los judíos: 

«Como apuntamos, no existía, al menos no nos consta, un estilo específi- 
camente judío de trabajar los metales preciosos, por lo que la apariencia 
externa de sus obras en nada diferiría de la de sus colegas cristianos. Estos 
orfebres de ascendencia judaica sólo debieron quedar, por obvios motivos, al 



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Concepto y formación del patrimonio hispanojudU) 



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margen del mercado religioso. No hay constancia de plateros judíos trabajan- 
do en obras sacras, pero, y este punto resulta muy significativo, tampoco 
hemos encontrado documentos que muestren a alguno de los numerosos 
argenters procesados por la Inquisición contratando encargos eclesiásticos. 
Sin embargo, orfebres judeoconversos intervinieron en obras sacras de mane- 
ra indirecta, lo que nos hace pensar que, dejando a un lado una lógica 
marginación en este tipo de encargos, el trato para con ellos no fue, ni 
siquiera por parte de las autoridades religiosas, especialmente discriminato- 
rio.»^. 

La carencia de una forma de representación especíñca del artesanado 
judío supone que su producción industrial y artística se incluya dentro de los 
productos de la sociedad en la que se integra, bien sea musulmana o cristiana, 
siendo imposible seguir la pista de este tipo de artículos y piezas por ser 
simplemente unas de las realizaciones de una sociedad en unas décadas 
concretas. Desde este punto de vista la definición y titulación de este curso 
como El legado material hispanojudio supone el reconocimiento del valor 
de la asunción de las formas hispanas por parte de los judíos, reutilizándolas 
para crear su cultura material integrada plenamente dentro de las sociedades 
en las que viven. Por lo tanto, la historia de los judíos en España se debe de 
hacer, en cuanto a la perspectiva de su patrimonio, teniendo muy en cuenta la 
evolución de los diferentes reinos y lugares donde se asienta. 

La Inquisición, tanto la medieval como la que se instaura en la época de 
los Reyes Católicos, no se mostró intolerante con la producción de los orfe- 
bres y otros grupos artísticos judíos y conversos, ya que no apreció en sus 
obras ningún tipo de afán proselitista ni cuestiones de orden doctrinal. La 
persecución a los conversos nunca se produjo, ni durante la época medieval 
ni a lo largo del siglo XVI, por cuestiones de tipo artístico o material, ya que 
los hispanojudíos podían ser diferentes por la religión que profesaban pero 
nunca por su cultura material. Los escasos edificios y piezas que conserva- 
mos del mundo hispanojudio hay que enmarcarlos en cada una de las regio- 
nes donde se realizaron, bien sea en la Hispania cristiana o en la islámica, 
como muestra la sinagoga mudéjar (actual iglesia de San Antón) de Hijar o la 
lámpara de Hanukú en tipología cerámica turolense del siglo XV, lo que pone 
de manifiesto la asunción de las formas y los gustos del mundo cultural y 
humano donde se integran y forman parte como elemento esencial. 

2 Miguel Falomir Faus, Arte en Valencia, 1472-1522, Valencia, Generalitat Valenciana, 
1996, págs. 287-288. 



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Miguel Ángel de BUNES IBARRA 



El patrimonio inmueble hispanojudío responde a las mismas característi- 
cas de lo expuesto por medio de estas citas, como es que en principio no se 
diferencia demasiado del de la sociedad cristiana o musulmana donde se 
inserta la comunidad. Al no haber creado un poder político propio, sino que 
asumen y colaboran con los existentes, los vestigios que nos quedan son 
difíciles de diferenciar de los otras edificaciones de los siglos XII al XV que 
en la actualidad conservamos. Nos podemos aproximar a sus emplazamientos 
por la toponimia, las relaciones históricas que situaban las vallas de las 
juderías, las fortalezas donde fueron avecindados para salvaguardar a estos 
celosos y prósperos pagadores por los monarcas castellanos y aragoneses o 
por las referencias a los pecheros que se fijan en los padrones y los regestos 
hacendísticos. En la aproximación al patrimonio hispanojudío hay que tener 
muy presente que estamos reconstruyendo una historia que, en el mejor de los 
casos, se ha extinguido en 1492 y sobre la que han pasado ampliaciones 
urbanas, ventas de propiedades que pertenecían directamente al patrimonio 
real. La conversión de sinagogas en ermitas y pequeños oratorios que, en 
muchos casos, han caído en el abandono y en el olvido por la desidia y la 
negligencia de las personas que las debían haber conservado, destino en el 
que no ha influido para nada el origen religioso o civil de estos edificios. 

En el concepto y formación del patrimonio hispanojudío hay que tener en 
cuenta el argumento recogido por el memorial que los judíos que habitaban 
en Buda (Hungría), muchos de ellos de origen sefardí. Cuando las tropas 
imperiales conquistan la actual capital de Hungría a los otomanos en 1686 la 
comunidad judía se presenta al capitán victorioso de la siguiente manera: 

«Los Judíos que nos hallamos en esta Real Ciudad de Buda, 
proponemos a Vuestra Excelencia que nuestra Nación esparcida por 
las quatro partes de la Tierra, a sido siempre, y es no sólo por razón 
natiu^, si no por precepto Divino, muy Fiel, y Leal a todos los 
Príncipes en cuyas tierras assisten, porque como consta de el Capí- 
tulo veynte y nueve de Hieremias, nos manda Dios por este Prophe- 
ta que roguemos en nuestras Oraciones por la paz de la Ciudad, y 
Reyno en que vivimos, diziendo Requerid la Paz de la Ciudad en 
que os hize captivar y orad por ella al Señor, que en su paz será para 
vosotros paz. Por esta causa se acostumbra en nuestras Sinagogas 
Bendecir en las Pasquas y en las Fiestas públicamente a los Prínci- 
pes, y a las Repúblicas en que habitamos; y en la Casa Sancta que 



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Concepto y formación del patrimonio hispanojudto 83 



lloramos arruinada de Hierusalcm. sacrificábamos setenta Toros en 
la Pasqua de los Tabernáculos, por las setenta Naciones del mundo. 
Observamos por lo mismo con grande puntualidad todos los Man- 
datos de los Príncipes, Reyes, y Señores que nos admiten en sus 
tierras, no repugnándoles ni directa, ni indirectamente su voluntad, 
Leyes, Pregmáticas, y Estatutos, si no obedeciéndoles con una fide- 
lísima lealtad»\ 

Los judíos en este texto se presentan asimismo como subditos integrados 
dentro de los reinos y las ciudades en las que residen con tal que les den 
libertad para practicar su religión. Comunidades dependientes del poder real, 
al que sirven fielmente, y por el que trabajan cotidianamente. 

Su dependencia y vinculación con el patrimonio regio también va a supo- 
ner uno de los graves inconvenientes en la conservación de los restos materia- 
les hispanojudíos. Al desaparecer la minoría religiosa — bien sea por las 
conversiones, matanzas o expulsiones — la Corona dispondrá rápidamente 
del espacio y bienes de la Comunidad enajenándolos > \ endiéndolos a parti- 
culares. Las parcelas ocupadas por los cementerios judíos son vendidas rápi- 
damente con el fin de sacar rentas para las siempre mermadas arcas del erario 
público y comprados por las necesidades de los canteros que reaprovechan 
las buenas piedras de las lápidas para las nuevas edificaciones. El solar del 
parque de Judizmendi (monte de los judíos) de Vitoria-Gasteiz es uno de los 
pocos ejemplos del espacio de un cementerio hispanojudío respetado íntegra- 
mente para la posterioridad, a los que habría que añadir aquellos que estaban 
instalados en laderas de montañas que no se han podido reaprovechar para 
edificaciones o actividades agrarias. Las propiedades de la Corona siempre 
fueron objeto de un mayor número de transacciones, ventas y cambios de 
usos que los bienes de «manos muertas», lo que condiciona enormemente la 
conservación de patrimonio mueble e inmueble de los mismos a los diversos 
usos e intereses de sus diversos y variados propietarios. 

Según este mismo texto, siempre han demostrado su absoluta fidelidad a 
estos principios, incluso en los momentos más difíciles de su pasado peninsu- 
lar: 



3 Antonio Pizarro de Oliveros, Historia de los sucesos de Hidn^rfa en que gloriosamen- 
te campean las invencibles armas del máximo Emperador Leopoldo Primero por la feliz 
restauración de la Real Fortaleza de Buda. conquistada en dos de Septiembre de 1686, 
Amsterdan, en casa de Jacomo de Córdova, 1690, págs. 183-184. 



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Miguel Ángel de BUNES IBARRA 



«En los tiempos Modernos, en los Reynos de Castilla, se fortifi- 
caron los Judíos en la parte que les tocaba en la Ciudad de Burgos, 
contra el Rey Don Enrique, que haviendo muerto al Rey Don Pe- 
dro su hermano, y señoreandosse de todos sus Reynos, aclamado de 
los Grandes, y Pueblos de España, pidió a los Judíos que se le 
entregassen, a lo qual respondieron que ellos no conocían otro 
Señor, que al Rey Don Pedro, o al que legítimamente le sucediesse: 
y que por defender esta causa perderían todos resueltamente la vida. 
Estimó el Rey esta acción, y constancia de los Hebreos, diziendo 
que a tales Vassallos devían estimar mucho, y premiarlos los Reyes, 
porque apreciaban más la fidelidad de un Rey vencido, y muerto, 
que la presente fortuna de el Vencedor»^. 

Evidentemente esta es una deformación de la historia de la judería de 
Burgos, una de las más importantes en Castilla en la época de la guerra civil, 
ya que cuando Enrique II se hizo con su control decretó la esclavitud de todos 
los judíos que habitaban en la zona próxima al castillo de la ciudad si no 
entregaban un millón de maravedís\ sistema que también empleó en el mis- 
mo año de 1366 cuando conquistó Toledo. 

Para terminar con el alegato de este interesante texto, que refiere episodios 
de su historia en la España medieval hay que referir las justificaciones que 
dan para entender el decreto de expulsión. En ellas lo que se pone de mani- 
fiesto es que no formaron nunca un Estado independiente en los territorios 
donde se asentaron, fueron parte de las sociedades donde vivieron sin preten- 
der nunca diferenciarse poUticamente de las mismas: 

«En el decreto de los Reyes Catholicos, despachado en la ciudad 
de Granada, a último de el Mes de Mar9o, de mil quatrocientos y 
noventa y dos, no consta que desterrassen a los Judíos generalmente 
de España por ningún crimen de Lessa Magestad ni por haver sido 
infieles a aquella Monarchia, sino porque les impusieron que indu- 
cían al Judaismo a muchos Christianos, principalmente a los Nobles 
de Andalucía» ^. 



4 Opus cit., pág. 188. 

5 I. Baer. Historia de los judíos en la España cristiana, traducción de J. L. Lacave, 
Madrid 1981. pág. 365. 

6 Opus cit. pág. 189. 



Concepto y formación del patrimonio bispanojudío 85 



En este párrafo se sintetiza uno de los mayores problemas de la existencia 
del mundo judío en España en sus últimas décadas, en especial en Andalucía, 
como es la cuestión de los judaizantes. Las conversiones voluntarias e im- 
puestas aparecen repetida y reiteradamente tras la extensión de la peste negra, 
así como la mayor presión de la sociedad dominante sobre los hebreos. Esta 
sociedad intermedia entre la cristiandad y el judaismo genera recelos por 
ambas paites, lo que desencadena a lo largo de todo el siglo XV. y en especial 
en los últimos años de la centuria, que se busque la localización de los judíos 
de una manera clara en banios perfectamente limitados donde se excluya el 
trato con los cristianos, ya sean nuevos o viejos. Este proceso, general para 
todos los reinos peninsulares, tiene una mayor pujanza en Castilla que en la 
Corona de Aragón. En Cataluña la vida de los judíos entra en una profunda 
decadencia desde 1348, agudizándose a finales de esta centuria. Las aljamas 
de Barcelona fueron casi completamente arrasadas por el celo perseguidor del 
movimiento antijudío de 1391 que estaba tendiendo a hacer desaparecer 
cualquier tipo de minoría religiosa de su territorio, no volviendo a recuperar 
nunca su antigua importancia. En Aragón, por contra, la proximidad de la 
ñgura del monarca durante los pogroms impidió que se acabara con los 
barrios judíos, pero sin embargo no fueron capaces de soportar las fatales 
consecuencias que depara la «Disputa de Tortosa» y el celo de los propagan- 
distas cristianos que se dedicaron a convertir y bautizar judíos de una manera 
obsesiva. El resultado final fue la desaparición de las aljamas de Daroca, 
Barbastro, Aínsa o Fraga y la drástica reducción de las restantes, aunque su 
nómina es mucho más elevada que la existente en Cataluña, y la conversión 
de la de Zaragoza como el lugar más importante del reino en cuanto al 
número de judíos residiendo en sus calles. En Aragón, en contra de los 
referidos para Cataluña, se mantienen grupos humanos de religión y cultura 
diferente hasta los procesos de expulsión de 1492 y 1609, razón por la que en 
teoría se han podido conservar un mayor número de vestigios materiales y 
documentales judíos. Las especificidades de los primeros años de existencia 
de la nueva Inquisición emanada de los reyes Católicos también contribuye- 
ron a este divergente destino con respecto a Cataluña, ya que en Aragón 
nunca se aceptó demasiado bien las ingerencias de las autoridades centrales 
en las formas de organización tradicionales del reino. 

El legado bispanojudío va a estar marcado por una gran impronta de la 
cultura musulmana, sobre todo en la realización de sus edificaciones, fiel 
reflejo de la tendencia generalizada a la arabización del mundo judío español. 



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Miguel Ángel de BUNES IBARRA 



Este hecho incuestidnable. del que exclusivamente se desmarcan algunas 
ciudades de la Corona de Aragón por la fuerte penetración de judíos proven- 
zales y europeos, que se muestra claramente en la sinagoga de Segovia 
(actual iglesia del Corpus Christi) o en el mudéjar toledano de Santa María la 
Blanca, es una buena demostración de la importancia del mundo judío dentro 
de al-Andalus desde la época califal hasta las primeras taifas. El gran número 
de judíos que residieron en las tierras controladas por los musulmanes hasta 
la invasión de los almohades de mediados del siglo XII, y su posterior 
emigración hacia los territorios cristianos situados en el Norte suponen el 
traslado de la lengua, poesía y las formas arquitectónicas y artísticas islámi- 
cas a las tierras situadas por encima del Tajo. Una cultura judía pujante y 
brillante dentro de una tradición musulmana que mostraba su cierta superio- 
ridad sobre algunos aspectos concretos de las nuevas sociedades y urbes en 
las que se integran después de la ocupación de al-Andalus por grupos musul- 
manas del otro lado del Atlas que defiende un Islam más férreo e intransigen- 
te que el usual de la tradición andalusí hasta ese momento. 

La reducción de los territorios musulmanes en la Península por las con- 
quistas cristianas desde sus territorios del norte supone que comunidades 
judías de al-Andalus se conviertan en castellanas y aragonesas por la simple 
ocupación del territorio donde residían. Además de los factores de conquista, 
las nuevas autoridades mostraron una gran inclinación en la instalación y el 
mantenimiento de los judíos para revitalizar económicamente sus nuevas 
posesiones. La primera crónica hispanojudíá en la Edad Media es, por lo 
tanto, la historia del judaismo dentro del Islam español, pero está es una 
historia muy difícil de realizar por la pérdida de la documentación árabe y de 
los propios manuscritos hebreos en las que se establece sus ritmos vitales. Por 
esta razón la historia de las aljamas aragonesas, valencianas, mallorquínas, 
castellano-leonesas, manchegas e, incluso, navarras parece que sólo sea la 
reseña de su época cristiana, aunque en realidad el proceso se inicia durante 
la época de la conquista árabe y en el califato. 

La llegada de los almorávides y, sobre todo, la de los almohades supone la 
primera gran destrucción del patrimonio cultural hispanojudío. La prohibi- 
ción de la práctica de la religión de los hebreos y el cierre de las sinagogas y 
de las academias rabínicas reduce a los judíos andalusíes a las aljamas de 
Sevilla (que volvería a tener otro momento de esplendor a partir de la con- 
quista de la ciudad por Femando m y la repoblación de Alfonso X), Granada, 
Almería, Jerez, Niebla, Écija, Jaén, Úbeda, Baeza y Andújar, dentro de los 



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Concepto y formación del patrimonio hispanojudío 



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actuales límites de Andalucía. La emigración masiva hacia las tierras del 
norte y del otro lado del Estrecho de Gibraltar supone, junto al florecimiento 
cultural y la ampliación de las juderías de los reinos de Castilla. Aragón y 
Navarra, el traslado de las formas artísticas y constructivas ampliamente 
desarrolladas por el contacto con al-Andalus. Nuevamente desde el sur penin- 
sular arrancan los otros dos momentos dramáticos para la historia del judais- 
mo español, como son las persecuciones de 1391, que se completaría con las 
duras predicaciones del dominico valenciano Vicente Ferrer en 1412 y las 
duras leyes dictadas por Benedicto XIII, y concluiría la historia de los hispa- 
no judíos con el edicto de expulsión de 1492. Del patrimonio del judaismo 
andaluz nos quedan las trazas y los límites de las dos juderías medievales más 
afamadas, como son las de Córdoba y Sevilla, y los recuerdos de las impor- 
tantes comunidades y los hombres de cultura y religión de Lucena, Granada, 
Almería o Jaén. En las dos ciudades aludidas en primer lugar conservamos en 
la actualidad varías sinagogas, reconocidas en los tiempos presentes como 
tales (como es el caso de Córdoba) o reconvertidas en iglesias, aunque bas- 
tante transformadas por ampliaciones posteriores. La actual iglesia de Santa 
María la Blanca de Sevilla tiene la importancia de ser un edificio que ha 
albergado las tres religiones monoteístas de la Península Ibéríca. La antigua 
mezquita es cedida por Alfonso X, junto a otras dos ya desaparecidas, en 
1252 a los judíos que la convierten en sinagoga hasta que en 1391 se consagra 
al culto católico. 

El caso de Valencia tiene unos caracteres completamente diferentes al del 
resto de las capitales de la Corona. Las autorídades municipales de Valencia 
realizaron toda una seríe de medidas para cambiar el aspecto y la fisonomía 
de la ciudad. Desde un prímer momento intentaron eliminar cualquier vesti- 
gio que pudiera recordar su pasado musulmán, mandando derríbar todos los 
minaretes de las mezquitas y otras obras de referencia musulmana, plan que 
se culminó cuando por la llegada de la noticia de la conquista de Constantino- 
pla por los otomanos se ataca la morería y se traslada a los musulmanes que 
quedaron vivos después del asalto a un pequeño arrabal extramuros de la 
ciudad. 

La ciudad de Valencia en estos siglos era afamada por la extensión de su 
judería. Mientras que se mantuvo como una zona períféríca adosada a la 
muralla no supuso ningún problema para sus moradores. Pero, y como conse- 
cuencia del aumento de sus vecinos y de su importancia económica, se 
extendió y amplió en 1389 fuera de sus límites tradicionales, pudiéndose 



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Miguel Ángel de BUNES IBARRA 



afirmar que el ensanchamiento de sus límites supuso el principio de la extin- 
ción de la aljama de la ciudad del Turia. El cambio de trazado de las murallas 
de la ciudad por el lógico crecimiento urbano, consecuencia directa del im- 
portante lugar económico que estaba adquiriendo Valencia en la fachada 
mediterránea de la Península, y por la necesidad de establecer una nueva 
fisonomía urbana (propuesta primero por Eiximenis y, pocos años después, 
por Vicente Ferrer) significó la agonía del Cali. La nueva judería de 1389 
estaba aislada del resto de la ciudad por una valla alta, matiz que no existía en 
su antiguo trazado, lo que supuso que amplios sectores ciudadanos se opusie- 
ran a su ampliación y . cerramiento. La conclusión final de este proceso es que 
las autoridades municipales no pudieron impedir que muchos de sus ciudada- 
nos de los diferentes estamentos que se concitaban en sus calles salieran a 
ayudar a los «mata judíos» en 1391. 

Las autoridades municipales deseaban abrir calles anq)lias para comunicar 
rápidamente los diferentes barrios de la ciudad, plan que quedaba cortado por 
este muro, los vecinos de la Xarea estarían aislados del resto de la ciudad y, 
por último, los dominicos perderían gran cantidad de rentas al disminuir el 
número de feligreses por el gran rodeo que tendrían que dar para acercarse al 
convento de Santo Domingo. El asalto a la judería solventaba todos estos 
problemas de forma rápida e inmediata, permitiendo trazados nuevos, mejo- 
res sistemas de comunicación y mayores rentas a los dominicos que azuzaron 
convenientemente el pogromo. La dessq>aríción de la sinagoga mayor de la 
aljama estaba fijada con anterioridad al asalto cuando se difundió por la 
ciudad la nueva de que dentro del tenq>lo había aparecido San Cristóbal 
portando al Niño Jesús. Este dato es significativo por ser el único monasterio 
que se construyó a lo largo del siglo XV dentro del perímetro de la antigua 
ciudad musulmana, en la actualidad desaparecido, aprobación que concedió 
la ciudad por la aceptación del supuesto milagro difundido ampliamente entre 
los ciudadanos, contraviniendo las disposiciones habituales de los represen- 
tantes municipales sobre instalación de ordenes religiosas intramuros. 

La in^rtante judedá de Palma de Mallorca viene avalada por ser uno de 
los centros más florecientes de la cultura hispanojudíá a lo largo del siglo 
XrV. Sin embargo, la vida en estas calles de miembros de la comunidad 
hebrea se redujo a los años que van desde la conquista de la isla por Jaume I, 
y en concreto desde la obligación de residir exclusivamente en el Cali en 
1300, hasta las persecuciones de 1391. Los judíos mallorquines en^nrendie- 
ron el exilio hacia la ciudad de Argel, lugar donde se cmivirtieron en una 



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Concepto y fotynación del patrimonio hispanojudío 



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comunidad floreciente en el siglo XVI por la llegada de los otomanos y el 
auge de esta ciudad como intermediaria del comercio mediterráneo gracias al 
desarrollo del corso. Sobre la primera sinagoga de la recién estrenada judería 
se fueron cumpliendo inexorablemente los mandatos inquisitoriales y quince 
años después se transforma en Iglesia. Su pequeño tamaño y la inconveniencia de 
encontrarse en la mitad de la judería desaconsejó este uso, pasando a manos 
privadas y a usos civiles, hasta que los jesuítas la derribaron íntegramente en 
1571 para reedificar la antigua orilla de Santa María de Montesión. 

Además de una cierta tendencia de los judíos a habitar cerca de los 
edificios públicos de la comunidad para cumplir sus prácticas y preceptos 
religiosos y vitales, el poder real había ido concentrando a estos hombres y 
mujeres en barrios, cercas, castillos y murallas para defenderlos de las iras 
populares y los excesos de celo de determinados predicadores. Después de las 
persecuciones y movimientos antijudíos que desencadena la guerra civil cas- 
tellana y los sucesos de 1391, junto a los intentos del poder real para defender 
a estos buenos vasallos pagadores de estipendios, se buscará aislarlos de sus 
antiguos correligionarios. De esta época son la mayor parte de las juderías 
que en la actualidad se reconocen y tienen el título de tales. Cuando se refiere 
esta cuestión hay que diferenciar aquellas ciudades que contaban con juderías 
tradicionales perfectamente conocidas históricamente desde los primeros si- 
glos medievales (Toledo, Zaragoza, Valencia, Granada, Sevilla, Córdoba, 
Lucena o Mallorca), con el resto de las juderías citadas, que suelen estar 
formadas por simples ejes urbanos cercanos a las sinagogas de los que salen 
pequeñas callejas y callejones que recuerdan el trazado tradicional de una 
ciudad islámica abigarrada y de traza compleja y concéntrica, o serán aljamas 
de nuevo cuño de mediados del siglo XIV. 

El mundo hispanojudío sufrió en los últimos siglos de su historia una 
continua evolución interior que desencadenó diferencias sustanciales entre 
los diversos colectivos, desde poblaciones que pierden a los miembros de la 
minoría por el cambio de sus circunstancias vitales y de las relaciones con las 
autoridades cristianas y musulmanas hasta los barrios y aljamas, que tienen 
que expansionarse por el continuo aumento del número de sus habitantes. En 
la propia historia hispanojudía, tanto en al-Andaius como en los reinos cris- 
tianos, influye decisivamente para la constitución del patrimonio inmueble el 
peso político y la influencia económica de algunos de los miembros de la 
comunidad con el poder real, como es una buena demostración la sinagoga 
del Tránsito. 



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Miguel Ángel de BUNES IBARRA 



De las importantes juderías navarras (Pamplona, Tudela, Estella, Viana, 
Los Arcos, Olite, Cascante o Corella) no nos ha quedado nada más que la 
importante documentación conservada en el Archivo del Reino de Navarra y 
en algunos archivos municipales. La desaparición de todo tipo de vestigios 
hispanojudíos en Nav arra resulta muy significativa por ser la historia de esta 
comunidad diferente a la de sus correligionarios cercanos. El desarrollo urba- 
no de estos núcleos de población después de 1498 ha hecho desaparecer 
cualquier recuerdo material del último solar en el que vivieron los Judíos 
españoles, refugiándose un gran número de los expulsados de las cercanas 
tierras aragonesas y riojanas. 

Los decretos de expulsión de 1492 afectaron por igual a todos los teirito- 
rios gobernados por los Reyes Católicos, unificando a los judíos en su desti- 
no, situación que no se puede extender de la misma manera a las épocas 
anteriores. Las diferentes coronas peninsulares, así como las diversas autori- 
dades de al-Andalus, se comportaron de manera diferente con los judíos 
según las épocas, el poder de las autoridades en cada reinado de la historia 
medieval hispana y por equilibrio de poderes económicos y sociales de cada 
sociedad. En Burgos y en La Rioja se localizaron, además de en las capitales 
de las actuales provincias, en las villas y ciudades cercanas al camino de 
Santiago y a las rutas tradicionales de comunicación entre las dos mesetas y 
de ellas con el Cantábrico. A pesar de la antigüedad de la instalación de los 
judíos en las comarcas burgalesas y soríanas y la importancia de sus aljamas, 
sólo se conserva una sinagoga muy remozada en Medinaceli, así como los 
vestigios de las tumbas de los judíos de E>eza. 

Los templos religiosos de las ciudades conquistadas se convierten en uno 
de los símbolos de la veracidad y la supremacía de una religión sobre la 
practicada por los ciudadanos derrotados. La cesión de mezquitas a los ju- 
díos, o la concesión de edificación de algunas nuevas en ciudades de las dos 
Castillas en el siglo XIV, es un reconocimiento de la importancia de esta 
comunidad para el poder real. La ciudad de Orán, conquistada por el Carde- 
nal Cisneros en 1S09, es una buena demostración del diferente rasero con el 
que se juzga a los miembros de las otras religiones monoteístas del Medite- 
rráneo. Mientras que los musulmanes son expelidos de la urbe y tolerados en 
algunas pequeñas pedanías cercanas, los judíos son aceptados intramuros de 
la ciudad-presidio y defendidos por los diferentes gobernadores en una época 
en la que el judaismo en España estaba extinguido y castigado con la muerte. 
Las especiales circunstancias del presidio magrebí genera que se retraiga la 



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Concepto y formación del patrimonio hispanojudío 91 



vida oranesa a la de los primeros siglos medie\ ales por el papel que desempe- 
ñan los judíos: irujimanes, mercaderes, rescatadores. artesanos y factores. 

Este sentimiento religioso de superioridad con respecto a las otras confe- 
siones es, a la postre, el mayor enemigo del patrimonio y del legado cultural 
hispano hispanojudío. Sinagogas convertidas en oratorios, ermitas, capillas y 
sedes de cofradías se suceden en 1391 y en 1412. y se consuman definitiva- 
mente en los pocos edificios religiosos judíos que quedaban en 1492. Las 
predicaciones de Vicente Ferrer son muy significativas de este espíritu reli- 
gioso militante que está asediando y arrinconando a los no católicos en la 
península. Los baños rituales, las carnicerías, los hornos de pan. las escuelas 
religiosas, los hospitales y los cementerios se convierten en el destino favori- 
to de esta religiosidad militante que quiere hacer borrar los oíros credos 
transformando los pocos lugares que identifican exteriormente a la comuni- 
dad divergente. Este mismo espíritu será asumido siglos después por los 
jesuítas en algunas ciudades y pueblos españoles, ya que si se repasa el 
emplazamiento de las antiguas sinagogas se aprecia una cierta reiteración en 
encontrar colegios e iglesias de la Compañía de Jesús erigidos sobre los 
solares que antiguamente ocuparon los otros templos no católicos. Además 
de este celo religioso, las urbes y villas peninsulares también sufren cambios 
que están inspirados en procesos de cristianización de sus centros históricos, 
en especial en aquellas ciudades conquistadas a los musulmanes, por las 
cuales se trazan nuevas concepciones urbanísticas que acaban con los restos 
del legado cultural hispanojudío y musulmán. Muchas de las sinagogas de las 
que tenemos noticias cayeron por los suelos o fueron derribadas o completa- 
mente transformadas en sus nuevas funciones de centros religiosos cristianos, 
lógica consecuencia de la propia desidia en el mantenimiento del legado 
cultural del pasado, con independencia de la procedencia originaria de estos 
edificios. 



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ACOPIO Y DESTRUCCIÓN DEL PATRIMONIO 

HISPANOJUDÍO 

Jaume Riera Sans 

Archivo de la Corona de Aragón 



No sin cierta vacilación acepté estampar el substantivo patrimonio, acom- 
pañado del adjetivo hispanojudío, en el título de la presente disertación. Y 
mantengo todavía escrúpulos, porque el concepto patrimonio se presta fácil- 
mente a equívocos; más graves aún si va acompañado de un adjetivo mitad 
geográfíco-político, y mitad religioso como es hispanojudío. 

Adoptada por el sistema impositivo del Estado español, la palabra patri- 
monio está actualmente teñida de connotaciones fiscales. Implica la existen- 
cia de un valor objetivo de mercado, y unos títulos legales de propiedad que 
se traducen en un impuesto. 

Está claro que ahora nosotros vamos a hablar de los bienes que fueron de 
judíos que compartieron nuestro solar. Los eruditos de antaño los calificaban 
de «monumentos arqueológicos», «restos», «reliquias» y «testimonios de la 
cultura hebraicoespañola». Con prudencia, los organizadores de este Curso 
de Verano han optado por una expresión metafórica como título general: «El 
legado material hispanojudío». Tratar los bienes que fueron de judíos como 
valores de patrimonio, dejando en el aire los títulos de propiedad, puede 
conducimos a aporías legales de imprevisible desenlace. No podemos dudar 



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Jaume RIERA SANS 



que los códices hebreos conservados en El Escorial y en Montseirat, o las 
coronas (llamadas rinionim) de la Seo de Mallorca, son patrimonio español y 
patrimonio judío; pero no parece que puedan considerarse patrimonio hispa- 
nojudío, porque fueron adquiridos en Italia y en Sicilia, y nunca pertenecie- 
ron a judíos españoles'. 

Mejor haremos con no tocar este asunto. No creo que nos corresponda 
fijar conceptos, valores y tutelas de propiedad patrimonial. Aquí y ahora nos 
contentaremos con hablar de los bienes que fueron de judíos españoles bajo el 
punto de vista de la Historia. 

Huelga decir que no vamos a componer un inventario de los bienes de los 
judíos a lo largo de la Historia, empezando con las naves del rey Salomón que 
arribaron a nuestras costas en busca de los tesoros de Tarsis. No tomaremos 
las aguas desde tan arriba, ni pretendemos dar pautas para el hipotético 
inventario general. Lo que me encargaron exactamente los organizadores del 
Curso fue la exposición de la incidencia de la Historia en el patrimonio 
hispanojudío: cómo los acontecimientos han influido en la creación, manteni- 
miento y eliminación de los bienes de los judíos. Suma y resta en sus perte- 
nencias. Sus más y sus menos, con el cuando y el porqué. 

Proeza sería cumplir medianamente con el encargo. A lo que alcanza mi 
información bibliográfica, se trata de un tema inédito. Cuando el Quinto 
Centenario, se planteó la destinación de los bienes de los judíos expulsados^. 
Pero para nosotros el destierro de 1492 es un episodio más dentro del conjun- 
to. El enfoque adoptado, siendo general, nos obliga a aportar datos que se 
retrotraen mucho antes y llegan hasta la actualidad. Es ilusorio pretender que 
quepan todos ellos en una disertación de cincuenta minutos. Irremediable- 
mente, la exposición va a quedar floja y coja. 

El primer dato histórico, que considero fundamental para enmarcar ade- 
cuadamente nuestro tema, no tiene una fecha determinada. Se produjo silen- 
ciosamente, a mitad del siglo Xn, fuera de nuestro país. Es la restauración del 
Derecho Romano por parte de los glosadores. 



1 Las procedencias de los códices y coronas aludidos están documentadas en Sefarad 
[=Sefl XIX, Madrid-Barcelona 1959, págs. 241-272; vol. XXX, Madrid-Barcelona 1970, págs. 

9-37 y 48-51. A fin de no sobrecargar las notas, omito la indicación de autor y título en los 

artículos de re\ isla y publicaciones colectivas. 

2 Sef LII. Madrid 1992, págs. 449-461; La Expulsión de los Judíos de España, Toledo 
1993, págs. 149-173. 



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Acopio y destrucción del patrimonio hispa iiojudto 



95 



Abrazado por los soberanos del Occidente europeo, el nuevo Derecho 
estructuró y consolidó una nueva jerarquía de poderes. A partir del siglo XII, 
hasta la Revolución Francesa, las compilaciones y códigos legales basados en 
los principios de aquel Derecho, atribuyeron a los judíos el estatuto personal 
de esclavos del Rey, propiedad del fisco en persona y bienes. «Judei servi 
Regis sunt et semper fisco regio deputati», tal como sentencia el Fuero de 
Teruel. 

Se ha debatido mucho sobre la situación legal de los judíos en la Alta 
Edad Media. A menudo se aducen artículos de fueros y cartas pueblas que 
equiparan judíos y cristianos en algunas cuestiones y parecen concederles un 
estatuto de libertad. No hay contradicción, a mi entender, si atendemos a la 
cronología, puesto que los fueros locales son anteriores a la extensión del 
Derecho Común. El Libro de los Fueros de Castiella ya establece «que los 
judíos son del rey; ... todos deben ser del rey, en su guarda e pora su 
servicio». 

Durante el siglo Xm, los monarcas elaboran nuevos códigos aplicando a 
diversos campos los principios que consolidan su poder y les procuran fuen- 
tes de ingresos. Por lo que atañe a los judíos, los últimos episodios de este 
intento y logro se dan a fines del siglo. El famoso Padrón de Huete, de 1290, 
único en su género, parece que debe interpretarse como un elemento de este 
plan: dar por sentado que todos los judíos pertenecen al rey y a él sólo 
corresponde cobrar sus pechos. Ante las pretensiones del capítulo de Toledo 
de continuar ejerciendo jurisdicción sobre los judíos de la ciudad, Femando 
IV replica contundente: «Todos los judíos e lo que han es mío»^. El rey 
Dionís de Portugal proclamará lo mismo: «Todos-Ios judeus do meu senoryo 
son meus quitemente, tambén os corpos come os averes deles»"*. 

En los territorios de la Corona de Aragón, Jaime n actuará más solapada- 
mente pero no con menos firmeza. Usando de fuerza, obligará a los nobles y 
eclesiásticos que albergan judíos en los territorios de su jurisdicción a aceptar 
que los poseen por concesión real y limitados a cierto número de casadas. 
Otorgando concesiones, Jaime n sentaba las bases legales para esgrimir y 
ejercer el superior dominio sobre las personas y los bienes de los judíos 
residentes en sus reinos. 



3 Fritz Baer, Die Juden im christUchen Spanien. Erster Teil. Urkunden und Regesten. 11, 
Berlín 1936, núm. 121. 

4 María José Pimenta Ferro, Os Judeus em Portugal no Século X/V, Lisboa 1979, pág. 

19. 



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Jaume RIERA SANS 



Este principio legal que estamos comentando no fue letra muerta, sino que 

se mostró operativo hasta el fin de la existencia de los judíos en nuestro suelo. 
El año mismo de la Expulsión, en la información oficial sobre los bienes de 
rabí Meir Melamed, ya convertido con el nombre de Fernán Núñez Coronel, 
los pesquisidores interrogan a los testigos si saben que los bienes del judío 
convertido estén obligados a algunas personas. Todos los testigos responden, 
unánimes, que no creen que estén obligados a nadie, «salvo al rey nuestro 
señor» \ 

Los judíos asumieron esta situación legal y se habituaron a ella. En 1458, 
los judíos de Tárrega se encontraban, con toda la villa, en la situación de 
vasallos de la ciudad de Barcelona, por venta efectuada años antes por el rey 
Martín. En julio de aquel año. a la muerte de Alfonso el Magnánimo, los 
judíos de Tárrega escribieron a los Concellers de Barcelona pidiendo instruc- 
ciones sobre si debían o no debían dar muestras de luto por la muerte del rey. 
En su consulta, los judíos de Tárrega admiten, con toda naturalidad, que 
puede parecer que no les corresponde participar en el luto porque no están 
equiparados a los cristianos, pero, por otro lado, a pesar de ser vasallos de la 
ciudad de Barcelona como los demás habitantes de Tárrega, no por ello dejan 
de pertenecer al patrimonio real''. 

En la Baja Edad Media, vidas y haciendas de los judíos estuvieron pen- 
dientes — dependientes — de la voluntad real. Un documento de Juan I de 
Aragón lo expresaba con toda rotundidad: «Los judíos de hecho y de derecho son 
esclavos de la dignidad real, y nos podemos disponer de sus cuerpos y de sus 
bienes a nuestro arbitrio» («Judei de jure et facto regie dignitatis sunt servi, 
nosque de eorum corporibus et averiis possumus faceré libitum voluntatis»)^ 

En 1369, Enrique II necesitó disponer de inmediato de la cantidad de 
20.000 doblas de oro. Mandó a Toledo un comisario autorizándole para que 
«vendades en almoneda públicamente por Toledo, por escrivano público, los 
cuerpos de todos los judíos e judías del aljama e los bienes muebles e rayses 
fasta cumplimiento de 20.000 doblas de oro»l 

Sin ningún impedimento legal, Pedro I pudo torturar a su tesorero Samuel 
ha-Leví hasta darle muerte, y los reyes Femando e Isabel reducir a esclavitud 



5 SefXXXWU. Madrid-Barcelona 1977, págs. 339-349. 

6 Ferran de Sagarra. Sif>iilografia catalana, vol. II. Barcelona 1922. págs. 240-241. 

7 Archivo de la Corona de Aragón (=ACA), Cancillería, Registro 1972, fol. 189r-v. 

8 Baer, Die Juden cit. n, núm. 210. 



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Acopíu y destmccióti del patnniuniu bispanojudío 



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la aljama entera de Málaga cuando ocuparon la ciudad. Hasta tal punto los 
monarcas disponían de los judíos como de cosa propia, que Pedro el Ceremo- 
nioso tasó su libertad: en 1351, a petición de la aljama de Mallorca, concedió 
el privilegio que todo judío extranjero que los corsarios pusieran en venta en 
la isla pudiera ser rescatado por la cantidad de 30 libras^. 

Judíos y moros eran «cosas» del rey, y como tales aparecen en las listas de 
objetos de exportación prohibida"^. Alfonso IV de Portugal prohibió, en 1352, 
bajo pena de muerte y confiscación de bienes, la salida de su reino de todo 
judío poseedor de un capital de 500 libras o más". Juan I de Aragón, en una 
de las innumerables peticiones de subvención, amonestaba a sus judíos que 
les convenía mostrarse obsequiosos, «mayormente vosotros, qui sodes nues- 
tro tresoro, los quales por sola humanidat e piedat mantenemos»^^. 

Las consecuencias prácticas del principio legal que venimos comentando 
son muy amplias. La más inesperada quizá sea la que sanciona el Fuero de 
Teruel, cuando dice que la caloña por heridas u homicidio infligido a un judío 
no pertenece al judío danmifícado sino al rey («Set est sciendum quod judeus 
non habet partem in sua calumpnia, sive sit percussionis sive homicidii, quia 
est domini Regis tota»). 

Otra consecuencia enojosa era el servicio de aposentamiento. Cuando la 
comitiva real llegaba a un lugar donde residían judíos o moros, sin ningún 
miramiento los aposentadores ocupaban las mejores habitaciones, o sus casas 
enteras, apropiándose de camas, ropas y lo que se les antojara necesitar para 
el hospedaje. En vísperas de la Expulsión, en 1488, los reyes Femando e 
Isabel concedían al yerno de Abraham Scneor, vecino de Guadalajara. que 
«para en toda vuestra vida sean libres, francas e esentas las casas de vuestra 
morada de todo aposentamiento, e que no posen en ellas persona nin personas 
algunas, nin saquen dellas ropa, nin leña, nin aves nin otra cosa»'^. 

Con toda lógica, los bienes de los judíos muertos intestados y sin descen- 
dientes, aunque existieran otros familiares, eran confiscados'^. Los enseres 



9 Fritz Baer, Die Juden im christtichen Spanien. Erster Teil. Urkunden und Regesten. I, 
Berlín 1929. núm. 248. 

10 Miguel Gual Camarena. Vocabulario del Comercio medieval, Tarragona 1968. 

1 1 Revista de Estiidos Hebraicos I. Lisboa 1928, págs. 159, 176-177. 

12 ACA, Canc, Reg. 1972, fol. 168r-v. 

13 5^XXXIV, Madrid-Barcelona 1974, págs. 379-380. Sobre el derecho de aposentaría 
en Portugal, cfir. Féno, Os Judeus cit, págs. 63-64 y 70. 

14 Un caso documentado en SefXLV, Madrid 1985, pág. 78 nota. 



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Jaume RIERA SANS 



domésticos que se recuperaron después de las matanzas y devastación de las 
juderías de Navarra, en 1328, fueron subastados por el físco*^. Por la misma 
razón — ^aunque sigue habiendo quien no lo quiere entender — , cuando un 

judío abrazaba el cristianismo y se bautizaba, se le despojaba por ello mismo 
de sus bienes: al cambiar de condición social, pasando de «servus» a «subdi- 

tus», el fisco ocupaba los bienes del converso en ct)nccpto de redención 
personal. Por más que los Cánones conciliares, las Decretales, las Pragmáti- 
cas, las Partidas y demás compilaciones legales clamaran contra este pésimo 
abuso e insistieran en la indemnidad de los bienes de los convertidos al 
cristianismo, los documentos muestran que, al menos hasta la Disputa de 
Tortosa (1413-1414), los oficiales reales siguieron considerando confiscados 
en su totalidad los bienes de los judíos convertidos'*. 

Huelga comentar que la señoría ejercida por los monarcas sobre las perso- 
nas y los bienes particulares de ios judíos se extendía igualmente sobre los 
bienes comunes: los cementerios con sus piedras, las sinagogas con sus 
lámparas y ornamentos, las casas de baños, y los hospitales y cofradías con 
sus censos y tributos, todo pertenecía al rey. Y los judíos aceptaban el hecho 
y el principio de derecho con absoluta normalidad: el rabí Mor de Portugal 
usaba el sello real en las provisiones de justicia' las célebres inscripciones 
de la sinagoga de Samuel ha-Leví ostentan las armas reales de Castilla y 
León; en los inventarios del ajuar de las sinagogas aragonesas de 1492 
aparecen varias coronas de toras adornadas con esmaltes de las armas rea- 
les"^: y la lápida hallada en Tarragona conmemorativa de la construcción de 
una fuente pública por la munificencia de Salomó de Blanes, lleva también 
esculpidas las armas reales de la Casa de Barcelona'''. 

Fray Francisco Eiximenis dedica cuatro capítulos de su Dotzé del Crestiá 
a. dilucidar hasta qué punto los judíos e infieles que habitan entre cristianos 
son de veras libres y, en consecuencia, si les corresponde un auténtico domi- 
nio sobre lo que poseen. Concluye, de acuerdo con la realidad de su tiempo. 



15 Navarra judaica I, Pamplona 1994, doc. 246, núm. 1-139. 

16 Si no fuera así, no tendría sentido el privilegio solemne que Juan I de Aragón otorgó a 
Assach Golluf antes de bautizarse, en 1389, publicado por Baer. DieJuden cit., I, núm. 390/1. 

17 Revista Je Ksliidios Hebraicos 1. Lisboa 1928. pág. 162. 

18 /\/v/í,'íí// en la Edad Media 6. Zaragoza 1984. págs. 252 y 257. 

19 F. Cantera; J. Millas, Las Inscripciones hebraicas de España, Madrid 1956, núm. 

244. 



Acopio y destrucción del patrimonio hispanojudío 



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que «la libertad de los infieles que moran entre nosotros es inferior a la 
nuestra, pero bastante amplia» («la libertat deis infels habitadors entre nosal- 
tres és menor que la nostra. empero és prou gran»)-". 

Muy estrecha y limitada era si la miramos con ojos modernos. Por breve 
relación de Crónicas conocemos la tremenda expoliación de los bienes de 
Samuel ha-Leví por parte de Pedro I de Castilla. Hay dos casos más de 
drástica expoliación expuestos en sendos estudios recientes, y a sus detalles 
remito por lo que tienen de ejemplar. En 1341, a la muerte del riquísimo 
Ezmel de Ablitas, de Tudela, el rey de Navarra decidió incautarse de 29.000 
libras de la herencia, y no cejó hasta conseguir, con amenazas, coacciones y 
prisión, que los albaceas consintieran que él, el rey, habiéndose incautado de 
la totalidad, cediera a los hijos del difunto, «por causa del testament, lo que a 
él plazrá»-'. En 1377, a la muerte del plutócrata Jafudá Alatzar, de Valencia, 
el rey Pedro el Ceremonioso se incautó igualmente de la totalidad de sus 
bienes y trabajó, también con amenazas y prisión, que las hijas y herederas 
consintieran que podía apropiarse de lo que se le antojara («puxam prendre 
aquella part que tindrem per bé deis béns e lexar aquella quens vob-em»). 
Tras un arbitraje apañado, los jueces adjudicaron al rey la cantidad de 165.000 
ñorines de oro, equivalentes a un millón ochocientos quince mil sueldos^^. 

Un segundo principio, no menos operativo, que minaba la propiedad de 
los judíos sobre sus bienes, también se fraguó fuera de nuestro suelo, en 
Francia, propagado aquí por ConciUos y Sínodos. 

Es el discurso sobre las usuras. Lo exponían lapidariamente las Cortes de 
Alcalá de 1348: «El logro es muy grant pecado, e vedado asy en Ley de 
Natura como en Ley de Escriptura e Gracia, et cosa que pesa mucho a Dios, 
et por que viennen dannos e tribulaciones a las tierras do se usa». 

La usura es pecado. Los judíos se sustentan de usura. Luego sus bienes 
han sido adquiridos con maneras ilícitas, y quien roba a un ladrón tiene cien 
años de perdón. 

En 1328, el rey Alfonso de Aragón mandó al justicia de Daroca una 
provisión prohibiendo que los cristianos fueran encarcelados por deudas a 
judíos. La razonaba con estas palabras: «Es indecente que los judíos saquen 



20 Francesc Eiximenis. Dotze del Crestiá, Valencia 1484, cap. 170. 

21 SefXLW, Madrid 1985, págs. 281-314. 

22 Revista d' Historia Medieval 4, Valencia 1993, págs. 65-lüü. 



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partido de algo — ^la usura — por lo que deben ser castigados» («Judei de eo 

quod penam subiré merentur comodum non debent reportare» )-l 

En junio de 1492, ya decretada la Expulsión, el concejo de Iriépal, aldea 
de Guadalajara, presentó al Consejo Real una petición para que no se permi- 
tiera a los judíos del lugar la venta de sus inmuebles a caballeros y personas 
exentas, sino sólo a los pecheros, motivando su petición en el hecho de que 
los inmuebles habían sido adquiridos «con logros e otras formas; ... con 
maneras e práticas cabtelosas, como syempre fisieron en sus tratos que han 
tenido con los cristianos»-"*. 

Ante la gran cantidad de inmuebles rústicos, olivares, viñas y majuelos 
que aparecen en manos de judíos en el momento de la Expulsión, los eruditos 
modernos sacan la conclusión positiva que los judíos participaban en buena 
medida en la producción agraria. Los coetáneos sacaban una conclusión del 
todo negativa: las propiedades rústicas indicaban lo mucho que los judíos, 
con sus usuras, habían usurpado a los cristianos. 

Precariedad sería la palabra, quizá, que mejor convendría a la vinculación 
de los judíos con sus bienes. De la noche a la mañana podían verse privados 
de ellos, legalmente o ilícitamente, qué más da! 

En todas las guerras, invasiones de tropas y asaltos a poblaciones, las 
juderías fueron saqueadas. Omitamos el elenco completo de los episodios 
luctuosos, y dejemos solamente aludidas las grandes depredaciones generales 
e indiscriminadas: la de los Pastorelli de 1 32 1 , las navarras de 1328, la de la 
Peste de 1348, las inconmensurables de 1391, en que aparecen incendios, 
signo inequívoco de voluntad de destrucción, y las definitivas de 1492. 

Y, en fin, para dar por terminados estos largos y enojosos prolegómenos, 
señalemos que los judíos, por su parte, tenían perfectamente asumida la 
servitud y la precariedad y, lo que es más, justificada teológicamente. Las 
haskamot de Valladolid insisten, en su último capítulo, en la prohibición del 
lujo en los vestidos. Y expresan el motivo: para que las aljamas <(Cono9can 
que somos en galut por nuestros pecados». El discurso teórico de los judíos 
sobre su estatuto social coincidía, en definitiva, con el cristiano. 

Hasta aquí me he referido a los bienes de los judíos en un marco general. 
Ya es hora que pongamos en primer plano el objetivo del Curso, que son los 
bienes materiales de los judíos como específicamente judíos. Puede que 



23 ACA, Canc, Reg. 432, fol. 215r-v. 

24 5e/ XXXIV. Madrid-Barcelona 1974, págs. 375-377. 



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Acopio y destrucción del patrimonio hispanojudío 



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llegue un día que las viñas y las casas que en algún momento poseyeron se 
juzguen todavía pertenecientes a su patrimonio. Por el momento, nuestro 
interés se centra en aquellos bienes que hoy reconocemos en sí mismos como 
peculiares de judíos. Puesto que no nos es factible detenemos en todos ellos 
(vestidos, joyas, sellos, amuletos, lámparas, vasos, platos, marmitas etc.) 
contentémosnos con los más representativos. 

Sin vacilar, lo más peculiar que un judío podía poseer en su domicilio era 
la Micrá. (No la llamo Biblia porque creo que deberíamos mantener la no- 
menclatura más propia). El judío piadoso se hacía un deber de copiar por sí 
mismo, a lo largo de su vida, el texto sagrado completo, o al menos el Humas; 
no en vulgares cuadernos de papel, sino en pergamino delicadamente manu- 
facturado. Estos ejemplares de lujo, a menudo miniaturados — nunca, claro 
está, con figuras humanas — , recibían el nombre de maqdasia^ se legaban de 
padres a hijos, y en caso de compraventa recibían un precio elevado: 30 
libras, 40 libras y hasta 45 libras^. La llamada Biblia de Farhi es el ejemplar 
más sobresaliente de maqdasia; y no sin razón, puesto que la trabajó durante 
quince años, para sí, Cresques Abraham, el famoso pintor de nu^amundis y 
brújulas^. Cuando sus primeros herederos se vieron precisados a venderla, le 
adjudicaron un precio astronómico^'^. 

Las escasas noticias sobre la cofradía zaragozana llamada de Sefarim o 
Atoras pueden damos alguna luz sobre la producción del libro hebreo (reli- 
gioso, por supuesto), antes de la imprenta. No debe ser casualidad que en un 
momento la cofradía aparezca administrada por rabí Abraham de Salinas, 
escribano de la aljama, es decir, un calígrafo profesional-^ 

De hecho, no sabemos casi nada sobre la circulación y copia de libros 
hebreos. Son escasísimos los copistas que se han podido documentar, reduci- 
dos a simples nombres estampados en los colofones-". Apenas se conocen 
contratos para la copia o edición de libros, como si los rabinos y escolares se 
dedicaran incesantemente a este menester. El bello ejemplar del Moré nebu- 
kim conservado en Copenhague expresa en su colofón que fue copiado para 



25 5e/XXlI, Madrid-Barcelona 1962, pág. 350; vol. XXXIV, 1974, púgs. 99-100. 

26 El Atlas catalán de Cresques Abraham, Baicelmia 1975, pág. 15. 

27 Gabriel Llom^art, La Pintura medieval mallorquina, vol. IV, Palma de Mallorca 1982, 
págs. 256-257. 

28 SefU Madrid 1990. págs. 3-46. 

29 SefU, Madrid 1991, págs. 3-1 1. 



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maestro Menahem^. Puede que fuera un encargo del mismo destinatario, 
pero la existencia de miniaturas que los expertos atribuyen a Ferrer Bassa, 
pintor de la corte, me inclina a suponer que la copia e iluminación del libro 
fueron encargadas por el rey Pedro el Ceremonioso para obsequiar a su 
alquimista. No es una suposición gratuita, porque consta que ese mismo rey 
compró más tarde un libro hebreo para regalarlo a su quirúrgico, maestro 
Bonjuha Cabrit^'. 

La persecución contra la cultura rabíniea se encendió también en Francia, 
concretamente en París. Las Disputas del siglo XIII acentuaron la considera- 
ción del judaismo rabínico como intrínsecamente pérfido. 

A partir de 1239, los soberanos de los reinos peninsulares empezaron a 
recibir bulas pontificias ordenando el secuestro y quema de los libros del 
Talmud con sus comentarios, por contener infamias y blasfemias. 

La operación estaba dirigida por conversos, anteriormente grandes rabi- 
nos, a veces doblados de frailes. Luego, se ocuparon de ella los inquisidores 
papales y diocesanos. La persecución también se cebó en alguna obra de 
Maimónides^-. 

En 1392 se implantó ocasionalmente el examen de los libros de los con- 
versos de Valencia para consentirles únicamente los que pudieran tolerarse 
según la fe cristiana . La Constitución Apostólica de Benedicto XIII. de 
1415. elevó a ley general el examen y secuestro de los libros sospechosos de 
los judíos. La Inquisición de Torquemada se propuso erradicar de los domi- 
nios de Fernando e Isabel — los Reyes que por esta razón, entre otras, recibie- 
ron el dictado de Católicos — . todos los elementos culturales que pudieran 
interpretarse como judíos, sin ninguna salvedad. 

En el mismo 1492, el comisario de la Inquisición que se ocupó de la 
Expulsión de los judíos de Egea, los reunió en la sinagoga y les obligó a 



30 Xni Congrés d'Históría de la Corona d'Aragó, Comunicacions U, Palma de Mallorca 
1990, págs. 95-102. 

31 Antoni Rubió y Lluch, Documents per la Histdria de la Cultura catalana mig-eval, II, 

Barcelona 1921. pág. 111 nota. 

32 Centre d'Estudis de la Conca de Barbera. Aplec de Treballs 8, Montblanc 1988, págs. 

59-73. 

33 La comisión estaba formada por tres maestros en teología, dos de ellos confesores de la 
casa real, y el maestro en medicina Pedro Figuerola: Boletín de la Sociedad Arqueológica 
Luliana 2, Palma de Mallorca 1887-1888, pág. 207. 



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Acopio y destrucción del patñmofiio hispanojudío 



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entregarle todos sus libros. Después de examinados por un converso, el 
comisario les restituyó los volúmenes estrictamente bíblicos^'*. 

Expulsados los judíos, los delegados de Torquemada organizaron quemas 
públicas de libros hebreos y traducciones bíblicas''^ Atemorizados, los con- 
versos echaban al fuego sus libros de oraciones^^ El concejo de Falencia 
acordó, en 1492, multar con tres reales a quienes siguieran llamando Judería 
a la calle que cambió su nombre por el de Santa Fe^l La saña de cierto 
inquisidor contra lo que recordara el judaismo, le llevó, en 1498, a ordenar el 
raspado de los versículos del Éxodo que servían para el juramento de los 
judíos mallorquines^^. El visitador de la Orden de Calatrava ordenó, en 1500, 
que se rascaran y se enjalbegaran las inscripciones hebreas de la iglesia del 
Tránsito «porque paresce cosa muy necesaria y será servicio de Dios»^^. 
Afortunadamente, la orden no fue obedecida. 

Si precaria era la situación legal de los bienes particulares, mucho más 
hemos de suponer sería la de los comunes. Para adquirir con peculio común 
algo tan necesario como un terreno destinado a osario, las aljamas necesita- 
ban recabar autorización de la señoría, abonando, como es natural, los dere- 
chos pertmentes. También la necesitaban antes de habilitar un micvé^, com- 
prar una casa «para bañar los muertos», abrir un nuevo portal en la judería 
etc., y no digamos para levantar o reparar sinagogas. 

Incautaciones generales de bienes comunes, también las hubo. A raíz de 
una sentencia inquisitorial dictada hacia 1315. los judíos de Mallorca fueron 
privados de todos sus bienes comunes y particulares. Hl rey Sancho se los 
devolvió a cambio, en contante, de la cantidad neta de 95.000 libras. Todos, 
excepto la sinagoga, que el rey convirtió en capilla de Santa Fe^'. 



34 SifXiOL, Madrid-Barcelona 1970, pág. 355. 

35 Recuerda algunas María Fuencisla Gaicüi Casar, El Pasado judío de Zamora^ Vallado- 

üd 1992. págs. 90-91. 

36 SefXXlX, Madrid-Barcehuia 1969. pág. 238; vol. XXXIV. 1974. pág. 333. 

37 Actas del IV Congreso internacional Encuentro de las Tres Culturas, Toledo 1988, 
pág. 122. 

38 Hispania 16, Madrid 1956, págs. 365-366. 

39 SefUL, Madrid 1992, págs. 480-481. 

40 SefXXXV, Madrid-Barcelona 1975, pág. 158. 

41 Fontes Rerum Balearium 3, Palma de Mallorca 1979-1980, págs. 160-161. 



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Jaume RIERA SANS 



Las dos incautaciones mayores de bienes comunes se produjeron en 1391 
y en 1492. En el verano de 1391, habiéndose convertido casi todos los 
miembros de las aljamas, éstas desaparecieron como personas jurídicas, y sus 
bienes revertieron al fisco, ya sea por considerarse bienes vacantes, ya sea por 
el superior dominio de la señoría real. 

Una de las aljamas que entonces quedaron abolidas fue la de Mallorca: 
unos trescientos judíos murieron mártires, unos pocos pudieron huir y refu- 
giarse, y la mayoría aceptaron el bautismo. El día 24 de enero de 1392 se 
presentaba en Mallorca (hoy Palma) un comisario de la tesorería real, y 
guiado por algunos funcionarios locales y tres conversos principales, ordenó 
levantar acta notarial de la incautación de los bienes comunes de la ex- 
aljama. La relación de ellos solamente constaba por información verbal, pues 
todo había sido saqueado. 

Según se especifica en las mencionadas actas'*^ los bienes comunes de la 
desaparecida aljama de Mallorca consistían en lo siguiente: 

* La Sinagoga Mayor, descrita como un ediñcio con muchos departa- 
mentos («cum pluríbus domibus»), y casi exento, pues daba a tres 
calles. 

* Otra Sinagoga, denominada Menor, legada a la aljama por Aron Maní. 

* Una planta baja y desván («botigiam et algorfam») para la administra- 
ción de la aljama y vivienda del nuncio, frente al portal mayor del Cali. 

* Un hospital para pobres, legado testamentario de Jucef Faquim, situado 
en una planta baja aneja a la que fue su mansión. 

* El osario, situado fuera de la ciudad pero muy cerca de ella, la mitad de 
cuyo terreno había sido legado a la aljama por Ayón Natjar. 

* Trece censos sobre casas de judíos que tributaban a los sepultureros 
(«ad opus deis fossers»), 

* Más once censos que tributaban a la benefícencia («almoina») de la 
aljama y cofradías diversas. 

El funcionario de la tesorería real juzgó, con razón, que los censos de las 
fundaciones benéñcas de la aljama habían de ser muchos más. En Barcelona 
los censos pasaban de ochenta, sólo en el Cali Mayor. Ante la pérdida, en el 
saqueo, de los libros de administración y títulos de propiedad, el comisario 
echó mano de la medida que consideró más efícaz para su propósito: requirió 
al gobernador que hiciera pregonar por la ciudad que, en el término de diez 



42 ACA, Real Patrimonio, Maestre Racional, vol. 791, íoi. 146v-171v. 



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Acopio y destrucción del patrimonio bispanojudío 



105 



días, todos los notarios que hubieran autorizado testamentos de judíos se 
presentaran ante el comisario aportando traslado de las cláusulas que contu- 
vieran legados para las sinagogas, hospitales y fondos de beneficencia o al 
común («sinagogis, hospitalibus. elemosinis, seu publico et communi alja- 
ma»), y que también en el mismo término los conversos que estaban obliga- 
dos a satisfacer tributos, los declararan al mismo comisario. 

Conversos, parece que no se presentó ni uno a declarar. Notarios, sólo 
algunos que aportaron cláusulas de veinte testamentos de judíos, todos ellos 
relativamente recientes. De los legados que en su día habían constado en 
testamentos redactados en hebreo, nunca más se supo. 

Luego, el 9 de mayo, se procedió a entregar al comisario los bienes 
muebles de las sinagogas, recuperados después del saqueo, y se vendieron en 
pública subasta. Dos rollos de la Ley, en pergamino, fueron adjudicados por 
15 libras. Los pomos, cascabeles y varas de plata se adjudicaron por 3 1 libras 
y 10 sueldos. Quien más dio por ellos, adquiriéndolos, fue Luis Vidal, un 
converso. 

En 1492 el gran desbarajuste que se produjo hace difícil indicar unas 
pautas claras sobre lo que sucedió o estaba previsto que sucedería legalmente 
con los bienes comunes. 

Los decretos de Expulsión autorizaban a los judíos a vender sus bienes, 
sin especiñcar si todos ellos o sólo los particulares. En los dominios del rey 
de Aragón, parece seguro que corrió la consigna, desde la tesorería real, de 
impedir a los judíos la venta de los bienes comunes, a fín de que quedaran 
vacantes luego que los judíos hubieran salido. La consigna se observó en 
todas las localidades de la Corona de Aragón, excepto en Gerona. Justamente 
no se observó en Gerona, lugar de residencia del noble Joan Sarriera, baile 
general de Cataluña, que por razón de su oñcio debía velar por el patrimonio 
real. Joan Sarriera, incumpliendo los deberes de su cargo, se apropió el osario 
de los judíos mediante un documento notarial que, fatalmente, aparece sospe- 
choso. Quienes lo han mencionado modernamente, e incluso publicado, no 
han advertido que la singular y espontánea donación gratuita del osario de 
Gerona a Joan Sarriera, firmada por los secretarios y el consejo de la aljama 
en pleno, está fechada el 14 de julio de 1492, que era sábado'^^ 

En los reinos de la Corona de Castilla las consignas que corrieron fueron 
más. Los concejos pusieron los ojos en sinagogas y osarios, y procuraron 



43 Jomades d' Historia deis Jueus a Catalunya, Girona 1990, págs. 242-244, 



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Jaume RIERA SANS 



sentar que debían considerarse bienes comunes del municipio. Algo tarde, el 
25 de junio, los reyes expidieron aquella conocida provisión sobre la suspen- 
sión de la venta de los bienes comunes, y la retrocesión de las ya efectuadas, 
alegando impedimentos religiosos y jurídicos^^ De ahí la destinación tan 
diversa que tuvieron en Castilla los bienes comunes de las aljamas. La tónica 
general, con todo, es que los reyes dispusieron de la mayoría de ellos a su 
libre voluntad. 

Las sinagogas tienen prevista una conferencia particular en este Curso, 
pero no podemos orillarlas en esta de ahora. 

Hasta las Decretales de Gregorio IX, promulgadas en 1234, el Derecho 
Canónico no legisló sobre las sinagogas. Invadiendo la esfera de lo civil, 
como hasta entonces se había considerado el asunto, y extendiendo el con- 
cepto de Cristiandad, la Iglesia se arrogó un arbitraje sobre todos los lugares 
de culto, fueran o no cristianos. Desde el siglo XIII, los judíos tuvieron que 
acostumbrarse, cuando necesitaban reparar o engrandecer sus viejas sinago- 
gas, a solicitar autorización al poder civil y también al eclesiástico. 

El Derecho Común prohibía taxativamente la erección de nuevas sinago- 
gas, pero siguieron construyéndose sinagogas nuevas. Proclives al soborno, 
las autoridades encontraban fácilmente un pretexto para salvar el escollo 
legal. Deben tomarse con desconfíanza aquellas autorizaciones para reparar 
una sinagoga cuando insisten demasiado en que se trata sólo de reparar la ya 
existente o, peor, cuando declaran que el edificio en tiempo pasado ya lo fue, 
como es el caso de la nueva sinagoga de Oña, autorizada por el abad diciendo 
que se veían todavía los fundamentos de la antigua'*^. 

Pretextos para desmantelar y confiscar sinagogas no faltaban. El motivo 
más socorrido era alegar que los judíos las habían construido sin licencia, 
cosa obvia si se trataba de sinagogas erigidas anteriormente a la introducción 
del Derecho Romano. Tampoco faltaban supuestos crímenes que se decían 
cometidos en ellas, como la circuncisión de dos cristianos alemanes, en 131 1, 
que acarreó la confiscación de las sinagogas de Tarragona y Mallorca, donde 
aquellos habían sido acogidos. Habiéndose producido la confiscación en un 
contexto religioso, ambas sinagogas fueron convertidas en iglesia: la de Ma- 
llorca dedicada a la Santa Fe, la de Tarragona dedicada a Santa María de 
Nazaret, hoy todavía en pie aunque ignorada por quienes se han ocupado de 



44 Pilar León Tello. Judíos de Toledo. Tomo I, Madrid 1979, doc. 87. 

45 SefXLW, Madrid i9«5, págs. 65-66. 



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Acopio y destrucción del patrimonio hispanojudto 



107 



las sinagogas medievales'^''. La Constitución Apostólica de Benedicto XIII, de 
1415, que ordenaba la clausura de las sinagogas de las poblaciones donde 
hubiera varias, dejando abierta una que no fuera suntuosa, no se aplicó en 
todos los obispados, pero sirvió para clausurar la de Falencia, la de Gerona y 
alguna más^''. 

El tópico quiere que las sinagogas se convirtieran todas en iglesias. No es 
cierto. De las cinco sinagogas de Barcelona desafectadas en agosto de 1391, 
ni una sola fue convertida en iglesia. Lo fue, cuatro años más tarde, aquella 
que el rey había destinado para la nueva aljama que no llegó a arraigar. 
Tampoco en Mallorca las sinagogas fueron convertidas en iglesia en el mis- 
mo 1391. En Valencia sólo la Mayor. 

Las sinagogas suelen tratarse en términos generales, sin una clasificación 
previa. La jurisprudencia rabínica distingue claramente entre bet-kenéset y 
maqom la-tefilá. En la práctica deberían clasificarse en muchas más catego- 
rías. De las sinagogas de Barcelona, por ejemplo, tengo comprobado que sólo 
en la Mayor existían asientos propiedad de particulares. Este solo hecho ya la 
distingue de las demás. Puede darse por seguro, sin vacilar, que una sinagoga 
de la cofradía de talmud Torah, o un bet ha-midrás^ carecían de departamento 
para las mujeres. No todas tenían un hospital anejo, o departamentos para el 
estudio y la administración comunal. Si se sigue aplicando el mismo esquema 
a la Sinagoga Mayor de Sevilla que a las de Trijueque o Vic, los embrollos 
están garantizados. 

Son numerosas las sinagogas conocidas por el nombre del pamás con 
cuya munificencia se construyeron, de donde algunos deducen que no debían 
considerarse públicas. Así se afirma, por ejemplo, de la sinagoga de Córdoba. 
Creo que es un error. La sinagoga erigida en Porto por Don Judah ben-Menir 
era la Sinagoga Mayor^^ La sinagoga que Don Yu9af de Ecija pretendía 
erigir en Sevilla estaba destinada a ser pública"*^. De la sinagoga del nasí 
Samuel ha-Leví nadie se ha atrevido a considerarla oratorio privado. Tengo la 
impresión que, a la laiga, las sinagogas de las grandes ciudades se deben 
todas a la munificencia de algún pamás, incluso las que se remontan a la Alta 



46 Fontes Rerum Balearium 3, Palma de Mallorca 1979-1980, pág. 159. 

47 Actas del IV Congreso internacional Encuentro ile las Tres Culturas, Toledo 1988, 
pág. 121 : Per a una Hisí()ria de la Girona juera, vol. II. Gerona 1988, págs. 203-269. 

48 Revisici de Estudios Hebraicos 1, Lisboa 1928, págs. 179-182. 

49 Baer, Die Juden cit. II, núm. 167. 



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Jaume RIERA SANS 



Edad Media, como la Mayor de Barcelona. También las coronas de los rollos 
de la Ley y los brocados para envolverlos, suelen aparecer como donativos 
específicos de personas con nombre y apellido. 

Si no todos, muchos hospitales eran fundaciones privadas con destino 
público. Lo era el de Mallorca, legado testamentario del riquísimo Jucef 
Faquini. Lo era el de Santa Coloma de Queralt, de Mossé Cabrit'". Salomón 
Negro fundó un hospital con cuatro camas en Lisboa^'. Mahir Alatzar otro en 
Zaragoza''-, etc. Una escuela para niños judíos pobres de Tortosa («studium 
ad opus scolarium judeorum pauperum») era fundación testamentaria de 
Jucef Cohén" . El heqdés de rabí Samuel ha-Sardí, perpetuado por la bella 
inscripción de la calle Marlet de Barcelona, por inercia se viene repitiendo 
que era un hospital. Teniendo en cuenta que rabí Samuel ha-Sardí era escritor 
con tendencias cabalísticas, es más congruente pensar que fundara una escue- 
la, al fin y al cabo, también obra de misericordia. 

Suele insistirse tanto en la ferocidad con que el estamento eclesiástico 
denunciaba el escándalo del culto judío, que algunos autores se imaginan que 
los judíos escondían las sinagogas y «no despuntaban visiblemente de su 
entorno»". Cabe desmentirlo absolutamente. En las grandes ciudades la Sina- 
goga Mayor se ubicaba en el centro de la judería, con al menos tres paredes 
dando al exterior, e incluso con plazuela al frente. La sinagoga de Benavente 
limitaba «con la cerca desta villa, e de las otras partes calles públicas» La 
nueva sinagoga de Cervera, construida en 1385, daba a una plaza y tenía tres 
de sus paredes dando al exterior^^. Lo mismo la de Castelló d'Empúries^^ La 
Sinagoga Mayor es un edificio recio, noble, sólido y muy patente. La sinago- 
ga de Córdoba incluso hoy es casi exenta, y tiene jardín y árboles por la parte 
de detrás, «detalles» que nadie parece haber advertido, como si interesara 
mucho la arquitectura de una sinagoga y nada su entorno urbano. 



50 Gabriel Secall i Güell, La Comunitat hebrea de Santa Coloma de Queralt, Tarragona 
1986, págs. 70-71. 

51 Peno, Os Judeus cit., pág. 32. 

52 SefXK, Madrid-Barcelona 1960. págs. 415-416. 

53 Rubió, Documents cit, vol. I, Barcelona 1908, núm. 71. 

54 Jerónimo Zurita. Cuadernos de Historia 56, Zaragoza 1987, pág. 104. 

55 Nueva Revista de Filología Hispánica 30, 1981, pág. 646. 

56 Agustí Duran y Sampere, Referéncies documentáis del Cali de Juhéus de Cervera^ 

Barcelona 1924, pág. 36. 

57 Jornades d' Historia deis Jueus a Catalunya, Girona 1990, pág. 310. 



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Acopio y destrucción del patñmonio bispanojudío 109 



Visible desde la calle, la sinagoga nunca tiene acceso directo desde ella. 
Al edifício se penetra a través de un patio o atrio lateral. Un patio necesario 
para dejar los zapatos los días de ayuno y parar montar enramadas en la ñesta 
de las Cabañuelas. No es exacto decir que las sinagogas «solían tener un 
patio»: debían tener un patio. 

El sentido de la decencia impide imaginar que hombres y mujeres fran- 
quearan la misma puerta y cruzaran itinerarios en el patio y vestíbulo. Es 
increíble que en la sinagoga de Córdoba las mujeres se encaramaran a su 
departamento, como deberían hacerlo hoy, por la escalera empinada que parte 
del vestíbulo. Las mujeres accedían a su departamento por otra puerta lateral 
o trasera que sólo ellas franqueaban. Los hombres no las veían cuando esta- 
ban dentro y tampoco cuando entraban y salían. 

Tres puertas solían tener las sinagogas. Las tenía la de Jaca^^. Las tenía la 
de Guadaiajara, en el siglo XV convertida en mansión de los Mendoza. Según 
el analista de este noble linaje, era «a manera de templo mosayco, con tres 
puertas y una capilla»^^. En la estancia para los hombres de la Sinagoga 
Pequeña de Huesca, y en la de Épila, había dos puertas que, con la de las 
mujeres, suman tres^. Cuando la Sinagoga Mayor de Barcelona, en 1396, fue 
alquilada a un ladrillero, se dice expresamente que tiene tres puertas dando a 
calles públicas; y todavía tiene tres puertas el recio y vistoso edificio de la 
calle principal del Cali de Barcelona, donde recientemente se ha localizado, a 
través de documentos, la Sinagoga Mayor^'. 

Aún con sus tres puertas, las sinagogas no eran edificios amplios. La de 
Samuel ha-Leví es descomunal, en el sentido literal de la palabra, y no debe 
tomarse en modo alguno como arquetípica. La Sinagoga Mayor de Mallorca 
construida en 1300 no tenía más de 56 palmos de largo por 36 de ancho 
(12x9 m)''-. Las dimensiones que se expresan en las licencias para construir 
sinagogas son siempre reducidas, según los esquemas modernos: la de Albaira- 
cín estaba autorizada para 8 brazadas de largo y siete de ancho (13,3x11, 6 m)'''; 



58 Aragón en la Edad Media 10-11, Zaragoza 1993, pág. 657. 

59 5e/ XXXIV, Madrid-Barcelona 1974. pág. 61. 

60 Scf Vn, Madrid-Barcelona 1947, págs. 299-300; voL LV, Madrid 1995, pág. 134. 

61 Butüetí del Collegi Oficial de Doctors i LUcenciats en Filosofia i Uetres i en Ciéncies 
de Catalunya, núm. 99, Barcelona 1997. págs. 60-71. 

62 Fontes Rerum Balearium 3, Palma de Mallorca 1979-1980, pág. 157. 

63 ACA, Canc, Reg. 1897, fol. 199v-200r. 



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Jaume RIERA SANS 



la de Xati\ a para un cuadrado de 7 brazadas más 2 palmos y medio de lado 
(12 m)^'^; la de Bembibre para 35 pies de largo y 25 de ancho (10,5x7,5 m)"': 
la de A\rón el Rubio de Valencia. 40 palmos de largo por 30 de ancho ( 10x7,5 
m); la de Ezdrú del Padre, también en Valencia, 60 palmos por 32 (15x8 m/^ 
la Menor de Tarazona. 40 pies por 30 (10x8 m)^'^; etc. 

De los objetos litúrgicos de las sinagogas sólo disponemos de descripcio- 
nes documentales. Desaparecieron. En la Colegiata de Aguilar de Campóo. se 
decía conservar una lámpara de la sinagoga, pero no se encuentra, según 
dicen''\ Una arqueta de madera de nogal, que se decía procedente de una 
sinagoga de Huesca, servía de relicario en el siglo XVII. Que el enorme 
lampadario de la Seo de Mallorca proceda de la sinagoga de la ciudad, es 
leyenda"'. 

Los cementerios judíos tienen destinada también una conferencia específi- 
ca en este Curso, desde el punto de vista arqueológico. Sin ánimo de invadir 
terreno ajeno, bien podemos hacer algunas observaciones desde el ángulo 
histórico. 

Las creencias religiosas configuraban rígidamente el lugar destinado a 
sepulturas. De entrada, el contacto con los sepulcros comunica impureza. 
Invariablemente, pues, los osarios estaban limitados por una cerca^", y se 
entraba a ellos por una puerta. Tampoco se superponían adrede los enterra- 
mientos. De ahí que sean numerosas las noticias de osarios sucesivos en las 
grandes concentraciones de judíos. Pronto se llenaban, y más en tiempo de 
epidemia^^ Una sepultura ocupa un mínimo de 2 m-. Una aljama mediana 
compuesta de 500 individuos que hubiera destinado a osario un terreno de 
5.000 m^, a la cuarta generación necesitaba procurarse un nuevo terreno o 
ampUar el primitivo. 



64 ACA. Canc, Reg. 219. \o\. 19Xv, 

65 Archivos Leoneses 55-56. León 1974, pág. 99. 

66 Francisco Cantera, Sinagogas españolas, Madrid 1 984, pág. 329. 

67 Jerónimo Zurita. Cuadernos de Historia 56, Zaragoza 1987, pág. 120. 

68 Cantera, Sinagogas cit., pág. 232. 

69 Fontes Rerum Balearium 3, Palma de Mallorca 1979-1980, pág. 173. 

70 No debe darse fe a documentos interesados que los presentan como un lugar abierto. 
Es el caso del acta municipal publicada en Fontes ludíeorum Regni CastelUe VI, Salamanca 

1992, núm. XXI. 

71 Así en Lérida por la Peste de 1348: SefXXX, Madrid-Barcelona 1970, pág. 365. 



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Acopio y destrucción del palrimonio hispanojudío 



111 



Las sepulturas no se improvisaban en cualquier lugar, y el terreno, tam- 
bién por imperativos religiosos, debía cumplir sus requisitos. Los difuntos 
deben poder reposar en paz a la espera del día que suene la trompeta del 
Mesías. El terreno debe estar en declive, orientado hacia la Tierra Prometida, 
y el difunto colocado rostro arriba y en la misma orientación del terreno para 
que, al levantarse, pueda encaminarse derecho a la Patria. Y, a ser posible, el 
osario debe estar próximo a una cantera para evitar dispendios en el acarreo 
de las piedras tumulares. 

Las piedras tumulares, llamadas massevot, no tenían en absoluto el sentí- 
do primero de conmemorar la identidad del difunto. Su función es indicar el 
lugar de una sepultura con el fin primordial de evitar que, pisándola, comuni- 
que impureza. El aspecto que ofrecían los osarios era el de un mar de piedras. 

Poseemos un contrato de establecimiento de tierra para un nuevo cemen- 
terio judío en Lérida, en 1383, enormemente representativo. No me consta 
que haya sido analizado en detalle^^. 

Por descontado, los adquirentes del terreno son los secretarios de la alja- 
ma. El terreno escogido está fuera de la ciudad, en lugar discretamente 
elevado y en declive, orientado a Levante («en lo mont de la casa de Gar- 
deny»), con el rio Segre a sus pies. Se le va a delimitar completamente 
(«unam cafí9adam conclusam, ... edifícandi et construendi»), y hasta este 
momento ha sido terreno inculto («actenus ñiisse, fore et esse heremum sive 
t09al»). Incluso se intenta que los judíos puedan aprovecharse de las piedras 
de la cantera allí existente («puxen prendre pedra e pedrés de la pedrera del 
dit mont»). 

Un terreno que cumpla estas características puede que se encuentre muy 
cerca de la población, como es el caso de Murviedro (hoy Sagunto), en la 
falda del castillo que la domina. No siempre podía ser así, y no hay que 
admirarse que el osario de Huesca se encontrara «algo alejado de la jude- 
ría»^\ y el de Calatayud a más de 2 km de la población El de Barcelona, cuya 
situación a media altura de Montjuic, frente al mar, con la cantera al lado, puede 
considerarse arquetípica, también se encuentra a media hora de camino de las 
murallas antiguas de la ciudad. Las pequeñas aljamas como Epila e Ulueca 
carecían de osario y llevaban a enterrar sus diluntos al más próximo^^. 

72 SefXlX Madrid 1981, págs. 114-120. 

73 SefXL, Madrid 1980, pág. 88. 

74 5e/XIII, Madrid-Barcelona 1953, pág. 363 

75 Sef LW, Madrid 1995, pág. 146; vol. LVI, 1996, pág. 104. 



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112 



Jaume RIERA SANS 



Los cementerios se veían. Con leves indicaciones documentales que los 
ubiquen aproximadamente, también podrían «verlos» fácilmente los arqueó- 
logos si quisieran tener presentes las condiciones señaladas. Hay que estar 
muy desinformado para estampar, como se ha hecho, que «las características 
y rasgos de un cementerío altomedieval cristiano y un cementerio hispanoju- 
dío son tan similares que es difícil diferenciarlos»^^ Muy al contrario, unos y 
otros responden a cánones estructurales completamente diferentes. Un lugar 
de enterramiento que no cumpla, como múiimo, estar en terreno inculto, en 
declive, y con las sepulturas orientadas a Tierra Santa, hay que descartar que 
pueda ser judío. Las sepulturas recientemente excavadas en la ciudad de 
Valencia, estando, según se nos informa, orientadas de otra manera, no son 
judías^. 

Las piedras tumulares, como ya se ha indicado, sirven para señalar el lugar 
de una sepultura. Que se grabe en ellas el nombre del difunto, con más o 
menos dosis de literatura, responde a unos usos sociales que no son vinculan- 
tes. Aunque sea así, la piedra recibirá inscripción días o meses después de la 
inhumación del cadáver, y los familiares habrán de abonar gastos"^". Es muy 
fácil que la inscripción prevista no llegue a hacerse realidad. No ha de causar 
extrañeza que no se conserven inscripciones hebreas de la España musulma- 
na, y que sean tan escasas, casi singulares, las inscripciones recuperadas en 
muchas localidades donde sabemos que hubo aljama numerosa. 

Las piedras hablan, se dice. Cabe añadir que se mueven de un lado para 
otro como si tuvieran patas, y a menudo, como el río Guadiana, desaparecen 
para volver a aparecer. En el momento de publicar el informe sobre las 
excavaciones de urgencia en el osario de Montjmc, de Barcelona, en 1945, 
una de las lápidas desentenadas ya se daba por desaparecida^^. Es conocido el 
caso de la inscripción hebrea existente en Menorca, trasladada allí desde la costa 
africana*^". La lápida funeraria de Don Salomó Cresques, que se dice hallada en 
Fondarella (Lérida), no es creíble que proceda de esta pequeña localidad, donde 
nunca existió aljama; adjudicaila a la de Agramunt es puro supósito**'. 

76 SefXXXVm, Madrid 1978. págs. 333-355. 

77 Saitabi 46, Valencia 1996. págs. 261-275. 

78 Una mossehah grande, bien cortada por un cantero profesional, no era barata. La de 
Vivó Abdalhac, de Mallorca, costó 12 libras en 1386: Analecta Sacra Tarraconensia 46, 
Baicelooa 1973, págs. 95-96. 

79 SefWn, Madrid-Barcelona 1947, lámina XI. 

80 Cantera; Millás, Las Inscripciones cit., níkn. 225. 

81 Ib(dem,núm.2(yi. 



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Acopio y destrucción del patrimonio hispanojudto II3 



Dado que hablan y se las toma como testigos elocuentes del pasado, no 
han faltado desaprensi\os que han fabricado inscripciones para «probar» 
hechos imaginados por ellos. Hs el caso de las inscripciones de Carmona y de 
Sagunto, que alguien todavía intenta rehabilitar^-. Parece que no han sido 
escasos los epigrafistas que han caído en la tentación de fabricar nuevo 
material de su especialidad. El profesor Millás, sin plantearse criterios, dio 
por auténticas todas las inscripciones que se le presentaron. El profesor 
Cantera sólo una vez rechazó como espúreo un capitel con inscripción bíblica 
hallado en poder de un traficante de antigüedades'' \ 

Estamos de acuerdo que es difícil sentar criterios de autenticidad y de 
falsedad. Deberíamos estarlo también para no dar la autenticidad siempre por 
supuesta, o, al menos, no alentar a los falsarios. El profesor Cantera termina- 
ba su estudio sobre la famosa pileta trilingüe de Tarragona, hallada en poder 
de un coleccionista de antigüedades, con estas imprudentes palabras: «La 
nueva inscripción deja abierta la esperanza a próximos y quizá notables 
descubrimientos arqueológicos hebreos en España»^. Las esperanzas se vie- 
ron colmadas. Pocos meses después, aparecía en la misma Tarragona, tam- 
bién sin contexto arqueológico, una inscripción judía bilingüe de la época 
tardorromana, de la que se comentaba, con extrema candidez, que «ofrece 
notoria semejanza con el texto latino de la célebre lápida trilingüe de Torto- 
sa»*^. 

El judaismo deja a sus muertos en paz. Cuando todavía había judíos, los 
viejos osarios daban la impresión de abandonados. Mucho más, naturalmen- 
te, cuando los judíos se vieron obligados al exilio. Las piedras de los osarios 
eran fácilmente aprovechables. Las grandes en forma tumular, invertidas y 
vaciadas, servían para abrevadero de animales o pilas de fuentes públicas. 
Las rectangulares, aserradas, para dinteles de puertas y ventanas. Y todas, en 
general, se ofrecían más a mano que las que debían extraerse de las canteras. 

Por orden del rey Juan I, en 1392, las piedras del osario de Valencia 
fueron llevadas al Real^^. Las de Tortosa sirvieron para reparar los muros de 



82 SefLW, Madrid 1995, págs. 239-256. Que el lugar donde se decía haberse encontrado 
el sepulcro especial y el epitafío de Adoniram coincida con el osaño, no es signo de autentici- 
dad. Lo que más abunda en un osaño, son los sepulcros. 

83 SefXXVl, Madñd-Baicelona 1966, págs. 305-307. 

84 SefXV, Madrid-Barcelona 1955, pág. 156. 

85 SefXYU. Madrid-Barcelona 1957, págs. 5-6. 

86 ACA, Canc, Reg. 1963, íol. 175r. 



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Jaume RIERA SANS 



la ciudad, y allí se ha podido recuperar algún epitafio''^ También las de 
Lérida fueron tomadas por los paers, en 1380, para rehacer los muros'^^ Las 
piedras del Montjuíc de Barcelona fueron vendidas a partir de 1392 para 
pagar deudas de los conversos. Las de Perpiñán fueron subastadas en 1420 
por orden del rey Alfonso. Todas las piedras del osario de Mallorca se 
echaron al mar, en 1424, por orden de los jurados, para construir el muelle^ '. 

La Historia empuja el legado hispanojudío hacia el silencio. Aquí nos 
hemos reunido, aquí estamos, para conservarle la voz. 



87 SefXW, Madrid-Barcelona 1955, págs. 389-393. 

8K ACA. Canc. Reg. 809. fol. 19.V-V. 

89 Analecta Sacra Tarraconensia 46, Barcelona 1973, pág. 114. 



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ARTE CEREMONIAL JUDÍO 



Elena Romero 

CSIC-Madrid 



Antes de entrar en el examen del arte ceremonial judío, conviene hacer 
algunas precisiones introductorias. 

Dada la vida mayoritariamente enclaustrada de las comunidades judías en 

la diáspora, y quizás también a causa de la reserva mostrada por algunos 

rabinos hacia las artes plásticas, desde la destrucción del segundo Templo 
hasta la emancipación del siglo XIX el arte judío se ha centrado principal- 
mente en la construcción y decoración de sinagogas y en la producción de 
objetos ceremoniales, los cuales se usan no solamente en la sinagoga sino 
también en el hogar, durante los sábados y las festividades, así como en los 
ritos del ciclo vital. 

Asimismo, desde la antigüedad hasta el siglo XIX no se puede hablar de 
un arte propiamente judío, sino que en cada momento los judíos se han 
servido para su arquitectura y para su arte mobiliario de los materiales, 
técnicas, modas y estilos propios de los pueblos con los que han estado en 
contacto en los distintos lugares donde han habitado. Lo singular y específico 
son, pues, los motivos ornamentales — y no todos — y la función específica 
de edificios y objetos. 



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Entre los motivos ornamentales más frecuentes cabe señalar algunos que 
comparten con otros pueblos, como coronas, escudos, leones rampantes y águi- 
las, amén de motivos geométricos y tlorales; otros son de uso específico o 
mayoritario por paite de los judíos, como la menorá o candelabro de siete brazos, 
las tablas de la ley, los instmmentos del Templo, las dos columnas salomónicas, 
el maguen David o estrella de seis puntas formada por dos triángulos equiláteros 
superpuestos en sentido opuesto, en el mundo asquenasí las figuras de Moisés y 
Aarón, y en general el uso de la letra hebrea como elemento ornamental. 

Cabe también señalar que durante su larga Edad Media muy pocos han 
sido los judíos que se han dedicado a las artes plásticas y pictóricas, no ya en 
el campo del arte religioso sino tampoco en el profano; su actitud hacia tales 
artes ha sido más que negativa, ambivalente, y la causa de ello no parece ser 
la prohibición bíblica de fabricar imágenes {Ex 20:4 y Deut 5:8 y sobre todo 
4:16-18). la cual se entiende como relativa a las que se hacen con fines 
idolátricos. Efectivamente, los judíos han usado también el arte figurativo 
incluso para usos religiosos y litúrgicos; citemos un par de ejeniplos: la 
sinagoga de Dura Europus (Siria) del siglo VI, profusamente decorada con 
frescos que recogen variadas escenas bíblicas; y las miniaturas figurativas de 
libros religiosos (Biblias. Haí^ado!. oracionales) iluminados desde la Edad 
Media en adelante. Pero lo que sí resulta evidente es que en determinados 
períodos y contextos los judíos han imitado las tendencias iconoclastas de sus 
vecinos musulmanes, y que en determinadas áreas, la muy profusa iconolatría 
católica ha desarrollado el rechazo de los judíos por las artes figurativas. 

La escasa participación judía en las artes plásticas durante la Edad Media 
la intentan explicar algunos críticos por varías razones, de las cuales mencio- 
naré las más repetidas: contraríamente a lo que sucedía con los cristianos, los 
judíos, con un elevado porcentaje de personas letradas y familiarízados por su 
sistema educativo con la historía bíblica, no necesitaban de su representación 
plástica como único sistema para conocerla; el culto a los santos hace que en 
las iglesias el arte pictórico y plástico sea imprescindible, mientras que tal 
culto no existe en el judaismo; etc. 

Finalmente quiero señalar que en mi exposición no voy a ocuparme del 
arte judío antiguo; a la hora de examinar detalles arquitectónicos y de poner 
ejemplos me ceñiré mayorítaríamente a los ámbitos hispano y sefardí; y no 
trataré de la importante faceta de la iluminación de manuscritos y la decora- 
ción de impresos, ya que en este curso hay otra conferencia dedicada al tema. 
Por la misma razón mi exposición sobre la sinagoga desarrollará sólo aspec- 
tos arquitectónicos y ornamentales. 



Arte ceremonial judío 



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A. SINAGOGAS 

1. Arquitectura sinagogal 

Como ya he adelantado, no se puede hablar en términos generales de una 
arquitectura judía y lo que en ella hay de singular es la selección de ideas 
preexistentes y su adaptación a las necesidades propias; sólo desde el siglo 
XVI al XVIII los judíos de la Europa oriental lograron crear un concepto 
arquitectónico propio. Así pues, en cada momento los judíos se han servido 
de los materiales de construcción, las modas y los estilos propios de la época 
y país de asentamiento, lo que ha dado lugar a una gran variedad de formas 
arquitectónicas a todo lo ancho y lo largo de Europa. 

Ya que los judíos en Europa no han tenido nunca poder político, su único 
edificio suntuario son las sinagogas, las cuales tienen un papel importante no 
sólo como lugar de oración sino también como centro comunal. Su uso como 
lugar de oración es lo que ha determinado su estructura interna: la sinagoga, 
sustituto del Templo, responde a una concepción del culto basada en la 
participación de todos los feligreses en una liturgia colectiva. 

Por muy diferentes que sean sus rasgos arquitectónicos, todas las sinago- 
gas tienen sin embargo algo en común: aquellos elementos que vienen deter- 
minados por la práctica religiosa. Deben estar orientadas hacia Jerusalén; y 
en su interior los dos puntos que según las exigencias de la liturgia constitu- 
yen los centros de atención son: el hejal o arón hacodeS, especie de armario, 
arca o nicho en el muro del edificio orientado hacia Jerusalén, donde se 
guardan los rollos de la ley (sefarim) preceptivos en la lectura sinagogal; y la 
tebá o bimáy pupitre colocado habitualmente sobre una tarima donde se sitúa 
el oficiante para dirigir la oración y llevar a cabo las lecturas preceptivas. 
Además, una sinagoga debe contar con asientos para los fieles, generalmente 
bancos, y con una 'a¿aráy espacio reservado para las mujeres. Nada hay 
prescrito sin embargo sobre el emplazamiento de cada uno de los elementos 
mencionados, y las soluciones que se han dado al respecto caracterizan los 
determinados estilos arquitectónicos judeoeuropeos. 

Sobre los edificios sinagogales han pesado no sólo las prescripciones 
rabúiicas, sino también las legislaciones musulmana y cristiana, siempre en 
conflicto con la primera. Las leyes rabínicas, dictadas para la vida judía en 
Palestina y Babilonia que se desarrollaba en circunstancias mucho más libres, 
requerían que las sinagogas ocuparan el lugar más elevado del área; pero los 



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Elena ROMERO 



musulmanes y cristianos promulgaron leyes tendentes a restar grandiosidad al 
exterior de las sinagogas, limitando su ornamentación y su altura, la cual no 
podía sobrepasar la de mezquitas o iglesias. En determinados períodos se 
prohibió construir nuevas sinagogas y rehabilitar las antiguas. 

Como resultado de lodo ello, y también del propio interés judío en no 
llamar la atención, puede decirse que hasta la emancipación la mayor parte de 
las sinagogas europeas suelen tener una apariencia externa austera y pobre, 
sin apenas diferencias con los edificios del entorno. Recuérdese también que 
las sinagogas carecen de campanarios o de minaretes, elementos que subra- 
yan claramente en el exterior la presencia de iglesias y mezquitas. 

En cuanto al problema de la altura, los judíos lo han solucionado de forma 
simbólica, bien construyendo parte del edificio bajo el nivel del suelo, con lo 
que se ganaba altura en el interior, bien añadiendo una disimulada pértiga 
sobre la techumbre para darle mayor altura. 

La mayoría de las sinagogas medievales no pasaban de ser más que 
una habitación: pero sabemos de algunas mayores que en el propio edifi- 
cio o en dependencias anejas albergaban la escuela, la sede del tribunal 
rabínico, el baño ritual, el horno, las oficinas comunales, el hospital para 
viajeros, etc. 

Ya he mencionado cómo los rabinos de la antigüedad habían sido permi- 
sivos en cuanto a la ornamentación interior, no estando prohibido el uso de 
mosaicos y frescos; sin embargo, hubo alguna oposición a la decoración 
representativa que podía distraer la concentración de los fieles. En los tiem- 
pos medievales, primero por influencia del Islam que no permite la represen- 
tación figurativa, y más tarde por la del ascetismo cristiano, los judíos tendie- 
ron a la sobriedad en la decoración de sus sinagogas, absteniéndose de los 
elementos figurativos. 

Las sinagogas de los reinos hispanos son en general de estilo mudéjar con 
algunos elementos de influencia gótica. En el interior, la decoración, también 
mudéjar, suele ser a base de mocárabes con motivos florales y geométricos, a 
los que se añaden firanjas con inscripciones en hebreo. En la Península han 
convivido dos estructuras: la dividida en varias naves por filas de colunmas 
octogonales, como Santa María la Blanca de Toledo, de cinco naves, y la 
sinagoga de Segovia, hoy iglesia del Corpus Christi; y la de una sola nave, 
como El Tránsito de Toledo y la sinagoga de Córdoba. En estas dos últimas, 
una galería situada en el piso superior y abierta sobre la sala de oración 
constituye el espacio reservado para las mujeres. 



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Arte ceremonial judío 



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El problema del equilibrio entre los dos focos de atención arriba mencio- 
nados se solucionó en el mundo hispanohebreo mediante un sistema bipolar: 
el arca en el lado este y el estrado apoyado en el muro oeste, quedando así los 
dos elementos frente a frente. Recordando los pulpitos de las iglesias y 
mezquitas, el estrado solía situarse considerablemente elevado sobre altas 
columnas y a él se accedía mediante unas escaleras. 

Tanto el arca como el estrado y pupitre del oficiante son los elementos en 
los que los artífices han desplegado su habilidad en el tallado de la madera, 
destacando por su belleza los renacentistas y barrocos de las sinagogas italia- 
nas. £1 estrado suele estar provisto de una balaustrada de madera tallada o de 
hierro forjado y con frecuencia lo cubre un dosel sostenido por columnas. 

2. Objetos sinagogales 

Son contados los objetos ceremoniales judíos que nos han llegado anterio- 
res al siglo XVI y tampoco son muy abundantes los conservados de ese 
mismo siglo y el siguiente; así pues, puede decirse que en general las piezas 
que hoy día se exhiben en sinagogas y museos proceden de los últimos 
trescientos años. Sin embargo, el lector debe tener en cuenta que, aunque los 
objetos que hoy se conservan son mayoritaríamente modernos, puede hablar- 
se de ellos en términos generales, ya que siendo inmutable la norma religiosa 
que prescribe su uso, tales objetos han acompañado desde siempre la vida del 
judío y de las comunidades judías. 

El objeto sinagogal más preciado es el séfer Torá o rollo de la ley, siendo 
frecuente que las sinagogas alberguen más de uno. Consiste en un rollo de 
pergamino compuesto por varias tiras cosidas entre sí que se sujetan en sus 
dos extremos a sendas varas. Los rollos se guardan bien en estuches de 
madera recubiertos con cuero o metal, generalmente plata labrada, bien en- 
vueltos en un manto o funda {mapá o me'íl), cerrado por arriba salvo un par 
de agujeros y abierto por abajo, que suele ser de seda o de terciopelo ricamen- 
te bordados. Los rollos se sujetan mediante una larga banda de lino o de seda; 
en determinadas comunidades era costumbre que las madres las fabricaran 
con la pieza de lino usada en la circuncisión de un hijo, y cuando a la edad de 
cuatro o cinco años el niño visitaba por primera vez la sinagoga, hacía 
entrega de la banda, en la que bordados o pintados solían aparecer su nombre, 
bendiciones tradicionales deseándole virtudes y beneficios y también escenas 
alusivas. 



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Séfer Torá o rollo de la ley para uso sinago- 
gal; está recubierto con el manto o mapá, 
sobre el que pende el tas o placa votiva, y 
rematado por el kéter o corona. 




delabros, oracional con el texto de las bendi- Hanukiyá. candelabro de ocho candelas más 
dones y copa para la bendición del vino o una novena denominada samás, propio de la 
quidús. fiesta de Hanuká. 



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Carraca, propia de la fiesta de Rurim. 




Ketubá o contrato matrimonial. Amuleto. 



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Sobre la lunda del séfer se colocan otros adornos votivos de latón o de 
plata labrada. Encajados en los extremos de las varas van los llamados rimo- 
nim ('granadas") o tcipiihim ('manzanas'), generalmente adornados con cam- 
panillas; y también sobre la funda puede ir el kéter o 'atará ("corona" ). Sobre 
el manto se suele colgar el tas o pectoral, placa votiva generalmente de plata 
y adornada a veces con piedras semipreciosas. 

Para la lectura del texto sagrado el oficiante se ayuda de un puntero 
rematado en una vaJ ('mano" ) con un dedo extendido, hecha de plata, madera 
o marfil, la cual frecuentemente se adorna con incrustaciones de piedras 
semipreciosas. 

El arca se cierra con puertas, generalmente de madera o de bronce labra- 
das, y se cubre con una cortina, el parójet, hecha de terciopelo o de brocado 
ricamente bordado. Con ocasión de las conmemoraciones solemnes de Ros 
hasaná ('Primero de año') y Yom Kipur ('Día del perdón'), la cortina habitual 
de colores vivos se cambia por otra blanca. Delante del arca suele colgar el 
ner tamid, una lámpara permanentemente encendida. 

Otros objetos sinagogales son bancos y sillerías de madera noble labrada, 
mapot o tapices de paño bordado para cubrir el pupitre del oficiante, platos y 
alcancías para recolectar los fondos destinados a las organizaciones de bene- 
ficencia, lámparas votivas — de aceite en las sinagogas sefardíes y de velas en 
las asquenasíes — , etc. 

3. Objetos personales de culto 

A todo lo anterior debemos añadir los objetos personales de culto, que si 
bien forman parte del ajuar casero, son prímordialmente de uso sinagogal. 

Señalemos en primer lugar los oracionales, cuyas cubiertas pueden ser de 
tafilete, cuero repujado, madera noble, nácar o metales preciosos ricamente 
labrados y generalmente con manecillas de plata. A ellos hay que añadir 
otros varios objetos litúrgicos. El taled (hb. talit) o manto de oraciones, 
antigua vestidura habitual de los varones, que con el paso del tiempo quedó 
restringido a un uso litúrgico; puede estar hecho de lana, lino, algodón o 
seda, y es habitualmente blanco con bandas azules o negras y está rematado 
en sus cuatro ángulos por los sisiyot o fimias (sing. sisit, *flecos, fimbrias'); 
en ocasiones la parte superior, en tomo al cuello y sobre los hombros, la 
forma una pieza de tela cosida al manto con hilo de plata a veces adornada 
con pedrería. Los tefilín o filacterias, par de estuchitos de cuero que contie- 



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Arte ceremonial Judío 



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nen un pergamino con pasajes bíblicos y que se prolongan en unas correas 
con las que se fijan en el brazo izquierdo y en la cabeza durante la oración de 
diarío de la mañana. Las bolsas o fundas para guardar las filacterías y el 
taled, generalmente de terciopelo, bordadas con el nombre del propietario y 
grecas variadas. La kipú o solideo de terciopelo o de seda bordado. Etcétera. 

B. OBJETOS CEREMONIALES PARA LAS FESTIVIDADES 

Algunos de los más bellos objetos ceremoniales corresponden a la cele- 
bración de los sábados y festividades, los cuales además de encontrarlos en 
las sinagogas, forman también parte destacada del ajuar casero. Mencionare- 
mos en primer lugar los correspondientes al sábado y después los de otras 
fiestas, siguiendo el orden del calendario litúrgico judío. 

1. El sábado 

El sábado es la fiesta por excelencia del judaismo, y como sucede con los 
días del calendario judío, se inicia con la puesta del sol de la víspera. Antes de 
la caída de la tarde del viernes es preceptivo encender velas en la casa, y para 
tal fin se han producido, tanto en bronce como en plata, lámparas de varios 
brazos ricamente decoradas y candelabros ornados con figuras de animales y 
flores. 

Otro objeto sabático — usado también en otras fiestas — es el cáliz 
para el quidás o bendición del vino, realizado en malciialcs muy varia- 
dos, desde metales preciosos a cristal, que suele estar adornado con 
frases hebreas de la bendición ritual, el nombre del propietario y motivos 
florales. También son prescriptivos para la ceremonia de salida del sába- 
do los recipientes de especias olorosas, de uso cu la ceremonia de la 
hahdalü ("separación') que marca el fin del día santo y el principio del 
profano; en ella se aspira el aroma de especias guardadas en un recipien- 
te, se enciende una vela, se bebe una copa de vino y se apaga la vela en 
las gotas derramadas en un plato, todo ello acompañado de las bendicio- 
nes correspondientes. Tales especieros han sido sin duda el objeto favori- 
to para la creatividad de los artesanos judíos, quienes los han producido 
generalmente en plata y de tamaños y formas muy variadas, imitando 
torres, flores, frutos, peces, pájaros y hasta molinos de viento. 



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2. Ros haSaná y Yom Kipur 

En estas dos conmemoraciones solemnes del calendario judío (entre septiem- 
bre y octubre) es preceptivo en el rezo sinagoga! el uso del sofar^ cuerno de 
camero, chivo, cabra montés, antílope o gacela, preparado para uso musical y 
con diversos y complejos toques, que es uno de los instrumentos más antiguos 
aún en uso que se conserv^an. En el antiguo Israel se usaba para proclamar el año 
jubilar, en la festividad de Primero de año y también en procesiones, para llamar 
al combate, etc. Durante la Edad Media el sofar se tocaba también en los ayunos, 
en las excomuniones y en los funerales; y en la tarde de los viernes mediante tres 
toques que sonaban a intenalos se avisaba a los trabajadores del cese de sus 
tareas, señalando el tercero el encendido de las velas. Hoy día su principal uso 
litúrgico es en Ros hasaná ('Primero de año' ) con varias series de toques durante 
el servicio sinagogal. El sofar no puede estar pintado, pero sí grabado. 

3. Sukot 

La fiesta de Sukot o de las Cabañuelas, que generalmente cae en octubre, en 
el tiempo de la cosecha, dura siete días en los que se debe residir o al menos 
hacer las comidas principales en sukot (sing. suká), cabañas construidas en 
huertos o azoteas en conmemoración de los cuarenta años en que el pueblo de 
Israel estuvo de travesía por el desierto camino de la Tierra prometida, y en las 
que es preceptivo realizar las principales comidas. En las sukot comunales se 
acostumbra después del servicio religioso a dar a los fieles una copa de vino y un 
bocado de pan sobre los que se dicen las correspondientes bendiciones. Para 
construir la suká — ^algunos de cuyos requisitos son estar al aire libre, tener al 
menos tres paredes y por techumbre una cubierta de ramaje que deje pasar la luz 
del sol y permita distinguir las estrellas — , se han buscado a lo largo de los siglos 
soluciones que ateniéndose a las prescripciones bíblicas estuvieran de acuerdo 
con el clima, los materiales disponibles y los gustos de los propietarios. Se han 
conservado algunas con el interior profusamente decorado con pinturas en las 
que se combinan temas religiosos y profanos. 

4. Huiuká 

La ñesta de Hanuká ('Luminarias o Consagración')» por diciembre, conme- 
mora la puriñcación y reinauguración del Templo de Jerusalén en el año 165 



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a.E.c. tras la victoria de los macabeos sobre los griegos seleúcidas. Se celebra 
durante ocho días y su ceremonia principal consiste en encender en la casa una 
lámpara de ocho candelas y una auxiliar, que recibe el nombre de kinukiycí, pieza 
de especial desarrollo en el arte ceremonial judío. Se ha fabricado en materiales 
muy diversos: barro, piedra, bronce, latón, estaño, cobre, porcelana, cerámica, 
cristal y plata, y se dividen en dos familias claramente diferenciadas: las del tipo 
candelabro para sostener velas, y las de pared, fomiadas por una pieza vertical en 
cuya base están los recipientes para las candelas, generalmente alimentadas con 
aceite. Unas y otras pueden estar profusamente adoiiiadas con motivos que 
representan árboles, animales, escenas bíblicas y sucesos históricos. 

Entre los asquenasíes también son propios de esta fiesta los trompos, 
fabricados en diversos materiales, como hueso, marfil, madera, etc.. y decora- 
dos en sus cuatro caras con las letras nun, guímal, hé y sin. iniciales de las 
palabras nes gadol haya Sam (iit. 'un milagro grande hubo allí') con la que se 
alude al prodigio que ocurrió con motivo de la reinauguración del Templo: un 
odre de aceite puro, con el que se podía mantener encendido el candelabro 
sólo durante un día» duró sin embargo ocho días, dando tiempo a los sacerdo- 
tes para preparar nuevo aceite. 

5. Purim 

La fiesta de Ester o de Purim ('Suertes'), que se festeja en marzo y 
algunas veces a finales de febrero, conmemora un acontecimiento ocurrido a 
mediados del siglo V a.E.c.: la salvación de los judíos de manos de sus 
enemigos en el reino persa del rey Asnero, al que algunos historiadores 
identifican con Jerjes. La historia se relata en el libro bíblico de Ester^ el cual 
se lee en la sinagoga en un rollo de pergamino o meguilá, más pequeño que el 
del séfer Torá y a diferencia de éste sujeto a una sola vara. Es la celebración 
más festiva del judaismo — con cierto aire carnavalesco — , en la que es 
preceptivo repartir limosnas, intercambiar regalos, en especial dulces, y hasta 
excederse en la comida y en la bebida; en ella también se acostumbra a jugar 
a juegos de azar. Para guardar el rollo de la meguilá se han fabricado estuches 
cilüidricos de metales preciosos, madera o marfil, profusamente decorados. 

En esa misma fiesta los niños suelen usar carracas que hacen sonar cada 
vez que durante la lectura sinagogal se pronuncia el nombre de Amán, el 
perverso ministro del rey Asnero; tales carracas son generalmente de madera, 
a veces labrada, pero también las hay de marfil. 



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6. Pésah 

La fiesta de Pésah ('Pascua'), por marzo o abril, que dura ocho días, 
señala el comienzo del nuevo ciclo agrícola con la llegada de la primavera y 
conmemora la constitución de los descendientes del patriarca Jacob en un 
pueblo homogéneo, que obtuvo su libertad con el éxodo de Egipto. Con la 
destrucción del Templo y la dispersión del pueblo judío, la fiesta perdió su 
carácter agrícola y quedó desdibujado su significado de fiesta de la libertad, 
con\ irtiéndose en una celebración vinculada mayoritariamente con las pres- 
cripciones alimentarias. La celebración casera se inicia con la ceremonia del 
séder ('orden') o cena ritual. Preside la mesa una bandeja en la que figuran 
ciertos manjares simbólicos: tres panes ácimos o masoí; hierbas amargas o 
maror, habitualmente lechuga y apio, que simbolizan las amargura de los 
judíos en la esclavitud de Egipto; un hueso o zeroa\ en recuerdo del cordero 
que se sacrificaba en el Templo; el ¡}aróset, especie de pasta dulce hecha con 
almendras, manzana y vino, como símbolo del mortero que los israelitas 
preparaban para la construcción de las ciudades del Faraón en los tiempos de 
su esclavitud en Egipto; y un huevo duro; es prescriptivo además beber cuatro 
copas de vino. En la mesa del séder se lee la Hagadá, relato del éxodo que 
contiene textos de muy diversas épocas, los cuales están especialmente orien- 
tados a instruir y explicar a los niños el significado de la fiesta. 

El séder de Pascua ha dado lugar a varios objetos ceremoniales entre los 
que sobresale la bandeja en la que se colocan los alimentos simbólicos, usada 
al menos a partir del siglo Xn. Los materiales en los que se fabrica son muy 
variados: parece que los hispanojudíos usaron también cestillos de mimbre; 
desde el Renacimiento en adelante, si bien la mayoria son de peltre, también 
las conocemos en madera, cobre, bronce, porcelana, fayenza, etc.; entre las de 
cerámica destacan las fabricadas en el norte de Italia (isiglos XVI-XVIU). Los 
motivos usados en la decoración son también muy variados: símbolos judíos 
(menoráy maguén David) o motivos heráldicos; escenas del relato del éxodo 
de Egipto y de otros pasajes bíblicos; episodios de la Hagadá (los rabinos de 
Bené-Berac, los «cuatro hijos», los personajes de la canción Bad gadiá que se 
canta al finalizar el séder^ etc.); los nombres y figuras de los alimentos 
simbólicos; las palabras clave del ritual del séder, inscripciones en hebreo 
(bendición del vino, las palabras arameas «Halabma *aniá» *Este pan de 
la añicción*, etc.); imágenes de los santos lugares; los signos del zodía- 
co; etc. 



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Destacan por su especial diseño las alemanas de tres pisos para colocar en 
ellos los prescriptivos sendos panes ácimos; en otras comunidades la bandeja se 
cubre con un paño bordado con tres alojamientos que cumplen idéntica finalidad. 

Amén de la bandeja, la cena ritual requiere otros utensilios: un cuenco con 
agua y sal, como símbolo de las lágrimas de los israelitas, en el que se mojan 
las hierbas amargas; un recipiente pkra diluir el baróset\ y un aguamanil. 
Todos ellos constituyen piezas decorativas fabricadas en materiales diversos. 

C. OBJETOS CEREMONIALES DEL CICLO VITAL 

La Torá (*Ley religiosa*) regula la vida entera del individuo desde la cuna 
hasta la tumba, y varias de las ceremonias del ciclo vital requieren objetos 
especiales. 

1. Circuncisión 

De las ceremonias preceptivas del ciclo vital la primera es la circuncisión 
{berit milá), que tiene lugar — siempre que la salud del niño lo permita — el 
octavo día del nacimiento del varón judío en señal de la alianza {berit) del 
pueblo de Israel con Dios. Se suele llevar a cabo en la sinagoga, y el instru- 
mental del circuncidador o mohel consta de cuchillos, pinzas protectoras en 
forma de escudete, redomas para recoger la sangre — que después se entierra 
junto con el prepucio cortado — y para los productos astringentes, y una bolsa 
en forma de lira que les sirve de estuche, todo ello ricamente adornado con 
escenas del sacrificio de Isaac y otras propias de la circunstancia. 

Entre los objetos que tienen que ver con esta ceremonia hay que destacar 
la llamada silla de Elias o trono reservado para el profeta, quien según la 
tradición debe estar presente. Son frecuentes las sillas o bancos de dos plazas, 
una para el padrino y otra para el profeta; y destacan por su singularidad las 
de las sinagogas de Provenza, muy pequeñas y permanentemente colocadas 
en un lugar elevado en el mismo muro del arca. 

2. Matrimonio 

Por lo que se refiere al ritual del matrimonio, la novia se sienta bajo un 
baldaquino o dosel ihupa), profusamente decorado, que simboliza el tálamo 
nupcial. Amén del dosel, constituyen objetos aptos para la decoración los 



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anillos y las ketulxn o contratos matrimoniales. Entre los anillos de boda 
resultan especialmente singulares los de la tradición italiana (siglos XVI- 
XIX) y alemana (siglos XVI-XVII); sobresalen por su belleza y originalidad 
los italianos, gruesQS anillos de oro con bellas filigranas o de esmalte, adorna- 
dos a veces con una especie de castillete, que simboliza a la vez el Templo y 
el futuro hogar. 

Ha sido costumbre habitual en la mayoría de las comunidades judías la 
iluminación y decoración de las ketuix)t, conociéndose ejemplos medievales 
tanto de Alemania (1392) como de los reinos hispanohebreos. Sin embargo, 
las piezas más notables son las del siglo XVI procedentes de Italia, de 
algunas comunidades sefardíes de Marruecos y de los Balcanes, y de judíos 
del cercano y lejano este. 

Salvo la modestia en el atuendo y el uso de un velo que cubra el rostro de 
la novia, nada hay prescrito en la religión judía sobre los trajes de boda; por 
tanto la vestimenta para tal acontecimiento ha seguido las modas y estilos 
propias de cada época y de su ámbito cultural. Cabe quizá señalar aquí el traje 
llamado «de berberisca», propio de la tradición sefardí de la zona del Estre- 
cho de Gibraltar. Se trata, como su nombre indica, de un traje de fiesta 
adoptado de la tradición autóctona y consta de los siguientes elementos: una 
falda larga y muy amplia llamada jialdeta, que se arrolla a la cintura y se 
complementa con un corpiño, denominado punta; ambas prendas son de 
terciopelo profusamente bordado con hilo de oro y van sujetas por la cucha- 
ca, faja ancha de seda bordada en oro; sobre todo ello se viste el jasot, especie 
de chaleco descotado, también de terciopelo bordado en oro, con mangas 
largas y anchas de gasa bordadas en oro. Al vestido se suma además un 
complejo tocado compuesto por dos diademas o tiaras, la sfifa y el hemar, 
adornadas con perlas finas y piedras preciosas; la ojciyá, banda ancha de seda 
y oro entretejidas, que se prende del tocado y cae por la espalda hasta los 
pies; y un gran velo blanco de gasa que cubre la cabeza de la novia. Tal 
vestido, incorporado a la tradición sefardí quizás a partir del siglo XVIII, lo 
viste hoy día la novia en la denominada «noche de paños», fiesta habitual- 
mente casera que precede al día de la boda. 

3. Muerte 

Sobre los ceméntanos judíos, de los que no voy a ocuparme ya que en este 
curso hay una conferencia relativa al tema, quiero sin embargo hacer resaltar 



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la sobriedad de su decoración. Las lápidas, generalmente de mármol — ^bien 
sean cipos o piedras horizontales, a veces en forma de prisma que recuerda la 
forma de un ataúd que puede apoyarse sobre una base rectangular — . amén de 
algún símbolo judío o adornos florales, no suelen llevar más decoración que 
el imii^uén David e inscripciones en hebreo, recogiendo los datos del muerto 
y eulogias al uso. 

Llama la atención por lo infrecuente el cementerio sefardí de Ouderkerk, a 
pocas leguas de Amsterdam, junto al río Amstel, inaugurado en 1614. Sus 
espectaculares mausoleos contrastan con la habitual sobriedad de los cemen- 
terios judíos, y los símbolos de sus lápidas, en las que trabajaron famosos 
escultores holandeses, reflejan una profunda influencia católica. 

D. OTROS OBJETOS CEREMONIALES 

Para terminar hay que mencionar otros objetos, alguno prescriptivo, como 
la mézjuzái y otros votivos o decorativos que están relacionados con la creen- 
cia religiosa o con sus manifestaciones populares. 

1. La meiváá 

Las casas y edifícios públicos judíos deben tener en las jambas de las 
puertas una mezuzd, estuche que contiene un pergamino enrrollado que lleva 
escritos unos pasajes de la oración de la ¿emá ' o profesión de fe del judaismo; 
los estuches se han fabricado en diversos materiales, desde los más nobles a 
los más corrientes — ametales preciosos o no, madera e incluso porcelana — y 
con innumerables diseños y formas. 

2. Los sivití 

Se trata de tablas votivas de adorno sinagogal y casero, usadas desde el 
siglo XVm en adelante; reciben tal nombre a partir de la palabra inicial del 
salmo 16.8 He puesto a Dios siempre delante de mí que aparece en su 
ornamentación. Muchos de ellos están proñisamente decorados, siendo los 
motivos más comunes el candelabro y edifícios y mapas que representan los 
santos lugares de Tierra santa. Se han hecho de madera pintada y también de 
papel decorado con pintura, tinta y aplicaciones de papel cortado. 



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Elena ROMERO 



3. Calendarios para el 'ómer 

Se trata de paneles decorados con la cuenta del Umer, nombre que recibe 
el período de 49 días que media entre la mañana del segundo día de Pascua, 
en el que antiguamente se realizaba la ofrenda al Templo de una medida de 
cebada u 'ómer, y la fiesta de Scihu'ot o Pentecostés, en la que se ofrendaban 
las primicias de campos y huertas. Para seguir con facilidad la cuenta era 
bastante común tener en las casas calendarios de este tipo. 

4. Los amuletos 

Aunque no son objetos propiamente relacionados con las prescripciones 
cultuales, sí lo están con la creencia supersticiosa arraigada prácticamente en 
todos los pueblos del mundo. 

Son relativamente frecuentes los destinados a los niños para preservarlos 
del mal de ojo, elaborados frecuentemente en metal decorado con variadas 
inscripciones hebreas. Los judíos afincados en países árabes han incorporado 
a su acervo cultural símbolos de buena suerte propios del mundo islámico, 
como por ejemplo, la llamada «mano de Fátima», etc. 

BIBLIOGRAFÍA ILUSTRATIVA 

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Czechoslovak State Collections (New York 1983). 
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1966). 

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Arte ceremonial judío 



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Revistas especializadas 

Jewish Art, Canter for Jewish Art of the Hebrew University (Jerusalén 1974-). 



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II 



LO DE AYER": EL PATRIMONIO INMUEBLE 




Sinagoga del Tránsito. Interior. Museo Sefardí. Ministerio de Educación y Cultura. 



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EL ESPACIO COMUNAL POR EXCELENCLV: 

LA SINAGOGA 



Yolanda Moreno Koch 

Universidad Complutense, Madrid 



Con el nombre de Sinagoga, del término griego synagogé, se conoce el 
lugar donde los judíos, desde tiempos antiguos, realizaban la oración en 
comunidad. A lo largo de los siglos se le ha denominado de diferentes 

formas, y ha reunido en ella distintas instituciones, lo que ha motivado 
opiniones diversas entre los investigadores que creen que su origen tiene una 
base bien sociopoh'tica, bien socioeconómica, aunque la mayoría coincide en 
que se trata simplemente del lugar que sustituyó al Templo. A veces recibe el 
nombre de Miqdas me'at = santuario pequeño (ya que el Miqdas por excelen- 
cia es el Templo) o Bet Midras - Casa de estudio, aunque el nombre más 
común es Bet hakeneset = Casa de reunión. 

En lo referente a su orientación, en el Tratado Berajot 3 del Talmud se 
dice: 

«Los que se encuentren fuera de la Tierra de Israel deben volver 
su corazón hacia la Tierra de Israel; los que se encuentren en Israel 
volverán su corazón hacia Jerusalem, y los que estén en Jerusalem 
hacia el Templo... Aquéllos que estén en el Norte de Jerusalem al 



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Yolanda MORENO KOCH 



Sur, los del Sur al Norte, y los del Oeste al Este de modo que todo 
Israel rece (orientado) hacia el mismo lugar». 

El Talmud prohibe rezar en una habitación sin ventanas y aunque la 
Haidjá establece que el lugar de oración debe tener doce (una por cada una de 
las tribus de Israel), sin embargo no es lo más frecuente. Rasi opinaba que «las 
ventanas son necesarias porque permiten a quien reza ver el cielo». Normalmente 
suelen estar situadas en lo alto de la estancia, por encima del nivel de la vista, con 
el fin de que el orante no pueda distraerse con el exterior ni que posibles curiosos 
tengan la oportunidad de provocar la distracción de los reunidos. 

La oración formaba parte del culto judío y originalmente del servicio del 
Templo. La ofrenda de sacrificios en el altar era la principal expresión de 
devoción a Dios unida al uso de palabras — en oraciones — paralelo al sacrificio. 
Cuando el primer Templo de Jerusalem fiie destruido en el año 586 a.e.c. por 
los babilonios, y durante todo el tiempo transcurrido hasta su reconstrucción, 
aproximadamente en el 515 a.e.c, supuso para muchos el abandono del Dios 
de Israel por otros dioses. Pero una parte de ese pueblo desterrado y siguiOT- 
do las enseñanzas de los profetas Jeremías y Ezequiel creyeron que la depor- 
tación no era abandono, sino una prueba que Dios les enviaba. Estos grupos 
de gentes comenzaron a reunirse con el objeto de reavivar su fe según se lee 
en el Salmo 137, 1-2: «Junto a los canales de Babilonia nos sentamos y 
lloramos con nostalgia de Sión». Muchos deportados regresaron a Sión, a los 
antiguos lugares de residencia, pero muchos otros quedaron en la diáspora y 
continuaron reuniéndose con el fín, entre otros, de reafirmar su fe. Y así se 
continuó durante toda la diáspora; cada comunidad o grupo de deportados 
procedentes de lugares comunes tenían sus reuniones en la sinagoga. 

No podemos establecer cuándo o en qué momento comenzó la costumbre 
de asistir a la sinagoga. Algunos consideran que fue al regreso del destierro 
de Babilonia, alrededor del 515 a.e.c. en tiempos del profeta Esdrás a quien se 
denominaba, junto a sus sucesores, como «Los hombres de la Gran Sinago- 
ga». Pero determinar una fecha exacta para designar la aparición de edificios 
como sinagogas no es hasta ahora posible. 

L Levy opina que la Sinagoga existió como institución ya desde el período 
del primer Templo. Según J. Weingreen los sacrificios en el Templo iban 
acompañados de oraciones en los santuarios o templos locales y de ahí que 
cuando Josías prohibió los sacrificios en ellos, el pueblo siguió con el culto 
oral, similar al que existió en las sinagogas. Otros opinan que surgió con la 



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El espacio comunal por excelencia: la sinagoga 



137 



reforma del profeta Josías (638-608 a.e.c.) en que el Templo era el único 
lugar permitido para la ofrenda de sacrificios, y los habitantes de los lugares 
lejanos a Jerusalem tomaron la costumbre de reunirse para realizarlos. El 
Nuevo Testamento documenta sobradamente la existencia de sinagogas, tales 
como la de Nazaret en Me 6,2; Mt 13,54: Le 4,16 o la de Cafarnaún en 
Me 1,21; Le 4,33 y 7,5 y Jn 6,5-9, por ejemplo. En el libro de los Hechos de 
los Apóstoles puede constatarse la existencia de sinagogas donde Pablo predica- 
ba: en Damasco y en Asia Menor además de otros lugares como Grecia o Chipre. 

Con el paso del tiempo su primitiva función evolucionó. Además de casa 
de oración, Bet ha-tefillah, se convirtió en casa de reunión comunitaria y 
lugar de estudio, recibiendo entonces el nombre de Bet ha-midras. A diferen- 
cia del Templo, el culto en la sinagoga depende de la comunidad. Según la 
Ley judía, diez varones judíos mayores de trece años constituyen el minyan o 
quorum necesario para que se pueda realizar el rezo en comunidad, y es el 
número mínimo exigido para ello. Las partes fijas en el culto sinagogal son la 
oración y la lectura de las Escrituras. 

En los primeros tiempos se acudía a la sinagoga los sábados, los días de 
fiesta y los lunes y jueves, cuando los habitantes del campo iban a la ciudad, 
momento que aprovechaban para asistir a los tribunales de justicia. Se asistía 
para rezar el Sema'= *Escucha', oración que forma parte de cada servicio 
religioso además de por las noches antes de acostarse, y que es la profesión 
de fe del judío y se basa en el texto de Deut 6, 4-9: 

«Escucha Israel: Adonay, nuestro Dios, Adonay es Uno...»; 

Deut 11, 13-21: 

«Y acaecerá que si obedecéis puntualmente los preceptos que yo 
hoy os prescribo amando a Adonay, vuestro Dios, y sirviéndole con 
todo vuestro corazón y toda vuestra alma...», 

y Núm 15, 37-41: 

«Adonay habló a Moisés, diciendo: 'Habla a los hijos de Israel 
y diles que se hagan flecos en los vuelos de sus vestidos... a fin de 
que recordéis y cumpláis todos mis mandatos y estéis consagrados a 
vuestro Dios...» 



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Yolanda MORENO KOCH 



La TefiUah = 'oración*, también se la conoce como Semoneh Esreh 
compuesta inicialmente por dieciocho bendiciones y Amidah ya que se reza 
de pie y en silencio. 

La mayor sala del Templo era llamada Ezrat nasim, lugar donde se 
situaban las mujeres. Según Lev 15, 19-32 no podía mezclarse lo puro con lo 
impuro, e.d. debido al período menstrual de las mujeres, los hombres no 
podían juntarse con ellas, aunque esta separación también se aplicaba a 
aquellos hombres que tenían enfermedades de la piel, lepra y casos específi- 
cos de impureza (Lev 13, 15). Existe la opinión de que antes de que Moisés 
recibiera las tablas de la Ley, se ordenó a los israelitas que debían mantenerse 
apartados de sus mujeres en estado de pureza durante tres días. 

Posteriormente la separación entre hombres y mujeres se hacía de diferen- 
tes maneras: por ejemplo, en las sinagogas ortodoxas se colocaba un biombo 
o cortina con el objeto de que hombres y mujeres no se pudiesen ver durante 
el rezo y no se distrajesen, aunque lo más frecuente es la existencia de un 
segundo piso denominado 'galería de mujeres'. 

La sinagoga debe reunir una serie de elementos considerados como su 
mobiliario: 

- Menorah = candelabro. El candelabro del Templo tenía siete lamparillas 
(Ex 25,37 y Lev 24, 2-4) que se encendían con aceite puro de olivas prensa- 
das prendido con una mecha con el fin de tenerlo encendido de continuo. 
Existe una tradición según el tratado talmúdico Menajot 28b en la que no se 
permitía la réplica de los objetos cultuales del Templo. En la actualidad los 
candelabros son de siete brazos debido a que no son de aceite, sino eléctricos. 

- Ner tamid = luz continua. En el candelabro del Templo permanecía 
siempre encendida una de sus lamparillas (la que ocupaba el brazo más hacia 
occidente, de ahí su nombre ner ha-ma'ariv) que todos los días se limpiaba y 
rellenaba con aceite nuevo. Su función era encender las otras seis e iluminar 
el interior del santuario. En la actualidad y en recuerdo de lo que había en el 
Templo, se mantiene siempre encendida una lamparilla en el interior de la 
sala central de la sinagoga. 

- Aron ha-qodes - Arca santa. En los tiempos en que Moisés recibió las 
tablas de la Ley y según la tradición. Dios le ordenó fabricar «un arca de 
madera de acacia...» (Ex 25, 10-16) que acompañó y guió al pueblo de Israel 



El espacio comunal por excelencia: la sinagoga 



139 



en su deambular por el desierto, jugando un importante papel en las guerras 
sagradas (Núm. 10, 35ss; 14,44; ISam 4 y 2Sam 11,11). En su interior se 
guardaban las tablas de la Ley: 

«Y pondrás en el Arca el Testimonio que te daré» (Ex 25, 16). 

El destino de este armario o arca en la sinagoga es el de guardar el Sefer 
Torah, es decir el Pentateuco o Rollo de la Ley. Este Arca o armario se cubre 
con una cortina, paro/W, siguiendo el texto de Ex 40, 21: «...trasladó (Moisés) 
el Arca al Tabernáculo, colocó el velo a modo de telón y cubrió así el Arca 
del Testimonio...» Esta cortina está hecha generalmente con telas bordadas, 
siendo costumbre en la actualidad que los días festivos sea de color blanco, 
en tanto que el resto del año se utilizan de otros colores. 

- Bimah - estrado. Generalmente el estrado o plataforma estaba situado 
en el centro de la sinagoga a semejanza del Altar del Templo donde se 
ofrecían sacrífícios y frente al arca o armario de la Torah. Después de la 
destrucción del segundo Templo, en sustitución a estos sacrificios, se comen- 
zó a leer la Torah en la sinagoga, y la persona que realizaba esta lectura, el 
hazán o cantor, se subía a él para llevarla a cabo y conducir el servicio de los 
presentes. A las mujeres, exceptuando las que pertenecen a una comunidad 
reformista, no se les permite subir al estrado. 

- Mezuzah = jamba de una puerta. En realidad se trata de un pequeño 
trozo de pergamino, generalmente de cordero o cabra coser (sacrificado 
según la ley judía), escrito a mano, con una pluma de ave y tinta negra con el 
texto de Deut 6, 4-9: 

«Escucha Israel: Adonay, nuestro Dios, Adonay es Uno. Ama- 
rás, pues, a Adonay con todo tu corazón, con toda tu alma y con 
toda tu fuerza. Estas palabras que hoy te ordeno estarán grabadas 
sobre tu corazón; las inculcarás a tus hijos y hablarás de ellas 
cuando estés sentado en tu casa y cuando vayas de camino, al 
acostarte y al levantarte. Las atarás como señal sobre tu mano y 
servirán como frontales sobre tus ojos. También las escribirás sobre 
las jambas de tu casa y en tus puertas». 

Este pergamino se enrolla e introduce en un pequeño cilindro y se fija en 
ángulo en el tercio superior sobre la jamba der^ha de la puerta de entrada a 



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Yolanda MORENO KOCH 



la casa, así como en la mayoría de las habitaciones (se exceptúan los baños, 
despensas, armarios, etc.)- Cuando se cruza el umbral de las puertas es 

costumbre tocar y besar la mezuzah diciendo: 

«Guaide el Señor mi salida y mi entrada, desde ahora y para- 
siempre». 

En el extremo superior del pergamino y por inlluencia de los cabalistas en 
la Edad Media, se incluyó la palabra Sadday = el "Todopoderoso", el "Omni- 
potente", cuyas tres consonantes sm, dalet, yod significan "Guardián de las 
puertas de Israel". El cilindro tiene una pequeña ranura en su parte superior 
de manera que al entrar y tocar la mezuzah pueda verse la palabra o su inicial. 

Los antiguos Sabios, basándose en el capítulo 20,4 del libro del Exodo en 
el que se enumeran los Diez Mandamientos, interpretaron que las sinagogas 
no deben tener en su decoración representaciones de figuras humanas, aun- 
que una actitud tolerante de determinadas comunidades judías permitieron la 
representación de escenas mitológicas o de vendimia en sus decorados. Es 
obligado mencionar la sinagoga Dura Europos, una de las más famosas, que 
se construyó en Babilonia en el año 245 e.c. En ella se descubrieron gran 
cantidad de frescos y mosaicos con representaciones de los signos del zodía- 
co, escenas bíblicas con reproducciones de la figura humana completa. Según 
el Sulhüu Ariík de Yosef Caro y siguiendo la opinión de Maimónides, se 
afirma que se puede pintar, dibujar o bordar la silueta del ser humano pero no 
hacer una figura completa de él (Yoré Deá 141, 4-7). Lo más frecuente en su 
decoración son los motivos vegetales como guirnaldas de hojas de acanto, 
racimos de uvas, frutos de la tierra mencionados en Deuteronomio 8,8 como 
trigo, cebada, higueras, granados u olivares, o con medallones en los que se 
esculpían símbolos como el candelabro, el sofar o cuerno y la estrella de seis 
puntas o de Da\ id. En algunas sinagogas medievales españolas se decoraban 
las paredes de la sala central con inscripciones en hebreo, en su mayoría del 
libro de los Salmos o del Cantar de los Cantares, como en la sinagoga de El 
Tránsito en Toledo o la de Córdoba. 

En la mayoría de las sinagogas de la diáspora, no se entraba directamente 
a ella desde la calle sino que había que atravesar un pequeño atrio o patio que 
daba acceso a la puerta de entrada tanto a la sala de oración como a otras 
dependencias comunales: la vivienda del portero o guarda y la sala o cuarto 
de estudio. 



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El espacio comunal por excelencia: la sinagoga 



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BIBLIOGRAFÍA BÁSICA 

Ben Dov, M., Synogogues in Spain (en hebreo), Tel Aviv 1989. 
Breffny, B. de, The Synagogue, London 1978. 

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doba y la toledana de El Tránsito, Madrid 1955 (reimpresión 1984). 
Levy, L, The Synagogue: Its History and Function, London 1963. 
Peláez del Rosal, La sinagoga, Córdoba 1988. 

Weingreen, J., The Oñgin of the Synagogue, Hermathema 98(1964) 68-84. 



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APUNT£S HISTORIOGRÁFICOS SOBRE LA 
SINAGOGA DEL TRÁNSITO. TOLEDO 



Santiago Palomero Plaza 

Museo Sefardí de Toledo 



A Rafael Garda Serrano porque entrará vaiientemente en 
el s. XXI con el espíritu del s. XIX, sin dejar de ser romántico, 
católico, monárquico y sentimental, además de amigo. 

"La denominación de Iglesia del Tránsito, creen algunos deberse 
á que en ésta se tocaba la campana de la agonía cuando espiraba 
algún individuo de la órden que acabamos de nombrar: otros, con 
más fundamento en nuestro sentir, opinan que procede de haber 
poseído en uno de sus altares una bellísima tabla que representaba 
el glorioso Tránsito de la Virgen María; y en efecto, encontramos 
escrito é impreso, desde algún tiempo atrás, el nombre de esta 
iglesia llamada Nuestra Señora del Tránsito**^ 



1 Manuel de Assas. Album Artístico de Toledo. La iglesia del Tránsito (antes sinagoga), 
pág. 70. Toledo. Año de 1848. 



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Santiago PALOMERO PLAZA 



Pocos lugares como Toledo han sen ido de fuente de inspiración perma- 
nente a los viajeros y artistas extravagantes que la visitaron; en un reciente 
libro, Toledo Grabado editado por la Real Fundación de Toledo sobre los 
diversos artistas que han reproducido la ciudad en óleos, acuarelas, aguadas, 
xilografías, aguafuertes, aguatintas, puntas secas, litografías, serigrafías. di- 
bujos .... logramos acercarnos a la emoción que, a su vez, la ciudad produjo 
en ellos. La ciudad, descrita por Gregorio Marañón y Bertrán de Lis 
"como una joya iluminada por luces diferentes, imprevistas, cambiantes 
ha sido es y será insistentemente reproducida por los artistas en un ansia 
de transmitir el espectáculo que. personalmente, gozaron de inmovilizar 
en el tiempo la visión maravillosa que tuvieron el privilegio de disfrutar 
un instante". 

Aparte de la vista general de Toledo, de la que aparece un primer grabado 
anónimo de 1548 en el Libro de las Grandezas de España de Pedro de 
Medina, en la que destaca la ciudad sobre un áspero peñasco, rodeada por un 
río, con una silueta de ciudad medieval marcada por torres, puentes, murallas 
y puertas, hay una serie de monumentos preferidos sobre otros para mostrar 
la huella de diversas culturas en su seno. Así la Catedral, el Taller del Moro, 
la Mezquita del Cristo de la Luz y las sinagogas de Santa María la Blanca y 
la del Tránsito serán ampliamente reproducidas tanto por su belleza y cierto 
buen grado de conservación como por su exotismo y originalidad. 

El objeto de este artículo es pasar revista a los diversos estudios históricos 
sobre la Sinagoga del Tránsito y a los eruditos e investigadores que se han 
ocupado de este monumento en el que hoy se enclava el Museo Sefardí. La 
lista es larga, pero no pretende ser exhaustiva, sino acercarse más a una 
crítica historiográfica. Para ello vamos a seguir un orden cronológico, englo- 
bando tanto aspectos descriptivos de arte, como filológicos o documentales; 
tan sólo dedicaremos un comentario al estudio de las inscripciones por el 
volumen e interés que ha deparado su estudio. 

Cuando el impresor Juan Ferrer, publicó en Toledo, la primera historia de 
la ciudad que conocemos, firmada por Pedro de Alcocer, en 1554, comienza 
una gran cadena de información y datos sobre el monumento que nos interesa 
la Sinagoga del Tránsito, que llega hasta hoy día, con aportaciones muy 
variadas, unas originales, otras copiadas de otros autores, que en definitiva 
componen un "corpus" de datos, hoy por hoy, muy disperso y que en estas 
breves páginas queremos ordenar presentando selectivamente lo más intere- 
sante a nuestro juicio. 



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Apuntes historiográficos sobre la sinagoga del Tránsito. Toledo 145 



Desde que a mediados del s. XIV se construyó la sinagoga erigida bajo el 
mecenazgo de Samucl-ha-Leví, en tiempos del rey Pedro I, dato que se 
recoge en las inscripciones históricas del muro este, hasta 139K año de la 
revuelta antijudía que sufrió la aljama toledana, no tenemos más datos que los 
que proporciona el poema dedicado a finales del XIV por Jacob Albenech 
sobre el estado de las diez sinagogas y cinco centros de estudio y oración que 
había en Toledo. En concreto sobre la "Sinagoga del príncipe Samuel-ha- 
Leví", la estrofa 40, tomada de la obra de Cantera-, dice: 

"La sinagoga del príncipe Samuel 
ha-Leví, nasi de Israel, 
grita: ¡ay de Ariel! 

Santo, que te asientas sobre las loas de Israel". 

En general del poema se deduce que las principales sinagogas y centros de 
estudio se encuentran en una situación de mina, unas "física" y otras "moral", 
porque, en verdad, se ha abierto una grieta que se irá agrandando hasta la 
expulsión de 1492, entre cristianos y judíos. Parece ser que la sinagoga de 
Samuel Ha Leví, posteriormente del Tránsito, no sufrió daños físicos o por lo 
menos no se hacen constar en el poema; a diferencia de otras no se cita la 
"entrada de turbas", ni que "arrojaran sus libros sagrados", ni que "prendie- 
sen a los hijos de Israel", ni "que yaciese devastada y espantosa, solitaria y 
abandonada" o incluso que "los enemigos la suplantaran por completo". 

Con la expulsión iba a cambiar su historia y de sinagoga, después de la 
entrega a la Orden de Calatrava, acabará convirtiéndose en ermita cristiana. 
Los Reyes Católicos otorgaron a la Orden de Calatrava la "sinagoga mayor 
que los judíos tenían en Toledo....a cambio del Alcázar y palacios de Galiana, 
con su iglesia de Santa Fe, posesiones de ésta orden"^. 

A partir de este momento, hasta prácticamente el siglo XVm y el estudio 
pormenorizado de Pérez Bayer, la antigua sinagoga aparece citada en las 
diversas historias de Toledo como ermita, iglesia o Priorato de San Benito. 

Pedro de Alcocer (1554) así lo hace en el capítulo "Ixij. De las Hermitas q 
ay en efta cibdad, y ala redonda della": 

2 F. Cantera Burgos, Sinagogas de Toledo, Segovia y Córdoba. Instituto Añas Montano. 
C.S.I.C. Madrid. 1973. Págs. 25 y 26. 

3 F. Rades Andrada. Chronica de las tres Ordenes y Cavallerías de Sanctiago, Cala- 
traua y Alcántara. Toledo 1572, págs. 24-25. 



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Santiago PALOMERO PLAZA 



"Ay más en efta cibdad demás deftas fanctas caías de oración, q 
auemos dicho, las Hermitas figuientes. Sancta María la Blanca, 
cuya edificación fue tan antigua (como al principio diximos) Sant 
Benito, q es de la ordé de Calatrua,...'*^. 

Francisco de Pisa ( 1605) escribe la segunda Historia de Toledo conocida y 
aparece bajo el epígrafe de Iglesia de San Benedicto Abad. Allí se recoge: 

"que es priorato de la orden militar de Calatrava" y que se trata 
"del priorato que primero estuvo en Santa Fé. siendo trasladado a 
este lugar, siendo primero consagrado por iglesia dedicada al glo- 
rioso padre San Benedicto, debajo de cuya regla milita la Orden de 
Calatrava; en ella había un prior, fraile sacerdote, para que adminis- 
trase los Sacramentos a los frailes caballeros de la orden que se 
hallasen en Toledo, y en esta iglesia se enterrasen las personas de 
esta órden que falleciesen dentro y fuera de esta ciudad"^. 

En las Relaciones de Felipe II se especifíca: 

"Ay en la parroquia de Santo Tomé una hermita de San Benito, 
que es priorato de la orden de Calatrava, donde ay notables sepul- 
cros y letreros, la cual se trsladó en iglesia christiana de Sinagoga 
ebrea, y aquí e significado podrían ser recogidos los clérigos débi- 
les, biejos y mendicantes para que no fueran con su miseria ofenso- 
res de tan alta dignidad"^. 

Estos serían los únicos y escasos datos con que contaríamos para el 
estudio de la historia de ediñcio de los siglos XV al XVn de no ser por el 
magnífico trabajo de búsqueda de nueva documentación así como su trans- 



4 P. Alcocer, Hystoria o Descripción de la Imperial cibdad de Toledo. Toledo, imprenta 
de luán Ferrer. 1554. Cap. Ixij. 

5 F. de Pisa, Apuntamientos para la II parte de la "Descripción de la Imperial Ciudad 
de Toledo". Según la copia manuscrita de D. Francisco de Santiago Palomares, con notas 
originales autógrafas del Cardenal Lorenzíma. LP.I.E.T Diputación Provincial de Toledo. 
1976. Págs. 68 y 69. 

6 C. Viñas Rey y R. Paz, Relaciones histórico, geográfico estadisticas de los piielyJos de 
España, hechas por iniciativa de Felipe II. Reino de Toledo. T parte, Madrid, 1963, pág. 496. 



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Apuntes historiugnijicos sobre la sinagoga del 'J'ránsiio. Toledo 147 



cripción y estudio llevado a cabo por Yasmina Alvarez en el Archivo Histó- 
rico Nacional, por encargo de la directora del Museo Sefardí y aprovechando 
un contrato de INEM con el Ministerio de E. y Cultura, que condujo a la 
aparición de toda una completa serie de legajos inéditos del antiguo Archivo 
de la Orden de Calatrava, que estuvo en el edificio anexo a la sinagoga, que 
hoy son salas del museo. Los principales datos de esa investigación han sido 
publicados en la revista Sefarad. 

En este artículo^ se analizan los documentos del antiguo Archivo de las 
Órdenes de Calatrava y Alcántara, conservados en el Archivo Histórico Na- 
cional, y en concreto todos lo que proporcionan referencias al posterior uso 
de la sinagoga como iglesia, ermita, lugar de enterramiento así como a los 
cambios jurídicos de priorato a encomienda hasta su declaración como Mo- 
numento Nacional en 1877. 

Este trabajo es fundamental para poder seguir la historia del edificio, 
máxime cuando eran tan pocas y tan generales las referencias históricas, 
aportando datos inéditos de tanta trascendencia como el documento en el que 
se detalla la primera visita del prior de San Benito en la que se ordena entre 
otras cosas la construcción de una nueva sacristía o la curiosa orden (afortu- 
nadamente no cumplida) de hacer desaparecer las letras hebraicas: 

"... junto con esto todos los / letreos que están en la dicha yglsya 

asy en lo alto conmo en lo / baxo que son de letra judiega los 
bagares rapar e quitar / y tomar a blanquear y lo cual por que 
paresce cosa muy / necesaiia e sera servisio de dios..."'. 

También gracias a este trabajo conocemos el primer in\cnlaiio de objetos, 
con la misma fecha de 1 de febrero de 1500, coincidiendo con la visita del prior, 
así como de otros inventarios en visitas posteriores durante los siglos XVll y 
XVIIl, que nos permiten conocer las diversas donaciones o adquisiciones. 

Por otro lado hay numerosas referencias al estado del edificio, tanto de la 
propia "iglesia" como del Archivo o incluso de los patios. En concreto 
podemos confirmar el uso funerario por parte de caballeros calatravos de la 



7 Ana Maiía López Álvaiez, Yasmina Álvarez Delgado, S. Palomero Plaza: "Nuevos 
datos sobre la Historia de la Sinagoga del Tránsito", Sefarad. Homenje al Prof. David Romano 
Ventura. C.S.I.C. Año LH. Madrid 1992. Fase. 2. Págs. 473-500. 

8 Ana M* López Álvaiez, y otros, op. cit.. Nota n° 7 1992, págs. 480-81. 



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antigua sinagoga, en un documento fechado entre 1734 y 1739, en el que se 
indica cómo "se levantaron veinte y una losas de piedra"'\ que por sus 
inscripciones (en la actualidad en el Museo de Sta. Cruz) se pueden fechar 
entre los siglos XVI y XVII; desgraciadamente para la arqueología sólo se 
han conservado las lápidas, pues en el mismo documento citado antes del 
siglo XVIII sabemos "que no se encontró devajo de ninguna de las sepulturas 
vestigio alguno ni más que tieiTa y cascotes""*. 

Igualmente existen datos sobre el cambio de solado de la vieja sinagoga al 
menos en tres ocasiones y datos concretos sobre el nuevo uso dado a la 
antigua galería de mujeres, que se convierte en vivienda para beneficio de la 
"iglesia" o "ermita": 

"En la bibienda alta se hallan dos piezas que sirben de dormito- 
rios y que están sus techos maltratados. ..la campana de la chimenea 
es preciso lebantarla y componer el cañón de ella y a causa de ser la 
cocina oscura 

Gracias a los libros de visitas e informaciones de los visitadores, contamos 
con una documentación inédita sobre las diversas reparaciones y modifica- 
ciones que se llevan a cabo en el edificio para adaptarlo a las nuevas necesi- 
dades. Incluso hay una importante documentación sobre restos arqueológicos 
en los patios que ha podido ser verificada en las excavaciones arqueológicas 
llevadas a cabo en el proceso de remodelación arquitectónica. En un docu- 
mento fechado entre 1794 y 95 se citan la aparición de dos pozos de los "que 
no ay memoria de su construcción"'-. 

Así mismo aparecen referencias a los cambios experimentados en el pro- 
pio templo, siendo la más significativa la construcción de la nueva sacristía 
"con los primores platerescos de la época'\ realizada por Cristóbal de Pala- 
cios, destacando la puerta de entrada y el arcosolio en el que se encontraba el 
cuadro encargado a Juan Correa de Vivar, hoy en el Museo del Prado, cuyo 
motivo era el Tránsito de la Virgen y cuyo culto popular fue el causante del 
nombre actual de sinagoga del Tránsito. 



9 Ana López Alvarez. y otros, op. cit. pág. 479. 

10 Ana M" Lúpe/ Álvarez. y otros, op. cit. pág. 479. 

1 1 Ana López Álvarez, y otros, op. cit. pág. 485. 

12 Ana M* López Álvarez, y otros, op. cit. pág. 487. 



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Apuntes bisturiográficos sobre la sinagoga del Tránsito. Toledo I49 



Con todo, hay que llegar a 1752 para encontrarnos con el primer gran 
estudio monográfico sobre la sinagoga. Se trata del extraordinario libro 
de F. Pérez-Bayer, De Toletano Hebraeorum Templo, manuscrito, escrito en 
latín, del que conservamos dos ejemplares, uno en la Biblioteca Nacional y 
otro en la B. Pública de Toledo. Además de ser el primer autor que describe 
en toda su amplitud el edificio, destaca por su transcripción de los textos 
hebraicos y su estado en el siglo XVm, añadiendo además un dibujo de 
Palomares de gran valor histórico para la reconstrucción de la portada origi- 
nal del monumento'^. 

Transcribimos por su interés la justificación y resumen de la obra de la 
mano del propio autor: 

''Hallándome, pues, en esta ciudad de Toledo, entre otras Anti- 
guallas Romanas Gothicas y de los Arabes, he reconocido muy de 
espacio el Templo, que por los años 1355 (según la quenta, que 
seguimos los cristianos) con permiso del rey Don Pedro de Castilla 
y León edificó en dicha ciudad desde los cimientos para la nación 
hebrea, Samuel Levita su thesorero y Privado. El qual Templo 
permanece aún en lo substancial intacto, y con todos los primorosos 
adornos con que se vistieron sus quatro paredes principales en la 
fundación, y asi mismo sus dos atrios. Templo para las mugeres y 
demás oficinas correspondientes. Todo lo tengo dibujado con quan- 
to cuidado me ha sido posible, y con expresión de los adornos mas 
menudos, y asi mismo copiadas tres lineas hebraycas, que corren 
por cada una de las paredes septentrional, occidental y de medio 
dia, sin interrupción; otras seis que hay en la oriental, y en esta 
misma quatro inscripciones hebraicas las dos pequeñas en verso y 
Rithmo. las otras dos mayores en prosa ... Asimismo he procurado 
se hiciese planta ó iconographia del Templo, y del délas Mugeres 
con toda exactitud, su capacidad y un perfil, ó perspectiva de todo 
el edificio mirado por la parte de medio dia con su portada, y lo que 
resta de la del Atrio, que miraba al Septentrión, de que solo hay 
vestigios, y las dos inscripciones que están en las vigas de las 



13 F. Pérez Bayer, Seu De Toletano Hebraeorum Teñólo. Manuscrito en latín. Se conser- 
van dos ejenq)Iares, uno en la Biblioteca Nacional y otro en la B. Pública de Toledo. Toledo. 
1752. 



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puertas, es a saver la de medio día y lo que resta del versículo del 

Psalmo 11 y en la de septentrión del cap. 26 de Isaías. 

De todo esto pues y de quanto he podido descubrir en el edificio 
por dentro, y fuera, y visto con cuydado hasta lo más escondido de 
el, tengo escrita una disertación latina, que tendrá como unas 60 
hojas de quartos de pliego, la qual divido en tres paragraphos: en el 
primero trato ocasionalmente de la entrada de los hebreos en Espa- 
ña desde Vespasiano hasta su salida, en tiempo del rey D. Femando 
el quinto; en el segundo, que es el mas largo, hago la descripción 
del Templo, y en el tercero establezco mi convencimiento de que 
solo este de que tratamos fué honrado con el nombre de Templo, y 
dedicado solemnemente a su culto á semejanza del de Jerusaiem, y 
que las demás casas de oración de los Hebreos, que había en Espa- 
ña, y especialmente en el reyno de Toledo, y sus cercanías se 
ilamabaii synagogas ó Alhamas, ó bien Sanhedrines"'^. 

Todo investigador que quiera, pues, iniciar el estudio de la Sinagoga, 
deberá consultar como punto de parüda esta singular obra escrita en latín por 
el Dr. Francisco Pérez Bayer, por un lado el apartado referido a la descripción 
del templo y por el otro de las inscripciones, por cuanto el autor, del Gremio 
y Claustro de la Universidad de Salamanca, era un buen conocedor del 
hebreo y copió directamente de su puño y letra cada línea, en un momento en 
el que la mayoría de las inscripciones estaban en buen estado, excepto las dos 
de la pared oriental más próximas al suelo y ya deterioradas. Más discutibles, 
como es lógico, son sus opiniones sobre la historia de los judíos en España o 
el equiparamiento entre el Templo de Jerusalén con el de Toledo, al no 
conocer bien lo que una sinagoga significaba para una comimidad judía. Con 
todo, nos sigue impresionando la sencillez y humanidad con que afronta el 
estudio de la sinagoga y que creemos merece un buen facsínül, una buena 
traducción y salir del humilde manuscrito en el que todavía se encuentra dos 
siglos después de haber sido escrito: 

'*La grande afición, que he tenido, y tengo al estudio de la 
Lengua Santa Hebrea, y mis deseos de entenderla, me han hecho sin 
Maestro alguno (pues por acá son rarísimos) emplear muchos ratos 

14 F. Pérez Bayer, Op. Cu. Nota n° 13. Págs. Manuscritas numeradas a mano n° 135 y 

136. 



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Apuntes historiográficus subte la sinagoga del Tránsito. Toledo 151 



en el, y doy gracias a N°. Señor, que me ha dado este pensamiento, 
pues por este medio he conseguido poder leer, y entender las Santas 
Escrituras en sus ydiomas originales, con especial gusto, y aprove- 
chamiento mió. 

Esta misma aficción me ha hecho recoger y copiar las antigua- 
llas Hebraicas, de que he tenido noticia en cuantos parages he 
estado, y aun años pasados hize deproposito viage desde la ciudad 
de Valencia mi Patria á la de Aviñon en Francia, por oyr de viva 
voz el verdadero, ó el mas usado modo de la pronunciación desta 
Santa Lengua, donde tuve el gusto de tratar, y quedar muy instruido 
de lo que deseara por Rabby Jaacob Espix de Praga a quien debi 
muy especial favor.."''. 

En un libro excelente J. Pedro Muñoz Herrera'^ analiza con mucho acier- 
to los varios motivos que hicieron de Toledo una referencia de pñmer orden 
para el romanticismo. F. Pérez Bayer y otros viajeros "ilustrados**", son los 
antecesores, como D. Antonio Ponz (1772) en su Viaje de España de una 
realidad que va a hacer posible, sobre todo a lo largo del siglo XIX, la llegada 
y "peregrinación** de una serie de visitantes europeos (ingleses, franceses, 
alemanes, americanos) que atraídos por el impacto emocional de las ruinas de 
Toledo, las utilizarán "como un símbolo moral, triste remedo de lo que la 
ciudad fue en el pasado" '^ configurando una imagen romántica de la ciudad 
que atraerá, a su vez, intelectuales españoles y cada vez más \ isiiaiucs. sobre 
todo, con la llegada del ferrocairil en 1858 y la apaiición de las primeras 
guías ilustradas. 

J. Pedro Muñoz afirma que fueron los viajeros ingleses y franceses los que 
primero reconocieron el papel jugado en España por los semitas, similar a 
aquél que con la antigüedad clásica informaba su visión de Italia, y "quienes 
transmitieron la sensualidad y las caracteríaticas raciales de los árabes y 



1 5 F. Pérez Bayer, op. cit. , Nota n" 1 3. Apéndice. Manuscrito pág. 134, en "Consulta a los 
Rabinos de la Synagoga de Amsterdain de Gueniiluih Hasadiin". 

16 J. Pedro Muño¿ Herrera, Imágenes de la melancolía: Toledo (1772-1858). Ed. Excmo. 
Ayuntamiento de Toledo. Toledo, 1993. 

17 Gaspar Gómez de la Sana, Los viajeros de la Ilustración. Alianza Editorial. Madrid. 
1974. 

18 J. Pedro Muñoz Herrera, op. cit.. Nota 16, pág. 11. 



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hebreos a la imagen de un pueblo que perezosamente dormitaba a los pies de 

sus monumentos"'''. 

Un ejemplo de \ iajcro "pintoresco" podría ser el conocido Hans Christian 
Andersen, de Dinamarca, que visitó España en 1862, y que describe así el 
viejo barrio judío y sus sinagogas: 

"Estábamos en el barrio judio, en otro tiempo el más rico de 
Toledo: los israelitas más pudientes de España vivieron aquí: según 
una leyenda, fueron ellos quienes edificaron Toledo. Lo que si es 
cierto es que los judíos en esta ciudad, por mucho tiempo, disfruta- 
ron de más derechos que los judíos de otros lugares: aquí les permi- 
tieron construir cuatro sinagogas, modestas, claro, en su exterior, 
pero por dentro resplandecientes de riqueza y suntuosidsad. Toda- 
vía existen dos de ellas como iglesias cristianas. del Tránsito 
y la Blanca, la última es la mas esplendorosa, un templo de 
Dios con magnificencia salomónica. En los artísticos arabescos de 
las paredes, que parecen un bordado de tul, se enredan los signos 
hebreos; sobre los magníficos capiteles se alzan los arcos de herra- 
dura, ligeros y airosos. El templo persiste, pero el pueblo de Israel 
ha desaparecido de aquí; los edificios de alrededor, en otro tiempo 
tan bien instalados, yacen en ruina, y casas trasuntos de barracas los 
han sustituido. Brillantes lagartijas con dibujos de colorines y oro 
corren por aquí, entrando y saliendo por las rendijas de este patio 
cargado de recuerdos. Aquí vivieron, practicando su fe y sus cos- 
tumbres, las gentes de Israel; aquí fueron toleradas por algún tiem- 
po, mas llegaron los días de tribulación, fueron insultados, fueron 
maltratados por los cristianos .... 

Entre los montones de ruinas vimos una columna de granito 
derribada; sobre ella estaba sentado, en medio de aquel desierto, de 
aquella soledad, un viejo mendigo ciego, envuelto en andrajos; sus 
facciones eran nobles y el cabello blanco llegábale hasta los hom- 
bros; su imagen en aquel lugar me trajo a la memoria un cuadro del 
profeta Jeremías sobre las ruinas de Jerusalén. Tal vez el viejo 
habria llegado hasta aquí arriba, con la esperanza de que Dios haría 
una especie de milagro, mandándole a algún caminante que le soco- 



19 J. Pedro Muñoz Herrera, op. cit.. Nota N° 16, pág. 14. 



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Apuntes histonugráficos sobre la sinagoga del Tránsito. Toledo 153 



rriese con su limosna; el lugar tenía trazas de jamás ser pisado por 
hombre alguno. Una gran ave de rapiña pasó volando sobre nuestras 
cabezas, tan sosegadamente como volaría por el desierto"^^. 

A lo largo del siglo XIX, y sobre todo en su segunda mitad, los historiado- 
res nacionales y los primeros viajeros pintorescos propiamente españoles, 
van a seguir la tradición de los ultramontanos que les precedieron y Toledo, 
tanto en literatura (varias leyendas de Bécquer se ambientan en sus monu- 
mentos), arte (Vera, Arredondo, Beruete) como en historia (Martín Camero) 
o guías (Sixto Ramón Parro), va a ser el prototipo de *'ciudad romántica*', de 
novela gótica en la que sus murallas y el aspecto '^oriental** de medina árabe, 
pero cristianizada le confiere un carácter especial. 

El resultado va a ser la proliferación de estudios concretos sobre Toledo y 
sus monumentos, entre los que destaca la Sinagoga del Tránsito, su posterior 
difusión en guías y la concienciación de su valor como patrimonio que se 
concretará en la Declaración de Monumento Nacional en 1877 y en las 
primeras intervenciones restauradoras. 

En 1844, (Muñoz Herrera, 1993) '*Blas Crespo formulaba a requerimiento 
del Ministerio de Gobemación, una relación del estado e importancia históri- 
co-arqueológica de algunos monumentos de Toledo «que por su mérito artís- 
tico deben conservarse en esta capital». En ella junto a S. Juan de los Reyes, 
figuraban otros monumentos árabes como la Hermita del Cristo de la Luz, la 
iglesia del Tránsito y las sinagogas"-'. 

En 1845 aparece en Toledo Pintoresca, de D. José Amador de los Ríos un 
breve estudio sobre "EL TRÁNSITO, conocido vulgarmente por San Benito. 
Ruinas del Palacio de Villena"". Es, desde el estudio de Pérez Bayer el 
primer acercamiento concreto a la sinagoga y como toda la obra, se trata de 
una aproximación global de la ciudad de Toledo, en el que dedica un breve 
espacio a la "Iglesia del Tránsito". Amador de los Ríos parece no conocer el 
estudio de Pérez Bayer, y cita explícitamente a D. Tomás Tamayo y Bargas 
para del Arte y a Rades Andrada y D. Antonio Blanco para las 



20 A. Villar Garrido, Viajeros por la historia. Extranjeros en Castilla la Mancha. Edit. 
JJ.CC de Castilla la Mancha.Toledo, 1997, págs. 289-90. 

21 J. Pedro Muñoz Herrera, op, cit. Nota N° 16, pág. 171. 

22 J. Amador de los Ríos, Toledo Pintoresca o Descripción de sus más célebres monu- 
mentos. Madrid. 1845, págs. 239-246. "El Tránsito". 



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traducciones de los textos iiebreos. El texto lo acompañan algunos dibujos de 
Cecilio Pizarro reproduciendo una fragmento de yesería con arco poiilobula- 
do, columnas y capiteles y fragmentos de inscripciones hebreas. 

En apenas diez páginas el autor realiza un breve recorrido por la mentali- 
dad artística del pueblo hebreo, proporciona una traducción de algunas ins- 
cripciones y realiza una somera descripción artística de la antigua sinagoga a 
la par que describe la iglesia y sus ornamentos, finalizando con una curiosa 
descripción, de mucho interés arqueológico, sobre "las ruinas del Palacio de 
Villena" en el exterior de la sinagoga. 

Nos parece curioso recoger de la introducción unas disquisiciones previas 
del autor, con la prosa de la época, antes de la aceptación del término 
"mudéjar" en la historia del arte, sobre la inexistencia de una arquitectura 
propiamente hebrea y su preferencia por la árabe: 

"Los hebreos, que no habían traido en su peregrinación ninguna 
arquitectura, tuvieron que irse amoldando sucesivamente al gusto 
de los pueblos en donde habían puesto su morada; y como ya vivían 
bajo el imperio de los cristianos, ya bajo el de los sarracenos, 
smtiendo siempre la influencia de unos y otros, ni pudieron crear un 
género propio, puesto que carecían de la independencia necesaria, 
ni tuvieron en sus manos otros medios de ediñcar más que los 
reconocidos generalmente. Sin embargo, sea porque tuviesen más 
puntos de contacto con los musulmanes, cuya tolerancia en materia 
de religión nadie osará poner en duda, o sea porque cuando la fama 
de las Academias de Córdoba llevó a aquella capital todos los 
sabios, se prendaron los rabinos de tanta magnificencia, renaciendo 
en sus pechos el deseo de imitación, o ya finalmente porque la 
arquitectura árabe estaba más en armonía con su carácter y su 
índole, como nacida del Oriente; lo cierto es que los hebreos se 
inclinaron más á las maravillas musulmanas que á la severidad de 
los templos cristianos, y que amaestrados sus arquitectos en las 
escuelas de Granada, enriquecieron sus sinagogas y palacios con la 
fastuosa ornamentación sarracena**^. 



23 J. Amador de los Ríos, op. cit.. Nota n° 22, pág. 239. 



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Apuntes historiográficos sobre la sinagoga del Tránsito. Toledo 155 



Hay dos curiosas falsas atribuciones que muchos autores van a repetir 
hasta hoy tomadas de la obra de D. José Amador, la primera sobre el cons- 
tructor de la obra, que atribuye "al arquitecto hebreo llamado Don Meir 
Abdeli. persona muy docta y respetada de su pueblo"-^ y la segunda que el 
artesonado sea de madera de alerce. 

La descripción de la arquitectura y decoración artística del edificio reali- 
zada por D. José Amador será la preferida por los autores posteriores a la 
latina de Pérez Bayer, destacamos por ello algunos fragmentos: 

"La planta de la iglesia de San Benito es cuadrilonga, teninedo 
setenta y seis pies castellanos de longitud por treinta y cuatro de 
latitud y cuarenta y cuatro de elevación desde el arranque delarteso- 
nado.... Compónese de una sola nave, viéndose exornados los mu- 
ros de norte y mediodía en su parte superior de un muro ancho y 
sobrepuesto, bordado de grandes hojas de parra prolijamente traba- 
jadas y enriquecido por otra porción de menudas labores, contem- 
plándose en las orlas que lo cierran leyendas hebreas en magníficos 
caracteres... Sobre este bellísimo friso en donde resaltan las armas 
de Castilla y León, se levanta un cuerpo de arquitectura, compuesto 
de 54 arcos que dan la vuelta a todo el edificio, llamando la aten- 
ción por la abundancia y perfección de sus ornamentos... Pero don- 
de más resaltan estas cualidades, trayendo a la memoria los muros 
de fíligama de Sevilla y Granada, es indudablemente en la pared 
oriental, cuajada de riquísimo ataurique, dividido en dos grandes 
tablas de almocárabe, circuidas por graciosas orlas de bellas labo- 
res... No menos digno de notarse es el muro de occidente, en el cual 
se contemplan tres arcos mucho mayores que los restantes, los 
cuales prestan luz a la iglesia, siendo los laterales de herradura y 
apuntado el del centro..."^. 

Si la descripción de la sinagoga es ya interesante, mucho más lo es, para 
nosotros, las alteraciones que la transformaron en iglesia y la descripción de 
ésta: 



24 J. Amador de los Ríos. op. cii.. Nula n" 22, pág. 240. 

25 J. Amador de los Ríos, op. cit.. Nota n° 22, págs. 241-244. 



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"Hemos mencionado el retablo gótico colocado en la cabecera 
de esta iglesia. ...Otros cuatro altares hay también en el cuerpo de la 
iglesia, debidos a la denominación cristiana: los más cercanos al ya 
descrito son indudablemente los más antiguos, perteneciendo al 
siglo XVI, si bien el del lado del evangelio parezca anterior á esta 
época á primera vista, observación que se desvanece al momento de 
examinar las pinturas que lo decoran. Son éstas seis y están ejecuta- 
das en tablas, preludiando ya los buenos tiempos de Berruguete en 
la naturalidad y buen diseño de sus manos y cabezas, especialmen- 
tre en la figura del caballero, cuyo retrato parece ser una de las 
tablas referidas, pudiendo dar márgen esta circunstancia á suponer 
que sea éste el fundador del mismo retablo. Más bello es el que está 
en la parte del medio día, cuyos copiosos ornatos son del gusto 
plateresco: conócese con la advocación del Nacimiento, viéndose 
un mediano lienzo que lo representa en el hueco del arco que forma 
el Altar, y encontrándose en los gruesos del mismo dos Cristos 
pintados al temple que no carecen de mérito y pueden atribuirse con 
harto fundamento a Gregorio de Borgoña... Los dos altares restantes 
no ofrecen cosa notable por haber desaparecido de uno de ellos, 
según nos informaron, un excelente cuadro que representaba la 
Aparición de Santiago, en la batalla de Clavijo, al cual ha sustituido 
un mamarracho harto despreciable... La antigua sinagoga de Samuel 
Leví no ha sufrido más alteraciones que las de haberse agregado al 
mediodía una habitación para el sacristán y al norte la pieza del 
archivo mencionada, haciéndo a los pies de la iglesia un coro, que 
corta de una a otra parte la nave referida**^^. 

Muy importantes son los comentarios marginales que realiza sobre el 
antiguo palacio de Samuel Leví, que identifica con las ruinas del palacio del 
Marqués de Villena, a quien según las "consejas", "se vió vagar sobre los 
tejados en un carro tirado de dragones con colas de fuego y en sus subterrá- 
neos congregaba a los rabinos mas entendidos en el arte toledana (la magia) y 
todos juntos llevaban a cabo las más portentosas operaciones*'^'. 



26 J. Amador de los Ríos. op. cit.. Nota n° 22. págs. 244-245. 

27 J. Amador de los Ríos, op. cit.. Nota n° 22, pág. 245. 



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Afmntes histoñográficos sobre la sinagoga del Tránsito. Toledo 157 



La descripción de los restos arqueológicos bajo el jardín de la actual "Casa 
del Greco" tal como la vio D. José Amador, reviste gran importancia, pues es 
anterior a la intervención del Marqués de ia Vega Inclán, a principios de siglo 
para recoger los cuadros del Greco, dispersos por la ciudad: 

"Las ruinas del palacio del marqués de Villena se reducen ahora 
á varios arcos de ladrillo rotos, unos por sus claves y enteros otros, 
y á varias bóvedas de fortísima construcción, que han podido resis- 
tir la injuria de los tiempos. Reconócese en estos fragmentos el 
estado de la arquitectura arábiga en la época a que la fabrica se 
refiere; y aunque no pueden examinarse de lleno los subterráneos, 
por estar cortados en diferentes viviendas, se deja ver que un pala- 
cio que tenía tales bóvedas debía ser \'erdaderamente suntuoso y 
digno del nombre con que son reconocidas sus reliquias. No deja de 
llamar también la atención que en éstas bóvedas, dónde según es 
fama, guardó S. Leví sus tesoros inmensos, habiten ahora varias 
familias descendientes de la raza hebraica, como para custodiar la 
memoria del fundador y dar mayor fuerza a las tradiciones del 
pueblo, que ve todavía en aquellos escombros los poderosos ci- 
mientos de un palacio encantado*'^^. 

En resumen estamos ante una buena descripción general del edificio al 
que se acerca un erudito, por vez primera en el siglo XIX, con un criterio 
profesional, englobando arquitectura, historia del arte y arqueología muy al 
uso en ese momento. Junto con Pérez Bayer en el XVin, puede considerarse, 
en el s. XIX como el mejor estudio y claros precedentes del de Rodrigo A. de 
los Ríos en el siglo XX. 

En 1848 aparece el Album Artístico de Toledo de D. Manuel de Assas que 
copia en gran parte la información referente a la sinagoga del trabajo antes 
citado de J. Amador de los Ríos. Sólo son destacables los dibujos de diferen- 
tes detalles de la iglesia del Tránsito, así como la composición de la portada^^. 



28 J. Amador de los Ríos. op. cit.. Nota n° 22. pág. 246. 

29 Manuel de Assas, Album artístico de Toledo, 1848. Publicado por D. Doroteo Bachi- 
ller. 



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En 1853, del paso de Farcerisa por España"*", nos queda sus dibujos y una 
descripción original de J. Quadrado: 

"Dentro de la misma judería y en despejada altura descuella otra 
más reciente sinagoga, que después de su consagración en iglesia 
tomó el nombre de la Virgen del Tránsito ó de S. Benito... Sin 
arcos, sin columnas, sin bóvedas, supliéndolo todo con la profusión 
y belleza de su ornato y con su elegancia deproporciones, presenta 
el interior del edificio un vasto salón cuadrilongo, esmaltado por do 
quiera de pedrería y colgado de tapices, que imitó el estuco con 
delicadeza sorprendente. 

Como a la mitad de sus muros laterales de norte y mediodía, 
corre una ancha faja que bordan lindas hojas de parra enlazadas con 
cintas y cordones, y donde se encuentran hermanadas las memorias 
de tres pueblos habitualmente ñvales: la del hebreo, en los gruesos 
caracteres que en las orlas reproducen las alabanzas del Señor, 
cantadas por David; la del musulmán, en las menudas inscripciones 
talladas en las cintas y en la orilla interior del friso; en los escudos 
de Castilla esculpidos de trecho en trecho, la del monarca a quien 
debieron las errantes tribus tan singular protección. 

Circuye la parte superior del templo una señe de arcos a modo 
de galería, cuya recurva y dentallada ojiva compuesta de siete semi- 
círculos descansa sobre pareadas columnas de escelente carácter 
bizantino en sus proporciones y variados capiteles; y nada hay 
comparable á la riqueza de las labores que realzan las jambas y las 
enjutas de los arcos, nada comparable al primor de los calados 
encajes que cubren el hueco de los que alternados con los demás 
ñguran como ventanas, ostentando ácia fuera su gallarda forma. 
Sobre el friso lleno también de hebraicas leyendas, carga el techo 
lindamente artesonado con ingeniosos dibujos, y al cual sólo faltan 
los vivos matices que debieran esmaltarlo para competir dignamen- 
te con las demás partes del recinto que cobija. 

El muro oriental, como que forma el testero del edificio, eclipsa 
a los restantes en magnificencia. Por bajo de la galería superiorre- 



30 J. Parcerisa. Recuerdos y Bellezas de España. Castilla la Nueva, págs. 299-301. Texto. 
J. M. Quadrado, láminas J. Parcerisa. 



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Apuntes historiográficos sobre la sinagoga del Tránsito. Toledo 159 



salta una cornisa afiligranada á guisa de estalactites. de la cual 
descienden como riquísimos paños de tres compartimentos borda- 
dos de preciosos relieves de estuco y recamados con una cenefa de 
follages, notándose en el centro de los laterales los escudos de León 
y Castilla, y ababjo las famosas inscripciones ya medio destruidas, 
objeto de acaloradas contiendas en tiempos no muy lejanos"''. 

En 1857. D. Sixto Ramón Parro, escribe Toledo en la niano^-. Ha sido 
considerada como la mejor guía de Toledo. Hasta la muy reciente aparición 
de Rutas de Toledo en 1993, ha tenido un largo siglo de supremacía; hasta el 
punto de que en la presentación que D. Gregorio Marañón hace de esta última 
se refiere al gran valor que todavía tiene la primera en comparación con las 
muchas que la siguieron: 

"En los últimos años se han venido publicando numerosas guías 
de Toledo. Casi todas parecen iguales ... Todas ellas se adornan con 
las mismas fotos tan vacías de alma como sus textos, incapaces de 
dejar huella en la memoria, o de alumbrar una iluminación, un 
conocimiento: por no ser no son ni siquiera eruditas. En ese desierto 
de infinitas guías que no son, aparece, luminosa *'Rutas de Toledo'*, 
una obra nueva de siempre, en la mejor tradición del Toledo en la 
mano, publicado hace 147 años"''. 

El texto referente a la sinagoga del Tránsito está tomado en gran parte del 
trabajo de D. José Amador de los Ríos, tal como el mismo autor reconoce: 

"No puedo menos de recomendar á los que deseen adquirir 
noticias, que yo no considero necesario dar aquí, acerca de los 
diversos grados por dónde pasó el arte de construir entre los árabes, 
que vean el erudito artículo que el Sr. Amador de los Ríos escribió 
sobre esto en su Toledo Pintoresca, introducción á la parte segunda 
desde el folio 215 en adelante". 



31 J. Parcerisa, op. cit. Nota n* 30, pág. 300. 

32 Sixto R. Pairo, Toledo en la Mano. Imprenta y Librería de Severiano López Pando. 

1857. Toledo. 

33 E. Lorente et alii. Rulas de Toledo. Guías Artísticas Electa. Toledo, 1993. Pág. 8. 
Presentación de Gregorio Marañón. 



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Por tanto repite la descripción de D. José Amador de los Ríos, con sus 
aciertos y sus errores, incluyendo entre estos últimos la atribución de la obra 
al "arquitecto hebreo D. Meir Abdeli" y el artcsonado de "alerce puro", que 
por tratarse de una guía muy conocida van a multiplicarse, en el caso del 
aitesonado hasta hoy. 

En 1862 se publica la Historia de la ciudad de Toledo, de D. Antonio 
Martín Camero". Ha sido considerada como la más completa Historia de 
Toledo hasta casi hoy: en 1997 se presentó una actualizada y nueva" que 
venía a sustituir el viejo manual, cuya última edición realizó la Editorial 
Zocodover en facsímil en 1979. En general versa sobre hechos históricos que 
afectan a la ciudad de Toledo y apenas se detiene en descripciones artísticas. 
Al referirse a la huella semita en la ciudad, dice: 

"Si penetramos otra vez dentro de nuestros muros, y repasamos 
las construcciones repartidas en desorden por todos los extremos de 
la ciudad, todavía hemos de hallar otras admirables joyas del gusto 
mudéjar en los barrios habitados por los moros e israelitas, y en las 
moradas de algunos personajes notables. Allá en el Tránsito perma- 
nece como ermita santificada por el cuito católico la suntuosa sina- 
goga que gracias a la privanza de Samuel Leví, tesorero de D. 
Pedro, permitió este monarca construir en 1366 á los judíos toleda- 
nos, dándoles amparo e licencia para ello, y librándoles del poder 
de sus enemigos, ca antes de esto tenían cada día la pelea a su 
puerta, como dicen las inscripciones que trae traducidas Rades y 
Andrada, y no muy lejos se registran las ruinas de la que fue 
primero casa de aquel opulento cuanto desgraciado hebreo, ator- 
mentado en las atarazanas de Sevilla, y luego palacio de los mar- 
queses de Villena hasta la época de Carlos V... Estos dos edificios 
tienen el sello de esa arquitectura extraña y trascendental, que tanto 
se generalizó desde la restauración a los Reyes Católicos**^. 



34 A. Martúi Gameio, Historia de la ciudad de Toledo. Toledo. 1862. Inqnenta de 

Severiano López Fando. 

35 J Cam)bles. R I/.quierdo Benito y otros. Historia de Toledo, Edil. Azacanes Librería 

Universitaria. Toledo. 1997. 

36 Op. CU. N" 34. Tomo U. Pág. 908. 



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Apuntes historiográficos sobre la sinagoga del Tránsito. Toledo l6l 



El autor alude en sendas notas a pie de página a la obra Toledo Pintoresca 
de D. José Amador de los Ríos como a la del ''sabio y erudito Pérez Bayer", 
cuyo trabajo recomienda "especialmente" y con razón, resaltando además 
"los dibujos perfectamente sacados a la pluma y á la aguada por los Paloma- 
res, padre e hijo, que se conservan unidos a la obra de P. Bayer en nuestra 
Biblioteca Provincial", como efectivamente sucede hasta hoy. 

La Historia de los Templos de España de Gustavo Adolfo Bécquer dedica 
unas páginas a la Sinagoga del Tránsito, escritas, quizás hacia 1868, pero 
nada interesantes a diferencia de sus **Leyendas", puesto que toma todos los 
datos de D. José Amador de los Ríos y de la Guía de Parro, incluyendo los 
errores ya citados, sobre todo la traducción de los epígrafes. 

En 1890 aparece la Guía artístico-práctica de Toledo del Vizconde de 
Palazuelos^'^, que toma en líneas generales su información de los trabajos 
anteriores de Parro y de D. José Amador de los Ríos, con alguno de los 
errores característicos: 

"La sinagoga que ahora nos ocupa fué, pues, edificada entre 
1360 y 66 a expensas de Samuel Leví y por industria de un cierto 
Meyr Abdelf 

Sin embargo el espíritu crítico del vizconde le hace desistir de publicar la 
vieja versión de las inscripciones hebreas recogida en J. Amador de los Ríos 
"por no parecer una versión fiel y verdadera", adelantándose a años posterio- 
res. Además, y lo que es más interesante, aporta algunos datos inéditos sobre 
las primeras restauraciones del edificio y el estado del edificio en aquellos 
momentos: 

"Declarada en 1875 monumento nacional, intentóse una restau- 
ración que aún continua, si bien con lentitud, en fuerza a los escasos 
fondos que puedan distrerse para este objeto... Penetrando ya en el 
vestíbulo, que forma con las habitaciones del conserje un agregado 
falto de todo carácter e indigno de este sitio, sálvase luego la entra- 
da a la única nave que forma la sinagoga. Lástima que el madera- 



37 Vizconde de Palazuelos, Guía artístico-práctica de Toledo, Dibujos a pluma de S. 
Azpiazau y fotograbados de Laurent Toledo, 1890. Inqnenta de los Hermanos Gómez Menor. 

38 Vizconde de Palazuelos, op. cit. Nota n** 38, pág. 580. 



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mcn acumulado con motivo de la icslauración comenzada impida 
hacerse completo cargo de los ricos detalles que avaloran este re- 
cinto, entre los que no es el menos importante su hermoso alfarje de 
geométricas figuras. ..Varias tribunas, antes destinadas a las mujeres 
hebreas asistentes a las ceremonias del judaismo, desaparecieron, 
conservándose tan sólo una del lado del mediodía, aunque desfigu- 
rada y sin carácter alguno de la época... El retablo y altar inmediatos 
al mayor del lado del Evangelio, ya no existen allí y sólo se observa 
el lugar que ocuparon y un escudo de armas... Finalmente en la 
parte delantera de esta histórica sinagoga vese por el suelo varias 
desgastadas lápidas sepulcrales en que resaltan sus correspondien- 
tes blasones y leyendas gótico-monacales"^". 

En cierto modo también es original su descripción del templo, no limitán- 
dose a copiar como harán otros autores después entre ellos el propio Bécquen 

**Corre por ambos muros laterales de la sinagoga un ancho friso 
en que van tallados graciosos sarmientos y hojas de parra, blasones 
de Castilla y León y otros menudos adornos; y superior e inferior- 
mente á este friso, vése también en soberbios caracteres hebraicos 
muy bien conservados algunos versículos tomados de los salmos 
del real profeta...'***. 

En 1892, se publica la "Nueva Guía de Toledo" de Juan Marina''^ en la 
que nuevamente destacan las referencias al estado del edificio por la restaura- 
ción: 

*Tiene la entrada por una portada parecida á todas las iglesias de 
aldea, que precede a un zaguán ind^oroso, sobre el que hay una 
espadaña o campanario, obra toda moderna y que esperamos des- 
aparezca completamente en la restauración del edificio que se pien- 
sa llevar a cabo... cuando Dios quiera. 



39 Vizconde de Palazuelos, op. ciu. Nota 38, págs. 581-587. 

40 Vizconde de Palazuelos. op. cit.. Nota n° 38. pág 583. 

41 Juan Marina. Nueva Guía de Toledo, imprenta. Librería y Encuademación de Menor 
Hermanos. Toledo, 1892. 



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Apuntes histonográjicus sobre la sinagoga del Tránsito. Toledo 163 



El visitante verá hoy únicamente un andamiaje resistente y nota- 
ble que servirá para la restauración en proyecto dirigida por el señor 
Mélida, arquitecto-artista de lo mejor de España**^^. 

La descripción del templo parece tomada del trabajo de D. José Amador 
de los Ríos, tanto en las yeserías como en el "magnífico artesonado de 
madera de alerce". Hay así mismo un breve comentario a "los viejos cimien- 
tos y escasas minas que se conservan del palacio del marqués de Villena» que 
se supone fue edificado por el tesorero del rey D. Pedro, Samuel Levf \ 

También hace referencia a la Declaración como Monumento de la Sinago- 
ga en 1875 como Palazuelos, pero por los datos de R. Amador de los Ríos 
sabemos que fue con exactitud el 1** de Mayo de 1877. Quizás se refieran al 
inicio del expediente y no al fin del proceso administrativo. 

Ya en los primeros años del siglo XX, en concreto en 1905, aparece el 
gran trabajo Monumentos Arquitectónicos de España^ de D. Rodrigo Amador 
de los Ríos, que en su tomo I, dedica un estudio monográfico bajo el epígrafe 
de ''La Sinagoga de Simuel-ben-Meir Ha-Leví, vulgarmente denominada El 
Tránsito**^^. Es, sin duda, el mejor estudio hasta la aparición de la más 
reciente obra de F. Cantera. A pesar de algún error importante como el de la 
traducción de las inscripciones hebraicas tomado de G. Simancas y D. Miguel 
García, es destacable su precisa y barroca descripción del monumento y la 
aparición de las primeras fotografías del exterior e interior del edificio, así 
como planos y secciones longitudinales, dibujos de gran interés sobre el 
estado de conservación de yeserías y artesonado a principios de siglo. Junto 
con el trabajo de Pérez Ba\ cr y el de D. José Amador de los Ríos se hace obra 
de consulta imprescindible para aquel estudioso que quiera conocer a fondo 
la sinagoga. 

En dos columnas, a la izquierda en español y a la derecha en francés, hace 
un erudito recorrido por la historia del edificio, para pasar a una detenida 
descripción desde el exterior al interior con una minuciosidad y apasiona- 
miento que sólo el propio F. Cantera Uegá a superar en su conocido libro del 
que más tarde hablaremos. 



42 Juan Marina, op. cit., Nota n" 42, pág. 51. 

43 Rodrigo Amador de los Ríos, Monumentos arquitectónicos de España. Tomos I y II. 
Tomo I, ver "La sinagoga de Simuel-ben-Meir Ha-leví, vulgannente denominada del Tránsi- 
to", págs. 242-268. E. Martín y Gamoneda editores. Madrid, 190S. 



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Ya "clásica" es la descripción que el autor realiza del estado del edificio y 
de su opinión sobre la "restauración", hecha según los criterios de la época: 

"A primera vista la balumba de pies derechos y de andamies, 
que todo lo obstruye y oculta, impide formar juicio de la decoración 
de aquella Sinagoga, ni disfrutar de las bellezas en sus muros y en 
su techumbre con profusión no obstante prodigadas. 

Manos poco respetuosas para con tal reliquia de las edades, 
encalaron una y otra vez sus labores, abrieron huecos, pintaron sus 
adornos en parte, cerraron comunicaciones y destruyeron el cuerpo 
central de la cabecera, para acomodar en él. con piadoso propósito 
un retablo, queriendo así borrar toda huella acaso de la ley y de la 
raza para quienes y por quienes fue levantado el templo. 

En 1880, tres años después de su Declaración como Monumento 
Nacional, se levantó el andamio, desde el cual, artistas no grande- 
mente escrupulosos, dieron principio a su tarea de restaurar las 
yeserías de los muros, con peligro notorio de éstas y en especial de 
los epígrafes hebraicos — religiosos y conmemorativos — en que el 
edificio abunda. 

La obscuridad ambiente; el hacinamiento de los maderos y anda- 
mios; lo desconchado de los muros; lo quebrantado y roto de las 
labores, especialmente en la cabecera y los pies del templo; el 
andamio general que oculta el artesonado de la techumbre, el aire, 
en fin, de lamentable abandono que allí se respira, todo se confabu- 
la y concierta para empequeñecer y desfigurar hoy aquella fábrica, 
impidiendo formar de una vez concepto de ella, tal y como hubo de 
aparecer a los ojos de la conmovida población hebrea en 1357, 
cuando la daban por terminada los artffices mudéjares que en ella 
trabajaron, y con ella ofrecían testimonio vivo, no sólo de la bienan- 
danza, a la sazón alcanzada por los judíos toledanos, sino de la 
poderosa energía y de la vitalidad del estilo mudéjar, esplendoroso 
y rico, y de la magnificencia y ostentación, principalmente del 
Tesorero mayor del Rey D. Pedro, con los cuales eludía sagaz, en 
prueba de su prestigio, los cánones de la iglesia y las leyes mismas 
del reino'***. 



44 Rodrigo Amador de los Ríos, op. cit., Nota n° 44, pág. 248. 



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Apuntes btstoriográficos sobre la sinagoga del Tránsito. Toledo l65 



Este texto tan cervantino pone bien de manifiesto el "estado crítico" del 
edificio y los problemas derivados de lo que hoy denominaríamos una "res- 
tauración historicista" y en gran parte descontrolada, conceptos a los que se 
adelanta con gran vehemencia e inteligencia D. Rodrigo Amador de los Ríos. 

Todavía hoy, leídas en voz alta, impresionan como denuncia, las gongori- 
nas, unas; otras, quevedescas expresiones con que el autor nos describe con 
asombrosa erudición arquitectónica, artística, histórica el edificio, desde su 
humilde entrada hasta los detalles más insospechados de las decoraciones de 
yeserías y artesonado: 

"Vetusta fábrica, de nada suntuosas apariencias, no libre de agre- 
gaciones en sus costados, y acusando hoy ya triste abandono, con 
planta rectangular y altos muros, que sobresalen y gallardean al 
lado de cuanto la circunda... Tendida, pues, con poca exactitud de 
oriente a ocaso, tiene la fábrica meridional al Mediodía convencio- 
nal su pobre ingreso, con saliente guardapolvo de tejas renegridas; 
la cruz de Calatrava dos veces pintada sobre el dintel encalado de la 
puerta; los muros encalados también, manchados y como llenos de 
pústulas... con todo lo cual, ha excitado siempre la curiosidad y el 
interés de doctos y profanos, mereció al fin ser declarada Monu- 
mento Nacional en 1° de mayo de 1877*'^^ 

Buen conocedor de la Historia de los Judíos^, aunque desde una perspec- 
tiva muy peculiar, siguiendo la tradición familiar se adentra en las primeras 
páginas de este trabajo en la significación de Samuel Leví y en la erección de 
la nueva sinagoga, con una prosa espectacular y concluyente: 

*Templo fue también desde su origen aquella fábrica singular, 
hoy solitaria y silenciosa. Erigiéronla acaso con el emplazamiento 
de otro templo anterior y arruinado, la piedad y la devoción, si no la 
arrogante soberbia de uno de los hijos de Israel mas encumbrados y 
poderosos en el reino, cuando era ya mediada la XIV* centuria***^. 



45 R. Amador de los Ríos, op. cit.. Nota n° 44, pág. 242. 

46 J. Amador de los Ríos, Historia social, política y religiosa de los judíos de España y 

Portugal. Madrid. 1875. 

47 R. Amador de los Ríos, op. cit.. Nota n" 44, pág. 244. 



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Sigue con unas disquisiciones sobre el carácter "privado" de la del Tránsi- 
to, frente al carácter "público" de S"* la Blanca, confundiendo lo que hoy 
llamaríamos "patrocinio" con propiedad privada y desconociendo la trilogía 
de lo que significa una sinagoga para los judíos (casa de reunión, casa de 
oración, casa de estudio). 

Es bastante frecuente en los historiadores cristianos resaltar el carácter de 
"templo" y paralelizarlo al cristiano o musulmán. Prácticamente desde Pérez 
Bayer hemos visto como se simplifica el binomio sinagoga-templo, para 
equipararlo al de iglesia o mezquita. Aquí R. Amador de los Ríos va todavía 
más lejos al intentar equipararlo a una capilla particular: 

"No había sido nunca, ni en ninguna ocasión permitido hasta 
entonces en los dominios de Castilla á los individuos de esta raza 
proscripta y execrada. — cuyos servicios fueron, apesar de todo, 
solicitados con extrema frecuencia por los príncipes y los magnates 
cristianos — , el que, a semejanza de aquellos "mossalah" o santua- 
rios particulares de los alcázares muslimes, y a imitación y ejemplo 
de aquellas capillas reservadas de los palacios episcopales y de las 
regias moradas cristianas, tuviesen templos dentro también de las 
suyas*"*^. 

Como en los casos anteriores vamos a entresacar de su meticulosa descrip- 
ción el fragmento correspondiente a uno de los frisos superiores, en el que no 
sólo describe con precisión los motivos, sino que los compara con los de otras 
sinagogas y resuelve la existencia de un "padrón granadino" adelantándose a 
algunas consideraciones de historiadores del arte de fínes de este siglo: 

*Tema obligado, sin duda en este linaje de construcciones reli- 
giosas, aparece con caracteres asemejables en cuantas nos son co- 
nocidas, figurando por igual en las naves de Santa María la Blanca, 
en la central de la antigua sinagoga del Corpus Christi de Segovia, 
destruida por un incendio; en la pequeña sinagoga de Córdoba, 
labrada en 1315 y Emúta luego de St". Quiteria, y por último en la 
de Brihuega (Guadalajara), que estuvo a San Simón consagrada y 
hoy es almacén de género de ultramarinos. 



48 R. Amador de los Ríos, op. cit. Nota n° 44, pág. 245. 



Afmntes bistoriográficos sobre la sinagoga del Tránsito. Toledo 167 



Constituye en no interrumpida sucesión dicho friso larga serie 
de ornamentales arquillos enlazados, esbeltos y graciosos, que apo- 
yan en pareadas columnas, de cilindrico fuste, molduradas basas y 
caprichosos capiteles apareados y dos a dos diferentes, ora com- 
puestos por anchas y rizadas hojas, ora por palmas y por pinas, ya 
de menudos follajes, que traen los del estilo ojival a la memoria, ya 
de colgantes a modo de estalactitas, y ya de otras y muy distintas 
maneras, aunque siempre con originalidad y riqueza, dentro del 
estilo del que son producto. 

£1 tablero escociado que en común los une, y sobre el cual 
arrancan los arquillos, dos veces repetidos en carácter africanos de 
relieve, lleva en los lienzos laterales mayores, y aún en el menor de 
occidente, la frase reiterativa que esmalta la cinta epigráfica interior 
del friso inmediato, ya descrito, diciendo como en ella: la felicidad 
y la prosperidad. 

Desde allí con siete pronunciados lóbulos, de buena traza, reco- 
rridos en distintos planos por molduras, trenzas y otros peregrinos 
entalles hasta la movida y labrada periferia, que varía en cada 
arquillo, voltean éstos uniformes, surgiendo de la clave a manera de 
grumo, levantada palma, la cual, como remate, llega en su desarro- 
llo a la franja superior del friso. 

En él, excepto en la parte correspondiente a la cabecera, alternan 
invariables los arquillos cegados, meramente ornamentales con los 
destinados a dar luz misteriosa y ventilación al edificio. Conservan 
aún los primeros en el lienzo meridional principalmente, la decora- 
ción polícroma que, al parecer los enriquecía, y ha desparecido bajo 
la cal en el costado norte, si bien en ambos todavía los fustes de las 
colunmas semejan con diversos tonos jaspeados, mármoles diferen- 
tes, cuya pintura no sabemos si es la primitiva...**^'. 

Continua luego transcribiendo los epígrafes, siguiendo a Graetz, Rades, 
Simancas y la obra de su padre D. José Amador de los Ríos, Toledo Pintores- 
ca. Describe, por fin, la Galería de Mujeres y las transformaciones cristianas 
de la vieja sinagoga, cuando se consagró al culto cristiano y se estableció el 



49 R. Amador de los Ríos, op. cit. Nota n" 44, pág. 252. 



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Priorato de S. Benito de la Orden Militar de Calatrava, así como las puertas 
de entrada al edificio. 

La última nota a pie de página hace una curiosa referencia de agradeci- 
miento a "lo hallado entre los papeles de nuestro Sr. Padre", refiriéndose a la 
obra de D. José Amador de los Ríos, que nos muestra cómo en aquellos 
tiempos la obediencia y el respeto prevalecían sobre la ternura. 

Hasta que en 1955 F. Cantera publique la primera edición de su obra sobre 
Líis sinagogas de Toledo, Segovia y Córdoba, la obra de la familia Amador 
de los Ríos seguirá siendo el punto de partida para las guías y estudios de 
patrimonio que tengan como referencia la Sinagoga. 

El Marqués de la Vega Inclán, en 1914 publica un opúsculo comentando 
las obras de la Casa del Greco y las llevadas a cabo por el Patronato en la 
Sinagoga, que en aquellos momentos dependía de las Fundaciones Vega- 
Inclán''". 

El Marqués va a jugar un papel muy importante en la historia del edificio, 
no sólo por los avanzados criterios de restamación que lo hacen abanderado 
de la llamada "Escuela Restauradora", sino por su visión desde la Comisaría 
Regia de Turismo del papel que los Monumentos pueden jugar en el futuro 
como Museos visitables y centros de estudio y documentación. Una carta 
escrita al Presidente del Consejo de Ministros en Julio de 191 1 nos muestra 
su preocupación por "vigilar la conservación eficaz y procurar la exhibición 
adecuada de la España artística, monumental y pintoresca": 

**La sinagoga del Tránsito, el mejor ejemplo del ataurique tole- 
dano y el más acentuado símbolo representativo de la raza semita 
en España en el s. XTV, está desde hace cerca de treinta años a la 
vista del público, atestada y oculta por un inmenso andamiaje, cuyo 
objeto ya ha terminado, puesto que el de las pinturas con que 
puedan embadurnarse sus maravillosos artesonados sería la mayor 
de las profanaciones, contraria a todas las ideas modernas de restau- 
ración. 

Existen también, en dicha sinagoga encantadoras estancias coro- 
nadas de hermosísimo alfarje, estancias hoy también ocultas por 



50 Marqués de la Vega-Inclán, Ampliación al Catálogo del Museo del Greco y Noticia de 
las Obras Ejecutadas hasta la fecha por el Patronato. Diciembre, 1914. Comisaría Regia de 
Turismo. Madrid. 1914. 



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Apuntes histonugráficos sobre la sinagoga del Tránsito. Toledo 169 



una serie de tabiques que se han ido agregando en el curso del 
tiempo para viviendas y mechinales, que impiden no solamente su 
vista, sino también su acceso material... 

Por tanto, y dada la situacicn en que se encuentra este ejemplar 
arquitectónico, y presenciando á diario el estupor que al mundo 
entero le causa el estacionamiento y paralización de esta obra du- 
rante años y años, el Patronato de las Fundaciones podría atender 
las sencillas obras que requiere la desaparición del andamiaje que 
huy oculta absolutamente tan preciada joya de arte, así como á 
todas las demás obras de reparos y demolición de tabiques, mechi- 
nales y viviendas... 

Ahora bien, una vez exhibida esta maravillosa Sinagoga en toda 
su integridad y habilitadas las preciosas estancias con luces sobre 
ese sorprendente paisaje toledano de su vega y cigarrales, si el 
Gobierno de S.M se digna considerarlo oportuno, podría habilitarse 
no solo como exhibición de tan preciado monumento, sino también 
como centro de estudios hebraicos, y sería intensísima nota de arte 
donde se exteriorizaría además una manifestación refínada de la 
naciente cultura nacional por donde desfilaría especialmente, con 
admiración y respeto, toda una raza intelectual y poderosa que 
vendría a rendir un homenaje a su arte, á su historia y á su 
pueblo, en Toledo, en la capital dramática y arqueológica de la 
raza semita. 

Abrigo yo la esperanza.de que una vez conocida esta exhibición 
y centro de estudios, acudirían desde los bai'rios de Salónica a los 
melhaks argelinos y desde el Danubio a los bulevares de París, 
elementos que con gran envanecimiento vendrían a aumentar y 
enriquecer este naciente centro espiritual de nuestro arte, de nuestra 
cultura, de nuestra historia". 

El entonces Presidente del Consejo de Ministros. D. José Canalejas orde- 
nó al Ministerio conceder el permiso para que el Patronato ejecutase dichas 
obras y efectivamente en un plazo corto y bajo la dirección de D. Eladio 
Laredo se quitó el andamio de la época de Mélida y quedó el edificio en 
condiciones de ser visitado y se decora con una gran sillería coral de la época. 
Además se derribaron los tabiques de la casa en que se había convertido la 
antigua Galería de Mujeres, instalándose allí un pequeño Museo, de arte 



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mudejar y en las habitaciones anexas se instaló una Biblioteca de estudios 
hebraicos. 

Prueba del trabajo bien hecho es la visita que realizan SSMM los 
Reyes D. Alfonso XIII y IT Victoria Eugenia en 1913 a la Sinagoga de laque 
conserx amos constancia gráfica y epigráfica. 

El marqués de la Vega Inclán se adelantó, pues, a la historia y concibió las 
bases de lo que hoy es el Museo Sefardí de Toledo. 

En 1928 D. Manuel Gómez Moreno publica una Guía de Arte Mudéjar 
Toledano en el que se refiere brevemente a la Sinagoga y al concepto de 
mudejarismo; muy pocas veces una guía se dirige ai lector con tanta claridad: 

"Tú, lector, vienes a Toledo con prisa. En unas horas quieres 
sorber su jugo emotivo. Está bien; hallarás con creces donde beber 
a chorro; pero no lo busques en el arte de los mudéjares toledanos, 
que exige gusto de reposo, abstracción de tiempo, ganas de soñar 
mirando y remirando cosas insustanciales, sutilezas, recovecos sin 
salida, tal vez, cuyo misterio tan sólo atrae y cuyo desenlace des- 
contamos por inútil. 

Pásate por el Tránsito; mira a cualquier parte: unos follajes 
retorcidos, una celosía; si supieses hebreo, un letrero ¿sabes, acaso, 
lo que las escrituras monumentales semíticas encierran de misterio? 
¿Gozaste alguna vez descifrando aquellas fugas de vocales o de 
consonantes que traían nuestras revistas y almanaques? Pues otro 
tanto y más de ingenio es preciso para leer árabe o hebreo en 
inscripciones: hay que no tener prisa ni hacerse ilusiones sobre el 
éxito final; es problema de pasar el tiempo. Si miras una celosía y te 
sobrepones al mareo de lo enrevesado, poco a poco irás descubrien- 
do ordenaciones, simetrías, juegos de polígonos, coronas que bailan 
una melodía graciosa, constelaciones rítmicas... porque es eso, un 
remedo de cielo, con sus soles que son estrellas, sus planetas y sus 
satélites, que llevan nombres reservados para los estudiosos, y al 
cabo, si estás en buena postura, te quedarás dormido, soñando cosas 
plácidas, gustosas..."^'. 



51 M. Gómez Moreno, Guía del arte mudéjar toledano. Toledo. 1928, pág. 29. 



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Apuntes bistoriográficos sobre la sinagoga del Tránsito. Toledo 171 



Sin ninguna duda la mejor descripción que conocemos de la Sinagoga; 
frente a los tiralíneas geometrizantes a que nos tenían acostumbrados los 
historiadores del arte desde la "nave cuadrilonga'" de D. José Amador, hasta 
la baiToca, paralepipédica, minuciosa y quizás por qué no necesaria lectura de 
D. Rodrigo Amador de los Ríos, sólo un Maestro como D. Manuel Gómez 
Moreno puede resumir en tan pocas palabras el significado profundo, el alma 
de un edificio. Ahí queda la lección para la historia y justo es que en un 
trabajo de historiografía se le reconozca a cada uno sus méritos y sus errores. 
El acierto de D. Manuel es la poesía: "Un remedo de cielo y soñar con él". 
Nada más y nada menos, eso es la Sinagoga del Tránsito. 

Y por si fuera poco, si alguien quiere un acercamiento "castizo" al Toledo 
de la época de la sinagoga, también nos lo ha regalado D. Manuel Gómez 
Moreno: 

"No te abochornes, lector, si acostumbrado a pensar en austríaco 
o en borbónico, sufre su dignidad europeizante sabiendo estas inte- 
rioridades, de cuando moros, cristianos y judíos andaban juntos en 
paz y a gusto, sin fantasmas unitarios ni políticos ni religiosos, sin 
ascos a disfrazarse de moros; porque sábete que aquellos gigantes 
del hispanismo D. Rodrigo y San Femando, como luego D. Sancho, 
hijo de éste y un Arzobispo de Toledo como aquel, iban vestidos y 
armados por obra de andaluces; sábete que la moneda toledana por 
excelencia, los maravedíes de oro de Alfonso Vm, llevan estampa- 
dos en lengua árabe su credo cristiano, el nombre de su Rey, fecha 
y valor legal; sábete que los Notarios toledanos redactaban en árabe 
sus actas... 

Serían moros granadinos, mudéjares tributarios, quienes mantu- 
vieron aquella comunicación renovadora de arte, y poco a poco, la 
compenetración fue avivándose, el medio social impuso una selec- 
ción de formas, y Toledo llegó a ostentar personalidad maravillosa, 
expresiva de su complejo fondo social, con un arte que lleva el sello 
de los grandes aciertos populares"^^. 

En 1929, M. Gozález Simancas, con dibujos de él mismo, edita una Guía 
de Toledo, sus monumentos y Arte Ornamental. La descripción está tomada 



52 M. Gómez Moreno, op. cit., Nota n° 51, pág. 27. 



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Santiago PALOMERO PLAZA 



de la obra de D. José Amador de los Ríos y de su "Toledo Pintoresca" por la 
mención al "rabí Myir. de quien dice muchos loores la letra de las inscripcio- 
nes en lo interior, la cual debió poner su hijo Aben^ira" y que hizo fabricar el 
templo. 

Son muy interesantes los dibujos y algunas anotaciones suyas; hemos 
podido ver parte de su colección en el Museo de Santa Cruz. 

Como nota curiosa hay que recoger la primera información sobre la sole- 
ría primitiva y otros restos arqueológiocs de la sinagoga: 

"En el pavimento, delante del lugar preminente, quedó un cua- 
dro de solería formado por pequeñas losetas de barro rojo y piezas 
vidriadas a modo de caprichoso mosaico, igual a otro que estaba 
casi del todo destruido en el solar cercano, donde se encuentran las 
fábricas subterráneas antes citadas. Sobre unos bancos construidos 
de intento para que fácilmente puedan ser vistas, están unas laudas 
correspondientes a los enterramientos de caballeros calatravos, se- 
pultados allí ... Ahora se piensa instalar en la Sinagoga el Museo de 
Epigrafía Hebrea"". 

Cuando en 1949 Leopoldo Torres B albas sintetiza QuArs Hispaniae en su 
volumen IV todo lo referente al arte almohade, nazarí y mudéjar aparece una 
muy breve reseña de la sinagoga, que entra así "oficialmente" en el mundo de 
las publicaciones de arte, apareciendo desde entonces en enciclopedias, libros 
de texto, manuales y postales. 

El breve texto es el siguiente: 

"La sinagoga del Tránsito en Toledo fue construida por el pode- 
roso almojarife del rey don Pedro I Samuel Ha Leví, dueño de 
fabulosos tesoros, entre los años 1355-1357, poco antes de su de- 
sastrosa muerte, acecida en 1360. De sencillísima disposición, con- 
siste en un grande y elevado salón rectangular, con tribunas en el 
costado derecho; al exterior, muros lisos, cuya desnudez tan sólo 
interrumpen algunas ventanas de arco agudo de herradura dentro de 
otro lobulado. Lo cubre una rica armadura de par y nudillo e inte- 
riormente ostentan sus muros magnificas yeserías en las que se 



53 M. González Simancas, Toledo, sus monumentos y el arle ornamental. Toledo, 1929. 



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Apuntes historiográficos sobre la sinagoga del Tránsito. Toledo IJ^ 



combinan menudt». aUiLinques islámicos con hojas grandes y grue- 
sos tallos, flora naturalista de inlluencia gótica, sometida al ritmo 
de aquellos. En pocas ocasiones llegó la decoración de yeso a tan 
gran perfección decorativa como en los muros del Tránsito, cuya 
brillante policromía, perdida, percibiríase a la luz tamizada que 
penetra por las celosías de las ventanas altas"^. 

Si durante los siglos XVlli. XIX y primera parte del XX predominan los 
estudios monográficos de monumentos como los dedicados a nuestra sinago- 
ga, a partir de ahora la principal novedad consistirá en el surgimiento de los 
primeros estudios comparados. 

Inaugura la serie E. Lambert'^\ sigue Otto Czekelius'^'^ y en España el ya 
citado M. Gómez Moreno, pero la obra principal será la de F. Cantera"^^ que 
será la más citada hasta los años 90 en que se inaugura la última etapa de 
investigación historiográñca en la que de momento nos encontramos. 

La formación especializada filológica, de historiador del arte o de arqui- 
tecto, dependiendo de los investigadores va a posiblitar que del estudio des- 
criptivo, se pase al estudio comparado. 

Por ejemplo E. Lambert, que publica los resultados de su investigación en 
la Revue d'Études Juives, en 1927, no sólo describe el edificio, sino que lo 
compara con otras obras árabes, añadiendo un comentario final sobre "el arte 
religioso judío en España". Las sinagogas de Toledo, para Lambert "ofrecen 
la más emocionante impresión de Oriente que se pueda sentir en una ciudad 
donde el Oriente hállase presente todavía por doquier" y en concreto, la del 
Tránsito "parece la gran sala de un palacio, tapizada suntuosamente por 
fantásticos estucos pintados en diversos colores y coronada en toda su longi- 
tud por beUísimo alfarje en alerce e incrustado de maderas preciosas"; del 
artesonado escribe que "es una armadura de las más bellas, entre tantas 
magníñcas que constituían en España la gloria de los artistas toledanos, es de 
forma de artesón, semejando como el casco vuelto de un navío"^^. 



54 L. Torres Balbás, **Mezquitas mudéjares y sinagogas" en Ars Hispaniae. Historia 
Universal del Arte Hispánico. Vol. IV. Pág. 309. Madrid. 1949. 

55 E. Lambert, "Les synagogues de Toléde". Revue d'études juives. París. 1927. 

56 Otto Czekelius. "Antiguas sinagogas de España". Rev. Arquitectura^ oct. 1931. 

57 F. Cantera Burgos, op. cit. Nota n° 2. 

58 F. Cantera Burgos, op. cit. Nota n" 2, págs. 55-56. 



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Santiago PALOMERO PLAZA 



En Lambert encontramos también, como en casos anteriores una descrip- 
ción particular de las yeserías: 

''Alix sommets des ares de fines rosaces sont serties dans un 
ruban d'encadrement enire des palmettes aux formes caracteristiques 
du XIV'' Siécle andalou; 1, interieur des ares esl éntierment revétu 
aussi d'autres rubans et d'autres palmettes oú sillent les eones effilés 
de pommes de pin: et aux écoin^ons qui séparent deux ares voisins, 
d'autres rosaces encoré sont encadrées entre des palmes asymetriques, 
tandis que, un es recouvre entiérement de son inextricable labyrinthe 
tot le reste de la suríace du mur"^^. 

Lambert se da cuenta del "mudejarismo" que impregna estos monumentos 
y de que este hecho es algo más que un "estilo arquitectónico" o "decorati- 
vo", siendo sólo explicable en una cierta atmósfera si no de convivencia en el 
sentido etimológico de la palabra, al menos de tolerancia. Si bien no se puede 
considerar las sinagogas como "producciones específicas" de arte judío, sí 
son "la expresión de un aspecto particular de este arte hispano-árabe que 
diseminó por al-Andalus y por los Reinos Cristianos, bajo la mirada inteli- 
gente y tolerante de los reyes cristianos entre los siglos XII-XIV". Como 
muestra de este momento especial nada mejor que la ciudad de Toledo, en 
donde se erigen los templos de tres religiones diferentes "avec la méme 
maniere par Ies mémes honmies". En suma, son, a la vez, monumentos únicos 
para la historia de España, pero también para la historia judía y para la 
historia del arte del mundo. 

Otto Czekelius, arquitecto, presta más atención a la comparación entre 
plantas, planos, alzados, tipos de cubierta, en su obra sobre "Antiguas sinago- 
gas de España" publicada en 1931"". Entiende que, si bien la historia de los 
judíos en general es bien conocida, hace falte un estudio en conjunto sobre 
sus "edificios sagrados o sinagogas", sobre todo las "obras importantísimas, 
como las sinagogas de El Tránsito y Santa M* la Blanca, en Toledo, o la de 
Córdoba", que han sido estudiadas de forma monográfica, pero "nunca en 



59 F. Cantera Burgos, op. cit. Nota n° 2, pág. 85. 

60 O. Czekelius, Nota n° 56. Ver figuras de plantas, planos y alzados. 



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Apuntes historiográficüs sobre la sinagoga del Tránsito. Toledo 175 



forma comparativa o de investigación ni de estudio general para todos los 
ediñcios de éste género aún existentes en el país**^*. 

Se queja Czkelius, con razón, de que la mayoría de las monografías 
inciden demasiado en la decoración y la edad del monumento, mientras que 
*'el conjunto del ediñcio como resultado de su función como santuario, ape- 
nas se estudia". 

Estudia su situación en los barrios judíos, las disposiciones legales de la 
época, documentación y otros aspectos para llegar a la conclusión de "que no 
es de esperar encontrar edificaciones suntuosas, altas y espaciosas, sino todo 
lo contrario; creo que a esto se debe en parte el no haber descubierto antes 
más de estos templos, ya que la fantasía buscaba siempre edificios lujosos 
que correspondiesen a la numerosa población hebrea y a sus riquezas fabulo- 
sas, pero lo que pasa es lo contrario. Excepción de esta regla es solamente El 
Tránsito que se justifica por el rango excepcional que Samuel Leví, Tesoro 
(sic) del rey Pedro, ocupó en la corte de España"*^. 

En general, opina que: 

"El cuerpo de la sinagoga, sus dimensiones, altura y forma exte- 
rior, fueron siempre reducidas. A pesar de que el Tránsito pueda ser 

considerado como un edificio excepcional, si lo comparamos con 
las demás iglesias y edificios de Toledo, como la Catedral, la Alca- 
zaba, etc. que dominan sus alrededores, queda el Tránsito sumergi- 
do en la masa de casas colindantes"^\ 

En cuanto al aspecto exterior, "siempre resulta un paralepípedo, con un 
tejado, sencillo, a dos o cuatro aguas, diferenciado solamente por la inclina- 
ción, según el país donde radique"; las plantas son variadas, pero siempre 
tienen "el Hejal hacia el este y las puertas al sur"; casi siempre suele haber 
una sala o "galería reservada a las mujeres"; el techo "era, seguramente de 
artesonado, como existe aún en el Tránsito, en Toledo" y las paredes estarían 
decoradas "en su parte baja con azulejos y desde una altura de 2 metros con 
decoraciones de yeso talladas a mano a las que se añaden fajas en escritura 



61 O. Czekelius, op. cit. Nota n" 56. Epígrafe I. 

62 O. Czekelius, op. cit. Nota n** 56. Epígrafe m. 

63 O. Czekelius. Nota n** 56. Epígrafe m. Ejemplos. Ver d) Toledo. 



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Santiago PALOMERO PLAZA 



con caracteres hebraicos, todo ello policromado"; las ventanas son **relativa- 

mente pequeñas y cerradas con celosías"; las puertas pequeñas, ya que "en el 
culto hebreo no se conocen las procesiones"; del pavimento, poco se puede 

decir ' por ser lo que más desgaste y variaciones"; del mobiliario "apenas 
nada se conoce"; finalmente al comparar las fechas de su construcción "casi 
todas caen entre el XIII y XIV"^^ 

Estudia luego dos casos concretos, S"* la Blanca y Córdoba y termina 
con una inteligente reflexión sobre la asociación de "escuelas y baños ritua- 
les" a las sinagogas y el peligro que conlleva la generalización del término 
"baños árabes", cuando se trata de la zona de la judería. 

La obra del profesor Cantera se puede considerar como "el gran estudio" 
de las sinagogas españolas medievales. Ya citada a lo largo de nuestro traba- 
jo, sigue siendo válida la opinión de Camón Aznar, que cierra el prólogo 
considerándolo como "un libro capital para conocer uno de los aspectos 
esenciales — y más negados — de la cultura española". La primera edición es 
de 1955. la segunda, más reducida de 1973 y se reimprime completa en 1984. 

Casi preferimos, antes que glosar nosotros la figura de F. Cantera, influi- 
dos por su obra y su impulso para crear el Museo Sefardí, seguir las palabras 
de Camón Aznar. en el prólogo del libro "Sinagogas de Toledo, Segovia y 
Córdoba" de éste prestigioso hebraísta y recopilador de los restos arqueológi- 
cos con inscripciones hebraicas conocidos en España^^. 

"En la toledana sinagoga del Tránsito encontramos ya desplega- 
dos con miniada belleza, con fastuoso y apretado relieve, los temas 
que hemos de encontrar en el aite granadino... Muchas son las 
excelencias de éste libro de tan fácil y densa lectura». 

"Todo en el texto es esencial. Aludamos, como una gran dificultad con 
que tropezamos los que historiamos este arte, a la descripción de los elemen- 
tos decorativos que llenan los paramentos y que por su carácter abstracto y 
geométrico no tienen adjetivación posible, ni comentario personal. Y es que 
en este libro están referidos con rigor de nomenclatura y posición. Y conse- 
guimos, por último no sólo la claridad, sino la hermosura poética de la 



64 O. Czekelius, op. cit. Nota n° 56. Epígrafes IV y V. 

65 F. Cantera, J.M. F. y Millás, Las inscripciones Hebraicas de España, C.S.LC. Madrid, 
1956. n Tomos. 



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Apuntes historiügráficos sobre la sinagoga del Tránsito. Toledo \~¡~¡ 



traducción de las inscripciones que corren, como su mejor adorno, por los 
frisos de los muros de la sinagoga. Ya habíamos gozado de esta faceta lírica 
de Cantera, en sus traducciones de la Biblia. Aquí son impresionantes las 
invocaciones al Señor, los cantos al pueblo adorante y a todas las criaturas 
que lo glorifican. Todas estas leyendas son de una grandeza sálmica. Libro, 
en fín, que creemos capital para conocer uno de los aspectos esenciales de la 
cultura y del arte español"^. 

Hay que considerar este libro de Cantera como el mejor estudio hasta hoy 
sobre el conjunto de sinagogas españolas. Recientemente J. Luis Lacave ha 
culminado la obra del que Uama «su maestro» con la publicación del libro 
Juderías y Sinagogas Españolas, de la colección Mapfre en la que amplia el 
número de datos sobre las sinagogas conocidas en España. Hace, también un 
breve comentario de la del Tránsito con una referencia sobre las últimas 
excavaciones arqueológicas. 

El Ubre de Cantera pasa revista además al poema de Jacob Albeneh, de 
fines del XTV, después de la revuelta antijudía que sufiió la aljama toledana 
en 1391 y a sus distintas versiones, en el que se nos describe 'la lamentable 
ruina en que cayeron los principales centros de culto y estudio de aquella 
docta ciudad en 1391, osea pocos años después, de haber logrado el cénit de 
su niímero y potencia". 

Después estudia y describe la Blanca; el grueso del libro lo consti- 
tuye la Sinagoga del Tránsito y sobre todo sus inscripciones, para finalizar 
con el estudio de la Sinagoga del Corpus Christi de Segovia y la de Córdoba, 
junto con sus leyendas en hebreo y finaliza con un rccoiTido por el resto de 
las sinagogas conocidas a través de la documentación. 

A nuestro humilde juicio, el principal mérito de Cantera es reunir, por fin, 
en un sólo libro todos los restos monumentales de sinagogas judaicas en 
España y sobre todo resolver definitivamente el problema de las traducciones 
de las inscripciones hebraicas de la del Tránsito que tantos quebraderos de 
cabeza había producido a los diversos investigadores y eruditos que la descri- 
bieron. 

Las inscripciones de la Sinagoga del Tránsito son, para C. Roth "el docu- 
mento judío más famoso de Europa"^^. 



66 F. Cantera Burgos, op. cit. Nota n' 2, págs. 12-13. 

67 Cecíl Roth: «Las inscripciones históricas de la Sinagoga del Tránsito de Toledo". 
Sefarad, Vm, n** 1, 1948, págs. 3-22. 



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Santiago PALOMERO PLAZA 



Pasa revista desde el primer estudio de Rades Andrada en 1572, publicado 
en versión castellana por las Ordenes Militares y debida a un "iudio de 
nación, grande Letrado en su Ley", que, según Cantera "fantaseó sin tasa, 
gozando su traducción de inmerecida fama"; de Pérez Bayer. 1752, opina, 
con razón, "que ofrece la más prolija y cuidada investigación hasta aquí 
efectuadas sobre las inscripciones todas de la sinagoga del Tránsito"; conti- 
nua con los "trabajos" de Juan José Heydeck, al que denomina, también con 
razón, "curioso personaje", judío converso alemán, y del que considera "sólo 
una hábil traducción hebraica del texto de Rades"; en 1 799 la Academia de la 
Historia dio a la luz una Memoria con varías copias, incluida la realizada por 
la propia Institución. 

Entre Heydeck y la Academia se fragua **un gran error**, considerar al 
alarife Meir Abdeli como constructor de la sinagoga, error que va a aparecer 
durante todo el siglo XIX en autores como Parro, Palazuelos, Bécquer, Lozo- 
ya, Amador de los Ríos o González Simancas. 

En 1856 Graetz publica, basándose en P. Bayer un artículo sobre las 
inscripciones así como en 1900 el presbítero don Miguel García, Catedrático 
de Lengua hebrea en el Seminario Central Primado, sobre dibujos de G. 
Simancas. Para Cantera esta nueva versión, **con aciertos y graves yerros** no 
se puede considerar muy exacta. Rodrigo Amador de los Ríos reproduce ésta 
versión, aunque da en nota la traducción de Rades. 

En 1940 Abraham S. Yahuda hizo **un trabajo meritorio**, pero Cécil Roth 
en 1948 *liizo ya notar sus fallos**. Con todo este último trabajo de Roth es 
para Cantera **el mejor esfuerzo para lograr un texto lo más completo y 
depurado posible**, aunque con un problema **no íiie llevado a cabo sobre los 
originales, sino sobre los facsímiles publicados en el siglo XVIIT*. 

Por ello Cantera acomete el estudio global de todas las inscripciones del 
edificio estableciendo una clasificación para su estudio y una sitematización 
todavía hoy válida, así como sus transcripciones y traducciones, reconocien- 
do que el estado original de éstas no es el mismo que en 1572, cuando las 
examinó Rades o cuando en 1752 realizó las copias P. Bayer y asumiendo 
que una parte se ha perdido impidiendo realizar una lectura total. 

Las últimas dos décadas del siglo XX han supuesto un cambio cualitatix o 
en el estudio del edificio que además ha coincidido con el proceso de remo- 
delación del Museo Sefardí y su reapertura, lo que ha conllevado una diversi- 
ficacion y una especialización que se ha dejado sentir en las publicaciones 
que, creemos, han aumentado no sólo en cantidad, sino en calidad. 



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Apuntes histuríográjicos sobre la sinagoga del Tránsito. Toledo YJ^ 



Empezando por la propia Sinagoga, tanto las labores de restauración de 
yeserías^^ o las de limpieza del artesonado^"^ con sus correspondientes infor- 
mes y estudios del I.C.R.B.C. han posibilitado conocer con seguridad aspec- 
tos como la composición de la madera, tipo Pinus Pinaster: de toda la arma- 
dura de par y nudillo, que casi todos los autores creían de alerce, así como la 
exacta composición y colores originales que decoraban la sinagoga. Las 
primeras investigaciones arqueológicas llevadas a cabo con rigor científíco, 
incluyendo prospecciones geofísicas se realizaron en este momento, tomando 
como coordenadas la propia sinagoga y su entorno''^. 

Todavía continua abierta la discusión como se puede apreciar en este 
mismo libro que recoge las conclusiones de la mesa redonda celebrada con 
motivo del Curso de Verano y cuyo lema central fue la arqueología judía. 

La propia labor didáctica del Museo Sefardí ha posibiltado la aparición de 
muy diversas publicaciones que han hecho ampliar el conocimiento global de 
la historia de los judíos en España^', en Toledo^^ y del propio Museo Sefardí, 
desde la primera guía publicada en 1986^^, hasta la actual del Museo remode- 
lado^^ . 



68 C. Rallo Grauss, 'llestauración de las yeserías de la Sala de Mujeres de la sinagoga del 
Tránsito", Sefarad, XUX, Madrid. 1989, págs. 397-406. 

A. M. López Álvarez y Y. Álvarez Delgado: "La Galena de Mujeres de la Sinagoga del 
Tránsito. Nuevos hallazgos". Sefarad XLVII. Madrid 1987, págs. 301-314. 

69 E. Nuere, La carpintería de armar española. Ministerio de Cultura. I.C.R.B.C. Ma- 
drid. 1989, pág. 63. 

70 S. Plomero Plaza, Y. Álvarez Delgado y A. M. López Álvaiez, «Excavatíons aroiind 
the Samuel Halevi Synagogues (del Tránsito) in Toledo», Rev. Jewish Art. 1992. Jousalén, 
págs. 48-58. 

7 1 E. Romero y otros, La vida judía en Sefarad. Catálogo de la Exposición Temporal Año 
92. Celebrada en la Sinagoga del Tránsito, bajo los auspicios del Minis. De Cultura, con 
motivo del V Centenario de la Expulsión de los Judíos. Madrid. 1992. 

72 A. M. López Álvarez y otros, Guía del Toledo Judío, Ed. Codex. Toledo. 1990. 

73 A. M. López Álvarez, Catálogo del Museo Sefardí de Toledo. Madrid. 1986. Ministe- 
rio de Cultura. 

74 A.M. López Álvaiez, S. Palomero Plaza, M.L. Menéndez Robles, Museo Sefardí 
Toledo, Ministerio de Cultura. Salamanca. 1995. 



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Así mismo existen versiones reducidas de la anterior obra ' y guías para 
extravagantes, en edición especiaF^. También a veces, la propia sinagoga es 
marco de exposiciones temporales^^ 

Desde el punto de vista de la historia del arte también han aumentado los 
datos que poscenios sobre la sinagoga. En general el vol. XVIII de la Rev 
Jewish Art dedicado a Sefarad hay varios artículos de Yom Tov Assis, Beza- 
lel Narkiss que abordan algunos aspectos concretos del Tránsito y uno, de E. 
Goldman, en particular'''*. 

Aparte de las publicaciones generales son destacables las investigaciones 
de Teresa Pérez Higuera y Basilio Pavón Maldonado^". Muy recientemente 
J. Carlos Ruiz Souza estudia la relación entre Santa Clara de Tordesillas y el 
Tránsito, y la posible utilización de artistas nazaríes frente a la hipótesis más 
tradicional del "mudejarismo toledano". 

El mismo volumen que ustedes tienen en sus manos es una muestra más 
de aportaciones historiográficas en tomo a la sinagoga del Tránsito. Afortu- 
nadamente para el siglo XXI quedan todavía muchos aspectos que estudiar 
sobre la sinagoga, que desde hace más de 600 años viene siendo motivo de 
admiración y contemplación. 



75 A.M López Ah arez, S, Palomero Plaza y M.L. Menéndez Robles, Guía del Museo 
Sefardí de Toledo. ALDEAS A. Madrid. 1998. 

76 A. M. López Ál\ arez, S. Palomero Plaza y M.L. Menéndez Robles. A walk around the 
Sephardi Museum. Edit. Real Fundación de Toledo y A. Amigos del Museo Sefardí. Toledo. 
1996. 

77 A.M. López Álvarez y S. Palomero Plaza, "La sinagoga del Tránsito como marco de la 
exposición". La Escuela de Traductores de Toledo^ págs. 9-16. Edit. Excma. Diputación de 
Toledo. Toledo. 1996. 

78 E. Goldman, "Samuel Ha levi Abulafia.s Synagogue (El Tránsito) in Toledo. Rev. 

Jewish Art. Vol. Eighteen. Jerusalén 1992, págs. 58-70. 

79 B. Pavón Makionado. Arte Toledano: Islámico y mudéjar, Madrid. 1988. Ver pág. 156, 
176 y ss. Instituto Hispano-árabe de Cultura. 



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EL ESPACIO PRIVADO: UNA CASA EN LA 
JUDERÍA DE ALCALÁ DE HENARES 

Francisco Reyes 

Arqueólogo 



1. INTRODUCCIÓN: EL ESPACIO PRIVADO. LA CASA COMO 
ELEMENTO DEFINIDOR DE UNA COMUNIDAD 

La casa no es sólo una acumulación de formas o una distibución de 
volúmenes, como tampoco la suma de elementos decorativos o el predominio 
de determinados colores, materiales o texturas. La casa es el reflejo y la 
significación del modo de ser y de comportarse; del modo de vivir y de existir 
del grupo humano a través del tiempo. Todo ello no invalida los condicionan- 
tes que posee la casa, como veremos más adelante. 

Es el propio grupo humano el que de manera espontánea va reflejando en 
su morada las diferentes incidencias de la historia y la cultura, en forma de 
necesidades y obligaciones cotidianas, que se ven plasmadas con sencillez y 
naturalidad en su espacio más privado e íntimo, cual es su casa. No se trata, 
por lo tanto de un refugio frente a la climatología stricto sensu, sino de la 
plasmación más profunda de la identidad individual y colectiva de la persona- 
lidad del grupo, tanto en su vertiente subjetiva — diferenciando y acotando su 
espacio íntimo frente a los restante miembros del grupo — en un ejercicio de 



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Francisco REYES 



dominio y pertenencia, como de identificación grupal frente a otros grupos 
humanos. 

El ser humano al construir su vivienda está dando forma, quizá de 
manera intuitiva, a modelos culturales que posee de manera no conscien- 
te, que vuelca en ese espacio de su privacidad. Esta arquitectura cubre 
necesidades básicas, sin excesivas concesiones, salvo en las mansiones 
más lujosas, utilizando sencillos y eficaces resursos técnicos, transmiti- 
dos normalmente de padres a hijos mediante capacitaciones arlesanas de 
constructores empíricos. Desde esta perpectiva la casa se convierte en 
una fuente insoslayable de conocimiento etnográfico, ya que en ella se 
compendian las pulsiones sociales y culturales del grupo, así como sus 
capacidades técnicas, su adaptación al medio y el reñejo de sus creencias 
y conocimientos. 

1.1. Aspectos generales: los condidonantes de la casa popular 

El condicionamiento geográfico 

La arquitectura doméstica ha sido hasta fechas recientes un prcxlucto 
natural del suelo y del clima. Se trataba de una obra colectiva, sacada de la 
vida misma, que recurría a los materiales más próximos y los empleaba 
apenas sin transformar. Los progresos civilizadores representan una reacción 
contra la naturaleza, que nunca llega a representar una total liberación de su 
condicionalismo. Así podemos ver que la casa abre huecos cuando el clima es 
bonancible o se cierra al exterior en caso de climatología muy adversa, 
aterraza o cubre con pendientes tejados según sea la pluviosidad del emplaza- 
miento. 

Los modelos económicos 

La casa no sólo representa el hábitat del grupo familiar, también se confi- 
gura como el emplazamiento de actividades económicas del grupo humano. 
La asociación de la primera a las actividades económicas familiares suele 
encontrarse frecuentemente. Así hallaremos junto a estancias destinadas a la 

vivienda humana espacios de almacenamiento, lugares de salvaguarda de 
aperos y herramientas, cuadras o establos destinados a dar cobijo a los anima- 
les, en caso de dedicación ganadera, etc. 



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El espacio privado: una casa en la judería de Alcalá de Henares 183 



Los materiales disponibles 

La casa utiliza de manera apropiada los materiales más abundantes que el 
medio le ofrece. Sólo en el caso de las mansiones más lujosas el recurso a 
materiales distintos y distantes viene a representar esa separación del resto de 
las viviendas del grupo humano. La utilización de materiales constructi\ os 
abundantes o escasos en la vivienda constituye una manifestación del poder 
económico y social del grupo familiar dentro de su ámbito social. 

La capacidad técnica y el grado de madurez alcanzados 

La casa refleja de manera clara el grado de capacidad técnica alcanzada 
por el grupo humano. En este aspecto suele diferenciarse el fenómeno de la 
mera construcción — que sólo se atiene a que aquélla se mantenga en pie — al 
fenómeno de la arquitectura, que junto a la preocupación anterior se atendrá a 
otros considerandos como son la forma, el número, el orden, la estética, etc. 
Si el primero es el reino de la estática, el segundo persigue la estética como 
máximo valor. Dentro de este apartado debemos señalar que existen grandes 
diferencias entre la casa urbana, mucho más sometida a pulsiones de novedad 
y renovacdión, que la casa rural, más anclada en tradiciones seculares y en 
formas de hacer populares. 

Los posibles condicionantes culturales del mundo judio 

No hemos encontrado precepto alguno que señale o condicione de forma 
expresa la vivienda del judío. Salvo los distintos decretos que forzaban su 
reclusión o apartamiento del resto de la población. Esta insistencia en la 
segregación de la población hebrea ocasionaba cuantiosas pérdidas económi- 
cas, como bien señalaba la comunidad que las suMa, y suponía un grave 
condicionante tanto económico como espacial, ya que en ocasiones se delimi- 
taba un espacio poco extenso. Por otra parte, la tentación de agruparse como 
forma de mantener la cohesión grupal también debía suponer un condicionan- 
te, ya que rara vez se permitía la expansión de la aljama, contenida dentro de 
una cerca en muchos casos. 



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Francisco REYES 



¿Existe como tal la casa hispanojudía? 

En el estado actual del conocimiento sobre la casa medieval en la Penínsu- 
la Ibérica no puede señalarse diferencia alguna de tipo constructivo, funcio- 
nal, decorativa o de cualquier otro tipo que diferencie a la morada de una 
familia judía de otra musulmana o cristiana. Sólo su ubicación y la localiza- 
ción de determinados elementos, como se verá más adelante, pueden confir- 
mamos esta adscripción. 

1.2. Fuentes para el estudio de la casa hispanojudía 

Debemos cao^áem como fuentes en el estudio del ámbito doméstico, las 
fuentes escritas e impresas, las fuentes orales, las fuentes epigráficas y las ar- 
queológicas. El valor de estas fuentes a la hora de abordar el espacio privado es 
desigual. Las fuentes escritas e impresas nos proporcionan datos acerca de la 
ubicaciiki de la judería, sus conflictos, pleitos, ataques, etc. En general son 
elocuentes acerca de la vida de la comunidad, pero sus referencias específicas al 
ámbito doméstico son escasas^ Dentro de ellas poseen menor valor referendal 
las de tipo presaiptivo, mientras que las de tipo narrativo, jurídico, histórico y 
artístico nos acercan más a este tema. La qngrafíá no suele abordar el ámbito 
doméstico de manera directa y la tradición oral proporciona un marco muy 
goieral que por sí solo es insuficiente. Por otra paite la arqueología no ha hecho 
más que empezar en este can^. No existen obras de síntesis y las excavaciones 
en. las juderías revisten en la mayoría de las ocasiones un carácto: de urgencia. 

2. ESTADO ACTUAL DEL CONOCIMIENTO SOBRE LA CASA 
HISPANOJUDÍA 

2.1. El hábitat medieval en el ámbito peninsular 

Se conoce de manera muy desigual. Para el ámbito hispanomusulmán 
existen obras clásicas y síntesis recientes^. Podemos señalar que la panorámi- 



1 Una buena iiidx)diicdón a estas fuentes se halh en las pub^ 

de Cultura Ifispanqjudíá y Señoxií que desde 1992 viene editando La Asociación de Amigos del 
Museo Sefardí de Toledo en cokdxnadón coa la Universidad de Castilla-La Mancha. 

2 VV.AA. La casa hispano-musulmana. Aportes de la arqueoloí^ía. Granada, 1990; 
VV.AA, Actas del IV Congreso de Arqueología Medieval Española, Alicante, 1993. 



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El espacio privado: una casa en la judería de Alcalá de Henares 185 



ca ofrecida por la bibliografía disponible es suficiente y globalizadora. No 
ocurre así con el ámbito hispano-cristiano. Hay que recurrir a trabajos de 
ámbito comarcal o regional, así como a publicaciones específicas^. 

2.1.1. La especificidad del ámbito judío 

Resulta de suma importancia, a la hora de plantreamos una intervención 
en el ámbito de una judería, tener finadas unas pautas que nos indiquen lo 
más claramente posible la filiación de los elementos y materiales que vamos 
a ir localizando. Hay que señalar de entrada que se da en este campo una falta 
de estudios generales que orienten al investigador. Si para los materiales 
poseemos todo un corpus recogido bajo la denominación genérica de Judaica, 
en el campo del espacio privado la carencia de manuales y síntesis de referen- 
cia manifiesta la escasa dedicación que se le ha dado hasta ahora. Ante esta 
situación proponemos como elementos de referencia: 

— La epigrafía. Hay que señalar que en el campo de la vida privada su 
importancia es relativa, ya que no es frecuente localizar en el ámbito 
doméstico o laboral inscripciones epigráficas, que denotan una actua- 
ción solemne, sea en el ámbito privado (enterramiento, dedicación, 
etc.) Sea en el público e institucional (erección de una sinagoga). 

— El utillaje ritual. Qui/á sea al que con más frecuencia y eficacia se 
recurra. La presencia de hanukiyat ha constituido hasta ahora una 
referencia fiable. Sería bueno ampliar la nómina de elementos rituales 
que puedan darse dentro del seno familiar. 

— La ublicación. Desde el punto de vista urbanístico es la referencia que 
se ha venido manteniendo como punto de partida. Si se ha delimitado 
la judería, su perímetro puede garantizarnos, de manera relativa, que 
nos encontramos ante una vivienda de una familia judía. Evidentemen- 
te esta afirmación de entrada deberá justificarse con otras referencias 
que la confirmen. 

— La toponimia. El callejero mantiene vivas muchos topónimos alusivos: 
calle de la sinagoga, calle de levíes, judería, calle de la pimienta, etc. 
Estas referencias a la presencia judía no son totalmente fiables, ya que 



3 Para comenzar en este campo recomendamos las Actas de los Congresos Nacionales 
de Arqueología y los más recientes Congresos de Arqueología Medieval Española. 



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Francisco REYES 



pueden corresponder a un momento dado y los restos que tengamos se 
correspondan con otro. Nos valen como indicador y deberán ser avala- 
dos o rechazados en función de los otros indicadores y de la propia 
actividad desarrollada. 
— Documentación histórica o literaria. Las querellas, los actos de com- 
praventa, los asaltos a las juderías, etc., han generado una cuantiosa 
documentación que debe servimos a la hora de plantear una actuación 
en este ámbito. 

Tradición oral. Encontramos en muchas obras este elemento como única 
referencia. vSu valor es muy limitado, ya que en más de quinientos años se han 
producido transformaciones urbanísticas importantes. Sólo la actuación ar- 
queológica podrá confirmar o desmentir esta atribución. 

22, Las tendencias actuales en el estudio de la casa hispanojudlá 

Hasta el momento presente los estudios y trabajos en el ámbito de la 
investigación del mundo hispanojudío se han ceñido a un reducido número de 
especialistas procedentes del mundo de la filología semítica, especialidad de 
filología hebrea y a miembros de la comunidad israelita. Esta situación pro- 
vocaba una alta cualificación de los trabajos, de manera general, pero cons- 
treñía su expansión. Recientemente se ha producido una aproximación a este 
mundo de investigadores y estudiosos procedentes de otros ámbitos, entre 
ellos me referiré al arqueológico, que han aportado sus conocimientos y 
técnicas específicas al estudio de la cultura hispanojudía. Sería bueno que no 
se percibiese como intromisión en un coto cerrado y no se viese en este hecho 
una intromisión ilegítima. 

2.2.7. La importancia de la intervención arqueológica en las ciudades y 
centros históricos 

La presencia del mundo hispanojudío se centra en la ciudad. Hasta la 
fecha no han aparecido vestigios de poblamiento rural. Esta circimstancia 
evidencia la atención que hay que prestar al fenómeno de la arqueología 
urbana. Las intervenciones en los cascos históricos y las remodelaciones 
del interior de las ciudades están transformando en nuestros días la fisio- 
nomía de los centros históricos. Ello supone una buena oportunidad para 



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El espacio privado: ujia casa en la judería de Alcalá de Henares 187 



investigar pero también resulta una eficaz manera de destruir. La sensibi- 
lización por estos temas y la incorporación de medidas cautelares en 
planes de reforma interior, etc., no es sólo aconsejable sino totalmente 
necesaria. 

2.2.2. El interés por los estudios de cultura hispanojudíá 

El mundo hispanojudío está hoy de moda. Ello se refleja en el interés que 
suscitan los estudios que se publican y la buena acogida que tienen los 
trabajos que se llevan a cabo, pero tiene un grave aspecto negativo: las falsas 
atribuciones que menudean. Puede observarse cómo se catalogan como tales 
restos que pudieran o no ser hispanojudíos. 

2.2.3. Sugerencias para el futuro 

Planteamos que los trabajos arqueológicos, nuestro campo, se realicen 
por equipos interdisciplinares, que se desarrollen planes especiales de 
protección y estudios de las aljamas, ahora que todavía es tiempo; y que 
se lleven a foros de debate y discusión las novedades y avances que 
vayan surgiendo. 

3. EJEMPLOS DE HÁBITAT HISPANOJUDÍO 

3.1. Época Zirí granadina: casas y torre de la Alhambra 

La Alhambra granadina posee — aparte del recinto murado y de las estruc- 
turas placiegas — un conjunto de edificaciones. Muchas de ellas son conoci- 
das desde hace tiempo. En un reciente trabajo .1. Bermúdez López ha aborda- 
do su estudio desde una perspectiva global^ El número de estas edificaciones 
asciende a 17 en la Plaza de Armas de la Alcazaba; 5 en torno a la Calle Real 
de la Medina; 2 en la Alhambra Alta, que ya estudiara Torres Balbás'; 2 en el 



4 J. Bermúdez López. "Contribución al estudi(i de las construcciones domésticas de la 
Alhambra: Nuevas perspectivas", La casa hispano-musulniana. Aportaciones de la Arqueolo- 
gía, Granada, 1990, págs. 341-354. 

5 L. Torres Balbás, 'Tlantas de casas árabes en la Alhambra", al Andalva, II, 1934, págs. 
380-387. 



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Francisco REYES 



Partal Alto, anejas al Palacio de Yusuf Hl; y la denominada Casa de los 

Amigos en el Generalife^ íFigs. 1 y 2). 

Del conjunto formado por estas casas interesa reseñar su gran homogenei- 
dad, que J. Bermüdez Pareja sintetiza en los siguientes rasgos distintivos': 

— Todas están centradas por un patio en torno al cual se distribuyen las 

dependencias. 

— El patio está centrado por un elemento de agua (alberca, fuente o pila), 
siempre marcado en el pavimento. 

— La totalidad de las casas posee retrete y conducciones de agua, inde- 
pendientemente de la importancia de la vivienda. 

— La mayoría posee planta superior, a la que se accede a través de 
escaleras de peldaños irregulares que parten del patio o de sus galerías. 

— Al patio se accede siempre en recodo, procurando superponer las habi- 
taciones para favorecerlo. 

— En todas las casas hay una estancia principal, plurifuncional. abierta 
directamente al patio. Las más ricas compartimentan sus laterales con 
alcobas. 

— El patio es el núcleo principal de la casa, a partir del cual se desarrolla 
la decoración, ausente en fachada, que carece de otro hueco que la 
puerta. 

— Presencia de "almatraya" ante el umbral de la estancia principal. 

En el trabajo de J. Bermúdez no se hace distinción dentro del grupo de 
casas en relación con el momento de su construcción, aspecto que creemos de 
vital importancia. Quizá su carácter homogéneo hiciese que esa distinción no 
fuese relevante para su trabajo. Sin embargo para nosotros sí constituye un 
aspecto primordial. En fechas recientes han aparecido dos trabajos del equipo 
de investigadores del Museo Sefardí de Toledo que han abordado el momento 
inicial de las construcciones de la Alhambra en época zirí. En estos trabajos 
se aborda el estudio de las primeras construcciones palatinas debidas a la 



6 J. Bermúdez López, opus cit., págs. 341-342. 

7 Ibidem, pág. 343 



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El espacio privado, una casa en ¡a judería de Alcalá de Henares 189 




Figura 2: Torre de los Infantes. Alhamhra de Granada. Según J. Bermúdez Pareja. 



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familia judía de los ibn Nagrella\ Interesa reseñar que en estos trabajos se 
acomete una verdadera labor de rastreo de los datos contenidos en la docu- 
mentación disponible, llegándose a delimitar en algunos casos los elementos 
constructivos de la Alhambra que pueden ser identificados como de época 
zirí. Entre ellos destaca^: 

— Elementos importantes del recinto de la actual Alcazaba de la Alham- 
bra. 

— Elementos del "Palacio de la Alhambra". 

— Área de fortificación comprendida entre la Puerta del Vino y la Puerta 

de la Torre de Machuca. 

— Las torres de Los Picos y Gomares. 

— Elementos sueltos: dos capiteles situados a la entrada del Cuarto Dora- 
do en la antigua Casa Real; dos capiteles de mármol negro, aprovecha- 
dos en el Patio del harén; capiteles del tipo "nido de aveja" que se 
conservan en el Museo de la Alhambra; y algunos aleros de la Torre de 
las Damas de la Alhambra, conservados en el Museo de la Alhambra 

Volviendo al tema de las construcciones de la Alhambra conviene tener 
claro que la mayoría de ellas pudieran emplazarse entre los siglos XIV y XV, 
estando, por lo tanto, en relación con los esquemas ocupacionales nasríes. Si 
ello es así, no debe olvidarse, por otro lado, que algunas de las estructuras 
localizadas en el área de la Alcazaba, del Palacio y la Torre de las Infantas 
parecen corresponderse con las obras de los ibn Nagrella, encontrándonos 
ante una ocupación de familias judías o de su entorno, a juzgar por los datos 
que se han aportado antes. Este aspecto es sumamente interesante, pues nos 
indica que se da una indeterminación entre los establecimientos islámicos y 
los judíos en este espacio. 



8 A. M. López Álvarez y M. L. Menéndez Robles, '^Palacios y mansiones de la España 
judía**, Espacio, Tiempo y Forma, Serie Vn, 6, 1993, págs. 97-116; y A.M. López Álvarez, 
S. Palomero Plaza y M. L. Menéndez Robles, 'XSonseoiendas del Decreto de expulsión 
sobre los bienes inmuebles de los judíos españoles", La Expulsión de los judíos de España. // 
Curso de Cultura Hispanojudía y Sefardí {Toledo, 16-19 septiembre, 1992) , Toledo, 1993, 
págs. 149-174. 

9 A. M. López Álvarez y M. L. Menéndez Robles, Op. cit., págs. 106-107. 



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El espacio privado: una casa en la judería de Alcalá de Henares 19I 



3^. Época Almohade: la casa Manara de Sevilla 

La Casa de Manara se sitúa en el Barrio de San Bartolomé, en plena 
judería sevillana. La intervención arqueológica ha puesto de relieve bajo el 
palacio renancentista de 1532 una casa mudejar del siglo XV y un edificio 
islámico de época almohade'^'. El primer edificio del siglo XII (principios de 
la primera mitad) se extiende en más de 1.200 m^, estructurados en tomo a 
patios. Se denota concepción unitaria del conjunto, articulado por canaliza- 
ciones que parten de pozos y norias y recorren los patios por atarjeas que 
limpian letrinas y desaguan a la calle. El carácter unitario del emplazamiento, 
así como su integración en un único esquema constructivo ha llevado a los 
excavadores a plantearse la posibilidad de que nos encontremos ante un 
edificio comunitario o que revistiese un cierto carácter público" (Fig. 3). 
Parece que estas estancias pasarían a un personaje pudiente de la comunidad 
judía tras la conquista cristiana de 1248, según se desprende del Libro de 
Repartimiento'^ La cerca judía que atraviesa el conjunto parece avalar igual- 
mente su inclusión en la judería sevillana. En el registro arqueológico no 
existen pruebas de saqueo correspondiente al asalto a la judería en 1391 cuya 
violencia se reflejó en la desaparición de la judería como barrio aislado, con 
el desalojo y dispersión de sus habitantes'^. El abandono de las viviendas por 
sus moradores y la reocupación de las mismas hasta mediados del siglo XV 
también parece ccMistatarse en los trabajos llevados a cabo, asegurándose la 
presencia de la comunidad judía en el emplazamiento al quedar inscrito 
dentro del perímetro de la cerca'^ El edificio mudéjar de mediados del siglo 
XV se erige en ese espacio, adaptándose a las estructuras preexistentes. Este 
edificio mudéjar denota una cierta categoría de sus moradores — como se 
observa a través de sus yeserías, zócalos con heráldica familiar, azulejería y 
artesonados — que los investigadores relacionan con las familias Alcocer y 
Almansa''. 



10 R. Ojedíí Calvo y M. A. Tabales Rodríguez, "Estudio diacrónico de la ocupación del 
edificio islámici) bajo el Palacio de Manara (Sevilla): tres usos, tres culturas (siglos XII-XV)", 
IV CAME. Actas, Vol. II, págs. 137-146. 

11 Ibídem, pág. 139. 

12 Ibídem, pág. 139. 

13 Ibídem, pág. 140. 

14 Ibídem, págs. 138-139. 

15 Ibídem, págs. 139-145. 



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El espacio privado: una casa en la judería de Alcalá de Henares 193 




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3.3. Epoca Bajomedieval Cristiana: la Plaza de la Judería: Teruel 

Durante el año 1977 se realizan excavaciones en la Plaza de la Judería de 
Teruel, excavándose varias casas sencillas en ese año"'. Entre los materiales 
recuperados se obtienen fragmentos de dos hanukiyot. Al año siguiente, un 
socavón en la plaza origina una intervención de urgencia que permite la 
excavación de un edificio rectangular de 10,60 x 6,10 m''. Se excava la planta 
baja, colmatada de materiales de derrumbe, destinada a área de almacena- 
miento. Su estructura parece responder a un sistema de espacio central, en 
torno al cual se nuclean laterales compartimentados en tres naves aboveda- 
das. Lo deleznable de los materiales constructivos empleados — entre los que 
sobresale el yeso — hacen considerar a su excavadora que se trata de un 
edifício privado, provisto de área de almacenamiento en la planta baja'^. 
Entre los materiales lecuperados se destaca una hanukah en verde y manga- 
neso y otros materiales cerámicos populares turolenses de los siglos XIII, 
XIV y XV. El edificio parece que se abandonó hacia finales del siglo XV y 
no se volvió a reocupar, siendo desmochado posteriormente y sus materiales 
de derrumbe sellaron la planta baja. 

3.4. Época Bigomedieval crístíana: judería de Bríviesca (Burgos) 

En la judería de Briviesca se han llevado a cabo actuaciones arqueológicas 
entre los años 1985 y 1988. Todas ellas como consecuencia de actuaciones 
urbanísticas y de construcción o reforma de viviendas en el casco urfoano^^. 
Los hallazgos de numerario (abundantes monedas de plata y bronce del 
reinado de Pedro I); así como platos de plata sobredorada, con la estrella de 



16 La noticia de la excavación la propofciona la directora de los trabajos arqueológicos 
Puñficación Atrián Jordán: «Lámparas de Hanukkah en cerámica popular turolrase», Teruel, 

66. págs. 175-180. No conocemos detalles relativos a las construcciones excavadas, ya que este 
artículo se centra fundamentalmente en los materiales recuperados y la Memoria de la Excava- 
ción aún no ha sido publicada. 

17 Ibídent Véase también su reseña "Informe sobre las excavaciones realizadas en la 
Plaza de la Svuéetía", Boletín Informativo de la Excma. Diputación de TerueU 69, págs. 44-46. 

18 "Informe sobre las excavaciones...", pág. 4S. 

19 Noticia de estas actuaciones se recogen en la reseña de los trabajos publicada en las I 
Jomadas Burgalesas de Historia, J. D. Sacristán de Lama y A. I. Ortega Martínez, "Interven- 
ciones arqueológicas de urgencia en yacimientos medievales de la provincia de Burgos", 
Introducción a la Historia de Burgos en la Edad Media, Burgos, 1990, págs. 531-540. 



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El espacio privado: ujia casa en la judería de Alcalá de Henares 195 



David impresa, y cucharas de plata — que los arqueólogos consideran objetos 
litúrgicos — parecen avalar la idea de un clima de inestabilidad en la judería 
con ocasión de las luchas entre Pedro I y Enrique Trastámara, que provoca- 
rían la ocultación de estos elementos-". Si interesantes resultan los objetos 
recuperados en el ámbito de la judería por su importancia y clara filiación, no 
menor importancia mantienen los trabajos llevados a cabo en un sector de la 
judería no alterado por la maquinaría de construcción, que permitió poner de 
relieve estructuras urbanísticas de carácter vial y de vivienda. El arrasamiento 
que presentaban estas estructuras —con claras señalas de incendio— con- 
cuerdan con las indicaciones que proporcionan los hallazgos de materiales 
antes reseñados, que hacen plantear el clima de inestabilidad del momento y 
la destrucción de la judería por parte Trastámara^^ 

4. EXCAVACIONES EN EL NÚMERO 30 DE LA CALLE MAYOR 
DE ALCALÁ DE HENARES 

Durante el otoño de 1996 se llevó a cabo una excavación arqueológica en 
el inmueble número 30 de la Calle Mayor de Alcalá de Henares^. Este 
edificio se encuentra ubicado dentro del recinto de la judería alcalaína, a 
escasos metros de la antigua sinagoga (Fig. 4). Su ubicación junto al llamado 
Hospitalillo de Nuestra Señora de la Misericordia u Hospital Antezana, en- 
marcados por las calles Mayor. Imagen y Tahona, le confieren una disposi- 
ción privilegiada dentro del antiguo recinto alcalaíno. La construcción actual 
responde a un conjunto de disposición alargada, transversal a la vía pública, 
con un escaso desarrollo en fachada y un gran fondo- (Fig. 5). Formalmente 
el edificio parece responder a una integración de elementos diferenciados: 



20 Ibídem. págs. 537-538. 

21 Ibídem, pág. 38. 

22 Los trabajos arqueológicos fueron codirigidos por Marta Giménez la Rosa, Julio 
Escalona Monge y Francisco Reyes Téllez. 

23 Quintano Ripollés recoge en su trabajo sobre Alcalá de Henares los datos documen- 
tales sobre las casas de la judena. que vienen a coincidir a grandes rasgos, con los que ahora 
encontramos: "En la calle Mayor —señala — habitan y explotan sus negocios los principales 
mercaderes hebreos; sus casas tenían una üpica construcción de fachadas al interior y corredo- 
res delanteros con voladizos y soportales sc^nidos con maderos, que reformaría el arzobispo 
Tenorio../'; A. Quintano Ripollés, Historia de Alcalá de Henares, Alcalá de Henares, 1973, 
pág. 47. 



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Francisco REYES 




a) Una fachada estéticamente encuadrable en un barroco clasicista que da 
paso a un cuerpo delantero al que se le adosa a principios del siglo XX 
otras estancias. 

b) Una estructura de habitaciones nucleadas en tomo a un patio, cuyo 
cuerpo superior va volado en galería sustentada sobre estructura de 
hierro forjado. 

c) Al fondo del conjunto se integran estructuras de habitación articuladas 
en torno a dos patios. Esta parte del inmueble sabemos que fue dedica- 
do hasta mediados del presente siglo a la fabricación de chocolates, 
hecho confirmado arqueológicamente. Anteriormente su uso parece 
reservado a huerta y cobertizos. 



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El espacio privado: una casa en la judería de Alcalá de Henares 197 




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Francásco REYES 



4.1. La actuación arqueológica 

Se ha desarrollado en los tres ambientes descritos, planteándose un área de 
excavación en cada uno de ellos: 

AREA I: este sector de la excavación estaba condicionado por el entibado 
que hubo de establecerse para evitar el derrumbe del techo. Ello constreñía el 
desarrollo de un espacio de exca\ ación cuadrangular. Además se necesitaba 
abarcar cuanto más espacio fuese posible para atender a la investigación de 
este tramo. Por todo ello se consideró oportuno disponer una cuadrícula 
rectangular de 1 m. de ancho por 3 m. de largo. En el curso de su excavación 
se puso de manifiesto la necesidad de ampliar el espacio abarcado en su 
tramo oriental, con el fin de poder estudiar con mayor amplitud la fosa que 
allí se ubicaba (Fig. 6). 

En este Area se levantó el suelo actual, compuesto por una solera de 
baldosa que data de mediados de este siglo, del tipo conocido como suelo de 
mosaico, formando un dibujo bícromo (Contexto 10001 ). Bajo él se localizó 
un nivel de relleno, formado por escorias de carbón mineral, procedentes del 
horno de chocolate (Contexto 10004), que cubría un entramado de vigas de 
madera de unos 4 cms. de ancho y 1 m. de largo, muy deterioradas, y 
manteniendo una distancia entre ellas de aproximadamente 0,5 m. (Contexto 
10005) (Fig. 6). 

Bajo el relleno de escorias se localizó una base de arcillas plásticas de 
tonalidades amarillentas (Contexto 10009). Estas arcillas no representan la 
base natural, sino que son un relleno de época bajomedieval. En esta base de 
arcillas se excavó una pequeña fosa (Contexto 10008), rellenada posterior- 
mente con materiales procedentes de derribo y una zapata de caliza con 
perforación para sujetar un poste de madera que se dispondría sobre dicha 
zapata. Dada la posición en que ^>areció, no se puede asegurar que esa fuese 
su localización original. 

En el extremo oriental de la cuadrícula, las arcillas presentaban un corte 
muy claro por haberse procedido a su extracción, formando una fosa que 
excedía del perímetro abarcado por el área de excavación, y que motivó la 
anq)liación del espacio excavado. Aún así no ha sido posible abarcaria por 
completo. En el tramo excavado se ha podido constatar que la colmatación de 
este rebaje de las arcillas está formado por un gran acumulación de cenizas y 
algunos guijarros sueltos. Bajo ellos se dispone el tramo de relleno en contac- 
to con el fiiego (10015), que presenta señsdes evidentes de calcinación. Seña- 



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El espacio privado: una casa en la Judería de Alcalá de Henares 



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lemos que fue precisamente en este espacio donde se ha localizado la mayor 
presencia de numerario, que se manifiesta como una ocultación. De hecho, 
catorce de las piezas se extrajeron de este contexto formando un bloque. El 
resto del relleno de la fosa está compuesto por tierra arcillosa, muy suelta, 
mezclada con elementos de derribo como ladrillos, tejas y firagmentos peque- 
ños de argamasa. La presencia de numerario en estas cotas inferiores es 
menor. Sin embargo la cerámica es abundante en todo el relleno. 

AREA II: se emplazó este área de excavación el extremo NO de la fmca. 
Una primera inspección ponía de relieve la tardía incorporación de este 
espacio al conjunto. Cuando se realizó la primera ojeada al inmueble este 
sector aparecía despejado y por ello se consideró apropiado para llevar a cabo 
en el mismo una actuación (Fig. 7). 

El suelo actual estaba formado por una potente capa de cemento indus- 
trial, reforzada con guijarros (Contexto 20001). Su levantamiento puso de 
relieve la existencia de rellenos muy modernos (Contexto 20002) que conte- 
nían materiales actuales. Bajo ellos se disponía un gran bloque cuadrangular 
de caliza con el engaste de una pieza de hierro que servía de eje a un 
mecanismo de molturación de cacao (Contexto 20003). Esta pieza descansa- 
ba sobre rellenos (Contexto 20004) que colmataban una estructura circular 
levantada con ladrillo trabado con argamasa de cal y arena (Contexto 20006). 
Dicha estructura se acomodó mediante un cierre superior de ladrillos para 
adaptarla a las dimensiones de la muela, ya que se observa cómo se dispone 
excéntricamente a la estructura anterior. 

La estructura circular de ladrillos, antes citada, presenta una profundidad 
de 1,20 m., habiendo sido colmatado su interior por escombro moderno, con 
el fin de asentar el ingenio mecánico citado. En su parte inferior, asienta 
sobre una capa de arcillas compactadas (20008), que presenta un rebaje en 
forma de fosa, cuyo fondo se cubrió con una gruesa capa de argamasa 
(20013). El relleno de csla fosa presenta abundantes materiales bajomedieva- 
les, tanto cerámicos como metálicos. Bajo la capa de argamasa citada, se 
descubrió un suelo de ladrillos y guijarros (Contexto 20011). 

AREA III: en el extremo NE de la finca se emplazó este área de excava- 
ción, en un espacio también incorporado tardíamente a la finca actual (Fig 8). 

El nivel superficial de esta zona correspondía a una acumulación de mate- 
rial procedente del derribo de estructuras arruinadas. Bajo él se disponía una 



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200 



Francisco REYES 




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£/ espacio privado: una casa en la judería de Alcalá de Henares 201 



capa de cemento de escaso grosor (Contexto 30001 ), que cubría un solado de 
loseta basta tradicional (Contexto 30002). El piso de esta habitación se esta- 
bleció sobre un suelo de tierra pisada, muy deteriorado y perdido, que a su 
vez se superponía a rellenos modernos en los que se mezclan escombros y 
restos cerámicos de época reciente. 

Esta capa de escombro envuelve un muro de gruesos bloques de caliza y 
pedernal recibidos con argamasa y asentado sobre una cimentación de guija- 
rros y pequeñas piedras compactadas con cal y arena. Este muro conserva dos 
hiladas en altura y presenta una orientación norte-sur, que divide la cuadrícu- 
la por su eje central. 

En el ángulo suroriental de la cuadrícula se definió una fosa de forma 
cuadrangular (30007) que había cortado los escombros modernos profundi- 
zando hasta una cota de 80 cm, rellenándose con los materiales removidos en 
el momento de su perforación (30008). 

Se continuó profundizando hasta una cota de 1,15 m., comprobándose que 
la cimentación del muro se dispuso sobre una tierra de matriz más arcillosa y 
compacta (30009), que contiene abundantes materiales de construcción (la- 
drillo, teja, pequeñas piedras, restos de argamasa, etc.), así como numerosos 
fragmentos cerámicos, cuya cronología abarca un amplio espectro que va 
desde época bajomedieval hasta el siglo XVm. No se producen hallazgos de 
materiales correspondientes a los siglos XIX y XX. Por lo tanto, se puede 
añrmar que esta capa corresponde a un revuelto en el que se mezclaron 
materiales procedentes de épocas diversas. 

A partir de los datos aportados por la excavación podemos sintetizar las 
siguientes secuencias: 

ÁREA I (Fig. 6): 

Puede observarse cómo los niveles de ocupación bajomedievales están 
dispuestos en cotas cercanas al suelo actual. La secuencia que se manifiesta 
comprende: 

a) Un espacio excavado en las arcillas de sedimentación, bien delimitado 
en el costado oeste, que se corresponde con una habitación semihundi- 
da. 

b) El rellenado de esa habitación con materiales de desecho, entre los que 
se encuentra abundante material cerámico. En el relleno de esta estan- 
cia se localizó un tesorillo compuesto por blancas castellanas de la 
dinastía Trastámara. Su ocultación parece intencionada, ya que apare- 



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202 



Francisco REYES 



cieron formando un conjunto compacto, quizá como consecuencia de 

su inclusión en una bolsa de cuero u otro material que ha desaparecido. 

c) La preparación del suelo actual con arriostres para sustentar una tari- 
ma, rellenándose los espacios entre ellos con escorias. 

d) £1 suelo actual de baldosa. 

ÁREA II (Fig. 7): 

En el sector correspondiente al patio se han rastreado las cimentaciones de 
edificaciones anteriores a las estructuras actuales. Parece deducirse de ellas 
que la edificación no avanzaba hacia la zona de patios. La secuencia propor- 
cionada comprende: 

a) Una estructura circular de aproximadamente 1.20 m. de profundidad 
desde el nivel de suelo actual. Su fondo posee una estructura cóncava y 
un suelo de baldosa. 

b) El relleno de la estructura circular con materiales de desecho. 

c) La preparación de la parte superior de la estructura rellenada para 
instalar la muela del cacao. 

d) El abandono y ruina del ingenio, que es arrasado y sobre su arrasa- 
miento se instala un suelo de cemento industrial. 

ÁREA m (Fig. 8): 

En el sector del fondo la excavación ha hecho aflorar estructuras de tapias 
que compartimentaban este espacio en épocas modernas. Sobre ellas se ha 
depositado material también moderno, fundamentalmente relacionado con las 
actividades de la molienda del cacao y la fabricación de chocolates. 

42, Estudio de los materiales 

Un aspecto importante es el relativo a los materiales recuperados, sobreto- 
do en las Áreas I y n. Por su mayor abundancia destaca el conjunto formado 
por los materiales cerámicos. Dentro de ellos podemos diferenciar los si- 
guientes grupos: 

— Cerámica de codiia. Está representada fundamentalmente por el tipo 
olla de pasta parda, de gran volumetria. Confeccionado con la técnica de 
urdido, manifestándose con claridad en su cara interna los distintos rollos con 
los que fueron elevando sus paredes. Este tipo cerámico, destinado al fuego, 



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El espacio pñvado: una casa en la judería de Alcalá de Henares 203 





N 

MAYOR. 30 - 1996 
AREA I 

Estados de la cuadrícula en el momento inicial 
y al terminar la excavación 



Figura 6: Plano excavación Área I. 



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204 



Francisco REYES 




N 

MAYOR. 30 - 1996 
AREA II 

Estado de la cuadrícula al terminar 
la excavación 



Figura 7: Plano excavación Área II. 



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El espacio pñvacio: una casa en la judería de Alcalá de Henares 205 




AREA III 

Estado de la cuadrícula al terminar 
la excavación 



Figura 8: Plano excavación Área III. 



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206 



Francisco REYES 



de filiación claramente medieval-^, está bien representado en este yacimiento, 
tanto en el Area I como en el Area II. 

— Cerámica de mesa. Este conjunto, constituido fundamentalmente por 
recipientes para contener agua (redoma de tipo globular, tonelete, botija, 
etc.), por vasos y por formas abiertas, destinadas al servicio de mesa (ataifo- 
res) se encuentran asociados a los contextos bajomedievales y modernos. En 
ellos se evidencia el uso del tomo y sus pastas predominantes son las blancas 
y rojizas. 

— Cerámica destinada a la iluminación. Interesante es el grupo forma- 
do por lámparas de aceite de cazoleta muy plana y pellizco. Se han localizado 
en el Área II, entre los materiales de relleno. 

Entre los materiales metálicos destaca la presencia de numerario. Ya 
hemos reseñado la existencia de una ocultación en el Área I, donde se han 
recuperado unas veinte piezas. También en el sector más profundo del Área II 
se recuperaron algunas piezas, muy deterioradas por la humedad. En todos 
los casos se trata de blancas castellanas de la casa Trastámara. Grupo igual- 
mente importante por su cuantía es el formado por los alfileres de cobre. Su 
abundancia y la localización exclusiva en el fondo de la estructura circular 
nos permiten plantear su posible uso ritual. 

43. Interpretactón del coiyimto 

Podemos señalar que el inmueble número 30 de la Calle Mayor de Alcalá 
de Henares poseía estructuras de habitación articuladas en tres ambientes 
(Fig. 9). 

— Una fachada de escaso desarrollo, porticada, con galería volada en el 
primer piso. Las primeras colunmas aí!ín se hallan pareadas con las más 
recientes. Este cuerpo delantero se configuraría como su acceso principal. No 
sabemos con certeza que en este espacio se desarrollasen actividades comer- 
ciales, aunque así lo aseguraba Quintano Ripollés. 

— Una habitación alargada, que unía la parte delantera con el núcleo de la 
vivienda. 



24 Las producciones de pastas pardas están recogidas en el trabajo de M.L. Menéndez 

Robles. "Cerámicas altomedievales en el valle del Duero: El ejemplo burgalés". Burgos en la 
Alta Edad media. Burgos 1881. págs. 457-488 y en la Tesis Doctoral de F. Reyes Téllez. 
Población y sociedad en el valle del Duero, Duratón y Riaza en la Alta Edad Media. Aspectos 
arqueológicos, Madrid, 1991. 



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El espacio privado: una casa en la judería de Alcalá de Henares 207 




m • ■ - - 

Figura 9: Reconstrucción de la Planta de la casa excavada. 

— El núcleo de la vivienda, organizada en tomo a un patio interior, al que 
se abren las estancias. La parte posterior de este núcleo posee un acceso 
secundario, quizá paso a zona de huertas y cobertizos. 

Esta casa se hallaba ubicada en el centro de la judería, con fachada a la 
Calle Mayor, justo enfrente de la sinagoga (Fig. 4). Esta centralidad le confe- 



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208 



Francisco REYES 



ría una posición preeminente. De la excavación no se deduce con claridad si 
sus moradores fiieron desalojados en momentos anteriores al Decreto de 
Expulsión. La ocultación de numerario pudo estar en relación con ese mo- 
mento de zozobra. Los alfileres de cobre y las lámparas de aceite de cazoleta 
plana podrían poseer un carácter ritual. Estas últimas quizá formen parte de 
una hanukixú, ya sea del conjunto o de la lámpara mantenedora. En cualquier 
caso, nos encontraríamos ante una ocupación urbana bajomedieval muy inte- 
resante tanto por sus unidades constructivas como por los hallazgos materia- 
les que ha deparado. 

5. CONSIDERACIONES FINALES 

De lo visto hasta ahora cabe inferirse que los estudios sobre el espacio 
privado en el mundo hispanojudío no han hecho más que empezar. No hay 
proyectos específicos que aborden este tema de manera global. Los ejemplos 
que se han visto corresponden, en su mayor parte, a actuaciones de urgencia 
o sin planificación. En la mayoría de los casos estas actuaciones obedecen a 
las necesidad de llevar a cabo un trabajo preceptivo al estar ubicada la finca 
en un recinto histórico protegido, no a planteamientos de investigación plani- 
ficada. JBsta circunstancia se refleja en la escasa amplitud de los trabajos 
llevados a cabo, que en la mayoría de las ocasiones no llegan a verse 
publicados, reduciéndose casi todos ellos a meras reseñas de los trabajos 
efectuados. 

Por otra parte puede señalarse que la casa hispanojudía no presenta perfi- 
les diferenciadores respecto a las de otras comunidades con las que convive. 
Esa falta de perfiles distintivos hace que sea más difícil su identificación 
dentro del conjunto. Mantenemos que para lograr una atribución clara debe 
recurrirse de manera cruzada a identificadores fiables como son la ubicación, 
los utensilios rituales, la tradición oral o escrita y la arqueología. De esta 
manera se evitarán falsas adscripciones, que ahora menudean, quizá debido al 
gran interés que los temas hispanojudíos y sefardíes vienen despertando en 
nuestro país. El rigor y la exigencia científica en los trabajos que se planteen, 
así como la necesaria colaboración interdisciplinar en este campo son aspec- 
tos que habría que señalar para trabajos en el futuro, acometiéndolos desde 
una perspectiva integradora. 



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LAS JUDERÍAS DE OCAÑA Y YEPES 
Remedios Rico Sáez-Bravo 

Leda, en Filología Semítica 



Las noticias sobre Ocaña, aunque muy dispersas, son muy abundantes. 

Ya en el siglo XIQ-XIV, una medida especial disponía que los vecinos de 
Ocaña pagasen sus deudas a los judíos y no les obligasen a sujetarse a las 
prescripciones del Fuero Juzgo en las querellas que demandasen al concejo, 
sino que les dejaran en la pacífica posesión de sus bienes'. 

Durante los siglos XIV y XV, la judería de Ocaña fue una de las más 
numerosas. Su ubicación, aunque con ciertos interrogantes, se extendía por la 
colación de Santa María, la calle Chamorro y la calle de los Frailes. Esta es la 
zona más adecuada para su establecimiento si tenemos en cuenta que en la 
que hoy se conoce como plaza de Santa María (o de Cristo Rey) era donde se 
hallaba el castillo y por tanto, el lugar más seguro para la comunidad hebraica 
puesto que, como sabemos, eran considerados propiedad del rey'^. 

Además existe otro dato de mucha más relevancia histórica que avala este 
establecimiento, y es la existencia del cementerio judío muy próximo a la 



1 Salvador De Moxó: "Los judíos castellanos en el reinado de Alfonso XI". Sefarad 
XXXVI, págs. 38. 60. 63-70. 

2 Pilar León Tello: Los judíos de Toledo. I, págs. 336 ss. 



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Remedios RICO SÁEZ-BRAVO 



judería, que fue descubierto al realizar unos desmontes para el replanteo de la 
carretera de Madrid a finales del XIX, momento en el que se hizo una primera 
excavación por los autores de la Historia de la villa de Ocaña^ Díaz Balleste- 
ros y Láriz García-Sueto. 

A partir de estos descubrimientos. González Simancas se decidió a exca- 
var una segunda vez con la esperanza de descubrir otras cámaras funerarias 
con ajuar funerario pero fue inútil, pues habían sido ya profanadas en siglos 
anteriores por "buscadores de tesoros". A pesar de este resultado, González 
Simancas vió la necesidad de realizar una tercera excavación, pero los resul- 
tados fueron los mismos que en la segunda y desde entonces esa zona ha sido 
totalmente abandonada, por lo que los escasos restos que de dicha necrópolis 
quedan, siguen enterrados bajo una gruesa capa de cenizas procedente de las 
jabonerías que existían muy cercanas a esa zona del pueblo en el siglo 

xviir. 

También se encuentran judíos de cierta relevancia fuera de esos límites, 
así, se tienen noticias de judíos en la calle Mayor, en la Plaza Mayor y en la 
calle Toledo. 

En cuanto al lugar que ocupaba la sinagoga existen muchas dudas. Hasta 
el siglo XIX, la actual calle Cisneros se denominaba calle de la sinagoga, 
pero no queda nada que pueda confírmar que allí estuviera dicha sinagoga^ 

También se atribuye dicho uso a la iglesia de San Juan y aunque no se 
puede negar con rotundidad, sí es cierto que es muy difícil, puesto que en una 
carta de 1328 se habla de que dicha iglesia era el **lugar acostumbrado" para 
las reuniones del concejo de Ocaña, por un lado y la aljama de Ocaña en su 
sinagoga mayor, por otro^. 

Asimismo, en un libro de reciente publicación local^ se menciona que en 
la calle Jardinillo, perpendicular a la calle Chamorro, en una casa abandona- 
da, se han encontrado restos de un artesonado que pudiera pertenecer a una 
sinagoga. Esto está sin confírmar. Quizá sería aventurarse demasiado, pero 
teniendo en cuenta la población judía allí establecida, podría haber más de 
una sinagoga. 



3 González Simancas, "Excavaciones en Ocaña '. Revista Excavaciones arqueológicas 
en España. Madrid 1934. 

4 José Luis Lacave, Juderías y sinagogas estañólas. Madrid. 1992. págs. 31 1, 313. 

5 Salvador De Moxó, "Los judíos castellanos en el reinado de Alfonso XT*. Sefurad 
XXXVI, pág. 63. 

6 Fermín Gaseó, El archivo de Ocaña. Ocaña 1995. 



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Las juderías de Ocaña y Yepes 



211 



Ocaña fue cabeza de partido de la Orden de Santiago y a través de sus 
documentos conocemos muchos datos de esta judería, sobre todo por los 
libros de visitas de dicha Orden contenidos en la sección de Ordenes Milita- 
res del Archivo Histórico Nacional de Madrid. 

Era frecuente que la Orden tuviera monopolios dentro de los pueblos 
sobre hornos, molinos, carnicerías, baños... Aunque los vecinos pudieran 
cocer en sus propios hogares, no les estaba permitido construir hornos parti- 
culares bajo pena pecuniaria y destrucción del homo. 

Sin embargo, en algunos señoríos se permitieron, y este es el caso de 
Ocaña, en donde la aljama judaica pagaba 1.750 mr. de renta anual para que 
pudieran cocer su pan donde quisieran. 

Por esta documentación sabemos que algunos judíos poseían casas fuera 
de los límites de la judería. Este hecho no nos debe extrañar tanto si tenemos 
en cuenta que desde Alfonso VI los judíos de Toledo gozaron de protección 
debido a que los reyes los atrajeron ante la necesidad de repoblación dejada 
por los musulmanes; además de que en el siglo xm el arzobispo Jiménez de 
Rada consiguió para los judíos castellanos la derogación del canon 68 del IV 
Concilio Lateranense en el que se les obligaba a llevar señales distintivas. 

En este libro de visitas se habla del traspaso de casas que realizó un judío 
llamado Moshe Mair a la Orden de Santiago. 

También se habla de unas tiendas que necesitaban reparación urgente, 
todas ellas estaban habitadas y arrendadas, rentando en la que moraba Abrahim 
Garrote 600 mr. 

La documentación económica es también una de las fuentes más valiosas 
para conocer diversos aspectos de la vida social como son los repartimientos 
fiscales en los que la tributación dependía del número de habitantes que 
componían la judería, si bien no deja de ser al mismo tiempo peligrosa puesto 
que en estos tributos quedaban englobadas algunas juderías que por su escaso 
numero pechaban con otras^. 

Tal es el caso de la de Ocaña, que según **Los repartimientos de Rabi Jaco 
Aben Nuñes" en 1474 que pagaba 1 1.300 maravedíes junto con la de Yepes 
y Lillo: 

En el siglo XV casi todos los judíos de Ocaña se dedicaban al arrenda- 
miento de las rentas del cabildo de Toledo: 



7 Carlos Carrete Parrondo. "Tributación económica de las comunidades judías toleda- 
nas". Actas IV Congreso Encuentro de las Tres Culturas, Toledo 1988. 



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212 



Remedios RICO SÁEZ-BRAVO 



Aben Adani. ^uleman. vecino de Ocaña. 
Año 1447 en Noblejas y Villaseca. 

1449 en Chinchón y Villanubia 

1450 en Chinchón, Yepes, Ciruelos y Estremeia. 
Abensabad, Huda. vecino de Ocaña. 

Año 1447 en Ocaña. iglesia de San Martín. 

1455 en Maqueda, iglesia de San Silvestre. 

Familias enteras como los Aben^adoque (Abrahem, David, Jaco, 
Semuel, Yu9af y Yuda), recaudaban ininteirupidamente las rentas que la cate- 
dral tenía en diversas poblaciones. Si no pagaban a su tiempo, el cabildo 
"ponía setene ia de excomunión o de separación contra el moroso y advertía a 
las autoridades civiles y eclesiásticas, a panaderos, molineros, horneros, fru- 
teros y carniceros de Ocaña y demás villas del reino que no dieran al judío de 
comer ni de beber, y que no hablaran ni departieran con él ni fueran a su casa 
ni a sus labores, en tanto no pagasen sus deudas". Es el caso de Mosé Casque, 
Yu9af Abenhayón el viejo, hijo Jaco; Saradiel, hijo de Abrahem y Mosé 
^arfatí por fanegas de pan que debían a la capilla de Reyes Nuevos, de las 
rentas reales de las tercias de Ocaña. Estas sentencias no debían tener mucho 
efecto, pues se conservan bastantes sin usar en el Archivo de Obra y Fábrica 
de la catedral de Toledo. 

De 1487 y 1491, hay documentos referentes a Yuda ibn Verga, conocido 
por su labor misionera entre los conversos de Sevilla y que llegó a Ocaña 
cuando fueron expulsados los judíos de Andalucía. Es uno de los últimos 
arrendadores de impuestos que quedaban a pesar de las reformas administra- 
tivas, y parece que es el famoso astrónomo y cabalista del que habla su 
pariente R. Shelomo ibn Verga en su "Shebet Yehuda*'l 

Existe otro documento en el que los Reyes Católicos mandan al alcalde de 
Valladolid Pedro de Ribadeneira, que devuelva a Yuda ibnVerga unas joyas 
de oro. Aljófar y otras mercancías que le habían robado en Ocaña y que el 
alcalde se las había tomado al ladrón^. 

En Ocaña, a fínales del siglo XV, se encontraba R. Ishac de León, uno de 
los últimos grandes rabinos judíos de España y que al parecer tenía una 
academia en esta ciudad. De él se habla en el proceso a Alfonso de la 



8 Yitzhak Baer. Historia de los judíos en la España Cristiana, pág. 560. 

9 Pilar León Tello, op. cit., pág. 524. 



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Las juderías de Oca ña y Yepes 



213 



Caballería, vicecanciller de Aragón, pues parece que éste era visitado fre- 
cuentemente por R. Ishac de León y mantenían largas conversaciones ence- 
rrados'®. 

Otros judíos eran físicos, cirujanos, sastres, boticarios, corredores y confi- 
teros, algunos de ellos aparecen en los procesos de la Inquisición. 

Después de Toledo, la comunidad cñptojudía más importante fue la de 
Ocaña al finalizar el siglo XV. Había una sinagoga de cierta relevancia, 
debido a las aportaciones económicas de judíos y conversos. Esta comunidad 
estuvo integrada en la vida del pueblo hasta el punto de que cuando escaseaba 
la lluvia, salían en rogativa junto a los cristianos en sus procesiones. 

A pesar de las conversiones de la mayoría de la población judía, era 
notorio que todos judaizaban y circuncidaban a sus hijos. Tal es el caso de 
Alonso de Castro que se hacía llamar entre los criptojudíos Isaac de Castro. 

Con el establecimiento de la Inquisión muchos fueron condenados. Al 
menos 46 personas fueron relajadas y condenadas; otras 36 fueron reconcilia- 
das y 70 eran inhábiles. También hay que tener en cuenta que los inquisidores 
fueron mucho más intolerantes en Andalucía que en Castilla''. 

Como conclusión, en la vida de Ocaña los judíos participaban íntegramen- 
te al igual que los mudéjares, que aunque se dedicaban más a la contrucción 
que a otros oficios, sí que nos han dejado muestras de esa convivencia e 
integración*^. 

En cuanto a la judería de Yepes es menos numerosa que la de Ocaña. 

Dependía jurisdicionalmente de la de Ocaña, según la documentación 
exisente sobre los tributos de "servicio y servicio y medio"" con la que 
contribuían a la corona. 

Del espacio que ocupaba se tienen grandes dudas. Hoy sólo queda la calle 
de la sinagoga y la de la carnicería. No se han encontrado restos del cemen- 
terio. Pero en los números 5 y 7 de la que hoy se conoce como calle de la 
sinagoga, existe una portada antigua con un interesante patio con cuatro 
columnas y artesonado mudéjar y que los vecinos dicen que es la sinagoga' \ 



10 Yitzhak Baer, op. cit., pág. 603. 

11 Juan Biázquez Miguel, La Inquisición en Castilla-La Mancha, págs. 58, 78. 

12 Juan Martínez Ruiz, '*Las tres culturas en la tradición mudéjar de Ocaña (Toledo)". 
IV Congreso Encuentro de las Tres Culturas, 1988. 

13 José Luis Lacave Riaño, op. cit, pág. 312. 



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214 



Remedios RICO SÁEZ-BRAVO 



Se tienen noticias de que en el siglo XV, ejercían diversos oficios. Muchos 
estaban dedicados a la agricultura: 'Isaac Abudarham tenía una viña en el 
pago de Carresendero". 

Había arrendadores de rentas de la Catedral y lugares donde ejercían sus 
cargos. En 1450 Jaco Abencrespin, era arrendador, (^uleman Aben Adani, 
tenía las rentas del pan pontificial y el pan excusado en Ciruelos, en Chin- 
chón, en Estremera. Simuel Abenhayón recaudaba las rentas del vino de lo 
menudo en Villatobas. Bartolomé Peres, era escribano público, etc.. 

Yu^af Qizares y Mose Alamín poseía una carnicería. 

Yu9af de Frómista tenía su casa en Yepes en la calle de la sinagoga'^ 

Hacia 1494, los judíos que debieron quedar en Yepes, debieron convertir- 
se o abandonar el lugar, pues de este año hay un texto en el que se menciona 
la calle de la sinagoga, no como lugar en el que viven aún los judíos, sino 
como la "que dicen la calle de la sinagoga": 

Tomás Gaitán, alcaide de Maqueda vende al concejo de Yepes "un mesón 
en dicha villa, cerca de la plaza, que linda con las calles reales, una que va 
de la plaza al alcázar, y la otra que dicen calle de la sinoga ". 

Durante el siglo XVI y parte del XVn existía en esta villa una comunidad 
de conversos portugueses que se sabían judaizaban. A finales del siglo XVII 
fueron condenados unos, y otros, absueltos y reconciliados por la Inquisi- 
ción*^. 

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14 Pilar León Tello, Judíos de Toledo. I, pág. 340. 

15 Juan Blázquez Miguel, La Inquisición en Castilla-La Mancha, pág. 80. 



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Las juderías de Ocaña y Yepes 



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Fernando Suárez Bilbao: Las ciudades castellanas y sus juderías en el siglo 

XV. Madrid. 1995. 
Carmen Torreja Menéndez: Archivo de Obra y Fábrica. Toledo. 1977. 



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III 



"LO DE AYER": EL PATRIMONIO MUEBLE 




Biblia. Página del Keter de Damasco. Burgos, 1260. Museo Sefardí. 
Ministerio de Educación y Cultura. 



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EL AJUAR HISPANOJUDIO: 
DOCUMENTACIÓN Y RESTOS 

Ana María López Alvarez 

Museo Sefardí 



No es lo mismo hablar de la vivienda y de los objetos que en la misma se 
contienen en al-Andalus, Castilla y León o en Aragón. En al-Andalus' duran- 
te la E. Media la vivienda no difiere gran cosa de lo que hoy podemos 
contemplar en Fez y en otras zonas de Marruecos y lo mismo ocurre en lo que 
respecta al ajuar doméstico. En las viviendas humildes, el mobiliaño era 
escaso y pobre. A veces en las casas acomodadas aparecían tapices y alfom- 
bras, mientras que en las más humildes, esteras de esparto. El tipo de mobilia- 
rio diferí^a poco de lo que hoy podemos encontrar en cualquier país marroquí. 
Sólo tardíamentente existieron baúles. La vajilla, generalmente de barro y 
cobre se colocaba en alacenas. Igualmente ocurría con otros utensilios de la 
casa como cestos, sartenes, etc. Las provisiones de todo el año se guardaban 
en tinajas de barro que controlaba el dueño de la casa. En las viviendas más 
humildes siempre existía una rueca y un telar donde se tejía la ropa de la 



1 R. Arle, Historia de España dirigida por Manuel Tuñón de Lara III. Lci España 
musulmana (siglos VIIII-XV), Barcelona, 1983. Capítulo dedicado a vivienda y mobiliario, 
págs. 278-282. 



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Ana María LÓPEZ ÁLVAREZ 



familia. Las casas se iluminaban con velas de sebo o candiles de aceite y en 
las más acomodadas, lámparas que después se van a seguir utilizando en la 
España medieval por cristianos y Judíos, según vemos en la miniatura. La 
conespondencia de los hispanojudíos que posteriormente analizaremos, nos 
puede dar detalles del ajuar de la casa de al-Andalus. 

Para Castilla y León podría servirnos la descripción que de una casa 
humilde nos da Claudio Sánchez Albornoz^: 

"A la derecha se alzan en él los altos tapiales de una corte y a la 
izquierda, en un solar abierto, una pobre techumbre, a dos vertien- 
tes. Una puerta interrumpe el acceso a la mísera casa y en el único 
ventanuco del tugurio un lienzo encerado contraría sus naturales 
fmes, impidiendo la entrada de la luz y del sol y dando paso al Mo 
de la calle. Dentro, la casa abarca una humilde cocina, cuyos humos 
no ascienden por amplia chimenea, como en las cortes de los ricos, 
sino por entre el barro y el ramaje del techo, y una pequeña alcoba, 
donde duerme amontonada la famiüa. Adorna la cocina un ajuar 
modestísimo y cinco banquetas de madera; y ocupan la reducida 
celia tres lechos de tablas ensambladas, con sendos colchones o 
plumacios que tuvieron lana. En comunicación con la cocina, fuera 
ya de la casa, se levanta una estrecha y oscura habitación donde se 
alza un homo y se almacenan sacos vacios y aros y tableros para 
fabricar cubas; y adosados al homo, una vacia cochiquera y una 
cuadra en que habitó un pollino". 

Igualmente, es muy gráfica la descripción que un viajero francés hace de 
su visita a Bretaña en el siglo XVn y que podría perfectamente servimos para 
la época medieval e incluso posterior a esta fecha en la Península: 

'*En la mayoría de las casas hay que atravesar la sala o cocina 
para ú: a la cuadra o establo. Ocurre como en el resto de Bretaña: los 
animales transitan por el mismo sitio que los hombres y falta poco 
para que cohabiten. Y como las casas son en parte de piedra de 
pizarra y principalmente de madera, las ratas y ratones son allí más 



2 C. Sánchez Albornoz, Una ciudad de la España cristiana hace mil años, 11 ed. 
Madrid, 1965, págs. 116-117, 



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El ajuar hispanojudío: documentación y restos 



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abundantes de cuanto yo haya podido jamás ver en cualquier otro 
lugar. Algo parecido ocurre con el mobiliario: sus lechos son muy 
reducidos y muy altos respecto del suelo, sus mesas altas y los 
asientos dealrededor muy bajos. No faltan las pulgas ni las chin- 
ches"^ 

Para conocer detalles sobre los bienes muebles o posesiones que los 
hispanojudíos tenían en sus moradas y que sólo diferían, según estemos 
hablando de al-Andalus o de la España cristiana, podemos recurrir a distintas 
fuentes: la literatura hispanojudía, la correspondencia comercial, los 
inventarios, mandas y testamentos, los manuscritos iluminados y la 
arqueología, para en definitiva, ver cuáles son los objetos que han llegado a 
nuestros días y la noticia de otros que no se han conservado. 

1) Hemos recogido algunas citas de los grandes poetas hispanojudíos en 
las cuales se hace alusión a objetos o bienes muebles, evidentemente presen- 
tados a través de un prisma poético que los ennoblece. Asimismo es pertinen- 
te indicar, que los "objetos" los hemos "rescatado" de traducciones actuales 
que tratan de dar a los objetos que mencionan, los nombres hoy en uso y 
nunca los nombres que éstos tendría en la E.M. en al-Andalus, en lengua 
árabe o en la lengua romance en cualquiera de los reinos cristianos de la 
Península. 

Dunas ben Labrat (siglo X): 

"La mesa semeja a las esferas celestes: el jarro de vino 

es la luna y las copas son estrellas. 

Los platos están llenos de manjares suculentos. 

Los braseros y tenazas, de perfumes delicados están llenos; 

las copas son de ónice....**'*. 



3 Philippe Aries, G. Duby (dir.). Historia de ¡a vida privada. Poder privado y poder 
público en la Europa feudal, Madrid. 1991 (reedición), pág. 141. 

4 A. Diez Macho, Mosé ibn Ezra corno poeta y preceptista, Madrid, 1953, pág. 48. 



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Ana María LÓPEZ ÁLVAREZ 



Yishaq ibn Jalfún (siglo X): 

"...comamos dulces manjares, apuremos las jarras 
seamos cual gigantes y vaciemos cráteras.. ."^ 
"No me basta el cobertor como cobijo 
mi túnica no puede ya alargarse..."^. 

Samuel ibn Nagrella (993-1055): 

"...podrás volver a beber mosto de granada y a dormir 
en cama de marfil y lecho de ñores... 
"...anhelo vivir contigo, y lo prefiero 
a gozar de reposo y dormir en lecho regalado"^. 
"El fuego de la muerte les devoró y se consumieron 
como madera en homo caliente o en fogón..."^ 
"Bebieron el oprobio en copas 
sorbieron el vaso embriagador...*''. 
"...Vierte vino añejo en mi copa..."'°. 
"El escanciador llenaba la copa de rubíes 
la ponía sobre una cesta de mimbre de varios colores..."*'. 
"Junto a esa calle, la de los pescadores con tantos peces 
como arena en los cestos de los que los pescaron...*'*^. 
"Ha tomado sus despojos, los ha guardado con sus tesoros 
en sus alhajas de oro y plata confía*''^ 
"Se comportan igual que un necio, cuya 
necedad no puede majarse en el mortero'*'"*. 
"El que entre en mi palacio encontrará 
en mi tesoro mosto con mis granadas, 
mi mirra y mi canela"'^. 

5 A. Sáenz-Badillos y J. Targarona. Poetas hebreos de Al-Andalus, Córdoba, 1988, p. 34. 

6 A. Saénz-Badillos... op. cit. supra, pág. 65. 

7 A. Saénz-Badillos... op. cit. supra, pág. 76. 

8 A. Saénz-Badillos... op. cit. supra, pág. 85. 

9 A. Saénz-Badillos... op. cit. supra, pág. 89. 

10 A. Saénz-Badillos... op. cit. supra, pág. 91. 

11 A. Saénz-Badillos... op. cit. supra, pág. 92. 

12 A. Saénz-Badillos... op. cit. supra, pág. 99. 

13 A. Saénz-Badillos... up. cit. supra. pág. 1 16. 

14 A. Saénz-Badillos... op. cit. supra, pág. 129. 

15 A. Saénz-Badillos... op. cit. supra, pág. 138. 



El ajuar hispanojudío: documentación y restos 



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Y. ibn Gayyat (1038-1089): 

"Una comunidad brillante como las estrellas del cielo 
¡como fiie esparcida cual cacharros de barro!"'^. 

Y. Ha-Leví (1070-1141): 

"He cambiado mis aposentos por sombra de cardos 
la protección de sus cerrojos por un cerco de zarzas 



Y he puesto mis sendas en el seno de los mares 

hasta que encuentre el escabel de los pies de mi Dios"'^. 

A. ibn Ezra (1089-1164): 

*Tengo un manto que parece una criba 
para cerner el trigo o la cebada 



¡Dios mío, cámbiamelo por una capa que me sirva 
de gloria y deje en buen lugar a la costura!'**. 

S. ibn Gabirol (C.102Ü-1Ü57): 

En el poema "El palacio y el jardín"^': 
"De contemplar imágenes radiantes 

en un palacio erguido 

De ricas piedras hecho 

fuertes torreones... 

parterres de narcisos (se refiere al jardín) ... 
... sus cámaras que ha sido construidas 
y ornadas de atauriques... 



16 A. Saénz-Badillos... op. cit. supra. pág. 148. 

17 A. Saénz-Badillos... op. cit. supra, pág. 202. 

18 A. Saénz-Badillos... op. cit. supra, pág. 215. 

19 E. Romero, Selomo ibn Gabirol, poesía secular, Madrid, 1978, págs. 175-179. 



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Ana María LÓPEZ ÁLVAREZ 



EsUín pavimentadas de mármol y de pórfído 
y no puedo contar io pórticos que tiene 
sus puertas- 
Traslúcidas ventanas... 
Hay un copioso estanque que semeja 
al mar de Salomón 
pero que no descansa sobre toros 
tal es el ademán de los leones..." 

"Cuando el corzo la vertiere 
en la crátera, distingo.. 
"El labio de la copa 

como un sol que naciera entre las palmas...'"-'. 

"Y tú, si te bebieras 

de mi amor ocho vasos 

yo hasta ochenta de tu amor bebería...*"--. 

"Dios acaricia el alma de la crátera. 

"... sin leña ni fue^o hagan cocer su masa 

Su piel es como las cortinas 

que tejió y bordó 

"...el necio las pusiera en el mortero, 
no podría aplastarlas..."^'. 
"... y entre nosotros y vosotros hay escritos 
com tapices de púrpura"^^. 

"Las Pléyades forman un grupo entre las estrellas, 
como las lámparas que han sido puestas en la menord"^^. 
"Con tu mano toma 
el vaso y la copa"-^ 



2ü E. Romero, op. cit. supra. pág. 391. 

21 E. Romero, op. cit. supra. pág. 397. 

22 E. Romero, op. cit. supra. pág. 399. 

23 E. Romero, op. cit. supra, pág. 407. 

24 M" José Cano, Selomoh ibn Gabirol. Poemas. I. Seculares. I, Granada, 1987, pág. 105. 

25 M" José Cano, op. cit. supra, pág. 106. 

26 José Cano, op. cit. supra, pág. 107. 

27 José Cano. op. cit. supra, pág. 1 14. 

28 José Cano, op. cit. supra, pág. 130. 



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El ajuar hispanojudío: documentación y restos 



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"No se ha cambiado de tonel, por eso. 

oh gacela, no se ha debihtado su aroma 

Cuando despierta del escondite 

de su cántaro, una llama gozosa se aviva"^'. 

"Es Isaac, el príncipe. 

jarra en la que nunca falta el vino"-'°. 

"Él es su vestido y su cortina 

su tapiz y su manta"^'. 

"Dios estará atento a la voz de su súplica 

y pondrá en un odre sus lágrimas". 

"Se adelgaza su cuerpo en la jarra hasta hacerme pensar 

que la hija de la jarra se mantiene sin la jarra^^. 

"El amor entre los malos es de pronta separación y unión remo- 
ta, como una vasya de alfarero, que se rompe fácilmente y no se 
puede reparar nunca"^\ 

"El ratón comenzó a contarles sus cosas, diciendo: — ^Al princi- 
pio vivía yo en tal país en casa de un monje que nunca había tenido 
mujer — . Le traían una canasta con alimentos..."^. 

"En su regazo hará su nido, junto a tu mesa se alegrará, en su 
mejilla hay una lámpara y en su boca una vasga**^^. 

"Dejé dos sacos viejos y cacharros rotos, una bandeja, una 
olla, una manteleta, un cántaro, un bastón, una alforja, vestidos 
desgarrados, utensilios con golpes, dos platos, tres pucheros"^^. 

29 NP José Cano, op. cit. supra, pág. 13S. 

30 José Cano, op. cit. supra, pág. 136. 

3 1 M* José Cano, op. cit. supra, pág. 1 84. 

32 M* José Cano, op. cit. supra, pág. 185. 

33 A. Navarro Peiro, Narrativa hispanaohebrea (siglos XU-XV). Introducción y selección 
de relatos y cuentos. Córdoba, 1988. Es un fragmento del Calila y Dimna de la versión hebrea 
atribuida a Rabbi Yoel, pág. 79. 

34 A. Navarro Peiro, op. cit. supra, pág. 81 del mismo texto que la cita anterior. 

35 A. Navarro Peiro, op. cit. supra. Es un fragmento del Séfer Tahkemoni, sobre el 
matrimonio, pág. lOI . 

36 A. Navarro Peiro, op. cit. supra, pág. 105, del Séfer Tahkemoni. 



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Ana María LÓPEZ ÁLVAREZ 



"Encontramos los sitios dispuestos y exquisitos manjares prepa- 
rados. Los pucheros humeaban y desde lejos percibía nuestra nariz 
su aroma. Las verduras llenaban la marmita, todas las viandas eran 
yerba. Colocó ante nosotros los platos... 

2) La correspondencia comercial de los hispanojudíos, que desarrolla- 
ron un importante papel en el comercio de la Edad Media, sobre todo en 
relación con el Mediterráneo, India, Persia. etc., nos proporciona curiosos 
detalles de los intereses de los mismos y de los objetos con los que comercia- 
ban, muchos de los cuales formaban parte del ajuar doméstico de los hispano- 
judíos de al-Andalus. Goitein^'* ha traducido esta correspondencia que nos ha 
proporcionado un mejor conocimiento de sus actividades: 

"V(ende) las cien libras de (...) Y quédate con 20 mithqals 
(dinares españoles) del precio. Con el resto compra un manto de 
seda al maestro que hizo el 'attahi (tabbi) de Abu Zicri el mayor por 
unos 3 y medio mithqals. Tiene que estar confeccionado. Si no lo 
encuentras ya hecho haz que lo hagan enseguida, tíñelo de verde 
pistacho (el color del Paraíso) y que lo planchen lo mejor posible. 
Mándalo rápidamente con las esteras de Abraham, ya que el manto 
también es para él y lo necesita para su boda: por favor no te 
demores*'. 

'Toma nota de que la laca sólo conservó su mercado (precio) 
original por breve tiempo. Desde el día que el usurpador ocupó Sus 
ha habido un gran bajón...**. 

**Mencioné en una carta anterior que un orfebre judío de aquí me 
es muy útil en la recogida y pago de las deudas. Desea conseguir un 
par de balanzas y un juego de pesas, y ya me lo ha abonado 
todo...**. 



37 A. Navarro Peiro, op. cit. supra. pág. 109, del Séfer Talikcmoni. 

38 S.D. Goitein. Letters of Medieval Jewish Traders. Translated from the Arabic with 
Introduction and notes by ... New Jersey, 1973. Quiero agradecer la ayuda prestada por Dña. 
Carmen Betegón del Museo Sefardí en la traducción de los textos del inglés. 



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El ajuar hispanojudto: documentación y restos 



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En otra de las cartas escritas de Aden a la costa Malabar en la India 
sudoccidental en 1139 nos da cuenta del activo comercio entre la India y 
Occidente. Es la carta de Josef b. Abraham, Adén finales de 1 130: 

"(...) Hazme una buena lámpara con el resto del cobre (sufr.). El 
fuste ha de ser octogonal y firme, la base con fuertes pies. Tiene que 
sostener una lámpara de cobre con dos extremos para dos mechas, y 
ha de situarse en el extremo de la columna de modo que se pueda 
mover de aniba a abajo. Las tres partes, columnas, pie y lámpara, 
deben estar separadas. Si pudieran hacer el pie en espiral, mejor, ya 
que así es más bello...'*. 

**(•••) Te mando algunas cosas sin valor ni importancia, a saber, 
dos ruba'iyyas (medida equivalente a 10 kg.) de azúcar blanco; un 
frasco, en una cesta, completamente (a veces se ponía la mitad de 
pasas y la mitad de azúcar para los niños) lleno de pasas; y en una 
mazzá (vasija de barro hoy en Yemen para agua), una libra de kohol 
magrebí, una libra de costo (para fumigar), una libra de vitrolo 
(ungüento para los ojos), media libra de litargio (polvo para ojos), 
tres onzas de goma de'///: (probablmente extraída del pistacho me- 
diterráneo, semascaba la goma para mantener el aliento fresco y 
fragante, y cinco (fardos ?) de papel egipcio; además en una peque- 
ña cesta, siete moldes de queso caser, (...). Además en una bolsa 
van dos futas (parecido al sari) de hilo para los niños y dos velos 
calados teñidos de cártamo (tinte amarillo). (...)". 

"Mi señor mencionó que quedaban por fabricar dos cuencos de 
cobre para agua del año pasado. Te ruego los mandes con el resto 
del cobre (...)". 

"A mi dueño y señor (...): Me gustaría informarte también que al 
extender los nisfiyya (ropa preciosa encargada en El Cairo por im 
mercader o enviada como regalo de Fustat a Almería y que se 
vendían por pares), el primero estaba completamente estropeado 
por el agua. Me volví loco, pero Dios quiso que sólo éste estuviera 
estropeado. La causa fue la mucha lluvia que tuvimos durante el 
viaje. Hoy he vendido diez pares por un total de 80 dinares, inclui- 
dos los malos y el estropeado por el agua...". 



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Ana María LÓPEZ ÁLVAREZ 



Dos mercaderes españoles, cuñados, se trasladaron al este durante los 
primeros años del turbulento siglo XI, estableciéndose uno en Sicilia y otro 
en Egipto. Se conservan muchas cartas de sus descendientes: 

'Te ruego me compres una túnica de fiesta con su turbante, de 
hilo fino, verde con hilos de oro, que valga entre 8 y 10 dinares, de 
hilo grueso para que sea duradero. Compra también dos turbantes 
blancos... y un par de zapatos''. 

"Abu '-Bishr b. Saúl te mandó en un fardo de Abu '1-Marduk un 
cofre de coral... en esa carga te mandé una bolsa de almendras. 

A un comerciante de Fustat se le hace un encargo desde España. 
1110. 

"Escribo estas lineas (...) para informarte que los Kohen al-Fasi 
me han enviado desde Fez un lingote de oro para tí con la notifica- 
ción de que han vendido de tu parte perfume de algalia (mezcla de 
almizcle con ámbar)... Me pedía que vendiera el oro en Almería y 
que comprara seda con las ganancias, pero yo no lo consideré 
adecuado y decidí no tocar el oro...'\ 

3) Los inventarios, mandas y testamentos son ya de época tardía en 
tomo a la fecha de la expulsión. Es en especial Aragón, la zona que nos 
proporciona datos más completos sobre estos bienes domésticos, y que nos 
sorprenden cuando comparamos los objetos reseñados en estos inventarios 
con las imágenes de la miniatura hispano-judía o con los restos arqueológi- 
cos que se han conservado hasta nuestros días. Mientras que los inventarios 
nos dan en general más detalles de la vida cotidiana y enumeran objetos de 
los que se han conservado algunos restos de musulmanes y cristianos, no 
sucede igual con los de los hispanojudíos. Los inventarios de judíos bilbili- 
tanos, Samuel Conejo, Salamon Ezi, Cinha, viuda de Hjaco Levi, Acach de 
Funes, Judá de Falencia, Juda Mansilla estudiados por E. Marín^^, nos pro- 



39 E. Marín. "Inventarío de los bienes muebles del judío bilbilitano Salamon E/.i en 1492" 
y "Inventarío de bienes muebles de judíos bilbilitanos en 1492", Sefarad, XLVIll, 1988, 1, 
págs. 93-115 y 2, págs. 309-345. 



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El ajuar hispanojudío: documentación y restos 



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porcionan detalles de las propiedades de cada uno según su situación 
económica. He agrupado todos los bienes y también los descritos en un 
inventario sin transcribir de 1436, proporcionado por la Dra. Marín, por 
las habitaciones de la vivienda. Se mencionan las siguientes dependen- 
cias de una casa: "porche"""^, en un "palacio"^', en la "masadería"^-, en una 



40 "Una artesa de amasar, un caiderico viejo de un cuarto, un calderico viejo de latón, dos 
sartenica viejas de hierro, dos espedos, un bancalejo de armas reales, viejo, una cadira vieja, un 
razel viejo y roto, cinco "jaquetas" de cadines blancas, nuevas, un juboncico de cadines, 
blanco, nuevo, siete pares de calzas de hombre y de muchachos, cerradas, blancas y de 

cadines, nuevas, tres pares de sobrecalzas, tres pares de mangas de mujer, pardillas y nuevas, 
dos "saycas" de burel (= especie de tela), "chiquicas" y nuevas". 

41 "'Dentro de las casas: un par de sábanas, una de stopa y otra de cáñamo, una mesa 
chica, vieja con sus pies, una sobremesa vieja y rota, de diversos colores, unos "stojos" viejos 
y rotos a pedazos, una cama de pino, entablada, vieja, un almadraque de estopa, viejo, un par 
de lenzuelos, uno de cáñamo y otro de estopa, usados, dos cabezales terlizados, uno blanco y 
otro listado de cárdeno, viejos, una almohada de "almaydara", vieja, una lichera blanca, con 
listas bermejas, vieja, otra cama de fusta, entablada, vieja, un pedazo de marrega, de tres varas, 
usada, doce madejas de lino, nueve madejas de estopa, una caja vieja, de pino, unas tobajas, 
pieza de lienzo de diferentes tamaños y usos, "alamaniscas", rotas, de cinco varas, unos 
tovallones de estopa, viejos, de dos codos y medio, unas tovajas de estopa de cáñamo, de dos 
varas y media, ima caja de noguera, vieja, ocho tinajas, grandes y chicas, una tabla de como: 
con sus pies, de noguera, vieja, una sobretabla de armas reales, usada, tres varas de **forrage" 
blanco, nuevo, dos almohadas de estopa, llenas de lana, 8 varas y media de espinal en pieza, 
nuevo, 29 pares de calzas de viaje, bermejas, de mujer, sin pies, nuevas, unos cajones con 
medianil, que contenían doce pares de calzas de mujer, nuevas, coloradas, comunes. 4 libros 
hebraicos, uno en pergamino, un candelero de sala con seis brancas ) un león, de latón usado, 
1 8 codos de bordat en dos pedazos, un cinto de cuero blanco, nuevo, con su esquero, 7 pares 
de puñetes de diversos colores, nuevos, un par de sobrecalzas blancas, nuevas, unos pedazos 
de cortapisa de terciopelo negro, de tres dedos de ancho, vieja, otros cajones de pino con 
medianil, que contenían una cerradura de golpe, una toca de Bretaña, de cuatro varas, usada, 
una vara de estopa de cáñamo nueva, unos cajones con medianil, que contenían cuatro varas y 
y dos tercias de toca, usadas. 5 pares de calzuelas de niño, de lana de aguja, nuevas, 14 pares 
de calzas bermejas de mujer, nuevas, por acabar, una vara de cadines bermejos, nuevos, dos 
ternas de lenzuelos de lino rasgado, un bacín de latón, de medio cántaro, viejo, lino en pelo y 
estopa de lino hilado, una arroba y cuatro libras, una alfacera, de quince codos, un delentale- 
cho de cáñamo, con listas cárdenas, roto, una cortina de estopa, vieja, un cofre pintado, viejo, 
una caja de pino, vieja, dos espadas "ronyadas", dos platecillos de estaño, una calderíca de 
alambre, de beber agua, un libro por encuadernar, en prenda, en hebraico y de pergamino, otro 
libro hebraico sin "taulas", viejo, otro libro hebraico con pastas, viejo". 

42 "una caja de pino, vieja, una artesa de amasar, con su cobertor, vieja, dos costales de 
harina". 



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Ana María LÓPEZ ÁLVARE2 



"cambra""'\ en la "cambra de aiTÍba"^\ en "otra canbra de las dichas casas"^', 
"bodegua"^^, en un "comedor de dichas casas" ^\ en una "cozina" ^^ en una 
"canbra cerqua del mirador"^*^, en el "studio de dichas casas"^", en la "retreta" 
del palacio'", en el "coral"". 



43 "un capacet con su bañera mohientos, dijo que estaba empeñado, dos calderos chicos, 
uno de un cántaro y otro de medio, de alambre viejo, un almires de cobre, con su mano de 
hierro, un cofre pintado, dos candeleros de latón, de sendas candelas, una vánova de estopa, 
usada". 

44 " un tablero de sastre, viejo, de tees patas de pino, un delantelecho, enrejado de estopa, 
un matalaf blanco, viejo, una almohada de lino usada, un cunpo de camisa de mujer, de 

•"Champayna", rasgada, una escobeta de limpiar ropas y otros once objetos**. 

45 "una cortina de estameña de cuatro bandas, dos amarillas, dos bermejas, vieja, una 
tancaporta de estameña, con dos listas bermejas y una amarilla, vieja, dos cortinas de pincel, 
viejas, una cortina de cerristopa, con bandas de cárdeno, usado, una almiñara de judía, vieja, 
una cazuela, de pino, muy chica, vieja, un banco, de cuatro pies, viejo". 

46 **un tino, un pozalico, ima cuba; todo "parado e entercellado", media docena de tinajas, 
grandes y chicas". 

47 "una sobremesa "castalia", usada, dos candeleros chicos de latón, uno con dos cande- 
las, usados, dos libros "ehraycos". 

48 "seis espedos de hierro, chicos, cuatro sartenes con una de alambre, chicas, una 
caldenca chica de alambre, de beber agua, vieja, un calderuelo chico, de medio cántaro poco 
más o menos, de alamtse con asa de hierro, dos cucharas de hierro, una olla de alambre, de 
medio cántaro poco más o menos, item una carga de lenya, item una tauleta con sus piedes. 
Ítem ima estaloa, item una taleguera de lana, item un orynal*'. 

49 **dos fogariles de hieno, viejos, ocho madejas de estopa y seis ovillos, 29 pares de 
calzas de mujer, bermejas, nuevas y por coser, comunes y otros tres objetos más**. 

50 "5 libros viejos, uno por encuadernar, hebraicos". 

51 "un bancalejo de borraz, viejo y roto, un bancal de diversos colores, de cinco codos, 
viejo y roto, unas arguinas de lana, viejas y rotas, dos espadas desguarnecidas, dicen que una 
esta empeñada, dos fundas de cojines, de estopa de cáñamo, viejas, un tabardo, con mangas, 
negro con pasamán, unas coratas blancas y una tancqx>rta con pimtas, de diversos colores, 
usada; dicen que está empeñado todo de Antón de Aríza, un travesero tertilizado con listas 
cárdenas, "enbondo" de pluma, viejo, media arroba de lana blanca sucia en una talega, que 
pesa con la talega media arroba, "daquia" (=de aquí a, hasta) cuatro arrobas de aceite en dos 
tinajas, dos tinajas de tenere aceite, chicas, vacias, tres varas y media de una sarpellera de 
lienzo colorado, una tablilla chica de comer, vieja, de pino, un delantelucho de "filenpua", 
viejo, con randas, unos cajones de pino con un "mijan" en medio, media vara de palmella (= 
clase de tela) cárdena, nueva, una cara de cabezal, "obrada al úctapo antiguo'*, de lino antiguo, 
18 arrobas y 28 lincetas de cáñamo en pelo, pesado en romana, dos crespinicas de hilo de oro, 
hilado con ciertos otros freses; pesaron ima onza y catorce arjentos, una beatilla, de vara y 
cuarto, con franja de oro alrededor, que tiene poco más de la mitad de la beatillau. un cuerpo 
de camisa de mujer de seda cocida, con listones encamados, el capito y las bocas de las 



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El ajuar hispanojudío: documentación y restos 



231 



El inventario de los libros pertenecientes a Mosse Constantin, judío emi- 
grado de Calatayud'\ nos proporciona detalles de la biblioteca de un hombre 
culto. También tenemos noticias de los judíos de Epila, es el caso de un 
zapatero que en su testamento, siglo XV, deja a su hijo el bien más estimado 
por él: sus libros'^'^. 

En otras ocasiones los testamentos nos dejan ver curiosas clausulas de los 
testamentarios'^'' relacionadas con los bienes que estamos estudiando. Así no 
deja de ser entrañable la disposición que hace Reyna Abenardut en algunos 

mangas guarnecidas de argentería, viejo, un trapo de cuello negro de redecilla de seda, 
guarnecido de hilo de oro hilado, roto y viejo, una toca de aldeana de seda y de oro delante, con 
su socajo azafranado, usada; dicen que está empeñada en 18 dineros, cierta cadenica de plata 
con un pedazo de coral, guarnecido en plata, y una patenica; pesó todo una onza y un cuarto; 
dicen que está empeñada de una judía Acach Alfla. Unas cuentecicas de coral con 64 granos 
chicos de plata y un trozo de coral, guarnecido por un extremo de plata; pesó todo doce 
arjentos, unos tachones de plata; pesaron diez arjentos y medio". 

52 "ítem un baño do acostumbran beuer las gallinas, ítem una banca de estregar, item una 
cuitara de fusta, item dos gallinas y un gallo". 

53 G. M . Borrás Gualis, "Liquidación de los bienes de los judíos expulsados de la aljama 
de Calatayud", Sefarad, XXIX, 1969, fase. 1, págs. 36-37. En el inventario publicado por 
Borrás se da la valoración de estos libros. Inventario de los libros judycos. que fueron de 
Mossé Constantin. los quales el señor Johan Capata restituyo al señor receptor y stán en 
yudayos; 1495-V1I1-17: Hn la una caxa: Primo, un livro en pergamino, cisternado en taulas 
encaxadas, con sus cuiquo sclavones en cada laula... que comienza en YsaYas y acaba en 
Malachias. Item otro livro, que es Salterio con otros livros; que comien9a Adam y acaba por 
bien, de cubiertas moradas, guarnecido... Item otro livro grande, en pergamino, sin taulas, que 
comienza Ysayas y acaba Malachias... Item otro livro, que dicen los V livros de Moysen, de 
pergamino, cisternado en taulas moradas... Item un Salterio entero, con otros livros, en perga- 
mino, encaxado en taulas ...Item una Biblia vieja, en pergamino... Item un Salterio viejo, sin 
taulas. en pergamino... Item un livro de medecina. en paper .... Item un livro de paper, de 
medecina, cosido en pergamino, llamado Ypocras. Item un livro de medecina, pequnyo, de 
Galieno. Item un livret de cuentas, en ebrayco. Item quatro cartas de quinyan, en paper". 

El inventario se completa con la descripción los libros contenidos en otras cajas. 

54 J. Cabezudo Astrain, "La judería de Epila", Sefarad, XVII, 1957, 1, págs. 103-1 18. A 
su hijo Yzdraico (observamos los diminutivos aragoneses) el Libro Mayor llamado GÉNESIS. 
Ytem el llamado Mahazor scripto'de mi mano: otro PETACH DEBERAY; otro MEGUILLA; 
otro SARRASIM y otro RABEN SALOMÓN. Dispone que sean comprados dos GÉNESIS, 
uno para su hijo Hym y otro para su hijo Brahim. Deja a su hijo Hayco, un libro llamado 
ALI^ A y otro TEFFILÁ de ROS ASANA. Deja a su hijo Braynnico su libro CIBDUR y otro 
de tablas negras MAHAZOR, y otro llamado TORAT ABAY". 

55 E. Marúi Padilla, **ÚItimas voluntades judías: testamentos de Duenya Falaquera, Rey- 
na Abenardut y David Rodrich (siglo XV)" Ajiuario de estudios medievales, 15, 1985, págs. 
498-513. 



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232 



Ana María LÓPEZ ÁLVAREZ 



puntos de su tcstamenlo donde deja Noha casado con su hija Duenya: "todos 
los libros míos de qualquiere facultat e manera que sian", pero de ellos manda 
que "hun libro balient die(; o dotze florines de oro a Mosse Alazar"" su nieto 
"de gracia special"". hijo de otra hija Mira y Salamón. indicando que si no hay 
ninguno de ese valor que se le compre y se le de. Posteriormente el resto de 
sus bienes"', los deja de "gracia special" a sus hijas y a su nieto Vidal 
Chinillo. En el testamento de Da\ id Rodrich este dispone la distribución de 
sus bienes entre sus hijos aunque nombrando heredero universal al mayor, 
pero ordenando en su testamento que éste se hiciera cargo de su madre 
mientras viviera, "sana o enferma""'\ 

En Valls tenemos también fechado el 24 de enero de 1349 el inventario de 
Vides Roven recogido por Gabriel Secall'^^ que nos proporciona más detalles 
de objetos del ajuar doméstico. De interés asimismo son los testamentos de 
judíos aragoneses publicados por Cabezudo Astran^^ en los que aparecen 

56 "dineros, florines, oro, argén, stanyo, cobre, arambre, assillas de ñerro, de fusta, caxas, 
camenyas, coffres, ropas de lino de cányamo, alcotón, banovas, paramentos, etc.. deudas, 

depósitos, comandas". 

57 "Si ella no quería vivir con su hijo podía echarle de casa pero estaría obligada a darle: 
" una mcamenya de ropa, es a saber, su matalass. dos pares de lincuelos. una litera una banoba 
et un paranient e media do/ena de banquales; et que de todos los otros bienes mobles ella tenga 
viduedat". Dejo también de "gracia special " a su hija Oro "sendas gonellas, que les hayan de 
dar, de panyo cárdeno". 

58 G. Secall Güell, "Algunos aspectos de la judería de Valls, según un "Líber Judeonun" 
(1342-1344), Sefarad, XLIV, 1984, 1, pág. 165: "Ego Mosse Cap curador de Roven Vides fil 
de Vides Ro\ en habitator de Allexarío et inbonis eiusdem incipio faceré inventarium de bonis 
dicti Vides Roven primo inveni in hospicio quod tuerit Petri Mulner in quo dictus Vides Roven 
morabatur; Dúos matalaffs .i. sotlit dues \ano\es. Item dos hnn^'ols dos baiagans. Item .i. 
traveser. Item .1. capyal. Item una taula. Item dues calderes. Item dos ierres. Item.iii. Cpa^als. 
Item una márfega ab payla. Item altra márfega. Item dos mataUfs. Item dues vanoves. Item 
j.traveser blanc. Item una gramayla. Item una payla. Item una pastera. Item. iii. Capfals. Item 
dos bañes dues banque. Item. i. cetryl de vidre. Item dues lintemes. Item. i. cabaf ab escúdeles, 
iii. tovayles e dues covens (sic). Item. i. bota de. iii. Sonuules de vi. Item dues genes plenes de 
vi". 

59 J. Cabezudo Asirán, "Testamentos de judíos aragoneses"". Sejaraü. XVI. 19.^0. págs. 
136-147: Así en el testamento de Abraham Almarchicon, íinnado el 13 de noviembre de I49I: 
"Ytem lexü de gracia special a Mosse Almarchicon, hermano mió, un clocha negra, hun ropón 
de brujes e hun tabardo de pebret míos". Eso sí dice que no se le entreguen y se le guarden 
hasta que haya cumplido los veinte años. En el de Rabí Samuel Franco suscrito en 1483 y 
después de hacer toda una distribución de bienes entre sus hijos dice: "Ytem lexo de gracia 
special e por sus dotes, a Luna Avencanyas, mujer mis, unas casas... £ assi le lexo sus joyas e 
ropas, a quitamiento de sus dotes..." 



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El ajuar bispanojudío: documentación y restos 233 



distintas prendas de la vestimenta. En una cédula o inventario realizado ante 
notario y testigos Simuel Abenrrabi, Bellita Cohén^ se citan distintos texti- 
les. 

Destacaremos en el testamento de Salamón Axenil de Daroca por la 
precisión de sus mandas testamentarias'^'. 

En el proceso de Juan de Iniesta en 1490 y en una parte del mismo se dice 
que en Alfaro residía el judío Tequo y rabí Osua; "este proporcionó a los 
inquisidores — para comprobar si era como la que tenía Juan en su casa — 
"una varilla de fierro con ocho crisoletas de fierro que se tienen a la dicha 
varilla...; en aquellas encendían los jodíos sus candelillas con azeyte y me- 
chas en la cerimonia del Anuca*'^^. 

En un documento, fechado el 8 de septiembre de 1495, existente en el 
Archivo del Ayuntamiento de Granada y estudiado por Juan Martínez Ruiz^^, 
bajo el título de Secuestro de Bienes Muebles Judíos, se da detallada relación 



60 E. Marín Padilla. Relación judeo conversa durante la segunda mitad del sií^lo XV en 
Aragón: la Ley. Madrid, 1988, pág. 21: "un capuz de mezcla nuevo, un sayo cotonado nuevo, 
un sayo gríseo nuevo, un sayo valenciano de rúan, un sayo de ruán de ciudad, dos sayos de 
Brujas, un sayo de ruán..." (siguen una sene de textiles). 

61 E. Marín Padilla, Relación..., op. cit.: "estando enfermo, empero en mi buen censo...", 
hace testamento de sus "bienes muebles e inmuebles, plata, cartas, judiguenyas como christia- 
negas... Del resto de sus bienes hace una pomenorizada distribución de la que destacamos: 10) 
A Davit Abennisar, joven, 8 sueldos, tiene "en penyoras hun almirez e una gonella pardiella e 
una sortija de argent... 13) A Jehuda Ruet, '"sobre una taca de oro e seys paies de mangas", 8 
sueldos. Y 14) A Salamon de León, "sobre setze pares de calcas de muller", 8 sueldos 6 
dineros... 

62 E. Marín Padilla, Relación... op. cit. 

63 J. Martínez Ruiz, "Ropas y alhajas de judíos granadinos en el siglo XV", Miscelánea 
de Estudios Árabes y Hebraicos, vol. XXVI-XXVm (1977-1979). fase. 2, págs. 357-367. 



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Ana María LÓPEZ ÁLVAREZ 



de ropas y joyas judías que ''Benito de Bitoria, recebtor de sus Altezas, hizo 
vender en pública almoneda" en Granada^. 

También y aunque no hemos consuhado directamente los inventarios, 
nuestra buena amiga la Dra. Marín, nos ha proporcionado detalles de otros 
objetos del ajuar doméstico tomados de inventarios que en este momento está 
estudiando. Entre ellos: anillos, uno con un diamante, otro con una perla y un 
rubí (balax) especificando su peso en florines. Igualmente se alude en inven- 
tarios a espadas y armas, a copas de plata, a sellos de plata para firmar incluso 
en algún inventario se alude a mortajas. En las bodegas, cilleros en Aragón, 
se habla de sus basillas binarias y oliarias. También a veces encontramos la 
enumeración de estas basillas y de los sacos de avena, trigo y centeno que se 
encuentran en ellas. Igualmente encontramos sacas y todo lo relacionado con 
agricultura y ganadería: bueyes, vacas, ovejas, muías, asnos, carretas, cal9a- 
duras de carro, cuerdas, sacos de trigo, ordio, avena y centeno, leña, carbón. 
Igualmente para reparar el tejado de las casas: rejolas (tejas), también deno- 
minadas tellas, viegas (vigas). Por lo que se refiere al hogar: barenas» cuéva- 
nos, taulas, fusta, espedos (especie de trébedes), etc. 

4) £1 estudio del mobiliario doméstico en la miniatiira hispana e hispa- 
nojudía. 

Es preciso insistir en que, los cuadros que en los mismos aparecen no 
reflejan la vida diaria ni tampoco corresponden a una familia de clase media 

64 " ... ciertos bienes muebles de judíos a sus altezas pertenecientes. Son éstos: Una ropa 
de cannesí de grana (corregido) de lavores con alcarehofas de oro fino. Otra axedría de 
zarzahán. Unos cordones azules que eran los botones de aljófar menudo. Una hamya de seda 
orillada. Una aljuba con orillas toda de seda amarilla. Una farha amarilla. Otra farha colorada. 

Una namat de seda como colcha. Quatro Reñidores de seda que llaman many del de con oro. 
Un adud de seys borlas de seda, con aljófar. Otro sin aljófar todo de seda. Dos (^ari^ellos de oro 
de XIX quilates. Una sortija de oro grande con una piedra ^"amorra que no vale nada. Otra 
sortija con una turquesa falsa. Otra sortija de un sello con un esmalte de oro de XXII quilates. 
Otra sortija con una gurgo^a que no vale nada. Otra sortijuela que paresí^ie de oro y salió de 
latón, con un doblete de visrio.Quatro quentas esmaltadas de a XVm quilates. Otras seys 
quentas de oro sin esmaltar, que son siete quentas de oro de XVn quilates. Una quenta de oro 
sin esmaltar que es de XXI quilates. Otras dos quentas de oro sin esmaltar de XVI quilates. 
Dos canutos de oro sin esmaltes que se llamen tutes de a XVIII quilates e dies granos de oro. 
Una made.xuela de oro de bai^in hilado, vieja. Un pedazo de (j-ar^illo de plata. Unos cordones 
con perillos de plata. Otros dos cordones como los susodichos. Unas cabelladas con una 
espuela dorada, viejo todo. Quedó con las alhajas que no se vendieron Luis de Ribera, platero. 
(Registro público de escrituras, año 1495, folio 146). 



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El ajuar hispanojudto: documentación y restos 



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baja. El vestido, el mobiliario, los personajes representados corresponden a 
familias acomodadas, que celebran algunas de las fiestas más importantes del 
calendario judío: la Pascua, en especial. Estas miniaturas dejan entrever un 
lujo y unas comodidades no comunes a la sociedad en general y de la 
hispanojudía en particular. 

En la casa y en especial en la rural de la sociedad medieval ''no hay nada 
calculado para el bienestar o lo superfluo, todo está dispuesto para el trabajo 
agrícola"^^. Aunque, según Guerrero Lovillo'''\ el hombre medieval dispuso 
"de un conjunto de objetos suficientes para atender a un elemental principio 
de comodidad", sin embargo no estamos de acuerdo con esta tesis que sólo 
sería cierta referida a las clases altas de la sociedad. 

La casa medieval, similar para todos los habitantes de la época, en espe- 
cial a partir del siglo XlIP^ tiene ventanas que no suelen aparecer cerradas, 
aunque alguna lleva algún tipo de postigos. Las puertas se cierran siempre 
con dos hojas que jiran sobre quicialeras, y son más o menos histoñadas y a 
veces tienen cerrojos y llaves^. El llamador suele servir para esta función y 
también como atadero de las caballerías^. Es lógico pensar que dadas las 
estipulaciones del contrato matrimonial la familia hispanojudía dispusiera de 
ima casa comprada o alquilada según las posibilidades de los contrayentes. 
No se refleja en los mss. hispanojudíos ninguna transacción comercial de 
compra. Sin embargo en la hagadá de Rylands^*^, un capataz vigila a los 



65 Philippe Aries et Georges Duby, Historia de la vida privada, Madrid, 1991, pág. 1 39. 

66 J. Guerrero Lovillo. Ims Cántigas. Estudio arqueológico de sus miniaturas. Madrid, 
1949. Ver el capítulo dedicado a Artes Industriales: El mueble, págs. 286-315. 

67 G. Menéndez Pidal, La España del siglo XJII leída en imágenes, Madrid, 1986, págs. 
116-135, capítulo dedicado a La casa por dentro. 

68 Ms. Parma, 3286. De Rossi 440, fol. 96r. Aunque no tenemos ningún resto de llaves de 
la casa hispano judía, aquí se nos muestra una llave dibujada con micrografía para exponer la 
masera. 

69 Edición facsímil de la Hagadá de Sarajevo. Belgrado. 1975 (?). pág. 26. en la parte de 
abajo a la izquierda aparece el Faraón ante la puerta de la casa de Moisés y le suplica que parta 
con su pueblo de Egipto después de haber soportado las diez plagas. Asimismo en The Rylands 
Haggadah. A Medieval Sephardi Masíerpiece in Facsímile. An Dluminated Passover Compen- 
dium from Mid-14 Th-Century Catalonia in the CoUections of the John Rylands University 
Libraty of Manchester with a Commentary and Cyclc of Poems. Introduction, Notes on the 
niuminations, Transcriptions and English Translation by Rapahael Loewe, 1988, fol. 14a 
vemos una puerta de similares características. 

70 The Rylands Haggadah... op. cit., fol. 15a. 



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Ana María LÓPEZ ÁLVAREZ 



israelitas cortando arcilla, recogiendo la paja y haciendo los adobes, material 
constructivo empleado en la España medieval. En su exterior, por tanto, no 
diferiría de la de sus vecinos. Sólo un hueco en la jamba derecha para la 
colocación de la mezuzá diferenciaría esta casa de otras de la misma época. 
Pocos ejemplos de casa con mezuzá se han conservado de la época medieval, 
sólo en la judería de Gerona y ninguno en mss. hispanojudíos. Posiblemen- 
te en periodos de persecución este distintivo no apareciese, sobre todo en 
aquellas casas que se encontrasen fuera de la judería. 

La vivienda dehe poseer un mobiliario, generalmente lo indispensable 
para \ i\'ir: dormir, preparar y tomar la comida y en casos de familias más 
acomodadas podrán disponer de un lugar para el estudio y de una bodega 
según hemos visto en los inventarios del punto anterior. Por tanto los elemen- 
tos más necesarios serán: camas, mesas, cátedras, sillas, sillones, bancos, 
escabeles, utensilios de cocina y menaje para la mesa, cofres o baúles, etc. 

En la casa tipo medio de esta época solían usarse cortinas, que tenían 
como función separar unas partes de otras y también en definitiva hacer más 
acogedora la habitación. Estas se tendían de jamba a jamba o de columna a 
columna donde aparece una barra por la cual van las anillas de las que pende 
la cortina. A veces se recogen a los lados y para retirarlas se enrollan en las 
columnas de las que penden^^ Las alfombras cumplen un importante papel de 
hacer más acogedoras las estancias^^. Para colocar la ropa se usaban las 
alcándaras, pértiga horizontal que se fijaba entre dos columnas donde se 
colgaban las ropas aves de cetrería o toallas^^. De ropas (y no vamos a hablar 
de ellas con detalle), recogemos una sencilla descripción de Berceo que nos 
enumera algunos elementos: 



71 Queremos dar las gracias a Dña. Assumpció Hosla i Rebés. Directora del Centre 
Bonastruc (;a Porta, quien gentilmente nos proporcionó la diapositiva que mostramos en 
nuestra conferencia. 

72 Ejemplos de cortinas podemos verlos en las Cantigas de Alfonso X, nos. 67, 312 y 29. 
En The Rylands Haggadah a medioeval Sephardi Masterpiece in facsímile ... Londres, 1988, 
en fol. 15a, en escena superior e inferior aparece enmarcando la escena, en el interior del 

palacio un tapiz floreado. 

73 La hermanastra de Alfonso X. Dña. Leonor, llevó a Inglaterra con motivo de su boda 
alfombras con las que cubrió el suelo. También en el Arcipreste de Hita se habla de unos 
caballeros que se disponen a jugar a los dados en el suelo, pero antes tienden una alfombra. 

74 Cantiga n° 13. 



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E¡ ajuar hispanojudío: documentación y restos 



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"plisólo por la mano, levólo al lecho 
cubriólo con la manta e con el sobrelecho 
Pusol so la cabeza el cabezal derecho" 

Entre las ropas de la casa hispanojudía: manteles, toallas, sábanas, etc. 
Para secarse las manos existen unas largas toallas con franjas en los extremos 
igual que en los manteles. Cuando no se utilizan estas toallas quedaban 
colgadas en la alcándara^\ No sabemos si éstas eran empleadas sólo para las 
abluciones. Junto con los manteles, las ropas de cama y las de baño de las que 
no nos han quedado restos materiales son las que aparecen reflejadas en la 
miniatura, aunque hemos visto ejemplos de otros textiles en los inventarios. 
No tenemos imágenes de mujeres lavando la ropa, ni hay imágenes de co- 
mensales usando servilletas. Estas no se generalizan hasta el siglo XVI, 
aunque vemos paños que sirven para tapar los platos^^ o los panes que se 
llevan al homo, pero nunca con el uso que tendrán posteriormente. 

A veces los muros de algunas casas hispanojudías medievales se adorna- 
ban con tapices, sedas, cortinas, alfombras, pero sólo la miniatura nos propor- 
ciona algún dato. Así en la hagadá de Sarajevo^' las cortinas aislan los 
lechos, y aparecen tapices en los muros, etc., pero ningún resto material se ha 
conservado. Los cojines proporcionan confort en la casa y sabemos de su uso 
pero no hemos encontrado mención en los inventarios consultados^^. 

Para iluminar la casa, el palacio o la iglesia, se utilizaban las candelas de 
cera o sebo y lámparas de aceite. Las lámparas constan de un recipiente 
metálico con tres o cuatro pequeñas asas que sirven para sujetar las cuerdas o 
cadenas. Llevan aceite y dentro va la mecha que se enciende. Cuando se va 
acabando el aceite la luz va bajando hasta que se apaga. A veces se colocaba 
una bandeja o plato para recoger las gotas de aceite que rebosaban de la 
lámpara, costumbre que se ha conservado en las lámparas de Hanuká moder- 
nas. También a veces llevan recogehumos. Berceo nos habla de un monje que 
se levanta a maitines para "enderezar las lampadas" y *'alimpiaba las lampa- 



75 Budapest. Academie des Sdencies de Hongríe, ms. A 422, fol. 2r. 

76 Hagadá de Barcelona, 1350-1360, Londres, Bñtísh Library, ms. Add. 14761, fol. 28v. 

77 Ediddn facsímil, og. dt, págs. 13 y 14. En la primea una ccntina resguarda la intimidad 

del lecho de la mujer de Putifar. En la 14 ocurre lo mismo con el del Faraón de Egipto. 

78 Therése et Mendel Metzger. La vie juive au Mo\en A^e, illustrée par les múmtscrits 
hehra'iques enlutninés du XlIIe au XVIe siécle. Fribourg, Suiza, 1982. Capítulo dedicado a La 
maison. 



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Ana María LÓPEZ ÁLVAREZ 



das por fer meior lumbrera". La luz es muy importante para el judío piadoso 
y juega un papel simbólico y ritual en su vida. Con una bendición sobre las 
luces encendidas comienza el sábado y otras fiestas y con una luz se cierra el 
sábado en la ceremonia de la ¡uihdcücí. Los manuscritos hispanojudíos y los 
inventarios nos informan sobre la forma de iluminar en la casa hispanojudía 
con candelas, velas o lámparas de aceite. Las lámparas tienen la misma 
variedad que las que se usaban en las sinagogas. En España, encontramos 
lámparas de tipo morisco de vidrio o de metaL'' desde el primer cuarto del 
siglo XIV hasta el final de dicho siglo y hacia la mitad del siglo XIV la 
bendición de la habdalá se hacía sobre una vela a veces trenzada**". 

Otra lámpara de aceite en la casa judía es la de Hcmuká que se colgaba en 
la jamba contraria a la de la mezuzá durante ocho días. En períodos de 
persecuciones se colocaba dentro, cerca de la puerta. Tampoco debía estar 
prohibido utilizar lámparas separadas que se alineaban unas al lado de otras 
hasta el \f de ocho el último día**'. Hay restos arqueológicos en Francia y en 
España: Teruel y Moya (Cuenca). 

Los muebles, como hemos visto por los inventarios eran pocos y la pieza 
principal la constituía el lecho cuya técnica de realización era sencilla y 
evolucionó desde los muebles realizados con toscas tablas a otros de postes 
torneados y trabajados más delicadamente. Al principio en Francia, la cama, 
estaba formada por un sencillo somier sobre el que se colocaba el jergón y 
que se apoyaba sobre dos soportes y sobre el mismo ima pieza de cuero. 
Cubriendo la cama colchones, sábanas, almohadones, etc. Más adelante apa- 
recerán los cabeceros y pieceros. En una primera época los cabeceros apare- 
cen muy levantados y el usuario parece que está sentado, como podemos ver 
en la hagadá de Sarajevo^. Más tarde aparecerán situados más horizontal- 



79 The RyUmds Haggadah, op. cit., 19a, aparece una lámpara colgada en forma de vasija 

80 Hagadá de Barcelona..., op. cit., fol. 16r. 

81 Ver datos de la excavación de una casa de la judería de Alcalá de Henares realizado 
por Francisco Reyes, donde han aparecido restos de lámparas poco corrientes que podrían 
estar relacionados con este tema. Publicado en NOTICIAS del Museo Sefardí, 15 junio 1997, 
págs. 8-9. 

82 Edición facsúml, op. cit. págs. 11, 13, 14 y 26. En la primera, en la parte superior, los 
sueños de José; en la segunda, también en la parte superior, José huye de las tentaciones de la 
mujer de Putifar; en la tercera, el Faraón, duerme con la corona puesta y sueña con vacas y 
espigas; en la última, en la parte de abajo a la derecha la matanza de los primogénitos, atacados 
por ratas y vampiros. En todas estas escenas nos muestra un lecho con el almohadón muy 
levantado, de tal manera que el protagonista parece más sentado que tumbado. 



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El ajuar hispanojudío: ducumentacióti y restos 



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mente. Los adornos de cabeceros y pieceros son de estillo gótico y más tarde 
la cama aparece rodeada de un dosel con cortinas más que para guardar la 
intimidad, para proteger del frío. Las sillas y escabeles pueden responder a 
algunos de los modelos repetidos en la miniatura de los que quedan pocos 
ejemplos en castillos, conventos o catedrales^\ con respaldos altos o bajos, 
con brazos o sin brazos, patas torneadas o lisas que a veces se cubrían con 
telas adamascadas. El arca^ fue uno de los muebles más frecuentes en la 
España medieval. En ella se guardaba ropa, comida, joyas, objetos preciosos, 
sus funciones eran similares a las del armario hoy en día. Podían ser de 
madera, a veces decorada, forradas de piel, claveteadas. Tiene múltiples 
utilidades y por ello están dotadas de cerraduras. Más pequeña que el arca era 
el escriño^ que se utilizaba especialmente para joyas y dinero y que se guarda 
en la habitación de dormir o se esconde debajo de la cama. El armario^ fue 
un mueble que hallamos para guardar todo tipo de objetos y que a veces 
aparece decorado con sencillos lazos de estilo mudéjar. La mesa es un mue- 
ble que se usa especialmente para servir la comida y en los hogares humildes 
posiblemente comieran sin mesa cogiendo directamente la comida de la 
sartén o el caldero teniendo en la mano una escudilla. En las Cantigas que es 
una de las fuentes de estudio del mobiliario aparecen distintos tipos de este 
mueble**^ En la minitura hispanojudía aparece sobre todo para la fiesta de 
Pascua. Tenemos dos tipos de mesas: uno formado por un tablero con cuatro 
patas más o menos histori¿idas y el que está formado por un tablero apoyado 
sobre borriquetas. La ventaja de esta última es que fácilmente se amplían o se 
recogen y dejan el espacio libre para otros usos. A veces los comensales no 



83 El sitial gótico con ornamentación del palacio de Perelada. Gerona, el del convento de 
Sta. Clara de Toledo del siglo XIV o el sillón gótico del rey Martín el Humano de la catedral 
de Barcelona. 

84 Como ejemplos citaremos: un arca de roble de tosca estructura y tableros con tallas de 
pergamino que se encuentra en el palacio de Pferelada de Gerona o el arquibanco de nogal de 
finales del siglo XV del Museo de Artes Decorativas de Madrid. También en la Cantiga n" 159 

vemos un ejemplo de este tipo de mueble o la mudéjar del siglo XV adquirida por la Asocia- 
ción de Amigos del Museo Sefardí. Historia de Menéndez Pidal. La cultura del románico, 
siglos XI al XIII. Letras, religiosidad, artes, ciencia y vida. Coordinac. y prólogo Feo, López 
Estrada. Madrid, 1995, pág. 613. 

85 Cantiga n" 41. 

86 El armario de pino de la primera mitad del siglo XV del convento de Sta. Úrsula en 
Toledo. 

87 Cantigas 85h, 23c, 269c, 159c. 



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Ana María LÓPEZ ÁLVAREZ 



apoyan los pies directamente sobre el suelo sino que lo hacen sobre un 
escabel corrido"". Las mesas en general aparecen cubiertas con manteles, 
generalmente lisos, y a veces con listas de colores"'' con un sobremantel para 
proteger el primero. Existe una gran variedad de manteles en la miniatura 
hispanojudía caracterizados por el detalle con que el dibujante pinta sus 
pliegues que caen simétricos a lo largo del frontal de la mesa. Las mesas 
están vestidas para fiestas por tanto en ellas aparecen las mejores vajillas y 
manteles. Al comenzar la comida, se hace una bendición sobre el vino sobre 
una copa: la copa de cjuidus, de metal precioso. Su importancia es grande y 
aparece en todas las mesas ataviadas para la Pascua o para el sábado. Apare- 
cen también copas pequeñas, pues no podemos olvidar que se beben cuatro 
copas de vino en el desarrollo del séder. Estas copas son de distintos tipos. 
Otro utensilio importante el plato de Pascua y los receptáculos de especias, 
aunque de estos últimos no tenemos ejemplos hasta el siglo XVI. 

Como cubiertos se empleaban los cuchillos y la baxiella que se componía 
de: escudiellas, de diversos tipos, forteras, copas, vasos, catinos y redomas, 
de metales en las casa de los nobles y ricos. En casas más sencillas la vajilla 
era de loza y también existían piezas de madera, que a veces se pintaban lo 
que dificulta en la miniatura averiguar de que material estaban realizadas, 
mientras que las clases altas usan metales a veces preciosos: estaño, oro, 
plata dorada, como es el caso de la vajilla encontrada en una casa excavada 
en la judería de Briviesca. Pero, "es proverbial la ausencia de platos y 
cubiertos frente a la profusión de fuentes marmitas o potes, de diferentes 
tamaños y formas, que servían de plato común a todos los comensales**^. El 
vidrio aparece según los países en distintas épocas. Así en el siglo Xin a 
excepción de algunas piezas coloreadas en tonos oscuros u opacos: barreños. 



88 Cantigas 88b. 23f. 42d. 88d. 

89 Edición facsímil Hü'^add... op. cit., pág. 16. Los hermanos de José son agasajado a SU 
mesa. El mantel aparece adornado con rayas azules y doradas. Pliegues simétricamente coloca- 
dos. En el fol. 3 1 verso, aparece una de las tres unidades iluminadas después de las secuencias 
pielimiiiares, que nos presenta a media pág., una escena doméstica que muestra a una familia 
sentada a la mesa para celebrar el séder. El mantel es blanco y los pliegues también {q)aiecen 
cuidadosamente dispuestos. 

90 Historia Menéndez Pidal, La cultura del románico, op. cit., 612... En la Guía del 
Peregrino de Aymeric Picaud (leemos): "en casa de un navarro se tiene las costumbre de comer 
toda la familia... mezclando todos los platos en una sola cazuela, y nada de cucharas, sino con 
las propias manos y beben todos de un mismo jarro". 



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El ajuar hispanojudío: documentación y restos 



241 



copas, cubiletes, botes, aguamaniles, cántaros y jarros están cubiertos de oro 
o plata como es propio de objetos preciosos. En España a comienzos del siglo 
XIV hay copas y vasos de cuello largo con lineas ocres que podrían parecer 
que son de vidrio, sino fiiera porque no dejan ver los líquidos. Es a mitad del 
siglo XIV cuando aparece el vidrio en las mesas judías españolas, entre 
objetos de oro y plata, aparecen garrafas de vino o agua y vasos de vidrio. En 
las mesas tanto las más recientes como las más antiguas, los cubiertos se 
reducen a los cuchillos. Aunque en Francia en el siglo Xm se conocía la 
cuchara, no aparece en los manuscritos. En España la arqueología nos las ha 
proporcionado en la judería de Briviesca, Burgos. Hasta el siglo XVI no se 
generaliza el uso de la cuchara. Se bebe comunalmente de los boles o de los 
vasos. Los tenedores también están ausentes, sólo aparecen en Italia a ñnales 
del siglo XV. Se sirve y se come con los dedos y el cuchillo. La carne se sirve 
sobre rebanadas de pan y se corta con navaja o cuchillo, forma de comer que 
pastores y agricultores han conservado en Castilla hasta bien entrado el siglo 
XX. 

La habitación se encuentra en la zona más alejada de la casa porque en ella 
se encuentra el cofre con cerradura que contiene los bienes de la familia igual 
que sucedeen la casa de sus vecinos. La mayor parte de las veces era utilizada 

por toda la familia sin diferenciar adultos de niños ni tampoco personas de 
sexo diferente, por tanto parece que la "intimidad" del dormitorio a nivel 
general fue algo desconocido. 

La sala es la habitación, en la que se hace la comida y donde se guarda la 
vajilla. El mobiliario de la misma está compuesto por: bancos, estrados, 
escabeles, mesas, cofres y más tardíamente armarios o aparadores general- 
mente de una puerta y de sólida base. Aparecen también un tipo de sillón para 
el dueño de la casa que es semicircular, de brazos envolventes, estrado de 
madera maciza. Según vaya avanzando el siglo XV, el mobiliario se hace más 
lujoso. 

La cocina, no existió en principio como pieza para preparar los alimentos, 
era el lugar donde se desarrollaba la vida familiar. Las calderas y las sartenes 
aparecen ya en el la miniatura del siglo XIII. Las primeras cuelgan sobre el 
fuego de una cadena que permite acercarlas más o menos al fuego". La sartén 
se colocaba directamente sobre el fuego o sobre unas trébedes*^-. También se 



91 Cantiga 228b en la cual vemos a un labrador comiendo con su hijo. 

92 Cantiga lS7a en la que unos peregrinos aparecen preparando la comida. 



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Ana María LÓPEZ ÁLVAREZ 



utilizan en la cocina las alcuzas y tinajas, las primeras para aceite y las 
segundas para líquidos y también harina y legumbres. Además en la cocina 
estaba la gamella, duerma o artesa". Por lo que se refiere a los alimentos 
existe una notable diferencia entre la mesa de los ricos y la de la gente pobre, 
frailes o peregrinos. 

En la cocina hispanojudía como en la de sus vecinos se aprovecharía el 
espacio y sería también el lugar de reunión y en el grosor de los muros se 
abrirían alacenas que, junto a anaqueles de madera, servirían para colocar la 
vajilla y el utillaje doméstico. En ganchos clavados en la pared, colgarían las 
ropas y ciertos útiles del campo; y los muebles propiamente dichos se reduci- 
rían a unos sencillos taburetes, casi siempre dispuestos en torno al fuego, una 
mesa para comer en el mejor de los casos y algunas arcas y artesas para 
guardar objetos y alimentos'"'^. Los utensilios de la cocina se repiten tanto en 
los inventario como en la miniatura: chimeneas, fuelles, morillos, asadores, 
ganchos, llares, calderos, trébedes, marmitas, cazos y sartenes. También se 
utilizan morteros y mazos, así como cuchillos, planchas de picar. Los cestos 
eran también un elemento de uso cotidiano. 

Tenemos distintas imágenes que nos presentan cocinas y asadores asocia- 
dos generalmente con la sala en la que se produce la celebración de la Pascua. 
Estas cocinas evolucionan desde las formas más sencillas como en España a 
comienzos del siglo XIV donde el asador no tiene más que un soporte''\ Unos 
pocos años más tarde se representa el asador reposando sobre dos morillos. 
Con un fuelle se activa el fuego, con una escobilla se recogen las brasas 
esparcidas bajo el animal que se asa. Aparecen también anchos calderos 
panzudos sobre trébedes. Más tarde se hará girar el asador en dos altos 
soportes encima del hogar. 

En la casa medieval, sobre todo rural, fue corriente el que existieran 
graneros, bodegas y corrales. La bodegas se situaban en los sótanos de las 
casas y en ellas se almacenaban también los alimentos. En las Cantigas 
tenemos una muestra de una bodega y una dueña intentando honrar al rey que 
se aloja en su casa^^. No hay imágenes de casas hispanojudías donde podamos 



93 En la Cantiga 2S8c aparece una familia preparando el pan. La mujer amasa en la artesa 

y un hijo pequeño mantiene el homo. 

94 Historia Mcncmlez Pidal. La cuUura... op, cit.. pág. 611. 

95 Tlive Kylaiuls Haggadah, op. cit.. tol. ! ^)b. díMuie \ emos el asado de un cordero entero 
que un criado hace girar en un soporte sobre la lumbre. 

96 Cantiga 23. 



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El ajuar hispanojudío: documentación y restos 



243 



ver una bodega, es decir alineados las cubas de \ ino y las jarras de aceite, 
aunque como hemos visto, elementos propios de la misma, aparecen en los 
inventarios. 

Por lo que se relicre a los baños y tréstigas apenas tenemos testimonios. 
Es de suponer que como hasta hace algunos años, el corral sirviera para estos 
usos. Por lo que se refiere a baños ' estos solían ser de uso público y utiliza- 
dos por cristianos, moros y judíos en distintos días de la semana. Si en alguna 
miniatura vemos a alguien tomando el baño, lo hace en una tina hecha de 
duelas de madera. No tenemos ejemplos recogidos en la miniatura del excu- 
sado, lo que hoy llamaríamos el cuarto de baño. En una ilustración alemana 
aparece una gran tina empleada obviamente para tomar un baño. 

En alguna ocasión, las casas de las familias acomodadas, tienen un despa- 
cho, ya que el hombre judío gusta de leer o estudiar cuando lo permiten sus 
posibilidades. El alto precio de los libros hace que esto no sea lo corriente, 
aunque por los inventarios hemos visto el interés que despertaban. Los nece- 
sitaban los profesionales: médicos, astrónomos, traductores, copistas, etc. 
Algunas casas contaban por tanto con muebles de almacenamiento de libros y 
también con pupitres para escribir. Este mobiliario era similar al de las 
yesibot. Es en los mss. italianos donde se nos han conservado más ejemplos 
una actividad liberal y nos han quedado distintos tipos de pupitres. 

El agua se recogía en grandes calderos soportados entre dos y en otros más 
pequeños. Para las exigencias de pureza ritual, en toda casa debe existir una 
reserva de agua y de recipientes adecuados para la función higiénica y reli- 
giosa: vasijas, aguamaniles, barreños, etc. Con la vasija o el aguamanil se 
vierte el agua sobre las manos que cae sobre el barreño. 

Para la limpieza se encuentran en un rincón de la casa, escobas hechas de 
juncos o de raices. En una casa aragonesa se limpia el suelo con una escobilla 
de mango muy corto lo que obliga a hacer el trabajo casi de rodillas. También 
en otra imagen y con motivo de la limpieza de Pascua vemos quitar las 
telarañas de un techo de casetones con un gran escobón. 

En la segunda mitad del siglo XV vemos algunas amas de casa que 
sacuden un tipo de escoba más cómodo que el usado hasta el momento. Éstas 
tienen el mango más largo y la escoba más tupida. 



97 C. Delgado Valero, Toledo islámico: ciudad, arte e historia, Toledo, 1987, págs. 356- 
359. 



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Ana María LÓPEZ ÁLVAREZ 



5) Restos arqueológicos''\ Hemos visto como los inventarios, mandas, 
testamentos y cartas nos proporcionaban detalles del ajuar de los hispanoju- 
díos. Asimismo también la miniatura, aunque sólo en casos puntuales, nos 
proporciona formas y datos de los objetos que conformaban este ajuar. Sin 
embargo ahora tenemos que ver. qué restos arqueológicos se han conservado. 
Cuando abordamos este apartado nos damos cuenta de su pobreza y de que 
cualquier objeto de este tipo que haya llegado a nosotros, evidentemente es 
magnificado. El problema no es sólo las vicisitudes de la historia, sino tam- 
bién el hecho de que judíos, árabes y cristianos en al- Andalus o en los reinos 
cristianos utilizasen los mismos objetos en la vida diaria con su correspon- 
diente deterioro y evidente fragilidad. Es imposible en la mayor parte de las 
ocasiones decir que un objeto es judío, porque no hay nada que le diferencie 
de los utilizados por sus convecinos. Sólo en el caso de que se excave en una 
zona documentada como judería, que no haya sido contaminada con echadi- 
zo, podemos decir que tal o cual objeto perteneció a una familia que vivió en 
la juderia. Los objetos rituales del ajuar son enormemente escasos, las joyas, 
baúles, sellos, anillos, lámparas son prácticamente inexistentes. Con todo 
haremos un esfuerzo por relacionar estos objetos aunque no olvidaremos que 
los restos más valiosos de la época medieval son los epígrafes funerarios y los 
manuscritos iluminados o no por su aportación a la ciencia y a la cultura. 

Tenemos anillos y zarcillos así como pendientes y collares de vidrio y 
azabache: los aparecidos en el Montjuich de Barcelona, uno de oro con la 
inscripción **Dña. Astruga...'*, y otro también de oro, parece de un niño y 
llevaba una piedra preciosa o semipreciosa, hoy perdida. Cinco de plata han 
aparecido en Deza, Soria, tres con inscripción. En Lérida apareció uno con la 
inscripción **Gog**, equivalente a Goig nombre femenino documentado en 
Cataluña. También se encontró un interesante conjunto en Teruel algunos con 
inscripción y perdidos en su mayor parte. En el Museo Arquológico de 
Madrid, se conserva otro anillo con chatón octogonal dividido en tres franjas 
paralelas, la central de las cuales lleva en relieve la inscripción: **Bona Dona**. 
Este anillo responde a caracteres formales y estilísticos de uno de los cuatro 
ejemplares conservados en Teruel y procedentes de la excavación de 1926. 



98 J.L. Lacave, "Los restos materiales de la cultura judía en España". Forma parte de la 
obra de Haim Beinart Moreshet Sefarad: El legado de Sefarad, Jerusalén, 1992, págs. 454- 
474. 



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El ajuar hispanojudto: documentación y restos 



245 



Hasta ahora se han descubierto una serie de sellos personales y dos para 
marcar masot. Dos de bronce de Sevilla: el de Abraham bar Saadía y el de 
Sénior, hijo del rabino Samuel. Uno en Toro, de Abraham bar Moisés Crudo, 
hoy en el Museo Sefardí. El de Hayyim Navón de una colección particular. 
Otro en el Museo Británico perteneciente a Todros ha-Leví ben R. Samuel 
ha-Leví. En una colección de Lucena el de Isaac Alosqui. Otros dos en una 
colección particular de Madrid, publicados por C. Sanabria y uno de Najmá- 
nides encontrado en Acre. En el National Museum of Scotland está el de 
Salomón hijo de Isaac y en el Musée des Thermes et de F Hotel de Cluny, el 
de Yosef hijo de Yehudá. Existen dos sellos de marcar masot, uno es el de 
Esplugas de Francolí y otro de Tarragona, hoy perdido. También se conser- 
van dos improntas en cera una en el Archivo Municipal de Burgos, el otro en 
el Museo Británico y la descripción de la de Momet AlfavelT'". 

No nos han quedado baúles, cofres como los que hemos descrito. Sin 
embargo en el Museo Sefardí de Toledo conservamos unos cierres de hierro 
calado con meiwrot, que posiblemente por su forma, fueron la parte vista de 
una cerradura. En el mes de octubre la Asociación de Amigos del Museo 
Sefardí ha comprado un baúl mudejar que pudo ser utilizado por los judíos en 
el siglo XV. 

También en la catedral de Toledo se conserva un estuche para filacterias 
de latón, similar al que se usa hoy en la zona del Estrecho. Con inscripción 
hebrea: Isaac Caro. 

Una alcancía o jarra de Purim de piedra, fechada en 1319. Inscripción 
hebrea "Rey Ahasveros (Asuero) y la reina Ester". En el centro la fecha y en 
un rectángulo inferior se lee nes o "milagro" y en el lado opuesto y muy 
borrado se propone zejira, "en recuerdo del milagro". 

También se han conservado amuletos. Dos de ellos llevan un agujero para 
colgarlos al cuello. Tienen forma de disco y son de latón. El valor de éstos 
estriba en las inscripciones que los adornan. El primero, con la palabra Yahvé 
en el centro, en su entorno los nombres de cinco ángeles: Gabriel, Barakhiel, 
Rafael, Mikhael y Uríel. Entre dos dos hilos de perlas los cuarenta y un 
nombres o epítetos divinos que se disponen de manera similar a los radios de 
una bicicleta. El segundo lleva en el centro las palabras: Dios Onmipotente y 



99 A. Blasco, "El sello del judio Momet Alfavell y la personalidad de su titular (siglo 
XIV ). Actas del Frimer Coloquio de Sigilografía. Madrid, 2 a 4 de abril de 1987. Bilbao, 1991, 
págs. 287-298. 



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Ana María LÓPEZ ÁLVAREZ 



en cuatro círculos concéntricos el salmo 67. También se conservan en el 
Museo Arqueológico Nacional un talismán o amuleto en forma de disco con 
seis circunferencias concéntricas, que llevan inscritas dos estrellas de cinco 
puntas, que los judíos denominaban en la EM, signwn Scilomouis. Parece el 
testimonio más antiguo de la asociación del pentalfa con Salomón, que lo usa 
como ligazón mágica para dominar a las potestades diabólicas. Siglos XII o 
XIII. Asimismo, talismanes con cuadrados mágicos en el Museo Arqueo- 
lógico Nacional que Treviño'"' fecha entre los siglos XIV-XV. 

También un bocado de caballo y pinjante, ambos con una estrella de seis 
puntas encerradas en dos cíenlos concéntricos. En el interior de ambas una 
roseta de seis pétalos en el bocado y de seis pequeños círculos con uno más 
formando un botón central. No tenemos ninguna documentación de estas 
pieza que pueda aseguramos que eran hispanojudías y se las ha considerado 
como tales por el maguen David que llevan como motivo ornamental. 

Asimismo en las excavaciones llevadas a cabo en 1979 en la plaza de la 
Judería de Teruel aparecieron unas muestras de cerámica de tipo turolense: 
jarras, morteros y platos, etc., muestras evidentes de ajuar doméstico emplea- 
do por los judíos de esta comunidad. 

Igualmente también se conservaban en las casas los contratos matri- 
moniales, ketuboty de los que en España van apareciendo cada vez más 
ejemplares^"^ 

Este es el pobre legado material que ha llegado a nuestros días. 



100 M. Treviño y Villa, "Los cuadrados llamados mágicos". Magia y Ociíltisnio. 1988. 

101 E. Romero, L(i vida judía en Sefarad, Madrid, 1991. págs. 281-282. J.L. Lacave 
Riaño, "Una ketubbá de Jaca", Sefarad, LU (1992), fase. 2, págs. 421-428. 



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LA CONSTITUCIÓN W DEL CONCILIO DE 

PEÑAFIEL (1302) 

Ramón Gonzálvez Ruiz 

Archivo Catedral de Toledo 



1, CONCILIOS PROVINCIALES Y SÍNODOS DIOCESANOS 

Está en curso de publicación una importante obra, en que se editan por vez 
primera de forma conjunta las asambleas sinodales de las diócesis hispano- 
portuguesas celebradas desde el concilio IV de Letrán (1215) hasta la clausura 
del concilio de Trento (1563). Con el título genérico de "Synodicon Hispa- 
num", la obra está proyectada en 9 volúmenes, de los cuales han salido ya 
siete, bajo la dirección de Antonio García y García, profesor de la Universi- 
dad Pontificia de Salamanca'. Esta magna obra pone por vez primera a 
disposición de los historiadores un enorme caudal de información sobre muy 
variados aspectos* de la vida de los cristianos peninsulares y también, de 
forma indirecta, sobre los grupos minoritarios que convivían con ellos en los 
siglos de la Baja Edad Media. Está todavía por publicar el volumen corres- 
pondiente a las diócesis de Castilla la Nueva, que incluye la sede primada de 



1 Synodicum Hispanum, dir. A. García y García, Madrid, BAC. 



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248 



Ramón GONZÁLVEZ RUIZ 



Toledo. Su falta, sin embargo, se puede suplir hasta cierto punto con las 
ediciones conciliares y sinodales antiguas (García de Loaysa. Aguirre. Tejada 
y Remiro) y, en particular, con la más moderna de Siínchcz Herrero-. 

Las asambleas conciliares y sinodales han sido las instituciones básicas de 
la Iglesia que se han ocupado de velar por la disciplina canónica y de aplicar, 
en caso necesario, las disposiciones de rango superior a las circunstancias 
concretas de cada diócesis. 

Su temática es muy variada. Se puede decir que insisten más en los 
decretos de vita et moribus de los clérigos, pero no dejan de incidir en otros 
temas, como la enseñanza religiosa del pueblo, la predicación, los sacramen- 
tos, el funcionamiento de la curia diocesana, la administración de las rentas, 
el ejercicio de la justicia episcopal, la vida de ios cabildos, las ñestas, las 
indulgencias, la vida de los laicos, las cofradías y otras muchas materias de su 
competencia. 

Toda la vida cristiana aparece de uno u otro modo reflejada en las consti- 
tuciones sinodales y conciliares. Y por consiguiente, también hay disposicio- 
nes que pretenden someter a norma las relaciones que la sociedad cristiana 
mantenía con las minorías religiosas que habitaban en su seno. En este 
horizonte se enmarca la constitución 10* del concilio de Peñafíel, que me 
propongo analizar en este trabajo. Dicha constitución chocaba frontalmente 
con una de las normas que regían la vida interna de las comunidades judías y 
musulmanas de la Península. 

Las decisiones del concilio provincial conviene que sean bien diferencia- 
das de las disposiciones sinodales. Ambas son fuentes jurídicas, pero su valor 
es muy distinto. Los concilios provinciales son asambleas constituidas esen- 
cialmente por los obispos de una provincia eclesiástica, bajo la presidencia 
del metropolitano. Al metropolitano le competía la convocatoria, la elabora- 
ción del orden del día y la presidencia de estos concilios. Las deliberaciones 
y la aprobación de los decretos o constituciones eran fruto de una actuación 
colegial. Todos firmaban las actas. 

Los sínodos, en cambio, eran asambleas de ámbito diocesano, presididas 
por el obispo, a las que asistían los delegados de la iglesia catedral y de las 
iglesias colegiales, los arcedianos, los arciprestes y algunos clérigos nombra- 
dos por otras circunscripciones eclesiásticas, como las vicarias. A veces 



2 José SáiK he/ HetTero. Concilios provinciales \ Sínodos Toledanos de los sií^los XIV y 
XV. La religiosidad cristiana del clero y del pueblo. Universidad de La Laguna, 1976. 



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La constitución 10^ del Concilio de Penafiel (1302) 



249 



concurría también un determinado número de laicos. Clérigos y laicos tenían 
voto consultivo, siendo la voluntad del obispo la que confería validez defini- 
tiva a las decisiones tomadas. Sólo él las sancionaba con su firma. 

La legislación antigua, tanto eclesiástica como civil, iba siempre precedi- 
da y apoyada en la exposición de unos hechos, los cuales habían de ser 
rectificados por el legislador. De esta forma la estructura de los decretos y 
cánones presenta una tipología documental muy peculiar, compuesta de dos 
elementos, uno histórico o narrativo y otro dispositivo o normati\ o. 

£1 análisis de cada uno de estos elementos no está exento de dificultades 
interpretativas. Por lo que hace a los hechos invocados, no siempre nos es 
posible conocer la amplitud de los mismos, dado el frecuente uso de la 
ambigüedad y el laconismo de las expresiones. Los decretos y constituciones 
van precedidos por fórmulas canonizadas, tales como "Algunos", "Con fre- 
cuencia sucede que", "A nuestros oídos ha llegado...". Una justa valoración 
de esta fraseología no puede ser realizada a partir de estos solos enunciados 
acuñados. Es preciso situarlos en su contexto, tanto en relación con otras 
fuentes canónicas como en su contexto histórico global. Quiero decir que es 
necesario proceder a un análisis comparativo con los precedentes jurídicos y 
las semejanzas con otras legislaciones. Por principio se debe pensar que los 
hechos que dan origen a una legislación de carácter general no parece que 
puedan derivar de casos aislados, porque cuando éstos se dan y no se prevé 
que puedan difundirse como comportamiento general, son sancionados senci- 
llamente por la vía administrativa. Pero tampoco debe suponerse que respon- 
dan a un comportamiento social mayoritaño, ya que, según los principios que 
rigen la sociedad medieval, la costumbre tiene el lugar de la ley y es ley en sí 
misma y, por tanto, no es modifícable. 

Dado que una nueva norma no puede oponerse a la costumbre, debemos 
suponer que una misma disposición repetida innumerables veces a lo largo de 
las asambleas conciliares es muy probable que no haya encontrado acepta- 
ción y, por lo tanto, no se ha cumplido. 

Tampoco se debe suponer que las leyes hayan sido aceptadas y cumplidas 
de forma generalizada, pues una cosa era la ley y otra la vida. La ley es una 
disposición que manifiesta la voluntad del legislador de encauzar un compor- 
tamiento social, pero el hombre de los siglos medios, tallado interiormente en 
una profunda formación jurídica, disponía de recursos fáciles para eludir el 
cumplimiento de la ley. "Se obedes9e, pero non se cumple" es una frase que 
se encuentra a veces en las fuentes históricas, para significar que una norma 



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250 



Ramón GONZÁLVEZ RUIZ 



determinada se oponía a la costumbre recibida y, por tanto, no pasaba a ser 
considerada como ley. En las Actas Capitulares de la catedral de Toledo se 
encuentra algunas veces la afirmación antedicha como manifestación de re- 
chazo frente a alguna innovación legislativa. 

Una consideración que debe tenerse muy en cuenta se deriva de la contra- 
posición entre privilegio y ley. En las sociedades fuertemente feudalizadas 
apenas existían leyes generales y a veces ni siquiera leyes escritas. Es el caso 
de muchos países europeos en la Edad Media. El fenómeno era menos grave 
en Castilla, pues en este reino se habían otorgado numerosísimas leyes parti- 
culares o fueros a lo largo de los siglos XII y Xlll. La obra legislativa de 
Alfonso X pretendió introducir unas leyes comunes frente al bosque de los 
fueros locales. Estaban inspiradas en el derecho romano y en el derecho 
canónico, pero tardaron mucho tiempo en ser aceptadas y, cuando lo fueron, 
se emplearon más bien como legislación supletoria^ Lo que verdaderamente 
abundaba era el privilegio. Este afectaba a una persona física o moral, a una 
institución o a un territorio limitado. El privilegio no debe ser entendido en el 
sentido moderno de exención de una ley general, sino en el sentido de una ley 
particular, dada para un conjunto social bien definido y más bien reducido. 

En una sociedad tan diversifícada desde el punto de vista jurídico, cada 
grupo social se diferenciaba del resto por un estatuto privilegiado o conjunto 
de derechos privativos. De la misma manera también cada comunidad judía 
constituía una corporación política, separada del municipio y dotada de sus 
propias normas internas, las cuales se apoyaban en un fuero. El particularis- 
mo llevaba a que cada aljama disfrutara de su propio fuero, a partir del cual 
sus órganos competentes elaboraban un conjunto de leyes intemas basadas en 
sus propias tradiciones religiosas e inspiradas en los usos de otras comimida- 
des judías del mismo o de otros reinos"*. En caso de conflicto entre la ley 
general y la particular, prevalecía siempre la particular, es decir, se imponía 
siempre el privilegio. 

La normativa canónica emanada de los concilios y sínodos no puede ser 
considerada como privilegio, porque los decretos de los concilios provincia- 
les afectaban a una provincia eclesiástica, compuesta por varias diócesis y las 
normas de los sínodos abarcaban, por su parte, a una diócesis entera. En 
ambos casos tenían una clara dimensión territorial y no personal. Indudable- 

3 ^'itzhac Baei . Historia de los judíos en la España cristiana, trad. J.L. Lacave, Madñd, 

Altalena. 19X1. I. pág. 92. 

4 Y. Baer, op. cit., I, pág. 92. 



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La constitución 10- del Concilio de Peñafiel (1302) 



251 



mente podía suceder que ciertos decretos conciliares fuesen ley en determina- 
das provincias y no en las circunvecinas. El atomismo legal se acentuaba en 
el caso de los sínodos, cuya vigencia se limitaba, como acabamos de decir, al 
ámbito de una diócesis. Lo preceptuado en un sínodo de Toledo no regía 
fuera de su territorio. En la diócesis vecina podía haber otras disposiciones 
diferentes e incluso contrarias, si bien estos casos no eran frecuentes. La 
legislación canónica se manifestaba más frecuentemente en leyes generales 
que en privilegios. Las normas de los concilios provinciales y de los sínodos 
promulgaban siempre legislación de carácter general. 

Estas consideraciones metodológicas inducen al historiador que se enfren- 
ta con fuentes jurídicas medievales a dudar en muchas ocasiones de las 
interpretaciones fáciles, a las que se presta un examen apresurado de las 
mismas. **E>istingue tempera et concordabis jura*' era un aforismo fundamen- 
tal de los legistas medievales, el cual sigue estando vigente. 

2. EL CONCILIO PROVINCIAL DE PEÑAFIEL (1302) 

El siglo XIV representa el período áureo de ambas instituciones, conciliar 
y sinodal. Ya en sus mismos inicios encontramos el concilio de Peñafiel de 

1302, como punto de arranque de los esfuerzos reformistas eclesiásticos. Este 

concilio reunió a los obispos de la provincia eclesiástica toledana bajo la 
presidencia de don Gonzalo Díaz Palomeque. arzobispo de Toledo. Estuvie- 
ron presentes, además del metropolitano, los obispos de Falencia, Segovia, 
Sigüenza, Osma y Cuenca, faltando los de Córdoba y Jaén. También estuvie- 
ron presentes los representantes de los cabildos respectivos. 

No están claras las razones por las que se eligió como sede del concilio a 
la villa vallisoletana de Peñafiel, que pertenecía a la diócesis de Falencia. Es 
posible que la opción por este lugar estuviera determinada por circunstancias 
achacables a la coyuntura política del reino. Castilla, en efecto, estaba sumida 
en unos grandes desórdenes, como consecuencia de la minoría de edad de 
Femando IV, bajo la tutela de su madre María de Molina. Grandes banderías 
se habían alzado en razón de las apetencias políticas de grupos liderados por 
los infantes don Juan, don Enrique el Senador, don Juan Manuel y los nobles 
Juan Núñez de Lara y Diego López de Haro. La villa de Feñafiel con su 
poderoso castillo, constituía la rocafuerte del infante don Juan Manuel en el 
corazón de Castilla. Es posible que se celebraran las sesiones en aquella villa 
por razones de seguridad personal de los participantes. 



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Ramón GON2ÁLVEZ RUIZ 



En el orden del día de la asamblea figuraban numerosos temas, que se 
pueden agrupar en dos conjuntos: a) la reforma eclesiástica y b) la defensa de 
la inmunidad y la libertad de las iglesias. 

Las constituciones del concilio se pueden, a su vez. dividir en tres grupos: 
el primero afecta a las personas, clérigos y laicos (cuatro constituciones); el 
segundo sigue el esquema sacramental y litúrgico (ocho constituciones); y el 
tercero trata de temas temporales y políticos (tres constituciones de redacción 
muy extensa). 

En el segundo grupo y dentro del esquema que se refiere a la administra- 
ción del sacramento del bautismo se encuentra la constitución 10^ relativa a 
los judíos y moros que desean convertirse a la fe católica. Dice así: 

"Item, por cuanto algunos, tanto judíos como musulmanes, ad- 
virtiendo la ceguedad de su error, desean convertirse a la fe orto- 
doxa, pero el mundo se lo impide, porque temen perder todos los 
bienes que poseen, y por eso el antiguo enemigo deseando perder 
las almas, cancela el buen propósito que el Espíritu de Dios había 
inspirado, Estatuimos y mandamos que cualquier judío o musulmán 
que quisiere bautizarse, por causa [de la recepción] del sacramento 
del bautismo no pierda los bienes que antes había poseído, según 
prescriben los derechos"^. 

Dos aspectos se pueden considerar en esta constitución: a) su contenido 
legal; b) la referencia a las prescripciones de los derechos. 

3. LA CONSTITUCIÓN 10* DEL CONCILIO Y SU MARCO 
CANÓNICO 

Los contactos entre la masa cristiana mayoritaria y las minorías étnico- 
rehgiosas de la Península tenían que producirse inevitablemente. Tales con- 
tactos no se limitaban a relaciones comerciales, profesionales o culturales, 
sino que llegaban a veces a la esfera de la comunicación interpersonal, 
revistiendo en ocasiones un carácter realmente amistoso. En Toledo y en 
otras ciudades castellanas de la provincia eclesiástica las juderías no estaban 
confinadas con rigor a barrios apartados o marginales, aunque siempre hubie- 



5 J. Sánchez Herrero, op. cit., pág. 168. La versión castellana es mía. 



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La constitucióji 10- del Concilio de Feñafiel (1302) 



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se uno o dos barrios propios. La libertad de movimiento de que gozaban los 
judíos les permitía entablar relaciones personales con el mundo de los cristia- 
nos, moverse de una ciudad a otra, desarrollar actividades, como la usura, el 
comercio, la recaudación de tributos reales y episcopales. Todo ello les 
forzaba a entrar en comunicación con personas y problemas del entorno 
cristiano. Los judíos de elevada formación mantenían intereses en el ámbito 
de la cultura, que compartían con los letrados cristianos. Judíos expertos en la 
administración pública eran aceptados entre las capas de los dirigentes, como 
reyes, magnates y obispos. Se conocen numerosos casos de privanza de 
médicos y consejeros judíos en la corte real o en las cámaras episcopales. 
Este clima de tolerancia, ciertamente, estaba sometido a muchas alternativas, 
pues las situaciones podían pasar bruscamente desde momentos de paz y 
amistad a periodos de mayor o menor animadversión. 

La intensa convivencia no podía eludir el peliagudo problema de las 
divergencias religiosas. Niunerosas ñientes históricas informan sobre el he- 
cho de que las familias judías que tenían criados cristianos a su servicio 
ejercían sobre ellos un discreto o abierto proselitismo projudío. A su vez, las 
comunidades judías y sus miembros estaban también en el pimto de mira de 
los cristianos más celosos, los cuales intentaron por muchos medios asimilar- 
los religiosamente. En aquel tiempo la asimilación religiosa comportaba una 
inmediata asimilación cultural y social, por lo cual las minorías étnicas, si no 
se afirmaban en su fe, terminaban perdiendo sus rasgos diferenciales y dilu- 
yéndose en seno de la mayoría cristiana. Como este proceso tenía fuertes 
repercusiones en el ámbito de la política, no debe sorprendemos que los reyes 
estuvieran interesados en fomentar las conversiones, para llegar a formar una 
sociedad más homogeneizada, con menor nivel de particularismos frente al 
poder uniformador, en suma, una sociedad más apta para ser moldeada desde 
los resortes que estaban en manos de las autoridades temporales superiores. 
No es necesario mencionar aquí los innumerables esfuerzos que se hicieron 
desde las diversas instituciones cristianas, para lograr este objetivo, aunque 
con un éxito, hay que confesarlo, más bien limitado. Son conocidos en este 
sentido los intentos de los franciscanos y dominicos de los distintos reinos de 
España, particularmente de Aragón. También es sabido el celo desmesurado 
de algunos reyes de la misma corona, como se demostró en el caso de las 
famosas disputas teológicas de fines del siglo XIÍl entre doctores cristianos y 
judíos. Generalmente estos torneos dialécticos se organizaban de modo que 
no se coartase la libertad individual de los participantes. A pesar de todo, la 



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Ramón GONZÁLVEZ RUIZ 



experiencia terminó demostrando a los cristianos que los judíos por lo general 
se mantenían muy firmes en su fe y, por tanto, sumamente renuentes al 
cambio de religión. Después de muchos esfuerzos, quedó claro que los inten- 
tos de conversión en masa estaban condenados al fracaso. Casi las únicas 
posibilidades de conversión residían en adoptar el método, mucho más lento, 
de la captación persona a persona o a lo sumo familia a familia. 

Aún así, hay que decir que los judíos no eran insensibles al atractivo de la 
fe cristiana, pues también la experiencia demostraba que judíos destacados, 
incluso doctores de la ley, habían dado el paso al cristianismo. Hubo casos 
resonantes de personajes que estaban en la mente de todos, como el del 
famoso astrónomo y escritor Pedro Alfonso (Moshé ha-Sefardí) en el siglo 
XII. Vendrían otras conversiones no menos sonadas, como las de Abner de 
Burgos (Alfonso de Valladolid) y la de don Pablo de Burgos, rabino y luego 
obispo de su ciudad. Todos ellos solicitaron el bautismo con libertad de 
conciencia. Su abandono del judaismo debió causar honda conmoción en las 
aljamas peninsulares. Existieron en todos los tiempos conversiones de perso- 
nas menos destacadas que las anteriores, en un número reducido, pero cons- 
tante. Son conocidos algunos nombres. Los cristianos habían constatado la 
buena disposición de cierto número de judíos, que, cansados de esperar al 
Mesías, manifestaban una indubitable propensión a ingresar en las filas de la 
Iglesia. Es un hecho que viene señalado, por ejemplo, en las fuentes legales 
de Alfonso X el Sabio y que coincide en este punto con las expresiones del 
concilio de Peñafíel. 

Por supuesto que tanto las disposiciones legales de Alfonso X como las 
del conciUo de Peñafíel contemplaban el caso de los judíos dispuestos a 
cambiar de creencia en el marco del ejercicio de la libertad personal. Lo que 
sucediera en el interior de la conciencia de cada uno es difícil de rastrear y no 
cabe excluir en estos fílocrístianos la posible coexistencia de motivos menos 
limpios, como podían ser las conveniencias sociales o el deseo de abandonar 
las formas de vida segregadas a las que se veían sometidos los que persevera- 
ban en la antigua fe. 

4. LAS COMUNIDADES JUDÍAS FRENTE A LAS CONVERSIONES 

La resistencia de los judíos a la conversión se apoyaba principalmente en 
la calidad de la enseñanza impartida en sus escuelas. Baer ha dedicado unas 
páginas luminosas a la profunda disensión interna que afectó al judaismo 



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La constitución 10^ del Concilio de Peñafiel (1302) 



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peninsular con motivo de las discusiones en pro y en contra de las doctrinas 
filosóñco-religiosas de Maimónides. La crisis llegó casi al punto de ruptura 
entre las comunidades del Languedoc y de la Península, capitaneadas por la 
de Toledo a lo largo del siglo XIIP. Estas tensiones dieron lugar a la apari- 
ción de hondas fracturas internas entre cabalistas y pietistas, entre averroístas 
y libertinos. Porque la filosotía aristotélica, que irrumpió como una tromba en 
los ambientes intelectuales de Europa durante los siglos XII y Xlll, encontró 
una enorme resistencia para acomodarse dentro del sistema teológico judío. 
Las dificultades de asimilación de la filosofía aristotélica en su versión mai- 
monideana por parte de la teología judaica estaban todavía en carne viva 
cuando se celebró el concilio de Peñañel. Y aún tardarían mucho tiempo en 
desaparecer. 

La institución judía que más se resintió en estos enconados debates filosó- 
fico-teológicos fueron las escuelas, lugar sensible por demás a todas las 
polémicas. Así se produjo la decadencia de la enseñanza, la cual repercutió 
gravemente en la fortaleza de la fe. De esta forma entre un cierto número de 
judíos se suscitaron fuertes tendencias al cambio de creencia y aparecieron 
algunas conversiones voluntarias al cristianismo. 

Pero para dar este paso, los medios judíos oponían notables obstáculos de 
índole psicológica, económica y cultural. Ya hemos dicho que los dirigentes 
de la sociedad cristiana habían garantizado a las minorías judía y musulmana 
los derechos a la libre práctica de su religión mediante el otorgamiento de 
unos fueros, que amparaban dichos derechos, dentro de la óptica del mundo 
medieval. Amparadas en ellos, las minorías ofrecían gran resistencia a la 
asimilación religiosa. Por este motivo, las conversiones no se prodigaban, 
tanto más cuanto que la autonomía interna de que gozaban, les permitía 
elaborar toda una legislación de represalia contra los conversos, basada en 
sus tradiciones religiosas. La comunidad ejercía de hecho un poderoso con- 
trol sobre sus miembros. 

Las aljamas disfrutaban del derecho a un autogobierno tan amplio que las 
comunidades judías constituían verdaderas corporaciones políticas y elabora- 
ban sus propias leyes internas en materias de derecho civil > penal, como ya 
hemos apuntado. Tal ordenamiento interno debía ser respetado por toda auto- 
ridad ajena. Para frenar las tendencias a la disidencia religiosa, la aljama se 



6 Y. Baer, op. cit., I, págs. 76-^1. 



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Ramón GONZÁLVE2 RUI2 



defendía prohibiendo que en su nueva situación el converso llevara consigo 
los bienes patrimoniales. Perdía, entre otras cosas, el derecho a la herencia 
paterna. De este modo, el bautismo suponía en él una ruptura dolorosa de los 
vínculos familiares y afectivos, muy fuertes en una comunidad, en cuyo seno 
había vivido arropado hasta entonces. Salir de la aljama equivalía a tener que 
afrontar inmediatamente el anatema y la maldición del grupo originario y. por 
si fuera poco, correr el riesgo de verse rechazado por el grupo social cristiano, 
porque éste con frecuencia despreciaba más a los conversos que a los judíos, 
motejándolos con palabras vejatorias, como la de "'tornadizos". En suma, dar 
el paso al cristianismo estaba penalizado por su comunidad de origen en el 
orden religioso y en el económico, porque aparte de ser execrados y expulsa- 
dos de las sinagogas, con la renuncia a la fe de sus padres perdían también los 
bienes heredados o por heredar. Además nadie les garantizaba una acogida 
cordial entre los cristianos. 

El caso de Abner de Burgos es paradigmático. Después de 25 años de 
dudas y vacilaciones interiores, se decidió a dar el paso. Un adversario judío, 
Isaac Poligar o Pulgar le reprendió severamente y en cierto modo le zahirió 
con mal disimulado sarcasmo por su cambio religioso, asegurando que se 
había convertido "porque no había nacido bajo la estrella de la abundancia", 
es decir, porque era pobre y apenas tenía nada que perder. Esta confesión 
indica bien a las claras que la sustracción de los bienes de los conversos por 
parte de la comunidad judía era un potente resorte de control, que producía 
efectos devastadores en los judíos perplejos que sentían la fascinación del 
cristianismo. 

Al mismo Abner de Burgos se le debe un conjunto de agudas reflexio- 
nes en tomo a los motivos que impedían a los judíos vacilantes dar el 
paso final a la conversión. Merece la pena reproducir aquí el inventario 
completo de las causas que, según él, acosaban a estos judíos perplejos. 
Son las siguientes: 

1. A la mayoría de los hombres, por su propia naturaleza, les resulta 
muy duro cambiar su acostumbrado y tradicional estilo de vida. 

2. Al apóstata le esperan la difamación y la enemistad. 

3. Su apostasía causa la deshonra de su familia. 

4. Entra en un ambiente extraño, sin parientes ni amigos. 

5. Su mujer y sus hijos podrían no seguirle y quedarían desamparados. 

6. El apóstata pierde su cargo en la aljama. 



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La constitución 10- del Concilio de PeñaJ'iel (1302J 



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7. Le espera la pobreza, ya que está obligado a abandonar su patrimonio 
a extraños y en su nueva religión se le prohibe dedicarse al préstamo 

a interés. 

8. Le da \ ergüenza tomar el bautismo por inmersión en público. 

9. El orgullo del hombre le impide arrepentirse. 

10. '*E la cosa desena es de liuiandat de la presión de la captiuidat e la 
piadat que les fasen los sennores que los tienen en cq)tiuo, ca esto los 
fas tener en la su rebellía**. 

11. Un hombre bueno y sabio suele mudar de religión cuando halla dudas 
y menguas en la suya y encuentra en la otra razones que solucionan 
sus dudas y llenen sus menguas. Pero que suceda esto es muy difícil, 
en especial, cuando esta segunda religión es muy joven en el tiempo. 

12. Dios no quiere que se produzca el arrepentimiento del pecador^. 

Muchos sabios, tanto en el mundo de la filosofía árabe como entre los 
intelectuales judíos, daban por inconcuso que a una persona le está prohibido 
abandonar la fe recibida de sus mayores. Pero Abner redargüía diciendo que 
Abraham sí abandonó la fe de sus padres paganos, porque comprendió que 
debía prevalecer la honra de su Creador por encima de la de sus progenitores. 

No cabe duda de que Abner de Burgos tenía la experiencia personal de 
haber recorrido este doloroso itinerario espiritual y, por lo tanto, estaba en las 
mejores condiciones para realizar un análisis profundo de la situación aními- 
ca del judío predispuesto a convertirse y, ai mismo tiempo, enfrentado a estos 
fortísimos obstáculos. 

El diagnóstico de Abner nos sigue pareciendo certero. No entra en los 
fines de este trabajo descender a un comentario sobre cada uno de los puntos 
mencionados por él, a pesar de que todos estos argumentos los blandían, 
según los casos, los dirigentes de las aljamas para evitar las fugas de los 
conversos. Aquí haremos hincapié solamente en la inhabilitación del conver- 
so para llevar consigo su patrimonio, cuando cambiaba de creencias, de que 
nos habla el punto 7 de Abner. 

Como ya se ha dicho antes, por diversas fuentes sabemos que las leyes 
internas de las comunidades judías les permitían a éstas ejercer el control 
efectivo de sus miembros en materias tan sensibles como los bienes patrimo- 
niales. Siendo esto así, es indudable que pasarse al cristianismo en tales 



7 Y. Baer, op. cit., I, págs. 261-262. 



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Ramón GONZÁLVEZ RUIZ 



circunstancias requería un temple muy cercano al heroísmo: había que hacer 
grandes renuncias y afrontar enormes sacrificios. Además había que pasar a 
una nueva situación en que uno se quedaba a la intemperie, sin deudos ni 
amigos, con la insoportable duda de que al otro lado se le pudiera acoger con 
desdén y hasta con hostilidad. 

La pérdida de los bienes era una cuestión primordial, tanto que fue la 
única tomada en consideración por el concilio provincial de Peñafiel. Con la 
promulgación de la constitución décima pretendía introducir en la legislación 
canónica de la provincia eclesiástica un instrumento legal que eliminase en 
los judíos propensos a la conversión el temor a la pérdida de sus bienes. El 
concilio se mantenía siempre dentro de los límites de sus competencias 
eclesiásticas, puesto que legislaba acerca de las disposiciones de los que 
postulaban al bautismo. 

Pero aquí surgía una colisión de derechos, porque se oponía una ley a otra, 
ambas de muy distinta naturaleza: una ley canónica a una ley de régimen 
interno de las comunidades judías. Así se planteaba un conflicto legal de muy 
difícil solución. 

5. LA APELACIÓN DEL CONCILIO DE "LOS DERECHOS": EL 
DERECHO CANÓNICO 

Los redactores de la constitución décima apoyaban sus pretensiones en la 
invocación de unos derechos, es decir, de unos códigos legislativos. Se puede 
pensar que el concilio no pretendía introducir innovaciones legales, sino que 
se limitaba a reclamar la puesta en práctica de lo que ya estaba establecido en 
ordenamientos jurídicos de rango superior. 

Los códigos legales invocados no son mencionados por sus nombres. En 
principio cabe suponer que la referencia a 'los derechos" ("jura") en plural 
quisiera aludir por igual a ambas fuentes del derecho medieval cristiano, a 
saber, el derecho canónico y el derecho civil. 

Comencemos por una ojeada a la legislación canónica. 

El Corpus Juris CanonicU tal como lo conocemos, se compone de cinco 
compilaciones diferentes. La primera es el Decreto de Graciano, magna ela- 
boración jurídica del derecho eclesiástico anterior a este autor, redactada en 
forma escolástica a mediados del siglo Xn. Su carácter privado no le impidió 
llegar a ser considerado como un corpus oficial ya desde sus comienzos. Le 
siguieron las Decretales de Gregorio IX, conocidas también con el nombre de 



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La constitución 10^ del Concilio de Peñafiel (1302) 



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Liber Extra, promulgadas en 1234. Bonifacio VIII promulgó su colección de 
decretales en 1298 y fueron conocidas con el nombre de Liher se.xíus. Estas 
tres compilaciones son anteriores a la celebración del concilio de Peñafiel. 
Poco después de él aparecerían las Clemeutinas o decretales de Clemente V 
en 1314. Finalmente se sumaron al Corpus Juris Canonici las decretales 
llamadas Extravagantes de Juan XXII. 

Veamos ahora la legislación canónica del Corpus Juris Canonici en rela- 
ción con el punto concreto del derecho de los judíos conversos a la herencia 
de sus bienes. 

El Decreto de Graciano no ofrece un conjunto sistemático de legislación 
canónica sobre los judíos, sino sólo referencias esporádicas, localizadas en 
diversos pasajes de la obra. Quizás lo más llamativo es la disposición de que 
a los judíos no se les debe combatir como a los sarracenos, puesto que están 
siempre preparados para servir, mientras que los musulmanes son persegui- 
dores de los cristianos y los expulsan de sus ciudades y lugares (P. II, C. 
XXII, q. VIII, c. XI). Otras prescripciones se refieren a evitar el trato familiar 
con los judíos, a no aceptar invitaciones a sus banquetes y a no invitarles a los 
propios (II, C. XXVIII, q. I, c. X, XII, XIII, XIV), a rechazar los matrimonios 
mixtos (II, C. XXVIII, q. I, c. XVII), y, finalmente, a señalar las condiciones 
de la admisión de los catecúmenos judíos al sacramento del bautismo (III, De 
consécrate D.IV, c. XCin, XCni y XCVIII). No hay en estos capítulos de 
Graciano la más míiiima alusión al derecho del converso a llevar consigo los 
bienes después del bautismo. 

Las Decretales de Gregorio IX dedican todo un título completo del 
Libro V, compuesto de 19 leyes, a las relaciones de los cristianos con los 
judíos y los sarracenos. Se prohibe a los judíos tener siervos cristianos (c. 
I, n, V, Yin, XIX), se les permite reparar las sinagogas arruinadas, pero 
no erigirlas de nueva planta (c. III, VII), se manda que los judíos perma- 
nezcan en sus casas durante la celebración del Viernes Santo por motivos 
de seguridad (c. IV), se prohibe que los judíos sean coaccionados al 
bautismo (c. IX), se dispone que no tengan nodrizas o servidores cristia- 
nos por el riesgo de proselitismo (c. XIII), al judío que haya golpeado a 
un clérigo se le veta cualquier trato con cristianos hasta que haya repara- 
do la injuria (c. XIV), los judíos deben utilizar señales indumentarias que 
los identifiquen (c. XV), no deben ser puestos al firente de los oficios 
públicos (c. XVI, XVII, XVIII). El Capítulo IX es el más notable de 
todos. En él se contiene todo un elenco de los derechos de los judíos que 



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Ramón GONZÁLVEZ RUIZ 



viven en medio de la sociedad cristiana\ Clemente III, el autor de esta 
decretal, amenaza a cualquier cristiano, que transgreda estos derechos, 
con la pérdida del honor y del oficio y con la sentencia de excomunión. 
No existe, pues, ningún precepto que invalide la ley judía de que el 
converso no siga en posesión de sus bienes después del bautismo. 

Tampoco en las Decretales de Bonifacio VIII ni en las Clementinas halla- 
mos la menor alusión al asunto que nos ocupa. 

Entre las Ext rav a izantes comunes de Juan XXII encontramos una de 1 320, 
que prohibe a las autoridades cristianas inferir daños a los bienes de los 
conversos o que autoricen a que otros los hagan, antes bien les ordena 
proteger a los judíos de las molestias e injurias {Extrav. Communes, L.V, Tít. 
I, c. II). Tampoco esta decretal tiene nada que ver con el tema de la pérdida de 
los bienes por motivo del bautismo. No es necesario insistir más, porque 
dicha decretal es posterior en 18 años al concilio de Peñafíel y, por otro lado, 
la colección de Extravagantes Communes no fue incorporada al Corpus Jurís 
Canonici hasta el año 1500. 

En resumen, en todo el Derecho canónico antiguo no existe ninguna 
disposición que permita suponer que los obispos del concilio de Peñafiel la 
hayan podido invocar para apoyar el contenido de la constitución décima. 

6. EL DERECHO CIVIL CASTELLANO 

El Corpus de derecho civil mandado preparar por Alfonso X el Sabio está 
constituido por tres compilaciones: el Espéculo, el Fuero Real y las Leyes de 
Partidas. 



S He aquí sus disposiciones Eiás importantes: "Statuimus ut nullus Chrístíanus invitos 
vel nolentes judaeos ad baptismum venire compellat. Si quis autem ad Christianos causa tidei 
confugerit. postquam voluntas eius fuerit patefacta Christianus absque calumnia efficiatur. 
quippe Christi fidem habere non creditur qui ad Christianorum baptismum non spontaneus sed 
invitus cogitur pervenire. Nullus etiam Christianus eorum quemlibet sinc judicio terrenae 
potestatis vel occidere vel vulnerare vel suas illis pecunias auferre praesumat aut bonas quae 
hactenus habuenint consuetudines inmutare, praesertim in festivitatum suarum celebratione 
quisquam ñistibus vel lapidibus eos nullatenus perturbet. Ñeque aliquis ab eis coacta servitia 
exigat nisi ea quae ipsi tempore praeterito faceré consueverunt ... Neme coemeterium Judeo- 
rum mutilare aut invadere audeat sive obtentu corpora humata effodere". Cf. Corpus Juris 
Canonici, II, ed. Ae. Friedberg, Graz 1955, pág. 774. 



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La constitución 10" del Concilio de Peñafiel (1302) 



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En el Espéculo no se cita a los judíos más que incidentalmente, cuando 
habla de los testigos, para prohibir que los de otra ley testifiquen contra los 
cristianos en casos ciertos (L.IV, Tít. VII, Ley V)^. Este es un código que, en 
opinión del moderno editor, quedó incompleto y nunca fue remitido a las 
villas del reino'". 

El Fuero Real dedica un título entero, compuesto de siete leyes, a los 
judíos (L. IV, Tít. 2, Leyes 1-7)". Hay en él preceptos que prohiben el 
proselitismo, la circuncisión de los cristianos por judíos, la crianza de cristia- 
nos a cargo de judíos y la usura. También se les reconocen los derechos a la 
práctica de su culto y a sus días festivos. Pero en vano buscaremos alusión 
alguna al derecho a continuar disfrutando de su patrimonio en caso de con- 
versión. 

El código más emblemático de la legislación alfonsina es la gran compila- 
ción conocida con el nombre de Leyes de las Siete Partidas. Los historiadores 
del derecho están de acuerdo en que ciertos pasajes de este código están 
inspirados en las Decretales, especialmente en el Líber Extra de Gregorio IX. 
Lo está ciertamente el Tít. XXIV de la Séptima Partida, que trata íntegramen- 
te de los judíos. Aquí podemos asegurar que Las Partidas superan al modelo 
en rigor, en sistematización y en el desarrollo de la materia. 

Lo que hace a nuestro propósito se encuentra en la Ley VI y es un 
paradigma de perfección legal y de expresividad del lenguaje castellano. Se 
compone de una pequeña introducción sobre la libertad para abrazar la fe 
católica y de varías disposiciones legales. La introducción dice así: 

*Tuer9a nin premia non deuen fazer en ninguna manera a ningún 
judío porque se tome chrístiano, mas por buenos exemplos e con los 
dichos de las Santas Escripturas e con falagos los deuen los christia- 
nos conuertir a la fe de nuestro señor Jesu Chrísto, ca Él non quiere 
nin ama seruicio que le sea fecho por premia" (Part. Vn, Tít. XXTV, 
Ley VI). 



9 Leyes de Alfonso X, I: Espéculo, edición y análisis de Gonzalo Martúiez Diez, Ávila, 
Fundación Sánchez Albornoz, 1985, pág. 307. 

10 Id, ihid pág. 33. 

1 1 Leyes de Alfonso X, II: El Fuero Real, edición y análi.sis crítico de Gonzalo Martínez 
Diez, Ávila, Fundación Sánchez Albornoz, 1988, págs. 406-409. 



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Ramón GON2ÁLVEZ RUI2 



Una vez asentados tanto el principio de la plena libertad personal para 
abrazar la fe como los límites estrictos y los medios lícitos del proselitismo 
cristiano, el texto legal afirma que la conversión de los judíos en libertad 
engendra obligaciones tanto en la comunidad cristiana receptora, como en la 
de origen. La sociedad cristiana debe recibirlos con la misma plenitud de 
derechos de que gozan los demás cristianos, especialmente en las honras y en 
los oficios. La comunidad judía, por su parte, no debe ejercer represalias 
contra ellos en sus bienes ni en la herencia paterna: 

"Otrosí mandamos que después que algunos judíos se tomaren 
christianos, que todos los de nuestro señorío los honren e ninguno 
non sea osado de retraer a ellos, nin a su linaje, de cómo fueron 
judíos en manera de denuesto; e que hayan sus bienes e de todas sus 
cosas partiendo con sus hermanos, heredando lo de sus padres e de 
sus madres e de los otros sus parientes, bien así como si fuesen 
judíos e que puedan auer todos los oñcios e las honrras que han 
todo los otros christianos" (Ibid.). 

7. FINAL 

Con lo dicho hasta aquí queda patente cuáles eran los precedentes legales 
que invocaba el Concilio de Peñafiel. No había apoyos en la legislación 
canónica, pero sí en el derecho civil castellano más moderno. Lo que recla- 
maban los obispos en Peñafiel no podía referirse más que al contenido de la 
ley de Las Partidas, que hemos citado. Para entonces este código había sido 
copiado y difundido suficientemente entre los legistas castellanos, pero se 
trataba de una obra que estaba aún, por así decklo, en el taller. Dicho código, 
que pretendía suplantar la legislación local muy dispersa vigente en Castilla, 
fue promulgado como ley de la corte alfonsina en su segunda redacción, 
promulgación que fue anulada al final del reinado. A principios del siglo XIV 
su texto todavía no había sido establecido definitivamente, porque en este 
tiempo habría de sufrir ima tercera reelaboración '^oficiosa**, al parecer duran- 
te el reinado de Femando IV y después vendrían más y más retoques*^. Es 
probable, por tanto, que la redacción de la ley en que se habla del derecho a 



12 A. García Gallo. El "Libro de las Leyes" de Alfonso el Sabio. Del Espéculo a las 
Partidas, Madrid, 1951, pág. 71. 



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La constitución lO' del Concilio de Peñafiel (1302) 



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la herencia por parte del converso hubiese sido introducida muy recientemen- 
te. Tal vez esta ley y su eco en el concilio de Peñafiel procediesen de las 
disputas teológicas entre judíos y cristianos de fines del siglo XIII, que 
habían dejado en evidencia cuáles eran los obstáculos reales que impedían a 
algunos judíos a dar el paso a la conversión. Las Partidas habían suirido un 
larguísimo proceso de redacción y aún no pasaban de ser una especie de ley 
sometida a revisión. La promulgación definitiva tuvo lugar en las Cortes de 
Alcalá de 1348, pero todavía en ellas se mandó hacer una nueva redacción, 
que sería la sexta y definitiva. Desde entonces Las Partidas pasaron a ser 
consideradas como una legislación supletoria en el derecho castellano y 
fueron apreciadas, invocadas y utilizadas en muchas ocasiones. 

Tanto Las Partidas como la constitución 10" del concilio de Peñafiel 
pretendieron eliminar una de las resistencias más fuertes que experimentaban 
aquellos judíos que buscaban la fe cristiana. Los congregados de Peñafiel 
legislaron en materia de su competencia, determinando las condiciones de los 
candidatos a la recepción del bautismo. Pero su constitución chocaba frontal- 
mente con una ley interna que se habían dado las comunidades judías, las 
cuales penalizaban a los conversos al cristianismo con la pérdida de los 
bienes. 

¿Podía una ley canónica invalidar una ley judía de régimen interno? ¿Era 
correcta la apelación a la ley civil del concilio de Peñañel? Estas cuestiones 
hubieran podido ser objeto de discusión entre los letrados de ambas creen- 
cias. Probablemente los jurisperitos cristianos hubieran llegado a un acuerdo 
a favor de una respuesta afirmativa y los judíos a la contraria. Desconozco si 
esta cuestión se llegó a plantear alguna vez en un plano teórico. Es seguro que 
los partidarios de la negativa hubieran apelado al principio de que en caso de 
conflicto entre dos leyes prevalece siempre la particular sobre la general. 

Pero estas cosas con fi^uencia no se resuelven en el terreno de las 
disquisiciones académicas, sino por la vía de los hechos. No hay constancia 
de que la constitución 10*. del concilio de Peñafiel se aplicara en ningún caso 
durante el siglo XIV antes de 1391. Más bien parece que quedó aparcada 
entre la legislación canónica de la provincia eclesiástica toledana como mani- 
festación de un deseo de facilitar a los judíos el paso al cristianismo, porque 
de hecho no anuló la ley judía en materia de herencias en relación con los 
conversos ni las autoridades civiles o eclesiásticas la impusieron por la fuer- 
za. Esto lo deducimos del hecho de que el mismo Abner de Burgos, que se 
movía en territorio donde estaba vigente el concilio de Peñafiel, no recurrió a 



264 



Ramón GONZÁLVEZ RUIZ 



ella en el momento de su conversión, que es posterior en el tiempo a la 
celebración de dicho concilio. 

La ley judía que castigaba a los conversos en sus bienes no debió aplicarse 
o se aplicó muy limitadamente en la gran conversión en masa desencadenada 
en el pogrom de 1391, cuando las aljamas quedaron desorganizadas y caren- 
tes de fuerza para hacer cumplir las leyes mosaicas. Así es como se resolvería 
probablemente el conflicto. El paso al cristianismo de grandes contingentes 
de judíos dio lugar al importante fenómeno de la aparición de los conversos 
como grupo social en la sociedad castellana. No parece posible que a todos 
ellos se les pudiese aplicar la ley judía en materia de herencias. 



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ARQUEOLOGÍA DE UNA MINORÍA: 
LA CULTURA MATERIAL IflSPANOJUDÍA 

Ricardo Izquierdo Benito 

Universidad de Castilla-La Mancha 



1. INTRODUCCIÓN 

¿Se puede hablar de una arqueología hispanojudía? La respuesta no es 
sencilla, aunque consideramos que, por todo lo que seguidamente señalare- 
mos, sí se puede hablar, aunque con matizaciones. Para abordar el tema con 
un mínimo rigor, en primer lugar habría que tener en cuenta qué es la 
arqueología o, dicho en otros términos, qué estudia la arqueología para, a 
partir de ahí, ver si los conceptos se pueden aplicar al caso de los judíos 
peninsulares que vivieron en la Edad Media. 

Sin entrar en mayores consideraciones teóricas o conceptuales, se puede 
señalar que lo que la arqueología estudia son las manifestaciones materiales 
producidas por las sociedades en el pasado, es decir, las que constituyen su 
cultura material que, como propias y específicas, las definen y las caracterizan. 
Esos elementos materiales — no sienq)re procedentes de una excavación — 
son los que, conservados en mejor o peor estado, analiza el arqueólogo para 
reconstruir determinadas parcelas de la historia de aquellas sociedades, 
especialmente en aquellos aspectos en los que la información documental 



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266 



Ricardo IZQUIERDO BENITO 



— escrita — es insuficiente. A partir de aquí, por tanto, la pregunta lundaniental 
que habría que plantearse es si los judíos llegaron a desarrollar una cultura 
material peculiar y específica, y, por tanto, susceptible de ser analizada con 
unos criterios arqueológicos. 

Una respuesta que se puede adelantar es que los judíos generaron una 
cultura material propia, pero vinculada exclusivamente al ámbito de la reli- 
gión, lo cual no es extraño dado el carácter definitorio y aglutinante que para 
ellos la religión tuvo, y dadas, además las especiales circunstancias en que se 
vieron abocados a tener que vivir: una minoría, inmersa en un contexto social 
mayoritario y dominante. Y ello tanto en los primeros momentos de su 
asentamiento en la Península en época romana, como posteriormente en el 
reino visigodo o en al-Andalus o en los reinos hispanocristianos, etapa en la 
que vamos a centrar este estudio. La vinculación inquebrantable a su religión 
fue el nexo que les mantuvo unidos, sin perder su identidad de pueblo, a pesar 
de todos los avatares por los que tuvieron que pasar. En cierta medida, su 
situación fue similar a la de los mozárabes cristianos que convivían con los 
musulmanes en ai-Andalus y de ahí también que las consideraciones genera- 
les que se puedan señalar para ambos casos en el ámbito de la arqueología 
partan de planteamientos similares. 

Los judíos, aun teniendo que vivir dentro de un contexto socioreligioso 
dominante y a veces hostil, no por ello permanecieron encerrados en sí 
mismos, sino que se abrieron y se adaptaron al mismo, hasta allí donde las 
circunstancias y su religión se lo permitían. Si hubiesen permanecido en una 
actitud de total aislamiento, sin contacto con el exterior, es cuando habrían 
originado una cultura material más completa y propia, al haber tenido ellos 
mismos que fabricarse todos los elementos necesarios para su supervivencia. 
Pero ya sabemos que no fue así, de tal manera que ellos no necesitaron 
generar y producir muchos elementos materiales, especialmente de uso coti- 
diano, pues los podían adquirir a sus convecinos que eran los que los fabrica- 
ban. De esta forma, y en este nivel, podria considerarse que los judíos, por su 
condición de grupo minoritario, participaron de la misma cultural material 
originada por el grupo de los dominantes. Por ejemplo, una gran parte del 
ajuar doméstico de una casa musulmana o cristiana — ^según el momento- 
podía ser el mismo que el de una casa judía. Esto en el sentido material; otra 
cuestión es el uso ritual que el judío podía hacer de algunas piezas. 

Si lo viésemos en un sentido figurado, se podría considerar que, cuando el 
judío se proyecta al exterior y entra en contacto con el sector social dominan- 



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Arqueología de una minoría: la cultura material hispanojudía 2ó7 



te, no genera una cultura material propia; se adapta a la de csic. Sin embargo, 
por el contrario, cuando el judío se proyecta hacia el interior de su identidad 
religiosa, entonces es cuando esa introversión se concretará en manifestacio- 
nes materiales específicas (sinagogas, cementerios, baños rituales, etc.), aun- 
que no exentas, en algunos casos, de posibles influencias extemas. Esta es la 
doble circunstancia — con toda su complejidad — que la arqueología tiene 
que tener en cuenta a la hora de abordar el análisis de la cultura material 
judía. 

♦ ♦ ♦ ♦ 

Un hecho incuestionable es que la arqueología judía apenas se ha practica- 
do en nuestro país. Ello se traduce en que apenas se han realizado excavacio- 
nes — muchas de las que se han llevado a cabo han sido como fruto de 
intervenciones fortuitas y no de planificaciones sistemáticas — y que las 
publicaciones sobre este tema sean muy escasas'. Aparte de todos los incon- 
venientes anteriormente señalados, que hacen que la práctica arqueológica en 
este campo resulte limitada, también han influido otros factores. Por una 
parte no hay que perder de vista que, la arqueología medieval — en la que se 
encuadraría la arqueología judía — hasta épocas recientes no ha tenido tam- 
poco mucho desarrollo. Afortunadamente, desde hace ya unos años, está 
alcanzando el nivel que se merecía. Sin embargo, es verdad que la investiga- 
ción arqueológica de las comunidades judías no ha despertado un paralelo 
interés. Y ello se comprueba, por ejemplo, en que en las reuniones científicas 
de ai"queología medieval no se contemplan secciones dedicadas a esta mate- 
ría, ni tampoco se presentan aportaciones sobre la misma-. Por ello la biblio- 
grafía es muy escasa y la poca que hay ya va quedando un tanto anticuada (la 

1 Pueden señalarse dos estudios que presentan un panorama general de la cultura mate- 
rial hispanojudía: el de Casanovas, Jorge: "Arqueología judía medieval en la Península Ibéri- 
ca", en Revista de Arqueología, n° 61, 1986, pág. 45-54 y el de Lacave, José Luis: "Los restos 
matmales de la cultura judía en España", en El Legado de Sefarad, 1992, págs. 454-474. 

2 En el apéndice que bajo el título «La arqueología medieval en España» Manuel Ríu 
elaboró para la edición española de la obra de Michel de Bouard Manual de Arqueología 
Medieval. De la prospección a la historia (Barcelona, 1977), dedica un pequeño párrafo a 
«Los núcle(^ heiteúcos» (págs. 441-442), aunque sin entrar a realizar un análisis pormenoriza- 
do, casi limitándose a señalar que el arqueólogo medievalista tendrá que tener en cuenta la 
existencia de los grupos hebreos, con su cultura peculiar, con elementos comunes con los del 
medio ambiente y otros diferenciales. 



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268 



Ricardo IZQUIERDO BENITO 



mayoría está recogida en la revista SefaracI). Entre lo que puede enlazar con 
la arqueología, lo que más se han publicado han sido estudios epigráficos, 
sobre todo de lápidas lunerarias. 

Es verdad también que no se han conservado muchos elementos materia- 
les asociados a los judíos. Por una parte, no hay que olvidar las vicisitudes 
violentas por las que éstos pasaron — asaltos de juderías, saqueos, matanzas, 
etc. — y que debieron de generar la destrucción y la pérdida definitiva de 
muchos elementos materiales. Por otra, al ser considerados los judíos y sus 
bienes como propiedad de la Corona, ésta, en algunas ocasiones ante dificul- 
tades económicas, recurrió a los mismos, por lo que también muchos se 
perderían. Y por último, algo también se llevarían ios judíos en el momento 
de abandonar la Península tras el decreto de expulsión. Lo que aquí dejaron 
fueron, evidentemente, sus bienes inmuebles que incluso pronto muchos 
fueron transformados y otros llegaron a desaparecer^. De tal manera que, 
cuantitativamente, los restos materiales conservados no son muy abundantes. 
Por el contrarío, cualitativamente, algunos de ellos sí que son de una gran 
importancia. Un detalle significativo de todo esto es que cuando se celebra 
una exposición de tema judío, la mayoría de los objetos expuestos son docu- 
mentos y no tanto piezas de uso cotidiano originales'^. 

Además, para la práctica arqueológica en el campo judío no se deben de 
requerir simplemente unos correctos conocimientos técnicos en arqueología. 
También es necesaria una complementaría formación de hebraísta para poder 
llevar a cabo un más fidedigno análisis de los restos que se estudien. Y hasta 
ahora, los hebraístas se han dedicado especialmente al campo de la filología 
y no tanto al de la cultura material. Se hace necesario, por tanto, que éstos 
intensifiquen más sus investigaciones por esta vía o, lo que sería más conve- 
niente, que se ponga en práctica una actividad interdisciplinar. 

Todos estos son algunos factores, a los que se podrían añadir otros más, 
que han desembocado en ese casi nulo interés que hasta el presente ha 
despertado la arqueología judía y que lo que hasta ahora se ha publicado al 

3 Ana M"* López Álvurez et allii: "Consecuencias del decreto de expulsión sobre los 
bimes inmuebles de los judíos españoles**, en La expulsión de los jiuUos de España, Toledo, 
1993, págs. 149-173. José Luis Lacave señala tambiái como otra causa de la no conservación 
de restos materiales, la incuria y la carencia de valor que se dio a lo judaico a partir del siglo 

XVI ("Los restos materiales...", pág. 454). 

4 Consúltese a este respecto el catálogo de la exposición «La vida judía en Sefarad» 
(Ministerio de Cultura, 1991), celebrada en Toledo durante los meses de noviembre de 1991 y 
enero de 1992. 



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Arqueología de una miñona: la cultura material hispanojuciía 269 



respecto no tenga una excesiva relevancia^ A pesar de sus limitaciones ya 
señaladas, no nos cabe la menor duda de que ésta ha de ser reivindicada, para 
que ocupe el lugar que indudablemente se merece. Sus aportes pueden ser de 
un gran interés, sobre todo en aquellos ámbitos en los que la documentación 
escrita resulta restringida o inexistente. Pensemos, por ejemplo, que el tan 
debatido tema del momento de la llegada de los judíos a la Penínsiüa Ibérica 
sólo se podrá seguir rastreando por una vía arqueológica, aunque también 
pueda presentar muchos problemas. A este respecto se señala cómo, la pre- 
sencia más antigua de judíos se basa en inscripciones que, aunque estén 
escritas en latín, pueden hacer referencia a nombres judíos^. 

« :ie 4t :|t 4c 

Cuando se habla de arqueología, casi siempre se piensa en una excavación 
y, aunque una investigación arqueológica no tiene por qué centrarse forzosa- 
mente en ella, bien es verdad que una excavación puede proporcionar una 
información de gran interés que, además, nos pone en relación directa con lo 
que es la cultura material. En el caso del mundo judío, ¿existen lugares, es 
decir, yacimientos, susceptibles de poder ser excavados? Evidentemente, res- 
tos de esos lugares existen, aunque puedan encontrarse muy destruidos o 
transformados^. Como enclaves más significativos podrían señalarse las jude- 
rías, los cementerios, las sinagogas, los baños ritudes, además de otros espa- 
cios de menor entidad aunque no por ello de menor interés (casas, hornos, 
baños, carnicerías, fortificaciones, etc.). Se viene considerando que existieron 
más de ochocientos lugares en España que contaron con una presencia judía, 
aunque en algunos casos fuese muy limitada. Ello nos puede dar una idea del 
gran número de restos que todavía se tienen que conservar. 

En este campo, como puede deducirse, hay una gran labor por realizar, 
aunque bien es cierto que de una gran complejidad. Pensemos, simplemente. 



5 Pongamos como ejemplo, aunque no sea defínitorio, el caso de Cataluña. David 
Romano, en su artículo "Arqueología judía en Cataluña" (/// Congreso Internacional Encuen- 
tro de las Tres Culturas, Toledo, 1988, págs. 131-136) elabora una breve recapitulación de lo 
conocido en Cataluña, pero apenas aporta nada novedoso. Manuel Ríu. en su libro L' arqueología 
medieval a Catalunya (Barcelona. 1989). no dice nada sobre la arqueología judía. 

6 Luis García Iglesias: Los judíos en la España antigua, Madrid, 1978, págs. 43-68. 

7 En ocasiones, con motivo de la realización de obras, pueden aparecer restos judíos. 
José Luis Lacave: «De nuevo restos arqueológicos judíos», en Sefarad, LVI (fase. 1), 1996, 
págs. 171-172 (se hace refeiencia a un cement^o judío en Valencia y a otros restos en 
Plasencia). 



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Ricardo IZQUIERDO BENITO 



en los cementerios, de los que debió de haber tantos como comunidades 
judías y, sin embargo, de muy pocos se conoce su emplazamiento y todavía 
son menos los que se han excavado de una manera sistemática. De lo que se 
trataría, en primer lugar, es de localizar los yacimientos y, en segundo lugar, 
si las condiciones fuesen propicias, de excavarlos. 

Para la localización de yacimientos judíos es fundamental una previa labor 
de rastreo en las fuentes documentales, las cuales nos pueden informar acerca 
de la ubicación de muchos de ellos. Afortunadamente, la documentación 
conservada relacionada con los judíos es muy abundante y de ella se pueden 
extraer muchos datos, aunque no siempre con la precisión que sería de desear, 
dada la ambigüedad con que en algunas ocasiones se delimitan algunos 
emplazamientos. 

Sin embargo, aunque por vía documental se puedan localizar muchos 
yacimientos, la posibilidad de excavarlos es muy restringida ya que la mayo- 
ría de ellos deben de encontrarse muy destruidos, cuando no han desapareci- 
do por completo. Aparte de los avatares que padecieron los bienes inmuebles 
judíos a raíz de la expulsión — ^y que ya supuso un trastoque muy significati- 
vo en aquellos elementos tan importantes de su cultura material — , la causa 
fundamental también ha sido la transformación, por vía de un crecimiento, 
que las ciudades que contaron con una comunidad judía han experimentado 
en ios siglos posteriores. Ello ha supuesto que, en la mayor parte de los casos, 
las antiguas juderías — con todos sus espacios significativos — hayan desapa- 
recido por completo, y que otros lugares de interés arqueológico ubicados 
extramuros, como por ejemplo los cementerios, hayan podido quedar destrui- 
dos como consecuencia de una expansión urbanística de algunas ciudades. 

Todo esto supone, como puede deducirse, que el panorama no es muy 
alentador para propiciar una arqueología judía de campo, aunque no por ello 
ha de cundir el desánimo sino que, a pesar de todos los inconvenientes y de 
todas sus limitaciones, como ya he señalado con anterioridad, la arqueología 
judía ha de ser reivindicada e impulsada — lo mismo que lo está siendo la de 
las otras culturas medievales — , como integrante indisociable de nuestro pa- 
trimonio histórico y cultural. 

2. ESPAaOS ARQUEOLÓGICOS 

Aparte de elementos materiales de menor entidad — ^aunque puedan ser de 
gran interés — a los que nos referiremos más adelante, consideramos que, en 



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Arqueología de una minoría: la cultura materíal bíspanojudía 271 



el ámbito de la arqueología judía, los más significativos son ciertos espacios, 
determinados por estructuras arquitectónicas algunos de ellos, por ser a los 
que más directamente va asociada su cultura material más específica. Dentro 
de esos espacios el más representativo es el de la residencia colectiva, es 
decir, la propia judería — cuando existió como barrio individualizado — , con 
sus casas y sus calles. Dentro de ella nos encontraremos con espacios rituales, 
tales como sinagogas y baños, y otros de menor rango, aunque también con 
una cierta vinculación religiosa, como hornos y carnicerías. Arquitectónica- 
mente podrán ser similares a otros edificios vecinos no judíos; pero ese 
carácter ritual será el que les dote de una especificidad para ser encuadrables 
dentro del campo de la arqueología judía. Extramuros se ubicarán los cemen- 
terios, también considerados como espacios rituales. 

2.1. El espacio arqueológico por antonomasia: la judería 

No todas las ciudades medievales contaron con una judería, es decir, un 
barrio específico donde estuvieron asentadas y concentradas las familias 
judías. En ocasiones, éstas vivieron dispersas por la ciudad, agrupadas en 
algunas calles, sin llegar a formar un verdadero barrio. En otras ocasiones, 
por el contrario, pudo existir más de una judería. 

Aunque desde el punto de vista urbanístico de su entramado vial, una 
judería no se diferenciase internamente de otras zonas o barrios de la ciudad 
en la que se encontrase ubicada, es indudable que constituía un espacio 
específico, que hasta podía estar marcadamente diferenciado por la existencia 
de una muralla que lo rodease. De tal manera que, si nos ajustamos a los 
planteamientos básicos de la Arqueología Espacial, una judería, en su conjun- 
to, tiene que ser considerada como un espacio arqueológico y como tal ser 
analizado a partir de los elementos materiales producidos por la sociedad que 
en el mismo estuvo establecida. Es verdad que si se efectuasen excavaciones 
en una judería, el material que proporcionarían — especialmente el cerámico 
que habría de ser el más abundante — no sería propiamente judío, sino que 
sería el fabricado por el sector dominante de la ciudad — musulmán o cristia- 
no, según las circunstancias, al que los judíos se lo habrían adquirido en el 
mercado — y al que arqueológicamente quedaría adscrito. Sin embargo, tam- 
bién podría producirse el hallazgo de alguna pieza de utilización exclusiva- 
mente judía, como, por ejemplo, una lámpara de hauukci de cerámica, que 
seguramente habría sido fabricada por un alfarero no judío, dado que éstos no 



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Ricardo IZQUIERDO BENITO 



parece que se dedicaron a este tipo de actividad artesanal. Aún así, en tal 
caso, esa pieza habría que considerarla arqueológicamente judía. 

Al analizar una judería, en primer lugar, sobre el plano de la ciudad, 
habrá que tratar de ubicar su emplazamiento y su delimitación urbanísti- 
ca, cuando de aquélla no se haya conservado nada, sino apenas el recuer- 
do o la tradición de que allí estuvo emplazada. Para esta labor la consulta 
de las fuentes escritas es fundamental. No hay que olvidar que en algunas 
ciudades pudieron existir varias juderías y que una misma judería, según 
las circunstancias, pudo haber cambiado de ubicación. Pero, en definiti- 
va, lo prioritario será delimitar ese espacio al que se le podrá asignar el 
calificativo de judío. 

Como es bien sabido, algunas juderías estuvieron protegidas por una 
muralla o cerca, levantadas con materiales diversos y en momentos y circuns- 
tancias diferentes. Aquí nos encontramos con un elemento arquitectónico y, 
por consiguiente, arqueológico, de gran interés. Estas murallas no se han 
conservado, pero se puede rastrear su existencia y su trazado — incluyendo el 
emplazamiento de las puertas y de los portillos que en ellas se podían abrir — , a 
través de la documentación o del análisis urbanístico actual de las zonas que 
ocuparon las juderías. A este respecto conviene señalar la conveniencia de 
mantenerse alerta — ^para evitar su sistemática destrucción — ante cualquier 
obra que se pueda realizar en el subsuelo de zonas por las que discurrió la 
muralla y que pueda dejar fortuitamente al descubierto algún resto de la 
misma. Sería la manera de tener una constancia efectiva, a la par que poder 
conocer sus características constructivas. No conocemos ningún caso de aná- 
lisis arqueológico que se haya llevado a cabo sobre una muralla de una 
judería. 

Una vez delimitada la judería, el paso siguiente sería el de intentar recons- 
truir su interior, para lo cual lo que habría que hacer sería reconstruir su 
trazado viario, y sobre él ubicar los principales edificios de los que se tuviese 
constancia documental. Esos edificios, generadores de unos espacios especí- 
ficos, son a los que seguidamente nos referiremos. Posteriormente habria que 
procurar constatar in-situ si alguno de ellos se ha conservado total o parcial- 
mente. En cualquier caso, aun no habiéndose conservado ningún resto, una 
vez localizado el emplazamiento, el lugar quedaría convertido en un sitio de 
interés arqueológico, sobre el que, si las circunstancias lo favoreciesen, se 
pudiese llevar a cabo una excavación. Se trataría, de alguna manera, de una 
forma de arqueología preventiva. 



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Arqueología de una minoría, la cultura materíal hispanojudía 21^ 



Un tipo de edificio que aparece señalado en algunas juderías es el de un 
castillo o fortaleza que al parecer existía en alguna de ellas, aunque no se 
conoce muy bien la función que pudo haber desempeñado. También en este 
caso se hace necesaria la ubicación y localización de este tipo de construc- 
ción, por el indudable interés arqueológico que presenta. 

Seguidamente pasemos a señalar algunas consideraciones acerca de otros 
espacios más específicos que se pueden encontrar dentro de una judería. 

12, El espacio privado: la vivienda 

No se puede considerar que hubiese existido un tipo de casa específica- 
mente judía. Las viviendas en las que moraban los judíos eran, en su configu- 
ración espacial interna y en los materiales empleados en su construcción, 
idénticas a las de los demás sectores sociales — ^musulmanes o cristianos — 
con los que tenían que convivir, y acordes con los estUos constructivos y 
ornamentales del momento. Además, en muchas ocasiones, se daba la cir- 
cunstancia de que esas viviendas eran propiedad de cristianos, que las tenían 
arrendadas a los judíos. También es posible que, en algunos casos, en una 
misma casa pudiesen vivir varias familias que tuviesen repartido el espacio, 
generando así otras tantas viviendas individuales. Esos mismos edificios, sin 
necesidad de llevar a cabo reformas internas, pasaron a ser ocupados por 
cristianos — o siguieron en manos de los mismos vecinos, pero ahora como 
conversos — en los momentos posteriores a la expulsión. 

Por todos estos motivos, por consiguiente, resulta complicado incluir esas 
casas como elementos materiales a ser analizados por la arqueología judía. 
De tal manera que, ante la planta de un edificio que se hubiese excavado, 
fechado en los siglos XIV o XV, por ejemplo, sin ningún otro elemento 
preciso de referencia, nunca podremos saber si estuvo habitado por judíos. 

Muchos restos de las antiguas casas en las que vivieron judíos deben de 
encontrarse actualmente en el subsuelo sobre el que, con el paso del tiempo, 
se construyeron otras nuevas. Puede que, en algún caso excepcional, todavía 
quede en pie alguna casa en la que vivió alguna familia judía. La documenta- 
ción puede servimos para localizar espacios en los que se levantaron casas 
que fueron ocupadas por judíos. Sería de desear que, con motivo de derribos 
de edificios actuales en zonas antiguamente ocupadas por juderías, se pudie- 
sen efectuar excavaciones. Seguramente nos encontraríamos con restos de 
edificios que, por su emplazamiento, antiguamente pudieron haber sido la 



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Ricardo IZQUIERDO BENITO 



vivienda de ramillas judías. Los elementos de ajuar doméstico serían idénti- 
cos a los del sector social dominante, por lo que siempre podría quedarnos la 
duda de si se tratase de casas en las que verdaderamente vivieron judíos. 
Tendría que ser el hallazgo de algún material típicamente judío — una lámpa- 
ra de hanuká o una inscripción en caracteres hebreos, por ejemplo — lo que 
nos lo podría confinnar plenamente. Así, podríamos decir con bastante segu- 
ridad, que nos encontrábamos ante una casa auténticamente judía, si no por 
sus características constructivas, sí porque en ella vivieron judíos. 

Un elemento significativo que va asociado a la vivienda judía — y también 
a los demás edificios civiles — es la oquedad o hendidura tallada en la parte 
superior de la jamba derecha de la puerta de entrada, en la que se colocaba la 
mezuzá, es decir, un pequeño estuche que contenía un texto con los versos de 
la Semá, que constituyen la oración fundamental del judaismo. De tal manera 
que este elemento, típicamente asociado al ritual doméstico judío, no nos 
puede pasar desapercibido, ya que adquiere un valioso carácter arqueológico, 
pues ante el resto de una puerta que conserve todavía la huella de la mezuzá, 
podemos tener la seguridad de encontramos ante la entrada de una casa que 
en algún momento estuvo habitada por una familia judía. En ocasiones, 
también algunas puertas del interior de las viviendas podían haber tenido el 
hueco para la mezuzé. 

Aunque arquitectónicamente y, por tanto, arqueológicamente, no se puede 
señalar la existencia de una casa típicamente judía, el carácter de tal lo 
adquiría por el uso del espacio y por las ceremonias rituales que sus habitan- 
tes podían realizar en su interior. Es en ese contexto, por tanto, en el que sí se 
puede hablar de una «casa judía», aunque materialmente no tenga una plas- 
mación específica y, por tanto, no se pueda incluir dentro de una clasificación 
tipológica arqueológica. 

23. Espacios rituales 

Los espacios rituales judíos, generados de una manera directa por los 
imperativos de la práctica religiosa, son los que verdaderamente con más 
rigor se pueden asociar a su cultura material, ya que son los que marcan las 
auténticas diferencias con respecto a la de las sociedades vecinas. Como ya se 
ha señalado con anterioridad, las comunidades judías, al verse abocadas a 
tener que vivir bajo el dominio de otros contextos políticos, consiguieron 
mantener su propia identidad aferradas al hecho religioso diferencial. Y ello 



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Arqueología de una minoría: la cultura material hispanojudía 275 



se habría de manifestar, entre otros aspectos, en el desarrollo de su peculiar 
cultura — plasmada a través de múltiples manifestaciones — , dentro de la cual 
cabría señalar su más específíca cultura material. Es en este ámbito donde, 
por tanto, la arqueología judía adquiere su auténtico sentido. 

Consideramos que esos espacios, susceptibles de ser analizados arqueoló- 
gicamente y, llegado el caso, de ser sometidos a una excavación, son funda- 
mentalmente tres: las sinagogas, los baños rituales y los cementerios. En 
menor medida también habría que tener en cuenta los hornos y las carnice- 
rías, e incluso los hospitales para pobres, aunque a éstos no nos vamos a 
referir. Por tratarse de lugares muy específicos y que no faltaron allí donde 
existió ima comunidad judía organizada en aljama, las referencias documen- 
tales sobre los mismos suelen ser, en general, abundantes, aunque bien es 
cierto también que muchas veces un tanto imprecisas. Pueden aportar datos 
acerca de su localización, pero rara vez añaden descripciones arquitectónicas 
que podrían ser de gran interés para el arqueólogo. 

Sinagogas 

A toda comunidad judía queda asociada, al menos, una sinagoga, como 
lugar de culto colectivo, fundamental e imprescindible en la práctica religio- 
sa. La sinagoga se presenta así como el ediñcio principal de la judería. Según 
la importancia demográfica de la comunidad, podían existir varias sinagogas 
dispersas por la judería. Al tratarse simplemente de un lugar de reunión, y no 
propiamente de un templo para realizar sacrificios — como en el caso, por 
ejemplo, de las iglesias cristianas — el edificio de una sinagoga no presenta 
una configuración espacial o arquitectónica predeterminada. De tal manera 
que, cualquier recinto cerrado, puede servir como sinagoga para los rezos 
cotidianos. Lo normal es que esté orientado hacia Jerusalén y que la entrada 
se realice a través de un patio. En su interior, la organización del espacio 
quedaría adecuado a las normas establecidas por el ritual*^. Aparte de la sala 
de oración, en una sinagoga también pueden existir otras dependencias como 



8 En el interior de la sala, en la pared orientada a Jerusalén, se abría un nicho en el que 
se colocaba el arca (jirón o hejat) donde se guardaban los rollos de la ley (sefarim) (José Luis 
Lacave: Juderüts y sinagogas españolas, Madrid, 1992, pág. 13). 



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Ricardo IZQUIERDO BENITO 



la galería destinada a las mujeres — generalmente ubicada en altura y con 
entrada independiente — y también una escuela rabínica {Talmud Toráf. 

Al no presentar una configuración espacial predeterminada, ello significa 
que resulta muy complicado detectar y analizar arqueológicamente una sina- 
goga, tanto en el caso de una que se hubiese conservado muy transformada, 
como en el de la que se pudiese descubrir por vía de una excavación. En 
ambos casos, nos encontraríamos ante unos espacios, de los cuales, si no 
tuviésemos una información previa, difícilmente podríamos adscribirlos, con 
un mínimo de seguridad, a un lugar de culto judío. Solamente la orientación 
hacia el este podría ser un elemento de referencia. Un ejemplo muy significa- 
tivo al respecto, es el de la sinagoga de la Alcudia en Elche. Cuando se 
excavó, por sus características arquitectónicas, los arqueólogos consideraron 
que se encontraban ante un ediñcio paleocristiano. Sin embargo, un minucio- 
so análisis arqueológico de unas inscripciones griegas que se encontraban 
sobre el mosaico que cubría el suelo, les llevó a la conclusión que estaban 
ante un edificio de culto judío: los restos de la sinagoga más antigua conocida 
en la Península Ibérica''^. 

Cuando las sinagogas se construyeron de nueva planta en la Edad Media 
— ^sometidas a las limitaciones extemas impuestas por el sector social domi- 
nante — , tendieron a levantarse conforme al estilo arquitectónico imperante 
en el momento". De tal manera que sus características arquitectónicas, tanto 
en los materiales empleados como en los elementos decorativos utilizados, 
podían variar mucho de unas a otras según las épocas. Sirvan de comparación 
a este respecto las sinagogas toledanas de Santa María la Blanca y de El 
Tránsito. Ambas con unas características espaciales y arquitectónicas com- 



9 Para todo lo relacionado con las sinagogas españolas vid. la obra de Francisco Cantera 
Burgos: Sinagogas españolas, Madrid, 19SS (reimp. 1984). En la revista Sefarad pueden 
encontrarse diversos estudios sobre algunas sinagogas localizadas. 

10 Francisco Cantera Burgos: op. cit.. págs. 212-216 y Schlunk, Helmut: «El arte de la 
época paleocristiana en el sudeste español. La sinagoga de Elche y el martyrium de la Alberca», 
en Crónica del III Congreso Arqueológico del Sudeste Español, Murcia, 1947, págs. 335-349. 

11 En los reinos hispanocristianos para la construcción de una sinagoga de nueva planta 
se requoüi tanto la autorización real amo la eclesiástica. Las normas afectaban al aspecto 
exterior del edificio que no podía sobrepasar en altura a una iglesia cristiana. Por ello, la 
mayoría de las sinagogas españolas fueron edificios pequeños, de planta rectangular o cuadra- 
da, con una fachada muy modesta. Por el contrario, en su interior podía estar ricamente 
decorados (José Luis Lacave: Juderías..., págs. 13-14). 



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Arqueología de una minoría: la cultura material hispanojudta TJl 



pletamente diferentes, pero acordes con las técnicas constructivas del mo- 
mento en que cada una de ellas se levantó'^. 

Tras el decreto de expulsión del año 1492, las sinagogas, como bienes 
públicos judíos, pasaron a manos de la Corona que dispuso así libremente de 
ellas. Fueron entregadas a individuos particulares, a algunas ciudades o a 
instituciones eclesiásticas' \ A partir de entonces el destino de las mismas fue 
muy dispar. Muchas de ellas continuaron siendo lugares de culto, pero con- 
vertidas en iglesias, y otras cambiaron radicalmente su originaria función"*. 
De la gran cantidad de sinagogas que debieron de existir en la Edad Media, 
solamente tres han llegado a nuestros días — gracias a que se transformaron 
en iglesias — , y se trata de tres edificios verdaderamente excepcionales, no 
sólo por su connotación histórica, sino, sobre todo, por su valor arquitectóni- 
co: las ya citadas de Santa María la Blanca y de £1 Tránsito de Toledo y la de 
Córdoba'^ 

Para llevar a cabo cualquier análisis arqueológico sobre las antiguas sina- 
gogas, en primer lugar hay que proceder a su localización. Para ello es 
preciso recurrir a las fuentes documentales, así como a posibles tradiciones 
locales, para intentar precisar su emplazamiento. En unos casos puede con- 
servarse algún resto con alguna característica arquitectónica especial que nos 
pueda confirmar que verdaderamente se trate de una sinagoga y en otros 
puede que no se conserve absolutamente nada. Pero, en cualquier caso, si las 
referencias documentales son precisas, aunque externamente no se haya con- 
servado absolutamente nada, es indudable que en el subsuelo todavía han de 
conservarse restos de la cimentación del primitivo edificio. Cuando las cir- 



12 Ana M* Lóp» Álvaiez-Santiago Palomero Plaza: «Las sinagogas españolas en sus 
restos arqueológicos», en La vida judia en Sefarad, 1991, págs. 197-216. 

13 Yolanda Moreno Koch: «La venta de sinagogas en Segovia al tiempo de la expulsión», 
en Sefarad, XLVI (fase. 1 y 2), 1986, págs. 345-351. 

14 Así. por ejemplo, la de Falencia que quedó convertida en matadero. ídem: «Notas 
sobre la sinagoga de Falencia después de la expulsión», en Actas del IV Congreso Internacio- 
nal Encuentro de las Tres Culturas, Toledo, 1988, págs. 121-125. 

15 Francisco Cantera Burgos: Sinagogas de Toledo, Segovia y Córdoba^ Madrid, 1973. 
José Luis Lacave señala también las del Corpus Cristo de Segovia y la de Santa María la 
Blanca de Sevilla, convertidas en iglesias y muy transformadas. Igualmente restos de otras en 
Tnijillo, Sagunto y Teruel («Los restos materiales...»), pág. 465. Recordemos también la 
portada de la sinagoga de Ciudad Real conservada en el Museo de la ciudad y también la 
existencia de algún capitel con inscripción hebrea aparecido en Toledo y que pudo haber 
pertenecido a alguna sinagoga. 



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cunstancias fuesen favorables, lo deseable sería poder excavar en el lugar y 
exhumar esos restos que nos informarían, al menos, acerca de la planta, es 
decir, de la configuración espacial de aquella sinagoga" . Pero, hoy por hoy, 
esto es muy difícil de poder llevar a cabo y no conocemos ningún caso de una 
nueva sinagoga que hubiese aparecido por vía de una excavación. 

En las sinagogas conservadas, aunque ello es muy complicado, sería muy 
interesante poder realizar también alguna intervención arqueológica, orienta- 
da a conocer si el edificio actual es fruto de una ampliación de otro más 
antiguo — caso, por ejemplo, de lo que parece ocurrir en la sinagoga de El 
Tránsito'^ — o si está levantado de nueva planta sobre otro anterior, y si éste 
podría haber sido otra antigua sinagoga'*^. A este respecto son muy significa- 
tivas las excavaciones que, afortunadamente — ^pues ha sido la primera vez 
que se ha podido excavar en el interior de una sinagoga — , se han realizado 
en la sinagoga de Santa María la Blanca de Toledo'^. En su interior han 
aparecido, entie otros elementos, los restos de un ediñcio, con restos de 
pinturas murales, del cual siempre nos quedará la duda — ^mientras no conte- 
mos con una información que lo corrobore fidedignamente — de si correspon- 
den a otra sinagoga anterior que se derribó para levantar la actual. Como 
puede deducirse, el análisis arqueológico de las sinagogas presenta muchas 
limitaciones, lo que supone que difícilmente se podrá seguir avanzando en 
este campo, aunque paradójicamente fueron muchas las sinagogas que exis- 
tieron en la Edad Media y cuyos restos todavía se deben de conservar. El 
problema básico es que ante unos restos arquitectónicos, sin otras precisiones 



16 Un caso significativo lo tenemos en Teruel donde, con motivo de unas obras que se 
llevaron a cabo para la construcción de una casa, aparecieron unos restos que, por sus caracte- 
rísticas y por el lugar del hallazgo, podían corresponda a una sinagoga (José Luis Lacave: 
«Restos arqueológicos judaicos de Teruel ¿La sinagoga de Touel?», en Sefarad, XXXDC 
(fase. 1). 1979, págs. 120-122. 

17 Basilio Pavón Maldonado: «Un problema arqueológico en la sinagoga del Tránsito», 
tnSefarad, XXXVI (fase. 1). 1976. págs. 141-144. 

18 Es interesante señalar las excavaciones que se realizaron en el exterior de la sinagoga 
de El Tránsito, próximo a la misma, donde aparecieron una serie de restos arquitectónicos, 
difíciles de precisar. Santiago Palomero Plaza-Ana M" López Álvaiez-Yasmina Álvam Del- 
gado: «Excavations around tfae Samuel Halevi Synagogue (del Tránsito) in Toledo», en Jewish 
Artt volume eighteen, 1992, págs. 49-58. 

19 Genuán Pntto Vázquez: «Santa María la Blanca y la mezquita de Tornerías: dos 
excavaciones de urgencia en Toledo», en Actas del Primer Congreso de Arqueología de la 
Provincia de Toledo, Toledo, 1990, págs. 459-481. 



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Arqueología de una minoría: la cultura material bispauojudía 279 



complementarías y, sobre todo, convincentes, es muy arriesgado para un 
arqueólogo poder adjudicarlos con total segundad a una antigua sinagoga. 

Baños 

Al leferímos a baños hay que tener en cuenta que podían existir dos tipos: 
los públicos y los rituales. Los primeros eran aquellos a los que acudían los 
judíos — ^al igual que los musulmanes o los cristianos — fundamentalmente 
por motivaciones higiénicas, aunque no exentas, en algunos casos, de un 
cierto carácter ritual. Normalmente eran los baños de tradición romana — con 
sus tres salas: fría, templada y caliente — que luego tanta importancia tuvie- 
ron en el mundo árabe. En ocasiones, alguno de estos baños se podía levantar 
en el interior de la judería —con lo que quedaba para uso exclusivo de la 
población allí establecida — , aunque los judíos también podían acudir —en 
las condiciones y en los momentos establecidos en las correspondientes orde- 
nanzas municipales — a los que se encontraban dispersos por distintas zonas 
de la ciudad. 

Estos baños públicos de las juderías, arquitectónicamente no presentaban 
ningún elemento diferenciador con respecto a los demás, que pudiese remar- 
car su específico carácter judío. Al ser utilizados exclusivamente por judíos, 
es por lo que, con matices, pueden ser adscritos a una arqueología judía, 
aunque estructuralmente participasen con más propiedad de una arqueología 
islámica. Restos de este tipo de baños públicos localizados en el interior de 
juderías, se han conservado en Toledo-", Zaragoza-', y Baza--. 

Sin embargo, el baño arqueológicamente más específico judío es el baño 
ritual o micvé. Estamos ante un recinto asociado al ritual religioso relaciona- 
do con la purificación de la mujer judía en determinadas circunstancias y de 
la vajilla doméstica antes de la fiesta de Pascua, por lo cual se puede conside- 
rar como un espacio arqueológico estrictamente judío, al estar construido con 
esos fines. Estos baños solían encontrarse junto a las sinagogas, formando 
incluso una dependencia más, al menos en las más importantes. Tenían un 
condicionante significativo, como era la necesidad de contar con agua co- 

20 Es el conocido como «Baño del Ángel». M. González Simancas: Las sinagogas de 
Toledo y el baño litúrgico judío, Madrid, 1929 y Clara Delgado Valero: Toledo islámico: 
ciudad, arte e historia, Toledo, 1987, págs. 394-405. 

21 Miguel Ángel Motis Dolader G¡Ua del Aragón judío, Zaragoza, 1991, págs. 75-76. 

22 José Luis Lacave: Juderías..,, pág. 372. 



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Tríente permanente, que debía de proceder de algún manantial cercano. Por 

ello, la mayoría de estos baños debían de ser subterráneos, en ocasiones tal 
vez en el propio subsuelo de la sinagoga, aunque eon entrada independiente-\ 
Curiosamente, son muy pocas las referencias documentales que se tienen 
sobre este tipo de baños'"^. Algunas de ellas, incluso, proceden de procesos 
inquisitoriales, en los que algunas mujeres eran acusadas de judaizar por 
acudir, clandestinamente, a estos baños-'. Si alguno de ellos, circunstancial- 
mente se excavase y se pudiese adscribir como tal, en sus inmediaciones 
tendría que ser localizada una sinagoga. 

Al tratarse de recintos subterráneos, es muy posible que se aprovechasen 
como sótanos para usos diversos tras 1492, especialmente por la utilización 
del agua. Si la primitiva sinagoga, con el paso del tiempo, íue demolida, es 
muy posible, sin embargo, que el baño anejo no lo fuese, y que hubiese 
seguido siendo aprovechado, aunque con alguna transformación arquitectóni- 
ca que encubriese su aspecto originario. También pudo ocurrir que algunos, 
ya en desuso, fuesen anegados y cegados, quedando, por tanto, ocultos. En 
cualquier caso, los restos de la mayoría de ellos todavía deben de conservar- 
se, al tratarse de recintos subterráneos, que difícilmente se destruyen de una 
manera sistemática. Se cubren de tierra para construir sobre ellos. 

Aquí se nos ofrece, por tanto, un campo muy interesante, aunque complejo, 
de intervención arqueológica. Primero habría que localizar documentalmente 
estos baños y posteriormente, si las circunstancias fuesen favorables, intentar 
excavar alguno de ellos. A no perder de vista que alguna remoción casual de 
tierras en alguna antigua judería, pudiese sacar a la luz los restos de alguno de 
estos baños, aunque sien^ne podría resultar complicada y discutida su adscripción. 

Tal vez como consecuencia de todas las circunstancias anteriormente 
señaladas, baños rituales no han llegado a nuestros días, al menos de una 
manera visible. Solamente se conoce un ejemplar, único por su conservación 

23 A este respecto se puede señalar la existencia de un posible baño ritual en Toledo, 
asociado a la sinagoga de El Tránsito, hasta hace poco desconocido (Ana López Alvarez- 
Santiago Palomoro Plaza: «Descubrimiento de un probable baño ritual judío junto a la sinago- 
ga de El Tránsito (Toledo)», en Sefarad, XLDC (fase. 2), 1989, págs. 395-396. 

24 En David Romano: «Baño o miqwé de Lérida (1339)», en Sefarad, XXXV (fase. 1 y 
2), 1975, pág. 158. se recoge una breve reseña sobre lo que se considera la primera referencia 
documental de un baño ritual judío. 

25 Ver, por ejemplo, el caso de una tal Blanca Raniire/. recogido por Pilar León Tello: 
«Costumbres, tiestas y ritos de los judíos toledanos a fines del siglo XV», en Simposio Toledo 
Judaico, II, 1973, pág. 75. 



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Arqueología de una minoría: la cultura material hispanojudía 281 



—aunque también discutido en cuanto a su auténtica función — , la micvé de 
Besalú (Girona)-^. Construido a mediados del siglo XII o comienzos del XIII, 
es de planta cuadrada, cubierta con bóveda de cañón e iluminada por una 
estrecha ventana alargada; tiene una piscina a la que se desciende por unos 
escalones. Posiblemente se encontrase en la parte inferior de una sinagoga 
desaparecida, de la que existen referencias documentales'^ 

Cementerios 

Los cementerios judíos, al igual que los de los musulmanes, se encontra- 
ban en las afueras de los lugares donde vivían, en una posición elevada, sobre 
una ladera o junto a un río. Generalmente estaban ubicados en las cercanías 
de su barrio, con acceso directo para que los entierros evitasen tener que 
cruzar espacios ocupados por cristianos^^ Por ser lugares destinados a su 
enterramiento exclusivo, se presentan también como espacios asociados a 
una arqueología específicamente judía. Puede considerarse que, salvo casos 
excepcionales, en cada lugar donde vivían judíos, había un cementerio para 
ellos e, incluso, según su importancia demográfica, podían existir varios^'. 
Ello supone que fueron numerosas las necrópolis que existieron — ^varias más 
que las propias comunidades — y, por lo tanto, aquí se presenta im campo de 
gran interés para intentar llevar a cabo investigaciones arqueológicas, que 
también tenderán a resultar complicadas. 

El ámbito funerario es el único donde puede decirse que se ha practicado 
una arqueología judía, pues se han excavado algunos cementerios, aunque 
bien es cierto que no completos y no todos con el rigor metodológico que 
hubiese sido necesario^^. Incluso, en algún caso, hasta se tiene la duda si 

26 José Millás Vallicrosa; «Descubrimiento de una niiqwah en la población de Be- 
salú», en Sefarad, XXV (Fase. 1), 1965, págs. 67-69. 

27 Coneha Munuera Bassols: «Sobre la sinagoga de Besalú», en Sefarad, XXVin (fase. 

1), 1968, págs. 69-79. 

28 José Luis Lacave: Juderías..., pág. 15. 

29 José Luis Lacave opina que. aparte de otras ciudades, en Toledo. Barcelona y Lérida 
pudieron haber existido dos cementerios («Los restos materiales...», pág. 468). 

30 En la revista Sefarad, principalmente, se pueden encontrar algunos estudios sobre 
cementerios o tumbas judías excavadas. Aunque la bibliografía no es muy extensa, citaremos 
solamente, por la importancia del lugar y los hallazgos encontrados, el artículo sobre la 
excavación del cementerio de Montjuich de Barcelona. A. Durán Sampere-José M' Millás 
Vallicrosa: «Una necrópolis judaica en el Montjuich de Barcelona», en Sefarad, VU (fase. 2), 
1947, págs. 231-259. 



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algunos enterramientos son auténticamente judíos. Y ello se explica, en cierta 
medida, por el gran desconocimiento que se sigue teniendo acerca del ritual 
funerario judío en su plasmación arqueológica en el cementerio. De lal mane- 
ra, que si nos encontramos ante un enterramiento aislado, sin otros elementos 
de leferencia, es muy difícil poder asociarlo con seguridad a un individuo 
judío. 

En las fuentes documentales son relativamente abundantes las referencias 
a los cementerios judíos, aunque casi siempre de una manera un tanto impre- 
cisa en cuanto a su localización. Ello supone que de muy pocos cementerios 
se conoce su emplazamiento exacto. En ocasiones, la toponimia actual puede 
hacer referencia a la ubicación de algunos, como en la zona catalana con el 
topónimo moníjuich. Incluso, de una comunidad tan importante como fue la 
de Toledo, todavía se sigue desconociendo el lugar exacto de dónde se 
encontraba y se especula con posibles emplazamientos '. Como puede dedu- 
cirse, aquí se presenta un amplio campo, complejo bien es cierto, en el cual la 
investigación arqueológica tiene mucho que aportar. 

A raíz de la expulsión de los judíos, los cementerios, al igual que las 
sinagogas, pasaron a poder de la Monarquía y ésta dispuso libremente de 
ellos, es decir, del espacio que ocupaban. En la mayoría de los casos los cedió 
a los gobiernos locales, para utilidad pública. La piedra que en ellos se 
encontraba, es decir, las lápidas que cubrían algunas tumbas, fueron cedidas o 
compradas por particulares que las emplearon, sobre todo, en la construcción. 
Despejado así el terreno, — posiblemente cultivado — no quedó nada visi- 
ble en superficie, sino solamente el recuerdo, pronto olvidado, de que aquel 
lugar había sido el fonsario de los judíos. Sin embargo, en el subsuelo, es 
posible que todavía permaneciesen — lo sigan haciendo — los restos de 
muchos de ellos. 

Al haber estado estos cementerios ubicados en las afueras de las ciudades, 
el crecimiento extramuros que posteriormente, con el paso de los siglos, 
muchas experimentaron, debió de originar que se urbanizasen zonas que 
antiguamente habían estado ocupadas por aquéllos, contribuyendo así a su 
definitiva destrucción y ocultamiento. En algunos casos, es muy posible que 



31 José Carlos Gómez-Menor: «Algunos datos sobre el cementerio judío de Toledo», en 
Se/arad, XXXI, 1971, págs. 367-375 y Ana M"* López Alvarez; «Nuevas noticias sobre el 
cementerio judío de Toledo», en Sefarad, XXXDC (fase. 1), 1979, págs. 120-122. 



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Arqueología de una minoría: la cultura material hispanojiidía 283 



en la actualidad algunos edificios estén construidos sobre un antiguo cemen- 
terio judío. 

Por todos estos motivos, muchos de estos cementerios han debido de 
desaparecer, pero es también indudable que otros muchos todavía deben de 
conservarse, en mejor o peor estado. Lo primero que habría que hacer sería 
localizarlos — por referencias documentales — para luego, si ello fuese posi- 
ble al no encontrarse el lugar urbanizado, excavarlos. Aunque ya se ha 
realizado un ensayo de sistematización de los enterramientos judíos a partir 
de algunos estudios publicados, éstos no son lo suficientemente precisos 
como para llegar a conclusiones plenamente válidas -. Por lo cual, sería muy 
necesario llevar a cabo más excavaciones en necrópolis judías, para poder 
precisar muchos elementos, no sólo del ritual funerario, sino también de las 
características arqueológicas de los enterramientos: orientación, estructura de 
las tumbas, sistemas de cubrición, posición del cadáver, etc. 

También sería preciso revisar todo lo que, referente a tumbas y cemente- 
ríos judíos, se ha publicado hasta ahora, pues algunos estudios no parecen 
presentar el rigor suficiente y, además, es muy posible que, incluso, algunos 
casos tenidos por judíos no lo sean. A veces ocurre que, ante un hallazgo 
casual de un enterramiento, al tener dificultades para adscribirlo a una cultura 
determinada, se considere que es judío sin mucho ñindamento científico, 
simplemente por la referencia histórica de que en el lugar vivieron judíos en 
la Edad Media3^ 

Un tema que enlaza directamente con el mundo funerario y también con el 
análisis arqueológico es el de las lápidas funerarias que presentan una inscrip- 
ción. Han sido muy numerosos los estudios que se han publicado — ^y que se 



32 El único ensayo de sistematización de los cementerios judíos publicado hasta ahora 
corresponde a Enrique Pérez Herrero: «Apuntes para el estudio de las necrópolis judías de 
época medieval o ensayo de tipología sepulcral», en Sefarad, XXXVIII, 1978. pags. 331-355. 

33 Citemos el caso de unas tumbas excavadas en la antigua Huerta de! Rey de Sevilla con 
motivo de las obras del metro. Por referencias documentales se consideraba que en aquella 
zona se ubicaba el cementerio judío y se aprovecharon las citadas obras para excavarlo. Sin 
embargo, la sorpresa fue que los treinta y tres enterramientos excavados presentaban unas 
características típicamente islámicas: construcción de las tumbas, orientación, posición del 
cadáver, etc. Por lo cual, a pesar de los datos documentales, se trataba de un cementerio 
musulmán y no judío (Femando Fernández Gómez- Antonio de la Hoz Gándara: «El cemente- 
rio judío de la Buhayra (Huerta del Rey. Sevilla)», en Actas del I Congreso de Arqueología 
Medieval Española, IV, 1985, págs. 49-72. 



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siguen publicando con motivo de nuevos hallazgos — dando a conocer mu- 
chas de estas lápidas y, sobre todo, los textos en ellas escritos^'^. Pero estos 
estudios, aun siendo de un gran interés — proporcionan nombres y fechas — , 
están planteados fundamentalmente con unos criterios filológicos y no tanto 
arqueológicos. Algunas de estas lápidas proceden de excavaciones realizadas 
en algún cementerio'\ pero la mayoría de ellas han sido extraídas de los 
lugares donde se encontraban reaprovechadas para usos muy heterogéneos 
— ^posiblemente ya desde muy poco tiempo después de 1492 — y agrupadas 
en colecciones custodiadas en museos (Museo Sefardí de Toledo o San Pere 
de Galligants en Girona). Sería necesario llevar a cabo un análisis tipológico 
de todo el conjunto de lápidas funerarias conocidas. También sería interesan- 
te poder conocer qué posición ocupaban en relación con el enterramiento; 
ello se podría conseguir excavando tumbas intactas. 

Como puede deducirse, es mucha la labor que se puede llevar a cabo en 
relación con el mundo funerario judío, en la cual la excavación de los cemen- 
terios que se hubiesen conservado sería muy importante, por la información y 
los materiales que pudiesen proporcionar (entre otros, objetos de ajuar perso- 
nal). Aparte de los estudios que habría que llevar a cabo, ya anteriormente 
señalados, sería de un gran interés el poder realizar análisis antropológicos de 
los restos óseos que se encontrasen, para poder conocer datos acerca de 
enfermedades, alimentación, media de vida, etc., y también si individuos de 
una misma familia se enterraban imos junto a otros. 

Hornos y carnicerías 

Aunque estos espacios no tuviesen un significado ritual tan marcado como 
los anteriores, es indudable que también presentaban un cierto carácter ritual, 
dada la importancia que las prescripciones religiosas hebreas tienen en aspec- 
tos relacionados con la alimentación. Nos encontramos, por tanto, ante unos 
edificios que, aunque arquitectónicamente no presentasen ningún elemento 
de peculiaridad específica, no los podemos olvidar a la hora de tener en 



34 De la abundante bibliografía, por ser hasta ahora la más importante, señalaremos la 
obra de Francisco Cantera- José M" Millás Vallicrosa: Las inscripciones hebraicas de España, 

Madrid. 1956. 

35 Enrique Pérez Herrero-Federico Pérez Castro: «Puente Castro: excavación de cuatro 
tumbas medievales judías y hallazgo de un nuevo epitafio hebreo», en Sefarad, XXXIV 
(fase. 1), 1974, págs. 31-41. 



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Arqueología de una minoría: la cultura material hispanojudía 285 



cuenta unas consideraciones generales sobre la arqueología judía. La docu- 
mentación escrita puede permitir la localización de estos espacios y, como ya 
venimos reiteradamente señalando, lo interesante sería poder excavar alguno 
de ellos. 

En cada judería solía existir al menos un homo en el que se cocía el pan de 
consumo cotidiano. Estos hornos, en su configuración arquitectónica, debían 
de ser idénticos a los utilizados por los cristianos o por los musulmanes. De 
tal manera que, cuando en una excavación apareciese alguno, difícilmente lo 
podríamos considerar como judío a no ser que se encontrase algún elemento 
significativo al respecto. Sin embargo, en esos mismos hornos de las juderías, 
con motivo de alguna festividad, como la Pascua, se cocía pan ácimo, en cuya 
masa se colocaba la impronta de un sello. Era en ese momento, por consi- 
guiente, cuando se podría considerar que aquellos espacios adquirían verda- 
deramente ese carácter ritual que los adscribía indefectiblemente a la cultura 
mateñal judía. 

Gran parte de estas mismas consideraciones se pueden señalar en el caso 
de las carnicerías. Las carnicerías de los judíos, al igual que las de los 
musulmanes y las de los cristianos, eran lugares en los que se sacrificaban los 
animales y donde luego se vendía la carne para su consumo, aunque también 
podía tratarse de espacios diferenciados y separados entre sí en el interior de 
la ciudad. De tal manera que un espacio, cerrado pero normalmente al aire 
libre, era el matadero, mientras que el otro, generalmente cubierto, era el sitio 
donde, en distintos puestos, se vendía la carne, es decir, la carnicería propia- 
mente dicha^^. 

En el caso de las carnicerías de las juderías, el espacio destinado a matadero 
era el que verdaderamente adquiría un carácter rítual, dada la especial liturgia 
que conlleva el sacrificio de animales cuya carne está destinada al consumo 
humano (ceremonia rítual de sehitah que posibilita la comida kaser). No 
ocurría lo mismo con los lugares de venta de la carne — cuyos puestos se 
solían arrendar periódicamente y con cuyos ingresos se hacía ¿"ente a 
determinadas necesidades de la aljama — dado que en ellos no se realizaba 
ningún rito, ni tenían que tener ningún tipo de disposición interna especial. 



36 José Luis Lacave tiene publicado un estudio sobre el tuncionaniiento de la carnicería 
judía de Zaragoza a fines del siglo XV: «La carnicería de la aljama zaragozana a ñnes del siglo 
XV», en Sefarad, XXXV (fase. 1 y 2), 1975, págs. 3-35. 



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Solamente era imprescindible que los animales cuya carne se vendía hubiesen 
sido sacrificados conforme al preceptivo ritual. 

Como ya hemos indicado, los hornos y las carnicerías de las juderías — e 
incluso también se podrían añadir las pescaderías en aquellas donde exis- 
tían — eran espacios que arquitectónicamente en nada se debían de diferen- 
ciar de sus vecinas cristianas o musulmanas. Sin embargo, el estar ubicadas 
dentro de las juderías y para uso exclusivo de la comunidad judía, hace que 
tengamos también que considerarlos como espacios susceptibles de poder ser 
analizados arqueológicamente — especialmente si se pudiesen excavar — y, 
por consiguiente, encuadrables dentro de la cultura material judía. 

3. OBJETOS ARQUEOLÓGICOS 

Aparte de los que hemos denominado como «espacios arqueológicos», 
también, dentro de la arqueología judía, habría que tener en cuenta una serie 
de objetos que, asimismo, pueden ser analizados desde el punto de vista 
arqueológico. En la mayor parte de los casos se encuentran descontextuaUza- 
dos, es decir, sin conocer su lugar preciso de procedencia y las causas de su 
hallazgo o de su conservación. Sin embargo, por algunas de sus característi- 
cas formales — anormalmente el tener una inscripción hebrea — o por el lugar 
de su hallazgo — ^un cementerio o un espacio concreto de una judería, por 
ejemplo — , se pueden perfectamente asociar a dicha cultura. 

Son muy pocos los objetos utilizados por judíos que se han conservado. 
Consideramos que ello puede deberse, en cierta medida, a dos motivos prin- 
cipalmente. Por una parte, la circunstancia de que las familias judías, en el 
momento de la expulsión, se llevarían todos aquellos elementos materiales 
que hubiesen podido. Por otro, el escaso desarrollo que precisamente ha 
tenido la arqueología judía ha impedido, hasta ahora, la recuperación de otras 
piezas que indudablemente, aunque enterradas, tienen que existir. De los 
objetos conservados, en la mayor parte de los casos, tenemos conocimiento 
de los mismos gracias a que se encuentran depositados en colecciones mu- 
seísticas^^. La más importante, debido al carácter monográfico del propio 
museo, es la del Museo Sefardí de Toledo'*. 



37 Ángela Franco Mata: «Antigüedades medievales judías en el Museo Arqueológico 
Nacional», en Boletín del Museo Arqueológico Nacional. Madrid, XIII, 1995. págs. 103-1 14. 

38 Ana M" López Álvarez et allii: Museo Sefardí (Toledo), Ministerio de Cultura, 1995. 



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Arqueología de una minoría: la cultura material hispanojudía 287 



Consideramos que, el conjunto de objetos conocido, por sus característi- 
cas, no tanto formales sino funcionales, puede dividirse en dos grupos: obje- 
tos rituales o litúrgicos y objetos de ajuar personal. 

3.1. Objetos rituales 

En este apartado quedarían englobados todos aquellos objetos que, sea 
cual sea el material en el que se encuentren fabricados, tenían una función 
muy directamente vinculada a la práctica religiosa. Son, por tanto, los que, de 
una manera más directa, puede considerarse que quedan asociados a la ar- 
queología Judía por tratarse de piezas inequívocamente utilizadas en un con- 
texto judío. Así, por ejemplo, en esta apartado entrarían aquellos objetos 
utilizados en la cena de Pascua o los empleados en las ceremonias de circun- 
cisión o los relacionados con la liturgia sinagogal. 

También habría que tener en cuenta ciertas lámparas como las votivas de 
las sinagogas, o las menorot o las hanukiyot. A este respecto conviene señalar 
los ñagmentos de una hanukiya elaborada en cerámica y decorada con la 
técnica característica de Teruel, que fue encontrada en esta ciudad con moti- 
vo de unas obras en las que también aparecieron los restos de una posible 
sinagoga^^. A pesar de no ser un ejemplar completo — ^aunque reconstruible 
su forma originaria — se trata de una pieza muy significativa por única'*". 

En otros casos pueden ser objetos no tan definitoríos por sus característi- 
cas formales o su utilidad, pero sí por algún elemento signiñcativo, como 
normalmente suele ser una inscripción ritual. En este grupo se podrían incluir 
piezas como amuletos^', talismanes^^, sellos para los panes ácimos^^, plomos 
funerarios**, etc. 



39 José Luis Lacave: «Restos arqueológicos...... 

40 En la fíesta de Hanukká, que se celebra durante ocho días, los judíos comnemoian la 
puritlcación del Templo de Jerusalén tras la victoria de los macabeos, teniendo encendida una 
lámpara en su casa. Esta es la lumiikkiyya, una lámpara con nueve recipientes: uno de ellos 
sirve para encender los otros, uno cada día de los ocho que dura la fiesta. Esta lámpara puede 
estar lubricada en cerámica o, lo más corriente, en metal. 

41 Ángela Raneo Mata: op. cit., págs. 110-111. 

42 Idem, pág. 109. 

43 José M* Millás Vallicrosa: «Sellos hebraicos para marcar los panes ácimos en las 

comarcas tarraconenses», en Sefarad, XXVI (fase. 1), 1966, págs. 103-105. 

44 Idem: «Los plomos con inscripción hebraica de Ses Fontanelles (Mallorca)», en Sefarad, 
XVm (fase. 1), 1958, págs. 3-9. 



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288 



Ricardo IZQUffiRDO BENITO 



De la judería de Monzón (Huesca) procede una campana de bronce, reali- 
zada a molde, con una decoración de molduras y una estrella de ocho puntas, 
así como un candil de pie alto con cazoleta abierta y piquera cerrada"'\ 

En este apartado queremos hacer especial referencia a una pieza excepcio- 
nal de la arqueología judía, como es la denominada pileta trilingüe, por la 
triple inscripción (hebrea, griega y latina) que tiene tallada en sus caras. 
Elaborada en mármol, procede de Tarragona, y es propiedad del Museo 
Sefardí de Toledo^''. Por las otras representaciones que también tiene graba- 
das, debe de tratarse de una pieza relacionada con una práctica ritual. 

3.2. Objetos de ajuar personal 

Por sus características formales no son tan definitorios como los anterio- 
res. Se trata de objetos de uso personal, utilizados por judíos y, en especial, 
por mujeres, pues en su mayoría son elementos de adorno personal, tales 
como pendientes, pulseras, collares, anillos, alfileres, colgantes, etc.. normal- 
mente elaborados en plata o en bronce^^. Por su apariencia formal, podrían 
haber sido utilizados igualmente en un contexto cristiano. Sin embargo, es el 
conocimiento de su lugar de procedencia — una judería o, sobre todo, un 
cementerio — , lo que nos garantiza que hayan sido utilizados por individuos 
judíos y, por lo tanto, que puedan ser adscritos también como elementos 
arqueológicos judíos'". 

Aunque no sean propiamente elementos de ajuar personal, también se 
conservan otros objetos considerados como judíos, normalmente por presen- 
tar alguna inscripción o motivo decorativo, tales como sellos personales'*^ 
bocados de caballo o pinjantes^". 



45 Miguel Ángel Motis Dolader: Guía..., pág. .55. 

46 Ana López Álvarez et allii: Museo Sefonlí.... pág. 45. 

47 José Luis Lacave en su estudio «Los restos materiales....», pág. 471, presenta una 
relación de objetos de adorno: pendientes, collares de vidrio o azabache y, sobre todo, anillos. 

48 Jorge Casanovas Miró-Odile Ripoll López: «Catálogo de los materiales aparecidos en 
la necrópolis judaica de Deza (Soria)», en Celtiberia, 65, 1983, págs. 135-148. 

49 José Luis Lacave también señala ocho sellos personales y dos para marcar panes 
ácimos («Los restos materiales...», pág. 471). Francisco Cantera: «Dos sellos hebraicos inédi- 
tos y algunas consideraciones más sobre éstos», en Sefarad, XIV (fase. 2), 1954, págs. 368- 
372 y Angela Franco Mata: op. cit.. pág. 1 L"^. 

50 Angela Franco Mata: up. cit., págs. 112-113. 



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Arqueología de una minoría: la cultura material bispanojudía 289 



4. CONCLUSIONES 

Como puede deducirse por todas las consideraciones anteriormente ex- 
puestas, sí se puede hablar de una arqueología judía, aunque ésta presente, 
evidentemente, muchas hmitaciones, dadas las circunstancias en que las co- 
munidades judías se vieron abocadas a tener que vivir durante los siglos 
medievales. Al poder participar de la cultura material de sus vecinos domi- 
nantes, eUo supuso que no tuvieron que generar unos productos específicos, 
salvo en casos excepcionales y siempre muy directamente relacionados con la 
práctica religiosa. En ésta, que podríamos denominar como su «cultura espi- 
ritual», fue en la que se basó la especificidad judía — ^la que dio verdadera 
cohesión al grupo y posibilitó su pervivencia a pesar de los avatares sufii- 
dos — y en la que, por tanto, se habrian de plasmar los auténticos rasgos de su 
cultura material. Esta, por consiguiente, siempre estuvo muy marcada por su 
carácter ritual, tanto en los espacios utilizados como en muchos de los objetos 
empleados en la práctica litúrgica. 

A estas limitaciones que, por sus planteamientos histórico-religiosos pre- 
senta la arqueología judía, se une el hecho de que, por distintas circunstan- 
cias, son pocos los elementos materiales conservados. Ello ha supuesto que 
las investigaciones en este campo hayan sido muy limitadas, siendo pocas las 
excavaciones que se han llevado a cabo, así como los estudios con auténticos 
criterios arqueológicos que se han realizado. Sin embargo, a pesar de todos 
los inconvenientes, ello no supone que no se pueda o no se deba seguir en esa 
línea, sino todo lo contrario. De lo que se trataría sería de potenciar las 
investigaciones y que se formasen auténticos especialistas en esta materia, a 
pesar de poder resultar a priori poco atractiva, dada las ya señaladas limita- 
ciones que la arqueología judía presenta. 

Sin embargo, restos materiales judíos todavía se tienen que conservar, 
aunque bien es cierto que ocultos y difíciles de exhumar. Sería de gran 
interés, para cada uno de los lugares que contaron con una población judía, 
elaborar una relación de espacios vinculados a la misma (sinagogas, ce- 
menterios, baños, etc.), de los cuales se tenga una referencia documental 
que, además, nos pueda facilitar la localización de su primitivo lugar de 
emplazamiento. Estando así localizados, aunque hoy en día no se conser- 
ve absolutamente nada, siempre se puede presentar la posibilidad de una 
intervención que, aunque de urgencia, pueda sacar a la luz alguno de esos 
restos. 



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Ricardo IZQUffiRDO BENITO 



En definitiva, a pesar de las dificultades, queda todavía mucha labor por 
realizar en este campo y sería muy importante poner los medios necesarios 
para poder llevarla a cabo. Esta sería la manera de poder contar con mayores 
elementos para reconstruir la vida judía en Sefarad, a la par que se cubriese 
una laguna que hoy en día presenta la arqueología medieval española. 



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IV 



LO DE AYER": TOLEDO 




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ALGUNAS R£FL£XION£S SOBRE LA 
ARQUEOLOGÍA EN LA CIUDAD DE TOLEDO 



Fernando Valdés Fernández 

Universidad Autónoma de Madrid 



No se me antoja ocioso, antes de acometer la revisión de los problemas 
arqueológicos de la ciudad de Toledo — del yacimiento "Toledo" — dejar 
bien claro, para quienes lo desconozcan, el concepto actual de Arqueología. 

No es la Arqueología una ciencia auxiliar de la Historia. Es una parte, 
pese a quien pese, de la Historia misma. Su única peculiaridad con respecto a 
otras ramas del conocimiento histórico es que basa su atención preferente en 
los elementos materiales de cada época, aunque, si se interesa en etapas 
históricas, también necesita y usa profusamente de las ñientes documentales. 
Por lo demás, su método de trabajo no es único, ni se basa exclusivamente en 
la excavación. 

La Arqueología de nuestros días se sirve de cuantos métodos, experimen- 
tales o no, sean capaces de aportarle informaciones sobre las culturas y las 
épocas pretéritas. De esto se desprende que el profesional de la Arqueología 
no se limita sólo a excavar. Su actividad como historiador comienza su fase 
principal en el momento de finalizar su trabajo de campo, que representa sólo 
la etapa de toma de datos. El arqueólogo es, además, un historiador, precisado 



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294 



Femando VALDÉS FERNÁNDEZ 



de unos conocimientos cada vez más complejos y. con frecuencia, más cerca- 
nos a los propios de las ciencias experimentales que a los de las humanísticas'. 

La arqueología española está regulada en la actualidad por la llamada Ley 
de Patrimonio Histórico Español (16/1985, de 25 de junio) y su aplicación 
por las normas específicas de distintos rangos dadas por las Comunidades 
Autónomas en sus ámbitos compctenciales. En todos los casos se establecen, 
a veces de forma muy pormenorizada, las condiciones administrativas que 
deben cumplir los arqueólogos en el desarrollo de su actividad. No definen, 
sin embargo, quiénes son los profesionales cualificados para llevar a cabo 
trabajos de campo. En cierta medida, esta ambigüedad, que desdibuja desde 
el punto de vista legal la figura del arqueólogo, procede de la falta de títulos 
específicos en los planes antiguos de nuestras universidades. En otros casos 
las autorizaciones se conceden a titulados cuyo curriculum no los capacita en 
absoluto para llevar el análisis arqueológico hasta sus últimas consecuencias. 
El conocimiento de las técnicas de excavación no convierte a cualquier 
licenciado, a veces ni siquiera proceden de una facultad humanística, en 
arqueólogo. 

Por lo demás, la normativa de las comunidades autónomas no suele com- 
prometerse a publicar^ los resultados obtenidos, ni cuando la financiación de 
las investigaciones se hace con dinero privado, ni cuando procede de las arcas 
públicas. En el mejor de los casos hace una vaga declaración de intenciones, 
que suele traducirse en la edición de libros de resúmenes o pequeños infor- 
mes, insuficientes, cuando no ridículos, desde el punto de vista científico, por 



1 "El arqueólogo completo, si tal ser existe, necesitaría un don especial para los viajes, 
exploración y reconocimiento; ser experto en negocios y administración, hábil en conseguir 
fondos y obtener toda clase de permisos de las autoridades y propietarios, pocos de los cuales 
pueden esperar sacar provecho de las actividades arqueológicas. Debe ser capaz de administrar 
y dirigir excavaciones que puedan convertirse en empresas a gran escala; ser un topógrafo 
competente, delineante y totógral'o. de manera que lodo lo que se encuentre pueda ser registra- 
do adecuadamente; combinar el don de la descripción nnnuciosa \ el análisis con el poder de 
síntesis, y ha de poseer una aptitud especial para el periodismo, y tener el don de las lenguas o, 
por lo menos, capacidad para asimilar los informes de sus colegas extranjeros, sin lo cual los 
suyos carecerán de la autoridad que solamente puede proporcionar una extensa lectura y 
comparación". CLARK, G., Arqueología y sociedad. Madrid, 1980, págs. 13-14. La exactitud 
del perfil de este autor exime de definir nuevamente lo que debiera ser un arqueológo. Lo más 
sorprendente es su publicación en 1939. ¿Se ajusta a este perfil a la mayor parte de los 
arqueólogos? ¿Y a los que trabajan en y sobre Toledo? 

2 La publicación es el resultado final obligatorio de todo trabajo arqueológico. 



Algunas reflexiones sobre la arqueología en la ciudad de Toledo 295 



formato y contenido. Esta clase de obras menudean en la proximidad de 
períodos electorales. En conclusión, la mayor parte de las pomposamente 
llamadas memorias arqueológicas son irrelevantes y no aportan la mínima 
información histórica aprovechable. 

Son contados los casos en que las administraciones autonómicas han 
emprendido la edición de series de memorias arqueológicas suficientemente 
amplias, con un ritmo sostenido a lo largo de los años. La mayoría de las 
aparecidas han sucumbido o llevan una vida cansina por mor de la escasez 
presupuestaría, de los cambios de responsable y de color en los gobiernos 
regionales y, a veces, del absentismo intelectual de los profesionales. Ocurre, 
pero no siempre, con aquellos que ejercen la Arqueología como profesión 
liberal y, llevados por la necesidad de excavar para cobrar, entran en una 
carrera enloquecida de excavaciones sin fín, faltos del sosiego preciso para 
desarrollar el discurso científico hasta su conclusión. 

¿Qué hacen las administraciones para poner coto a este estado de cosas? 
Poco o insuficiente. A falta de críteríos claros suelen hacer cumplir la letra de 
la Ley, pero no su espíritu. Si no hay conclusiones de carácter histórico en 
cualquier trabajo arqueológico, no hay Arqueología. 

¿Para qué preservar el patrimonio Arqueológico y obligar a hacer contro- 
les técnicos y excavaciones previos a la ejecución de proyectos si después no 
se estudia lo recuperado? ¿A quién beneficia esa norma? ¿Justifica una inves- 
tigación arqueológica sin conclusiones el perjuicio real que se causa, en no 
pocas ocasiones, a terceros? ¿Pueden los profesionales argumentar a favor de 
la Arqueología como modo de recuperar nuestra memoria histórica y luego 
no ser capaces de materializar, negro sobre blanco, la conclusión de sus 
descubrimientos? 

Hay que poner coto a esta situación. Y pronto. Las administraciones no 
pueden seguir ignorando que la Ley no se redactó ni aprobó sólo para compli- 
car los ya de por sí engorrosos trámites administrativos, hablando siempre en 
términos de actuación en cascos urbanos. Se legisló para ayudainos.a recupe- 
rar nuestro pasado colectivo y los arqueólogos, cuando lo son, no pueden 
seguir degradándose como profesionales. No pueden seguir aceptando una 
situación que para algunos no pasa de poseer ventajas exclusivamente nutri- 
tivas. 

La Arqueología es una ciencia social no sólo porque su objeto de estudio 
sean, en términos amplios, las sociedades del Pasado. También lo es porque 
aspira a alcanzar resultados que, a medio o largo plazo, contribuyan a mejorar 



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296 



Femando VALDÉS FERNÁNDEZ 



nuestra sociedad. No es un modo refinado de extraer tierra y los arqueólogos, 
no me cansaré de repetirlo, son historiadores y no peones de lujo. 

Examinadas todas estas circunstancias generales, queda por ver el modo 
en que el caso de Toledo se aparta o coincide con la tónica general. 

Desde mi punto de vista, como ya he señalado más arriba, el caso toledano 
no se diferencia substancialmente de los demás, al menos en lo que se refiere 
a la gestión de la ArqueologiV. 

Quizás si pueda advertirse una cierta distinción, producto del escaso desa- 
rrollo de la actividad arqueológica en términos de profesión liberal. El merca- 
do toledano se ha nutrido fundamentalmente de profesionales locales, por 
otra parte muy escasos en número. 

Hay que resaltar, además, y no es un detalle anecdótico, la estrecha relación 
de los licenciados toledanos, sobre todo desde la creación del Centro 
Universitario de Toledo, con la Universidad Complutense de Madrid, primero, 
y con la Universidad de Castilla-La Mancha, después. En ambas universidades 
no ha habido, hasta la fecha, una especialidad en Prehistoria o Arqueología, 
aunque en la Complutense si existan sendos departamentos, si bien, en lo 
relativo a Toledo, el departamento de Prehistoria tuvo una mayor incidencia 
en la formación de profesionales. 

Sin embargo, la práctica de la Arqueología, fuera de proyectos concretos 
promovidos por otras instancias administrativas y cientiñcas, ha estado en 
manos en muy gran medida de profesionales de otras ramas de la Historia, 
cuya preparación metódica es predominantemente documental. Eso ha dado 
im sesgo muy particular a las investigaciones, más enfocadas, en lo que se 
refiere a las épocas históricas, a demostrar teorías previas que a aplicar el 
estudio arqueológico sin prejuicios, y mucho más obsesionadas en conocer 
momentos concretos que en documentar y analizar cada una de las facies 
estratigráfícas exhumadas. De ahí que la arqueología urbana de Toledo, he- 
chas sean las pertinentes excepciones, haya tomado un derrotero historicista 
que no maneja modelos teóricos e intenta demostrar, cuando actúa sobre 
puntos conocidos, la veracidad de las informaciones históricas por vía ar- 
queológica, más que aspirar a hacer historia a parth: de la Arqueología. 



3 No de la llamada Arqueología de Gestión, que no gestiona nada y raramente es 
arqueología. 



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Algunas rejluxiunes subre la arqueología un la ciudad de Toledo 297 



Por los demás, la falta de trabajos de síntesis que, desde el punto de vista 
puramente arqueológico, permitan acercamientos críticos al pasado toledano 
otorga un protagonismo a las fuentes y a la historiografía que, interpretadas 
sin el menor atisbo crítico, convierte en círculo vicioso la tendencia expresada 
más arriba. La documentación escrita es la base de toda teoría, que acaba, 
irremediablemente, intentando demostrar su certeza o refutando sus. con 
fi:ecuencia, sesgados asertos. La arqueología se convierte en un mero auxiliar 
de la historia local y no, como aconsejaría una mínima y ponderada aplicación 
de su dialéctica investigadora, en una ciencia autónoma que complete aquélla 
y la ponga en relación con esferas de conocimiento más dilatadas. Podrá 
argumentarse, para defender este tipo de práctica, la necesidad de apoyar las 
hipótesis sobre elementos documentalmente demostrados y, sin duda, ese 
puede ser un buen camino, cuando los autores, antiguos o modernos, ofrezcan 
garantías inequívocas de exactitud. Pero eso no suele ser ñecuente. La erudición 
localista, cuya riquísima aportación a la investigación histórica española está 
fuera de toda duda, resulta muy fiable en las distancias cortas, cuando de 
asuntos estrictamente locales se trata, pero suele incurrir en errores de bulto, 
cuando pretende interpretar fenómenos lejanos, ajenos al horizonte de su 
experiencia. 

El uso inveterado de ciertas obras a guisa de **Sagradas Escrituras" puede 
resultar imprescindible como comienzo, pero no puede justificar la pobreza 
de metas en un investigador actual. Mucho más si pretende introducirse en la 

Historia por la puerta de la Arqueología. Revise el lector lo publicado en los 
últimos años sobre el sujeto que nos ocupa y comprobará, sin precisar de 
grandes dosis de conocimiento, el excesivo peso de lo escrito sobre lo atesti- 
guado por vía arqueológica y, cuando el conocimiento de la historiograíia 
alcanza los mínimos necesarios, la excesiva carga de apriorismos. 

A nadie extrañara que desde esta óptica la formación de investigadores 
dotados de unos instrumentos metódicos a la altura de los tiempos y de las 
necesidades resulte perentoria. En lugares como Toledo, donde la pervivencia 
de la ocupación ha transformado paulatina, pero radicalmente, la realidad 
física de la ciudad y de su entorno hasta dar lugar a una secuencia potente, 
pero delicada, compleja, pero inapreciable en contenidos históricos, no basta 
con ser especialista en tal o cual época. Se debe poseer un método de trabajo 
claramente expresado y acrisolado por la experiencia científica ajena y unos 
conocimientos teóricos capaces de interpretar lo recogido en sus perfiles 
genéricos. £1 anáhsis pormenorizado deben hacerlo después los auténticos 



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298 



Femando VALDÉS FERNÁNDEZ 



expertos en cada etapa o en cada tipo de material. No creo en el "arqueólogo 
orquesta", pero el director de una agrupación musical, si se precia de serlo, 
necesita conocer por encima de todo las técnicas de dirección. No ha de ser el 
mejor tañedor de todos y cada uno de los instrumentos. Tampoco necesita ser 
un perfecto ignorante en la práctica de alguno. 

Quizás sea esa una de las claves que explique la ausencia de publicaciones 
arqueológicas completas. La otra es, sin duda, el ritmo frenético que, ya lo 
hemos dicho, hnprime al ejercicio de la arqueología como profesión liberal la 
obligación de excavar continuamente para asegurar la percepción de ingresos 
a sus practicantes^. No es razonable que sea así. Las administraciones compe- 
tentes deben intervenir e introducir mecanismos correctores que obliguen a 
llevar hasta sus últimas consecuencias cada investigación y determinen quién 
debe sufragar los gastos correspondientes al trabajo de gabinete y laboratorio 
y quién ha de correr con los deri\ ados de la publicación que ha de darles aval 
científico y concluir el proceso. O, en su caso, asumirlos ella misma. 

No podemos continuar aceptando como válidos los actuales métodos de 
transmisión de noticias cientÉicas basados en la comunicación oral entre 
colegas. La descripción pormenorizada de los descubrimientos ha de ser 
puesta a disposición de la comunidad científica para, una vez comparada con 
la de otros hallazgos, ayudar a p^geñar un estado coherente de la cuestión, en 
este caso del perfil arqueológico de Toledo, que contribuya a interpretar el 
desarrollo histórico de los distintos grupos sociales — ^y de su cultura — 
asentados sobre el mismo solar en el transcurso de los siglos. No me cabe 
duda de que, en la mayor parte de los casos, la labor de publicación no puede 
quedar en manos de particulares. Pero si, como sería deseable, el promotor 
del proyecto corre, total o parcialmente, con los gastos derivados de la edi- 
ción, debe ser la Administración Pública la que fije la política de mínimos y 
marque, si es menester, las compensaciones, dkectas o indirectas, a que 
hubiera lugar el particular — ^físico o jurídico — , actuando con un criterio 
estricto, pero generoso, y asumiendo como propia la labor de asesoría y la de 
fijar bajo convenio la participación en los desembolsos. 



4 Las substanciosas ganancias a que, en algunos casos, dan lugar situaciones de monopo- 
lio, engendradas por los acuerdos de ctMiveniencia entre ciertos ''profesionales*' y algunos 

constructores, sólo preocupados de sus intereses inmediatos, aclaran también los modos em- 
pleados en ciertas actuaciones, de muy dudoso valor científíco y apatcníe falta de deontologfa 
profesional. 



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Algunas reJJexiones sobre la arqueología en la ciudad de Toledo 299 



En Toledo, como en cualquiera de nuestras ciudades cuyo patrimonio 
arqueológico reúna condiciones semejantes» se hace ya imprescindible un 
plan general de actuación en materia de arqueología. Ni el patrimonio ar- 
queológico, ni su investigación pueden continuar al arbitrio del azar, sólo 
regidos por las leyes del mercado o por el capricho de los investigadores, ni la 
rimbombante designación como Patrimonio Cultural de la Humanidad puede 
quedarse reducida a una mera operación estética destinada, sobre todo, a 
generar ingresos por turismo. Otra vez más hay que atender al espíritu y no 
sólo a la letra de lo que significa un título tan honroso y de lo que, en 
cualquier caso, supone la posesión, custodia y gestión de un substrato arqueo- 
lógico tan formidable como el toledano. 

Se hace ya inaplazable la creación de un órgano coordinador de la activi- 
dad arqueológica en la ciudad, donde estén representados aquellos que pue- 
dan decir algo al respecto, en la esfera de lo cientíñco y de lo administrativo, 
sin despreciar a aquellas instituciones o empresas de interés social cuya 
colaboración se haga insoslayable para que esa labor alcance una auténtica 
proyección exterior y ayude a los ciudadanos a cambiar su consideración 
sobre la Arqueología y sobre los arqueólogos y contribuya a inducir una 
valoración social positiva del hecho arqueológico en todas sus facetas. 

Es precisa, podría ser la primera labor del organismo coordinador pro- 
puesto, la elaboración de un plano arqueológico de Toledo, no sólo de una 
carta o de un inventario, capaz de hacer avanzar nuestros conocimientos 
sobre el desarrollo pasado de la ciudad y de sus habitantes y de servir, 
además, de instrumento de gestión para facilitar la actividad constructora, 
aportando información y apoyo técnico cualificados a quienes hayan de ela- 
borar proyectos de obra en el casco urbano y en su alfoz inmediato. Muy bien 
podría ser este órgano el encargado, sin exclusivismos, de editar las memo- 
rias y los estudios científicos que la categoría monumental de Toledo requie- 
re, de acuerdo siempre con la administración responsable. 

Cabe, como consideración final, dedicar unas lineas a la formación de 
especialistas o, lo que es lo mismo, a la responsabilidad de las instituciones 
universitarias radicadas en la región de Castilla-La Mancha y, claro está, en la 
propia ciudad. 

Si se quiere hacer progresar a la región implicando a todas las fuerzas 
sociales en el esfuerzo, la Universidad de Castilla-La Mancha no puede eludir 
sus obligaciones. El patrimonio arqueológico, hablamos del toledano, no 
puede quedar al arbitrio exclusivo, por muy legítimo que sea, del interés que 



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Femando VALDÉS FERNÁNDEZ 



le prestan los especialistas extemos y, en el caso de las empresas de arqueo- 
logía, de las perspectivas de trabajo en sus lugares de radicación. El mercado 
exterior de trabajo, investigación en nuestro caso, no debiera marcar las 
pautas del toledano. 

Es urgente, ahora que los planes de estudio permiten la organización de 
perfiles académicos concordes con las demandas sociales del momento, la 
creación de un título que capacite para intervenir en sitios con las exigencias 
técnicas de Toledo, haciendo hincapié en aquellos aspectos científicos que 
hayan sido objeto de menor atención por parte de nuestra arqueología. 

Sin incurrir en regionalismos o localismos de campanario, Toledo está 
reclamando la presencia de especialistas mejor preparados que cuantos he- 
mos intervenido de modo más o menos incidental en el estudio de su patrimo- 
nio cultural. Ni el azar, ni el capricho son buenos compañeros para gestionar 
nuestra memoria histórica. Hora es ya de ser competitivos a partir de lo 
propio y, cuando no se posea, mediante el uso de la experiencia ajena. La 
condición humana, más si es española, tiende siempre a buscar rendijas por 
donde escaparse de las normas, pero la creación de profesionales en el campo 
de la arqueología con una formación sóUda, contrastada y dilatada es el 
camino para hacer desaparecer algunos de los problemas enunciados y ayudar 
a prevenir los que el futuro puede deparar. 

Planean aún muchos fantasmas por la memoria histórica de Toledo. La 
mayoría lo hacen a pesar del esfuerzo de bastantes profesionales. Cumple 
agradecérselo y animar a los actuales a perseverar. Sin su estudio y sin los 
errores, inducidos o propios, que todos sin duda hemos cometido no podría- 
mos paramos a reflexionar sobre la mejor forma de profundizar en el pasado 
toledano. Para hacerlo es inexcusable mejorar la gestión de su patrimonio 
arqueológico y eso sólo se consigue con la ayuda de todos y con políticas 
eñcaces, no sólo con gestos, y éstos, para ser creíbles, deben ser la traducción 
de hechos tangibles. 



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LA JUIVERIE DE TOLÉDE: BAINS ET IMPASSES 
DU QUARTIER DE HAMANZEIT 



Jean PASSINI 

CNRS: UMR 5648, Lyon et Casa de Velázquez, Madrid 



INTRODUCTION 

La judería et les Juifs de Toléde sont Tobjet de nombreuses études'. Si 
Forres- a pu proposer une restitution de la Judería Mayor au milieu dii XV' siécle 
sur laquelle il a localisé le bain de Zeit, il n'en demeure pas moins que la structure 



1 R. Izquierdo Benito. El patrimonio del cabildo de la catedral de Toledo en el siglo 
XrV. Caja de Ahorro Provincial de Toledo, 1979, 348 págs. P. León Tello. 1972. Costumbres, 
fiestas y ritos de los judios toledanos a fines del siglo XV. Simposio "Toledo Judaico", 20-22 
abril 1972: 67-90. P. León Tello. 1979. Judíos de Toledo, t. I: Estudio histórico y colección 
documental, t. U: Inventario cronológico de documentos. C.S.I.C., Madrid. J. Porres Martín- 
Cleto. 1972. Los barrios judíos de Toledo. Simposio "Toledo Judaico", 20-22 abril 1972: 45- 
76. J. Pones Martúi-Cleto. 1983. Algunas precisiones sobre las Juderías toledanas. Anales 
Toledanos, XVI: 37-57. J. Pones Nfaitín-Cleto. 1993. La Judería de Toledo después de la 
expulsión. La expulsión de los judíos de España, II Curso de Cultura Hispano-judía y sefardí 
de la Universidad de Castilla-La Mancha. 16-19 de septiembre 1992; 26-46. 

2 J. Porres Marlín-Cleto. Toledo a través de sus planos. I.P.E.T., 1989. Serie U; Vestigios 
del pasado, Toledo, 35 págs., 14 planos. Plano n° 7: Recinto de la Judería mayor. 



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uibaine de la Judería est mal connue. L'analyse du hati ancien y est rendue 
difficile par une conservation en lambeau du tissu uibain. Afín de comprcndre 
l'évolution de la Judería au cours du Moyen age, nous avons étudié le quartier 
á^Hamanzeit. Cette étude d'urbanisüque médiévale' s'appuie sur celle des données 
textuelles, des données cartographiques et des données niatérielles récoltées á 
partir du báti et du parcellaire actuéis. Elle conduit, en outre, á décrire les restes 
d'un bain conservés dans un sous-sol de la rué de San Juan de Dios. 

I. LES DONNÉES TEXTUELLES 

II est fait mention du quartier Hamcinzeyt, dans des textes de la seconde 
moitié du XIIP siécle, tandis que le bain de Zeit, auquel il doit son nom, 
apparaít dans des documents des 1 168^ En 1297, trois paires de maisons sont 
vendues^ dans la "judería de Toledo, cerca de Hamen Zait". Des le début du 
XIV"' siécle, dans un document de 1303^ des maisons sont dites prés de 
Hamet Zeit. En 1377^, des maisons. qui jouxtent celles de Yugaf Abengoza, 
des héritiers de Sulema Aben9a9on, les solares du bain de Zeif et les rúes, 
sont vendues á Pedro González de Mendoza. Dans un document de 1408'\ il 
est précisé que les maisons d' Abraham candelero, qui sont démolies, jouxtent 
le bain de Hamanzeyte, cette indication, reportée dans le Libro de la cuenta 
del refitor de 1411-1412'", ne fígure plus dans le livre de 1443". 



3 J. Passini. Plan parcellaire et urbanistique islamique au Moyen Age. Le Moyen Age, 
Reme d'Hisioire et de Philologie, 1, 1993, t. XCIX (5é s., t. 7): 27-39. 

4 C. Delgado Valoo. 1986. Toledo islámico: ciudad, arte e íústoria. Caja de Toledo, págs. 
392-394: "El baño del Zeit aparece mencionado en fecha relativamente tenqnana, en 1168..." 

5 P. León Tello. 1979. Judíos de Toledo. 1. 1: Estudio histórico y colección documental. 
t U: Inventario cronológico de documentos. C.S.I.C., Madrid, t O: Doc. 282. 

6 P. León Tello. 1979. op. cit. Doc. 308: "carta de dote...concede entre otros bienes, dos 
casas que son tenería en la judería, cerca de Hamet Zeyt..." 

7 P. León Tello. 1979. op. cit. Doc. 581. 

8 Ce dernier document conduit á penser, que le bain était détruit á cette date, comme le 
sugg^t aussi Delgado Valero, op. cit, págs. 393: 'Todo parece indicar que a partir de la 
segunda mitad del siglo XTV el baño no debía funcionar o se balita en los últimos monmitos 
de su existencia 

9 P. León Tello. 1979. op. cit. Doc. 700: "Abraham candelero tenía unas casas censuales, 
cda anno por 20 mrvs. es muerto e la casa derribada; este solar ainde vaño de Hamanzeyte." 

10 P. León Tello. 1979. op. cit. Doc. 714. 

11 P. León Tello. 1979. op cit. Doc. 811. 



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La juiverie de Toléde: Bains et impasses dii quartier de Hanumzeit 303 



Dans la seconde moitié du XI V'^ siécle, le Livre du refitor'- de 1354 
indique que le chapitre de la cathédrale posséde dans le quartier de Hamanzeid 
une maison, occupée par Ahraham candelero\ elle est en ruine en 1372'\ 
Dans le Livre du refitor de 1394-1 395 '\ il est indiqué que "don Mosé 
Abzaradiel tiene casas censales". Les maisons de Mosé, achetées, en 1460' ^ 
par Salomón Cohén et payées par doña Aljohar'^, sa femme, sont situées face 
aux maisons du marquis de Villena, et jouxtent les maisons de Yu9af 
Fouquinera et celles de la duchesse. Doña Aljohar les vend en 1494-1495 
avec Tautorísation''^ du chapitre. 

Revenons sur les propriétaires des maisons vendues en 1377'* á Pedro 
González de Mendoza. II s*agit de Teresa, fílle de don García Fernandez 
Barroso, qui a re9u cette maison de son beau-frére Juan García de Toledo, 
évéque de Badajoz. Cette donatíon de '*...las casas que le había dado el rey en 
Toledo, pertenecientes a don Mayr, hijo de Semuel el Leví, en la judería de 



12 P. León Tello. 1979. op. cit. Doc. 496. 

13 P. León Tello, op. cit. Doc. 571. 

14 P. León Tello, op. cit. Doc. 634. 

15 P. León Tello, op. cit. Doc. 946: "Alfonso Sánchez, sedero, comunico al cabildo en 
nombre de Inés Alvarez, mujer de Fernán Alvarez de Alarcón, escribano del rey, que quería 
vender unas casas en Hamanzeyte, en la judería, colación de Santo Tomé, fronteras a las casas 
del marqués de Villena. que lindan con casas de Yu^af Fouquinera y con casas llamadas de la 
Duquesa...". Cette inlormation est recopiée dans les documents 965 (años 1461, 1462, 1463) et 
1030 (año 1466). 

16 P. León Tello, op. cit. Doc. 1244 (1478): "casas que fueron de Mosé... las compró 
Salomón Cohén, judío de Toledo. Pagó doña Aljohar, mujer de Salomón Cohén." 

17 P. León Tello, op. cit. Doc. 1696: "Las casas que tenía doña Aljohar, mujer de 
Salomón Cohén, en 4 de junio de 1492 años, el cabildo dio licencia a la dicha doña Aljohar 
parra vender estas casas al jurado Ferrando de la Figuera. con cargo de 80 mrs. de tributo." 

1 8 P. León Tello. op. cit. Doc. 58 1 : "Teresa, hija de don García Fernández Barroso, vende 
a Pedro González de Mendoza, mayordomo del infante don Juan, unas casas en Toledo, e, la 
judería, que fueron de don Zulema Aben^zdoc y después de Semuel el Leví, su hijo, e tienense 
con casas de don Yu^af Abengoza, con casas de herrederos de don Culema Aben9a9on, con 
casa de don Abrahem e don Culeman Abenairoyo e con solares de Haman Zeyde e con las 
calles". 



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Toledo" a été confirmée, en 1371''', par le roi Enrique II. Autrement dit, la 
maison, jouxtant les solares d'Haman Zeyde, que Pedro González de Mendoza 
acheté en 1377-" a appartenu á Samuel Leví, trésorier du roi Pedro P". Elle est 
transmise á la petite filie de Pedro González de Mendoza, Aldorá de Mendoza, 
duchesse de Arjona, connue plus tard sous le nom de Duquesa vieja--. A la 
mort de celle-ci, en 1435, elle passe á son frére Yñigo López de Mendoza, 
Marquis de Santillano. 

Dans les documents évoqués jusqu'ici, il n'est pas fait mention de l'existence 
de la place de la Duquesa vieja, qui figure, par contre, dans des documents, de la 
seconde moitié du XV' siécle, sous la rubrique Santo Tomé. Le signataire d'un 
contrat de 1466-^ occupe, en effet, deux entrepots dont les portes ouvrent, par un 
petit escalier, á la place "dite de la Duchesse". En 1493''*, le propriétaiie de ees 
entrepots "... que tienen una escalera que disen de la Duquesa" les a vendus au 
chapitre. Ces mémes entrepots "que tienen una pueita de escalera que sale a la 
piafa de la duquesa" sont loués en 1494-1495^. 



19 P. León Tello, op. cit. Doc. 567: "Enrique 11 confirma a Teresa García la donación que 
le había hecho Juan García de Toledo, obispo de Badajoz, su cuñado, de las casas que le había 
dado el rey en Toledo, pertenecientes a don Mayr, hijo de Semuel el Leví, en la judería de 
Toledo." 

20 P. León Tello, op. cit. Doc. SSL 

21 P. León Tello, op. cit., t L p. 161 et note 63. 

22 "Llamarse de la Duquesa vieja, fue para diferenciarla de otra Duquesa de Arjona, 

mujer de don Fadrique de Aragón... a quien el Rey don Juan el segundo dio a Arjona, con título 
de Duque..." P. de Salazar y Mendoza. 1603. Chrónico de el Cardenal Don Juan de TaverOy 
pág. 242. 

23 P. León Tello, op. cit. Doc. 1030 (1466) Toledo. Cat. obra y fabrica, libro 953, Fol. 95: 
"El cabildo tenía... a censo Yu9af Abudaharan... en dos almagías que se mandan por su puerta 
que sale a la pla9a que disen de la Duquesa, por una escálemela, las quales vienen sobre un 
lagar de sus casas." 

24 P. León Tello, op. cit. Doc. 1623 (1493): *'Las cámeras y almacería que el cabildo 
compró de don Davy Abudarán que tienen una escalera que dicen de la Duquesa, en 13 de 

enero de 1493 años...". 

25 P. León Tello, op. cit. Doc. 1696 (1494-1495). 



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La juiverie de Toléde: Bains et impasses du quanier de Hamanzeit 305 



Au début du XVI'' siécle, les maisons dites de la Duquesa vieja 
s'étendaient^^, depuis le Peso del Carbón jusque l'église san Benito~\ et 
couvraient un solar suffisamment ampie pour avoir été proposées au Cardinal 
de Tavera, comme site possible á la réalisation d'un hópital. Une grande 
partie de ees maisons se situé contre la place du Marqués de Vi llena: "cae la 
mayor parte de ellas sobre la Plaza del Marques de Villena", les maisons de la 
duchesse et celles du marquis sont séparées par une rué: "cuyas casas están 
muy cerca» a calle en medio". 

Quant au Marquis de Villena, il devait posséder outre une maison principale, 
un grand nombre de petites maisons, Tune d'elles, louée^* entre 1520 et 1534 
á Pedro de Porras, était située sur la place de San Benito, face á la synagogue 
de Samuel Leví et jouxtait les maisons principales. Celles-ci ont été louées 
par Dominico Theotocópuli (El Greco)^^ en 1585, 1604, 1610. A cette époque, 
elles n*étaient pas en trés bon état, cependant elles fígurent encoré, dans la 
paroisse de Santo Tomé^, au début du XVU* siécle, conmie "casa muy 
principales" du Marquis de Villena. 

26 P. de Salazar y Mendoza, op. cit. págs. 238-243: Parmi les sites que Ton propose au 
Cardenal Tavera pour la fondation de l'hopital "...También le propusieron en la Parroquia de 
santo Thome las casas de la Duquesa vieja, que occupa un gran trecho, porque son muy 
espaciosas. Estiendense desde el Peño de el Carbón, hasta san Benito, y cae la mayor parte de 
ellas sobre la plaza de el Marques de Villena, cuyas casas esta muy cerca, a calle en medio". 
F. Marías 1983-1986. La arquitectura del Renacimiento en Toledo (1541-1631). Madrid: Inst 
Provincial y Est. Toledanos, 4 v. m, pág. 250: "El Hospital de San Juan Bautista o Tavera fue 
ideado por el Cardenal Tavera a fines de la década de 1S30... Elegido el solar extramuros de la 
ciudad imperial... logró la cesión del terreno por parte del ayuntamiento toledano el 31 de 
diciembre de 1540." 

27 "'La antigua sinagoga, conocida desde la expulsión de los judíos con los nombres de 
San Benito y el Tránsito de Nuestra Señora." J. López de Ayala y Álvarez de Toledo, Conde 
de Cedillo, 1901. Toledo en el siglo XVI después del vencimiento de las comunidades. Madrid, 
pág. 157. 

28 A.H.P.T., lib. 1238, fol. 60 publié par J.-C. Gómez-Menor. 1982. Miscelánea toledana 
(1520-1534). Anales Toledanos XIV: 155-173, pág. 163: "unas casas que son del marqués de 
Villena mi señor a la pla9uela de San Benito... que alindan con casas principales del dicho 
señor marqués de Villena..." 

29 F. de Borja de San Román y Fernández, El Greco en Toledo o Nuevas investigaciones 
acerca de la vida y obras de Dominico Theotocópuli. Madrid. 1910, págs. 95-110, Cap. VH. 
Dónde vivió el Greco en Toledo y Apéndice: Doc. 7 (10 de sq)tiembre de 1585), Doc. 23 (5 de 
agosto de 1604) et Doc. 31 (3 de junio de 1610). 

30 Pisa. Historia: libro I, cap. XIX. folio XXX, 1 905, cité par J. López de Ayala y Álvarez 
de Toledo, Conde de Cedillo, 1901. op. cit., págs. 155-161. 



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L'analyse précédente des textes conduit á souligner les points suivants: 

1. II exisiait au XII*-' siécle un bain appelé bain de Zeit, contre lequel 
s'élevaient, au début du XIII' siécle, les maisons á'Ahrahain el candelero et 
vers lequel un chemin descendait de V adarve de Algonderí, á la fin du XIIP 
siécle^'. Le bain de Zeit, tombé vraisemblablement en ruines vers 1311^-, Test 
súrement en 1415. Le quartier, oü se situait le bain de Zeit, porte le nom de 
quartier du bain Zeit {Hammen Zeit). 

2. La premiére maison du patrimoine d'Aldon^a de Mendoza, duchesse 
d'Arjona, achetée dans le quartier de Hamanzeyte en 1377, a appartenu á 
Samuel Leví. puis á son fils ; elle jouxtait le solar du hain de Zeit. Un siécle 
plus tard, les maisons de la duchesse font face a celles du marquis de Villena, 
séparées, seulement de ees derniéres par une rué. Elles surplombent la place, 
dite del Marqués de Villena (aujourd'hui de los Alamillos). Des entrepóts 
s'ouvrent sur cette place, par rintermédiaire de petits escaliers. 

3. Dans la premiére moitié du XVL siécle, la place de la Duquesa prend le 
nom de place du Marquis de Villena, ce qui laisse á penser que parmi les 
édifices donnant sur la place, certains appartiennent désormais au Marquis. 
Celui-ci a peut-étre acheté une partie des biens anciens de la. Duquesa, unissant 
les deux édifíces par le cobertizo représenté par Arroyo Palomeque. II possédait 
au moins une maison face á la synagogue de Samuel Leví (désignée alors 
sous le nom d'église san Benito). 

Les étapes de l'évolution du quartier qui nous intéresse, peuvent se résumer 
comme suit. Premiére étape: le bain de Zeit y joue un role déterminant 
jusqu'á la seconde moitié du XIV^ siécle, et le quartier porte le nom 
á'Hamanzeit jusqu*au milieu du XV^ siécle. Seconde étape: la place de la 
Duquesa dont les maisons s'éiévent contre le bain de Zeit, sert de référence, 
au XV^ siécle. Troisiéme étape: á partir du début du XVI* siécle, le quartier 



31 P. León Tello, op. cit. Doc. 266 (1294): "El aguacil y alcalde don Juan García reclama 
contra el judio Abusuleiman ben Abulhasán Salih ben Alcahil, una deuda... una casa almacería 
y tienda que tenía el deudor en el arrabal de los judíos, barrio del baño del Zeid, lindante con 
casas de herederos de Abuishac ben Arroyo, con casa de rabí Musa ben Muel y con el camino 

que baja desde el adarve de Algonderí al baño de Zeid". 

32 C. Delgado Valero, op. cii. pág. 393: "'Debió funcionar hasta finales del siglo XIV o 
comienzos del siglo XV ya que en 141 1-1412 se les constata como derribados..." 



La juiverie de Tolede: Bains et impasses du quartier de Hamanzeit 307 



á' Hamanzeit n'est plus mentionné dans les textes, qui indiquent comme 
référence la place du Marqués de Viliena. Le passage de la seconde á la 
troisiéme étape est peu documenté. Les changements de propriétaiies 
intervenus. sans nul doute, á la fin du XV' siécle, ne nous sont pas connus, 
d'oü la diíYiculté á définir avec certitude l'étendue des biens du marquis de 
Viliena dans le quartier de Hamanzeit. 

n. DONNÉES CARTOGRAPHIQUES 

Outre le cadastre, réalisé dans la seconde moitié du XX'' siécle, nous 
utilisons le plan du Greco, la représentation en trois dimensions de Arroyo 
Palomeque, et la gravare de Pizarro. Aucun de ees plans, postérieurs au XV^" 
siécle, ne mentionné ni le bain de Zeit, ni le quartier d' Hamanzeit. 

Le plan du Greco 

Le plan dit du Greco date, vraisemblablement, du premier quart du XVIP 
siécle. Dans l'ancien quartier de Hamanzeit, les éléments nommés sont les 
"casas principales" du Marquis de Villena^\ la plaza del Marqués, Téglise 
San Benito (synagogue construite par Samuel Levi, trésorier du roi Pedro I) 
(Figure la). On note dans le quartier de el Tránsito un petit adan c. La 
représentation de la muraille est tres réduite comme dans Tensemble du plan 
de la ville, son tracé, lectiligne, ne prend pas en compte le torreón encoré 
visible aujourd'hui. En réalisant le ledressement du plan du Greco sur cadastre 
(Figure Ib), nous sonmies conduit á conclure, en accord avec San Román^ 
que les maisons principales du Marquis de Viliena occupaient une partie de 
ce qui est aujourd'hui le "paseo del Tránsito*'. 



33 F. de Borja de San Román y Fernández, op. cit. págs. 95-1 10, Cap. Vil, Donde vivió el 
Greco en Toledo. San Román écrit que "sí hay algo en él que esté retratado con toda fidelidad 
ha de ser el barrio en que vivía Dominico Theotocópuli y más todavía, la misma casa por él 
habitada", c'est-a-dire la maison du Marquis de Viliena. 

34 F. de B. de San Román y Fernández F. de B. de 1910. op. cit. 



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la. Plan du Greco. 

I. "casas principales" du Marqués de Villena; 2. 
Plaza del Marqués; 3. Eglise San Benito; 4. Adar\ e\ 
5. Muraille. 




Ib. Le plan du Greco redressé sur le cadastre actuel. 
1. Les "casas principales" du Marqués de Villena 
sont sous le "pa.seo del Tránsito" 
= = = calle del Tránsito 



50m 



Figure 1 . Plan du Greco et cadastre actuel. 




Figure 2. Vue axonométrique de Palomeque. 1. Eglise "el Tránsito"; 2. Muraille; 3. Ilot á 
trois niveaux (casas principales del Marqués de Villenaj; 4. Passage couvert (cobertizo); 
5. Ilot nord d'habitation; 6. Ilot est á "portales"; 7. Plaza del Marqués de Villena (1538); 
8. Cuesta (1538); 9. Porte falportieU; 10. Calle del Horno. 



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La juiverie de Toléde: Baius et impasses dn quatiier de Hamanzeit 309 




Figure 3. Gravure de Pizarra (1852) d'aprés Parres ( ¡988). 



II.2. La vue axonométrique de Arroyo Palomeque^'' 

La vue axonométrique a été réalisée par Arroyo Palomeque environ un 
siécle plus tard que le plan du Greco. Le quartier qui nous occupe, inclut 
réglise'^ légendée "el tránsito" par Arroyo Palomeque (Figure 2). De l'extérieur 
á l'intérieur du quartier, Arroyo Palomeque a représenté successivement la 
muraille, un ilot de trois niveaux'^ qu'un muret prolonge en direction de l'est 



35 Cette vue axonométrique a fait Tobjet d'une analyse, en 1992, par J. Forres Martín- 
Cleto. R. J. del Cerro Malagón. J. L. Isabel Sánchez: Panaramica de Taledo de Arroyo 
Palomeque. I.P.I.E.T.. Serie II. Vestigios del pasado. Núm. 14: 61 págs. Ces auteurs supposent 
que cette oeuvre a été réalisée entre les années 1718 et 1721. 

36 J. Forres Martín-Cleto. R. J. del Cerro Malagón. J. L. Isabel Sánchez, op. cit. pág. 35: 
el tránsito. "Vemos su puerta actual, su espadaña y un cimborio o cúpula... Lo más interesante 
de este paraje, desde el punto de visa viario, es el paseo que lleva el nombre de la sinagoga de 
Samuel Leví; aparece en él la vivienda auténtica del Greco, con un extenso patio interior y dos 
plantas". 

37 Cet ílot correspond á la maison du Marquis de Villena. voir á ce sujet la planche 496. 
pág. 1449. t. III. J. Forres Martín-Cleto. 1988, 3 ed. Historia de las calles de Toledo. 3 t.: "La 
casa del marqués de Villena hacia 1700, unida con un cobertizo a la actual "a la Casa del 
Greco" según la panorámica de Arroyo Falomeque". 



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tandis qu'au nord un passage couvert (cobertizo) l'unit á un ensemble de 

deux ilots orthogonaux. Arroyo Palomeque a traité l'ilot nord comme un ílot 
d'habitation, et Tilot est d'une maniere inhahituclle et unique dans Tensemble 
du plan de la ville. Cet ilot apparaít formé d'une part d"un petit édifice 
quadrangulaire, surmontée d'une croix, d'autre part d'un corps de bátiment, 
rehaussé d'un sobrado. L'ílot est montre, sur les deux faces visibles, des 
portales d'une hauteur équivalente á deux niveaux. Les portales du petit 
édifice quadrangulaire soulignent la pente du terrain. Au nord du quartier de 
el Tránsito, Arroyo Palomeque a figuré, á Pintérieur et á Pextérieur de la 
muraille. la soitie vers le Tage des eaux de pluie. qui descendaient avant le 
XVP siécle par la voie naturelle de deséente des eaux á savoir l'ancienne 
calle del Horno, aujourd'hui calle de San Juan de Dios. En effet, la relecture 
du texte de 1538^**, trouvé par le Comte de Cedillo dans les Archives 
municipales de Toledo, permct de préciser que la calle del Homo représentait 
une voie ancienne de deséente des eaux antérieure á la plazuela del Marqués 
de Villena et la cuesta. Cette voie plus récente est indiquée par un double 
grisé en direction de la porte dite alportiel. La muraille. quant á elle, montre 
un torreón el un "entrante considerable" comme Pécrit Porres et al^*^. 

La comparaison de l'axonométrie de Arroyo Palomeque au plan du Greco, 
montre que la maison du Marqués est reliée, au moins au début du XVIIP 
siécle, par un passage couvert (Figure 2) á un édifice á grands portales. Si cet 
édifice a vraiment existé, quelle évolution a-t-il subi ultérieurement ? A cette 
question, la gravure de Pizarro (Figure 3) reproduite par Porres^" nous offre 
une réponse partielle. Elle démontre l'existence de Pédifice représenté par 
Arroyo Palomeque, certes dans un état de destruction partielle avancée (Figure 
4). En 1852, en effet, des portales sud et est de l'édiñce principal ont disparu, 

38 AMT. A S. 305. Ce texte a été décou\'ert par J. López de Ayala y Álvarez de Toledo, 
Conde de Cedillo. 1901. op. cit.. pág. 159. limitée au résumé du document. Tinterprétation 
proposée. leprise par la suite. a entrainé une confusión entre la "calle del Horno" et la rué 
passant par la "plazuela del Marqués". La transcripción du texte, réalisée par J.-P. Molénat 
(Appendice 1), fait, au contraire, apparaítre l'existence de deux voies d'écoulement des eaux 
depuis l'église santo Tomé: Pune, ancienne, par la "calle del Homo", Tautre en cours de 
léalisation, en 1538, par la "plazuela del Marqués" et la "cuesta". 

39 Porres et al., op. cit. "La muralla forma aquí un entrante considerable para adaptarse a 
la vaguada (callejón del Homo, se llamaba entonces) que perforaba aquella por la puerta de 
Alportel, dando acceso al río". 

40 J. Porres Martín-Cleto, op. cit. t. III, pág. 1450: Lámina 497, Ruinas de la "Casa del 
Greco" en 1852 (Dib. de Pizarro). 



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La juiverie de Toléde: Bains et impasses du quatHer de Hamanzeit 311 




Figure 4. Essai de restitution du plan de l 'édifice á "portales ", représente au XVIIIé siécle 
par Arroyo Palomeque. A. Angle de vue de l 'axonométrie de Palomeque. B. Angle de vue de 
la gravare de Pizarro. 1. Portales existant au XVIII'' siécle; 2. Murs de contrefort visibles sur 
la gravure de Pizarro (1852); 3. Sótanos; 4. Calle Samuel Leví 
Limite de l'actuel jardin du Greco. 



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il n'en subsiste que les arrachements représentés dans la partíe supéríeure de 
la gravure. Par contre, le portal nord persiste, au moins partiellement, le 

graveur en a dessiné l'arc supérieur outrepassé. En fagade, il reste deux murs 
de contreforts. Le troisiéme niveau et le sobrada de Tédifice semblent avoir 
totalement disparii. Quant au petit édifice quadrangulaire adjacent, il est 
réduit á un are. L'état de délabrement de ees édifices sera noté, quarante ans 
plus tard, par Palazuelo^'. Soulignons que l'angle de vue choisi par Pizarro luí 
perineltait de \ oir en arriére plan, quelques maisons de la rué de San Juan de 
Dios, encoré observables aujourd'hui. 

L'analyse du plan du Greco, de la vue axonométrique de Arroyo Palomeque 
et de la gravure de Pizarro conduit á conclure. que Fancien quartier de 
Hamanzeit était limité d'une part á Touest. au moins avant le premier quart 
du XVI" siécle, par une \oie naturelle de deséente des eaux, la calle de! 
horno, d'autre part au sud-est par une proíonde vaguada et une cuesta. Le 
patrimoine du marquis de Villena, dans ce quartier, comprenait, au moins á la 
fin du XVr siécle, une maison, proche de la muradle, située au sud-est. Ces 
conclusions confortent les données textuelles. La maison proche de la muradle, 
sans doute déjá en tbrt mauvais état, a été recouverte, dans la seconde moitié 
du XIX^ siécle. par le remplissage du Paseo del Tránsito^-. II existait, par 
ailleurs, un grand édifice á portales sur lequel les textes n'apportent aucune 
information. 

m. LES DONNÉ£S MATÉRI£LL£S 

Ce qui reste du quartier d' Hamanzeit se réduit actuellement á un ilot 
(Figure 5) qui s'étend de la place del Conde au Paseo del Tránsito et que 
limitent les calles de San Juan de Dios, de Samuel Leví, la place et la me de 
los Alamillos. La rué de San Juan de Dios (ancienne calle del homo) descend 



41 Palazuelos El Vizconde de, Toledo Guía ariístico-prúcíica. Toledo. 1890, pags. 578- 
579, Palacio del marqués de Villena: "Lo que hoy se conserva está reducido á algunos sólidos 
muros de ladrillo que sustentan varios arcos y bóvedas de lo mismo y dan entrada á 
departamentos subterráneos: todo ello en estado de deterioro. Hace algunos años eran estas 
ruinas albergue de gente pobre, y hoy con mejor acuerdo están desalojadas por disposición 
municipal y cerrada la puerta de su ingreso". 

42 Le paseo del Tránsito est représenté dans les plans de Coello (IS5K) et Reynoso 
(1882). J. Portes Martin-Cleto 1989. Op. cií. Plano NEl 1: Toledo levantado y publicado por 
D. Francisco Coello, D. Maxinüano Hijon, Madrid, 1858. Nano n** 12: plano de Reynoso. 



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La juiverie de Toléde. Baius et impasses du (jucniier de Hamanzeit 313 




Figure 5. Le quartier d' Hamanzeit dans la seconde moitié du XX'' siécle. A. Plaza del Conde; 
B. Paseo del Tránsito; C. Calle de San Juan de Dios; D. Calle de Samuel Leví; E. Calle de los 
Alamillos; F. Plaza de los Alamillos; G. Paseo de los Precipicios; H. Sinagoga del Tránsito; 
I. Museo del Greco; J. Casa del Greco; K. Casa patio (actuellement incluse dans la maison du 
Greco); L. Jardines bajos del Greco; M. Jardines altos del Greco. 



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314 



Jean PASSINI 



en pente douce vers le Paseo de los Precipicios, tandis que la calle de los 

Alamillos suit une pente plus forte en direction du Paseo del Tránsito, laissant 

sur sa droite la Plaza de los Alamillos. La synagogue du Tránsito est séparée 
de cet ilot par la rué Samuel Levi. Nous nous proposons de décrire d'une part 
l'état actuel des maisons^' et des édifices^* sur les rúes de San Juan de Dios et 
de Samuel Levi, tout en rappelant l'état ou roccupation au debut du siécle et 
dans le dernier quart du XVIIF siécle, d'autre part les restes d'un bain 
conservé partiellement au n° 9 de la rué de San Juan de Dios. 

III. 1. Les maisons dans leur état actuel'*^ 

Calle de San Juan de Dios: 

Actuellement les farades des maisons ouvrent sur la calle de San Juan de 
Dios tandis que sur la Plaza de los Alamillos en contrebas persistení des 
corráis ou des entrepóts. Au nombre de ees derniers, figurent ceux du chapitre 
de la cathédrale. occupés par Obra et Fabrica qui existaient déjá comme tels 
en 1778^^. Les parcelles, perpendiculaires a la calle de San Juan de Dios 
(l'ancienne calle del Horno), montrent une largeur sur rué compñse entre 15 
et 20 m. 

Lors de la reconstruction de la maison if 3^^, au cours de la seconde moitié 
du XX'" siécle, le patio anclen a été transformé en local commercial. 

L'édiñce construit, au XVIU^ siécle, au n° 5 de la me de San Juan de Dios, 
a réuni deux parcelles anciennes, que séparaient jusque la un petit adarve 
figuré sur le plan du Greco (Figure 1). Une grande nef voútée plein cintre 
occupe le sous-sol de l'édifice qui accéde, á l'arriére, au rez-de-chaussée sur 
un grand corral; le premier niveau'*^ ouvre á la rué de San Juan de Dios. 



43 Nous remercions les propriétaires des maisons de la rué San Juan de Dios, et 
particuliérement de la maison n° 9, qui nous ont permis d'effectuer les mesures des piéces 
mentionnées dans cet article. 

44 La directrice du Musée du Greco nous a autorisé á visiter les caves de la maison du 
Greco, qu'elle trouve icí rexpressíon de notre reconnaissance. 

45 Les plans des maisons n** 5, 7, et 9 de la rae San Juan de Dios proviennent de V Archivo 
de la Consejería de Educación y Cultura. 

46 AMT n" 147, 1778: Descripción de casas del vecindario de Toledo. Sur la "calle de los 
Alamillos". on note '"Almacén de Obra y Fábrica et Tahona de la dicha obra (esquina)". 

47 Nous remercions l architecte José Luis Montero qui nous a prété les plans réalisés 
avant la réhabilitation de cette maison. 

48 J. Pones Martíh-aeto, 1983, op. cit.: págs. 45-46. 



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La juiverie de Toléde: Bains et impasses du quañier de Hamanzeit 315 




Figure 6. Maison n" 9 calle de San Juan de Dios: patio de luces. 



La maison n° 7, bien que modifiée, conserve les structures anciennes des 
murs porteurs. Les sous-sol des maisons n° 5 et 7 de la rué de San Juan de 
Dios, ne sont pas jointifs (Figure 5) un espace, aujourd'hui comblé, les 
séparent. La cave de la maison xf 1 ouvrait sur cet espace par un petit zaguán. 
Cet espace semble done correspondre á un adarve privatisé avant le XX^ 
siécle. Contre la maison n° 7, s'éléve une boutique étroite, que prolonge une 
piéce voütée, longue et tout aussi étroite que la précédente, á laquelle on 
accede en descendant par plusieurs marches hautes. La boutique et la piéce 
voütée occupent l'espace d'un callejón qui desservait le sous-sol de la maison 
n° 9^'^ et, se continuant en direction de la pla7.a de los Alamillos (Figure 5), 
aboutissait au niveau de la maison n° 10 de cette place. Cette derniére maison, 
qui apparait neuve au début du XX'' siécle, s'effondre aujourd'hui partiellement, 
précisément au niveau du callejón. L'entresol au-dessus de la boutique 
appartient á la maison n° 7, la piéce au-dessus de la cave voütée á la maison 



49 La maison n° 9 est encoré connue de certains tolédans comme "casa del arropero". 
Amador de los Ríos écrit, en 1905, qu'il demeurait dans la cave du n° 9, un fabriquant de mout, 
appelé et connu sous le sobriquet "del arropero". R. Amador de los Ríos y Villalta. 1905. 
Monumentos arquitectónicos de España. Toledo. Madrid, pág. 407. 



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316 



Jean PASSINI 





5m 




t t 



Figure 7. Deiixiéme sous-sol de la maison du Greco: plan el essai de restitution du 
développé de la rué á portal, au nord du sous-sol. 



n° 9. L'ancien callejón a été privatisé contre la rué de San Juan de Dios par la 
maison n° 7, plus loin par la maison n° 10 de la plaza de los Alamillos qui 
s'enfonce comme un coin entre les maisons n° 7 et 9 de la calle de San Juan 
de Dios. Un fragment du callejón, qui descend á deux niveaux sous le rez-de- 
chaussée, sert de patio de luces (Figure 6) et éclaire les piéces du rez-de- 
chaussée de la maison n° 9 et les deux niveaux inférieurs de la maison n° 10. 
Si l'on regarde attentivement les plans du sous-sol et du rez-de-chaussée de la 
maison n° 9 (Figure 5), on observe que la cave est moins longue que le rez- 
de-chaussée. Cette différence entre les deux niveaux correspond á 1' espace 



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La juiverie de Toléde: Bains et impasses dii quartier de Hamanzeit 317 



d'un callejón, qui desservait probablement la maison suivante. II se prolongeait 
en direction de la plaza de los Alamillos. Un toit allongé et étroit persiste á 
son endroit sur la parcelle du n° 10 de la dite Place, qui l'a absorbé. 
Calle de Samuel Leví: 

Contre la maison n° 9 de la calle de San Juan de Dios s'éléve le musée du 
Greco, édifíé par le marquis de la Vega-Inclan á partir de 1907, sur une 
parcelle en forme de L, vide en 1858^°. L'édifice, qui jouxtait la parcelle en L 
porte désormais le nom de Maison du Greco. On y rentre en franchissant une 
porte en granite, de la fín du XV^ siécle^*, dont Amador de los Ríos^^ soulignait, 
en 1905, l'existence, et que Ton voit nommée, au XVni* siécle^\ conune 
puerta falsa. La maison du Greco inclut, á droite en entrant, une maison á 
patio, trés transformée, dont les restes de la porte d*entrée ont été mis á jour 
lors de la restauration récente de la fagade de la maison du Greco. L'existence 
d*une porte sur la me Samuel Levi traduit l'indépendance de cette maison par 
rapport au corps précédent (puerta de granito y zaguán). En 1778^, cette 
maison appartenait au chapitre de la cathédrale. Avant les récentes 
transformations de la maison du Greco, une rampe descendait á la cave de la 
maison á patio, constituée (Figure 5), sous le patio d*une salle trapézo'ídale de 
8.50m'^8.15m, sous les palacios sud et ouest de deux salles voütées de 
5.90m*2.40m et 6.44m*7.44m. La voüte plein cintre de la salle trapézo'ídale 
s'appuie sur un pilier central. Cette structure, que l'on peut dater du XTV* 
siécle, soutenait le sol du patio quadrangulaire de la maison. H s*y est ajouté 
un ensemble de colonnes et de pilastres qui supporte les portales édifiés 
au-delá du XIV'' siécle. Conjointement une porte aurait été ouveite. dans le 
mur nord, sous le zaguán, mettant en communication le sous-sol de cette 
maison avec celui de la maison voisine. 

A l'arriére de Tactuelle maison du Greco s'étend un jardin qui ouvre sur 
la calle de los Alamillos. Du jardin, on pénétre dans le sous-sol de la maison 



50 Plan du Coello 1858, J. Forres Martín-Cleto. 1989. op. cit.: plano 11. 

51 F. J. Aranda Pérez. Tipología de la portada civil toledana del gótico-mudéjar al 
"plateresco" (siglos XIV al XVI): Una tipología estable. Beresit. 2, 1988: 37-63. pág. 46 et 
pág. 53. L'auteur place la porte du "Cjón /. Samuel Leví, s/n Casa del Greco" dans le "modelo 
más clásico de portadas, gótico-mudéjar que se sitúan entre los años fínales del siglo XV y el 
primer cuarto del XVT'. 

52 R. Amador de los Ríos, op. cit. 

53 AMT, 1778, n° 147. 

54 AMT. n" 147, 1778, op. cit. 



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Coupe AB 



Coupe CD 



Calle de San Juan de Dios 




Figure 8. Maison n" 9 me de San Juan de Dios: plan actuel du sous-sol. 
1. salle longue; 2. salle á alcoves; 3. ouverture; 
4. projection du plan du patio; 5. patio de luces. 



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La juiverie de Toléde: Bains et impasses du quartier de Hamanzeit 319 



du Greco par une porte voütée et quelques marches. Le sous-sol oíÍTe une 
structure complexe composée, d'au moins, deux niveaux superposés et trois 
ensembles juxtaposés (Figures 4 et 5). Le mur nord du deuxiéme sous-sol 
(Figures 7) présente quatre portes distribuées á des niveaux différents. La 
restitution de la vue extérieure de ce mur conduit á proposer l'existence d'un 
passage semi-couvert obscur, en pente» sur lequel ouvraient les portes du 
deuxiéme sous-sol. Ce passage parait correspondre au portal nord de l'édifice 
représenté successivement par Palomeque et Pizarro (Figures 2 et 3). 

Les observations réalisées au cours de l'analyse des maisons du quartier 
á* Hamanzeit, dans leur état actuel, montrent la persistance dans le parcellaire 
d'un réseau á* adarves et de callejones. Avant le XV^ siécle et peut-étre plus 
tardivement, les callejones reliaient la calle del Homo á la plaza de la 
Duquesa, facilitant la sortie, vers cette place, des corrales situés á Tarriére 
des maisons principales. L'entrée principale aux maisons de la calle del 
Homo se faisait, sans doute, par les adarves, dont au moins Tune d*entre 
elles, représenté sur le plan du Greco fonctionnait encoré au début du XVn^ 
siécle. Les restes de Tédifíce grandiose représenté par Arroyo Palomeque 
persistent dans les sous-sols de la maison du Greco. 

m. 2. Le bain de la rae de San Juan de Dios 

Au n° 9 de la me de San Juan de Dios, une porte basse en fa9ade ouvre 
dans la cave, dont on atteint le niveau du sol par une rampe. Actuellement, la 
cave comprend deux salles (Figure 8.) La premiére, longue de 9.90 m, large 
de 2.70 m et haute de 2.50 m, est voütée en are de cloitre. Le mur, qui jouxte 
la rué, épais de 0.95 m, présente deux soupiraux. Dans le mur opposé, épais 
de 1.10 m, on observe du sud-ouest au nord-est: deux ares surbaissés en 
brique, largas de 1.20 m et hauts de 1.95 m, qui ouvrent sur Fescalier 
intérieur; un are haut de 1 .80 m, large de 2.20 m, d'une profondeur de 1 . 10 m; 
un are haut de 1.75 m, large de 1.35 m, profond de L25 m; enfin, une 
ouverture haute de 1.50 m, large de 1.15 m, et profonde de 1.20 m. Les voütes 
et les murs sont construits en brique. La roche affleure largement dans l'angle 
nord-ouest de cette salle. 

Dans le mur nord-est, épais de 1 m. un are plein cintre en brique, donne 
accés á la seconde salle, plutot rectangulaire, longue de 4.70 m el large de 
4.30 m, située sous Tentrée de la maison. Au nord-ouest de cette salle, et sur 
toute sa largeur, deux alcoves (Figure 9), d'une profondeur de 1.40 m, sont 



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Jean PASSINI 



limitées par á un are faiblement surbaisssé, s'appuyant sur un pilier commun. 
Les alcóves sont couvertes par une voüte en pendentifs á rangs de briques sur 
plan cañé. Sur les ares d'ouverture el les ares intérieurs subsisten!, par 
endroit, les restes d'un enduit décoratif. Ajoutons que deux ares en quart de 
cercle, en forme de contrefort, étayent l'ensemble des deux alcóves, et que le 
plafond de la salle est couvert de poutres en bois. Un tragaluz éclaire cette 
partie de la cave, comme á la fin du XIX'' siécle^'. 

A rissu de cette description, il importe de souligner la présence des 
structures architecturales médiévales suivantes: 

1 . Une salle longue voütée en are de cloTtre, qui conserve un mur percé de 
cinq ouvertures distribuées symétriquement dans le mur long, 

2. Deux alcoves, joinüves, couvertes de voütes en pendentifs á rangs de 
briques sur plan carré. 

Ces structures représentent les restes d'un ensemble architectural plus 
vaste qui, probablement abandonné a la fin du XV'' siécle, et tombé par la 
suite en ruine, a été réaménagé et réutilisé. Le plan de symétrie perceptible 
dans le mur long de la premiére salle autoríse á formuler Thypothése de 
rexistence d'une autre grande salle en direction sud-est. Ces deux salles 
communiquaient entre elles. La seconde salle a été remblayée soit 
volontairement, soit á la suite d'un effondrement. En ce qui concerne la salle 
á alcóves dont la forme est irréguliére, il parait clair qu'elle a été tronquée, 
peut-étre lors de la réappropriation de la cave. Antérieurement, il existait une 
salle plus longue paralléle au callejón, décrit plus haut entre les maisons n° 7 
et9. 

Paimi les unités architecturales médiévales retrouvées dans Toléde, seuls 
les bains offrent á ce jour, au nombre de leurs éléments structuraux, deux 
alcóves jointives. Celles-ci occupent, le plus souvent. Tune des extrémités de 
la salle chaude^^. L*existence de deux alcóves jointives nous conduit á 
considérer que Tensemble précédemment décrit constitue les restes d*un 
bain. Les alcóves et la salle attenante, considérablement réduite aujourd'hui, 
correspondraient á la salle chande, la salle longue représenterait soit un 



55 R. Amador de los Ríos. op. cit. pág. 407. 

56 J. Passini. Le bain du Pozo Amargo (Toléde). Archéologie islamique, 5, 1995: 35-46. 
J. Passini. J. M. Rojas Rodríguez-Malo y J. Ramón Villa 1997. Los baños extramuros de San 
Sebastián. A/-(2ümarfl, vol. XVlíl, Fase. 1: 187-219. 



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La juiverie de Toléde: Bains et impasses du qiianier de Hamanzeit 32I 




vestiaire, soit la salle froide. L'existence de Feau en permanence dans le 
sous-sol de la calle del Homo'''', conforte cette interprétation. 

Ce bain a-t-il été construit á l'époque islamique? Si Fon tente une 
comparaison avec les bains islamiques médiévaux, en particulier avec ceux 
qui sont connus á Toléde''^ une différence importante apparait dans Fabsence 
d'arcs outrepassés, et de voüte en berceau plein cintre ou de voüte d' aretes 
outrepassée. Cette remarque conduit á considérer que ce bain n'est pas d' origine 
islamique, d'autant que les bains de type islamique du XP siécle ne sont pas 



57 Dans la cave de la maison de Bemaldino de Piña, située au-dessus de la place san 
Benito, une source naturelle est mentionnée en 1574. AMT 651. "Medidas de Santiuste (e) de 
otras perrochias". 18/3/1574). transcription J.-P. Molénat: "... estando unas casas que... son de 
Bemaldino de Piñaen la perrochia de Santo Tome, que alindan con casas ... y por delante don 
la plazuela que, cae encima de San Benito... luego se midió un sótano... en el cual ay una 
fuente manantial." 

58 C. Delgado Valero, op. cit. págs. 356-418. 



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Jean PASSINI 




connus, non plus, comme l'écrit Pavón Maldonado*^^ pour présenter des voútes 
en pendentifs {bóveda váida) ou en are de cloítre. Cet auteur sígnale la 
présence de bóveda váida dans les piéces d'angle du tepidarium des bains de 
la judería de Baza, elles sont á rangées circulaires, tandis que celles de la rué 

59 B. Pavón Maldonado, Tratado de arquitectura hispano-musulmana I. Agua (aljibes, 
puentes, qamits, acueductos, jardines, desagües de ciudades y fortalezas, ruedas hidráulicas, 
baños, corachas). C.S.I.C.. 1990, Madrid, págs. 345-348. Las bóvedas: "El tipo de bóveda más 
generalizada en el hammam era de medio cañón con su arranque de la base en voladizo, 
siguiendo el ejemplo de las bóvedas de los puentes islámicos... Excepcionalmente y por 
influencia de la arquitectura gótica se ven bovedillas de nervios cruzado en el tepidarium de 
nueve piezas de los baños de la judería de los baños de la judería de Zaragoza. ... La bóveda 
baída con hiladas circulares de ladrillos y concéntricas aparecen en las cuatro piezas cuadradas 
de ángulo del tepidarium de los baños de la judería de Baza...". 



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La juiverie de Toléde: Bains et impasses du (juaiiier de Hamanzeit 323 




Figure 1 1. Restitution de la partie haute du quartier í/ 'Hamanzeit dans la seconde moitié du 

XIV' siécle. 

A. Plaza del Conde; B. Cuesta; C. Calle del Homo (San Juan de Dios); D. Calle de Samuel 
Leví; E. Calle de los Alamillos; F. Plaza (futur plaza de la Duquesa vieja); G. Paso de los 
Precipicios: H. Sinagoga de Samuel Leví; I. Bain du n" 9 calle de San Juan de Dios; J. Bain 
du Jardin del Greco; K. Adarve ou callejón; L. Callejón hypothétique. 

de San Juan de Dios sont á rangées rectangulaires. Nous n'avons, á ce jour, 
observé á Toléde, de voútes en pendentifs, malheureusement détériorées, que 
dans le bain del cerro de la Virgen de Gracia'"*' ou Cava alta, dont le plan 
relevé par Cabrera en 1913, a été publié par Forres en 1983^''. Une seule 



60 C. Delgado Valero, op. cit. págs. 405-409. 

61 J. Forres Martín-Cleto, Algunas precisiones sobre las juderías toledanas. Anales 
Toledanos, XIV, 1983, 37-61. pág. 61: "Plano de los baños situados en el Cerro de Gracia o 
Cava Alta". En 1991, Forres publie de nouveau ce plan et précise qu'il a été levé, en 1913, par 
A. Cabrera. J. Forres Martín-Cleto. 1991. Un enigma histórico: el Baño de la Cava. I.F.I.E.T. 
140 págs. págs. 18-19. 



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Jean PASSINI 



alcove voütée en pendentifs a été conservée", bien que Templacement d'une 
seconde alcove soit visible. Ces deux alcóves appartenaient á la salle chaude 
(Figure 8). 

En prenant comme critére le caractére des voütes qui couvrent les alcóves, 
nous considérons que le bain del cerro de la Virgen de Gracia et celui de San 
Juan de Dios appartiennent á un méme groupe architectuial de bains á alcóves 
voütés en pendentil's avec rangs de briques sur plan carré ou rectangulaire. 
Des voütes de ce type sont signalées dans certains édifices religieux tolédans, 
en particulier dans, l'avant-choeur de l'église de el Cristo de ¡a L//r^\ tous 
réalisés dans la seconde moitié du XII' siécle. Cette observation conduit á 
formuler Thypothése que les voütes en pendentifs á rangs de briques sur plan 
carré ou rectangulaire ont été utilisées dans rarchitecture civile á Toléde des 
la seconde moitié du Xllé siécle. 

A ce type de voüte, nous proposons de rattacher la voúte du bain du jardín 
del Greco, sommairement décrít en 1989'^ Ce bain présente, lui aussi, une 
alcdve en bríque, á voüte en pendentifs barlongue á rangs de briques 
lectangulaires (Figure 10) et comprend, en outre, une salle longue á voüte en 
are de cloitre du méme lype que celui décrit au bain de San Juan de Dios. Les 
trois bains, qui constituent le groupe architectural, précédemment défmi, 
appartiennent á la judería et, de plus, les bains de San Juan de Dios et du 
Greco sont inclus dans Tancien quartier d'Hamanzeit. 



62 Cette voOte coime un rectangle de l.TSm * l.óOm c^ndant que chaqué vo&te sor 
pendratifs avec rang de briques du bain de San Juan de Dios couvie un plan presque cañé de 
l,7Sm*l,7Qm. J. Passini, non publié. La voüte du bain du *'ceno de la Virgen de Gracia" ayant 
été recouveite de peinture, au couxs du demier quart du XX^ siécle, le caractére des rangs de 

briques n'a pu étre précisé. 

63 M. C. Abad Castro, Arquitectura mudejar religiosa en el Arzobispado de Toledo. Caja 
Toledo. II. 1991. págs. 224-230. Iglesia de el Cristo de la Luz: la partie ajoutée á "la mezquita 
de Bab-al-Mardum es obra de la segunda mitad del siglo Xll". 

64 A. M. LégtL Álvaiez, S. Palmoro Plaza, Descubrimiento de un probable baño ritual 
judío junto a la sinagoga de El Tránsito (Toledo). 5^. XLDC 2, 1989: 395-3%. S. Palomero 
Plaza, A. M. López Álvarez, Y. Álvarez Delgado. 1992. Excavations around the Samuel 
Halevi synagogue (de! Tránsito) in Toledo. Jewish Art, 80: 49-58. A. M. López Álvarez, M. L. 
Menéndez Robles. 1 993. Palacios y mansiones de la España judía. Espacio, Tiempo y Forman 
Serie VU. H" del Arte, 6: 97-116. 



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La juiverie de Toléde: Bains et impasses du quartier de Hamanzeit 325 



CONCLUSION 

Du quartier au coeur duquel s'élevait le bain de Zeit, au cours du XIIP 
siécle, il ne reste actuellement qu'un ílot qui descend de la place del Conde au 
paseo del Tránsito, entre les rúes de San Juan de Dios et de los Alamillos. 
Aucune informalion ne nous a permis de reconstituer la partie basse du 
quartier de Hamanzeit, aujourd'hui occupée par le paseo del Tránsito. Par 
contre, Tanalyse du báti et du parcellaire a mis en évidence, dans la partie 
haute, un réseau á'adan'es et de callejones tel que Ton en connaít dans 
d'autres quartiers^''^ de Toléde. L'intrication des maisons, déjá soulignée dans 
le quartier^^ de San Antolín et San Marcos, s' observe aussi dans la partie 
haute du quartier d' Hamanzeit. 

Cutre le bain de la maison du Greco, le quartier comptait un autre bain 
dans la calle del Homo (aujourd'hui calle de San Juan de Dios), pour des 
causes différentes ils sont tous deux incomplets. Dans la cave du n° 9 de la 
rué de San Juan de Dios, les deux alcdves voútées ont permis une 
caractérisation plus aisée, la réappropriation ancienne du bain ayant entrainé 
une modification raisonnable. Au contraire, le bain retrouvé dans le sous-sol 
de l'actuelle maison du Greco a été repris dans un ensemble architectural 
complexe et stratífié, dont la chronologie est malaisée á établir. L'étude 
sommaire de ees deux bains a cependant pennis de proposer une typologie 
aichitecturale, propre aux bains de la Judería de Toléde. 

En ce qui concerne Tédifíce tres singulier, représenté par Arroyo Palomeque 
puis par Pizarro, dont nous avons réalisé une restitution, s'il parait clair que 
sa constructíon s'appuie sur les solides vofítes des bains du Xn^ siécle, la date 
en reste inconnue. 

Cette conununication, qui présente le résultat partiel de Tétude urbanistique 
du quartier d*Hamanzeit, synthétisée dans une restitution hypothétique de la 
partie haute au XIV^ siécle (fígure 1 1), conñrme Tintérét de Tanalyse du báti 
et du parcellaire jointe aux données textuelles et cartographiques. Elle montre 
aussi á quel point Tétude du báti anclen est urgente tant pour la connaissance 



65 J. Passini, L'uibanisme médiéval tolédan: décisions des juristes málüdtes et ordonnances 
municipales chrétiennes de la constructíon. Communication aux Joumées de la Casa de 
Velázquez, 2.^-24 juin 1997.- Urbanisnie et oiganisation de l'espace habité en al-Andalus: 
aspects juhdiques (I. les fatwa-s). A paraitre. 

66 J. Passini, 1997, op. cit. 



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Jean PASSIM 



de rurbanisme médiéval et la compréhension de l'évolution des structures 
urbaines du Moyen age á nos jours, que pour la léhabilitation de quaitiers 
anciens comiiic cclui á' Hcumnizeií. 

Appendice 1 : AMT: A.S. 305 

Muy magnifico señor 

El bachiller Juan de Linpias, capellán del muy yllustre señor marques de 
Villena et Moya etc. mi señor y en su nonbre e de los otros sus partes, dize 
que el procurador de Vuestra Señoría a traydo et trae ^ierto pleito con el sobre 
la obra que nuevamente manda que se haga en la calle de la yglesia de Santo 
Tome abajo de que se haze muy gran perjuizio al dicho señor marques e a los 
otros vezinos de las casas principales a cabsa que las aguas de la lubia de 
tienpo ynmemorial a esta parte an ydo e ban por la calle del horno abajo et si 
a la dicha obra se diese lugar yrian por la plazuela et cuesta abajo de las casas 
del dicho señor marques c se hundarian, lo qual se ofres^e a probar, et no 
enbargante esto el señor conegidor mando que se viese por vista de alarifes 
aviendose de determinar por provanga de lo qual yo apele para el abdiengia 
real de Valladolid en cuyo seguimiento a enbiado et Y conpulsoria y enY la 
qual presenta con la qual requirió al dicho señor corregidor que no ynnovase 
et aun que hera obligado a lo hazer no lo hizo antes es venido a (mi' rayé) su 
(au dessus de la ligne) notÍ9Ía que ha mandado hazer la dicha obra con fian9as 
et fue fiador el señor Juan Niño su Y et requiere a Vuestra Señoría lo mande 
remediar et que no se haga la dicha obra por que si se encomien9a a hazer et 
abajare la plazuela no se podra ver el perjuizio ni el altura en que esta la calle 
de la dicha plazuela por donde se quita la corriente del agua por ella e asta 
tanto que por su Magestad e por los señores su presidente et oydores sea 
determinada la cabsa et que durante la dicha su apelación no se haga novedad 
en ella. El bachiller de Linpias. 

Transcríption: J.-P. Molénat. 



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LOS CEMENTERIOS MEDIEVALES DE TOLEDO: 
DISTRIBUCIÓN ESPACIAL 

Antonio de Juan García 

Universidad de Castilla-La Mancha 



«Llamase de Visagra porque antiguamente se llamaba Vía Sa- 
cra, porque por ellas yban a las tierras de los sacerdotes, dedicadas 
a templos y religión o más cierto porque salían por ella a los tres 
cimientos de las tres leyes que en Toledo se toleraban de judíos, 
moros y cristianos». 

Luis Hurtado de Toledo. 

Durante muchos siglos los muertos permanecieron separados de los vivos, 
yaciendo en cementerios situados fuera del poblado. 

La Ley de las Doce Tablas (451 a. C.) establecía que dentro del recinto 
urbano ningún cádáver debía ser quemado o enterrado'. 

A partir aproximadamente del siglo VII, la práctica cristiana de enterrar en 
el interior se extendió incluso al ámbito rural y las iglesias parroquiales, a la 



1 i. Arce, Funus imperatorwn. Los funerales de los emperadores romanos, Madñd, 
1988, 79. 



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328 



Amonio DE JUAN GARCÍA 



vez que los conventos y hospitales comenzaron a sumar a sus funciones la de 
cementerio. Alejo Venegas atribuye a Calixto I la instauración de los enterra- 
mientos cristianos dentro de los pueblos, junto a las iglesias llamándolos 
«cimenterios» o dormitorios. 

En ciertos momentos históricos se produce la invasión de la ciudad por 
parte de los muertos lo que podría ser interpretado como consecuencia de un 
crecimiento demográfico y la expansión de los núcleos urbanos que termina- 
ron englobando, dentro de sus muros, algunos cementerios exteriores. 

Entendido así por tanto el cementerio cristiano-medieval siempre bajo 
cobijo de la iglesia, podía ser diferenciado claramente de los cementerios 
musulmanes y judíos, mucho más cercanos a la tradición romana. 

En los primeros siglos medievales toledanos, bajo la dominación islámica, 
la sociedad mozárabe, según la suposición de Sixto Ramón Parro-, se enterra- 
ba en la parroquia de San Lucas y describe un cementerio en su atrio que aún 
se conservaba a mediados del siglo pasado y en el que se sabía que estaban 
enterrados muchos mozárabes. (No hay que olvidar que San Lucas se encuen- 
tra cerca de los rodaderos y por tanto prácticamente en las afueras de la 
ciudad). 

Ya en los siglos XII y XIII, obviamente, tras la conquista cristiana, y 
según los documentos estudiados por González Falencia, los mozárabes pe- 
dían en sus testamentos ser sepultados en los claustros de las parroquias o de 
la Catedral, al igual que el resto de los cristianos. 

Otra de las comunidades, la musulmana, situaba sus cementerios a las 
afueras de la ciudad, junto a los caminos y cerca de las puertas principales. 
Estos no eran como hoy se puede pensar, unos lugares solitarios rodeados por 
una pared que delimita perfectamente el espacio cementerial, sino que se 
encontraban integrados en el flujo y reflujo de la vida cotidiana de la ciudad. 
A ellos iban a pasear hombres y mujeres y sirvieron, en algunos momentos, 
como lugar de regocijo y esparcimiento, al menos si nos hacemos eco de Ibn- 
Abdum'; este autor refiriéndose a la Sevilla del siglo XII. denunciaba que el 
cementerio servía para beber vino o incluso, en ocasiones, para cometer 
deshonestidades y en dónde se habían establecido cloacas y letrinas a cielo 
abierto: 



2 S. R. Parro. Toledo en ¡o mano. t. II. 1857. pág. 179. Reimp. Toledo 1978. 

3 E. García Gómez y E. Levi-Proven(y-al, Sevilla a comienzos del siglo XII. El tratado de 
Ibn-Ahdum, 1981. pág. 95. 



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Los cementerios medievales de Toledo: distribución espacial 329 



«Lo peor que ocurre en su cementerio (Sevilla) es que se permite 
que encima de las tumbas se instalen individuos a beber vino o 
incluso, en ocasiones, a cometer deshonestidades, y que han esta- 
blecido letrinas y cloacas a cielo abierto, cuyos conductos corren 
encima de los muertos». 

Estos datos maniñestan el carácter abierto de los espacios cementeriales 
en la España musulmana, en donde se podía llegar a un abuso que inmediata- 
mente era denunciado por distintos sectores sociales. Es posible entender que 
en el Toledo islámico ocurriesen algunos casos parecidos pero no tenemos 
información precisa de ello. 

Los enterramientos extramuros de la ciudad fueron también practica co- 
mún entre la comunidad judía, al menos así se documenta por los hallazgos 
aparecidos en distintas partes de la Vega Baja y por documentos posteriores. 

Una vez visto someramente las diferentes costumbres de las distintas 
religiones que habitaban en Toledo en la Edad Media pasaremos a través de 
los distintos documentos y con ayuda de los datos aportados por la arqueolo- 
gía a la ubicación espacial de los lugares de enterramiento en la ciudad de 
Toledo, motivo principal de esta intervención. 

La peculiar topografía de Toledo, rodeada por el río Tajo por todos sus 
lados menos por el Norte hace que nos planteemos esta zona como único 
lugar donde situar estos cementerios. 

Por tanto el prinitM problema que se plantea es la distribución del espacio 
en este único lugar. 

Desde la época de dominación islámica de Toledo y con moti\ o del asalto a 
esta protagonizado por el calila Abdarrahmñn 111 an-Násir a finales de mayo de 
930, tenemos referencias escritas de que la zona estaba ocupada por cementerios. 

La primera noticia se la debemos a Ibn Hayyan de Córdoba: 

«... acampo en Chalencas, puerta de Toledo en el río, entre 
vergeles, viñas y jardines estudiando que puntos eran más favora- 
bles para el asedio y agobiantes para la población y. pareciéndole 
más perjudicial e irritante acampar en el cementerio a las puertas de 
la ciudad, se traslado allí al día siguiente»'*. 

4 Ibn Hayyan, Crónica del califa Abdarrahman III An Nasir entre los años 912 y 942 (al 
-mugíabis V), traducción y notas por M* Jesús Vigucra y F. Corriente, Textos medievales 64, 
Zaragoza 1981, pág. 213. 



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330 



Antonio DE JUAN GARCÍA 




Figura 1 : Plano del Toledo Islámico según Julio Forres. 



Estas noticias las encontramos matizadas por Ibn Baskuwal que refiere la 
muerte de Ibn Maymun y que fue enterrado en el hawma de Bab-Sacra en el 
año 1010\ 

Posteriormente los documentos mozárabes van ampliando esta documen- 
tación y situando el cementerio musulmán cerca de Bisagra: 



5 Sila Ibn Baskuwal. pág. 23. citado por L. Torres Balbás. "Cementerios Hispano Mu- 
sulmanes", Al-Andalus, XII. págs. 168-169, nota 1. 



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Los cementerios medievales de Toledo: distribución espacial 



331 



«Venta que otorga doña María, hija de Mikacl Juanes el asfar, 
esposa de Pedro Lázaro del clero de la iglesia de San Antolín, de la 
tierra de prado que ella posee en el termino del cementerio de los 
musulmanes, cerca de la puerta de la Sagra»^. 

Ya en el siglo XIV aparece otro documento referido a los mudéjares 
toledanos que centran el cementerio mudejar en el circo romano de Toledo: 

«Murió doña Fátima en Madrid y el alfaquí Maestre Yuzaf la 
trajo a enterrar a Toledo, con toda solemnidad, en el osario de los 
mudéjares, cerca de la puerta de Bisagra, junto a donde luego se 
fundó el convento de San Bartolomé de la Vega, osario hace pocos 
años en parte descubierto y hoy abandonado»^. 

Como vemos las noticias hasta el momento comentadas sitúan el cemente- 
rio islámico de Toledo cerca de la puerta de Bisagra y concretamente en el 
Circo Romano, hecho este comprobado en las excavaciones que en los años 
ochenta realizamos en este lugar. 

En el siglo XVI encontramos noticias referidas no solo al cementerio 
islámico sino que cita la zona de la Vega como lugar donde realizan sus 
enterramientos las tres religiones que había en Toledo. Luis Hurtado de 
Mendoza en las Relaciones de Felipe IP referidas a Toledo dice: 

«Llamase de Bisagra porque antiguamente se llamaba Vía Sacra, 
porque por ella yban a las tierras de los sacerdotes, dedicadas a 
templo y religión o más cierto porque saKan por ella a los tres 
cimientos de las tres leyes que en Toledo se toleraban de judíos, 
moros y cristianos, los judios en el Cerro de la Horca, los moros en 
la Vega y los cristianos cabe san Yldefonso y sancta Leocadia». 



6 A. González Falencia, Los mozárabes de Toledo en los siglos XII y XIII, Madrid, 1930, 
pp. 318-319. 

7 N. Estenaga Echevarría, ''Condición social de los mudéjares en Toledo durante la Edad 
media", B.R.A.B.A.C.H.T., núms. 18 y 19, Toledo 1924, pág. 17. 

8 C. Viñas y R. Paz, Relaciones histórico-geográfíco-estadístico de los pueblos de 
España hechas por iniciativa de Felipe ÍI: Reino de Toledo. (Por Luis Hurtado de Toledo), 
C.S.I.C., Madrid, 1963, pág. 512. 



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332 



Antonio DE JUAN GARCÍA 



En el texto que acabamos de citar se incluyen, no solamente, el cementerio 
islámico en este lugar sino que también aquí mismo ubica a cristianos y a 
judíos en esta zona de 1 oledo. 

Vista esta disparidad se podría pensar que todo el espacio estaba ocupado 
por los enterramientos, sin embargo ya hemos visto que además de estos la 
zona estaba surcada de caminos e incluso hemos citado como en el siglo XIII 
existía junto al cementerio musulmán un prado. Por otro lado la noticia es del 
siglo XVI época en que estas religiones estaban en total regresión en Toledo 
y perseguidas y por tanto creemos que ios espacios de enterramientos aquí 
citados serían los últimos que quedaron y que en esta fecha aún se tenía 
constancia de ellos. 

A través de este último' documento y de otros como el citado por Salazar 
y Mendoza'' deducimos que los judíos se enterraban en el Cerro de la Horca, 
cerca de San Eugenio. Sin embargo revisando la documentación publicada 
por P. León Tello'^ también se podría ubicar el cementerio judío en otro 
lugar que sería el pradillo de san Bartolomé, alrededor de la Fábrica de 
Armas, que fue suprimido como zona de enterramiento de conversos por Don 
Pedro Tenorio. Posteriormente el arzobispo Carrillo cede este terreno a la 
cofradía de la Caridad para evitar que se siguiera usando y en 1777 la 
cofradía vendió este terreno para la ubicación de la Fabrica de Armas". 

Todos los datos ^rtados hasta el momento se refieren a fuentes escritas, 
estas se han visto confirmadas e incluso aumentadas por la documentación 
arqueológica. 

Las íiientes arqueológicas han aumentado nuestros conocimientos sobre el 
mundo funerario y su localización espacial; pero aun estamos lejos de cerrar 
este capitulo tan importante para la historia de Toledo. 

De la misma manera que a través de la documentación escrita, antes 
citada, los cementerios abarcan amplias zonas de la vega, los hallazgos de 
inscripciones funerarias medievales también se han localizado en los mismos 
lugares reseñados. La profesora Clara Delgado en un estudio sobre el cemen- 
terio musulmán de Toledo cita 49 piezas «de las que solo 33 conocemos algo 
de su procedencia, de las que a su vez 10 han sufrido diferentes problemas 



9 A. Mait&i Camero, Historia de la Ciudad de Toledo, sus claros varones y monumen- 
tos, (reimpresión, Toledo, 1979), Toledo, 1862, pág. 41. 

10 P. León TeUo, Judíos de Toledo, Madrid, 1979. págs. 272-273. 

11 A. de Juan García, Los enterramientos musulmanes del circo romano de Toledo, 
Toledo, 1987, pág. 16. 



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Los ceméntenos medievales de Toledo: distribución espacial 333 



que nos aclaran poco de su primitivo emplazamiento, y de 23, conocemos 
concretamente su lugar de origen. Estas últimas van a situarse en dos áreas 
fundamentales: 16 en la zona del Cristo de la Vega — ^Vega Alta y Baja — y 7 en 
la zona comprendida entre el actual cementerio y el Hospital de Afuera»'^. 

De estos elementos tan importantes para la datación de las tumbas así 
como para su adscripción religiosa sólo conocemos, en algunos casos, su 
lugar de origen, pero en ningún caso conocemos su relación con la estructura 
sepulcral en la que estaba colocada. Ello puede tener una explicación si 
consideramos que desde siempre las piedras «andan» o dicho más claramente 
se reutilizan una y otra vez, máxime cuando estas tienen unas connotaciones 
religiosas del signo contrario al vigente. 

Así en el Sínodo de Alcalá de 1481 se dice: 

«Otrosí, mandamos, statuimos e ordenamos, por que la dicha 
nota e diferencia de todo sea quitada e della non haya memoria 
alguna, que cualesquier sepolcros que en los dichos cementerios 
están fechos de marmol o de piedra o de otra cualquier manera, que 
muestren diferencia de suelo, sean defechos dentro de dos meses 
primeros siguientes de la publicación desta nuestra constitución»'^. 

Ya a principios de siglo cabe destacar las excavaciones realizadas en 1916 
por R. Amador de los Ríos en el Cerro de la Horca y que confirman los datos 
aportados por las fuentes escritas, concluyendo que: 

«Entre el Hospital de San Juan Bautista y la ermita de San 
Eugenio, sirvió para inhumar a los muslines y el resto hacia el norte 
con inclusión de la hondonada,..., fue el lugar de enterramiento de 
los judíos que en su ley perseveraban»'"*. 

12 C. Delgado Valero, "El cementerio musulmán de Toledo", ToledUt Hispanoártibe, 

Toledo 1986, pág. 191. La misma autora analiza todos estos elementos funerarios dispersos 
por Toledo en Materiales para el estudio morfológico y ornamental del arte islámico toledano, 

Toledo. 1987. 

13 J. Sánchez Heneo, Concilios, Provinciales y Sínodos Toledanos de los siglos XIV y 
XV, 1976, pág. 334. 

14 R. Amador de los Ríos, "Excavaciones en Toledo. Memoria de los resultados obteni- 
dos en las exploraciones y excavaciones practicadas en el año 1916" n Excavaciones en el 
cementerio de moros. J.S.E.A., núm. 3, Revista de Archivos Bibliotecas y Museos. Madrid, 
1917, pág. 13. 



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334 



Antonio DE JUAN GARCÍA 



•3 




6 Puerta de la Almofala 



Figura 2: Cementerios medievales de Toledo. Distribución espacial. 

En 1975 tenemos noticia de una excavación realizada por el profesor 
Izquierdo Benito'^ situada entre la Puerta del Cambrón y la ermita del Cristo 
de la Vega. En ella se trazó una cuadrícula que dio como resultado la apari- 
ción de 10 tumbas que por algunas características formales debemos adsoibir 
a un tipo de enterramiento musulmán, tal como pudimos demostrar en las 
posteriores excavaciones practicadas por nosotros en el Circo Romano. 

Posteriormente se ííieron sumando una serie importante de hallazgos que 
recogimos en un trabajo, publicado en 1987^^. 

15 Agradecemos al profesor Izquiordo Benito el que nos haya permitido consultar esta 
información, así como otras opiniones y consejos que nos han servido de gran ayuda para este 
y otros trabajos. 

16 A. de Juan García, op. cit., 1987. 



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Los cemeiiteriüs medievales de Toledo: distribución espacial 335 



En la zona del Circo Romano, se ha documentado arqueológicamente la 
existencia de cementerios desde principios de siglo a través de las excavacio- 
nes de Rey Pastor'^ Vigil"* y las realizadas en los años 80 de manera sistemá- 
tica, primero dentro del recinto del propio Circo, ya mencionadas, y en un 
solar adyacente a lo que entonces era la Consejería de Presidencia, junto a la 
piscina del Parque Escolar''^ Todas ellas coinciden en situar el cementerio 
islámico en este lugar. Asimismo se comprueba la existencia de un barrio 
alfarero de época califal compartiendo espacio con las tumbas^^. 

Las excavaciones que se llevaron a cabo a lo largo de 1982 y 1983 dieron 
como resultado conocer la estructura del edificio público romano del que 
recibe el nombre^' a la vez que se comprobó su reutilización en época islámi- 
ca como zona de enterramiento, en su mitad sur y como barrio alfarero en la 
mitad norte, para lo que se aprovecharon las bóvedas de las gradas del 
edificio romano. Y ya en época mudéjar todo este espacio fue ocupado como 
cementerio. 

El número de tumbas excavadas ñie de 87, diferenciándose tipológica- 
mente en cuatro tipos: 

— Sin estructura 

— Lucillos 

— Cubierta Plana 

— Fosa en alcaén 

Correspondiendo los tres primeros al cementerio mudéjar (siglos XU- 
XrV) y el último grupo al cementerio islámico (siglos IX-XI). 

La localización de las tumbas del cuarto grupo (fosas en alcaén) en el lado 
norte del Circo, hace suponer que el cementerio en época islámica, íccha a la 
que se atribuyen este tipo de enterramientos, sólo ocupaba la mitad del 



17 A. Rey Pastor, El circo romano de Toledo, Biblioteca Toledana I, Toledo, 1932. 

18 Flament, La provincia de Toledo, Toledo, 1977, pág. 21. 

19 A. de Juan García, M. Sainz Pascual y F.J. Sánchez Falencia Ramos, "Excavaciones de 
urgencia en el cementerio islámico del Circo Romano de Toledo" / Congreso de Historia de 

Castilla-La Mancha, Ciudad Real 1988. 

20 S. Martínez Lillo. "Hornos califales de Toledo", Actas del Coloquio hornos y testares 
medievales en el Mediterráneo Occidental. Casa de Veiázquez. Madrid, 8-10 de enero de 
1987. 

21 Sobre el Circo en época romana, remitimos al lector interesado a la publicación de 
F.J. Sánchez Falencia y M.J. Sainz Fascual, El Circo Romano de Toledo: estratigrafía y 
arquitectura, Toledo, 1988. 



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Antonio DE JUAN GARCÍA 




Figura 3: Cementerio mudejar del circo romano de Toledo. Tumbas de Lucillos. 



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Los cementerios medievales de Toledo: distribución espacial 



337 



edificio romano, conviviendo con un barrio alfarero, perfectamente docu- 
mentado a haberse encontrado 5 hornos cerámicos con sus correspondieiiles 
testares y fechados en torno al siglo X. 

Sin embargo, el hecho de que este mismo tipo de tumbas se localizaran en 
una excavación de urgencia que tuvo lugar años después muy cerca del Circo, 
concretamente en un edificio contiguo al Parque Escolar y que en ese mo- 
mento era la Consejería de Presidencia de la J.C.C.M.. demuestra que este 
cementerio islámico era más amplio y estaba más cercano a las murallas y 
puertas de la ciudad. 

De todos es sabido que los musulmanes se entierran sin ajuar y tan sólo 
cubren su cadáver con un simple sudario. Por ello no se han encontrado restos 
de vestimenta en ninguno de los enterramientos. 

Los únicos restos de ajuar encontrados en las excavaciones del Circo 
Romano pertenecen a tumbas infantiles y son piezas de azabache y pasta 
vitrea. Sobresalen una serie de pulseras, un collar de cuentas de azabache, en 
forma de huso y una higa o mano de Fátima. Todos ellos son recursos 
profilácticos contra el mal de ojo. Los paralelos encontrados situarían estas 
piezas en tomo a los siglos XIII o XIV. Hay que decir que todos los enterra- 
mientos que tenían alguno de estos objetos pertenecían al grupo de los de 
Cubierta Plana. 

Las conclusiones que aportábamos en aquel momento situaban las zonas 
de enterramientos musulmán en: 

1** Zona comprendida entre el río Tajo y el Cristo de la Vega, en donde se 
localizan las tumbas encontradas en el Puente de la Cava. 

2° Zona del Circo Romano y alrededores. 

3° Zona de los alrededores de San Eugenio. 

Aparte de ellos en la zona del Pradillo de San Bartolomé, hoy Fábrica de 
Armas, estaría ubicado el llamado «fonsarío de los judíos». En el Cerro de la 
Horca, y según las noticias comentadas es posible que existiera otro cemente- 
rio de esta misma religión. 

En cuanto a los cementerios cristianos, localizaríamos uno en los alrede- 
dores del Cristo de la Vega. 

Actualmente y a través de excavaciones más recientes presumimos que 
existía otro cementerio en la llamada Puerta de la Almofala^^, allí se encontra- 



22 J. M. Rojas Rodríguez-Malo y J.R. Villa González, "Carrera 29", Toledo: Arqueología 
de la ciudad, Toledo 1996, págs. 93 y 196-197. 



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338 



Antonio DE JUAN GARCÍA 




Figura 4: Cementerio islámico del circo romano de Toledo. Superposición de enterramientos. 

ron dos enterramientos en decúbito lateral derecho con una estructura exterior 
de cubierta de tejas semejante a las excavadas por nosotros en el Circo. Su 
orientación, así mismo, era NW-SW lo que indica que nos encontramos ante 
sendos enterramientos islámicos. Esto unido a su ubicación al lado de una 
puerta de la muralla y próximo a un camino nos hace pensar en un cuarto 
cementerio en Toledo. Más recientemente se ha encontrado restos de un 
enterramiento, que posiblemente también podamos adscribirlo a época mu- 
sulmana en el Cerro de Miraflores-\ detrás de la actual Estación de Autobu- 
ses y por tanto a escasa distancia de los anteriores por lo que pensamos 
pertenecerían al mismo cuarto cementerio islámico. 

Por todo lo expuesto podemos concluir que toda la zona norte de Toledo 
estaría ocupada por varios cementerios, pertenecientes «a las tres leyes que 
en Toledo se toleraban de judíos moros y cristianos». 

23 La información nos fue solicitada por los arqueólogos responsables de la excavación, 
J.M. Rojas y J.R. Villa, a los que agradecemos esta ntiticia tan reciente. 



Los cementerios medievales de Toledo: distribución espacial 339 



BIBLIOGRAFÍA 

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los pueblos de España hedías por iniciativa de Eclipe II: Reino de Tole- 
do. (Por Luis Hurtado de Toledo), C.S.I.C., Madrid, 1963. 



EXCAVACIONES EN TORNO A LA SINAGOGA DE 

SAMUEL HALEVI (SINAGOGA DEL TRÁNSITO). 

TOLEDO 



Yasmina Álvarez Delgado 

Arqueóloga 



Dentro de las obras de remodelación, acondicionamiento y nuevo montaje 
del Museo Sefardí se realizaron dos campañas de excavaciones arqueológicas 
que completaran el programa de documentación, investigación y restauración 
de este centro. 

En la primera campaña, en 1987, se excavó gran parte del patio Este', 
zona que comunica el Museo con la Galería de Mujeres. En la segunda, 1989- 
90, se finalizó el estudio del patio Este y se abrió una nueva cata en el patio 
Norte, donde hoy se encuentra el jardín-cementeiio. 

La investigación arqueológica se completó con la realización de unas 
prospecciones geofísicas en la Gran Sala de la Sinagoga y con la colocación 
en su lugar de unos fragmentos de yeserías pertenecientes a la Galería de 
Mujeres aparecidos en un sótano de la Casa del Greco-. 

1 Ver plano general. 

2 A.M* López Álvarez y Y. Álvarez £>elgado, "La Galería de Mujeres de la Sinagoga del 
Tránsito. Nuevos hallazgos", Sefarad. XLVn, n* 2, 1987. 



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342 



Yasmina ÁLVARE2 DELGADO 



Desde el primer momento en las excavaciones tuvimos un problema, los 
trabajos de excavación realizados con anterioridad. De 1901 data la noticia 
publicada en la Rev. de Archivos, Bibliotecas y Museos, que dice: 

"Estando haciéndose unas excavaciones por el escultor D. Ma- 
nuel Lucena en un lugar próximo a la sinagoga se han descubierto 
unas antiguas estancias subterráneas con solería de magníficos azu- 
lejos y algunos trozos de pintura coetánea del famoso templo he- 
breo". 

Nuevamente en los años 60, al construir el Centro de Estudios Hebraico- 
Españoles, hoy pabellón administrativo del Museo, bajo la dirección de las 
Fundaciones Vega-Inclán, a las que estaba adscrito el edificio, reaUzaron un 
vaciado parcial del patio este, procediendo a su solado. Esta actuación provo- 
có la alteración de los niveles arqueológicos y la imposibilidad de ofrecer 
cronologías claras para el conjunto excavado. 

Otro problema relacionado con la interpretación de las estructuras arqueo- 
lógicas es la falta de documentación escrita anterior a 1500, mientras que es 
muy abundante la posterior. Esto nos permite tener bastantes datos sobre el 
uso posterior de la sinagoga por los Caballeros Calatravos, pero muy poco 
sobre la época de la construcción y uso de la sinagoga como tal. 

La interpretación de las estructuras aparecidas en el transcurso de la 
excavación es la siguiente: 

— Patío Este 

En primer lugar destacamos el hallazgo de la planta y posible solería de la 
primitiva habitación del hejal^ el lugar donde se guardaban los armarios con 
los rollos de la Torá. 

La habitación mediría 4 metros de ancho por 6 de largo, de los que 
conservamos 2 por 4,5 metros de un encintado de losetas en espiga que 
eimiarcan im suelo de baldosas con olambrillas que habían desaparecido casi 
en su totalidad. La habitación no se pudo excavar completa por la interven- 
ción que se realizó en los años 60 que consistió en la construcción de una 
cámara de ladrillos para evitar humedades a la sinagoga. Este suelo coincide 
con el que marcan las basas de las columnas en las que se apoyan los arcos 
polilobulados del frontal del hejal y está a un metro exacto del suelo de la 
sinagoga. 



Copy[iQi"i¡oú iiiaional 



Excavaciones en tomo a la sinagoí^a de Samuel Halevi. 



343 




Figura 1 : Museo Sefardí. Plano General 



El suelo hallado en la excavación podría ser contemporáneo a la construc- 
ción de la sinagoga por su similitud con el fragmento de suelo original 
conservado en la sinagoga y estudiado por el ceramista toledano D. José 
Aguado'. 

Bajo este suelo aparecieron fragmentos de estuco y de yeserías pintadas en 
rojo, con algunas letras hebreas. 

La documentación conservada en el Archivo Histórico y fechada en 1500 
habla de "un respaldar que está tras el altar del ala en que se entra en la 



3 José Aguado: "El pavimento mudéjar de la Sinagoga del Tránsito". Actas del II Congre- 
so de Arqueología Medieval Española. Tomo II: Comunicaciones. Madrid. 1987. 



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344 



Yasmina ÁLVAREZ DELGADO 



sacristía que está hecha". Se ordena construir otra nueva "conmo entra la 
mano derecha atajando de su tabique""*. 

En segundo lugar aparecieron en el patio Este los restos de un complejo 
constructivo cuya delimitación total será difícil, ya que continua, en dirección 
Este, bajo el zaguán de la casa del Greco; en dirección Norte bajo un edificio 
anexo al patio ocupado por un establecimiento comercial y en dirección 
Oeste por la zona de almacenes y el actual patio Norte del Museo. 

A este problema hay que añadir el ya comentado anteriormente, el vaciado 
previo del patio, lo que hace que sólo exista un nivel único de relleno. 

Lo que encontramos es una amplia habitación abovedada de la que sólo se 
conserva el arranque de la bóveda y de la que sobresalen los dos pozos que 
aparecen en la documentación del siglo XVIII", "para dar servicio a la casa 
del sacristán y cuidar el jardín", así como en el plano'' de 1816 que refleja el 
patio y los pozos. Esta habitación tiene un vano de entrada con arco de 
ladrillos y al exterior presenta unos paramentos de mampostería y ladrillos. 

En cuanto a los materiales aparecidos fueron poco abundantes y con 
cronologías muy altas. Sobre todo el relleno del pozo aparecido en el centro 
de la excavación cegado con material cerámico procedente de la escombrera 
que ocupó el patio en el siglo XIX y que se depositaría en el pozo tras la 
limpieza de los años 60. 

En otra pequeña habitación abovedada aparecieron fragmentos de yesos 
decorados con motivos vegetales, tallos y piñas, pintados en color rojo y 
negro con inscripciones árabes en letra cúfica que plantean nuevos problemas 
ya que podríamos encontrarnos ante los restos de alguna construcción de la 
que no tenemos más datos arqueológicos^. 



4 Ana M' López Álvarez, Yasmina Álvarez Delgado. Santiago Palomero Plaza: "Nuevos 
datos sobre la Historia de la Sinagoga del Tránsito". Sefarad. "Homenaje al Prof. David 
Romano Ventura". LIL Madrid, n° 2, 1992, A.H.N. Órdenes, Consejo: Orden de Calatrava, 
Leg. 6109, n^SS. fol. 50. 

5 Ana López, Álvarez, op. cit.. Nota n° 4. A.H.N. Órdenes. Consejo. Leg. 3654. Caja 
30. 7. 

6 Ana M* López. Álvarez, op. cit.. Nota n° 4. Pág. 488. 

7 Ana López Álvarez: Menéndez Robles, MI LO: Santiago Palomero Plaza: "Inscrip- 
ciones árabes halladas en las excavaciones de la Sinagoga del Tránsito". Rev. l-Qantara. Yol. 
XVI. Madrid. 1995. Págs. 433 a 449. 



Copyrighied malsrial 



Excavaciones en tomo a la sinagoga de Samuel Hálevi. 



345 



— Patio Norte 

Nuevamente en el patio Norte aparecieron restos de estructuras aboveda- 
das rotas y rellenas de tierra y cascotes con pocos restos que permitieran 
fechar las construcciones. 

CONCLUSIONES 

Nos encontramos con un complejo entramado de aljibes y bóvedas, sin 
niveles arqueológicos puros, con pocos materiales y rara vez "in situ"^ 

Parece que toda la sinagoga incluyendo el área del vestíbulo, bajo la que 
aparece una habitación abovedada en perfecto estado, está rodeada de habita- 
ciones abovedadas con aljibes y pozos. Pero no podemos, al menos de mo- 
mento, aclarar si son posteriores o si al menos parte pertenecieron a una 
posible sinagoga anterior. 

Posiblemente un estudio arqueológico de la Gran Sala despejara algunas 
dudas. La prospección geofísica nos ha sugerido cuatro posibles zonas donde 
podrían realizarse sondeos. 

En el estado actual de la investigación, que continua con el estudio de la 
documentación escrita y con los aportes de los estudios realizados en los 
edificios adyacentes a la Sinagoga, podemos decir que existe en ésta parte de 
la ciudad una serie de estructuras que se relacionarían con la utilización del 
agua, pozos, aljibes, csinales, bajadas de agua y baños, pero en el caso de 
estos últimos no podemos localizarlos plenamente. Ni los "baños árabes" 
citados en la documentación como los de "Hamanzeite" (lit. "Los baños de 
Zeit") ni el baño ritual de la Sinagoga, aunque no falten hipótesis que se 
podrán completar en futuros trabajos. 



8 Santiago Palomero Plaza, A.M" López Álvarez, Yasmina Álvarez Delgado, "Excavations 
around the Samuel Halevi Synagogyes (del Tránsito) in Toledo". Rev. JewishArt. N°Eigtheen. 
Jerusalén 1992. Págs. 48 a 58. 



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ARQUEOLOGÍA DE SANTA MARÍA LA BLANCA 



Germán Prieto Vázquez 

Arqueólogo 



Las excavaciones arqueológicas en la Sinagoga de Santa María la Blanca 
se encuadran en el proyecto de restauración del edificio. Graves problemas de 
humedad amenazaban con destruir irremediablemente los capiteles y las ye- 
serías habiendo afectado ya a los muros del edificio y a los fustes de las 
columnas. 

Ya en 1983 el Ministerio de Cultura, a través de la Dirección General de 
Patrimonio Artístico, encargó al arquitecto D. Francisco Jurado Jiménez un 
estudio con el fin de acometer la restauración de los capiteles que se hallaban 
seriamente afectados por la humedad. Tras diversos análisis y ensayos se 
pudo determinar que el origen de la humedad era la acumulación de las aguas 
de escorrentía en los rellenos detectados en el subsuelo de la sinagoga. Éstos 
actuaban como una esponja, reteniendo el agua que se transmitía a los muros 
del edificio y a las columnas mediante un proceso de capilaridad. Ante esta 
situación el arquitecto optó por una solución que iba más allá de la restaura- 
ción de los capiteles: eliminar de raíz los problemas que generaban la hume- 
dad. Para ello propuso vaciar completamente el subsuelo de la sinagoga hasta 
la roca, eliminando los rellenos y evitando la acumulación de agua. En su 
lugar se construirían unas galerías abovedadas, siguiendo la dirección longi- 



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348 



Gemián PRIETO VÁZQUEZ 



tudinal de las naves, que quedarían vacías y, convenientemente comunicadas, 
permitirían la existencia de corrientes de aire que contribuirían a mantener el 
lugar seco. En el perímetro exterior del edificio, tras eliminar los rellenos, se 
construiría una galería bajo rasante cuyo objeto sería desviar y canalizar las 
aguas de escorrentía, impidiendo que entrasen en el interior de la sinagoga y 
completando el aislamiento del edificio. 

El proyecto contemplaba inicialmente la realización de algunas prospec- 
ciones arqueológicas tanto en el interior de la sinagoga como en el jardín 
situado al los pies de su fachada Oeste. Sin embargo, resultaba obvio, en 
nuestra opinión, que dada la importancia del monumento era necesario que 
todo el vaciado del subsuelo del edificio se realizara bajo supervisión arqueo- 
lógica. Planteada esta cuestión al arquitecto, logramos que fiiera aprobaba 
una excavación de urgencia que permitía ampliar la investigación arqueológi- 
ca a cualquier intervención en el subsuelo del edificio. 

De este modo, los trabajos arqueológicos comenzaron a finales de 1987, 
meses después del inicio de la obra de restauración, prolongándose hasta 
mediados de 1988'. Se excavó el interior del edifico y una ñ:anja del jardúi de 
cuatro metros de anchura situada a los pies de la fachada occidental. También 
se controló la realización de las zanjas perimetrales y otras actuaciones en el 
jardín. 

A continuación nos vamos a ocupar de algunos de los hallazgos efectua- 
dos durante la excavación: aquellos que tiene relación con la construcción de 
la sinagoga y otros vinculados a estructuras anteriores a la edificación del 
templo. Para facilitar la tarea hemos numerado las naves de la sinagoga 
corrclati\ amenté de Sur a Norte, biendo la nave 1 la más meridional y la nave 
5 la más septentrional. 

La excaxación completa del interior de la sinagoga nos ha permitido 
documentar ampliamente muchas cuestiones relacionadas con su construc- 
ción. Entre ellas destaca el modo en que está cimentado el edificio (fig. 1). 

El terreno natural en el lugar en el se encuentra la sinagoga posee un 
pronunciado desnivel de Sur a Norte. Los constructores buscaron la roca para 
asentar el edificio y adaptaron los cimientos al desnivel. Así, el cierre meri- 
dional descansa directamente sobre la roca, localizada a una profundidad 



1 Los "hallazgos" más importantes de la excavación fueron cuatro peonas que me 
dieron conversación, apoyt>. ánimo y cierto cobijd \ mucho cariño. Personas normales y, por lo 
tanto, raras de encontrar. Ana María, Santiago, Yasmina, Rafael: gracias. Va por vosotros. 



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Arquelogía de Santa María la Blanca 



349 




Figura 1 : Planta general. 



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350 



Germán PRIETO VÁZQUEZ 



máxima de 60 centímetros por debajo del suelo de la sinagoga. El cierre 
meridional posee sin embargo un cimiento a base de un muro continuo de un 
metro de espesor aproximadamente que alcanza una profundidad de más de 
tres metros en algunos puntos. Los cimientos de los cierres Este y Oeste son 
también muros continuos que se van adaptando al desnivel del terreno. 

Los cimientos de las columnas que definen las naves apoyan así mismo 
sobre la roca, pero adoptan sistemas diferentes para adaptarse a ella. A 
excepción de las cuatro pilastras que están en contacto con el cierre occiden- 
tal, a las que nos referiremos más adelante, las columnas tienen un cimiento 
que consiste en zapatas cuadrangulares de ladrillo. Ahora bien, en algunos 
casos las zapatas apoyan directamente sobre la roca, mientras que en otros, 
las zapatas descansan sobre muros corridos que les sirven de sostén. Dos de 
estos muros soportan las dos series de colunmas que forman la nave central 
(nave 3), y son paralelos a su eje. Un tercero sirve de apoyo a las colunmas 
más occidentales que separan la nave 1 de la nave 2. Llama la atención el 
hecho de que en donde la roca se encuentra a mayor profundidad, no se 
utilice el sistema de cimentación corrida, como es el caso de la serie de 
columnas más septentrionales: todas ellas tienen zapatas de ladñllo que sólo 
en el caso de las tres orientales apoyan, completamente descentradas y de 
forma fortuita, en el muro de un edificio anterior a la edificación de la 
sinagoga. 

En resumen, todo el perímetro de la sinagoga está cimentada en el terreno 
natural a través de muros continuos. Los cimientos de las columnas son 
zapatas cuadrangulares que en unos casos descansan en muros corridos y en 
otros directamente en la roca, independientemente de la profundidad a la que 
ésta se encuentre. 

El análisis de la cimentación permite extraer algunas conclusiones sobre 
el edificio. Czekelius sostuvo que la sinagoga había sido cortada por el Oeste, 
suprimiéndose la galería de mujeres. Las naves serían originalmente más 
largas y la actual fachada occidental sería un simple relleno de los huecos de 
dicha galería^. 

Contamos con varios elementos que nos permiten rechazar definitivamen- 
te esta hipótesis. El primero de ellos es propia existencia del cimiento del 
muro occidental. Se trata de un único muro de mampuesto con verdugadas de 
ladrillo, construido a la vez que los cimientos Norte y Sur del edificio, como 



2 OUü Czekelius: "Antiguas sinagogas de España", Arquitectura, Octubre 1931, pág. 12. 



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Arquelogia de Santa María la Blanca 



351 



se deduce de los encuentros entre ellos: las esquinas están enjarjadas y no se 
observan diferencias constructivas en ellas. 

El segundo es el modo en el que se relaciona el cimiento del muro 
occidental con las cimentaciones corridas de las columnas. Estas se adosan al 
cimiento de la fachada occidental, lo que indica que son constructivamente 
posteriores: se empiezan a levantar una vez que el cierre occidental está 
acabado en sus cimientos. Ello indica sin luiiar a dudas que la actual fachada 
corresponde en los cimientos al cierre que originalmente proyectaron aque- 
llos que construyeron la sinagoga. 

El tercer elemento lo proporciona la excavación realizada en jardín de la 
sinagoga. Precisamente para verificar la hipótesis de Czekelius se excavó una 
franja de terreno adyacente a la fachada de la sinagoga. La mayor parte de los 
hallazgos realizados en este lugar son estructuras de habitación posteriores a 
la sinagoga que pueden ser fechadas a partir del siglo XVI y que se vieron 
sometidas a varias reformas. Los muros de cimentación de las columnas no 
tienen su prolongación en el patio, como cabría suponer si la sinagoga estu- 
viera cortada. Tan sólo tienen su reflejo en tres machones de ladrillo que 
están enjarjados al cimiento del cierre occidental de la sinagoga, lo que 
denota que su construcción es contemporánea. Conservamos sus plantas com- 
pletas y son un reforzamiento del cimiento del cierre occidental, funcionando, 
probablemente, como contrafuertes. Estos machones ñieron parcialmente cor- 
tados en vertical, pero sólo cuando se construyeron las habitaciones del siglo 
XVI o cuando éstas se reforman^. 

Por último, la hipótesis de Czekelius implica que las cuatro colunmas y 
los capiteles que están en contacto con el cierre occidental deberían encon- 
trarse embutidos en el muro. Sin embargo, esto no es así. En realidad de trata 
de cuatro pilastras adosadas al cierre. Tres de ellas descansan en los cimentos 



3 En un informe preliminar realizado a la conclusión de la exca\ación efectué una 
lectura errónea, y contradictoria, por preciiiitada, de los datos obtenidos durante los trabajos de 
campo. Ver: G. Prieto Vázquez. "Sania María la Blanca y la mezquita de Tornerías: dos 
excavaciones de urgencia en Toledo"", en Actas del Primer Congreso de Arqueología de la 
Provincia de Toledo, Toledo, 1990, págs. 459-48 1. Aquí interpreté de un modo confuso los 
machones de ladrillo enjarjados al cierre occidental de la sinagoga como prolongación de los 
muros corridos en los que descansan las columnas, quedando embutidos en el cimiento de la 
fachada Oeste. La atribución que asigné a los muros corridos dentro de la secuencia cronoló- 
gica relativa también era errónea. Lamento que estos errores hayan podido inducir a confusio- 
nes. 



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352 



Germán PRIETO wkLQiUEZ 



corridos, conservando su forma trapezoidal. La más septentrional carece 
completamente de cimientos: apoya simplemente en el relleno que había 
inmediatamL-nle debajo del piso de la sinagoga. Se construyeron, por tanto, 
después de que se levantara el muro al que se adosan. Durante la restauración 
de los capiteles se pudo comprobar, además, que al menos dos de ellos (el 
más septentrional y el más meridional) tienen su apoyo en ménsulas de piedra 
que se integran en el muro, siendo las pilastras, por tanto, añadidos que nada 
tienen que ver con la construcción original de la sinagoga. 

En consecuencia, la hipótesis de Czekelius ha de ser definitivamente 
descartada. Todos los datos que poseemos apuntan en la dirección de que el 
actual cierre Oeste de la sinagoga es estructuralmente el mismo que tenía 
cuando se construyó. 

La localización de la galería de mujeres es un asunto sobre el cual la 
arqueología no ha aportado ningún testimonio. Sólo podemos realizar conje- 
turas sobre su situación y su estructura. La restauración de la fachada Oeste 
llevada a cabo por Francisco Jurado, que ha consistido en la apertura de unos 
huecos que han sido después cerrados con un acristalamiento y una celosía de 
madera, parte en una de esas conjeturas: la tribuna de mujeres sería una 
estructura, probablemente de madera, situada a media altura en el cierre 
occidental de la sinagoga y volada hacia el exterior. Si bien la existencia de 
esos huecos en la fábrica del muro es indudable (estaban rellenados de rasilla 
y mortero), no es seguro que puedan ponerse en relación con la galería de 
mujeres. Habria que preguntarse cómo se sustentaba esta estructura volada y 
por dónde se accedía a ella. También pudiera ser que estuviera reservada a las 
mujeres alguna de las naves extremas de la sinagoga, la cual se separaría del 
resto por algún tipo de construcción liviana o por simples cortmas. En cual- 
quier caso, la única posibilidad de aportar alguna luz sobre la galería de 
mujeres consiste en desencalar las paredes interiores del edificio. Si la galería 
estaba formada por algún tipo estructura constructiva, es posible que aún 
queden sus huellas en los muros. 

Del estudio de las cimentaciones se deduce otra consecuencia, en parte 
implícita en lo anterior. No existen discordancias relevantes entre la planta de 
la sinagoga y la disposición perimetral de sus cimientos^. Si a ello añadimos, 



4 El cambio de dirección que se observa en el extremo occidental de la fachada Norte, 
produciendo un cierto achaflanamiento en la esquina, tiene su correspondencia también en el 
cimiento, si bien, aquí es más pronunciado. 



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Arquelogta de Santa María la Blanca 



353 



como ya hemos indicado, que los cimientos Norte y Oeste son muros unita- 
rios en los que no se aprecian diferencias constructivas, podemos afirmar que 
la estructura actual del edificio es en planta básicamente la misma que la que 
tenía en el momento de su construcción. Es decir, la excavación del subsuelo 
de la sinagoga no ha proporcionado indicios relacionados con fases construc- 
tivas que nos permitan afirmar que el edificio actual sea el producto de la 
reconstrucción o de la reforma de una edificación más antigua. Cieilamente, 
habría que completar la documentación arqueológica con un análisis de los 
muros de la sinagoga para lo que sería suficiente con desencalar los paramen- 
tos interiores de la misma. En este sentido, un dato que podemos aportar está 
relacionado con los arcos apuntados localizados en los laterales de la capilla 
central puestos al descubierto durante la restauración de 1988^ Estos arcos 
están reahzados a la vez que el muro en el que se abren, construyéndose al 
mismo tiempo que los arcos de herradura que están junto a ellos. Por tanto, 
los arcos apuntados nada tienen que ver con una reforma o una ampliación de 
la sinagoga^ 

En resumen, la conclusión que se extrae del estudio de la cimentación de 
los muros de la sinagoga es que su estructura actual es básicamente la misma 
que cuando fue construida. Las únicas reformas que sufre el edificio son las 
que se producen después de que sea transformada en templo cristiano, las 
cuales, por otra parte, no modificaron esencialmente la disposición que la 
sinagoga presenta en planta. 

La sinagoga se construyó en un lugar en el que ya habían existido edifica- 
ciones. Algunas habían sido abandonadas o estaban ya destruidas cuando se 



5 En la actualidad el arquitecto encargado de la restauración y yo mismo estamos 
trabajando en la elaboración de una memoria conjunta sobre nuestra intervención en la sinago- 
ga en la que recopilaremos de forma exhaustiva los datos obtenidos. Dentro de este proyecto, 
hemos decidido acometer el estudio estructural y constructivo de la cabecera del edificio, que 

actualmente es la que más problemas plantea: las modificaciones atribuidas a Covarrubias. con 
la construcción de las capillas, dificulta la comprensión de este espacio en su configuración 
original. Sin embargo, la actuación de Covarrubias no parece haber transformado drásticamen- 
te la estructura inicial. Por ello estamos seguros de que un análisis minucioso de los muros de 
la zona podrá aportar datos de interés sobre su articulación primitiva. 

6 En un trabajo reciente Teresa Pérez Higuera sostiene que la existencia de los arcos 
apuntados sugiere dos fases constructivas en la construcción del edificio. Esta hipótesis no se 
confirma con \os datos que actualmente poseemos. Ver VV.AA.: Arquitecturas de Toledo, 
Toledo, 1992, Vol. 1, pág. 372. 



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354 



Germán PRIETO VÁZQUEZ 



comenzó a levantar la sinagoga. Otras fueron probablemente demolidas como 
consecuencia de las obras. En cualquier caso, no influyeron en la planta o en 
la estructura del templo judío, ni tuvieron relación con él. 

Lo que nos queda de estos edificios son básicamente muros que describen 
una orientación predominante Norte-Sur. En general están cortados por las 
cimentaciones de la sinagoga, quedando, en ocasiones, embutidos en la fábri- 
ca de los cimientos (fig. 2). 

Varios de los muros pertenecen a un único edificio que tiene dos caracte- 
rísticas fundamentales: posee dependencias decoradas con zócalos pintados y 
estaba relacionado con el agua. Sólo conocemos parte del muro que cierra 
dichas dependencias por el Este y un tramo del tabique de una de las habita- 
ciones (fig. 2, muros 1 y 2). El muro de cierre es de mampuestos irregulares 
sobre los que descansa una hilada de ladrillos dispuestos a tizón, coincidien- 
do con su superficie de destrucción. Se va adaptando al desnivel del terreno, 
muy acusado a veces, y en algunos pimtos conserva un cimiento de piedras y 
mortero que, a modo de z^ata, sobresale de la vertical del muro. Su longitud 
conocida es de 13,60 m, su anchura media es de 0,70 m y la altura máxima 
conservada es de 1,40 m. Los cimientos de la sinagoga lo cortan dividiéndolo 
en tres tramos. Se adosa él, por el Oeste, un tabique de características cons- 
tructivas similares. Es más estrecho (0,60 m) y la longitud conocida del 
mismo es de 5,20 m. La altura máxima conservada coincide con la esquina 
que forma con el muro principal, siendo de 0,70 m. En el resto sólo se 
mantiene en pie unos 0,40 m de su alzado. 

Los zócalos pintados decoraban toda la cara occidental del muro principal 
y las dos del tabique. Algunos fragmentos estaban todavía adheridos a las 
paredes, pero la mayor parte se encontraron en los estratos procedentes de la 
destrucción de los muros. En la habitación septentrional, definida por el muro 
y el tabique, se descubrió, in situ el fragmento más importante (fig. 3). Tiene 
una longitud de 1,30 m y una altura de 0,60 m lo que nos permite describir el 
motivo decorativo y la técnica empleada en su ejecución. 

Predomina un motivo geométrico compuesto de cadenas y círculos trazados 
con cintas rojas pintadas con almagra sobre fondo blanco. Una laceria de dos 
cintas, una de las cuales remata formando la cabeza de ima serpiente, enmarca las 
cadenas y los círculos separándolos de una cenefa vertical en la se representan 
una serie de peces. Esta cenefa hace esquina con otra en la que los peces están en 
posición inversa. En la parte inferior, una banda roja delimita la pintura de lo que 
sería el suelo de la habitación, del cual sólo se conservan las huellas en los muros. 



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Figura 2: Estructuras anteriores a la sinagoga. 



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Germán PRIETO VÁZQUEZ 




Figura 3: Decoración pintada de uno de los muros anteriores a la sinagoga. 

El Óxido de hierro que da los tonos rojos está aplicado sobre una base 
blanca, en la que previamente, y todavía húmeda, se ha bocetado la decora- 
ción con un punzón, quedando grabadas las incisiones resultantes. Después, 
las líneas maestras del dibujo se trazan con una cuerda empapada en rojo muy 
diluido que, tras tensarla, se suelta contra la pared. A continuación se pintan 
los contornos de los motivos con el color aún diluido, corrigiendo el boceto 
inicial. Finalmente se rellena el conjunto de rojo con la intensidad del color 
requerida. La base blanca, que parece ser un estuco\ está aplicada a la pared 
sobre una capa de argamasa más basta en la que se han realizado incisiones 
para favorecer la adherencia**. 

Si los zócalos pintados caracterizan los restos de este edifico, no menos 
significativa es la relación que tiene con el agua. Efectivamente, en la base 
del muro principal, en la cara Este, se sitúa un canal o atarjea tallado en la 



7 Actualmente se están analizando muestras de las pinturas con el objeto de precisar su 
composición. 

8 La conservación del zócalo pintado era en general bastante deficiente. Fueron inmedia- 
tamente sometidas a un proceso inicial de limpieza y consolidación, pero su estado hizo 
aconsejable su extracción. Actualmente se encuentran depositadas en el Museo de Santa Cruz 
(Toledo) convenientemente restauradas junto con los demás fragmentos hallados. 



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Arqnelogía de Santa María la Blanca 



357 




Figura 4: Esquema del alzado Oeste del muro decorado. 



roca que lo recorre en dos de los tres tramos en los que este muro se encuentra 
dividido por los cimientos de la sinagoga. El tercer tramo, el más meridional, 
está asociado a un pozo que aún hoy tiene agua limpia y que aparentemente 
estuvo en uso contemporáneamente al edificio. 

El canal tiene una pendiente de Sur a Norte y estaba protegido por lajas de 
granito de las que se hallaron restos. Posee dos derivaciones: la primera se 
sitúa a la altura del tabique, recorriéndolo junto a su cara sur. Aunque el 
arranque de esta derivación queda parcialmente oculto por los cimientos de la 
sinagoga, se conserva en la base del tabique descubierto en la excavación del 
jardín. La segunda derivación se encuentra en el tramo central del muro 
principal. Aquí la roca describe una fuerte pendiente y fue seccionada en 
vertical para integrarla como parte del muro. A la vez se talló en la roca la 
derivación del canal, talla que llega a alcanzar los ochenta centímetros de 
profundidad: en la parte inferior se colocaron unos ladrillos a modo de 
protección que indican el nivel al que de discurriría el agua (fíg. 4). El trazado 
de esta derivación describe una dirección Este-Oeste, como el anterior, pero 
queda oculto por los cimientos de la sinagoga, desconociéndose su trayecto- 
ria, que en este caso no continúa en el jardín. Es posible que la segunda 
derivación estuviera relacionada con otro tabique adosado al muro, como 
puede deducirse de algunas huellas de mortero que se conservan en su alzado. 



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358 



Germán PRIETO VÁZQUEZ 



Como hemos indicado, no se encuentra la continuación de la atarjea hacia 
el sur, siguiendo la dirección del muro. Sin embargo, sí existía una conduc- 
ción tallada también en roca pero más superficial que está cortada por los 
cimientos de la sinagoga. Desconocemos su procedencia, pero posiblemente 
tiene que ver con los restos de otro canal que localizamos en la nave 2 de la 
sinagoga (fig. 2). Se conserva un tramo de 4.20 m y tiene una pendiente 
constante de Este a Oeste. Pasa debajo de un muro (muro 4) que no lo 
interrumpe, lo que indica que estuvieron en uso al mismo tiempo. Al Este de 
muro, el canal, además de haber sido tallado en la roca, cuenta con una 
estructura de piedras que lo delimitan y que queda integrado en la construc- 
ción del muro. 

Estamos, por tanto, ante los restos de un edificio de cierta relevancia cuyas 
dependencias decoradas contaban, en el subsuelo, con un sistema de canales. 
Desconocemos su planta completa, pero sin duda era bastante grande: conti- 
nuaba hacia el Norte, en donde el muro principal queda embutido en el 
cimiento del cierre de la sinagoga, y probablemente también continuaba por 
el Sur: aquí queda interrumpido por uno de los muros corridos que soportan 
las columnas de la sinagoga y, desafortunadamente, la construcción en la 
nave meridional de unas dependencias abovedadas talladas en la roca que 
datan del siglo XVIII, impiden determinar si efectivamente seguía por este 
lado. Sin duda se extendía hacia el Oeste, en el jardín actual. Desconocemos 
también sus accesos: en los muros hallados no hay restos de vanos. Sólo 
contamos en este sentido con una indicación: en la excavación del jardín se 
hallaron los restos de un muro (fíg. 2, muro 8) cuyo extremo meridional 
acaba en una pieza de granito colocado a tizón que sin duda corresponde a 
una jamba. Es un muro anterior a la sinagoga (está cortado por uno de los 
machones de ladrillo del cierre occidental del templo). La vinculación de este 
muro con el resto del ediñco en cuestión se basa en dos elementos no del todo 
concluyeme: es de la misma factura constructiva y se hallaron de restos de 
pinturas, muy escasos esta vez, en los estratos adyacentes, al pie de la cara 
Norte. 

En la excavación se encontró otro muro que sin duda estuvo relacionado 
con el edifício al que nos estamos refiriendo: probablemente formó parte de 
una de sus fachadas (fíg. 2, muro 3). Se sitúa al Este del muro decorado y es 
paralelo a él. Son similares en cuanto a la técnica constructiva y comparten el 
mismo módulo. Se encuentra más sóUdamente cimentado a base de zapatas 
anchas fabricadas con piedras y mortero. A diferencia de los demás, en él se 



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Arquelügía de Santa María la Blanca 



359 



pueden diferenciar etapas constructivas diferentes a las que ahora no nos 
vamos a referir. Este muro, que está también dividido en tres tramos por los 
cimientos de la sinagoga, tiene dos vanos: uno en el tramo central y otro en el 
meridional. Ambos constituyeron puertas y al menos la situada en el tramo 
central estuvo inicialmente en uso a la vez que el canal y, por tanto, que las 
habitaciones decoradas. El espacio útil entre los muros paralelos es de apenas 
1.20 m: parece ser, en consecuencia, un pasillo de servicio para acceder a la 
atarjea el cual tiene, a la vez, un acceso independiente desde el exterior del 
edificio. 

La utilidad y la cronología son los aspectos cruciales de esta construcción. 
Sobre el primero no nos atrevemos todavía a aventurar hipótesis. Situado en 
un lugar en el que desde siempre se ha ubicado la judería, no cabe duda de 
que se trata de un edificio relacionado con la comunidad hebrea. Su eventual 
complejidad (canales relacionados con habitaciones, un espacio reservado 
para el mantenimiento del canal principal, un acceso independiente al mis- 
mo), la relativa suntuosidad de sus paredes, decoradas con zócalos pintados y 
las amplias dimensiones que sin duda tuvo, nos induciría a sospechar que se 
trata de un edificio público. Su asociación evidente con el agua, acentuada 
con la presencia de los peces en el motivo decorativo, nos llevaría a pensar 
que estamos ante la presencia de unos baños que no necesariamente habrían 
de tener un carácter específicamente ritual. Sin embargo, nada es seguro. 
Podría tratarse de los restos de una rica mansión privada. La excavación 
completa del jardín de la actual sinagoga, poco costosa y fácil de realizar, 
aportaría ciertamente datos valiosos y concluyentes sobre un edificio que en 
todo caso debió se importante y singular en el conjunto de la aljama. 

Los problemas cronológicos que siempre ha planteado la sinagoga de 
Santa María la Blanca exigen datar con precisión los restos del edificio, lo 
cual no es una tarea fácil.. El estilo y los motivos de los zócalos pintados 
deberían ser suficientes para ello, pero no es así. Lacerías similares, en 
ocasiones asociadas a motivos vegetales, se eneueiiiran en zócalos leeliados a 
fmales del periodo de las primeras taifas y principios de la época almorávide*^. 
conociéndose precedentes en el siglo X'". Adquieren un gran desarrollo a 



9 Gómez Moreno, Ars Hispaniae, Vol. m: «Arte árabe español hasta los almohades», 
Madrid, 19S1. pág. 268. 

10 L. Torres Balbás, «La chilla del Castillo de Brihuega las edificaciones de D. Rodrigo 
Jiménez de Rada», 1941. En Obra Dispersa m, vol. 10, pág. 9. 



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360 



Germán PRIETO VÁZQUEZ 



partir de la segunda mitad del siglo XII. siendo freeuentcs en edificios de 
nueva planta de tradición mudéjar o bien en edificios remodelados siguiendo 
dicho estilo, en donde se asocian a motivos zoomorfos". Los paralelos for- 
males más cercanos a las pinturas halladas en el subsuelo de Santa María la 
Blanca se encuentran en los zócalos de la Torre de Hércules de Segovia 
(fechados a finales del siglo XII o comienzos del XIII), en algunos elementos 
que decoran el ábside del Cristo de la Luz (de comienzos del siglo XIII) y en 
los zócalos pintados de la capilla del Castillos de Brihuega (del siglo Xíll). 

En consecuencia, el abanico cronológico de las decoraciones halladas en 
el subsuelo de la sinagoga se puede situar en cualquier momento entre finales 
del siglo XII y, al menos, mediados del siglo XIII. Coincide básicamente con 
las diferentes fechas tradicionalmente atribuidas a la construcción o a la 
reconstrucción de la sinagoga de Santa María la Blanca: así, entre otros. 
Cantera Burgos la sitúa a finales del siglo XII'-, Gómez Moreno a comienzos 
del Xm'\ Torres Balbás hacia 1270 y Czekeüus entre 1250 y 1300'^ al igual 
que Pavón Maldonado'\ 

Tal coincidencia sería desde luego posible si, como sostienen algunos 
autores, la sinagoga que conocemos fuera el producto de la remodelación o 
de la reconstrucción parcial de la Sinagoga Nueva, destruida por un incendio 
hacia 1250'^, y si pudiéramos relacionar la sinagoga con el edificio del que 
estamos tratando, asociándolo a alguna de sus fases. Sin embargo, como ya 
hemos puesto de manifiesto al referimos al análisis de la cimentación de la 
sinagoga, ésta es una edificación en su totalidad de nueva planta que no posee 
ninguna relación con las estructuras halladas en el subsuelo y que no está para 
nada infinida por ellas. Es más, cuando se construyó la sinagoga hacía ya 
tiempo (el problema es cuánto), que el edificio había sido abandonado, los 
muros de zócalos pintados habían sido parcialmente derruidos y los canales 
se habían cegado y estaban abandonados. En su lugar, y reaprovechando 



1 1 L. Torres Balbás. Ars Hispaniae, Vol. IV: "Arte Almohade. Arte Nazari. Arte mude- 
jar", Madrid, 1949, pág. 377. 

12 Cantera Burgos, Sinagogas Españolas. Madrid, 1955, pág. 42. 

13 Gómez Moreno, «La ornamentación mudéjar toledana». Arquitectura Española, Ma- 
drid, 1951. 

14 C/ekelius, Op. cií.. pág. 8. 

15 Pa\ (ni Maldonado. Arte toledano, islámico y mudéjar, Madrid, 1973. pág. 80. 

16 Ver. por ejemplo, en VV.AA.: Arquitecturas de Toledo. Toledo. 1992, Vol. I, el 
apartado que T. PÉREZ HIGUERA dedica a Santa María la Blanca, pág. 369 y ss. 



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Arquelogta de Santa Marta la Blanca 



361 



algunos elementos, se habían levantado otras construcciones, más pobres y de 
peor factura, en las que se documentan al menos tres reformas, lo que indica, 
también, un cierto tiempo de uso de estas estructuras. Son estas construccio- 
nes, a las que nos referiremos a continuación con brevedad, las que fueron 
seguramente demolidas como consecuencia del levantamiento de la sinago- 
ga". 

Efectivamente, sin que podamos precisar la causa, el muro cuya cara 
occidental contenía los zócalos (Fig. 2. murol) fue derruido hasta una cota 
intencionada en los tramos correspondientes a las na\ es 3 y 4 de la sinagoga. 
Parte del material procedente del derribo, aquél que no se podía reaprovechar, 
se utili/ó para colmatar las habitaciones situadas al Oeste del muro. En ese 
momento ya habían desaparecido los suelos de las habitaciones y las cubier- 
tas: no se hallaron restos de ninguno de estos elementos, lo cual suele ser 
habitual cuando se produce un desplome. A la vez se relleno intencionada- 
mente el pasillo en el que se ubicaba el canal entre los muros 1 y 3, hasta la 
cota de derribo del muro 1 , y se modificó la puerta situada en el tramo central 
del muro 3: se levantó su umbral hasta una cota similar. El antiguo pasillo de 
servicio, una vez rellenado, se pavimentó con un suelo de ladrillos formando 
espiga cuyo borde oriental limitaba con el muro 3. El muro de los zócalos 
pintados quedaba así oculto e inutilizado en los dos tramos septentrionales. 
Desconocemos las extensión de este pavimento hacia el Oeste: se cortó 
cuando se construyó la sinagoga. A la vez se adosó un tabique de mampues- 
tos al muro 3, cerca de la jamba Norte de la puerta, que cimentado en los 
rellenos y no en la roca, iba a morir, adosado, a un muro anterior situado más 
al Este (muro 4), dando lugar una habitación de la que desconocemos con 
seguridad el cierre meridional'^, pero que sin duda estaba relacionada con 
otra situada al Sur delimitada por el tramo meridional del muro 3, al Oeste, y 
el muro 4, al Este. Es ahora cuando el canal asociado al muro 4 se inutiliza. 
También parece pertenecer a este momento el vano situado en el extremo Sur 
del muro 3: su umbral se encuentra a la misma cota que el de la puerta 
anteriormente reseñada. Estas dependencias, como hemos indicado, son obje- 
to de reformas y modificaciones que expondremos en otra ocasión. 

En resumen, creemos que es razonable, a la luz de todo lo aportado, dilatar 
el tiempo que transcurre entre el momento de construcción del edificio some- 

1 7 En toda el área excavada no se hallaron datos que pueda relacionarse con las huellas de 
un incendio, ni en lo que se refiere a los estratos horizontales, ni a los verticales. 

18 El estudio completo de todas las estructuras está actualmente efectuándose. 



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Gennán PRIETO VÁZQUEZ 



lamente analizado y el momento en que se construyó la sinagoga. De otro 
modo tendríamos que pensar en una actividad constructiva en la judería 
toledana, poco menos que frenética, que nos llevaría a una remodelación de 
importantes sectores urbanos en un corto periodo de tiempo, lo cual no parece 
ser el caso. 

En nuestra opinión (y con las reservas que nos impone el no haber con- 
cluido el análisis y estudio de todos los datos obtenidos en la excavación''') 
creemos que la sinagoga de Santa María la Blanca debe ser considerado como 
un edificio cuya actual estructura corresponde casi exactamente a la que tuvo 
en el momento de su construcción, erigida íntegramente de nueva planta entre 
mediados y finales del siglo XIII. Por otra parte, es posible así mismo, sin que 
ello contradiga lo anteriormente enunciado respecto de la sinagoga, que los 
zócalos pintados sean un ejemplo temprano de decoración de estilo mudejar^ 
pudieüdo ser fechado a mediados del siglo XII, o incluso antes. 



19 Recientemente hemos comenzado el análisis de los materiales cerámicos, los cuales, 
sin duda aportarán datos de interés. Quiero agradecer a Yasmina Álvarez las amables indica- 
ciones que sobre el material cerámico nos ha proporcionado. 



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V 



LO DE HOY 




Perspectiva del Centro de Educación General Básica en La Moraleja. Arquitecto: 

Moisés Benbunán. 



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PATRIMONIO fflSPANOJÜDÍO CONTEMPORÁNEO 



Abraham Hassán 

Arquitecto 



INTRODUCCIÓN 

Antes de comenzar con el tema de esta ponencia, quiero resaltar que el 
patrimonio hispano judío contemporáneo se reduce a contadas ciudades de la 
geografía nacional donde se concentran las comunidades más importantes, y 
abarca a edificios y locales de índole religioso y civil. Aunque escaso y con 
valor estético limitado, dicho patrimonio resume con gran exactitud la histo- 
ria de los judíos españoles en el presente siglo, con una mezcla de tremendas 
dificultades, de voluntades muy encontradas y de un afán de reencuentro con 
las raíces sefardíes. Las colectividades israelitas en España se ubican mayori- 
tariamente a lo largo de toda la costa mediteiTánea peninsular, además de las 
provincias de Madrid y Sevilla; en los archipiélagos balear y canario; y en las 
dos plazas norteafricanas de Ceuta y Melilla. 

Después de casi cuatro siglos de ausencia total de vida judía de forma 
oficial en España, se puede considerar el año 1860 como el punto de in- 
flexión, a partir del cual, algo empieza a cambiar en este país a nivel político 
y social con respecto al asentamiento tolerado de judíos desde la expulsión. 
Algunos hebreos de Marruecos se instalan en Sevilla y forman allí la primera 



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Abraham HASSÁN 



comunidad judía mínimamente organizada. Paralelamente no hay que olvi- 
dar que en esa época, es España quien entra en las juderías del norte de 
Marruecos en lo que se llamó el Protectorado. Más tarde, en 1870, durante la 
visita del rey a la capital andaluza, las autoridades locales conceden un 
permiso para construir un cementerio judío, que aún perdura actualmente. Es 
pues, el inicio de la historia patrimonial contemporánea de los judíos en la 
España peninsular. Posteriormente se crea una pequeña sinagoga en el núme- 
ro 9 de la calle Lumbreras, que se destruye en 1904 por un fulminante 
incendio. 

¿QUÉ SE ENTIENDE COMO PATRIMONIO ARQUITECTÓNICO 
JUDÍO? 

Antes de continuar, definiré los elementos que componen las necesidades 
básicas de una comunidad judía y que considero su patrimonio. Como ele- 
mento fundamental está la sinagoga o lugar de oración que tiene también 
entre los hebreos un valor social y de punto de encuentro y reunión. Se puede 
considerar una sinagoga desde un piso o local pequeño hasta un edificio 
exclusivo, con la característica común en la península ibérica por su situación 
geográfica, que la dirección del rezo debe estar orientada hacia el este, 
consolidando en ese sentido el vínculo con la tierra de Israel. La estructura 
sinagogal se completa con el Hejal o armario dónde se guardan los sefarim o 
rollos de la ley, con la Tebá o pupitre fi-ente al Hejal dónde oficia el rabino 
o la persona más capacitada del público o Kahal para éste cometido y con la 
Azará o zona separada para las mujeres en las sinagogas ortodoxas. En el 
plano descriptivo del mapa patrimonial, hago la distinción entre oratorio que 
corresponde a un piso o local habilitado para la oración y reunión, y gran 
sinagoga como edificio exclusivo, que además abarca otras actividades co- 
munitarias independientemente de las religiosas. 

Seguidamente hablaré del cementerio que no se diferencia de cualquier 
otro, excepto que no están permitidos los enterramientos en nichos. Por otra 
parte debe tener un habitáculo para la Rejitsá o lavado ritual del fallecido que 
realizan los miembros de la Hebrá Kadishá o Hermandad altruista que se 
dedica a estos menesteres. Se sobreentiende que está terminantemente prohi- 
bida cualquier imaginería religiosa, limitándose cada sepultura a una piedra 
con algunas inscripciones sobre el fallecido, muchas veces en hebreo y coro- 
nando la lápida la estrella de David. En algunos cementerios se puede encon- 



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Patrimonio bispanojudío contemporáneo 



367 



trar la «guenizá» o lugar dónde se guardan los libros de oración y rollos de la 
ley viejos o caducados para el uso, pues según la tradición religiosa judía no 
se deben destruir. La ubicación de la «guenizá» puede ser en un lugar reser- 
vado para tal efecto dentro del recinto del cementerio, o en la cabecera de la 
sepultura de un rabino o de un hombre sabio. 

Ni los complejos recreativos y deportivos ni las escuelas tienen particu- 
laridad especial alguna desde el punto de vista arquitectónico, excepto que 
son frecuentados por los miembros comunitarios, y donde en el caso de estas 
últimas, se imparte enseñanza de hebreo y cultura judía. Es normal que en 
estos centros existan comedores casher, es decir, que ofrecen comidas según 
la dieta prescrita por la ley mosaica. 

Me permito hacer referencia en esta exposición, a monumentos y espacios 
públicos proyectados por arquitectos y con temática relacionada con el ju- 
daismo, realizados en nuestro territorio y de bastante interés artístico. Sin 
embargo no haré mención a parte del patrimonio judío medieval rehabilitado 
por el estado u otras instituciones según los casos, como por ejemplo los más 
emblemáticos del Cali de Girona y del Conjunto Museo Sefardí-Sinagoga del 
Tránsito de Toledo, y que considero patrimonio de todos los españoles, sean 
judíos o no. Tampoco recojo la obra arquitectónica, circunstancialmente pro- 
lífica, de grandes arquitectos judíos actuales, con los edificios muy comenta- 
dos hoy en día del museo Guggenheim de Bilbao y del Museo de Arte 
Contemporáneo de Barcelona. 

UN POCO DE HISTORIA 

Es pues a finales del siglo XIX, dónde se reinicia la vida judía en España. 
Los ya mencionados cementerio y sinagoga de Sevilla, son los primeros 
intentos de una incipiente comunidad. La población hebrea era escasa en 
número y su posible crecimiento tenía serias dificultades: por un lado la poca 
recepción de la sociedad española y por otro la no derogación del edicto de 
expulsión de 1492 que disuade a muchos judíos a venir, unido a la intoleran- 
cia religiosa. El recuerdo de la Inquisición sigue en la memoria del pueblo 
judío al igual que el anatema o herem por el que se condenaba a lodo hebreo 
que regresara a Sefarad, pese a que no existiera de él constancia histórica. 
Contra todas estas premisas, los judíos empiezan a asentarse en este país y a 
organizar pequeñas colectividades, como la ya mencionada de Sevilla, ade- 
más de las de Madrid y Barcelona. 



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368 



Abraham HASSÁN 



La primera agrupación madrileña data de 1 895, pero es en 1917 cuando se 
obtiene el permiso gubernamental para inaugurar una sinagoga que se ubica 
en el número 5 de la calle Príncipe. El local se encuentra en un segundo piso 
y es propiedad de Ignacio Bauer, uno de los judíos más iníluyentes y repre- 
sentativos de esa época y que además tiene buenas relaciones con la Casa 
Real. 

Paralelamente en el tiempo, se constituye la Comunidad Israelita de Bar- 
celona, dónde en 1919 se alquila para sinagoga la planta baja de un chalet o 
torre en la confluencia de las calles Bahnes y Provenza, en pleno centro del 
ensanche barcelonés. Progresivamente, en los cuatro años siguientes, se ocu- 
pa la totalidad del ediñcio, dada la fuerte inmigración de judíos turcos y 
alemanes. 

A principios del siglo XX, la estructura social de la Comunidad Israelita 
de Madrid, difíere de sus homologas de Barcelona y Sevilla. En la capital hay 
mayoría de personas de alto nivel económico que llegan a España por moti- 
vos laborales amparados por grandes entidades ñnancieras europeas occiden- 
tales. En Sevilla se instalan judíos del norte de Marruecos de origen humilde 
y a Barcelona llegan judíos del este de Europa y turcos sefardíes por motiva- 
ciones políticas a raíz de la primera guerra mundial. Así el origen demográfi- 
co de las distintas comunidades españolas es muy diverso en esa época, 
manteniéndose un germen minoritario entonces de judíos marroquíes. Este 
último irá consolidándose en el transcurso de este siglo hasta convertirse 
actualmente en el origen predominante del judaismo español. 

Siguiendo en el periodo de entreguerras, se consigue en Madrid una parcela 
exclusiva para la comunidad judía en el cementerio de la Almudena, lindando 
con el recinto civil. Consta de muros de ladrillo perimetrales y un gran portón 
metálico hacia la Avenida de Daroca. Tiene un eje arbolado central que 
desemboca en la «rejitsá» y en un pequeño velatorio contiguo. No tiene 
ningún valor estético en su conjunto, pero está perfectamente consolidado en 
su entorno uibanístico inmediato. Actualmente está al completo. Igualmente en 
el cementerio civil de Madrid, medianero con el anterior, se pueden conpnobar 
gran cantidad de tumbas judías con la estrella de David en la cabecera. 

A principios de siglo los enterramientos hebreos de Barcelona se realiza- 
ban en el cementerio de Montjuich, sin ningún recinto acotado para la comu- 
nidad. Más adelante se consigue un terreno dentro del cementerio de Sant 
Andrcu. aunque rodeado de nichos de otras confesiones. Posteriormente la 
comunidad israelita barcelonesa obtiene una paicela dentro del cementerio 



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Fatrimuniu bispanojudío conteniponincu 



369 



católico de Las Corts. Este último se convierte, con el transcurso del tiempo, 
en el cementerio judío por excelencia de la capital catalana. 

La guerra civil española trae la desolación a las agrupaciones hebreas de 
Madrid y Barcelona. La primera desaparece prácticamente con la llegada de 
las tropas nacionales. La Comimidad de Barcelona es la última en actuar 
como tal en suelo republicano y uno de sus últimos servicios se dedica a rezar 
por la suerte de los judíos alemanes. En 1939, grupos falangistas saquean el 
centro comunal y profanan la sinagoga. A partir de aquella fecha la vida 
comunitaria española pasa a la clandestinidad, teniendo lugar sus actividades 
religiosas y sociales en casas privadas. El culto hebreo no está permitido en la 
postguerra; no hay sinagogas abiertas ni permiso para la libre práctica religio- 
sa ni siquiera en privado. Esta situación de clandestinidad duró aproximada- 
mente hasta 1946. 

En Barcelona se busca, desde esta fecha, im solar para la edificación de un 
centro comunal. Mientras, se opta por locales de alquiler, a saber, el primero 
en la Avenida de Roma, que constaba de oratorios sefardí y ashkenazí, 
además de vivienda para el rabino; el segundo y más duradero, en el número 
183 de la calle Muntaner con sinagoga sefardí y centro social. A la vez que 
éste último, se habilitó un piso para el servicio ashkenazí en la calle Córcega. 
Las fiestas y reuniones importantes se daban en el Teatio Lliure y en el Salón 
Rosa del Pasco de Gracia. 

En 1947, la colonia judía de Madrid inicia una etapa de crecimiento. Ese 
mismo año se inaugura una pequeña sinagoga que funciona sin permiso 
gubernativo. El oratorio se ubicaba en la calle Cardenal Cisneros 62. Se 
trataba de un semisótano de pequeñas dimensiones, con capacidad para 30 
personas. 

Hay un factor determinante que hará cambiar el futuro del judaismo 
español desde esta fecha, independientemente del grado de tolerancia religio- 
sa que aumenta progresi\ amenté, no sin sobresaltos, en la España franquista. 
Ese factor es la independencia en 1956 del vecino Reino de Marruecos, que 
hará crecer poderosamente la inmigración de judíos a todo el territorio penin- 
sular, fundamentalmente desde la zona del Protectorado. 

DE 1959 EN ADELANTE. LO DE HOY EN BARCELONA Y MADRID 

En 1948 y en la ciudad condal, la comunidad adquiere un solar en la calle 
Casanova para la construcción de un centro comunitario. Por múltiples moti- 



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Abiaham HASSÁN 



vos, entre ellos, la proximidad de una iglesia y de los ataques posteriores de 
grupos fascistas, se permuta este terreno por el actual de calle Avenir dónde 
además se realizan las obras de edificación del nuevo centro, todo ello por un 
reducido diferencial de dinero. En la parcela de Casanova se llegaron a 
celebrar fiestas y actividades al aire libre. El centro comunal de la calle 
Avenir 24, entre Muntaner y Aribau, fue inaugurado en 1954, siendo presi- 
dente de la colonia barcelonesa D. David Ventura. Este edificio, rehabilitado 
en dos ocasiones, la última en la actualidad por un problema grave de alumi- 
nosis en la estructura, consta de gran sinagoga sefardí, además de micvé o 
lugar para baño ritual, en planta baja. La entreplanta está ocupada casi ínte- 
gramente por la Azara, además de oficinas y Suká o pérgola al aire libre 
donde se come durante los 8 días de la fiesta de Sukot o tabernáculos. La 
primera planta consta de sinagoga ashkenazí y de biblioteca y la segunda de 
sala de fiestas. Las plantas tercera y cuarta acogen salas para la juventud y 
centro pedagógico respectivamente. La construcción es la típica de palacete 
burgués de la primera mitad de siglo, con una fachada bastante racionalista a 
base de combinación de piedra y revoco. Se puede considerar a este edificio, 
así como el actual de Madrid de la calle Balmes, como los más significativos 
del patrimonio arquitectónico hispanojudío contemporáneo. En esos momen- 
tos la Comunidad israelita de Barcelona está muy consolidada y sin grandes 
problemas burocráticos, por sus buenas relaciones con las autoridades loca- 
les. 

Mientras tanto en Madrid, la situación es muy diferente. La pequeña 
sinagoga de Cardenal Cisneros resultaba cada día más insuficiente. Mediante 
una colecta entre los miembros de la comunidad, se reúnen los fondos para 
adquirir un local ubicado en el número 19 de la calle Pizarro. Las obras de 
acondicionamiento tardan un año y la sinagoga se inaugura el 2 de octubre de 
1959 coincidiendo con el nuevo año judío. El centro estaba ubicado en la 
segunda planta del edificio y constaba de sinagoga para 150 personas, sala de 
juegos, pequeña cafetería y oficinas. En estos años y hasta 1970, se produce 
un progresivo aumento de la colonia judía madrileña por la fuerte inmigra- 
ción de personas del norte de Marruecos, especialmente de Tánger y Tetuán. 
El influjo de esta inmigración imprime a la comunidad de Madrid un gran 
dinamismo para hacer posible la organización de una vida judía a mayor 
escala. 

En 1967 se promulga la ley de libertad religiosa, a pesar de la oposición de 
varios ministros franquistas. Paralelamente en Madrid, se adquiere un solar 



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Patrimonio hispanojudío contemporáneo 



371 



en la calle Balmes 3, dentro del distrito de Chamberí y cercano a la Plaza 
Iglesia. La ubicación no es la más indicada desde un punto de vista urbanístico, 
al ser la calle Balmes un callejón sin salida con difícil acceso motorizado, pero se 
elige por ser un lugar céntrico y bien comunicado por los transportes urbanos. 
La construcción del edificio se hace en un tiempo récord de ocho meses y se 
inaugura solemnemente con un servicio religioso el 16 de diciembre de 1968, 
coincidiendo con la festividad de Hanuká o fiesta del candelabro y siendo 
presidente de la Comunidad Israelita de Madrid D. Max Mazin. Se elige el 
proyecto en un concurso restringido internacional de arquitectos, siendo el 
ganador José Bengio. £1 diseño del edificio es totalmente racionalista en sus 
conceptos exterior e interior, siendo bastante interesante la estética moderna 
de la gran sinagoga con aporte de varios artistas de la época. Curiosamente 
esta sinagoga no está orientada a levante, sino al norte, por razones nunca 
justificadas de ubicación del edificio proyectado en el solar. Consta la cons- 
trucción de dos plantas sótano, dónde se alojan diversas salas y un gran salón 
de fiestas comunicado por un altillo a la planta baja. En el primer nivel se 
ubican las oficinas, la biblioteca, salas de estudio y un oratorio para los 
servicios en días laborables. La planta segunda está totalmente ocupada por la 
gran sinagoga, al igual que la tercera dónde está la Azará o zona reservada 
para mujeres. Existe en la azotea del edificio una Súká e instalaciones varias. 
La gran sinagoga es de planta cuadrada y doble altura con el altillo en forma 
de L para Azará. Consta de vidrieras en su perímetro exterior y el Hejál es 
muy interesante al estar empotrado y con dos grandes puertas diseñadas por 
el escultor zamorano José Luis Coomonte, autor asimismo de la gran lámpara 
central y de la puerta del edificio. El diseño global está bastante conseguido 
siendo la tonalidad dominante el blanco que contrasta con una gran pared y 
todo el techo en madera clara. 

En Barcelona y tras la ley de libertad religiosa se acometen los trabajos del 
primer acondicionamiento del centro comunal y se aprovecha para fijar en la 
carpintería exterior del edificio algunos símbolos judíos como la estrella de 
David y la Menorá. Por otra parte, un judío de origen alemán apellidado 
Stem, cede su finca privada de Valldoreix para campamentos juveniles a 
cambio de una pensión vitalicia a cargo de la C.LB. La vivienda original se 
reconvierte en complejo recreativo y deportivo y lleva el nombre de Johanna 
Stem. Consta de dos construcciones unidas por una pérgola donde se alojan 
dormitorios y baños por un lado y centro social y restaurante por otro. Tiene 
además un recinto acotado de piscina y otro con pistas de deportes. Es 



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Abraham HASSÁN 



curioso y a la \ cz interesante el colorido de las fachadas de las construcciones 
que contrasta agradablemente con el verde del paisaje. Mientras tanto en 
Madrid se adquiere una enorme tinca del término municipal de Hoyo de 
Manzanares, con preciosas vistas a la sierra y con tres construcciones semi- 
ruinosas. que sirven para alojar campamentos de verano y reuniones sociales 
y deportivas en los fines de semana. A esta finca se la denomina "Masada"* en 
recuerdo del último bastión judío frente al invasor romano. Estas construccio- 
nes se rehabilitaron posteriormente en la década de los ochenta. 

Paralelamente en Madrid y en Barcelona empiezan a funcionar escuelas 
judías. Su tamaño es aún reducido. La enseñanza que se imparte en ambos 
centros es mixta, es decir se alternan los programas educativos con clases de 
hebreo y cultura judía. La de Madrid, situada en un chalé de la calle Maestro 
Lasalle en el barrio de Chamartín, con el tiempo resultó pequeña. A mediados 
de los setenta se decide construir en la urbanización La Moraleja a 10 kms. de 
Madrid un gran colegio de enseñanza primaria y sito en una parcela de 
10.000 m^. El autor del proyecto es el arquitecto Moisés Benbunán y según 
explicaciones dadas por él mismo, aprovechó la suave pendiente del terreno 
para ubicar en la zona superior el edificio principal, dejando el polideportivo 
en la zona inferior. El conjunto consta de construcciones en ladriUo con 
tejados inclinados y una sucesión de patios interiores y porches exteriores, 
todos ellos perfectamente comunicados. La escuela se llamó en un principio 
Colegio «Ben Gabirol», denominándose posteriormente «Estrella Toledano». 
Mientras tanto en Barcelona se empezaron a impartir clases en una escuela 
propiamente judía a partir de 1972: el liceo sefardí ubicado en la calle Raset 
39. Por los mismos problemas de crecimiento escolar que en Madrid, la 
Comunidad alquiló una torre de grandes dimensiones en 1980. Es la que 
existe actualmente y consta de tres plantas de 400 m^ cada una, dónde se 
alojan las aulas y demás dependencias, con un patio de 600 m^ destinado a 
actividades deportivas. Se encuentra situado en la calle Margenat con vuelta 
a Vilallonga, en la parte alta de Barcelona, área donde se concentran el 50 % 
de los colegios privados de la capital catalana. 

Ya plenamente instalados en la era democrática española, los judíos ven 
ampliadas sus necesidades de espacio en todo su patrimonio. Así, tanto en 
Barcelona como en Madrid, se consiguen grandes parcelas como emplaza- 
mientos duraderos para sus respectivos cementerios. En Barcelona se consi- 
gue una concesión del Ayuntamiento en un área independiente del cemen- 
terio de Collserola con una capacidad superior a las 2.000 sepulturas. Las 



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Patrimonio hispanojudio contemporáneo 



373 



salas de rejitsá y velatorio están en una zona habilitada para tales fines fuera 
del recinto judío. Está en funcionamiento desde principios de los años seten- 
ta. En Madrid y a finales de esta última década, la Hebra Kculisliá con su 
presidente D. Fortunato Chocrón a la cabeza, promueve la compra de un solar 
contiguo al cementerio católico en la localidad de Hoyo de Manzanares a 40 
kms de la capital y me encarga el diseño del conjunto. El proyecto de 
acondicionamiento es el de una trama regular de bancadas para grupos de 
sepulturas, aprovechando la fuerte pendiente del terreno. Como elemento 
central hay una construcción de dos naves pequeñas separadas por una calle 
interior, donde se ubican la sala de rejitsá y el \ elatorio respectivamente. Se 
incluye además una pequeña plaza circular dónde se aloja la "guenizá" con 
una escultura decorativa en su coronación. Posteriormente en 1986, la comu- 
nidad madrileña compró el solar contiguo a éste para una ampliación futura. 
La capacidad total del nuevo cementeño hebreo madrileño es de i. 000 sepul- 
turas aproximadamente. 

Ya en 1984, la comunidad de Madrid me encarga la rehabilitación del 
complejo recreativo «Masada», también en Hoyo de Manzanares y comenta- 
do en un párrafo anterior. Este centro consta de tres constnicciones indepen- 
dientes. En la de mayor tamaño se ubican la zona de dormitorios y un gran 
centro social en dos niveles. En el de tamaño intermedio se sitúan los vestua- 
rios para las zonas deportivas y el restaurante. Estas dos edificaciones están 
totalmente acondicionadas. Está previsto habilitar el tercer edificio para una 
miniresidencia de la tercera edad. El resto del complejo lo ocupan diversos 
campos de deportes y un gran aparcamiento al aire libre. Hay que resaltar otra 
vez la espléndida ubicación de este complejo, dentro de una zona protegida 
de la baja sierra madrileña. 

EL PATRIMONIO DE LAS OTRAS COMUNIDADES JUDfAS ESPA- 
ÑOLAS 

Además de las comimidades en las dos grandes capitales, a partir de la ley 
de libertad religiosa, se instalan en la península muchos judíos de Marruecos 
y otros de origen anglosajón en las localidades turísticas costeras mediterrá- 
neas. La mayor agrupación se concentra en la Costa del Sol. En Málaga su 
capital, encontramos una sinagoga ubicada en el tercer piso de un inmueble 
de la calle Duquesa de Parcent, cerca del puerto. Funciona desde hace 25 
años. Es un gran oratorio con capacidad para casi 200 personas y consta de 



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374 



Abraham HASSÁN 



todos los elementos descritos al principio. En su aspecto decorativo no hay 
nada importante que destacar, excepto del diseño de un bonito Hejal. La 
sinagoga malagueña aloja además un pequeño centro de estudios y un Mikvé. 
En Torremolinos existe en funcionamiento un pequeño oratorio de 100 m- en 
la calle Skal. En Marbella se encuentra probablemente el oratorio mejor 
acondicionado de todo el territorio peninsular. Se trata de una pequeña sina- 
goga dentro de un chalé en la Urbanización «El Real» y consta de una nave 
de doble altura con pequeñas columnas de estilo mozárabe. Está comunicada 
con una gran parcela ajardinada, ideal para celebraciones y fiestas al aire 
libre. Data de hace 20 años. Existe también un enorme cementerio judío en 
Casabermeja a 14 kms. de Málaga que consta de velatorio, sala de rejitsá y 
guenizá. 

En la Comunidad Valenciana existen tres oratorios en Valencia, Alicante 
y Benidorm. El primero está situado en la CV Ingeniero Joaquín Benlloch 29 
y tiene una superficie de 160 m^ incluyendo una sala de reunión. Se proyecta 
adquirir una parcela de 5.000 m^ para cementerio en la localidad de Cheste a 
25 kms. de la capital levantina. 

En la Islas Baleares hay una creciente comunidad judía, compuesta en su 
mayoría por personas jubiladas de origen anglosajón. Existe un pequeño 
centro comunal que consta de oratorio, mkvé^ salones y biblioteca. Esta 
pequeña comunidad tiene la particularidad de ser una de las pocas en España 
dónde se oficia según el rito ashkenazí. Hay im pequeño cementerio en Santa 
Eugenia que cubre las limitadas necesidades de la Comunidad. 

Hay comunidades judías muy reducidas en las dos capitales canarias. En 
Las Palmas funciona un oratorio en el 230 de la calle León y Castillo ubicado 
en una entreplanta y con capacidad para 80 personas. 

En Sevilla, además de poseer el cementerio judío contemporáneo más 
antiguo de la península, ubicado dentro del cementerio católico de San Fer- 
nando y comentado al inicio de ésta conferencia, existe una pequeña sinagoga 
de 80 m^ situada en pleno centro de la capital andaluza, en un bajo del 
número 8 de la calle Bustos Tavera. 

CEUTA Y MELILLA 

No me voy a extender demasiado en las dos comunidades hebreas norte- 
africanas, que al ser fronterizas con Marruecos, se asemejan más a sus homó- 
nimas del norte del país vecino. Sus poblaciones son enteramente de origen 



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Patrimonio hispcifiojudío contemporáneo 



375 



judeo-marroquí, así como sus usos y costumbres comunitarias. Aunque muy 
importantes propoicionalmente con respecto a las demás agrupaciones espa- 
ñolas, su influencia y poder dentro del conjunto del estado ha sido bastante 
marginal. No obstante conservan un patrimonio importantísimo, fundamen- 
talmente Mejilla. Curiosamente las sinagogas de esta población son de pro- 
piedad privada, destacando por su majestuosidad la gran sinagoga de Yamin 
Benarroch, también llamada Or Zaruah. Se presenta exteriormente como un 
edificio modernista con claras reminiscencias árabes. La planta del templo es 
rectangular de una sola nave orientada hacia uno de sus lados mayores, en 
uno de los cuáles se encuentra el Hejal. Está fechada en 1925. Hay además 
ocho oratorios de pequeñas dimensiones. Existen en Melilla una escuela judía 
concertada con el estado y dos cementerios: el viejo, de finales del siglo 
pasado, y el nuevo, de principios de este siglo. 

La Comunidad Israelita de Ceuta, de constitución más reciente, consta de 
una gran sinagoga muy céntrica. Diseñada por el arquitecto Moisés Benbu- 
nán, fue construida a finales de los años sesenta. La colonia ceutí tiene 
además un cementerio en el Monte Hacho. Anteriormente a la construcción 
de la gran sinagoga, funcionaban dos oratorios pertenecientes a las familias 
Coriat y Bentata. 

LO MÁS RECIENTE. LOS NOVENTA 

En Madrid y a principios de esta década, se da un proceso natural de 
creación de nuevos oratorios en ubicaciones pnVximas a las residencias de 
muchos judíos ortodoxos. Así surgen dos nuc\ os oratorios en la capital. El 
primero, situado cerca de la calle del General Perón, consta de sinagoga en 
planta sótano. El segundo se ubica en un local de la calle Mesena, cerca de 
Arturo Soria. 

Paralelamente en Barcelona se da el proceso hacia la otra dirección. La 
asociación ticl (futuro en hebreo) crea un oratorio reformista en el 27 de la 
calle Castanyer. Su capacidad es para 80 personas. 

En 1991, el Ayuntamiento de Madrid promueve la realización de un gran 
parque en el noreste de la ciudad. Dentro de este recinto se dedica una zona 
para crear un jardín de las tres culturas (judía, cristiana y musulmana) en 
homenaje al valioso aporte cultural de las mismas a España. El diseño de este 
jardín es obra de la paisajista Myriam Silber. Según explicaciones de la 
autora, el jardín judío o vergel de granados está inspirado en la Biblia. Su 



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376 



Ábraham HASSÁN 



nombre hace referencia a una de las imágenes más poéticas del Cantai' de los 
Cantares. La ciudad ideal profetizada por Ezequiel se superpone sobre el 
cuadrado original, formando una cuadrícula de distintas texturas, vegetación, 
pavimentos y arenas de colores. Esta trama está rota por el dibujo de la 
estrella de Da\id en el pavimento. De una fuente mana agua, que cae en 
forma de caracol e inunda una ría que desplazará las murallas. 

Posteriormente en Barcelona, la asociación Macabi. formada mayoritaria- 
mente por judíos de origen argentino, patrocina la realización de un monu- 
mento en homenaje a las víctimas del Holocausto en Montjuich, en el lugar 
llamado «El Fossar de la Pedrera». Se encarga del proyecto el arquitecto 
Leonardo Glasser, finalizando su ejecución en 1995. El Memorial 1945-1995 
fue concebido como un gran socavón en la roca. Esta imagen arquitectónica 
interpreta el Holocausto como lo que fue: una brutal transgresión sobre la 
realidad establecida durante siglos en Europa. Consecuentemente se utiliza- 
ron trozos cortados en bruto de la roca de Montjuic para evocar los campos de 
exterminio. Como soporte hay unas placas alusivas grabadas en el mismo 
tipo de piedra. El resultado es una simbiosis e integración profunda con el 
entorno, y que elude deliberadamente un protagonismo no deseado por el 
arquitecto, el cual dejó dicho protagonismo al elocuente tema del propio 
Memorial, así como a la gran fuerza expresiva del entorno. 

CONCLUSIONES 

Hasta aquí la relación de todos los espacios patrimoniales judíos de los 
que he sido informado para la elaboración de este trabajo. Ahora, para termi- 
nar, quisiera hacer las siguientes reflexiones: 

Actualmente, el crecimiento demográfico de los miembros de las distintas 
comunidades judías españolas está estancado, al igual que el del resto de la 
población nacional. La única lectura positiva es de que esta realidad ha 
originado una consolidación del patrimonio inmobiliario y por primera vez 
existe una tímida planificación de lo que se quiere hacer a medio plazo. Por 
otra parte, el alto grado de mantenimiento que originan las edificaciones por 
el excesivo uso polivalente de las mismas, ha provocado un envejecimiento 
prematuro de casi todo el patrimonio. En muchos lugares se están rehabili- 
tando edificios y locales que se construyeron con demasiada premura por las 
necesidades del momento. Además hay que resaltar que, al estar instaladas 
las sinagogas en los centros comunales, hace que los demás usos, Uamémos- 



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Patrimonio hispanojudío conlenipumneo 



les laicos y que tienen cada vez más demanda, se vean coartados por la 
exigencia predominante del uso religioso. Por lo tanto, pienso que habría que 
descentralizar los usos no religiosos en otros locales o espacios independien- 
tes. 

Por otro lado, dado el lógico envejecimiento de la población judía, existe 
actualmente en las comunidades, una necesidad perentoria de dotarse de 
residencias de la tercera edad propiamente judías. No hay ninguna en proyec- 
to actualmente, pero es sin duda, la gran asignatura pendiente dentro del 
patrimonio comunitario en todo el estado. 

Independientemente de todo esto, hay un factor que es la seguridad física 
de todos los elementos patrimoniales comunitarios, que además del coste 
económico que conlleva, disuade a muchas colectividades a acometer nuevas 
inversiones en bienes inmuebles. 

Por último, no creo que sea apropiado juzgar al Patrimonio arquitectónico 
hispanojudío contemporáneo por su aporte estético, excepto contadas ocasio- 
nes, al no existir por tradición una arquitectura religiosa o un estilo artístico 
propiamente judío en ninguna parte y además, por no estar en el ánimo de las 
comunidades inmortalizar ninguno de los elementos que han ido creando su 
patrimonio. Por lo tanto, sólo cabe valorar el esfuerzo colectivo de los judíos 
por ir consolidando y aumentando poco a poco su todavía escaso patrimonio 
en tierra española. El resultado global, en términos puramente estéticos, es 
totalmente ecléctico en cuanto a estilo, predominando en muchas de las 
edificaciones una ligera influencia morisca. No obstante en las últimas cons- 
trucciones se aprecia un fuerte influjo racionalista, que por su talla de orna- 
mentación y su funcionalidad, se adapta mejor a las necesidades, y al espíiitu 
de las comunidades. 

A partir de ahora, sólo queda pedir a las instituciones judías españolas con 
la colaboración del Estado en tener un proyecto más ambicioso para el 
patrimonio del futuro, que refleje profundamente la realidad socio-cultural 
hispano judía actual. 

AGRADECIMIENTOS 

Ya para terminar, quiero agradecer a quienes me han ayudado a realizar 
este trabajo: Ana María López Alvarez. Directora del Museo Sefardí. Jacob 
Hassán, del C.S.l.C, Carlos Schorr. secretario de la Federación de Comuni- 
dades Israelitas de España, Jacob Israel, director de la Revista Raíces, Jaime 



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378 



Abiaham HASSÁN 



Vándor, profesor de la Universidad de Barcelona, Isaac Benzaquén, León 
Amselem y Samuel Sefaty, presidentes de las Comunidades de Málaga. Mar- 
bella y Valencia respectivamente, Moisés Hassán de Sevilla, Perla Wahnón 
de Melilla y a mis colegas arquitectos Moisés Benbunán, Leonardo Glasser, 
Myriam Silver, Pablo Rodríguez Mesa y Jesús Hernando. 



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Mesa Redonda sobre: 



LA GESTIÓN DEL PATRIMONIO MATERIAL 
HISPANOJUDÍO, LA ACTUACIÓN DE LAS 
COMUNIDADES AUTÓNOMAS 




Capitel bilingüe con inscripción en hebreo y árabe, ss. XII-XIII. Museo Sefardí. Ministerio 

de Educación y Cultura. 



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RELACIONES ENTRE LA ASOCLVCION DE 
AMIGOS Y EL MUSEO SEFARDÍ 

Juan Ignacio de Mesa Ruiz 

Presidente Asociación de Amigos del Museo Sefardí 



Mi intervención la voy a intentar centrar en plantear las relaciones entre la 
Asociación de Amigos y el Museo Sefardí. Al mismo tiempo que entre estas 
dos Instituciones y la Comunidad Autónoma que, por razones territoriales, 
nos corresponde. Y sólo planteo la cuestión de la territorialidad debido a que 
mi Museo, este Museo (perdonen el sentido posesivo, pero quiero dar al 
termino más una razón de dependencia que de titularidad), creo que aún 
depende del Ministerio de Educación y Cultura del Gobierno Central. 

La duda con que planteo dicha dependencia surge de la polémica levanta- 
da en su día por la anterior titular del, entonces. Ministerio de Cultura cuando 
en unas, para mí, desafortunadas declaraciones en el Senado, dejó la duda 
sobre el futuro de la dependencia de determinados Museos hasta ese momen- 
to con el apelativo de «Nacionales». Entre ellos este que a mí más me 
preocupa. En aquellas declaraciones no quedó claro cual iba a ser la depen- 
dencia futura de este y otros Museos, indeterminación que genera inseguridad 
y que pone de manifiesto, una vez más, la falta de definición de una política 
cultura] que supere el corto plazo y permita una programación no sujeta a los 
avatares de los cambios de titulares de los distintos departamentos. 



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382 



Juan Ignacio DE MESA RUIZ 



La relación de este Museo con la Junta de Comunidades, no ha tenido la 

importancia que debiera en razón, precisamente, de esa dependencia del 
Ministerio de Educación y Cultura. Ha sido D. Justo Zambrana, titular actual 
de la Consejería de Cultura, el primer Consejero que, oficialmente, ha entra- 
do en este Museo, no para acompañar a una visita oficial, sino para participar 
en un acto organizado por el mismo. Han pasado más de media docena de 
titulares del departamento para que, oficialmente, el Museo más visitado de 
toda la Región sea visitado por el responsable cultural de la Junta. La presen- 
cia de D"*. M" Angeles Díaz Vieco, Directora General de Cultura, en esta 
mesa redonda, es un detalle que hemos de valorar muy positivamente de cara 
al futuro. 

Al hablar del museo más visitado, lo digo con los datos, oficialmente 
contrastados, correspondientes al primer semestre de este año. Ellos permiten 
anunciar que, en 1997, el Museo Sefardí alcanzará una cifra próxima a los 
trescientos mil visitantes. Debido, en gran parte, a la calidad del trabajo 
realizado por los profesionales, a cuyo cargo está este Museo, y que hace la 
visita cada vez más interesante. 

Esto supone que, por día abierto al público, el Museo recibe más de 1.000 
visitantes de media. Vaya aquí mi primera reflexión. 

En los últimos años se ha producido un efecto explosivo en los Museos. El 
turismo de masas ha llevado a miles de visitantes hacía unos Museos relativa- 
mente poco visitados anteriormente. Las colas ante los museos es un fenóme- 
no actual que no tiene, con carácter general, más de veinte años. Esta situa- 
ción se da en nuestro país en unas circunstancias curiosas que hacen que, por 
una política de personal errática, se permita que, aún hoy, la mayoría de los 
museos tengan un horario de 34 horas semanales, cerrando día y medio 
seguidos y marchando en contra de lo que debería ser una política coordinada 
para mejorar una oferta cultural. 

Pero el número de visitantes no ha de servir como único parámetro, si 
así fuera, podríamos sacar conclusiones equívocas. Por ejemplo, el Mu- 
seo más visitado de España es el Museo del Club de Fútbol Barcelona. 
Han de ser otras cuestiones, las que también pongan en valor el significa- 
do de los Museos. Este curso y las actividades que el Museo Sefardí 
realiza a lo largo del año, son buena muestra de lo que digo. Un Museo 
que investiga, debate, enseña, demuestra una vitalidad que hace que 
cumpla su función cultural que no sólo es la de atender a las masas de 
turistas. 



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Relaciones entre la Asociación de Amigos y el Museo Sefardí 383 



En paralelo a esta situación los poderes públicos han sido atacados por el 
virus de la ''museitis'\ Todos quieren tener su Museo, lo cual está muy bien, 
pero es una pena ver como se realizan proyectos de rehabilitación de edifi- 
cios monumentales o se encargan obras de nueva planta, sin que previamente 
se haya realizado un proyecto de qué, para qué y con qué se cuenta para 
dar contenido a dicho proyecto. Y no hace falta más que recordar el 
debate sobre el Gugenghaim para poner un ejemplo. Parece que el único 
fin del museo es satisfacer al arquitecto que lo proyecta y al político que 
lo controlará. 

Y en todo esto ¿Qué tiene que ver una Asociación de Amigos? Como 
Presidente de la Asociación de Amigos del Museo Sefardí, debo estar en esta 
mesa para explicarlo. Somos una Asociación civil, constituida al amparo de 
la Ley de Asociaciones del año 68 (curioso recuerdo de una ley y unas 
circunstancias tan próximas y, gracias a Dios, tan lejanas ya). Un grupo de 
personas que entendemos que el compromiso cultural hay que asumirlo traba- 
jando por la colectividad, constituimos esta Asociación, en perfecta convi- 
vencia, y connivencia, con la Dirección del Museo. ¿Su misión?, ayudar en 
recabar fondos, gestionar donaciones, potenciar actividades y servir de cober- 
tura a todas las iniciativas que el equipo directivo del Museo no pueda llevar 
adelante por falta de medios en los presupuestos con que lo dota la adminis- 
tración. El alcance de nuestro trabajo en estos años se pone de manifiesto en 
que más del 50% de las piezas que se exponen en el Museo han sido obteni- 
das en propiedad o depósito a través de la Asociación. 

Las Asociaciones de amigos son un fenómeno relativamente reciente 
en nuestro país. Antecedentes como la Fundación Amigos del Museo del 
Prado o los Amics deis museus de Catalunya, son las bases sobre las que, 
posteriormente, se ha constituido la Federación Española de Amigos de 
los Museos. 

¿Qué relación puede haber entre estos movimientos ciudadanos y la admi- 
nistración, sea esta Central o Autonómica? En Castilla-La Mancha se han 
constituido en los últimos años varias Asociaciones. La primera fue la nuestra 
a la que la siguió la de Amigos de los Museos de Huete (Cuenca) ¿Por cierto 
alguno de los presentes conoce Huete?, merece la pena. Posteriormente la de 
Amigos del Museo de Albacete, la del Museo de la Cerámica de Talavera de 
la Reina, la del Museo de Santa Cruz de Toledo, etc. 

En pocos años este movimiento, sin apoyo oficial alguno, ha logrado 
movilizar cientos de personas que esperan trabajar por sus Museos. 



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384 



Juan Ignacio DE MESA RUIZ 



Esta fuerza se refleja en múltiples proyectos que esperan el visto bueno de 
las distintas administraciones para ponerse en maicha, voluntariado, guías de 
la tercera edad, carnet de amigos, etc. 

Este próximo año. la FEAM está organizando un Congreso para resolver 
las contradicciones que sobre el concepto de Museo se tiene en España. ¿Es 
lícito permitir que la palabra Museo se utilice para cualquier cosa?, ¿Qué es 
un museo? 

Permitanme que termine con la lectura de un párralb con el que estoy de 
acuerdo. 

"En momentos de debilidad como el actual se prima más el 
espectáculo que el conocimiento, las intenciones se diluyen detrás 
de las sonrisas y el maquillaje, pero el tiempo es un elemento 
esencial para la formación y asentamiento de un museo. Y el tiempo 
no es una cuestión que se pueda comprar, ni prestar, y el conoci- 
miento no llega desde lejanos países. Los museos son hoy, tal vez 
más que antes o por lo menos por razones muy diferentes, esencia- 
les para la sociedad y para el arte"'. 

¿Se pueden Uds. imaginar el conocimiento que del hecho cultural Hispa- 
no-Sefardí se tendría en nuestra sociedad, si el Museo Sefardí no existiera? 



1 Revista Ambar, n° 6. 



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EL COMITÉ NACIONAL DE ICOMOS 

Rosana Smerling 



Arquitecta 



ICOMOS (Consejo Internacional para la defensa de los Monumentos y 
Sitios Histórico-artísticos) es la única ONG internacional, de carácter cientí- 
fico, asesora de la UNESCO, que tiene por cometido realizar numerosos 
programas relacionados con la protección y conservación del patrimonio 
mundial, incluyendo actualización de las normas marco y elaboración de 
doctrina, formación de especialistas, misiones de expertos, estudio y desarro- 
llo de metodología y técnicas de la conservación, evaluación y seguimiento 
de los bienes de la lista del Patrímonio Mundial, etc. Todo ello en el marco de 
la cooperación nacional e internacional y dentro de las actividades estableci- 
das a petición de la UNESCO. 

Creado en 1965 a partir de la "Carta de Venecia", ICOMOS cuenta, hoy 
en día, con comités nacionales en 86 países y con más de 5.300 miembros 
individuales, institucionales, asociados y benefactores, todos ellos en razón 
de sus actividades profesionales y competencia en materia de conservación 
de monumentos, conjuntos o sitios históricos, siendo Arquitectos, Historiado- 
res, Arqueólogos, Urbanistas, Ingenieros, Juristas, Bibliotecarios o profesio- 
nales de la Administración Publica. 



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386 



Rosana SMERUNG 



El Comité Nacional Español comenzó su andadura a ñnes de los años 60 
y file constituido como asociación en 1980 al amparo de la legislación vigen- 
te y durante más de 25 años viene participando en las actividades de ICO- 
MOS a escala internacional con la colaboración y apoyo del Ministerio de 
Cultura, las Consejerías de Cultura de las Comunidades Autónomas y los 
A3aintamientos de las ciudades declaradas Patrimonio Mundial o con bienes 
incluidos en dicha categoría. 

Los objetivos se centran en: 

— Actuar como un foro internacional que ofrezca todo tipo de posibilida- 
des para el diálogo y el intercambio a los profesionales de la conserva- 
ción. 

— Reunir, profundizar y difundir información sobre los principios, técni- 
cas, legislación y políticas de conservación y salvaguarda. 

— Colaborar en el ámbito nacional e internacional a la creación de Cen- 
tros Especializados de Documentación. 

— Fomentar la adopción y aplicación de las convenciones y recomenda- 
ciones internacionales relativas a la protección, conservación, realce y 
apreciación de los monumentos, conjuntos y sitios históricos. 

— Participar en los programas de formación de especialistas en conserva- 
ción. 

— Poner su red de expertos al servicio de la comunidad internacional. 

— Asesorar e informar a la UNESCO, como consejero técnico sobre la 
declaración de bienes como Patrimonio Mundial. 

— Cooperar para la dotación de un Centro de Documentación, con sede 
en París, relativo al patrimonio arquitectónico, arqueológico, paisajísti- 
co, etc., de todo el mundo. 

— Y en resumen ayudar a los profesionales de la conservación y a los 
investigadores en materia de patrimonio histórico, buscando y ponién- 
doles en contacto con las fuentes bibliográficas y documentales y 
gestionando los contactos con instituciones y otros profesionales. 

Desde hace varios años se persigue un objetivo muy importante para la 
promoción y difusión de nuestra cultura, así como para dar mayor cauce de 
expresión y participación a nuestros profesionales como es el reconocimiento 
del español como ^lengua de trabajo" en el seno de ICOMOS, de la que ya 
forma parte junto con el inglés, francés y ruso como una de las cuatro lenguas 
oficiales y el fortalecimiento de los lazos y peso específico del bloque de 
países hispanohablantes. 



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El Comité Nacional de ICOMOS 



387 



En función de estos objetivos se celebraron, en la primera semana de 
mayo 1997, las Primeras Jornadas Iberoamericanas, en la Rioja, Alcalá de 
Henares y Madrid, con el fin de suscribir un documento para poner de relieve 
la conciencia y el valor de pertenecer a un conjunto cultural, rico en sus 
variadas manifestaciones intrínsecas, que alcanza una dimensión universal 
merced a sus rasgos comunes en el campo de la lengua y del patrimonio 
histórico tangible e intangible. 

Junto a la participación de los comités nacionales iberoamericanos, de 
Filipinas y EEUU, se invitó a representantes de la Comunidad Sefardí, en la 
profunda convicción de la importancia de la difusión de la lengua y cultura 
española y su preservación a lo largo de los siglos y las diásporas a partir de 
la expulsión de los Judíos de España en 1492. 

El documento suscrito, llamado Declaración de San Millán de la Cogolla, 
comienza diciendo que "La lengua es a un tiempo causa y consecuencia 
histórica de la existencia de una comunidad humana. Es en sí misma un 
instrumento perfecto que hace posible la comunicación... y la lengua españo- 
la representa un valor universal excepcional, en tanto que con el concurso de 
los que hablamos, pensamos y vivimos en español se constituye en el eje 
fundamental y distintivo de una de las principales comunidades del mundo... 
Sigamos haciendo de esta lengua un símbolo y ejemplo de apertura, toleran- 
cia e integración...". 

Entre las conclusiones aprobadas con fecha 6 de Mayo de 97 figura la de 
^'Recomendar e impulsar la presencia explícita y estructural de la Historia, 
Lengua y Literatura Sefardí en departamentos universitarios españoles y 
proteger sus vestigios en todos aquellos países que acogieron comunidades 
judeo-españolas**. 

Si bien ICOMOS actúa específicamente en la recuperación del patrimonio 
inmueble y tangible, consideramos que la enorme importancia del bagaje 
cultural que significó la aportación de la comunidad judía a la cultura españo- 
la, justifica la inclusión de programas de estudio e investigación en literatura, 
música e historia sefardí ya que expresa el alma de una parte de nuestro 
pueblo que pudo construir mucho más en papel que en piedra. 



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PATRONATO MUNICIPAL CALL DE GIRONA: 
UN PROYECTO EN DESARROLLO 



Assumpció Hasta 

Directora del Centre Bonastruc 9a Porta 
Patronat Municipal Cali de Girona 



INTRODUCCIÓN 

A finales de la década de los setenta y con la llegada de los primeros 
ayuntamientos democráticos, la ciudad vieja de Girona inicia un lento proce- 
so de rehabilitación de su entorno físico, aún hoy por finalizar. 

El casco antiguo de la ciudad, espacio singular, que cobijó y escondió 
silenciosamente en su interior, durante más de 500 años, el Cali o barrio 
judío, está siendo, por empeño de instituciones públicas y privadas un entor- 
no rehabilitado y dinamizado física y culturalmente, con la apertura de sus 
callejones, la rehabilitación de sus edificios o sus propuestas culturales es 
reconocido como un referente importante tanto a nivel nacional como inter- 
nacional. 

Intentaré, con los diez minutos de que dispongo, darles una visión de 
conjunto de nuestro proyecto y para ello dividhré mi charla en dos grandes 
apartados. 



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390 



Assumpció HOSTA 



1. - El proyecto y su desarrollo. 

2. - La organización Patronal Municipal Cali de Girona. 

1. EL PROYECTO Y SU DESARROLLO 

En el año 1987 el Ayuntamiento de Girona se hace cargo del inmueble 
conocido con el nombre de Isaac el Cec, situado en pleno corazón del Cali, 
aunque en principio solamente dispone del usufructo del local. Entre los años 
1987-1991 el Ayuntamiento de Girona va adquiriendo progresivamente las 
distintas fincas hasta completar el proceso que devuelve el tamaño de la 
propiedad a lo que presumiblemente fue durante los siglos XIII y XIV. 

Una vez el Ayuntamiento es propietario, iniciamos el proyecto que en 
líneas generales consta de: 

a) Museo de Historia de los judíos en Cataluña. 

b) Instituto de Estudios Nahmánides. 

c) Centro de acogida de visitantes. 

d) Apartamentos Universidad de Girona. 

a) El Museo de historia de los judíos en Cataluña es, quizás, la parte más 
vistosa del proyecto, aunque sigue pendiente en su mayor parte. El 
espacio destinado al Museo está siendo utilizado como salas para expo- 
siciones temporales. 

b) El Instituto de Estudios Nahmánides, de reciente formación, empieza 
ya a ser ima realizad con una importante labor académica y de investi- 
gación y está dotado de una biblioteca especializada en judaica. 

c) El centro de acogida de visitantes, aunque en instalaciones provisiona- 
les, y en fase de desarrollo, viene funcionando desde finales de los 90. 

d) Y por último, la construcción de los apartamentos para uso académico, 
proyecto que está ya funcionando y que es de competencia plena de la 
Universidad de Girona. 

El complejo físico del Centro Bonastruc qa Porta lo forman aproximada- 
mente 3.000 m^ en los que hay un patio de 150 m^ y un jardín de unos 100 m^ 
situados en un segundo y tercer piso. 

Las obras de rehabilitación están aproximándose al 50% del edificio a 
pesar de que el espacio disponible para el visitante es hoy por hoy del 30% 
del total. 



Patronato municipal Cali de Giro na. un proyecto en desanollo 391 



En el año 1997 hemos reanudado las obras de rehabilitación física que 
deberán permitimos un acceso directo ai Instituto y en los próximos años 
terminar con las obras del Museo. 

2. ORGANIZACIÓN DEL PATRONAT MUNICIPAL CALL DE GI- 
RONA 

Orgánicamente todo el proyecto se inicia en el año 1987 bajo el liderazgo 
del Ayuntamiento de Girona que crea en el año 1992 el organismo autónomo 
municipal denominado ''Patronato Municipal Cali de Girona", al que se van 
incorporando la Diputación y la Generalitat entre los años 1992-1995. 

El Patronato Municipal Cali de Girona está compuesto por los siguientes 
órganos de gobierno: 

— Presidencia: El cargo recae en el Alcalde-Presdiente del Ayuntamiento 
de Girona, Sr. Joaquim Nadal i Farreras. 

— Comité cientíñco: Órgano de reciente creación y en fase de desarrollo. 

— Consejo Impulsor: Organismo consultivo compuesto por personalida- 
des del ámbito académico, cultural, político... (25 miembros). 

— Comisión Directiva: Órgano ejecutivo del Patronato, compuesto por 16 
miembros. 

Dentro del Patronato están en funcionamiento el Centro Bonastruc 9a 
Porta y el Instituto de Estudios Nahmánides y en proyecto, el futuro "Museu 

d'Hisloria deis jueus a Catalunya". 

El Centro lleva la gestión general del proyecto y el instituto es su brazo 
académico y formativo. 

Además de la organización propia, el Patronato Municipal Cali de Girona, 
ha creado una organización internacional denominada "Friends of Girona 
Museum and Institute", con sede en Nueva York y acogida a la normativa 
legal americana y que tiene como objetivo la promoción fuera de nuestras 
fronteras y el desarrollo de actividades de mecenazgo. 

En el año 95 y a propuesta del Excelentísimo Ayuntamiento de Hervás, 
Girona interviene acti\amente el proceso de creación de la Red de Juderías de 
España, asumiendo las funciones de Presidencia y Secretaría General para el 
mismo año. 

Y por último, durante el año 1997 y conjuntamente con otras ciudades del 
mediterráneo que tienen en común con Girona los objetivos de recuperación 



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392 



Assumpdó HOSTA 



de su legado judío, estamos participando en la creación de una Red de 
Ciudades Sefarditas en el Mediterráneo. 

Este conjunto de acciones avala el esfuerzo y la voluntad de recuperación 
de nuestro legado histórico-cultural, con la esperanza de que las generaciones 
futuras asuman la diversidad cultural de nuestro pasado como un elemento 
enriquecedor de convivencia cultural. 



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EL MUSEO SEFARDÍ DE TOLEDO (1964-1997) 



Ana María López Álvarez 

Museo Sefardí 



Dado que en esta mesa redonda se plantea un problema sobre el patrimo- 
nio hispanojudío. voy a referirme a uno de los edificios más emblemáticos 
del mismo y para ello voy a citar una serie de fechas relacionadas con hechos 
puntuales que nos muestran la aparición de un interés por este patrimonio. 
Estas fechas clave en la historia de este Museo son: 1877, 1911, 1964, 1971, 
1986, 1994. 

La primera de ellas, 1877. corresponde al momento en que la Sinagoga del 
Tránsito es declarada Monumento Nacional (1 de mayo), "por la que se 
exceptúa de la venta de Bienes Nacionales, para que se conserve como 
Monumento histórico artístico nacional: el edifício conocido por Sinagoga 
del Tránsito, en la ciudad de Toledo". 

La segunda, 1911, corresponde al decreto de 1 de septiembre de 1911. La 
sinagoga fue conñada al patronato de las Fundaciones Vega Inclán que 
culminó un proceso de restauraciones. 

En el punto 1 del decreto se lee: "la sinagoga... se confía al Patronato del 
Museo del Greco en dicha capital para que atienda a su custodia y conserva- 
ción...!*. 



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394 



Ana María LÓPEZ ÁLVAREZ 



En el 21 : "formará parte del Patronato del Museo que lo será a la vez de la 
Sinagoga, un Arquitecto Arqueólogo designado por este Ministerio". 

En el 31: "'No podrá efectuarse alteración ni obra en el edificio de la 
sinagoga sin previa consulta a este Ministerio, con la exposición, plano y 
detalles convenientes, para que después de dictamen la Academia de B. Artes 
de S. Fernando y se acuerde de Real Orden lo que proceda". 

En el 61 : "Bajo la dirección técnica del arquitecto mencionado se efectua- 
rá el desmonte del andamiaje existente... procediendo antes al \'aciado de una 
de las ventanas altas cuya ornamentación y estilo arquitectónico se conserven 
en mayor estado de pureza y de una parte del friso para que sirvan de modelo 
a los fmes de la enseñanza artística y en el Museo de Reproducciones de esta 
clase". 

Consecuencia de la restauración y retirada del andamio que se encontraba 
en el interior de la sinagoga desde el momento de ser declarada Monumento 
Nacional fue, en el año de 1913, la visita del rey Alfonso XIII. A partir de 
este momento no tenemos apenas noticias del Monumento. En 1915, la Junta 
Facultativa de Archivos, Bibliotecas y Museos decide trasladar las lápidas 
hebreas, restos del antiguo cementerio judío, desde el Museo Arqueológico 
de Toledo (hoy de Santa Cruz) a la Sinagoga al estar cerrado el citado Museo. 
En 1925 se revoca la orden que no se cumple hasta el año 1930. Hasta 1964 
sólo tenemos algunas noticias sobre reparaciones y algún concierto celebrado 
en su interior y una exposición de hagadot. 

El 18 marzo 1964 /decreto n** 874, se funda el Museo Sefardí por el 
entonces Jefe de Estado: Francisco Franco, siendo ministro de Educación 
Nacional: Manuel Lora Tamayo. En el mismo se lee: "En el deseo de mante- 
ner y estrechar los lazos que secularmente han vinculado a los sefardíes a 
España, parece singularmente oportuna la creación de un Museo destinado a 
los testimonios de la cultura hebraico española y para ello no existe marco 
más adecuado que el venerable recinto de la sinagoga de Samuel Leví cono- 
cida con el nombre de Sinagoga del Tránsito en Toledo... El fondo básico del 
Museo Sefardí se constituirá con el material histórico, arqueológico, artístico 
y bibliográfico que se conserve en centros del Estado...**. Se acomete a partir 
de este momento una restauración que hace desaparecer la antigua sillería 
coral, colocada en la época del marqués de la Vega-Inclán así como las 
lápidas de los caballeros calatravos, reparando yeserías, solados, carpintería y 
se añade a las paredes la actual tapicería, donada por la familia Pinto. Es una 
fecha taidía la de la creación de este Museo en relación con la creación de 



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El museo sefardí de Toledo (1964-1997) 



395 



otros nacionales, pero en consonancia con la realidad histórica de España. 
Pertenece desde su creación a la Red de Museo Estatales dependiente del 
Ministerio de Educación y Cultura y como tal aparece así denominado en el 
decreto de 18 septiembre 1968 del entonces Ministerio de Educación y Cien- 
cia especificado entonces "ORDEN de 31 de agosto de 1968 por la que se 
determina los Centros integrados en el Patronato Nacional de Museos de la 
Dirección General de Bellas Artes", donde aparece también con el subtítulo 
de Museo Nacional de Arte Hispanojudío. 

El 13 de junio de 1971 se inaugura el Museo Sefardí. El montaje se 
realizó con arreglo a los criterios técnicos y estéticos de la época. 

Las actividades del Museo han sido constantes desde el momento de su 
creación hasta el día de hoy. Dn hito de este período fue el nombramiento de 
hijo adoptivo de la ciudad de D. Jacques Pinto recibido por la viuda e hijos y 
la inauguración con ocasión de este evento de la exposición "Estampas ju- 
días" de Antonio Fuertes, el 23 de febrero de 1983, siendo alcalde de Toledo 
D. Juan Ignacio de Mesa Ruiz, hoy Presidente de la Asociación de Amigos 
del Museo. 

Desde 1986 hasta 1994 se ha llevado a cabo un plan de remodeiación 
integral del edificio para adaptarlo a las necesidades museológicas actuales. 
Se han reaUzado obras arquitectónicas, restauración de yeserías, artesonado, 
lápidas sepulcrales por el I.C.R.B.C. del Ministerio de Educación y Cultura. 
Se ha elaborado un nuevo proyecto museológico en el que colaboraron desta- 
cados profesores de la Universidad y del C.S.I.C., que constituyeron el con- 
sejo asesor científico. Igualmente se creó también un consejo asesor para la 
ciudad de Toledo. En el nuevo Museo la sinagoga forma parte del Museo 
como la principal pieza de la colección. Este proceso cuhnina el 1 de junio 
de 1994 con la inauguración por S.M. el Rey D. Juan Carlos. 

Este período las obras han supuesto la inversión de 212.036.877 ptas., 
desglosados en: 



Fase 10 año 86-88 
Programa gráñco 
Fase 20, años 89-93 
Instalac. Museogr. (93-94) 
Obra menor (93-94) 

Total suministros museogr. y de seguridad años 88-94 


48.483.860 
1.566.544 

61.108.191 

50.237.818 
9.703.352 

32.972.112 


Restaurac. portadas y aicosolio 


7.965.000 



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396 



Ana María LÓPEZ ÁLVAREZ 



No se valoran aquí la restauración de yeserías, artesonado, y lápidas 
sepulcrales realizadas por el I.C.R.B.C. del Ministerio de Cultura. 

Para llegar a este momento de la inauguración fue de inapreciable ayuda, 
no sólo el consejo asesor científico del proyecto museológico, sino la 
Asociación de Amigos del Museo Sefardí y la de organismos como Israel 
Antiquities Authority. o el Museo de Hechal Seiomó de Israel. Pública- 
mente nuestra gratitud a todos ellos. 

A partH' del momento de su inauguración el Museo ha tratado en todo 
momento de ser fiel a la definición que ICOM expresa lo que debe ser un 
Museo, definición que después ha sido concretada por el Reglamento de los 
Museos de titularidad estatal y del sistema español de museos (Aprobado por 
Real Decreto 620/1987 de 10 abril, B.O.E. del 13 de mayo de 1987): "Son 
museos las Instituciones de carácter permanente que adquieren, conser- 
van, investigan, comunican y exhiben, para fines de estudio, educación y 
contemplación, conjuntos y colecciones de valor histórico, artístico, cien- 
tífico y técnico o de cualquier otra naturaleza cultural". 

Las actividades del Museo desde 1994 hasta este momento han sido ñeles 
a estos postulados. Daremos algunos detalles sobre estas actividades en rela- 
ción con esta definición: 

• adquieren: los fondos incorporados por adquisición son escasos. El 
Museo no tiene autonomía para adquirir ni tampoco dotación económi- 
ca. La Asociación de Amigos del Museo Sefardí ha venido a atenuar 
esta situación con las adquisiciones que realiza en subastas o adqui- 
riendo a particulares. De 150 piezas aproximadamente en su inido, 
muchas en depósito, hemos pasado aproximadamente a 1.000. 

• conservan: el Museo a pesar de los problemas pendientes desde el 
final del montaje en 1994 trata de mantener con dignidad sus coleccio- 
nes, y además se preocupa del patrimonio hispanojudío de Toledo; una 
muestra de ello es la recuperación de una serie de fragmentos de las 
yeserías de la galería de mujeres y la restauración parcial de unos 
fragmentos pictóricos correspondientes a este Museo y que el Museo 
de Santa Cruz ha tenido a bien depositamos. 

• investigan: por poner algunos ejemplos: estudio de materiales de ar- 
chivo relacionados con la sinagoga (artículos publicados en la revista 
del C.S.I.C. Sefarad), piezas (plato Pascua, Abraham Sénior..., tam- 
bién en la misma revista), yeserías árabes aparecidas en la excavación 
de la sinagoga, en la revista del C.S.I.C, Al-Qantara, en la rev. Espa- 



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El museo sefardí de J bledo (1964-1997) 



397 



cío. Tiempo y Forma; arqueología, en la revista: Jewish Art. museolo- 
gía: IV Jomadas Didácticas, Seminario Museo/Museum celebrado en 
Barcelona en mayo de 1996. Participación en Congresos: el III Curso 
de Museología: Museo y población, 1991, Monasterio de Piedra, París 
(diciembre 1992), comunicación en la Universidad de la Sorbona 
dentro del Coloquio Internacional con el tema Memoires Juives 
d'Espagne et du Portugal..., I Bienal Internacional de Museografía, 
Jomadas de Bolonia: Museos Judíos en Europa, orientación y pers- 
pectivas, etc. 

Participación en el comité asesor de la Exposición organizada por la 
Catedral Primada de Toledo en 1992. Piedras vivas. ídem del comité 
asesor de la Exposición organizada por el Ministerio de Cultura, no- 
viembre 1991 a enero de 1992, La vida judía en Sefarad. 

• restaura: todas las piezas de la exposición permanente restauradas. En 
las salas de reserva: 80%. Durante 5 años hemos tenido contratos de 
INEM. 

• divulga: exposiciones: tres este año. Tres previstas para el próximo 
1998 

Cursos: invierno (dos de Oriente Próximo: uno publicado: Asoc. Ami- 
gos, uno de museología. En 1996-97 el curso: **Ciudades abiertas, 
mestizas y heterogéneas**. Colaboración en los VII cursos de Cultura 
Hispanojudía y Sefardí. Multimedia: colaboración de un programa- 
dor informático. Págs. Web en Internet (Asoc. Amigos). Publicación 
del boletín Noticias, semestral hasta este año en que por razones de 
presupuesto ha tenido que ser anual (n" 15). 
En preparación: juegos, onomástica sefardí. 

• exhiben: en la exposición permanente se exponen un 60% de los 
fondos del Museo 



Desde el 1 de junio de 1994, hemos recibido más I.OÜÜ.ÜOO visitantes en 
4 años, lo cual parece avalar esta nueva etapa del Museo Sefardí remodelado. 
Hemos recibido los siguientes premios: 

Premio Real Fundación Toledo: "al Museo Sefardí por conservar y 
difundir el legado de la cultura hispanojudía y sefardí integrándola como 
parte esencial del Patrimonio Histórico Español". 

Nominado en 1996 por el EMYA: "El Museo Sefardí de Toledo sorpren- 
dió a nuestros jueces por la gran cantidad de público. Es, observó uno de 



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398 



Ana María LÓPEZ ÁLVAREZ 



ellos, un museo estatal pero no lo parece en absoluto. Todo el personal está 
muy motivado y no responde en absoluto al tópico del funcionario perezoso". 
Premio Museo Cultura Viva 1997. 

Pensamos por tanto que es un museo abierto, museo vivo, museo dispues- 
to a colaborar con otros organismos (Real Fundación Toledo, Escuela de 
Traductores, Universidad, Asoc. de vecinos del Casco Antiguo, Diputación 
etc.) y con la Comunidad Autónoma en la que se encuentra integrado, museo 
que aspira a traspasar con dignidad la barrera del siglo XXI. 



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CLAUSURA 




Pileta trilingüe de Tarragona con inscripción en hebreo, latín y griego. Museo Sefardí. 

Ministerio de Educación y Cultura. 



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EL DESTINO DE LOS MONUMENTOS JUDIOS 

TRAS LA EXPULSIÓN 

José Luis Lacave 

C.S.I.C. 



Puesto que esta conferencia mía es la de clausura de este VII Curso de 
Verano, permítaseme, antes de comenzar propiamente la conferencia, hacer 
un breve resumen de las lecciones que hemos escuchado a los ilustres profe- 
sores que me han precedido. 

En la lección inaugural, el insigne académico de la Historia, Prof. D. Luis 
Suárez, expuso sus reñexiones sobre la judería, los judíos, su convivencia 
con los cristianos en ios reinos hispánicos medievales, los problemas que 
surgieron en esa convivencia y las soluciones que se fueron adoptando. 

El curso propiamente comenzaba con la coitferencia de Miguel Ángel de 
Biines que trataba de precisar el concepto de patrimonio judío y atribuía la 
destrucción de éste a la desidia y el abandono. Jaiime Riera explicaba cómo 
los acontecimientos influyeron en la creación, mantenimiento y destrucción 
del patrimonio judío. Puesto que los judíos son propiedad del rey, sus bienes 
pueden confiscarse fácilmente, etc. Explicó también cómo eran en general las 
sinagogas y los cementerios judíos en los siglos medievales hispánicos, ter- 
minando con unas noticias, verdaderas primicias, del descubrimiento que él 
mismo ha logrado no hace mucho de la Sinagoga Mayor de Barcelona. Elena 



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402 



José Luis LACAVE 



Romero habló luego del arte ceremonial judío. Qué objetos artísticos, o qué 
decoraciones, podemos hallar en una sinagoga o en una casa judía: desde el 
manto decorado que cubre el arón ha-qódes a la copa de qiddús, el plato del 
Séder de Pésah, las lámparas de Hanukkáy candelabros artísticos para las 
velas del sábado, etc., etc. 

José Ramón Magdalena comenzó su conferencia con una exposición de 
las ideas judías sobre el más allá y sobre la muerte y los ritos funerarios, 
pasando luego a explicar dichos ritos en tres etapas: antes de morir, el entie- 
rro y el duelo. Finalizó señalando los restos materiales de cementerios judíos 
que quedan en España. Yolanda Moreno dedicó su conferencia a la sinago- 
ga. Su origen, para qué sirve, quién va a la sinagoga, qué se hace en ella, etc. 
Hombres y mujeres en la sinagoga. Cómo es una sinagoga, la sinagoga como 
centro de oración y como centro comunal. Santiago Palomero, conservador 
del Museo Sefardí, hizo una clara descripción de la Sinagoga del Tránsito, 
aclarando aquellas cosas del edificio que se añadieron cuando pasó a ser 
iglesia. Por su parte, Francisco Reyes, aprovechando el estudio arqueológico 
de una casa de la judería de Alcalá, explicó las dificultades de extraer algunas 
características de una casa judía que la pudieran diferenciar de una cristiana o 
musulmana en los reinos hispánicos medievales. 

El tercer día empezó con la conferencia de Ana María López sobre el 
ajuar hispanojudío: mesas, sillas, camas, arcones, toallas, almohadas, corti- 
nas, lámparas, ollas, etc., etc. Ilustró su charla con miniaturas sacadas, entre 
otros códices, de la Hagadá de Sarajevo. Finalmente recontó los pocos restos 
materiales que quedan de un ajuar judío medieval. Uriel Madas disertó 
acerca del libro judío marcando tres partes o secciones: 1** Noticias sobre 
bibliotecas judías hispanas; T La imprenta hebrea: imprentas en España, 
incunables, qué se imprime; 3*^ Bibliotecas que conservan manuscritos o 
incunables hebreos hispanos. Ramón Gonzálvez hizo una magnífica descrip- 
ción de la imagen de los judíos que nos muestran los sínodos diocesanos. 
Ricardo Izquierdo dio paso a una sesión enteramente dedicada a la arqueo- 
logía exponiendo las dificultades que hallan los arqueólogos para trabajar 
sobre yacimientos, en general medievales, pero sobre todo judíos. 

Ya en la sesión arqueológica, en forma de mesa redonda, cuatro arqueólo- 
gos que han trabajado sobre la ciudad medieval de Toledo expusieron el fruto 
de sus estudios y excavaciones. Jean Passini nos puso delante de los ojos 
cómo era el barrio de Hamanzeite en la judería. Antonio de Juan actualizó 
las noticias sobre los cementerios toledanos. Yasmina Alvarez Delgado 



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El destino de los monumentos judíos tras la expulsión 



403 



explicó los problemas arqueológicos del entorno de la Sinagoga del Tránsito. 
Germán Prieto expuso esos problemas en Santa María la Blanca. 

Por último, precediendo a la mesa redonda que discutió sobre la gestión 
del patrimonio material hispanojudío, Abraham Hassán explicó cuál es hoy 
día el patrimonio judío en España: sinagogas, oratorios, cementerios, cole- 
gios y clubs de campo en Madrid, Barcelona, Málaga, Marbella, Torremoli- 
nos, Valencia, Alicante, Benidorm, Palma de Mallorca, Las Palmas, Santa 
Cruz de Tenerife, Sevilla, Melilla y Ceuta. 

Hecho este resumen, sin duda más breve de lo deseable, y desde luego 
más breve de lo que sería mi deseo, pasemos a lo que es objeto de nod 
conferencia: el destino de los monumentos judíos después de la expulsión. 



La ejecución del edicto de expulsión de los judíos puso de manifiesto 
diversos problemas no previstos por los reyes al firmar la orden. Uno de ellos 
está ligado a los bienes comunales de las aljamas: sinagogas, cementerios, 
hospitales y otros bienes raíces. En el mismo edicto, los reyes autorizaban y 
garantizaban a los judíos "vender e trocar e enagenar todos sus bienes mue- 
bles e rayses, e disponer dellos libremente a su voluntad" antes del 31 de 
julio^ Pero esto se entendía referido, en principio, a los bienes propios de 
cada judío, dejando aparte los bienes comunales, que, según parece, no se 
tuvieron en cuenta entonces. 

Sin embargo, había aquí una "laguna legal", que fue aprovechada por unos 
y por otros con diversas interpretaciones de la autorización concedida por los 
reyes. Los judíos, por su parte, entendían que estaban también autorizados a 
vender los bienes comunales, mientras las ciudades, los municipios o conce- 
jos, y también los señores de algunos lugares, interpretaban que sólo podían 
vender sus propios bienes, y que los comunales habían de quedar en propie- 
dad de la ciudad o del señor. Finalmente, los reyes zanjaron la cuestión 
confiscando para la Corona todos los bienes comunales de los judíos. 

Cuenta Andrés Bemáldez, cronista de los Reyes Católicos y testigo pre- 
sencial de los hechos, que la orden de expulsión provocó en los judíos una 
especie de exaltación religiosa: los rabinos, comparando esta salida con el 
éxodo de Egipto, les animaban diciendo que Dios quería llevarlos a la tierra 



1 El edicto de expulsión se ha publicado muchas veces. Puede verse en F. Baer, Die 
Juden im Christlichen Spanien, vol. 11, Kastilien/Inquisitionsakten (Berlín, 1936), págs. 404-407. 



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404 



José Luis LACAVE 



de promisión; y los más ricos ayudaban a los más pobres en los gastos que 
causaba aquella marcha, '"e usaban ios unos con los otros de mucha caridad"". 

En los meses que transcurren desde la publicación del edicto hasta que se 
cumple el plazo, una de las preocupaciones más graves de las aljamas era 
cómo subvenir a los gastos que suponían los días de marcha, el embarque en 
un puerto, la entrada en otro país, etc., que los más pobres no podían sufragar 
por sí mismos. Pronto los dirigentes pensaron en la posibilidad de vender los 
bienes comunales, sinagogas, etc., y aplicar el producto de la venta a subvenir 
aquellas necesidades de los más pobres. Así, los representantes de la aljama 
de Agreda vendieron la sinagoga al municipio de la ciudad en junio de 1492, 
según consta en un documento del Archivo Municipal'. Por su parte, la 
aljama de Plasencia vendió el cementerio judío al deán Diego de Jerez"*. 
También una de las sinagogas de Segovia fue vendida a unos particulares". Y 
lo mismo hicieron los representantes de Gerona en julio de 1492 con las dos 
sinagogas que había entonces en aquella célebre judería, una de ellas ya en 
ruinas^. 

Dentro de este apartado, en que los Judíos dispusieron por si mismos de 
los bienes comunales, hemos de recoger algunos casos en que las aljamas no 
vendieron dichos bienes, sino que, por diversas razones, los donaron, al 
parecer graciosamente. Así, los representantes de la aljama de Gerona el 14 
de julio de 1492 hacían donación del cementerio judío al noble caballero Joan 
de Samera por — según consta en la escritura de donación — "los beneficios 
y favores que tanto la aljama como los judíos gerundenses en particular 
habían recibido y seguían recibiendo" de dicho caballero^ Poco tiempo des- 



2 Memorias del reinado de los Reyes Católicos, que escribía el bachiller Andu^ Bemál- 
dez. Ed. Manuel Gómez-Moreno y Juan de M. Carriazo (Madrid, 1962). cap. CX,págs. 253-254. 

3 D. J. Hernández. Historia de Agreda, (Soria, 1950), págs. 100- 101. 

4 Fray AUmiso Fernández, Historia y Anales de la ciudad y obispado de Plasencia (Ed. 
de Madrid, 1967j, pág. 155. 

5 Y. Moreno Koch, "La venta de sinagogas en Segovia al tiempo de la expulsión", 
Sefarad XLVI (1986), págs. 345-351. 

6 E. Mirambell i Belloc, "Documents referents a la sinagoga y al cementíri jueus de 
Girona". Jornades d'Historia deis Jueus a Catalunya (Gerona, 1990), págs. 237-244. 

7 Vide nota anterior. J. Riera, en su conferencia de este mismo Curso, expresó su opinión 
de que esta donación no es real. Según manifestó, el poderoso D. Joan de Sarriera habría 
obligado a los judíos gerundenses a formalizar como escritura de donación lo que en realidad 
era una confiscación. Tal vez sea así en las demás donaciones de este tipo. 



El destino de los monumentos judíos tras la expulsión 



405 



pués el noble Joan de Sarriera comenzaba a edificarse un palacio-torre y 
aprovecliabapara su construcción las lápidas del cementerio que le había sido 
donado, ya que eran de piedra de buena calidad. Algunas de estas lápidas con 
inscripción hebrea pueden todavía verse en la casa-torre de los Sarriera que 
aún subsiste en Gerona, en la zona llamada Paiau Sacosta. También la aljama 
de Villalpando donaba el 29 de junio la sinagoga a doña Mencía de Mendoza, 
señora de Villalpando y condesa de Haro, por "las grandes mercedes y 
honras** que de ella habían recibido los judíos^. Doña Mencía vendía dos años 
más tarde, en 1404, la sinagoga al concejo de la ciudad. 

Sin embargo, los concejos de las ciudades no estaban conformes con la 
mterpretación que hacían los judíos de la autorización de venta que figuraba 
en el edicto. Como ya hemos dicho, ellos entendían que la autorización se 
refería únicamente a los bienes propios de cada judío, y no a los comunales. 
De ahí inferían que los bienes comunales de los judíos habían de ser confis- 
cados por las ciudades. En consecuencia, los concejos comenzaron a ame- 
drentar a los particulares posibles compradores de los bienes comunales, 
advirtiendo que perderían su dinero, pues las ciudades tenían derecho a 
confiscar tales bienes y pensaban hacerlo. De este modo, para el mes de mayo 
se había planteado una batalla legal entre los judíos y los concejos. Aquellos 
apelaron a los monarcas en defensa de sus derechos y en cierto modo consi- 
guieron su propósito. En efecto, el 25 de mayo los reyes escribían una carta al 
concejo de Falencia pidiendo justificaciones de por qué había ordenado que 
nadie comprase la sinagoga, obstaculizando así lo preceptuado en el edicto de 
expulsión^. Y unos días antes, el 14 de mayo, a petición de las aljamas, 
habían publicado una sobrecarta en la que insistían en que los judíos tenían 
derecho a vender sus bienes sin estorbo alguno, tal como se decía en el 
edicto'*'. Parece que en este momento los reyes consideraban que los judíos 
tenían derecho a vender también los bienes comunales. 

Sin embargo, en la sobrecarta volvían a referirse a los bienes de los judíos 
de un modo un tanto ambiguo, sin mencionar expresamente los bienes comu- 
nales. Y los concejos volvieron a interpretar las órdenes del modo que más 



8 La escritura de clonación está publicada en la obra de L. Calvo Lozano, Historia de la 
villa de Villalpando (Zamora, 1981), págs. 147-149. 

9 Archivo General de Simancas (A.G.S.), Registro General del Sello, íol. 528. Carta de 
23 de mayo de 1492. 

10 Publicó esta sobrecarta P. León Tello. Judíos de Ávila (Ávila, 1963), doc. XXXI, 
págs. 95-96. 



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406 



José Luis LACAVE 



les convenía. De hecho, conocemos algún caso en que una ciudad confiscó 
efectivamente la sinagoga, como ocurrió en Tortosa". 

De manera similar a los concejos reaccionaron algunos nobles, a quienes 
pertenecían algunas ciudades con judería, y por tanto, la judería también. 
Estos nobles, en los lugares de su señorío, impidieron que nadie pudiera 
comprar los bienes de los judíos, alegando que todo lo que poseyeran éstos 
era propiedad del señor del lugar. Así llegó a cumplirse el plazo para la 
marcha de los judíos, y entonces, "de un modo natural", todas sus posesiones, 
incluidas las comunales, pasaron a manos del noble correspondiente. Por 
poner algún ejemplo, recordemos los casos de San Martín de Valdeiglesias'-, 
Buitrago'\ donde los bienes de los judíos quedaron en poder del duque del 
Infantado, o Híjar'^, donde fue el duque de Híjar quien se quedó con ellos. 
Aunque ciertamente, conocemos también un caso, el de Villadiego, en que el 
marqués de Santa Cruz, señor del lugar, compró a los judíos los bienes 
comunales, incluidos la sinagoga y el cementerio'\ 

Por su parte, también los obispos y cabildos catedralicios se creían con 
derecho a las sinagogas, basándose en que se trataba de edificios religiosos. 
También ellos procuraron amedrentar a los posibles compradores e impedir la 
venta, y cuando les fue posible, cumplido el plazo de la expulsión, se queda- 
ron con las sinagogas. Tal es el caso de Talayera de la Reina, donde el 
arzobispo de Toledo, don Pedro González de Mendoza, el famoso Cardenal 
de España, se quedó con las sinagogas de la ciudad'^; o el de Sigüenza, de 
donde era obispo el mismo Pedro G. de Mendoza'^; y también el de Tuy, 
donde los bienes comunales de los judíos pasaron a ser propiedad del obispo 
y el cabildo '\ 

1 1 Publicó el documento correspondiente F. Pastor y Uuis en el Boletín de la Sociedad 

Castellonense de Cultura 2 (1921), págs. 130-131. 

12 F. Cantera Burgos, "La judería de San Martín de Valdeiglesias (Madrid)", Sefarad 
XXIX (1969), págs. 217-312. 

1 3 F. Cantera Burgos y C. Carrete Parrondo, "La judería de Buitrago", Sefarad XXXll 
(1972), págs. 4-87. 

14 M. Laborda, Recuerdos de Híjar (Zaragoza, 1980), pág. 184. 

15 L. Huidobro, Contribución a la historia de los hebreos en la diócesis y provincia de 
Burgc»", Boletúi de la Comisión de Monumentos Históricos y Artísticos de Burgos 12 (1933), 
págs. 398-405 y 425-431. 

16 P. León Tello, Judíos de Toledo (Madrid, 1979). vol. II. núm. 1668, pág. 590. 

17 F. Cantera Burgos y C. Carrete Parrondo, Las juderías medievales de la provincia de 
Guadalajara (Madrid, 1975), pág. 85. 

18 E. Iglesias Almeida, "Los judíos de Tuy", SefaradlOMll (1987), págs. 73-80. 



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El destino de los monumentos judíos tras la ex[>ulsión 



407 



Pasado el mes de mayo, los reyes debieron de ser conscientes de que se 
había creado un problema con el asunto de los bienes comunales. Y para 
resolverlo, acabaron encontrando la solución más conveniente para los intere- 
ses de su reino. Decidieron confiscar tales bienes para la Corona. Ni los 
judíos podrían venderlos, ni nadie podría comprarlos o confiscarlos por su 
cuenta. No obstante, existen dudas sobre cuándo tomaron los reyes esta 
decisión, si lo hicieron ya en el mes de junio, o si fue una medida tomada 
después del 31 de julio, aunque con efectos retroactivos. En el Archivo 
Municipal de Toledo existe una carta de los reyes, fechada el 25 de junio en 
Guadalupe, por la cual ordenaban que, en tanto no decidieran ellos lo que se 
debía hacer, quedaba prohibido a los judíos vender sus bienes comunales y a 
cualquier persona comprarlos, so pena de perder el dinero invertido'^. Sin 
embargo, conocemos casos en que los judíos venden en el mes de julio las 
sinagogas a particulares, como en Gerona, cuya venta hemos visto antes; y 
también sabemos que el concejo de Tortosa confiscó la sinagoga en ese 
mismo mes de julio. Es muy probable que la carta real citada del 25 de junio 
fiiera tomada sólo como una advertencia y que la decisión final de confiscar 
para la Corona se resolviera una vez cumplido el plazo para la marcha de los 
judíos. De cualquier modo, el resultado final fue que una gran mayoría de los 
bienes de los judíos pasaron a ser propiedad de la Corona. Así ocurrió en las 
importantísimas juderías de Toledo, Guadalajara, Trujillo, Zamora, Falencia 
y Salamanca, y en parte, en las también muy importantes de Zaragoza, 
Segovia y Ávila, así como en otras juderías menores, como las de Jaca, 
Calahorra, Miranda de Ebro, Turégano, Sahagún, Ciudad Rodrigo y otras 
muchas. Una vez confiscados, los reyes dieron a los bienes comunales dife- 
rentes destinos, pero de esto hablaremos en la segunda parte de la conferen- 
cia. 

Así pues, entre 1 de abril y el 31 de julio de 1492, los judíos españoles 
perdieron o tuvieron que deshacerse de sus sinagogas, cementerios, hospita- 
les y demás bienes comunales. Y esto sucedió de muy diferentes maneras, 
como hemos visto. Podríamos resumir diciendo que se dieron los siguientes 
seis casos: 



19 Publicó esta carta P. León Tello, Judíos de Toledo (Madrid, 1979), vol. 1, doc. 87, 
págs. 541-543. 



408 



José Luis LACAVE 



I. Venta por los judíos. 

II. Donación de los judíos. 

III. Confiscación por el Concejo de la ciudad. 

IV. Confiscación por el señor del lugai". 

V. Confiscación por el obispo. 

VI. Confiscación por la Corona. 

Un caso aparte, muy particular y probablemente único es el de la ciudad 
de Oña. Allí, la sinagoga, tanto el edificio como el suelo que ocupaba, era 
propiedad del abad del monasterio local, quien la tenía alquilada a los judíos, 
sus vasallos, según consta en un documento de 1405'". En Oña, por tanto, 
cuando los judíos tuvieron que marcharse, la sinagoga revirtió de un modo 
natural a su propietario, el abad. 



Como hemos dicho, cumplido el plazo para la marcha de los judíos, la 
mayoría de las sinagogas, los cementerios y demás bienes comunales queda- 
ron en poder de la Corona. Pero ¿qué hicieron los reyes con las sinagogas y 
los cementerios? ¿Cuál fue el destino ulterior que les dieron? Trataremos 
ahora de responder a estas interrogantes. 

Desde los primeros días de agosto comenzaron a llegar a la Corte innume- 
rables peticiones de los concejos de las ciudades, órdenes religiosas, obispos 
o cabildos catedralicios, cofradías religiosas y hasta de particulares para que 
se les cedieran las sinagogas dejadas por los judíos. Todas estas instituciones 
o personas solicitantes manifestaban en su petición cuál era el destino que 
querían darles a aquellos ediñcios ahora vacíos y sin culto, alegando distintas 
razones para justifícar la necesidad que la ciudad, o la orden religiosa, etc., 
tenían de que su solicitud fuese atendida. Necesitaban el edifício para hacer 
de él una iglesia, o un hospital, una casa de ayuntamiento, etc. Los particula- 
res, con la cesión de las sinagogas, pretendían simplemente resarcirse de 
ciertas deudas que la Corona tuviera con ellos. 

Los reyes estudiaron caso por caso con todo detenimiento. Por eso, la 
mayoría de las veces no tomaron una decisión hasta transcurridos varios 
meses, y en algunos casos, más de un año y de dos. Incluso hubo ocasiones en 
que una vez resuelto el destino de una sinagoga en favor de un solicitante. 



20 F. Baer, Die Juden im Christlichen Spanien, II (Berlín, 1936), doc. 267, págs. 253-257. 



El destúio de los monumentos Judíos tras la expulsión 



409 



otro de los peticionarios alegaba razones en contra de la decisión tomada, 
viéndose los reyes obligados a tomar una nueva resolución tras estudiar otra 
vez el caso. Así ocurrió en Trujillo. Las monjas dominicas querían establecer- 
se en la ciudad y habían solicitado la sinagoga y sus edificios anejos para 
instalar allí su convento, lo cual les pareció adecuado a los reyes, que el 9 de 
agosto accedían a su petición. Pero entonces, el concejo de la ciudad, que 
también había solicitado la sinagoga para hacer de ella una iglesia parroquial, 
alegó que para la ciudad era más necesaria una iglesia que un convento, pues 
mientras en la ciudad ya había "tres o cuatro" casas de religiosas, lo que 
consideraban suficiente, en cambio, la antigua judería se había poblado ahora 
de cristianos (en referencia a los conversos) y éstos carecían de parroquia, por 
lo que sería adecuado hacer de la sinagoga su iglesia parroquial. En el mes de 
noviembre, los reyes resuelven ratificarse en su primera decisión y donar la 
sinagoga a las monjas dominicas para que instalen en ella su convento de 
Santa IsabeP^ 

Lo que nos interesa aquí, más que saber si los reyes accedieron a la 
petición de un concejo, una orden religiosa, un cabildo catedralicio o un 
particular, es conocer cuál ñie el destino final que se dio a las sinagogas. 
Veamos unos cuantos ejemplos, que nos permitirán formamos una idea gene- 
ral de en qué se convirtieron las sinagogas españolas una vez que se marcha- 
ron los judíos. 

Un gran número de ellas pasaron a ser iglesias, bien parroquiales, o 
ermitas, o capillas de un convento. En este caso están, por ejemplo, la célebre 
sinagoga de Toledo llamada del Tránsito, donada por los reyes a la orden de 
Calatrava para hacer de ella una iglesia y la sede de sus archivos^^; en 
Zamora, la donaron a la ciudad para convertirla en iglesia de San Sebastián^^; 
en Mérida, para que fuera iglesia de Santa Catalina-': en Calahorra, donada a 
la catedral para ermita de San Sebastián-'; en Valderas, a la cofradía de la 
Vera Cruz para ser su capilla-^'. Muchísimas más sinagogas pasaron a ser 

21 Cf. José L. Lacave, "Sinagogas y juderías extremeñas", Sefarad XL (1980) 215-234, 
esp. págs. 217-219. Vidc también H. Beinart, Trujillo. A Jewish Commimitx in Extremadura on 
the Eve of the Expulsión from Spain (Jerusalem. 1980). docs. 76, 80, 81, 86, 96. 

22 F. Cantera Burgos, Sinagogas españolas (Madrid, 1955), pág. 67. 

23 9 de agosto de 1492. A.G.S., Sello, fol. 3. 

24 B. Moreno de Vargas, Historia de la ciudad de Mérida (Madrid, 1633), fol. 259. 

25 F. Cantera Burgos, Sinagogas españolas (Madrid, 1955), págs. 185-188. 

26 F. Cantera y A. García Abad, "Nuevas consideraciones sobre la jud^a de Valderas 
(León)", Sefarad XXVU (1967), págs. 39-69. 



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José Luis LACAVE 



iglesias; así, en Sevilla, una se convirtió en iglesia de San Bartolomé, y otra 
en iglesia del convento de dominicas; en Córdoba, la sinagoga pasó a ser 
iglesia de Santa Quiteria; en Plasencia, iglesia de Santa Isabel; en Sagunto, 
iglesia de la Cofradía de la Sangre; en Híjar, iglesia de San Antón; y muchas 
más que podríamos añadir. 

Algunas sinagogas se convirtieron en hospitales; así. en Guadalajara, los 
reyes donaron una sinagoga a la orden de la Merced para hacer de ella un 
hospital para sus religiosos-^; en Ciudad Rodrigo, la donaron a la Cofradía de 
la Pasión para hacer un hospital que se llamaría de la Pasión-^ y que aún 
existe; y otras varias. 

Entre las sinagogas cedidas por los reyes a los concejos de las ciudades, 
conocemos un par de ellas que fueron destinadas a "casa de ayuntamiento", 
es decir, para ser la sede del propio concejo; tal es el caso de Miranda de 
Ebro-'' y de Agreda^". En otro caso, en Jaca, se instaló en ella el Estudio de 
Artes de la ciudad '. Pero entre los destinos figura también, desgraciadamen- 
te, el lamentable caso de una sinagoga convertida en carnicería y matadero de 
la ciudad, como ocurrió con una de Palencia-^'^. 

Las sinagogas cedidas por los reyes a particulares fueron, por regla gene- * 
ral, convertidas en casas como medio de sacar de ellas un producto económi- 
co, con el cual se resarcían dichos particulares de los dineros que la Corona 
les debía; éste es el caso, por ejemplo, de la Sinagoga Vieja de Toledo, 
mandada vender en pública subasta por los reyes para entregar la cantidad 
que se consiguiese a Fernando Dávalos, Alfonso Dávalos y Fernando Suá- 
rez^\ y el del Midrás de las Vigas, también de Toledo, donado a Rodrigo del 
Mercado"*^. 

De modo similar a los reyes se comportaron los nobles u obispos que 
confiscaron sinagogas por su cuenta, convirtiendo en iglesias la mayoría de 
ellas. 



27 10 de septiembre de 1492. A.G.S., Sello, fol. 28. 

28 F. Cantera, Sinagogas pág. 200. 

29 F. Cantera. Sinagogas .... pág 248 

30 F. Cantera. Sinagogas pág. 155. 

31 F. Cantera, Sinagogas .... pág. 233. 

32 P. León Tello, Los judíos de Falencia (Falencia, 1967), pág. 33. 

33 P. León TeUo. Judíos de Toledo, I (Madrid. 1979), pág. 359. 

34 P. León Tello, Judíos de Toledo, I (Madrid, 1979), pág. 362. 



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El destino de los monumentos judíos tras la expulsión 



411 



En cuanto a ios cementerios judíos, casi todos confiscados por la Corona, 
la tónica general seguida por los reyes fue la de ceder, por un lado, el suelo a 
la ciudad correspondiente, y por otro, donar la piedra, es decir, las lápidas, a 
una orden religiosa, o a un cabildo, o a particulares, generalmente con el fin 
de aprovecharla en futuras construcciones. Un caso singular y verdaderamen- 
te encomiable es el del cementerio judío de Vitoria. Aquí, como consta en sus 
Libros de Acuerdos, el 27 de junio de 1492, el Ayuntamiento de la ciudad se 
comprometió libremente ante R. Mosé Balid e Ismael Morataez, representan- 
tes de la aljama de los judíos, a respetar el cementerio y no edificar en éP^. Y 
este compromiso se ha respetado fielmente hasta nuestros días. En 1952 el 
Presidente del Consistorio israelita de Bayona, cuyos judíos se consideran 
descendientes de los vitorianos, liberó del compromiso al Ayuntamiento de 
Vitoria, y el Judizmendi ("monte de los judíos**) — ^nombre del antiguo ce- 
menterio — se ha convertido hoy en un jardín, donde un monolito recuerda 
con una inscripción el viejo compromiso y el acuerdo de 1952 entre los judíos 
de Bayona y la ciudad de Vitoria. 



35 E. Serdán, Rincones de la hisu>ria vitoriana (Vitoria, 1947), págs. 347 y ss. 



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Este libro se acabó de imprimir 
el día 21 de diciembre de 
1998, festividad de 
San Pedro C. en 
los talleres de 
Compobell 



En este volumen del curso organizado por la 
Asociación de Amigos del Museo Sefardí y el 
propio Museo, que cuenta con la ayuda de la 
Excma. Diputación de Toledo, y que la 
Universidad de Castilla-La Mancha tiene la 
gentileza de publicar, se hace un repaso del 
legado hispanojudío, sus vicisitudes y su 
destrucción. Su recuerdo, que muchos nos 
esforzamos en conservar, sigue vivo. Nos gustaría 
que sirviera de homenaje a los que en un 
momento dado nos abandonaron, obligados por 
las circunstancias, a la par que una ayuda al 
conocimiento de este legado material, sólo se ama 
lo que se conoce, y de llamada de atención a 
todos aquellos que tienen en sus manos evitar 
que este patrimonio siga destruyéndose. 
(Ana María López Álvarez) 

la Historia empuja al legado hispanojudío hacia 
el silencio. Aquí estamos, para conservarle la voz". 
Jaume Riera. 



SBN 



Ediciones de la Universidad 
de Castilla-La Mancha 



84-89958-44-0 




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